La conquista del estado.

 “Si ganan las izquierdas, tengo un noventa por ciento de posibilidades que me vuelen la cabeza.  Si gana las derecha, tendré que marcharme de España para vivir con dignidad.”   Ramiro ledesma

 

Nuestro manifiesto político

Un grupo compacto de españoles jóvenes se dispone hoy a intervenir en la acción política de un modo intenso y eficaz. No invocan para ello otros títulos que el de una noble y tenacísima preocupación por las cuestiones vitales que afectan a su país. Y, desde luego, la garantía de que representan la voz de estos tiempos, y de que es la suya una conducta política nacida de cara a las dificultades actuales.

Nadie podrá eludir la afirmación de que España atraviesa hoy una crisis política, social y económica, tan honda, que reclama ser afrontada y resuelta con el máximo coraje. Ni pesimismos ni fugas desertoras deben tolerarse ante ella. Todo español que no consiga situarse con la debida grandeza ante los hechos que se avecinan, está obligado a desalojar las primeras líneas y permitir que las ocupen falanges animosas y firmes.

La primera gran angustia que se apodera de todo español que adviene a la responsabilidad pública es la de advertir cómo España –el Estado y el pueblo españoles– vive desde hace casi tres siglos en perpetua fuga de sí misma, desleal para con los peculiarísimos valores a ella adscritos, infiel a la realización de ellos, y, por tanto, en una autonegación suicida, de tal gravedad, que la sitúa en las lindes mismas de la descomposición histórica. Hemos perdido así el pulso universal.

Nos hemos desconexionado de los destinos universales, sin capacidad ni denuedo para extirpar las miopías atroces que hasta aquí han presidido todos los conatos de resurgimiento. Hoy estamos en la más propicia coyuntura con que puede soñar pueblo alguno.

Y como advertimos que los hombres de la política usual –monárquicos y republicanos–, las agrupaciones que los siguen y los elementos dispersos que hasta aquí han intervenido en las elaboraciones decisivas, no logran desligarse de las mediocres contexturas del viejo Estado, nosotros, al margen de ellos, frente a ellos, más allá que ellos, sin división lateral de derechas e izquierdas, sino de lejanías y de fondos, iniciamos una acción revolucionaria en pro de un Estado de novedad radical.

La crisis política y social de España tiene su origen en la crisis de la concepción misma sobre que se articula el Estado vigente. En todas partes se desmorona la eficacia del Estado liberal burgués, que la revolución francesa del siglo XVIII impuso al mundo, y los pueblos se debaten hoy en la gran dificultad de abrir paso a un nuevo Estado, en el que sean posibles todas sus realizaciones valiosas.

Nosotros nos encaminamos a la acción política con la concreta ambición de proyectar sobre el país las siluetas de ese nuevo Estado. E imponerlo. Una tarea semejante requiere, ante todo, capacidad para desvincularse de los mitos fracasados.

Y la voluntad de incorporarnos, como un gran pueblo, a la doble finalidad que caracteriza hoy a las naciones: de un lado, la aportación al espíritu universal de nuestra peculiaridad hispánica, y de otro, la conquista de los resortes técnicos, la movilización de los medios económicos, la victoria sobre intereses materiales y la justicia social.

Las columnas centrales de nuestra actuación serán estas:

Supremacía del Estado
El nuevo Estado será constructivo, creador. Suplantará a los individuos y a los grupos, y la soberanía última residirá en él, y sólo en él. El único intérprete de cuánto hay de esencias universales en un pueblo es el Estado, y dentro de éste logran aquéllas plenitud.

Corresponde al Estado, asimismo, la realización de todos los valores de índole política, cultural y económica que dentro de este pueblo haya. Defendemos, por tanto, un panestatismo, un Estado que consiga todas las eficacias.

La forma del nuevo Estado ha de nacer de él y ser un producto suyo. Cuando de un modo serio y central intentamos una honda subversión de los contenidos políticos y sociales de nuestro pueblo, las cuestiones que aludan a meras formas no tienen rango suficiente para interesarnos.

Al hablar de supremacía del Estado se quiere decir que el Estado es el máximo valor político, y que el mayor crimen contra la civilidad será el de ponerse frente al nuevo Estado. Pues la civilidad –la convivencia civil– es algo que el Estado, y sólo él, hace posible. ¡¡Nada, pues, sobre el Estado!!

Afirmación nacional
Frente al interior desquiciamiento que hoy presenciamos, levantamos bandera de responsabilidad nacional. Nos hacemos responsables de la Historia de España, aceptando el peculiarísimo substrato nacional de nuestro pueblo, y vamos a la afirmación de la cultura española con afanes imperiales. Nada puede hacer un pueblo sin una previa y radical exaltación de sí mismo como excelencia histórica.

¡Que todo español sepa que si una catástrofe geológica destruye la Península o un pueblo extranjero nos somete a esclavitud, en el mundo dejan de realizarse valores fundamentales! Más que nunca la vida actual es difícil, y hay que volver en busca de coraje a los sentimientos elementales que mantienen en tensa plenitud los ánimos.

El sentido nacional y social de nuestro pueblo –pueblo ecuménico, católico– será éste: ¡El mundo necesita de nosotros, y nosotros debemos estar en nuestro puesto!

Exaltación universitaria

Somos, en gran parte, universitarios. La Universidad es para nosotros el órgano supremo –creador– de los valores culturales y científicos. Pueblos sin Universidad permanecen al margen de las elaboraciones superiores.

Sin cultura no hay tensión del espíritu, como sin ciencia no hay técnica. La grandeza intelectual y la preeminencia económica son imposibles sin una Universidad investigadora y antiburocrática.

Articulación comarcal de España

La primera realidad española no es Madrid, sino las provincias. Nuestro más radical afán ha de consistir, pues, en conexionar y articular los alientos vitales de las provincias. Descubriendo sus mitos y lanzándolas a su conquista. Situándolas ante su dimensión más próspera.

Por eso el nuevo Estado admitirá como base indispensable de su estructuración la íntegra y plena autonomía de los Municipios. Ahí está la magna tradición española de las ciudades, villas y pueblos como organismos vivos y fecundos. No hay posibilidad de triunfo económico ni de eficacia administrativa sin esa autonomía a que aludimos.

Los Municipios autónomos podrán luego articularse en grandes confederaciones o comarcas, delimitadas por un margen de exigencias económicas o administrativas, y, desde luego, bajo la soberanía del Estado, que será siempre, como antes insinuamos, indiscutible y absoluta. Para vitalizar el sentido comarcal de España, nada mejor que someter las comarcas a un renacimiento que se realice al amparo de realidades actualísimas y firmes.

Estructura sindical de la economía

No pudieron sospechar los hacedores del Estado liberal burgués las rutas económicas que iban a sobrevenir en lo futuro. La primera visión clara del carácter de nuestra civilización industrial y técnica corresponde al marxismo.

Nosotros lucharemos contra la limitación del materialismo marxista, y hemos de superarlo; pero no sin reconocerle honores de precursor muerto y agotado en los primeros choques. La economía industrial de los últimos cien años ha creado poderes e injusticias sociales frente a las que el Estado liberal se encuentra inerme.

Así el nuevo Estado impondrá la estructuración sindical de la economía, que salve la eficacia industrial, pero destruya las «supremacías morbosas» de toda índole que hoy existen. El nuevo Estado no puede abandonar su economía a los simples pactos y contrataciones que las fuerzas económicas libren entre sí.La sindicación de las fuerzas económicas será obligatoria, y en todo momento atenida a los altos fines del Estado.

El Estado disciplinará y garantizará en todo momento la producción. Lo que equivale a una potenciación considerable del trabajo. Queda todavía aún más por hacer en pro de una auténtica y fructífera economía española, y es que el nuevo Estado torcerá el cuello al pavoroso y tremendo problema agrario que hoy existe. Mediante la expropiación de los terratenientes.

Las tierras expropiadas, una vez que se nacionalicen, no deben ser repartidas, pues esto equivaldría a la vieja y funesta solución liberal, sino cedidas a los campesinos mismos, para que las cultiven por sí, bajo la intervención de las entidades municipales autónomas, y con tendencia a la explotación comunal o cooperativista.

Del breve resumen anterior deducimos nuestra dogmática, a la que seremos leales hasta el fin. Y es ésta:

1.º Todo el poder corresponde al Estado.

2.º Hay tan sólo libertades políticas en el Estado, no sobre el Estado ni frente al Estado.

3.º El mayor valor político que reside en el hombre es su capacidad de convivencia civil en el Estado.

4.º Es un imperativo de nuestra época la superación radical, teórica y práctica del marxismo.

5.º Frente a la sociedad y el Estado comunista oponemos los valores jerárquicos, la idea nacional y la eficacia económica.

6.º Afirmación de los valores hispánicos.

7.º Difusión imperial de nuestra cultura.

8.º Auténtica elaboración de la Universidad española. En la Universidad radican las supremacías ideológicas que constituyen el secreto último de la ciencia y de la técnica. Y también las vibraciones culturales más finas. Hemos de destacar por ello nuestro ideal en pro de la Universidad magna.

9.º Intensificación de la cultura de masas, utilizando los medios más eficaces.

10.º Extirpación de los focos regionales que den a sus aspiraciones un sentido de autonomía política. Las grandes comarcas o Confederaciones regionales, debidas a la iniciativa de los Municipios, deben merecen, por el contrario, todas las atenciones. Fomentaremos la comarca vital y actualísima.

11.º Plena e integral autonomía de los Municipios en las funciones propia y tradicionalmente de su competencia, que son las de índole económica y administrativa.

12.º Estructuración sindical de la economía. Política económica objetiva.

13.º Potenciación del trabajo.

14.º Expropiación de los terratenientes. Las tierras expropiadas se nacionalizarán y serán entregadas a los Municipios y entidades sindicales de campesinos.

15.º Justicia social y disciplina social.

16.º Lucha contra el farisaico pacifismo de Ginebra. Afirmación de España como potencia internacional.

17.º Exclusiva actuación revolucionaria hasta lograr en España el triunfo del nuevo Estado. Métodos de acción directa sobre el viejo Estado y los viejos grupos políticos sociales del viejo régimen.

Nuestra organización

Nacemos con cara a la eficacia revolucionaria. Por eso no buscamos votos, sino minorías audaces y valiosas. Buscamos jóvenes equipos militantes, sin hipocresías frente al fusil y a la disciplina de guerra. Militares civiles que derrumben la armazón burguesa y anacrónica de un militarismo pacifista. Queremos al político con sentido militar, de responsabilidad y de lucha.Nuestra organización se estructurará a base de células sindicales y células políticas. Las primeras se compondrán de diez individuos, pertenecientes, según su nombre indica, a un mismo gremio o sindicato. Las segundas, por cinco individuos de profesión diversa. Ambas serán la unidad inferior que tenga voz y fuerza en el partido.

Para entrar en una célula se precisará estar comprendido entre los diez y ocho y cuarenta y cinco años. Los españoles de más edad no podrán intervenir de un modo activo en nuestras falanges. Inmediatamente comenzará en toda España la organización de células sindicales y políticas, que constituirán los elementos primarios para nuestra acción. El nexo de unión es la dogmática que antes expusimos, la cual debe ser aceptada y comprendida con integridad para formar parte de nuestra fuerza. Vamos al triunfo y somos la verdad española. Hoy comenzamos la publicación de nuestro periódico, LA CONQUISTA DEL ESTADO, que primero será semanal y haremos diario lo antes posible.

Las adhesiones, así como la solicitación de detalles explicativos, deben enviarse a nombre del presidente, a nuestras oficinas, Avenida de Dato, 7, planta D. Madrid. Ha de consignarse en ellas con toda claridad el nombre, edad, profesión y domicilio.

El Comité Organizador

Presidente, Ramiro Ledesma Ramos; Ernesto Giménez Caballero, Ricardo de Jaspe Santoma, Manuel Souto Vilas, Antonio Bermúdez Cañete, Francisco Mateos González, Alejandro M. Raimúndez, Ramón Iglesias Parga, Antonio Riaño Lanzarote, Roberto Escribano Ortega; secretario, Juan Aparicio López.

 

“El resto de Nosotros nos sentimos bienvenidos a esta oleada de huelgas, ya que ayudará al desequilibrio de la balanza falsa. Por otro lado, están las movilizaciones revolucionarias que hoy nuestro pueblo tiene más necesidad que nunca. La lucha social en la base de huelgas y choques con la reacción parlamentaria, nos puede dar la oportunidad de comparaciones decisivas. En la cara del miedo burgués de temer que tomar coraje del pueblo, aplaudimos la acción industrial que renueva al menos las virtudes marciales y la raza heroica.”  Ramiro Ledesma Ramos

 

“José Antonio tuvo el valor de presentarse tal como era, de hablar en nombre de lo que él consideraba la élite, y de proponer un programa que borrara todos los ¡Abajo! en un solo lema: ¡Arriba España!”. Salvador Dalí

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Ramiro Ledesma Ramos (Alfaraz de Sayago, 23 de mayo de 1905 – Madrid, 29 de octubre de 1936)

fue un importante exponente del fascismo en España, fundador de La conquista del Estado, y  teorico fundador  de la Falange y las Juntas de Ofensiva Nacional-sindicalista (JONS) influenciado por las ideas de su maestro José Ortega y Gasset, el primer estudioso de la sociedad de masas.

Nació el día 23 de mayo del año 1905 en la pequeña localidad de Alfaraz de Sayago, provincia de Zamora, en el seno de una familia de clase media. Es el cuarto hijo de los siete que tendrán el matrimonio formado por Manuel Ledesma Herrero, maestro de escuela, e Isabel Ramos Marcos. El padre, un maestro de escuela primaria Alfaraz de Sayago, sin muchos recursos, pero dueño de una gran cultura, le dio una educación muy estricta cuyos principales valores son la atención y honrar el espíritu de sacrificio por las causas nobles, y una muerte honorable.

Por motivos laborales la familia debe trasladarse al pueblo vecino de Torrefrades, donde Ramiro pasa gran parte de su infancia y toda su adolescencia. Debido a la condición de maestro de su padre, Ramiro recibe una estricta educación lo que sirve para alimentar su curiosidad intelectual saciada en primera instancia por la biblioteca de su abuelo, que pronto se le quedará “pequeña” debido a su ansia por adquirir conocimiento. en 1919, a los 14 años, envía artículos de noticias diarias a la capital provincial.
En el año 1921, obligado por su padre se presenta a las oposiciones de oficial de correos, siguiendo los pasos de su hermano José Manuel, quien las aprobó dos años antes. Así que tenemos a Ramiro Ledesma con 16 años oficial de correos y tras un destino intermedio, el día 2 de junio del año 1922 es destinado al Correo Central de Madrid, donde se trasladó a una casa de huéspedes.

Es en Madrid donde decide continuar con su formación académica, matriculándose en el Instituto San Isidro para obtener el título de bachillerato. Es en estos años y hasta la obtención de dicho título cuando escribe sus obras más emblemáticas, entre otras, de su etapa literaria “El Sello de la Muerte” publicado el 18 de julio de 1924 y “El Quijote y nuestro tiempo”, aparte de escribir varios artículos en revistas literarias y filosóficas de la época.

En el año 1926, se matricula en la Universidad de Madrid en la facultad de Ciencias y Filosofía y Letras, donde tendrá como profesores a intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset, Manuel B. Cossío y Fernando de los Ríos entre otros, de los que no sólo aprenderá si no que serán decisivos en su posterior obra filosófica y política. Es en esta época de estudiante donde entabla contacto con personajes ilustres del mundo de la filosofía, la política y la literatura, tales como Ernesto Giménez Caballero, César Muñoz Arconada, Agustín de Foxá, Salvador Dalí y un amplio elenco representativo del mundo de la cultura española de la época.

En esta época también es donde se da a conocer como escritor de artículos en revistas tan importantes como La Gaceta Literaria y La Revista de Occidente, dirigida ésta última por José Ortega y Gasset.

Son frecuentes sus asistencias al Ateneo de Madrid donde no sólo se destaca por su buena pluma si no también como pensador político y de clara tendencia revolucionaria desde el punto de vista político de la época. Es en esta época donde obtiene la licenciatura en Filosofía y Letras y se queda a pocas asignaturas de obtener la licenciatura en Ciencias Exactas y Matemáticas.

Se interesó por Nietzsche, Bergson, Kierkegaard, Ottogaard, Hegel, Heidegger, Fichte, etc. y, en sus escritos, es evidente que su adhesión al mito del superhombre, libre de toda obligación, se comprometió a impulsar la humanidad llegando a su cenit, un hombre dueño de sí mismo quien decide su vida y su muerte.

A medida que la cultura crece, procede al rechazo del positivismo y racionalismo contemporáneos, asi  también del tradicionalismo español.

En 1926 comenzó su estudios universitarios, la inscripción tanto de la Facultad de Letras y Filosofía, graduándose en el año 1930, con la de Ciencias Exactas, que no será capaz de terminar debido a la caída en la política. A sólo veinte años se ha convertido en una celebridad en la Universidad de Madrid, considerado un potencial intelectual y admirado por todos, comenzará a trabajar con la Gaceta Literaria y de la prestigiosa Revista de Occidente (Revista Occidental).

Fuertemente influenciado por las ideas de su maestro Ortega y Gasset sobre la necesidad de una separación permanente entre la élite intelectual y las masas, por la negativa de la empresa actual teoría de la necesidad de un retorno al pasado, la forma de nacionalismo castellano. Ambos coinciden también en que la lucha de clases es uno de los principales opositores del desarrollo y la afirmación de la nación, para lograr lo que se necesita en cambio dar lugar a la colaboración de clases.

El descubrimiento de las artísticas y culturales vanguardias y, como en el caso del fascismo italiano (en el que los futuristas están asociados con los sindicalistas revolucionarios y atrevidos la de barrer el mundo decadente de edad), se lanzará la arena política con cientos de otros intelectuales .

Al poco tiempo decide dejar el mundo universitario donde se le preveían grandes expectativas de éxito para lanzarse a la calle. Con una clara formación ideológica hacia las nuevas tendencias que aparecían en europa y motivado por los textos de Curzio Malaparte, decide fundar un semanario y un grupo de acción política llamados ambos “La Conquista del Estado”. Admirador del Fascismo italiano y el Nacional-Socialismo alemán, así como cierta admiración también hacia el bolchevismo soviético promovido por Lenin, se lanza a la calle con su famosa motocicleta para iniciar la conquista de ésta para con su ideología plasmada en el semanario comentado anteriormente “La Conquista del Estado”.

Estos hechos ocurren en la primavera de 1931. Ledesma abandona el esfuerzo científico y su prometedora carrera académica para dedicarse a la política: con un compacto grupo de jóvenes fundó la Conquista del estado,  en una óptica revolucionaria de clara aversión al marxismo furioso. El programa del movimiento se compone de 17 puntos, presentando referencias claras a varios de los escritos de Mussolini y se propaga en Madrid y Barcelona a través de la distribución de folletos.

Incluso el título del diario “La Conquista de Estado”, prosiguió la conquista italiana del estado, el periódico fascista distribuido a Florencia que inspira a Ledesma. Proclama la prioridad de los intereses de la comunidad nacional contra el individualismo, el irredentismo españoles, la jerarquía de la sociedad en nombre de la supremacía de los intelectuales y la organización de la economía.

Ledesma se centra en todos los folletos de propaganda y los altavoces anunciando la liberación de los diferentes números de La Conquista de Estado. El volante fue algo completamente nuevo y revolucionario para su época. Su aspecto físico se ajustará la imagen igualmente revolucionaria que quiere dar de sí mismo, se convierte en un aspecto importante: entre otras cosas, para llamar la atención, comienza a moverse por Madrid con una moto ruidosa especialmente manipulada.

Veintitrés números de este semanario vieron la luz hasta que por falta de financiación tuvo que desaparecer de las calles.

Mas tarde, en 1931, y para dar un nuevo impulso al proyecto transforma el movimiento en el grupo político real las “Juntas de Ofensiva Nacional-sindicalista” (JONS), que se unió a las “Juntas Castellanas de Accion Hispanica” de Onésimo Redondo Ortega, fundador de la Libertad, con quien compartía las aspiraciones imperiales y el Estado en totalitario,  bases para una revolución de la sociedad con el fin de crear un estado de trabajo, bajo las mismas intenciones de Benito Mussolini en Italia, a través de la introducción del corporativismo, la socialización de los medios de producción y de las empresas y el sindicalismo nacional. Un partido político cuya estructuración era a base de “células” y “falanges” repartidas por la mayoría de provincias de España.

Hasta comienzos del año 1933 la actividad del nuevo partido político será limitadísima, siendo Ledesma encarcelado en algunas ocasiones con motivo de diversos altercados protagonizados por algunos de los jóvenes violentos que formaban parte de las falanges de las JONS.

Ramiro Ledesma Ramos se convierte asi en el elaborador del sindicalismo nacional, proporcionando la mayor parte de la contribución al fascismo español ideológico y doctrinal y la entrega al movimiento también  de sus símbolos y rituales. Se convirtió en el máximo exponente de la conservadora revolución española, en la que se incluyen todos aquellos jóvenes intelectuales que, al final de la Gran Guerra, fueron promovidos en toda Europa (especialmente en Italia, Alemania y Francia), tratando de combinar el nacionalismo con la necesidad de una revolución social, que actúa como un precursor del fascismo y el nacionalsocialismo.

Ledesma es el inventor de los símbolos, lemas, mitos y rituales del fascismo en España que serán tomadas por Franco: el primero es entender la importancia fundamental de la propaganda y la formación de los mitos en la adquisición y el mantenimiento de la autorización de masas. Del mismo modo los sindicalistas revolucionarios italianos, cree en una revolución dirigida por una pequeña élite, altamente preparados para dirigir a las masas a la revolución.

“El resto de nosotros nos sentimos bienvenidos a esta ola de huelgas, ya que ayudará al desequilibrio de la balanza falsa. Por otro lado, están las movilizaciones revolucionarias que hoy nuestro pueblo tiene más necesidad que nunca. La lucha social en la base de huelgas y choques con la reacción parlamentaria, nos puede dar la oportunidad de comparaciones decisivas. En la cara del miedo burgués de temer que tomar coraje del pueblo, aplaudimos la acción industrial que renueva al menos las virtudes marciales y la raza heroica.” Ramiro Ledesma Ramos

En el año 1933, José Antonio Primo de Rivera, hijo del militar golpista Miguel Primo de Rivera el cual ocupó el poder durante seis años, funda Falange Española, partido de corte Fascista y con bastantes más recursos que las JONS de Ramiro Ledesma. Aunque con diferencias ideológicas entre José Antonio y Ramiro, el día 13 de febrero del año 1934 ambos firman un acuerdo por el que se fusionan ambos partidos, erigiéndose un triunvirato formado por el propio Ramiro Ledesma, José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruíz de Alda como cabezas visibles del nuevo partido Falange Española de las JONS.

Resultado de imagen de triunvirato FE JONS

No será fácil para Ramiro la convivencia en el nuevo partido debido a su visión más revolucionaria de la acción política y una tendencia más izquierdista en los aspectos económicos que la visión de José Antonio, más próxima a las conocidas como “derechas españolas”.

Tras varios problemas en el Triunvirato antes mencionado, se convoca un congreso nacional de FE de las JONS donde se designó a Primo de Rivera como único “jefe” nacional, quedando Ramiro como Presidente de la Junta Política (órgano encargado de redactar los famosos 27 puntos programáticos de la Falange). Aún así, la situación de La Falange a finales del año 1934 es crítica y la desilusión de Ledesma con el cariz que está tomando el partido públicamente notoria. Por todo ello, el 14 de enero de 1935, el rotativo “Heraldo de Madrid” publica una nota firmada por Ledesma entre otros miembros de las JONS donde se anuncia la escisión de los jonsistas de La Falange.

Tras la escisión Ramiro Ledesma intenta reorganizar las antiguas JONS en torno a un nuevo semanario titulado La Patria Libre (como se puede ver, acción política, ideología y literatura van de la mano a lo largo de toda la trayectoria de Ramiro Ledesma), mas tarde llamado “Libertad”.

En sus páginas, Ramiro hace autocrítica de la situación con La Falange y se muestra más combativo que antes si cabe. Crea un efímero partido, el Partido Español Nacional-Sindicalista (Ledesma de una u otra forma, fue el padre del Nacional-Sindicalismo en España) y es en esta época cuando escribe sus dos obras políticas más importantes y de obligada lectura para comprender la ideología Ramirista, sus peculiaridades y poder hacer política comparada con el Fascismo italiano y el Nazismo alemán. Estas obras son “¿Fascismo en España?” y “Discurso a las Juventudes de España”.

Tras la publicación de este último libro, su “descalabro” político y el auge de La Falange de José Antonio, Ramiro decide dejar la política activa y centrarse en su trabajo donde logra ascender a Oficial de Primera Clase en Correos. Continúa con su afán intelectual, sigue leyendo desaforadamente y publica algún que otro artículo en diversas revistas y periódicos, siempre con su pseudónimo “Roberto Lanzas”, hasta que en el año 1936 reanuda poco a poco su actividad política.

Funda otra revista, esta vez de nombre “Nuestra Revolución” donde demuestra una vez más en sus artículos que no ha cambiado su línea política nacional-revolucionaria. Desde esta tribuna trata de promover un movimiento Nacionalista y Socialista desde una trinchera crítica pero no completamente hostial al Gobierno de Frente Popular (coalición de izquierdas que ganó las elecciones de 1936).

Como es bien sabido, el 17 de julio (ó 18, según las fuentes) el Ejército encabezado por el General Francisco Franco, da un golpe de Estado que acaba desembocando en una cruel Guerra Civil. Ramiro Ledesma es detenido junto a uno de sus hermanos el día 1 de agosto de 1936 y conducido a la Dirección General de Seguridad para posteriormente ser encarcelado junto a otros destacados miembros del “fascismo” español como Ramiro de Maeztu, Agustín de Figueroa, los hermanos Borbón y León, militares, miembros de la curia, etc. Los máximos dirigentes falangistas son asesinados Onésimo Redondo murió el 24 de julio en un tiroteo, el día 22 de agosto Melquíades Álvarez, Julio Ruíz de Alda, Fernando Primo de Rivera y María Albiñana son fusilados en los sótanos de la cárcel Modelo.

Oficialmente, por orden del Director de la Dirección General de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, se organiza el traslado de treinta y dos presos a la prisión de Chinchilla para el 1 de noviembre, pero en realidad no se estaba jugando limpio. Ramiro Ledesma Ramos, considerado como “dirigente fascista” y de “extrema peligrosidad”, es sacado de su celda en la madrugada del día 29 de octubre. En este grupo se encontraban también los hermano Borbón y Ramiro de Maeztu entre otros miembros considerados “fascistas”. Los treinta y dos fueron fusilados dicha madrugada en el cementerio de Aravaca donde permanece enterrado Ramiro Ledesma.

“Quiere coger su chaqueta, y no le dejan. Después, en la fila, tiene oportunidad de hablar con Maeztu por última vez, dándose ánimos para permanecer enteros. Ramiro ve el final y lo agradece. Quiere que todo termine cuanto antes, pero no acepta que le vean así, no quiere morir donde ellos decidan y hacerlo obedeciéndoles. Era ya veintinueve y tocaba la hora de la muerte. Les flanqueaban milicianos armados, camino del camión que les trasladaría. De repente, se lanza hacia uno de los milicianos, intentando arrebatarle el fusil.

– ” No me mataréis como a un cordero, sólo moriré donde yo quiero “

Y cayó. El disparo de otro miliciano terminó con su vida en el último arrebato de rabia, bajo un rayo de tremenda voluntad, y su cuerpo se estrelló contra el suelo.”

Tal vez la mejor definición de la muerte de Ramiro la diera Ortega y Gasset, antiguo maestro, cuando se enteró de ella en París: “no han matado a un hombre, han matado a un entendimiento”.

Se pueden consultar gran parte de sus obras, así como más datos sobre su semblante en la web de la asociación Ramiro Ledesma Ramos:

http://www.ramiroledesma.com/nrevolucion/.

Escribió dos libros de síntesis de su pensamiento y su discurso ante el fascismo jóvenes españoles en España que resulta ser un agudo observador del fascismo europeo y un buen crítico de su actividad política. Estados que el fascismo es el resultado del miedo de la clase media en la cara de la sociedad de masas y la crisis de la posguerra. Para salir de esta crisis exige una sociedad en la que existe en la élite de partido único, la acción directa de la violencia organizada, la separación de Iglesia y Estado, y en el que los trabajadores son partidarios de la revolución.

La base periódica último es “Nuestra Revoluction”.

El estudio de la figura de Ledesma y la reanudación del debate ideológico sobre la historia de la falange fue desarrollado en los años cincuenta por José Antonio de Círculos Doctrinales, que contó con la presencia de muchos jóvenes dispuestos a revivir los orígenes del fascismo auténticos en su opinión traicionados por Francisco Franco.

“Han matado a un hombre, mató a una inteligencia! ‘

(Ortega y Gasset, Ramiro Ledesma Ramos master)

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Las obras:

Ramiro Ledesma Ramos, el fascismo en España?, Seventh Seal, 2000.

Ramiro Ledesma Ramos, Discurso a los jóvenes españoles.

(ES) Ramiro Ledesma Ramos, El Sello de la muerte (El sello de la muerte), Reus, Madrid, 1924.

(ES) Ramiro Ledesma Ramos, El Quijote y Nuestro Tiempo (El Quijote y nuestro tiempo), 1971.

Ramiro Ledesma: ¿Falangista o fascista?

Por Gabriel García.

“La ortodoxia está únicamente en José Antonio. Las opiniones o posturas de los demás cofundadores o militantes nos sirven en tanto en cuanto completen el esquema ideológico presentado por José Antonio. Cualquier posible contradicción con lo expuesto por José Antonio tiene un valor científico para el estudio, pero nunca para consolidar o institucionalizar una eventual discrepancia doctrinal dentro de nuestras filas.

Ser falangista joseantoniano equivale a ser falangista auténticamente falangista. Decirse falangista ramirista es la misma contradicción que titularse falangista fascista o falangista socialista”. (Ética y estilo falangistas, “A modo de explicación”).

Antes que nada, aviso de que este artículo (un poco largo y de muy poca calidad en comparación con otros publicados sobre el mismo asunto) es uno más de la larga lista existente acerca del eterno debate ideológico sobre qué es lo falangista y qué no lo es.

En ningún momento tengo intención de entrar en la disputa sobre quién fue el responsable de la ruptura entre los falangistas y los jonsistas.

La disputa ideológica ocasionada en 1935 a raíz del conflicto entre José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, que terminó con el segundo y parte de su gente escindiéndose de Falange Española de las JONS, quizá podría considerarse el origen de la división actual existente en el “mundillo azul” tras el final del franquismo. No olvidemos que, cada 29 de Octubre, Ramiro Ledesma es homenajeado en el aniversario de su asesinato por formaciones ideológicamente diferentes: FE-La Falange (nacionalsindicalista), FE-JONS (nacionalsindicalista), Alianza Nacional (nacionalsocialista) y Movimiento Social Republicano (nacionalrevolucionaria). ¿A qué puede deberse que formaciones políticas diferentes consideren al mismo hombre como su ideólogo y modelo de conducta o, al menos, como uno de sus miembros históricos?

Las ideas de Ramiro Ledesma, fuertemente impregnadas de lo que hubo en el extranjero durante su vida (lo que no significa que copiara a nadie), se alejaban en algunos aspectos de la visión católica que tanto defendían los seguidores de José Antonio y eso ha podido dar lugar a una cierta “ambigüedad” a la hora de comprender sus escritos.

Normalmente se ha achacado a Ramiro Ledesma ser una especie de “introductor” del nacionalsocialismo en España, supongo que por citas como esta: “Sólo en la mente de un judío como Marx puede fraguarse el internacionalismo” (¿Fascismo en España?, “De la fundación de las JONS a la aparición de El Fascio”).

No obstante, Ramiro Ledesma dirigió primero su atención hacia el fascismo italiano liderado por Mussolini: “El fascismo es en su más profundo aspecto el propósito de incorporar a la categoría de soporte o sustentación histórica del Estado Nacional a las capas populares más amplias” (La Patria Libre, “¿Qué es el fascismo?”); al igual que José Antonio: “El fascismo no es sólo un movimiento italiano: es un total, universal, sentido de la vida. Italia fue la primera en aplicarlo. Pero ¿no vale fuera de Italia la concepción del Estado como instrumento al servicio de una misión histórica permanente? ¿Ni la visión del trabajo y el capital como piezas integrantes del empeño nacional de la producción? ¿Ni la voluntad de disciplina y de imperio? ¿Ni la superación de las discordias de partido en una apretada, fervorosa, unanimidad nacional? ¿Quién puede decir que esas aspiraciones sólo tienen interés para los italianos?” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Al volver”).

¿Estoy queriendo decir que José era “fascista”? ¡No! Pero tampoco pienso que lo fuera Ramiro Ledesma, pese a sus diferencias con el estilo joseantoniano. El propio Ramiro Ledesma consideró al fascismo como una actitud propiamente italiana y que los españoles debían buscar su propio modelo:

“El fascismo como actitud mundial, y por tanto, puesto que España está en el mundo, como posible actitud española, no depende de un modo directo del fascismo italiano, mussoliniano, sino que es un fenómeno de la época, típico de ella como cualquier otro. Tenía esto que decirse en España al aludir a las características del fascismo, pues nuestra Patria es de suyo una Patria imperial, creadora y totalitaria. Nada que sea propio y genuino de otro país encontrará aquí arraigo fundamental, y por eso las formas miméticas del fascismo están aquí felizmente proscritas” (¿Fascismo en España?, “Los problemas del fascismo en España”).

Y es que Ramiro Ledesma no sólo lanzó sus puyas contra José Antonio tras su marcha de la Falange, sino también contra aquellos que imitaban al fascismo en todos los sentidos en lugar de buscar un movimiento auténticamente nacional para su pueblo:

“Hay en Inglaterra un movimiento fascista acaudillado por Mosley. No estamos muy seguros de su trascendencia ni de la brillantez de su futuro. Claro que ello nos importa en muy débil manera. Ya es un detalle que surgiendo nada menos que en el Imperio inglés se conforme y viva tranquilo vistiendo camisas negras y llamándose «Unión fascista británica» sin originalidad ninguna, ni añadir nada a la matriz fascista de Italia. Ya es un detalle, repetimos, porque ello demuestra, y nos alegra mucho a los españoles, la situación lamentable en cuanto se refiere a la capacidad creadora de ese imperio inglés a cuyo hundimiento asistiremos con la mejor gana.

Hemos visto en «ABC» una información acerca de este fascismo británico. Que es constitucional, parlamentario, antisubversivo, elegante, palatino y enemigo de la violencia. ¡Ah! Y en dos años o tres de vida no le han disparado los rojos ni un solo tiro”(JONS, “Los sistemas fascistas”).

“Hay ya en varios países eso que podemos denominar exactamente fascismos de exportación. Es decir, grupos sin dimensión profunda, artificiosos, que importan el fenómeno fascista como quien importa un género de moda cualesquiera. A nadie se le ocurrirá adscribir a esos movimientos ninguna clase de reivindicación nacional profunda ni encomendarle tareas que no sean las de un puro mimetismo grotesco.

No tiene en realidad nada que ver con el hecho que pretenden imitar. Quedan localizados sus afanes a una pequeña vanidad del caudillejo de turno y a un poco de pintoresca exhibición en los países donde surgen. Nada más. Y así realmente tenía que suceder. Bien decía Mussolini que el fascismo no es materia exportable; aunque luego haya silenciado su juicio porque convienen mucho a Italia esos grupos internacionales de adoradores” (La Patria Libre, “Los fascismos de exportación”).

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Ramiro Ledesma se alejó siempre de la etiqueta de “imitador” del fascismo, aunque compartió con dicho movimiento su visión del Estado:

“Los nuevos Estados que hoy nacen y triunfan -Rusia, Italia, el Estado germano que postula Hitler- son antiliberales. En ellos se le reconocen al hombre derechos políticos por lo que en él hay de capacidad de convivencia, de cooperador a los fines del Estado. Por eso no hay derecho a la disidencia, o sea, a libertad frente al Estado” (La conquista del Estado, “El individuo ha muerto”).

Lo que proponía Ramiro Ledesma frente al Estado, según la visión joseantoniana, sería la absorción del individuo por parte del órgano estatal. Nuevamente, los dos ideólogos emplean el mismo término (totalitarismo) con diferente significado: para Ramiro Ledesma, será un Estado que esté por encima de todos los poderes y ciudadanos; para José Antonio, será un Estado que englobará a toda la sociedad en el mismo proyecto:

“La Patria es una unidad de destino en lo universal, y el individuo, el portador de una misión peculiar en la armonía del Estado. No caben así disputas de ningún género; el Estado no puede ser traidor a su tarea, ni el individuo puede dejar de colaborar con la suya en el orden perfecto de la vida de su nación” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Estado, individuo y libertad”).

Pero no sólo del fascismo ha vivido la polémica respecto a Ramiro Ledesma. Al contrario que José Antonio, Ramiro Ledesma empleaba en sus escritos habituales los términos “imperialismo” y “nacionalismo”; mientras que José Antonio era más partidario de utilizar los adjetivos “imperial” y “nacional”:

“El nacionalismo eleva las características nativas (lengua, costumbres, paisaje) a esencias nacionales. Se empeña en considerar que son las características nativas lo que constituye una nación. Y no es eso: las naciones son aquellas unidades, de composición más o menos varia, que han cumplido un destino universal en la Historia. La unidad de destino es la que une a los pueblos de España. Y entendida España así, no puede haber roce entre el amor a la tierra nativa, con todas sus particularidades, y el amor a la Patria común, con lo que tiene de unidad de destino. Ni esta unidad habrá de descender a abolir caracteres locales, como ser, tradiciones, lenguas, derecho consuetudinario, ni para amar estas características locales habrá que volverse de espaldas –como hacen los nacionalistas– a las glorias del destino común” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Discurso en Pamplona en 1934”).

“Una España grande será imperialista, porque su influencia cultural, económica y militar, se dejaría sentir en todo el mundo. Si hay algún español que se oponga a la grandeza y poderío de España, a su consideración y prestigio en el mundo, debe de ser fusilado por traidor” (La Patria Libre, “Imperialismo”).

Se podría decir que Ramiro Ledesma consideraba que el pueblo español necesitaba sentirse orgulloso de sí mismo; mientras que José Antonio daba al patriotismo una vocación providencialista (similar a la de Ortega y Gasset) que encajaba con su fuerte devoción católica.

Hasta llegar aquí hemos podido ver que José Antonio y Ramiro Ledesma eran diferentes a la hora de utilizar ciertos términos o en ciertos aspectos, cómo la libertad del individuo. Sin embargo, la etiqueta de “fascista” a Ramiro Ledesma le ha sido colgada sobre todo por sus planteamientos sobre la religión católica. Durante gran parte de su vida, fue un gnóstico crítico con la Iglesia cómo institución y no con el catolicismo como sentimiento religioso:

“La Iglesia, por muy católica y romana que sea, no puede jamás pretender soberanía alguna frente al Estado”

“Cuando la emoción religiosa del país -que merece todos los respetos y debe incluso alentarse- recobre su función estricta, aparecerá como uno de los máximos valores de nuestro pueblo. Pero es execrable que la Iglesia haya sido muchos años sostenedora y amparadora de todos los abusos y de todos los crímenes contra la prosperidad y la pujanza del pueblo español. Creemos, pues, que el Gobierno está obligado a reajustar el papel de la Iglesia en la vida civil de nuestro país”

“Nuestra formula es y será siempre: ¡Nada sobre el Estado!” (La conquista del Estado, “La expulsión del cardenal Segura”).

“A falta de una doctrina nacional ambiciosa y de unas fuerzas robustas a su servicio, hemos tenido y tenemos en España un factor político de carácter religioso, el ingrediente católico. Pero el catolicismo, como toda religión, es sólo un estimulante eficaz de lo nacional, y puede quizá servir a lo nacional cuando es la religión de todo el pueblo, cuando la unidad religiosa es efectiva. Por eso en el siglo XVI español el catolicismo actuó como potenciador de la expansión nacional y como instrumento rector de la vida política. La situación ha cambiado. Hoy el catolicismo no influye sino en una parte del país y comprende, además, en su seno una gran porción de gentes desprovistas de espíritu nacional brioso. En esas condiciones, y si la dirección de las masas católicas no está en manos de patriotas firmísimos, el factor religioso y católico en la España actual puede muy bien, no ya ser ineficaz para una posible vigorización española, sino hasta convertirse en un instrumento de debilidad y resquebrajamiento”(¿Fascismo en España?, “Los problemas del fascismo en España”)

Todas estas citas muestran a un Ramiro Ledesma que comprendía la existencia de un catolicismo implantado en lo más hondo del pueblo español pero que no lo veía con una actitud tan providencialista como José Antonio. Es más: mientras que para Ramiro Ledesma el sentimiento nacional y la religión no iban de la mano; para José Antonio, como dejo claro a lo largo de toda su carrera política, eran dos sentimientos inseparables (por no decir que los consideraba lo mismo y que uno no tenía sentido sin el otro).

No obstante, que no viera al catolicismo como algo sinónimo del sentimiento nacional no significa que Ramiro Ledesma tratara de echar a los católicos de sus filas jonsistas:

“¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la Historia de España”(¿Fascismo en España?, “Anexo 1: Movimiento español JONS”)

Pese a sus contrarias opiniones en la cuestión religiosa, ambos compartían un mismo desprecio hacia la masonería; aunque no la veían de la misma manera:

“Sin creer en las ridiculeces que se cuentan de los inofensivos ritos masónicos, no dudamos -precisamente por enfocarla con seriedad- en atribuir una importancia relevante a la masonería, cuya actuación política -es la única que nos interesa- ha sido siempre llevada con suma habilidad, produciendo los efectos apetecidos por los masones, efectos de importancia en la Historia de España, y de enorme peligrosidad para los elementos nacionales. En la pérdida de nuestras colonias, en todas las revoluciones y cambios de régimen, en las diversas campañas de propaganda antiespañola en el extranjero, se ha visto clara la mano de la masonería” (La Patria Libre, “La masonería tiene en nosotros a un enemigo”)

“Los hombres que han regido a España reciben sus consignas o de la logia de París o de la Internacional de Amsterdam. Hace unos días pasó ante la hostilidad de Madrid un presidente francés. Hace muy poco estuvo en Barcelona, tratando con el presidente de la Generalidad, otro ex presidente francés. No se sabe qué pactos secretos se urden en esas entrevistas. Sólo se sabe que ha sido dragado a toda prisa el puerto de Mahón para que en él fondeen Dios sabe qué escuadras” (Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, “Discurso en Cádiz de 1933”).

Cómo podemos ver, ambos coinciden en que la masonería controla los destinos de España; sin embargo, difieren en la importancia. Ramiro Ledesma consideraba sus rituales como algo “inofensivo”, mientras que dudo mucho que José Antonio no les atribuyera el carácter luciferiano del que las logias masónicas hacen gala.

¿Ramiro Ledesma falangista? ¿Ramiro Ledesma fascista? ¿Puede o no considerarse falangista un admirador de las ideas de Ramiro Ledesma?

“La actitud de Ramiro en los últimos meses de su vida, tal como nos la describió Manuel Hedilla, fue la de un Ramiro arrepentido, ya derrotado y sólo. Ramiro y Hedilla coincidieron en un tranvía madrileño y en la conversación que sostuvieron, Ramiro mostró un gran interés -no simple curiosidad- por las vicisitudes que pasaba la Falange. En opinión de Hedilla, Ramiro deseaba vivamente su reingreso en la Falange.

Se dice entre los falangistas -y no cuesta trabajo creerlo- que Ramiro murió -espiritualmente hablando- dentro del seno de la Falange.

En el aspecto religioso no es una hipótesis, sino una certeza, que Ramiro murió en el seno de la Iglesia católica, confesando poco antes de morir con un sacerdote católico que le sobrevivió.

El Ramiro Ledesma auténtico y definitivo es el Ramiro de los últimos meses de 1936, no el de los primeros meses de 1935” (Ética y estilo falangistas, “A modo de explicación”).

Decantándome por lo que expone Sigfredo Hillers, considero que Ramiro Ledesma terminó su vida como un falangista. Si tenemos en cuenta que la actitud o las ideas de una persona antes de morir son muchísimo más importantes que aquellas posturas defendidas en años anteriores, definitivamente queda confirmado lo expuesto anteriormente. Si murió como un católico, igual que otros muchos que regaron con su sangre las tierras de España y de Rusia, ¿por qué no va a poder ser considerado un miembro importante más de la Falange histórica?
Quizá Ramiro Ledesma no marque la ortodoxia doctrinal. Pero su vitalidad y su llamada a la juventud española es algo que no debe caer en el vacío. Además, un estudio serio sobre cualquier tema histórico debe de tener en cuenta todos aquellos aspectos relacionados con el tema principal… y está claro que Ramiro Ledesma fue el primer ideológo de la tercera vía política en España y, por lo tanto, el estudio sobre la doctrina falangista debe tenerle mínimamente en cuenta, aunque sea para decir en qué aspectos discrepó con el Fundador y en aquellos otros en los que pudo influir.


Seguramente haya a quien no le importe mucho, pero el abandono de una personalidad tan arrolladora como la del zamorano por parte de los falangistas ha provocado que personas de otras tendencias políticas se apropien de su figura. Repito, habrá a quien no le importe. ¿Pero tampoco les importa que suceda lo mismo con Onésimo Redondo o con los caídos de la División Azul?
Está claro que si no se valoran a los muertos propios habrá otros que aprovecharán su figura para redirigirlos décadas después hacia su terreno. Y en esos momentos es cuándo comienzan los problemas y las cuestiones acerca de lo qué somos y de lo qué no hemos sido nunca.

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Ultimos dias en la vida de Ramiro.

La ciudad retumbaba con cada tiroteo que se cruzaba en el cuartel de la Montaña quebrando el silencio de la noche, como avisando de la magnitud de la tragedia que se estaba representando. Los milicianos, estrenando fusiles, intentaban que la moral de los rebeldes a la República decayera con las balas, a las que se sumaron pronto los obuses y un altavoz estridente que instaba a la rendición. Pero no sería tan fácil. Harían falta unos días de enconado enfrentamiento para que esta se hiciera definitiva, una vez que el patio del cuartel estuviera plagado de muertos.

En Madrid se veía lo que sucedía en España entera. En unas ciudades eran unos los vencedores temporales, en otras lo eran los contrarios, pero en todas se vivió la tensión de unos días en los que España lloró sangre, batiéndose en duelo inevitable en su interior. Era 19 de julio de 1936, y el fratricidio ya no tenía vuelta atrás.

El eco de los tiros llegaba al número tres de Santa Juliana, como si del redoble de tambores en el fragor de una batalla se tratase, entonando una melodía macabra que a todos estremecía. Al son de estos bélicos acordes, a las dos de la madrugada, paseaba Ramiro Ledesma preocupado por el salón. Parecía cargar sobre sus anchos hombros toda la lucha de los últimos años, desde que fundara las La Conquista del Estado hasta que organizara las JONS, de La Patria Libre a la fusión con Falange Española, de Nuestra Revolución a la reorganización de sus células jonsistas.

Su rigurosa formación matemática, su exhaustivo estudio de la filosofía y sus firmes convicciones políticas eran la base para la reflexión continua con tono sombrío y apasionado, que le daba cierto aire de hosquedad. Y aquel momento requería toda su atención. Se estaban viviendo momentos críticos para la historia de España y él, unido a ella como un hijo fiel a su madre, los sufría -y los sufriría aun con más intensidad- con ella. Junto a él, en la habitación, estaba también Navarro Ruiz, sentado en un sillón ancho, intentando convencerle de que se alejara de Madrid.

– ¿Por qué no te refugias en una embajada? Ya te lo hemos dicho, te buscan y no durarás mucho así…
– Yo no tengo nada que hacer en una embajada.

…Y todo seguía igual. Indefectiblemente lacónico, disfrazaba un profundo sentimiento con parquedad provocada. Llegaba a incomodarle que le insistieran con huir y esconderse. Podía acceder a algunas cosas, pero no iba a esconderse, no iba a sucumbir. Pensaba organizar la acción tal y como había previsto días atrás en el despacho de la calle Príncipe, cuando, preparando el segundo número de Nuestra Revolución, su última iniciativa, le comunicaron la muerte -el asesinato- de Calvo Sotelo. Entonces, haciendo gala de ese espíritu crítico que le permitía ver más allá de los simples hechos, tras quedarse unos instantes inmóvil y silencioso, le dijo a Guillén:

– Puedes dejar de escribir, el número dos no se publicará. Hay que dejar la pluma y tomar las armas, cambiar la teoría por la acción.

Y así fue. El día once había salido el primer número de lo que pretendía ser el banderín de enganche para anarcosindicalistas. Si para sacar a la calle el periódico La Patria Libre tuvo que vender su Royal Enfield, aquella mimada motocicleta en la que recorría España con temeridad, por este periódico iba a dar su vida. Por sacarlo adelante, quedándose en Madrid, redujo las posibilidades de salir con vida de aquellos días en los que crujían los resortes de la historia patria mientras sus hijos se lanzaban a una guerra de envidias, rencores y odios. Podría estar en Galicia si hubiera aceptado la invitación que Souto Villas le hizo para veranear allí. Pero él, entregado a la lucha y sacrificando su tiempo por una causa, decidió no ir con tal de sacar su periódico.

– Solo digo que deberías buscar un escondite.

En la habitación, la férrea mirada de Ramiro se alzó un instante y se paró en sus ojos. Sabía que tenía razón: el día anterior habían ido a buscarle a la pensión del Hotel Gredos, pero él estaba durmiendo, usando por almohada una pistola, en la portería que le había dejado la madre de un jonsista. Las madres… La madre de Ramiro, desde el cuarto de al lado, escuchaba con la atención que solo puede poner quien ha engendrado. Con ojos llorosos, se pregunta por qué pasará con su hijo y se adentra oraciones que la muevan a la esperanza.

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Ahora que sabían que estaba en la pensión, la prioridad era encontrar un sitio para vivir y, el día siguiente, se trasladó de forma provisional a casa de su hermano José Manuel, en la calle Ponzano. La familia de su hermano estaba en Cercedilla de vacaciones e intentaba volver a Madrid cuanto antes. Como precaución, accedió a pelarse al rape, eliminando ese característico mechón de pelo, y a recuperar unas gafas que desaparecieron tiempo atrás en pro de un aspecto más marcial. Además, llevaría la documentación de su camarada y amigo Compte, administrador de las viejas revistas jonsistas.

Ramiro sufría, pero sufría con la dignidad de un caballero que sabe aceptar la afrenta y se dispone al combate, con la frialdad de un matemático que estudia las posibilidades y los datos, con el romanticismo de un filósofo que siente los problemas en él y quiere comprenderlo todo. Era su segundo día en “situación de licencia ilimitada” como funcionario de Correos, según decía en el oficio recibido a principios de mes: le habían expulsado. Ahora tendría tiempo para escribir, publicar… y luchar. Por fin el tiempo era suyo y no tendría que darse a la espera, la eterna espera en la que tuvo que estar inmerso durante años. Espera por escasez de medios; espera por escasez de fuerza humana; espera por escasez de circunstancias propicias. A pesar de publicar incesantemente, la acción no alcanzaba la magnitud que debería para poner en marcha su gran obra revolucionaria.

Así que en Ponzano, solo con su hermano José Manuel, eterno compañero, cerraba por la noche las contraventanas o se bajaba a la portería a escribir. Y los días pasaban. Él solía ir por la tarde a la cafetería Fuyma, en la Gran Vía, que era un oasis en medio de la tensión callejera. No le gustaba quedarse encerrado en casa. Después, paseaba por las calles llenas de milicianos e incluso se atrevió algún día a volver por Santa Juliana, enclavada en pleno territorio rojo, para abrazar a su madre. Con su ropa holgada, sus jerseys pajizos y su boina, sabiendo que le buscaban, sorteaba el peligro con indiferencia para llegar a ella. En casa nunca había hablado mucho, pero la pasión la llevaba, como en todo, por dentro. Y la saca a relucir con detalles como este.

Esquivar a las patrullas rojas iba a ser posible lo que restaba de julio, hasta que le detuvieran el primero de agosto con su hermano José, su camarada y compañero, a quien dictó el manuscrito del Discurso a las Juventudes de España, con quien compartiría noches de intertidumbre, con quien iba al cine, con quien pasaba tardes escuchando a Wagner,… Lo peor no era que lo detuvieran, lo peor era lo que vendría inevitablemente después. Detenciones había tenido ya suficientes como para no temerlas. Se acordaba de los dos meses en la Modelo por un artículo contra “el babélico” Marcelino Domingo, la quincena tras la sublevación del general Sanjurjo, del verano de 1933, cuando las JONS asaltaron la sede de los “Amigos de la URSS”, de noviembre de 1934, cuando incautaron las armas en la sede de FE de las JONS,… Pero era eso o… ya se lo dijo a su hermano:

– Si ganan las izquierdas tengo un noventa y nueve por ciento de posibilidades de que me vuelen la cabeza; si ganan las derechas, tendré que marcharme de España para vivir con dignidad.

El primero de agosto quedó a cenar con su hermano José en la glorieta de la Iglesia. Ramiro, intentando aprovechar hasta el último minuto del día para conocer, para “saber lo más posible”, como le dijo a su tío con veinte años, llevó consigo “Los Estados Unidos de hoy”. Pero no pudo leer mucho. Llegó su hermano y cenaron con la banda sonora habitual, la de las ráfagas de tiros lejanos. Decidieron salir un poco más tarde hacia casa para que no los vieran los porteros del edificio. En aquellos días cualquier precaución era poca.

Volvieron dando un tranquilo paseo. Ya en la calle Ponzano, a pocos metros de su destino, de ese refugio ante la barbarie, de ese edén enquistado en el infierno, un coche pegó un frenazo y de él se bajaron unos chulapos del V Regimiento de Milicias.

– ¡Alto! ¡Alto! ¡Quietos!

Los han pillado. Han sido poco más de diez los días que han pasado cruzándose piquetes y grupos de milicianos y viendo en cada uno de ellos a los que les buscaban, hasta que lo han hecho. Dos semanas creyendo ver a la vuelta de cada esquina a sus matones particulares, a su guardia non grata. Pero no le reconocen. Ellos ven a su hermano y a un pistolero fascista. Tan ciegos estaban que, buscando lo imposible, ven en las iniciales del sombrero de Ramiro, R. L., la prueba irrefutable de que es un guardaespaldas de “ese de Falange”, es decir, de sí mismo. Entrega la documentación falsa, la cartilla militar de Enrique Compte, y se presenta como un amigo de Ledesma que iba a devolverle el sombrero. Entretanto, los dos hermanos intentan entrar en la comisaría que había allí cerca. No lo logran, pero sí que un policía secreto se interese y se empeñe en que sean detenidos de la Dirección General de Seguridad.

Entonces, les llevan al cuartel del regimiento, en un colegio de los Salesianos. Les preguntan por Ramiro una y otra vez, quieren encontrarle pronto. De allí les mandan, después de veinticuatro horas, a la Dirección General de Seguridad, en la calle Víctor Hugo. Este edificio le trae muchos recuerdos a Ramiro, porque no es la primera vez que entra. Le espera una sorpresa en las celdas del sótano: allí está, con otros camaradas, el verdadero Enrique Compte, preso por ir indocumentado, es decir, por sospechoso. En cuanto ve eso, Ramiro no lo duda, tiene que confesar. La vida de su camarada depende de ello y no se arroga el derecho a sacrificarlo para salvarse a sí mismo. Contra lo que le dicen, le ruegan y le suplican su hermano y el propio Compte, se acerca a la puerta de la celda y pide ver al comisario. Cuando consigue arreglar todo, Ramiro se queda tranquilo. Lo único que le inquietaba era la situación de su amigo, así que le salva la vida a costa de la suya.

La celda estaba llena de gente. Camaradas, derechistas, monárquicos, carlistas,… de todo había. Sobre las once de la noche se vuelve a abrir la puerta y entran dos nuevos. Con uno de ellos hablaría mucho Ramiro. Se trataba de Manuel Villares, cuyo hermano Jacinto fue un jonsista de primera hora.

El día siguiente, tres, les trasladan a la cárcel de las Ventas, su última morada antes del destino fatal. Fueron unos meses duros, de comidas insanas y ridículas, de condiciones duras e inhumanas, pero Ramiro nunca se quejó. El ascetismo que corría por sus venas le hacía mortificarse ante las circunstancias adversas y dedicarse a lo verdaderamente importante: comprender. A veces, jugaban a los combates navales en papel cuadriculado, a los que Ramiro siempre ganaba. Con él estaba también Ramiro Maeztu, con quien tendría largas conversaciones, porque a Ramiro muchos le dejaron de lado en la cárcel por ser quién era. Eso tal vez le enfurecía más que cualquier otra adversidad. Había quien tenía miedo de que le relacionasen con él y tener que pagar las consecuencias, pero no Maeztu, Villares y algunos camaradas.

Tenía por aquellos días algunas preocupaciones más definidas y presentes que otras. Sabía que no saldría vivo, pero no paraba de imaginar posibles huidas. A veces hablaba como si aquello fuera transitorio, como si estuviese seguro de que en poco tiempo estarían fuera, pero sabía que todo estaba perdido. También tenía preocupaciones más trascendentales: dedicó días al más allá, para lo que le ayudó Villares, que resultó ser sacerdote. Tal vez aquellas conversaciones salio una conversión. Así terminó el pensador, con problemas de orden intelectual. Todavía le dio tiempo a profetizar algo más:

– Vosotros, si os salváis, vais a quedar muy pocos. Y los que quedéis estaréis a merced de los arribistas y logreros, que acabarán por dominaros, y todo lo que se ha hecho por JONS y FE desaparecerá en la inundación.

Así pasaron las semanas. Para pasar desapercibido, recuperó su pseudónimo. Roberto Lanzas sustituyó a Ramiro Ledesma para intentar salvarle la vida. Todos conocían a Ledesma, el temido fascista asesino; pero nadie a Lanzas. Así, con suerte, los milicianos se olvidarían de él. De poco sirvió, como es lógico, pero hubo que intentarlo. Además, las visitas de su familia eran frecuentes. Su hermana Trinidad le llevaba ropa, libros y dinero. A poca más gente había dejado él fuera. Sus camaradas estaban casi todos presos y pocas personas se arriesgarían por ir a verle. Tampoco tenía novia; “no tengo tiempo”, contestaba alegremente cuando le preguntaban.

Y llegó el veintiocho de octubre. Ramiro lo dijo: “presiento que hoy me van a matar”. ¿Otra predicción? Por la noche, cuando estaban ya acostados en el suelo, llegaron los milicianos con una lista. Treinta y dos nombres para ser trasladados a la prisión de Chinchilla, que era lo que decían para ocultar la verdad.

– ¡Catorce! ¡Ramiro Ledesma!

La poca esperanza que pueda haber se desvanece por completo. Junto a Ledesma, nombran a Ramiro Maeztu. El creador de la Hispanidad va a morir con uno “ansioso de valores hispánicos”. Qué mejor forma. Y sale Ramiro, porque ya de nada servía ser Roberto Lanzas, pero a medio camino se da la vuelta. Quiere coger la chaqueta, y no le dejan. Después, en la fila, tiene oportunidad de hablar con Maeztu por última vez, dándose ánimos para permanecer enteros. Ramiro ve el final y lo agradece. Quiere que todo termine cuanto antes, pero no acepta que le vean así, no quiere morir donde ellos decidan y hacerlo obedeciéndoles. Era ya veintinueve y tocaba la hora de la muerte. Les flanqueaban milicianos armados, camino del camión que les trasladaría. De repente, se lanza hacia uno de los milicianos, intentando arrebatarle el fusil.

– ¡A mí me matáis donde yo quiera, no donde vosotros queráis!

Y cayó. El disparo de otro miliciano terminó con su vida en el último arrebato de rabia, bajo un rayo de tremenda voluntad, y su cuerpo se estrelló contra el suelo. No hubo que rematarlo, de su cráneo manaba sangre y ya nada podía hacer. Todo había terminado. Lo recogieron y lo llevaron, con los otros treinta y uno, al cementerio de Aravaca, donde fueron fusilados contra el muro. Allí yace Ramiro, enterrado bajo la tierra de su Patria, como recuerdo perpetuo del fratricidio de 1936 y homenaje a todos los que murieron injustamente.

Al día siguiente, cuando su hermana Trinidad fue a llevarle cosas, le dijeron que estaba en Chinchilla, como a su hermano, cuando fue con un abogado para intentar defenderle en un proceso sin juicio ni acusación alguna.

Tal vez la mejor definición de la muerte de Ramiro la diera Ortega y Gasset, antiguo maestro, cuando se enteró de ella en París: “no han matado a un hombre, han matado a un entendimiento”

 

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