Santa Maria de la cabeza.

Soy muy consciente de que cualquier opinión que se ejerza sobre cualquier cuestión relativa a la Guerra Civil en un país tan sumamente acomplejado cómo el nuestro que, aún después de setenta y dos años es incapaz de superar unos hechos que, pasados y enterrados siguen causando dolor y dividiendo a la sociedad Española. En mi caso, soy una persona pragmática, que gusta de mirar adelante en la vida y que considero que lo poco que hay que recordar, hay que hacerlo con la perspectiva de utilizarlo para construir y no para destruir. Dicho ésto, quiero dedicarme a desgranar uno de los hechos más conocidos y a la vez menos adocumentado de la Guerra Civil Española. El Asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza fue un enfrentamiento encarnizado en que, paradójicamente, los ganadores fueron los perdedores, pues la imagen de la Virgen en Jaén es de tal devoción y amor que, incluso aquellos que no creen en Dios se emocionan cuando la ven en su camarín. Estos son los hechos de un acontecimiento que podría haber eclipsado al mismo Alcázar de Toledo sino hubiera sido porque mientras que allí Moscardó pudo resistir, en Andujar, Cortés se dejó la piel en el Intento.

El Alzamiento fracasa en Jaén.

La provincia de Jaén no era de las más pobladas al inicio de las hostilidades. En sí apenas superaba los seiscientos mil habitantes dedicados casi en exclusiva al campo y muy polarizados en consecuencia hacía la izquierda. A ésto se añadía el hecho de que se mostraba el tópico latifundista. En jaén, cómo en toda Andalucía el campo estaba en toda su extensión en manos de unos pocos y éstos, muy ricos y nadando en la opulencia más absoluta oprimian a unos jornaleros que, apenas subsistian del trabajo temporal que daba el campo estando, en su mayor parte inmersos en una pobreza y hambre difíciles de compatibilizar con una paz social que se escapaba por momentos. Cómo únicos polos diferenciales se encontraba la cuenca minera de Sierra Morena, dedicada a la extracción de plomo y localizada en la zona de repoblación desde Santa Elena a Linares. Ésto no hacía sin embargo que, las condiciones de trabajo, fueran distintas a los de los labriegos, si bien tenían más estabilidad. está se veía descompensada por unas condiciones pésimas de trabajo, mal remunerado y con constantes muertes y accidentes. Éstos factores, unidos a la desidia de los “señoritos” a la hora de mejorar las condiciones laborales, hacían que el vivero de sindicalistas fuera fértil. Sólo la Federación de Trabajadores de la Tierra, afines a la Unión General de Trabajadores contaba con cincuenta y cinco mill afiliados muy cabreados. La CNT y la FAI, en su apogeo, juntaban trece mil desalmados más (No creian en Dios, y por tanto no tenían alma, a ver que se van a pensar). No sólo el sindicalismo andaba bullendo en la provincia. La victoria del Frente Popular dió mecha a las esperanzas de una población masivamente afín al socialismo con unos ochenta mil afiliados al Partido Socialista Obrero Español y trece mil más repartidos entre el partido comunista y las Juventudes Socialistas Unificadas. Un polvorín que buscaba un reordenamiento de una República que se consideraba burguesa en una dictadura del proletariado afín a la Unión Soviética.

Por toda la provincia se comenzó a notar la falta de pudor a raiz de la incipiente guerra. Los cortijos comenzaron a ser saqueados por toda la provincia sin que las fuerzas de orden público quisieran o pudieran hacer nada. Los asesinatos, los robos, las quemas de cosechas se convirtienron en el pan nuestro de cada día hasta mediados de Julio en que la situación, recrudecida, se tornaba insoportable e irreversible. Máxime cuando las fuerzas militares en la provincia se componían de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto, no habiendo acuartelamientos del Ejército de renombre. Por parte de la Guardia de asalto, los efectivos, dirigidos hasta poco antes de iniciada la Guerra por el capitan de la guardia civil Rodriguez de Cueto se componían de unos cien hombres. Todos a favor de secundar y apoyar el alzamiento. Por parte del Benemérito instituto, los efectivos eran unas siete centenas agrupados en seis compañias distribuidas por toda la provincia y bajo al dirección del teniente coronel Pablo Iglesias Martinez. Los comandantes Nofuentes y Navarro serían sus lugartenientes y tendrían un papel fundamental en esta historia. De reciente destino, los mandos referidos no habían tenido tiempo de conocer los sentimientos de sus hombres en torno a la cascada de acontecimientos que se avecinaba, habiendo sido mandados ajaén en la reorganización del Instituto surgido de las Elecciones de Febrero del treinta y seis.

El hecho de ser relativamente novatos en el ejercicio del mando en la Provincia actuaría en favor de inhibirse de participar en el Alzamiento. El capitan de infantería Eduardo Gallo que, estando adcrito a la caja de reclutamiento, había comprometido medio millar de efectivos, actuaba de contacto con los rebeldes encontrándose en una dificil tesitura ante tal indecisión. El parte del Estado de Guerra, en poder del militar, ordenaba la entrega de armas a los paisanos a las tres de la tarde del día dieciocho de Julio. Ante la insistencia en secundar la revuelta, la reunión dilató la ejecución de dicho parte hasta últimas horas del Golpe, culminando en un rechazo forntal al mismo por parte del Gobernador Militar de Jaén, coronel Revuelta. Ésto terminó con los titubeos de la Guardia Civil que se inclinó definitivamente por permanecel fiel a la legalidad y la República, encarnando ésta decisión el mismo teniente Coronel Iglesias. Un cohete certificaría, según las consignas la unión a los sublevados. Los civiles implicados, en corrillos diseminados por los alrededores de la Comandancia esperaban esa señal. Sólo recibieron la orden de disgregarse y volver a sus casas. La sublevación había fracasado en Jaén.

Los acuartelamientos de la Guardia Civil acogieron con distinto humor la orden de mantenerse fiel a la República. A la orden del teniente coronel Iglesias de dar armas a los paisanos por orden gubernamental, algunos puestos se negaron o mostraron reticencias. Ésto ocasionaría los primeros enfrentamientos entre la Guardia  Civil y la población. A fin de evitar que éstos choques fueran a mayores, se ordeno la concentración inmediata de los guardias en Jaén. En Andujar se habían concentrado ya bajo el mando del Capitán Antonio Reparaz y de igual modo la guarnición de Linares se había desplazado a Úbeda, concentrándose toda la tercera compañia evitando en lo posible los enfrentamientos armados con los paisanos en una situación que amenazaba con irse definitivamente de las manos en cualquier momento. Éste hecho dió pie a numerosas checas por todos los pueblos de la provincia que quedaron sin fuerzas de orden. Las venganzas políticas se fueron sucediendo en cada punto de la provincia donde los responsables del Orden Público dejaron el terreno expedito a los grupos incontrolados.

 

El Frente Popular vió, no obstante, éstas concentraciones cómo una amenaza latente. La Guardia Civil no era demasiado confiable para la República y aún se temía que secundaran el alzamiento.. la solución más lógica fue disgregar a los concentrados enviándolos a los frentes de batalla. Así ochenta guardias de Úbeda y noventa de Andujar serían desplazados con caracter de urgencia a puestos lejos de la provincia. Además, en Andujar se ordenó enviar el resto de la guarnición, con familia y todo, al palacio de Lugar Nuevo, a unos veinte kilómetros de la ciudad donde quedarían reconcentrados y en espera de órdenes. Una vez adquirida cierta tranquilidad al hacer ésto, el Frente Popular fijó sus ojos en la guarnición de Jaén. Se desplazarían en Agosto cincuenta guardias a Campillo de Arenas, en el límite conla provincia de Granada. y unos días despu´ñes el teniente coronel Iglesias, con ciento cincuenta guardias más sería despachado a defender el frente en Alcalá la real, donde quedaría al frente de todas las fuerzas militares y de paisanos de la localidad. Ésto y el hecho de que los guardias patinaran con la situacion de pertenecer a las órdenes de la República estando a favor del Alzamiento no tardó en provocar el paso de los primeros guardias a los pocos días de llegar a su nuevo destino. Por ésta razón el teniente coronel Iglesias perdería el mando en favor del comandante Navarro (recordemos que era lugarteniente de Iglesias). Ésto no sirvió de nada. El capitán Amezcua haría una gestión que dejaría pasmadas a las autoridades Repúblicanas cuando, a los pocos días ciento treinta y dos guardias, dos oficiales y él mismo pegaban el bote dejando a Navarro con un marrón de tres pares.

La desconfianza y hostilidad hacía la Guardia Civil fue en aumento por parte de la Républica. Haciendo cuentas, sólo con la tropa de la capital y liberando a los favorables a la rebelión inclusos en la Cárcel provincial y en la prisión provisional sita en la Catedral sobraban para volcar la situación y hacer la capital hostil al Gobierno. La fatídica estación del Tio Raimundo tan famosa en tiempos recientes sería el destino de cientos de presos que, bajo el eufemismo de ser destinados a cárceles más seguras, se dejaron la piel bajo los fusilamientos de los milicianos. Este tren, conocido cómo “de la Muerte”, sería quizás un claro predecesor de aquellos trenes que ya en tiempos de demecracia segarían la vida de casi doscientos inocentes. Para los guardias civiles y sus familias se propusieron distintos destinos en un claro objetivo de disgregar la amenaza latente. Ante ésta posibilidad y conscientes de que sólo unidos podrían garantizar su propia seguridad y la de sus familias los interesados se negaron a la readjudicación de puestos, solicitando en cambio el reasentamiento en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, a unos diez kilómetros de Lugar Nuevo y treinta y dos de Andujar. En tal lugar no habría problemas para dicho reasentamiento al albergar varias edificaciones pertenecientes a las cofradias y la misma servidumbre del Santuario. Éste hecho podría causar sorpresa ante la eventualidad de que el Gobierno aceptara la proposición de los guardias civiles. Nada más lejos de la verdad. El Frente Popular se quitaba así un problema mandando a la guardia civil lejos de los nucleos donde una eventual eclosión de rebelión pudiera actuar cómo catalizador de un levantamiento. Los guardias por su parte se quedaban todos juntos en un punto noo demasiado lejano del frente nacional y en un punto alto relativamente fortificado y facílmente defendible. Los guardias civiles de la columna Miaja, a los que se había destinado un buen número de efectivos y que tenían en mente pasarse en Córdoba tomaron la decisión de esperar, a fin de dar opción a los reasentados a pasarse una vez el frente de Córdoba avanzara hacía Jaén. Abastecidos y montados en trenes, los guardias civiles de Jaén y sus familias fueron montados en un tren que los dejaría en Andujar el dieciocho de Agosto.

El veinticinco de agosto Reparaz cruzaría a Córdoba llevándose a doscientos guardias consigo y provocando el consecuente enfado en las altas esferas gubernativas. Santiago Cortés, a la sazón uno de los oficiales al mando de los reasentados y en continuo contacto con Reparaz acogería algunos días después a otros cincuenta guardias procedentes de Linares, desarmados y cómo todos, bajo sospecha. Cortés no perdía el tiempo y, ante la eventual necesidad de defender el Santuario, ideó, junto con Reparaz unsistema basado en cinco anillos concentricos o sectores defendibles prestando especial atencion a la defensa norte, menos abrupta y más facilemente atacable. Al pasarse Reparaz a Córdoba la situación se complicó. El hecho de que fueran ya cerca de cuatrocientos guardias los que se habían pasado al bando nacional no hacía sino sospechar de las intenciones de la Guardia Civil que, a pesar de su buena disposición al pedir ser trasladados al Cerro no dejaban de mostrase ambiguos y no mostrar apasionamiento alguno en pasar a formar parte de las fuerzas republicanas. El nueve de septiembre Lino Tejada, nombrado enviado especial por parte del Gobernador Civil arriba a Andujar cómo encargado para conocer, de primera mano, la leatad de los refugiados en el Cerro, disolver el campamento y reincorporarlos a las fuerzas activas o entregarlos a los tribunales militares. Nofuentes, al mando de las tropas del Cerro, despreció al enviado mediante una nota que éste recibió el doce de septiembre. En ella le dajaba patente que, por su edad, graduación y servicios podía irse a tomar por donde la espalda pierde su noble nombre. Ésto dejaba meridianamente claro la predisposición de los guardias y el comienzo de las hostilidades. Hostilidades que, en principio y de forma suave se encrno en el lanzamiento de octavillas con el finde minar la moral de los residentes y que la tropa depusiera a sus jefes del mando. Al poco, ésto dió resultado. La tropa se desmoralizaba por momentos, el avance de tropas nacionales se había ralentizado quedando más lejos de lo que debiera esperase y el comandante Nofuentes decidió consultar sobre que hacer. Mientras los paisanos decidieron apoyar la causa nacional los guardias quedaron en su mayoría en un sepulcral silencio. El catorce de septiembre, acuciados por los panfletos una nueva reunión se celebra en el Santuario. En esa ocasión sólo los guardias fueron los únicos convocados, la decisión fue de evacuar el reducto, entregarse a las fuerzas repúblicanas y no alargar algo que no tenía visos de acabar bien.

Cortés no se decidia a abandonar el campamento. En sí sabía que era un suicidio. Lo mismo era quedarse en el Santuario. La diferencia era que arriba tendrían una oportunidad para pasarse si el frente de Córdoba avanzaba con la suficiente celeridad. A éstos pensamientos se unió el hecho de que, vigilando la explanada donde se organizaba, por la Guardia de Asalto la expedición de evaciación vió cómo, tras el primer convoy las mujeres se resistian a evacuar. Que una mujer hiciera lo que un hombre debiera hacer en razón a su género le resolvió el dilema. Acompañado por unos cuantos partidarios se abalanzó por la Calzada obligando, a punta de pistola a abandonar la evacuación. Se detuvo a los guardias de asalto y, a la vuelta, al comandante Nofuentes, asumiendo el mando el mismo Capitán Cortés. Ante la desesperanza en que los hombres de la primera  expedición hubieran sido fusilados y sus mujeres violadas en cuanto salieron del Santuario, negoció el canje de los guardias retenidos en base a la entrega de éstos evacuados en la misma forma y estado en que salieron. Aquellos evacuados pertenecian a los puestos de El Tranco y Linares. Obviamente, éstos no se reintegraron y las autoridades republicanas siguieron lanzando octavillas para conseguir la rendición. En el tiempo, las octavillas fueron recrudeciendo el lenguaje e incluso se acompañaron de artefactos explosivos de poca potencia con caracter disuasor y de advertencia. Cada vez acudian más parlamentarios a negociar una rendición que no llegaba desde Jaén, enviado por un gobernador civil que veía cómo, por momentos, el pequeño problema del Santuario se iba hacíendo cada vez mayor. Por contra, en el campamento la situación pintaba bastos. No todos la tenían consigo y, si bien los paisanos estaban firmemente convencidos de aguantar, los guardias eran los que más pegas ponían. Al poco treinta y cinco guardias habían desertado del lugar y Cortés tomó la determinación de ordenar que se disparara a matar a todo aquel que osara salir del perímetro de seguridad. En Lugar Nuevo la cosa no iba mejor. Si bien parece que entre ambos campamentos la compenetración era total el hecho real es que entre el teniente Ruano, al cargo de Lugar Nuevo y el Capitán Cortés a cargo del Santuario tuvieron constantes desencuentros a la hora de planificar y actuar. Ésta actitud hizo que Cortés entregara el mando a un brigada, según testimonio de Juan Beltrán, tio del mismo teniente. Ésto sucedería a mediados de septiembre cuando tal testigo, acercándose el mismo día diecisiete al puesto con la intención de hacerle recapacitar se lo encontró detenido. Más tarde el mismo Cortés declararía veraz ésta situación, al confírmárselo al Sargento de la Guardia Civil José Garrido, nuevo enviado de los repúblicanos al asegurarle que el teniente había sido depuesto del mando y contado entre los detenidos. Así, poco a poco, Cortés iba a ir depurando a todos aquellos que, en el ejercicio del mando y en la defensa del Santuario pudieran ocasionarle problemas. El teniente Ruano nohabía conocido de manera previa a Cortés, al hallarse recien ingresado en la Guardia civil, por lo que aquella situación fue la primera en la que coincidieron. Según se puede suponer, Ruano, al haber sido designado por Reparaz como supremo jefe de la guarnición no aceptaba las órdenes de Cortés aún cuando aquel era superior en el mando. La destitución por insubordinación parece ser la más normal para justificar la detención. Ruano, de carácter soberbio sería descrito a posteriori por Nofuentes que lo describiría cómo un patán cuando, terminado el asedio pasó ante él con la cara baja cuando antes lo había tratado cómo a una porquería. Señalar que éste relato Nofuentes lo hace para limar asperezas para entrar, una vez liberado, en la Guardia Nacional Republicana.

Aquello, en principio parecía el Ejército de Pancho Villa. Cómo primer oficial, Cortés vería cómo su mando era reiterativa y sistemáticamente puesto en duda. Cómo así mismo su persona, en cuanto oficial de la Benemérita se vería ninguneado al no solocitársele órdenes u opinión en determinados momentos. El doce de abril, por ejemplo y sin que supiera nada, se lepresentan doscientas personas en el Santuario procedentes de Lugar Nuevo. El repliegue, organizado de manera unilateral por los acampados en Lugar Nuevo contaría con varías oleadas, la primera de las cuales, con el referido número de refugiados, arribaria a altas horas de la mañana. Cortés, en el cementerio no podía dar crédito a sus ojos. La marabunta humana que se le sobrevenía llegaba por que sí, sin que el hubiera ordenado ni sabido nada. Al dia sigueinte comunicó el hecho a Córdoba. Se referiría aún una vez más al día siguiente, el catorce, cayendo elmensaje en manos de la guarnición repúblicana. El teniente coronel Cordón al mando de dicha guarnición conocería así la pesadumbre de Cortés, que señalaba un empeoramiento notable en las condiciones de vida en el Santuario. Hacía exclusivamente responsable de aquel hecho que ponía en un mal paso a todos los resistentes al oficial al mando. Es de reseñar que, en aquel momento, Cortés decide mezclar a todos los hombres, paisanos y guardias cómo un único cuerpo. Por contra, el oficial detenido, Ruano, lo hace para ser educado, según reseña en su comunicado Cortés, al considerarlo inmaduro en el ejercicio del mando. El veinticinco de septiembre, Lino Tejada cesa en su delegación cómo negociador. Antes de ello lo habrá intentado todo, panfletos, soflamas y muchísimas bombas, a cada cual más potente que iran desgastando la moral de los resistentes. Al mando de las operaciones de acoso y derribo se asumirá el comandante general de la columna de Andalucía, Hernadnez Sarabia. A el corresponderan las órdenes y estrategia para rendir un puesto declarado en rebeldía a la República. En su perímetro quedaban un total de doscientos treinta y tres combatientes para defenderse a ellos y una población de doscientos cuarenta mujeres, niños y ancianos en el Santuario y ochenta y cinco combatientes y doscientos treinta personas no aptas. En total Cortés se enfrentaba a lo inevitable con tan sólo trescientos veinte combatientes para proteger a casi un millar de indefensos.
Comienza el Asedio guardia

El Asedio se prolongaría por mas de siente meses en unas condiciones de vida y combate infrahumanas. Aislados en un promontorio rocoso en medio de Sierra Morena, los defensores tendrían que lidiar no sólo con un ejército mucho más nutrido en hombres, sino mejor pertrechado, organizado y preparado. Ellos carecian de todo lo más básico y sólo contaban con la ventaja de estar en alto, con lo que el movimiento de tropas era perfectamente visible. Por lo demás el tiempo corría en su contra y el prometido paso a las filas nacionales se vería ralentizado por la eficiencia de la columna de Andalucía en el combate. El operativo inicial por parte repúblicana rondaría unos mil quinientos hombres. Éstos, milicianos de los alrededores, equipados con fusiles y sin preparación militar se encontraban al mando del Capital de la Guardia de Asalto Agustín Cantón, de Jaén. Éste número de hombres sería sin embargo una ventaja para los sitiados, militares en su mayoría, mucho más disciplinados y preparados para el combate. Éste número, tanto de sitiadores cómo de sitiados será siempre orientativos pues las deserciones y bajas fueron constantes y sólo una exhumación de los cadáveres en el cementerio del Cerro podría arrojar algo de luz. No se sabe si estan todos los que son pero si, se supone, que son todos los que están. Debemos tener en cuenta que el número de deserciones entre los combatientes fue constante, si bien aumento más al principio y final de la contienda. Lo paradójico es que, a la inversa y a pesar de las malas condiciones de los sitiados, hubo miembros de las fuerzas repúblicanas que se pasaron al bando de Cortés. Varios suboficiales y números tanto de la Guardia Civil cómo de la Guardia de Asalto que, además de compartir el funesto fin de los defensores, asegurarían a Cortés la existencia de más compañeros dispuestos a pasarse. Ésto generaría un baile de cifras dificil de afinar por cuanto lo que hay en el Cementerio son fosas comunes y no hay registros fiables de personas de un lado a otro.

Lo que si es evidente es que la situación se agravaba. No se podría permitir permanentemente el paso de personas de abajo a arriba pues no había alimento para tanta gente y a tal fin en noviembre Cortés tuvo que comenzar a deshechar las porpuestas de adhesión. Fueron momentos precarios en que Cortés tuvo que derivar los esfuerzos de la tropa que pretendía pasarse a actuar de quinta columna, bien saboteando al Ejército Republicano, bien actuando para tomar Jaén. Del mismo modo tuvo que ir rechazando el dar asilo a un contingente de personas, más de doscientos procedentes de Fuencaliente, en Ciudad Real donde sufrían persecución. El ambiente en el campamento era irrespirable y todas las peores cosas que una persona pueda imaginar en un momento de apretura eran la moneda corriente en aquel lugar. Desvalidos, sin ropa y sin saber, a ciencia cierta, cual sería el desenlace de aquel sitio, los defensores se obcecaban en mantener la moral alta y no dudo que éstos gestos de adhesión en cierto modo quebrantaban la monotonía y elevaban la moral de los asediados. Los republicanos querian romper esa moral, pues sabian que un sitio se mantiene, más que por las fuerzas que lo surten, por las ganas de resistir que se tengan. Tener mujeres y niños no era demasiada buena prensa y se propusieron quebrantar la moral empezando por cortar todo contacto con la zona nacional. Puesto que la radio de la comandancia había sido requisada por las fuerzas leales, las comunicaciones con el frente nacional se hacían mediante un receptor modificado, éste se alimentaba por la electricidad de un generador situado cerca del Camarín. En el se comenzaron a emplear los leales cómo medio para vencer la moral del enemigo.

Una vez destruido el equipo de radio, la incomunicación supuso una nueva traba en el discurrir de la vida en el Santuario. La esperanza de una ofensiva que los liberara se hacía más difusa con el discurrir de los días. Las esperanzas iniciales de que los cuatrocientos guardias que se habian pasado a los nacionales intercedieran para recuperar el Santuario donde muchos tenian a sus familiares se vino abajo una vez se conocíó que los planes de Franco eran avanzar lo más rápidamente posible a Madrid, en una suerte de guerra relámpago que, cómo sabemos, no se pudo llevar a cabo. Los efectivos que quedaron atrás, a las órdenes de Queipo de Llano eran insuficientes para una ofensiva rápida y eficiente con el objetivo de librar al Santuario. En la Campaña de la Aceituna no obstante, el General consiguió avanzar hasta Lopera y Porcuna, visibles desde el Santuario. Así se pudo suplir la radio por heliógrafo, restableciendo en precario la comunicación que se veía complementada por el uso de palomas mensajeras con mensajes encriptados. Así supo Cortés que los cuatrocientos guardias en los que basaba sus esperanzas habían sido diseminados por todos los frentes nacionales con lo que llegar al Santuario sería, al menos de forma inmediata, imposible.

Carlos haya, aviador experto de la Aviación Nacional, sería también una de las figuras más destacadas del Asedio. El hecho de que el aislamiento del Santuario fuera practicamente total, hacía dificil el aprovisionamiento que debía alimentar, vestir y municonar a un contingente de mil personas. todo éste abastecimiento debió hacerse, de manera forzosa por aire. Lo que hacía más dificil la situación es que los aeródromos más cercanos estaban en Córdoba y Sevilla. Por ello Haya tuvo que realizar sus aprovisionamientos, forzosamente, de noche. A fin de evitar a las fuerzas republicanas y rentabilizar al máximo los envíos tuvo que ingeniarse varios métodos para garantizar que si no toda, la mayor parte de la carga llegara, en buenas condiciones, a destino. Para ello reforzó su DC-2 aligerándolo en lo posible para aumentar la carga y aumentando la potencia de sus motores. Además añadió toda una panoplia de sistemas para mejorar la entrega, desde acolchamiento con dobles sacos al empleo de pavos que, planeando, llegaban al Santuario depositando las cargas más delicadas. De las 157 salidas que abastecieron al campamento Haya lideró 70 por lo que recibiría la Cruz Laureada de San Fernando en el cuarenta y dos. Aún así y a pesar de su buena voluntad, el sistema de abastecimiento era insuficiente para el suministro a tal población. Los setecientos cincuenta kilos de pan y trescientos de legumbre o patata que se precisaban para una ración mínima eran imposible de abastecer por vía aérea. Se comenzó a cubrir esta carencia con el aditamento a la dieta de animales y frutos silvestres en el area circundante del Santuario. El hecho de que el Invierno se adviniera y que lo poco comestible en derredor de la zona se extinguiera motivó que la desesperación hiciera a algunos de los habitantes el probar con hierbas desconocidas. Miguel Chamorro y sus dos hijas moririan por ésta causa en febrero del treinta y siete. A parte de éstas carencias, entre los sitiados empezaron a aparecer enfermedades motivadas por el frío y las condiciones insalubres en el Santuario. El hecho de que la población creyera en Agosto, cuando se produjo el traslado, que la estancia sería corta, hizo que en el aprovisionamiento inicial no se tuviera en cuenta el abrigo para una estacióninvernal que no esperaban pasar en aquellas condiciones. Un otoño-invierno particularmente lluvioso y unas instalaciones precariasm pues los obuses republicanos habían reducido el Santuario a escombros, manteniendose apenas algunas partes en pie supuso un handicapo añadido a una situación ya de por sí desesperante.

El particular Guernica Repúblicano se dió, sin duda, en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. La incipiente aviación militar repúblicana y nacional hicieron sus pinitos en éste conflicto mientras la artillería fue la protagonista indiscutible de una batalla que no fue tal. Los Defensores apenas tenían sus armas automáticas y lo poco suministrado por aire merced a los envíos llevados por Haya. Así, si al principio la artillería se usó para amenazar al final fue un elemento machacante para las vidas y la moral de los sitiados. Las demostraciones de fuerza tanto de la aviación cómo de la artillería fueron debastadores. Esos medios que reducirian a escombros la casa de la Morenita, se unirían a los primeros ataques ordenados por Tejada a mediados de Septiembre y efectudos con aparatos procedentes de los aeródromos de Andujar y Baeza. De reseñar que en esos primitivos ataques, el brigada de Carabineros Juan Molina tendría el dudoso honor de convertirse en la primera victima mortal del enfrentamiento, siendo además, el primer inquilino del cementerio que, a partir de aquel día, se convertiría en el melancólico lugar en el que reposarían muchos de los defensores. Los bombardeos por aire fueron irregulares no obstante. Las condiciones meteorológicas y las condiciones de la guerra no permitián tener siempre una disponibilidad total para bombardear la posición. para suplir ésta carencia, el Ejército Repúblicano fue, con el paso del tiempo, desplazando piezas de artillería con el que machacar, día sí y día tambien, con algunos de clama según se terciara. Lo curioso es que, cómo la aviación, las piezas de artillería se iban moviendo a los frentes de los leales según necesidades, con lo que se puede suponer que el Cerro si bien era un grano incómodo, no parecía ser un objetivo más allá de la molesta insistencia de los defensores en resistir. Aún así, la inteligencia detectó que Queipo de Llano seguía avanzando por la zona de Lopera, lo que se interpretaría cómo un intento de liberar el Santuario, por lo que se reforzaría la posición con piezas de artillería estables, incorporando incluso una bateria del 10, 5 a fin de batir todo el lateral norte del Santuario para forzar la rendición de una población que no podría encontrar resguardo ante un eventual ataque de la aviación.

El ridículo rodeó en todo momento las posiciones republicanas. Ante un enemigo exhausto, hambriento y armado sólo con fusiles, los leales fracasaron en su intento de tomar el Cerro el día de los Santos del treinta y seís. En éste ataque que tuvo una participación desmesurada de nueve aparatos, abundante fuego de artilleria y fusilería sobre una posición derruida y en escombros llevó a la conclusión a los sitiadores que que no estaba dando suficiente caña. El cinco de noviembre llegan dos piezas de 12´40 a la zona llamada Casa de Orti, empezando a machacar loq eu queda del Santuario. No parece ser suficiente y se emplaza, para forzar una resolución rápida del conflicto una nueva bateria de 7,5 que se añade al bombardeo ya de por si intenso. El resultado de tan intenso y a la vez inutil bombardeo fue que los leales sólo pudieran ocupar escasas zonas machacadas intensamente por los bombardeos. Si bien hubo unos veinte muertos entre los asediados, la moral de éstos se reforzará por el hecho de que el ejército republicano sabe ahora que, para terminar el asedio es absolutamente preciso tomar el Cerro ocupado por la cuarta sección. En enero los sitiados tienen un leve respiro pues las necesidades de la Guerra obligan a los republicanos a disminuir el efectivo sito en la zona. Así los efectivos no llegaran a cuatrocientos entre cuadros de mando, milicianos y guardias de asalto con una bateria de 11,5. Calentitos, bien equipados y pertrechados mientras los de arriba las van a pasar canutas durante, al menos, cinco meses más.

El principio del Final.

Para entender los desmanes de éste Asedio hay que comprender que el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza está en un promontorio  rocoso en el centro de lo que hoy es el parque natural de Sierra Morena. mal comunicado y sin interés estratégico alguno para ninguno de los dos bandos al estar lejos de cualquier probable posición valiosa. La población residente en aquel momento era eminentemente civil, el efectivo militar estaba mal armado y suministrado y el hecho de que la via de acceso hasta andujar sea un camino tortuoso y mal asfaltado no permitiría una ofensiva exitosa ni contra Andujar ni contra ninguna otra posición militar. Lamentablemente el ejército republicano no tenía interés militar en acabar con el Santuario sino propagandístico. El hecho ampliamente cubierto por la empresa de que el Alcazar de Toledo hubiera resistido la embestida del ejercito repúblicano hacía necesario contrarrestar aquella mala prensa fuera al precio que fuera. El Asedio se estaba conviertiendo en unporblema mcuho más serio de loq ue pudiera parecer para el ejército republicano que veía cómo el ridiculo se cernía sobre el al tomar en la prensa nacional e internacional el hecho de que Cortés y los suyos resistieran, desde aquellos riscos, sin más defensa que la moral y la Fé ciega en que serían rescatados mas pronto que tarde. En un ejercito en retroceso que mantenía a duras penas Madrid, se dío un punto de inflexión cuando, conquistando Guadalajara a las tropas italianas que la defendían los republicanos sitos en el Santuarión se vieron ávidos de moral en un mes de marzo, inicio de primavera en que el campamento yacía más muerto que vivo.

El Santuario no sería otro Alcázar ni Oviedo y a ello se emplearían desde aquel momento con rigor los desplazados a aquella nueva Numancia. A todo ésto se uniría el afán del nuevo jefe del Ejército de Andalucía Gaspar Morales por demostrar la nueva eficiencia del Ejército Repúblicano, reorganizado en los primeros meses y constituido en Brigadas Mixtas y Divisiones, tomándose la decisión en los promeros días de Marzo de terminar definitivamente con el Santuario y lo que supone. Entre las medidas a adoptar por parte del Gobierno para terminar con el asunto de Santa María de la Cabeza estaban el reforzar un altavoz de frente con el que desmotivar a los sitiados mediante las palabras de todo aquel que se aviniera a pedir la rendición de la posición. Si esto no resultaba se tendría en cuenta el posicionamiento de nuevas piezas de artillería y, si fuera menester, incluso la incorporación de una Unidad de Tanques. Todo en un desproposito que había costado ya mucho más presupuesto a la República que lo que, en verdad, valía la posición. El funcionamiento del altavoz dio un resultado casi inmediato, procurando la rendicion de cinco personas de Lugar Nuevo que, en el colmo de la mala suerte, fueron apresados de inmediato. Sabiendo que el Palacio de Lugar Nuevo se ocupaba por una desmoralización total a través d elos detenidos, Cortés envía catorce guardias civiles para reforzar una moral que, sin embargo, se resquebraja por momentos. En el mes de abril, la República comienza la ofensiva final con el reforzamiento intensivo de pertrechos y hombres, que ya no cesaría hasta la caida del Santuario el día uno de Mayo.

En éste punto en que la República se jugaba su prestigio al todo por el todo, los efectivos destinados a acabar con tan molesto grano supurante rondarian los diez mil soldados en batalla. Una cifra que, de ser veraz, sería desproporcionada en toda regla suponiendo una División casi al completo para acabar con un problema que en principio sería menor. Deberíamos tener en cuenta que el ridiculo era creciente y que había que acabar de raiz, sin contemplaciones y dándole el mayor pábulo posible con tan espinoso asunto que, en los medios nacionales e internacional aparecia cómo el colmo de la heroicidad. Por si diez mil hombres fueran pocos para reducir a unos escasos quinientos sitiados de los que menos de la mitad estarían en situación de combatir, se despalazó una compañia de tanques compuesta por unos doce carros de fabricación rusa T-26B con cañon de 45mm y ametralladora coaxial.  Éstos tanques serían los portagonistas de la última jornada del Asedio y llegarían recomendados por la batallas de Seseña y Guadalajara, sirviendo de parapeto a los ofensores al mismo tiempo que los dotaría de una capacidad de fuego superior. Desde el día diecisiete los ataques se intensificarían de día y de noche. Treinta y siete sitiados se dejaron la piel sólo ese día siendo el diecinueve cuando los tanques empiecen a funcionar. Así ese día fatídico dio comienzo a las dos de la mañana con fuego intenso y graneado dando la luz del día un fatídico balance de dieciseís víctimas mortales. El avance de los carros hace ceder la resistencia en las casas de la Plaza hacíendo retroceder a los sitiados que ven, impotentes, cómo los tanques comienzan a ascender por la Calzada que conduce al Santuario. La intervención en última instancia de la Aviación Nacional y la resistencia, ya sobrehumana de los defensores hace que dos carros se descuajaringuen y que se aborte una operación que comienza a crispar los nervios del alto mando leal.

En aquel momento tanto uno cómo otro bando experimentaron una subida de moral considerable. Por parte de unos se había roto el cerco, por parte de otros se había resistido incluso a carros de combate. La realidad no obstante era que la situación era del todo insostenible y cómo tal el mismo Franco decidió interceder en una resolución pactada. A talfin contacta de motus porpio con la Cruz Roja Internacional para que ésta interceda en la evaciación de mujeres y niños. El plan era sencillo y así se lo expuso Queipo de Llano a Cortés que, sin embargo dudaría de la efectividad del mismo. Una vez evacuadas las mujeres, niños y ancianos, los defensores aprovecharían la noche para dispersarse e intentar alcanzar, a la desesperadad, las lineas nacionales. La Cruz Roja llegaría a las nueve de la noche si bien en ese momento comenzarían los problemas. Para empezar los republicanos no permitieron que se accediera al Santuario por lo que se pidió que una delegación de los sitiados acudiera a una reunión con ellos. Entre las condiciones que se pactarían seria la de salida en conjuntos de cuarenta personas hacia la zona nacional saliendo un convoy cuando el anterior llegara a destino y éste término se comunicara por Heliógrafo desde Porcuna. Cordón rechazó de plano éstas peticiones. No podía tolerar que un capitanucho que llevaba ocho meses poniendo en ridículo al ejército que el mandaba le ninguneara, por lo que  de haber evacuación, sería a zona republicana. El gobierno de la república, ya en Valencia fue aún más radical. Largo Caballero ordenaría que las evacuaciones estuvierna subordinadas a la total e incondicional rendición de los defensores. La sanción que le esperaba a Cordón de incumplir la orden iba a ser de órdago. El día de San Marcos, veinticinco de marzo las negociaciones se iban a pique junto con la última oportunidad de una rendición pactada. El General Franco volvió a contactar no obstante con la Cruz Roja para solicitar que se evacuara a las mujeres yniños quedando agrupados hasta concertar un canje de prisioneros con el Gobierno de Valencia que no llegó a fuctificar, preparándose, ahora sí, la población del Santuario para el envite final.
Las piezas de artilleria comenzaron a derramar miedo y muerte en torno a las cuatro de la mañana sobre los ya arruinados restos de un Santuario que habia permanecido en pie por siglos. Se batió la posición hasta las seis de la mañana en que los tanque stomaron la iniciativa. Según Cordón iban a poner toda la carne en el asador. Una fuerza forntal batiría en ascenso con todo lo que se pudiera aprestar al Santuario. Después una fuerza auxiliar en retaguardia iria rematando lo que quedara. La infantería cayó sobre las secciones I,III y V fijando todo lo que se movía en la zona mientras los tanques avanzaban hacia la explanada para ascender por la Calzada dejando listas a las secciones II y IV. Se hallaba Cortés con el fusil en mano defendiendo lo que quedaba de los muero del Santuario cuando le llegó, como un mazazo la noticia de la caida de la sección IV. La caida de esa posición suponía dejar expedito el camino a la toma de todo el campamento. Con todo perdido, Cortés se sobreexpuso al peligro no valorando correctamente el peligro que corría hasta que fue alcanzado por la metralla de una granada en unhecho que no parecía sino dar la impresión de que deseaba dejar la vida cómo había dejado su impornta entre aquellos peñascos graníticos. Mientras su vientre se desangraba no cejaba en el empeño de beber agua para, por lo que parece, acelerar su muerte ante la inminente entrada del enemigo en el recinto del campamento. El espectáculo que encontrarian los soldados republicanos sería apocalíptico. Un sinfin de figuras demacradas, hambrientas y cubiertas de harapos que terminaban su resistencia para entrar en la Historia de España.  De los trescientos cincuenta combatientesiniciales sólo quedaban ilesos cuarenta y dós. Las mujeres y los niños se concentraron en la explanada del Santuario donde fueron atendidos por Cruz Roja mientras que los combatientes se concentraron al cargo del Alférez Carbonell en la casa de Peones.
En la carretera de acceso al Santuario se fueron concentrando las camillas en las que reposaban los heridos que iban siendo examinados por el personal sanitario y evacuados según gravedad al hospital de sangre situado a veinte kilómetros, en las Viñas de Peñallana. En la primera ambulancia que se improvisó se envió a Cortés, dos milicianos y la hija del Brigada Jiménez, llegando ésta cadáver al Hospital. Cortés sería intervenido de urgencia por el doctor Santos laguna a su llegada al Hospital en torno a las ocho. Sería interrogado y moriría finalmente el dos de mayo sobre las tres a consecuencia de la gravedad de sus heridas. Hoy su cadaver reposa en la cripta del Santuario que con tanto ahínco defendió. Fue condecorado a título postumo con la Cruz Laureada de San Fernando que hoy reposa sobre la sagrada imagen de Santa María de la Cabeza. Corre la leyenda que, viéndose perdido el Santuario ordenó Cortés esconder la primitiva imagen de la virgen para que no fuera ultrajada una vez caido el Santuario. Que verdaderamente pasara así y que la virgen siga escondida es base de todo tipo de controversias y opiniones que añaden un rayo de romanticismo a una historia triste de nuestra Historia reciente.
El resto de combatientes fueron derivados a Andujar, donde se concentraron en el antiguo cuartel de la guardia Civil a la espera de ser enviados al presidio de San Miguel de los Reyes, en Valencia, en el que permanecerían hasta su liberación por parte del General Aranda. Los cadáveres de aquellos que murieron en elAsedio reposan hoy, en varias fosa comunes en un pequeño cementerio, heredero de aquel improvisado que inagurara Cortés en el que varias lápidas, sin nombres y con una escueta cruz, dan descanso eterno a los que allí murieron. Una pared con el nombre de los fallecidos da fe de los que cayeron en el Asedio. La pobalción civil se derivó al Viso del Marqués donde quedaría alojada en primera instancia en el palacio de Santa Cruz hasta el acogimiento por parte de familias de la población.
Hoy en día y merced de la Ley de Memoria Histórica muchos de los simbolos y posiciones han quedado destruidos o se han retirado rompiendo la memoria de un hecho que no debería ser olvidadopor nadie para impedir que se repita el día de mañana. El Santuario, reconstruido por la Direccion General de Regiones Debastadas alberga hoy la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, reina indiscutible de Sierra Morena, patrona de la Diócesis de Jaén y protagonista de la Romería más antigua de España y la segunda en importancia tras la del Rocio. Quien visite el lugar no podrá evitar sentirse sobrecogido por lo austero de un paisaje que aún, en cierta forma, alberga una parte de aqulloe hechos, en cada una de sus piedras.
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fuente http://cspeinado.blogspot.com.es/2011/09/historia-el-asedio-del-santuario-de.html#sthash.YY4MIo5X.dpuf

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Un comentario en “Santa Maria de la cabeza.

  1. hola he buscado mucho una informacion como la suya yo se la historia contada por mi madre que fue superviviente del citado ASEDIO junto a su familia,cinco hermanos delos cinco años a los dieciocho,y sus padres mi abuelo lo mataron en el asedio ,yo le agradeceria me dijera si hay alguna fundacion o asociacion a donde yo me pudiera dirigir y pertenecer a ella le doy las gracias por anticipado y estaremos en contacto SALUDOS AFECTUOSOS ISABELGARCIA MUDARRA

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