Nelson 206 años manco

Estaba el otro día repasando la Naval Chronicle, que es una relación inglesa de su guerra en el mar entre 1793 y 1819, y fui a dar con el combate de Tenerife, que hace tiempo mencioné aquí de pasada, pues allí perdió Nelson su famoso brazo un 25 de julio: esta próxima semana hará exactamente doscientos seis años. Ya he dicho alguna vez que el patrioterismo de fanfarria y chundarata me da retortijones; pero eso nada tiene que ver con asumir tu historia, enorgullecerte de lo bueno y avergonzarte de lo malo. Por poner un ejemplo fácil: detesto el fútbol, pero prefiero que gane España a que gane otro.

También soy mediterráneo y con gente de mar en la memoria; y allí el inglés, como se le llamó toda la vida, siempre fue el enemigo: los mejores marinos, los más crueles y arrogantes. Montaron su negocio cuando el nuestro ya iba cuesta abajo, y ganaron el pulso: piraterías en América, San Vicente, Trafalgar. Etcétera. Ahora la Pérfida Albión sólo es una piltrafilla que se la succiona a Bush y conserva las maneras –otros succionamos sin conservarlas–; pero que le quiten lo bailado. Sus guerreros, eso sí, continúan siendo los mejores del mundo.

Estuve con ellos en Bosnia y en el Golfo y los he visto dar cebollazos. Les gusta pelear, y no tienen complejos: son ingleses a mucha honra, hooligans con bandera y escopetas. Por eso en el XVIII nos trincaron Mahón y Gibraltar. También quisieron jugarnos la del chino en Tenerife. Allí les salió el marrano mal capado, aunque leyendo la Naval Chronicle nadie lo diría. Pasan de puntillas por la palabra derrota.

En cuanto a la herida de Nelson, parece que se la hizo él solo, por gusto. Herida que tampoco la Jane’s Naval History menciona sino de pasada. Así salen luego sus historiadores modernos, claro, afirmando que Nelson no fue derrotado nunca. Picaruelos. Pues no. Y ahí están las relaciones de la época, para disfrutarlas. Así que hoy, a fin de dar un poquito por saco a los británicos residentes en España que, pese a la ausencia del difunto y añorado perro inglés –mejorando lo presente–, siguen leyendo El Semanal, he decidido refrescar el aniversario.

Y la cosa es que el 20 de julio de 1797, hace exactamente dos siglos y seis años, Nelson se presentó ante Santa Cruz de Tenerife con tres navíos de línea, cuatro fragatas, un cúter y una bombarda, y dos días después desembarcó mil fulanos en Valle Seco, bajo el mando del capitán Toubridge. Sólo se trataba, una vez más, de escabechar a unos despreciables y sucios spaniards, trincar el oro e izar la bandera británica. Lo normal. Pero esta vez, en lugar de acojonarse, los despreciables y sucios spaniards le arrimaron tal candela a la fuerza de desembarco que ésta tuvo que regresar a los buques. El día 25 los ingleses intentaron apoderarse del muelle de Santa Cruz, pero la artillería de la ciudad también repartió las suyas y las de un bombero, hundiéndoles el cúter Fox y cañoneándoles los botes donde venían los marines de Su Graciosa. Caía una de tal calibre, que cuando Nelson puso pie en el muelle y levantó el sable, la metralla se le llevó el brazo derecho; así que hubo que devolverlo a su barco, hecho polvo.

Después de que los últimos 57 ingleses del muelle se rindieran con bandera blanca, dentro de la ciudad quedaron 340 british bajo el mando del capitán Toubridge; quien, echándole muchos huevos al asunto –las cosas como son–, aún intentaba cumplir su misión. Pero niet. Atrincherado en un convento, con los tinerfeños pegándole tiros desde las azoteas, tuvo que negociar. De farol, como siempre negocian los ingleses, incluso ahora con lo del euro; pero negociar. A fin de facilitar las cosas y ahorrar sangre, el gobernador español, don Juan Antonio Gutiérrez, aceptó que en la capitulación no figurase la palabra rendición –ahí se apoyan los pillines ingleses para decir que no la hubo–. Luego, Toubridge y sus chicos rubios, sacando mucho pecho y todo lo que ustedes quieran, se fueron con el rabo entre las piernas, dejando 44 muertos por las armas, 177 ahogados, 123 heridos y 5 desaparecidos, amén del brazo con el que Nelson le palmeaba la retambufa a lady Hamilton. Que no es, pardiez, un mal resultado de cuartos de final.

Lo que me fastidia es que luego, en Trafalgar, a Nelson se lo cargara un francés. Pero que conste: el despiece lo empezaron los canarios. Así que el viernes 25 pienso tomarme una copita a la salud de Tenerife.

vía Artículos de Arturo Pérez-Reverte: 2003-29 Nelson 206 años manco.

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