La revolucion de Octubre de 1934 – El Octubre Rojo Español.

Se inicia la campaña revolucionaria el partido socialista al día siguiente de su desplazamiento del Poder tras las elecciones. Todavía dentro del Gobierno, el partido socialista ya preveía la revolución y procuraba prepararla.

El Sr. Largo Caballero, en uno de sus discursos, dirigido a los trabajadores, lo ha declarado terminante-mente: «Lo primero que tendremos que hacer -dice- es desarmar al capitalismo. ¿Cuáles son las armas del capitalismo? El Ejército, la Guardia civil, los guardias de Asalto y, en general, la Justicia. Y en su lugar, ¿qué? Esto: armamento general del pueblo. Yo he dicho dos veces en Consejo de Ministros que esto era indispensable(1).»

El día 10 de octubre de 1933, El Socialista escribe estas palabras: «Suponemos que ningún trabajador consciente ignora el valor real de las elecciones convocadas. Son, desde hace veintitrés meses, las únicas auténticas en cuanto susceptibles de reflejar cómo se orienta, respecto de su destino, el país.» Y añade esta advertencia revolucionaría: «Cualquiera que sea el resultado de las elecciones en España, se avivará la actual situación revolucionaria… Sea el que sea el resultado electoral, triunfará la revolución proletaria.»

LAS ELECCIONES

En absoluta libertad España para expresar su pensamiento político, y al amparo de una ley electoral elaborada por un Parlamento en que constituían mayoría los Socialistas, se pronunció resueltamente contra éstos de una manera serena y elocuente. El resultado de las elecciones fue éste:

La derrota electoral aviva entre los dirigentes Socialistas la expresión revolucionaria. Ya no hay duda. El Socialista dice, a los pocos días de celebradas las erecciones: «La revolución es inevitable, porque la provoca la burgesía con sus feroces intransigencias.» Sin duda, en la terminología socialista, una victoria electoral es una intransigencia de los adversarios…(1) Francisco Largo Caballero: «Discurso a los trabajadores». Madrid, 1934.

Radicales ……………………………………. 104
Conservadores ……………………………… 11
Liga … …………………………………………. 25
Liberales demócratas…………………….. 10
Progresistas……………………………………. 3
Republicanos independientes…………. 14
Acción Popular…………………………… 113
Agrarios……………………………………… 32
Nacionalistas vascos……………………. 11
Tradicionalistas y monárquicos…… 43
Indefinidos………………………………….. 8
Esquerra………………………………………. 20
Orga…………………………………………….. 6
Radical Socialista………………………….. 1
Radicales socialistas independientes. 4
Acción Republicana……………………… 5
Unión Socialista de Cataluña…………. 3
Socialistas…………………………………… 57
Federales……………………………………… 2
Comunistas…………………………………… 1
Centro…………………………………………. 167
Derechas……………………………………… 207
Izquierdas……………………………………… 99
Total general………………………….. 473
LOS COLABORADORES DE LA REVOLUCIÓN LOS CATALANISTAS
El Gobierno de Cataluña, dirigido por cl Sr. Companys, se dio prisa, después de la derrota electoral, a recabar ávidamente todas las prerrogativas y franquicias que generosamente atribuyen la Constitución y el Estatuto. Gobierna en España, por entonces, después de algunas incidencias políticas, un Gabinete presidido por D. Ricardo Samper, radical, asistido por los más fuertes grupos parlamentarios. Aprovecha el Gobierno de Cataluña el sentido estrictamente jurídico y la delicadeza democrática de aquel Gobierno para apoderarse de los mandos, del Orden público y, en general, del control de todas las fuerzas armadas y policiales de Cataluña.
El famoso consejero de Gobernación, Dencás, armó sin escrúpulo a los jóvenes milicianos separatistas, a quienes el pueblo habla bautizado con el nombre de escamots.
Desconfiando de la veterana y gloriosa milicia popular rural catalana, llamada el Somatén, cuyo patriotismo y amor a España se conservaban desde las guerras napoleónicas, dicho consejero las desarma por sorpresa en una noche, y convierte aquel Cuerpo ejemplar, de tipo patriarcal y campesino, muy de acuerdo con la sana psicología del catalán, en una tropa política a su servicio. Las armas del Somatén fueron entregadas a jóvenes extremistas, separatistas, elegidos por Dencás.
El día 30 de abril, los elementos dirigentes de la Generalidad de Cataluña se ponen al frente de una manifestación de tipo revolucionario, en el que se dieron mueras a España y se cantó el himno anticastellano Els 8egadors.
He aquí algunos textos que denotan el estado de rebelión en que el Gobierno autónomo se habla colocado:
Nota dirigida al Gobierno de Madrid en 7 de junio de 1934:
“El persistente error de los Gabinetes de la República en contra de la autonomía ha producido en la opinión pública catalana un nerviosismo que precisa contener.” Mitin de Vendrell del 11 de junio. Palabras del señor Companys: “El fallo del Tribunal de Garantías (1) es un ataque á la autonomía, al Estatuto de Cataluña y un acto de agresión a la ley fundamental de la República.” “El Gobierno de Cataluña, con la confianza de su Parlamento, marcará la pauta de cada hora, la actitud de cada momento y el gesto de cada minuto.”
Para reforzar más claramente su actitud, para que no cupiera duda en los propósitos que animaban si Gobierno de Cataluña, dijo su presidente, en aquel mitin, que «para defender el prestigio de Cataluña y las libertades catalanas deberán ofrecer todos(1) Se refiere al fallo que declaró nula la llamada «Ley de Cultivos».los hombres de Cataluña, si es preciso, la sangre de sus venas».
Los parlamentarios catalanes se retiraron del Congreso; y en la sesión en que lo hicieron, los socialistas, por boca del Sr. Prieto, declararon su solidaridad con los rebeldes. Les ofrece en la sesión del 25 de junio el apoyo de las masas socialistas, y declara lo siguiente:
«Si vosotros -se dirige al Gobierno-, empujados por el odio antirrepublicano de todas esas gentes que os ayudan, llegáis a pelear, en términos que yo no quisiera ver registrados en la historia, con Cataluña, Cataluña no estará sola, porque con ella estará el proletariado español.»
Un diputado catalán, D. Mariano Rublo, hizo en Rentería (Guipúzcoa, País Vasco) la terminante declaración de que los catalanes estaban armados y preparados para levantarse.
Efectivamente, las juventudes de Etat Catalá se adiestraban, a la vista de todo Barcelona, en el manejo de las armas.
El día 11 de septiembre, en la Audiencia de Barcelona, durante la vista de una causa contra el abogado separatista Sr. Xammar, al leerse la sentencia que le condenaba a una levísima pena por el delito de desacato, otro abogado prorrumpió en vivas a Cataluña libre y mueras a España. Un público de separatistas, evidentemente preparado para el caso, irrumpió en estrados, intentando agredir al Tribunal. Uno de los asaltantes arrojó un tintero contra el presidente, Sr. Emperador. Entonces ocurrió un hecho Insólito. El Jefe superior de Policía de la Generalidad, Sr. Badia, ordenó, no la detención de los asaltantes, sino la del fiscal del Tribunal, Sr. Sancho, que fué conducido a la Comisaría.
Muy forzadamente, y rodeando el caso de todo género de consideraciones personales para el protagonista el Sr. Companys destituyó al señor Badia. Pocas horas después asistía el Presidente de la Generalidad a un homenaje que se tributaba al funcionario destituido, y en el que se dieron gritos de «¡Muera España!» y “¡Muera la justicia española!» Esto ocurría en los últimos días de septiembre de 1934, víspera de la revolución.
«LOS REPUBLICANOS DE IZQUIERDA»
Otro aliado de la revolución es el bloque izquierdista, en el que figuran políticos desplazados, por las elecciones del Gobierno de la República, y alguno de los cuales no logra obtener siquiera su acta de diputado.
Las coincidencias de este grupo con los revolucionarios se produjeron en el mitin de 16 de abril de 1934, celebrado en el cine Pardiñas, de Madrid. Hablaron en aquel mitin los Sres. Casares Quiroga, Marcelino Domingo y Azaña. Este terminó sus discursos con estas palabras:
«Es hora de dejarse de conversaciones estériles; es hora de abandonar la pura táctica de partido e incluso la táctica parlamentaria, que es de segundo orden en la situación actual (1). La barrera formidable republicana es la que tenemos que formar, y al frente de ella estamos nosotros dispuestos a salir andando. Barrera republicana. República victoriosa. ¡Revolución!”(1) Hay que recordar que, durante la época de su mando, el Sr. Azaña, parlamentarista exaltado, llegó a colocar en la jerarquización de los poderes de la República, en primer término, el Parlamento.
ANUNCIOS DE CRUELDAD DURANTE LA REVOLUCIÓN
El día 21 de abril de 1934, la propaganda revolucionaría, cada vez más violenta, y que ya se hacía al grito de «¡Viva el comunismo » y “Viva el Lenín español”, adquiere expresiones como, ésta, del Sr. Largo Caballero:
«En España van a ocurrir hechos de tal naturaleza, que es preciso que la clase trabajadora haga unas manifestaciones que justifiquen su actuación en el porvenir, porque esa actuación corresponderá a la que ahora se sigue con nosotros. Es indudable que en un momento determinado, el proletariado se pondrá en pie y procederá violentamente contra sus enemigos. No se diga que entonces somos unos salvajes sin civilizar, porque de nuestra conducta responde la conducta de los demás. En aquel momento no les extrañe que los corazones se hayan endurecido y que hayan dejado a un lado sentimentalismos inútiles.
UN AÑO DE ENSAYOS REVOLUCIONARIOS
Apenas iniciado el mandato del señor Lerroux, después de la ‘disolución de las Constituyentes, se declara en Madrid una huelga general (1 de septiembre de 1933) con el pretexto de una asamblea nacional agrícola, que tuvo que suspenderse. En marzo de, 1934 se declara una huelga general de Artes Gráficas en Madrid. La organización de tipógrafos e impresores era la más fuerte y veterana de cuantas se agrupaban bajo el control socialista. Había sido creada por el propio fundador del socialismo. El 22 de abril, el partido popular agrario, que acaudilla D. José María Gil Robles, celebró en El Escorial un acto de propaganda, que los socialistas trataron de impedir con amenazas de perturbaciones y con la movilización ofensiva de sus juventudes. Al no poder atemorizar a los populares agrarios ni al Gobierno, los socialistas declararon otra huelga general. Los pequeños propietarios de tierras de Cataluña, que se consideraban perjudicados por la aplicación facciosa de la llamada ley de Cultivos, que había promulgado la Generalidad de Cataluña, organizaron para el día 8 de septiembre de 1934 una manifestación ante el Poder central. Con este fin se formaron trenes especiales y caravanas de autobuses que habían de trasladar los manifestantes a Madrid. Nuevamente los socialistas organizaron, como protesta, una huelga general en la capital de la República, mientras el Gobierno de la Generalidad, en rebelión larvada contra el Gobierno central, impedía la formación de caravanas y movilizaba la fuerza pública al servicio del Gobierno regional y procuraba el fracaso de la manifestación. El mismo día se declaraba una huelga general, de gran espectáculo, en Asturias como protesta contra un acto que el partido popular agrario celebraba en Covadonga
LAS MILICIAS JUVENILES REVOLUCIONARIAS
En la preparación del movimiento revolucionario, cuyo estallido se veía ya próximo, juegan papel importantísimo las juventudes de los partidos típicamente marxistas (comunistas y socialistas). El pacto entre estos partidos comenzó con el pacto de las juventudes. Durante todo el año de preparación revolucionaria, las milicias de jóvenes marxistas celebran paradas y desfiles, unas veces francamente y otras veces con pretextos deportivos. Con motivo del entierro de un joven socialista, muerto en un encuentro con los fascistas, se celebró una manifestación en el cementerio municipal de Madrid. Una avioneta, con los planos pintados de, rojo y el emblema comunista, voló sobre el cementerio arrojando flores. Comentando el suceso, decía El Socialista el día 2 de septiembre: «El dragón de esa avioneta monstruosa, que ahora dispara flores y mañana puede disparar bombas…»
LA REVOLUCION EN MARCHA

TESTIMONIOS ESCRITOS, DE LAS CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS

«Las nubes van cargadas camino de octubre» dice El Socialista de 27 de septiembre de 1934-: repetimos lo que dijimos hace unos meses:

!Atención al disco rojo! El mes pró­ximo puede ser nuestro octubre.!

Nos aguardan días de prueba, jornadas duras. La responsabilidad del proletariado español y sus cabezas directoras es enorme. Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado. Y NUESTRA POLÍTICA INTERNACIONAL. Y NUESTROS PLANES DE SOCIALIZACIÓN.»

Los días 2, 3 y 4 de octubre, El Socialista va acumulando presurosamente las consignas de revolución.

En su número del día 2 escribe estas líneas jactanciosas y melodramáticas:

«La declaración formulada por Prieto en nombre de nuestro partido está en pie e inmodificable. En pie y con ánimo inmodificable están al presente todos los trabajadores de España… Todos los trabajadores están a la espera de la crisis insoslayable y prevista por el juego de las fuerzas en jaque: marxistas y antimarxistas. Si se nos pidiera consejo, le daríamos en una sola palabra: ¡RENDÍOS!»

El día 3 de octubre aparece un artículo, que más tarde se ha sabido que era la consigna definitiva para la revolución. De él son estas palabras repetidas tres o cuatro veces a lo largo del artículo: «Camaradas, en guardia. En guardia. Atención a la Crisis.»

Termina el artículo así: «Pensando en nosotros, pero sin dejar de pensar en vosotros (y se refiere a los que ellos denominan «republicanos incontami-nados), nuestra apelación a los trabajadores de España es concreta e imperiosa: en guardia.»

SE ORDENA EL ANIQUILAMIENTO DE LAS FUERZAS DEL ESTADO

En el número de Renovación de 25 de agosto se insertan dos documentos da un gran valor histórico. Uno de ellos es un ataque al Sr Besteiro le acusan de indisciplinado por unas declaraciones en que ha dicho que no es partidario del trastorno por el trastorno, y que las revoluciones se hacen con el corazón y con la inteligencia.

El otro documento que inserta Renovación en el mismo número es lo que llama «Hoja mural número uno», y en ella se dice «PARA LOS TRABAJADORES CAMPESINOS ES DE SUMA IMPORTANCIA EN ESTOS MOMENTOS DECISIVOS PERFILAR SU ACTUACIÓN EN LA PRÓXIMA INSURRECCIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA ESPAÑOLA.»

¿Programa de acción? SUPRESIÓN A RAJATABLA DE TODOS LOS NÚCLEOS DE FUERZA ARMADA DESPARRAMADA POR LOS CAMPOS. SUPRESIÓN DE TODAS LAS PERSONAS QUE POR SU SITUACIÓN ECONÓMICA O POR SUS ANTECEDENTES PUEDAN SER UNA RÉMORA PARA LA REVOLUCIÓN.

El número de 14 de septiembre es particularmente abundante en consejos y apreciaciones de este tipo. «La revolución sigue su camino triunfante. Necesitamos material combativo en abundancia para responder a los autores de los asesinatos. Todos los obreros de España miramos para Asturias con admiración y reconocimiento. Comienzan las iniciativas de la estrategia revolucionaria. Unos cartuchos de dinamita bastan. Atención, jóvenes socialistas. Gil Robles se prepara a conquistar el Poder. LA REVOLUCIÓN PROLETARIA SIGNIFICA LA DESTRUCCIÓN TOTAL DE LAS FUERZAS DE ASALTO. NO LA ELIMINACIÓN DE JEFES Y SOLDADOS SOSPECHOSOS, SINO LA DESTRUCCIÓN TOTAL, EL ANIQUILAMIENTO Y LA APLICACIÓN DE TRIBUNALES POPULARES A TODOS LOS INDIVIDUOS DEL CUERPO, A FIN DE QUE POR MEDIO DE JUICIO SUMARÍSIMO RESPONDAN DE SU ACTUACIÓN DENTRO DEL ESTADO BURGUÉS. MUCHAS SENTENCIAS HABRÁ QUE FIRMAR. ESTAMOS SEGUROS DE QUE ANTES O DESPUÉS LOS JÓVENES SOCIALISTAS, CON ENTUSIASMO ESTARÁN DISPUESTOS A DARLES CUMPLIMIENTO.»

INSTRUCCIONES TÁCTICAS

Por excesivamente extensas, dada la naturaleza de este opúsculo, no reproducimos en su totalidad las curiosas y trágicamente pueriles instrucciones que se entregaron a los jefes de grupo durante la revolución.

Del ejemplar ocupado a uno de los detenidos en Madrid. extractamos aquellas instrucciones que tuvieron una realización dramática:

3ª Valiéndonos de los innumerables porteros que existen entre nosotros, se estudiará la huida y se facilitará el acceso de los tejados extremos de la calle de ocho células de buenos tiradores, que se repartirán por igual en ambos extremos de aceras, teniendo por misión observar la llegada del enemigo, comunicarla por medio de señales y obstaculizar las maniobras de éste, impidiéndole llegar hasta sus compañeros de la calle, para lo cual, desde arrib, abrirán un intenso fuego, especialmente, si se tuviera, de ametralladora, y con preferencia sobre los camiones que lleguen cargados de gente, y lanzando cartuchos de dinamita y granadas de mano hasta que reciba orden de retirarse por los caminos estudiados de antemano, y no antes ni después.

En nuestro caso particular, no de­bemos olvidar que el más peligroso enemigo… es el guardia de Asalto…; por esto es de vital importancia

DESTRUIR SUS MEDIOS DE TRANSPORTE, antes o en el momento de su actuación; antes sólo puede haberse estudiado sus puntos de parada, y, o bien exponiéndose con valor personal, volarlos (aquí de las misiones especiales de que antes hablé, desempeñadas por esos hombres de choque en grupos de cincuenta), o bien, y esto es menos expuesto, desde los tejados de las casas a cuyo lado se paren, y dejar caer sobre ellos dinamita, procurando más bien que sobre que no falte y más bien que se hallen sus ocupantes en los puestos que en el coche vacío.

TÁCTICA DE CONJUNTO

Pensando realizar un movimiento, QUE DEBE SER DEFINITIVO, sin más resultado posible que ven­cer o morir, NUNCA CAPITULAR, por las desastrosas consecuencias que tendrá, se elegirá, no las horas de la noche ni la madrugada, que por estar las calles vacías, cual­quier movimiento es observado y re­primido, SINO AQUELLA EN QUE, POR SER LAS DE PASEO DE LA CAVERNA, LAS CALLES ESTÁN REPLETAS DE PUBLICO, 1′ pue­den deslizarse varios millares de hombres sin alteración ostensible; yo elegiría las de las doce de la mañana, por las razones que luego diré; en las paradas de coches cer­canas a los Ministerios, al Palacio de Comunicaciones, al Nacional, el Presidente, tratándolo bien, puede ser un magnifico rehén…

Es muy interesante que, precediendo veinte minutos o media hora, mis bien menos que más, se provoque en los diferentes puntos de un extenso circulo, así como en Tetuán de Las Victorias y pueblos limítro­fes, serios alborotos, mejor aun, au­daces incendios de iglesias y conventos, que es lo que mas atrae a la fuerza publica…

Apoderarse de Gobernación, una vez comenzados los disturbios ra­diales, que distrajesen la mayor par­te de la fuerza, es relativamente fácil; si observamos que en el sentido del eje mayor de la Puerta del Sol hay hoteles de viajeros, daría casi re­suelta la maniobra alquilar con unos días de anticipación habitaciones que tuviesen sus balcones a ella; en un equipaje, o pieza a pieza, podría instalarse una ametralladora en la habitación, cuyo sector de tiro ba­rriese la puerta y fachada del Mi­nisterio, y otra u otras, según las habitaciones disponibles, una en ca­da balcón; llegado el momento, se concentran grupos en la acera de enfrente, precisamente en la des­embocadura de la calle de la Mon­tera, para que los guardias se vean precisados a cruzar la plaza; el res­to es sencillísimo…

Punto de excepcional importancia constituye apoderarse de Los elementos que hay en los cuarteles, tales como fusiles-ametralladoras, morte­ros ligeros, ametralladoras, etc…

Muchas mis ideas, según la inspiración del momento, pueden acudir, pero sobre todo hay que acora­zar el corazón contra la sensibili­dad de causar victimas inocentes si al volar la Dirección vuelan las ca­sas colindantes… ¡ Que se le va a hacer! ¡Caiga la cabeza de los que a este extremo nos llevaron!

LOS ALIJOS DE ARMAS ANTES DE LA REVOLUCIÓN
Los alijos de armas realizados en el domicilio del diputado Sr. Lozano, en un solar de Cuatro Caminos, en la Casa del Pueblo de Madrid y en otros lugares de España antes de la revolución ser esclarecidos debidamente, y las responsabilidades que de ellos se deduzcan se dibujarán con una claridad y una objetividad indiscutibles.
El alijo de armas en San Esteban de Pravia ocurrió en la madrugada del 11 de septiembre. Los carabineros de servicio en aquel puerto observaron el movimiento sospechoso de varias lanchas hábilmente camuflées. Los carabineros se dirigieron rápidamente al puente de los Muros, donde sorprendieron, rodeando a una camioneta de la Diputación Provincial de Oviedo a varios lndivíduos, que huyeron. En la camioneta había 116.000 cartuchos de máuser de 7,5.
A poco se supo que el 5 de septiembre se habla despachado en Cádiz para Burdeos, el vapor Turquesa, con una carga de fusiles, ametralladoras, bombas y bombas de ga¬ses. Esta carga ha sido confiscada, en parte, en Burdeos. Las autoridades judiciales investigan en estos momentos (enero de 1935) cuál sea la relación entre la carga del Turqesa y el alijo de San Esteban de Pravia.
Aparece en todo este episodio, como más tarde se confirma en plena revolución, la responsabilidad directa de muchos gestores de la Diputación Provincial de Oviedo en gran parte socialistas. Se aprovecharon de su preponderancia en el organismo provincial para convertirle en un vehículo
de la revolución. Los camiones y el dinero de la Diputación se emplearon para fines revolucionarlos y para cometer delitos claramente perfilados en los Códigos vigentes. La actuación de una buena parte de estos gestores es de las más graves en el episodio revolucionario.* * *
Pocos días antes de la revolución, la policía descubrió un camión que, protegido por varios individuos, llamados por si mismos estudiantes, pero que no aparecen inscritos en ninguna Facultad, descargaban abundante material de guerra en unos desmontes de la Ciudad Universitaria.
LA CRISIS DEL DÍA 1º
El día 1º de octubre, después de una breve sesión parlamentaria, el Gobierno del Sr. Samper presentó la dimisión al Presidente de la República. El Jefe del Estado llamó en consulta a los directores de la política española de todos los sectores. Solamente. los socialistas y los llamados republicanos de izquierda, que de una manera más o menos clara mantenían pacto con los revolucionarios,. aconsejaron a S. E. la disolución dé las Cortes y la formación de un Gobierno de izquierdas. El resto de los políticos españoles aconsejaron la formación de un Gabinete de amplia base parlamentaria presidido por el Sr. Lerrux
Duró la tramitación de la crisis tres días, durante los cuales, como ya hemos visto, los llamamientos a la revolución arreciaron intensamente.
El mismo día 4. La Humanitat; órgano de la Esquerra catalána, decía, comentando la posible solución: «Consideramos grave y alarmante. el encargo hecho al Sr. Lerroux. Y añadía: «Habrá ya que pensar que se han perdido la cabeza y la sensibilidad y hasta el instinto de conservación; y entonces sera cosa de caminar decidida y valerosamente por otros caminos.»
El día 4 quedó formado el (gabinete presidido por D Alejandro Lerroux, con la siguiente constitución: siete radicales, un agrario, tres populares agrarios, un liberal demócrata y dos ministros sín cartera.
El Gobierno, seguro ya de que su sola constitución iba a desencadenar el estallido revolucionario, se da cuenta en el acto de la gravedad de los momentos. No se sabe dónde la rebelión va a adquirir mayores proporcíones. En Asturias, 30.000 mineros armados, frente a una fuerza de 722 hombres distribuidos pór toda Asturias, se prepáraban al ataque violento. Disponían de armas abundantes y modernas.
Un grave peligro de consecuencias inesperadas podía, por otra parte, surgír la rebelión en el Protectorado español de Marruecos. Meses antes del estallido revolucionario se venía realizando una intensa propaganda entre los nacionalistas musulmanes, con artículos publicados en El Socialistas y con propagandas personales cerca de los líderes nacionalistas de Marruecos.
ESTALLA LA REVOLUCION
EL “ESTAT CATALÁ”
En la madrugada del 4 al 5 de octubre entra la revolución marxista en su fase activa y catastrófica.
Estalla la revolución con una violencia y una potencialidad, jamás conocidas. Su poder ofensivo es enorme, y sus medios, extraordinarios.
¿Corresponderá a ellos él coráje de los dirigentes y el valor de los cuadros de combate?
Se recibían noticias de distintos puntos de España, sabíamerte distribuidos por los revolucionarios, de que los puestos rurales de la Guardía civil eran aniquilados por el fuego y la dinamita de los rebeldes. Las comunicaciones con Asturias estaban cortadas. La revolución habia llegádo a su apogeo.
Mientras esto ocurría en toda España, en Cataluña se declaraba una huelga general revolucionaria, que el Gobierno autónomo se había comprometido a reprimir.
Las fuerzas de Seguridad, a las órdenes del consejero Dencás, ya declarado en franca rebeldía, tomaban los edificios públicos e intervenían las comunicaciones.
A las ocho de la tarde del día 6, el presidente de la Generalidad, don Luis Companys, proclama el Estat Catalá con una arenga, que dirige a una multitud de exaltados, desde el balcón’ principal del palacio del Gobierno autónomo.
El Sr. Companys ínvita, luego de leído su manifiesto al general Batet, a que el ejército reconozca el Estado catalán y la República federal. La orden en la que se hace la invitación estaba redactada así:
«Excmo. Sr.:
Como presidente del Gobierno de Cataluña requiero a V. E. para que, con la fuerza que mande, se ponga a mis órdenes para servir a la República federal que acabo de proclamar
.-Palacio de la Generalidad, 6 de octubre de 1934
.-Luis Companys
.-Excmo. Sr. Domingo Batet, general de Cataluña.»
El general Batet rogó una hora ‘de plazo para contestar.
Inmediatamente conferenció con el Gobierno.
Por fin, trascurrido el plazo, respondió al comisionado del Sr. Companys entregándole uno de los ejemplares de la declaración del estado de guerra en Cataluña, que se proclamó alrededor de las diez y media de la noche.
Cerca de las once de la noche llega a la plaza de la República, donde se encuentran los edificios de la Generalidad y del Ayuntamiento. un piquete de fuerzas del Ejército, a las órdenes del capitán de Estado Mayor Sr. Suárez. El Sr., Pérez Farrás, comandante de los Mozos de Escuadra, preguntó al capitán cuál era su propósito, contestándole éste que iba a proceder a la ocupación de la plaza. El Sr. Pérez Farrás respondió que esto no podia ser. Entonces, los Mozos de Escuadra hicieron sobre la tropa una descarga cerrada, resultando muerto el capitán Suárez.
LA RENDICIÓN
En vista de que estaban perdidas las esperanzas de contener el ataque de las fuerzas del Ejército, el presidente de la Generalidad ordenó enarbolar bandera blanca, consíderándose vencido. La detención del Sr. Companys y de sus acompanantes se llevó a cabo por el comandante del primer regimiento de Artilleria, D. José Fernández Unzué. También se entregaron los parapetados en el Ayuntamiento.
LA FUGA
También, en el antiguo edificio del Gobierno civil, el Sr. Dencás, consejero de Gobernación, se hizo fuerte, acompañado por el exdirector de Seguridad Sr. Menéndez y los Sres, Badia y Pérez Sala. En este edificio se encontraban más de 400 insurrectos, que disponían de gran cantidad de armamento. Al ocuparse el edificío, los rebeldes habían huido por un paso subterráneo. Resultó herido el Sr. Badia y un hermano suyo, que se, presentó en el Hospital Cliníco. Las fuerzas del Ejércíto encontraron, al ocupar la Consejería de Gobernación, un camión blindado, 1.000 armas largas, enorme cantidad de armas cortas, 8 bombas y 25 llilos de dinamita.
El martes puede decirse ya que la normalidad es completa. El entierro de los militares muertos durante los sucesos tiene lugar, con todos los honores, el jueves por la tarde asisten todas las autoridades Las victimas que recibieron repultura fueron:
capitan de Estado Ma yor D Gonzalo Suarez; sargentos Luis Pulido Moíses Domínguez y Pelayo Fernández; cabo Antomo Ortiz, cabo de la Guardia civil Ildefonso Rodríguez, guardia civil Alejandro Jova y soldados Máxino Guedeno y Salvador Maristo.
EL ASALTO AL MINISTERIO DE LA GOBERNACION
En la Guindalera (Madrid) se inicia el ataque revolucionario. La Policía tiene que asaltar una casa convertida en un fortín, y donde se recogieron centenares de armas modernisimas. Mueren los primeros agentes de la autoridad. La casa de D. Julián Besteiro, en el Hipódromo, es tiroteada por los revo¬lucionarios. La fuerza pública tie¬ne que defender el domicilio del di¬putado socialista desde el garaje de la finca.
A las ocho y media de la noche del sábado, y cuando mayor era la afluencia de gente pacífica en la Puerta del Sol de Madrid, sonó un disparo en la calle de Carretas (1), y como si obedeciera a una consig¬na, Be generalizó desde distintos puntos de la Puerta del Sol y calles adyacentes un intenso tiroteo contra el Ministerio de la Gobernación. Pe¬quenños grupos de revoltosos irrurmpieron en la gran plaza. La fuerza pública repelió la agresión y se cru¬zaron varios centenares de dispa¬ros entre uno y otro bando, hasta que se restableció la tranquilidad, al cabo de media hora.
Esta misma noche se intentó un asalto al edificio de la Telefónica. Fué vigorosamente rechazado.
MOMENTOS DRAMATICOS
UNAS HISTORICAS PALABRAS DE UN ESPAÑOL
Las horas eran angustiosas. Más que la rebelión armada, más que el vencimiento material de la revolución, preocupaba a los españoles el vencimiento espiritual de los antipatriotas y el quebranto moral que suponia el ver a un núcleo de españoles lanzados a la locura. Fué entonces cuando, por medio de una estación de radio de Madrid, los españoles pudieron oir al mismo tiempo dos sonidos contradictorios:
el de los disparos de los revolucionarios contra el Ministerio de la Gobernación y la voz del Sr. Lerroux, que en pleno tiroteo dirigía estas palabras a todos los españoles:
“En Cataluña, el presidente de la Generalídad, con olvido de todos los deberes que le imponen su cargo, su honor y su autoridad, se ha permitido proclamar el Estado catalán. Ante esta situación, si Gobierno de La Republica ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el pais.(1) Como autor del disparo consigna fué detenido un extranjero. En las horas de paz no escatimó la transigencia. Declarado el estado de guerra, aplicará sin debilidad ni crueldad, pero enérgicamente, la ley marcial.
Estad seguros de que, ante la revuelta de Asturias y ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña que se ha declarado faccioso, el alma entera del pais entero se levantar en un arranque de solidaridad nacional, en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, en las Vascongadas como en Navarra, en Andalucia, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estatuto y de todas las leyes de la Republica, la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo de gloriosa tradición y de glorioso porvenir.
Todos los españoles sentiran en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos.
El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponer¬se allí mismo a la locura separatista y sabrá conservar las libertades que le ha reconocido la República bajo un Gobierno que sea leal a la Constitución.En Madrid, como en todas partes, una exaltación de la ciudadanía nos acompaña. Con ella, bajo el imperio de la ley vamos a seguir la gloriosa historia de España.”
Una semana entera estuvo Madrid bajo la amenaza del terror rojo. Apenas la población civil se confiaba, los revolucionarios reanudaban sus ataques, aprovechando las horas de animación en las calles.
Con la detención del Sr. Largo Caballero se da por terminado el movimiento revolucionario. Esta detención la llevó a cabo la policía el día 18 de octubre en la propia casa del detenido, y a los pocos momentos de haber regresado aquel, después de quince días de ausencia. Durante los días que ha durado el movimiento, a pesar de la gran reacción ciudadana y de la prestación de servicios de todas las clases sociales, la vida en Madrid ha sido dramática y peligrosa.
EN ASTURIAS Donde el movimiento revolucionario adquirió caracteres de mayor violencia fué en la cuenca minera de Asturias. Y ciertamente que no dió para ello motivo la situación desesperada de los mineros asturianos. Desde antes de la implantación de la República venían siendo objeto de especiales atenciones de los Gobiernos españoles. Salarios altos, libertad para sus organizaciones, fomento de Cooperativas obreras, escrupuloso cumplimiento de las le¬yes sociales, sugestiones del Poder central para lograr inteligencias con el elemento patronal, alguna mina entregada a la explotación directa de quienes la trabajaban, enjugándose el déficit de la explotación con cargos al presupuesto nacional, y, por último, escuelas, regidas, quizá desgraciadamente, por maestros a quienes no repugnaban las ideas de tipo marxista.

No buscaban los mineros asturianos en la revuelta mejoras de carácter económico: lo que perseguían era apoderarse del mando, para aherrojar con el dominio exclusivo de su clase al resto de los españoles. La guerra social se hallaba en sus cerebros, y esta concepción no obedecía a situaciones de miseria que se pudieran remediar por la violencia, suponiendo una resistencia del Gobierno a legitimas reclamaciones obreras, sino exclusivamente al odio de clases.
Las fuentes de ingresos de sus organizaciones suministran la me¬jor prueba del verdadero sentido de la revolución. Se nutrían los fondos de sus cajas: 20.000 cotizaciones mensuales- 1,50 pesetas por sindicado-, un canon de 25 céntimos por tonelada de carbón exportada, que debía destinarse a fines de beneficencia, pero que el Sindicato ad¬ministraba a su voluntad; los in-gresos del periódico Avance y la mína San Vicente, colectivizada. Negocio este cuyas pérdidas sufraga¬ba el Estado; pero, en cambio, ser¬vía a los mineros para obtener dinero de la Banca local.
La población minera de Asturias era de unos 30.000 hombres. Del Sindicato minero de la U. G. T. formaban parte 20.000, y del Sindicato Minero Comunista, 6.000.
El factor principal de la revolución fué el Sindicato Minero Socialista. La gente más dura en la pelea, los comunistas.
El órgano revolucionario, el periódico Avance, dirigido por don Javier Bueno.
La revolución la prepararon concienzudamente, y el momento del estallido 1o eligieron cuando se creían dueños de la situación.
La orden de huelga fué cursada el día 2 para el día 4, a las doce de la noche. En las instrucciones confidenciales se exigía que en el menor tiempo posible debía quedar cancelada, por rendición o muerte, la fuerza publica. Los Comités locales quedaban autorizados para hacer justicia revolucionaria en aquellos sujetos públicamente declarados enemigo del proletariado. Es¬ta justicia iría desde la prisión a la muerte.
Así en el campo como en los pueblos y en Oviedo, los cabecillas de la revolución, como buenos teorizantes del marxismo, practicaron lo que ellos llaman “la crueldad suficiente». Mataron sin piedad a los guardias civiles y guardias de Asalto, porque dado el espíritu de estos Cuerpos, necesitaban matarlos para tomar ellos el Poder. Quizá, en los primeros días, dueños los sublevados de los Ayuntamientos, copados los puestos de la guardia civil y destrozados los destacamentos de los guardias de Asalto, las víctimas del elemento civil se reducen al mimino; pero a los cuatro o cinco días de revuelta, desplazados los elementos más moderados por los más fanáticos, y va convencidos de que España no secundaba sus alocados propósitos, quisieron los revolucionarios salvar la intetona mediante el terror. Los fusilamientos de Turón son una página que repugna a toda conciencia honrada y prueba la ferocidad de algun de los dírigentes.
LA LUCHA EN OVIEDO
LOS PRIMEROS DíAS
Todo el mundo conocía en Oviedo cómo los directores del movimiento preparaban la revolución. Se podía saber en detalle su gestación, no sólo en la capital y en Gijón, sino en la cuenca minera.
Buen número de revoltosos llegaron ya a Oviedo el mismo día 4. Este primer grupo hizo su aparición por la noche, quedándose en las cercanías del túnel de San Lázaro has¬ta la mañana siguiente, en que se desparramaron por la barriada, eetrando por las calles del Arzobispo y de la Magdalena Pero estas calles estaban bien enfiladas desde la Catedral, de modo que les fueron causadas bajas numerosas. Varias veces intentaron llegar hasta la plaza del Ayuntamiento, sin lograrlo, e incluso utilizaron un camión blindado¬ que marchó al frente de numerosos grupos. Pero los magníficos tiradores que había en la Catedral connsiguíeron dar muerte al conductor del camión, que ya quedó en la mitad de la calle basta que fué evacuada la ciudad.
Mientras, grupos llegados del campo invadieron la ciudad por el barrío de San Lorenzo, apoderándose del Ayuntamiento en breves horas de asedio y corriéndose por las calles de Santa Susana y de Campo¬manes hacía el centro de la villa.
A cada hora llegaban de los pueblos cercanos a Oviedo y de Mieres y Sama nutridos grupos, que eran distribuidos en las calles. Y en vis¬ta de que era imposible ocupar los edificios atacados, los revoltosos cambiaron de táctica: los incendios…
Estos comenzarón en la plaza del 27 de Marzo, esquina de la calle de Tartiere, donde se encontraba el edificio de la Universidad, quemándose la valiosa biblioteca con el edíificio. Simultáneamente, los revoltosos incendiaron los Almacenes Símeón, corriéndose el fuego al Banco de Asturias, que, aun cuando no se incendió totalmente, por su especial construcción, fué abandonado por sus defensores. Las calles de los alrededores se encontraban ya sembradas de cadáveres.
Quizá como represalia, los rebeldes incendiaron la manzana de casas formada por la calle de Arguelles, la plaza del 27 de Marzo y la calle Tartiere.
Muchos vecinos pudieron salvarse perforando los tabiques con las ca¬sas medianeras, en las que aún no habla prendido el incendio.
El asedio al cuartel de la Guardía civil comenzó en Oviedo el día 6 por la noche. Ya el día anterior los revoltosos habían cortado la luz y el agua, hostilizándolos sañudamente. En la tarde del día 7, el edificio resistió no sólo el fuego de fusil y de ametralladóra, Sino fuego de cañón; los rebeldes utilizaban entonces piezas de 7 y medio y de 10 y medio.
Diecisiete veces intentaron los rebeldes el asalto a este cuartel, sin conseguir su objeto. Los guardias civiles, Sin agua, sin víveres y casi sin municiones, organizaron la evacuación del cuartel. Para ello formaron dos columnas, facilitando la salida y el traslado del ganado y de la impedimenta. Una, al mando del comandante Bueno, con todo el material, y otra, de protección, al mando del teniente Estévez.
Las dos columnas emprendieron la marchahacia el cuartel de Pelayo bajo un fuego mortífero, dejando en el camino los cadáveres del comandante Bueno y dos sargentos, cadáveres que no pudieron recuperarse. El total de bajas de la Guardia civil fueron las tres ya citadas y cinco guardias muertos. Y un teniente, un subteniente, un cabo y siete guardias heridos.
UN RELIGIOSO ES SACADO HERIDO DEL HOSPITAL Y ASESINADO
Otro de los edificios asaltados por los revolucionarios f’ué el convento de los PP. Carmelitas, en el que no había defensa alguna.
Los PP. Carmelitas huyeron, y sólo cayó en poder de los revoltosos el padre prior, Eufrasio del Niño Jesús.
Decididos ya todos a abandonar el convento el día 6, el P. Eufrasío del Niño Jesús halló en la puer¬ta un gran número de revoltosos, y tuvo que retroceder, ocultándose otra vez en el edificio. Seguro de que allí sería capturado, huyó por el jardín, y, pasando por una terraza, dió un difícil salto por encima de un muro de 12 metros de altura, cayendo en el patio de una casa de vecinos, inmediata al convento, por una parte en que la al¬tura del muro se hacía más baja. No obstante, el golpe fué tan terrible, que se dislocó una cadera, y quedó en el suelo sin poder moverse. Acudieron algunos vecinos, que lo recogieron y auxiliaron, llevándole a la habitación de una dc las familias de la casa. Allí permaneció algunos días, siendo solícitamente atendido. Pero el día 12 pasó al hospital. Descubierto el padre, allí mismo fué acordada su sentencia de muerte. El padre Eufrasio salió a las diez y media del hospital. y a las doce estaba ya fusilado.
LOS REVOLTOSOS INTENTAN ASALTAR EL CUARTTEL DE PELAYO COLOCANDO FRENTE A LOS GRUPOS DE ASALTO 35 PRISIONEROS
Los revoltosos, viendo lo inútil de sus esfuerzos para rendir el cuartel de Pelayo, sacaron del Instituto 38 prisioneros, que fueron colocados al frente de los atacantes de dicho cuartel, y aunque el fuego fué muy violento, regresaron 35 de los que habían salido. Tres de ellos, que se cree eran sacerdotes, murieron en aquel terrible encuentro. Entre los que salieron figuraban el capitán Sr. Albornoz, el capitán de Carabineros Sr. Mota, un joven teniente de Artillería, unos 15 guardias de asalto y algunos soldados.
RACIONAMIENTO DE AGUA Y VÍVERES EN UN RÉGIMEN COMUNISTA.-MAS CRÍMENES
Ya en posesión los revolucionarios de los resortes del mando en la ciudad, comenzó una organización de servicios desde el martes, día 9. Se racionó el servicio de agua; los Comités de barriada distribuyeron vales de víveres y medicamentos, y un servicio de Sanidad recogió de las calles hasta 200 cadáveres, que fueron enterrados en el cementerío…, ¡dando muerte los revoltosos al enterrador cuando éste hubo terminado su misión!
NUEVOS INCENDIOS.-LOS RESELDES DESTRUYEN EL PALACIO EPISCOPAL Y LA CÁMARA SANTA DE LA CATEDRAL
El Palacio Episcopal, en el que no había más que unos servidores, fué también incendiado. Dos días después de este incendio, los rebeldes intentaron un nuevo ataque a la Catedral, partiendo los grupos, bien organizados, desde la plaza del 27 de Marzo, marchando por las calles de Tartiere, Altamirano, Universidad, San Antonio y Canónico: por estas últimas, al amparo de la humareda de los restos del Palacio Episcopal. Como había en las torres de la Catedral excelentes tira¬dores, decidieron atacarla por un recodo que da a la Cámara Santa, donde tantas joyas portentosas se guardan; arrojaron gasolina al te¬cho, empleando una bomba a presión; prendieron luego fuego y arrojaron dínamíta. Después del incendio quedaron sepultadas las reliquias y joyas al quedar destruida la Cámara; pero no les fué posible a los rebeldes cruzar la cortina de fuego que protegía la Catedral por los demás sitios. Así, el nuevo ataque quedó también frustrado.
LAS CALLES DE OVIEDO, LLENAS DE CADÁVERES…
Durante todo el tiempo que fue¬ron dueños de Oviedo los revolucionarios, iban acumulando cajas de dinamíta, que extraían de la Unión Española de Explosivos, en La Felguera, y que depositaban en el Instituto, trasladándolas en camiones blindados; guardaban el edificio, formando cordón, más de 200 hombres armados y varios camiones blindados con ametralladoras. Es-ta dinamita estaba destinada a lograr la voladura de los reductos en los que se defendían las tropas.
Las calles de Oviedo se habían vuelto a llenar de cadáveres, mien¬tras los heridos, en número incoa¬table, eran asistidos en el Hospital.
ESTALLAN 2.000 KILOS DE DINALAITA.
QUEDAN DESTRUIDOS EL INSTITUTO, LA UNIVERSIDAD Y OTROS EDÍFÍCIOS Y MONUMENTOS.-JOYAS DE ARTE BAJO LOS ESCOMBROS
Ya a las puertas de Oviedo las tropas del Gobierno, los revolucionarios decidieron entonces volar su arsenal, acumulado, como se sabe, en el Instituto de San Isidro. Es¬tallaron más de 2.000 kilos de dinamita, destruyendo hasta los cimientos, todo el edificio y causando gran¬des daños en los próximos. La terrible explosión conmovió toda la ciudad. Y también sirvió de aviso a los rebeldes, que se resistían, quienes fueron iniciando la huida. En Oviedo quedaban destruidas unas manzanas de las calles de San Francisco, Uría y Tartiere, de la plaza de Porlíer; los hoteles Inglés y Covadonga, el Instituto, la Universidad, la Audiencia, el Palacio Episcopal, la Cámara Sagrada de la Catedral, el Banco Asturiano, el teatro Campoamor…
ASALTO A LA CAJA DEL BANCO DE ESPAÑA.-ROBAN 14 MILLONES DE PESETAS Y SE LAS RESARTEN
Uno de los episodios que matiza de manera más elocuente el sentido de la revolución es el del asalto y robo del Banco de España en Oviedo, Desde los primeros días, la pre¬ocupación al parecer principal de los Comites revolucionarios que se iban sucediendo en Oviedo tué la Caja del Banco de España. Se sabía que era una Caja bien nutrida, y esto despertaba la codicia personal de los jefes. Defendía el edificio del Banco un pequeño destacamento (cuatro hombres), que a los dos días de asedio fué arrollado.
Inmediatamente se lanzaron los revolucionarios sobre la Caja, y uno de los jefes más caracterizados ordenó abrirla. Como no estaban muy seguros de poder hacerlo con toda tranquilidad, optaron por el empleo de la dinamita. Un minero que manejaba diestramente el explosivo, hizo saltar la puerta acorazada de la caja. El jefe se incautó de 14 millones de pesetas en billetes de Banco.
Se supo más tarde que los 14 millones fueron repartidos entre varios significados jefes revoluciona¬rios, que, al fracasar la revolución, escondieron el tesoro en fracciones por distintos lugares de las montañas. Hasta el presente, se han recuperado unos tres millones de pesetas.
DETENCIÓN DEL DIRECTOR DEL PERIODÍCO SOCIALISTA «AVANCE», JAVIER BUENO
Poco antes de comenzar la invasión de Oviedo por los mineros fué detenido por orden gubernativa el director del periódico socialista Avance, a quien se consideraba uno de los principales organizadores del movimiento que comenzaba. Javier Bueno permaneció en la cárcel du¬rante los días del angustioso ase¬dio (1).
EL SR. ALAS PUMARIÑO, PRISIONERO EN EL INSTITUTO DE SAN ISIDRO
Una de las personas que fueron detenidas en Oviedo por los revolucionarios fué D. Nicanor de las Alas Pumariño, hoy día gerente del Banco Asturiano. El Sr. Alas Pumariño vivía en el piso tercero de la casa en la cual está instalado el Ban¬co pero el día 6, al desalojarlo, fué a ocupar unas habitaciones del Hotel Covadonga. Pero también tuvo que abandonarlo, pasando a otro edificio por unas ventanas a patios interiores, y de allí a otra, hasta que se refugió con otros ciudada¬nos en los Almacenes Simeón. Tambien de allí hubieron de huir, esta vez de orden de los revoltosos, que habían ya ocupado el edificio. Pero, finalmente. el Sr. Alas Pumariño fué detenido, conduciéndosele al Ins¬tituto da San Isidro. El Sr. Alas Pumariño presenció el suicidio de uno de los prisioneros, que se arrojó por una ventana al patio, no pudiendo resistir el sufrimiento que suponía el cautiverio y la amenaza constante del fusilamiento.(1) Acerca de D. Javier Bueno y Bueno, conocido periodista español, director del diario socialista de Oviedo Avance, han circulado por el extranjero las más infames patrañas. Para impresionar a mentes primítívas, siempre propicias a aceptar el mito de las torturas en la prisión, se ha hecho circular una fotografía, poco grata a la contemplación, es cierto, y en la que se muestran «las huellas de las atroces torturas a que se ha sometido a Javier Bueno».
Pubilcamos en las últimas págínas la referida fotografía para que quede destruida la torpe patraña. El lector más lego en cuestiones médicas aprecia a Simple vista que se trata de una forunculosis vulgar, muy fuerte por la naturaleza posíblemente diabética del enfermo, y de la cual se está tratando convenientemente al Sr. Bueno por los médicos del Cuerpo de Prisiones. Publicamos Igualmente las fotografías de las certificaciones médicas que demuestran el origen de las úlceras que se observan en la fotografía que, con tan torpes intenciones, se ha hecho circular por Eu¬ropa, seguramente sin la autorización del enfermo, de quien no cabe esperar que se haya prestado a tan indigna comedía. Don Javier Bueno, cuya responsabilidad será dilucidada por los Tribunales legalmente constituidos, ha sido siempre, en su vida privada, hombre veraz y austero. Nadie entre los que le conocen le creen capaz de haber auto¬rizad medio tan primitivo y torpe de impresionar a la opinión liberal del mundo.
UN JEFE DE GRUPO ORDENA EL FUSILAMIENTO DE LOS PAISANOS FUGITIVOS
En Oviedo mandaba el grupo de las calles de Bou, San Antonio y Canónigo un jefe revolucionario llamado Jesús Arguelles Fernández, «el Pichalatu», quien ha declarado ante el Tribunal correspondiente que, cumpliendo órdenes del Comíté revolucionario, ordenó a su vez el fusilamiento, en la calle de Bou, de ocho paisanos, porque intentaban huir del foco revolucionario.
Este sujeto, convicto de su crimen, ha sido condenado a muerte. No ha sido ejecutada la sentencia, cuya aplicación depende de informes y resoluciones superiores.
CUATRO REVOLUCIONARIOS COMETEN UN REPUGNANTE CRIMEN CON TRES MUJERES. LAS ASESINAN DESPUÉS DE ATROPELLARLAS
He aquí un hecho mas cuyo relato repugna No hay mas remedio que hacerle sí este folleto ha de cumplir su finalidad
«El día 11 de octubre los revolucionarios César Caso Jose Suárez Campa Fernando Fernandez y Sindulfo Iglesias se apoderaron de un coche abandonado e invitaron, con engaños, a dar un paseo a tres mujeres jóvenes, hijas de otros revolucionarios, por lo menos dos de ellas. Llegados a un paraje llamado «El Píperón», se apearon y resolvieron repartirse las tres muchachas, con arreglo a una monstruosa doctrina. Las muchachas se resistieron tenazmente, y fueron atropelladas por la fuerza. Entonces resolvieron los criminales fusilar allí mismo a sus victimas, y así lo hicieron de la manera más cobarde. Luego llevaron los cadáveres al cementerio de Oviedo, donde los arrojaron a la fosa común.»
Este relato es el que figura en el atestado de la detención de estos cuatro sujetos, llevada a cabo en el mes de enero de 1935, y según declaración de ellos mismos.
Renunciamos a relatar otros crímenes realizados en ancianos sacerdotes, ciudadanos inermes y mujeres. Es trágicamente fatigosa para un lector normal la relación de tanta desdicha.
LA DETENCIÓN DEL DIPUTADO A CORTES TEODOMIRO MENÉNDEZ
Después de los sucesos, es decir, inmediatamente después de la entrada de las tropas del general López Ochoa, fué detenido en su domicilio el diputado socialista Teodomiro Menéndez. Uno de los vecinos le denunció a una pareja de guardias de Asalto, que procedió a su detención. Sobre Teodomíro Menéndez pesa una acusación grave: la de haber conducido el movimiento revolucionario en su primera fase, es decir, cuando estuvo controlado por los socialistas. Cuando la dirección del movimiento pasó a manos de los comunistas, Teodomíro Menéndez parece que se recluyó voluntariamente en su domicilio. Al ser detenido, una parte del pueblo pretendió agredirle, evitándolo un teniente del Tercio, quien se hizo cargo del diputado socialista, conduciéndolo hasta el cuartel general.
SECUESTRO DE D. JOSÉ PEDREGAL
El sábado 6, los revoltosos invadieron la finca que posee en Avilés el Sr. Pedregal, ex ministro y miembro actualmente del Tribunal de Garantías. Trasladado primero a Mi¬randa de Avilés, fué luego conducido a Trubía.
El Sr. Pedregal tiene una personalidad muy acusada en la política liberal española. De siempre ha dirigido, desde distintas posiciones avanzadas, un núcleo de intelectuales de fuerte sentido liberal. Ejercia, en cierto modo, un patriarcazgo en la villa de Avilés, y aun habiendo sido ministro con el régimen monárquico, abandonó la cartera por no transigir con ciertos ma¬tices reaccionarios que se querían introducir en la política. Durante su cautiverio, D. José Pedregal, cuya casa particular fué allanada por los revolucionarios, sufrió un éxodo dramático por los montes de Asturias, ignorando el paradero de su familia y temiendo constantemente un desenlace trágico. Afortunadamente, el grupo revolucionario en cuyas manos cayó, y del que formaban parte, sin duda, convecinos que le conocían, pudo libertarle, sin daño físico, aunque con el destrozo moral consiguiente, el día 17 de octubre, cuando ya las tropas del Gobierno dominaban Asturias
La esposa de D. José Pedregal sufrió igualmente, separada de su marido, un cautiverio breve de tiempo, pero de gran intensidad.

QUINCE DíAS DE COMUNISMO EN MIERESUNA DEFENSA HEROICA-40 CONTRA 1.000 FUSILAMIENTOS

Miéres vivió quince días de comunismo. Fué el pueblo de Asturías quizá donde mejor se organizaron los comunistas.
Estalló el movimiento a las tres de la madrugada del día 5, sorprendiendo a Míeres casi sin fuerzas para reprímírlo, toda vez que entre los puestos de la Guardia civil de Rebolleda, Murias y Santullano no pasarían de 20 los guardias.
Unidos a un número aproximado de los de Asalto, que llegaron ocasionalmente, no era de extrañar que apenas amanecído estuviese ya toda la población en manos de los revoltosos. No obstante esto, desde la hora antes citada se libraron cruentos combates, resultando algunos muertos, entre ellos el sargento de la Guardia civil de Murias, un hijo de éste y la mayoría de los guardias de Asalto con el teniente los cuales hicieron una heroica defensa en su cuartel, Instalado en el Palacio de la Villa, frente a una muchedumbre muy superior a los 1.000 hombres, armados con toda clase de armamento moderno, así como bombas y dinamita. Los de¬más guardias y fuerzas llevados a Míeres se rindieron al fin, siendo desarmados, atados y custodiados por los revolucionarios, convirtiéndose una de las salas de la Casa del Pueblo en prisión, donde fueron encerrados. Varios fueron fusilados.
Poco después, este mismo edificio había de ser el cuartel general de donde hablan de partir órdenes, personal de lucha, armamentos, municiones, etc.
Una vez ya triunfante la revolución, tomaron todos los polvorines, conduciendo la mayoría de los explosivos a la Casa del Pueblo. Tomaron el Ayuntamiento, Registro civil, Juzgados de instrucción y municipal y Archivo.

LOS REBELDES ASESINAN A TRES SACERDOTES Y A UN GUARDA
El día antes de que se posesionaran los revoltosos de la población un grupo asaltó la residencia de los Padres Pasionistas, haciendo esta-llar en el interior cartuchos de dinamita, que la destruyeron. En sus inmediaciones fueron muertas dos personas que huían, vestidas de seglares, pero que resultaron ser padres pasionistas. Fué apresado el párroco, D. Hermógenes Hernando. El dia 7, unos Individuos se presentaron en la pensión en que vivía el guarda de un grupo minero, llamado Joaquín Lobo, dándole muerte, También fué muerto un sacerdote, cura de San Esteban.

ASALTO A LOS BANCOS

Los revolucionarios pusieron en libertad a los presos. y cometieron. diversos saqueos. Se llevaron todo el tabaco que había en los depósitos de la Arrendataria y los géneros de varios almacenes de ultramarinos. A las tiendas pequeñas las sometieron al régimen de expoliación por medio de los vales.
Varios revolucionarios fueron al Banco Asturiano y al Banco Herrero y se llevaron 102.000 pesetas. Los que cogieron el dinero se fugaron inmediatamente.

COMO FUERON ASESINADOS EN TURON EL INGENIERO D. RAFAEL DEL RIEGO, DOS JEFES DE CARABINEROS, VARIOS HERMANOS DE LA DOCTRINA Y DOS EMPLEADOS DE LA MINA

Hulleras del Turón es quizá la más importante de las factorías mineras del valle del Caudal. Ellas solas dan trabajo a 3.000 obreros; es, pues, el de Turón uno de los núcleos mineros más importantes de la provincia, con gran cantidad de mineros de aluvión, fáciles a la propaganda extremista. Quizá por ello los sucesos tuvieron aquí caracteres no acusados en otros lugares.

Ya desde el primer momento, los revoltosos apresaron a numerosas significadas personas. El día 5, por la tarde, lo fueron el ingenero director de las Hulleras del Turón, D. Rafael del Riego, y numerosos empleados, entre los que se encontraban D. Cándido del Agua y don César Gómez, y el día 6, D. Lorenzo Polidura, director de las Escuelas de las Húlleras; D. Héctor y D. Rosario Sanz, D. José Baltasar, los profesores de la Escuela,
D. Ramón Martínez y D. Wifredo Fernández; los ingenieros D Francisco Frema, D. Luís Bertíer, don Sebastián Báez y D. José Fernández; el ecónomo doctor D. Manuel Capellán, el cocinero Fílomeno López, el pasionista de Mieres P. Inocencio, el teniente coronel de Carabineros D. Manuel Luengo y el comandante del mismo Cuerpo don Norberto Muñoz, apresados en Oviedo, y cuatro Hermanos de la Doctrina Cristiana que ejercían la enseñarza en Turón. Todos fueron conducidos a la Casa del Pueblo.

LOS FUSILAMIENTOS -UNA PÁGINA DE HORROR.- 17 FUSILADOS

Los revolucionarios tenían ya pre¬meditados varios fusilamientos. La prueba de la premeditación es que inmediatamente después de efectua¬das las detenciones que hemos mencionado comenzó, en el cementerio, la construcción de fosas, destinadas a los cadáveres de los que habían de ser fusilados.
El día 11 fueron conducidos de la Casa del Pueblo al cementerio el teniente coronel de Carabineros dan Manuel Luengo, el comandante don Norberto Núñez, el director de las Escuelas de la Hullera, D. Loren¬zo Polidura, y los cuatro profesores, Hermanos de la Doctrina Cristiana y el pasionista padre Inocencio. Fusilados junto a las tapias del cementerio, se arrojaron los cadáveres en las fosas ya preparadas… El día 12 hubo nuevos fusilamientos. Estos fueron los del director de la Hullera, D. Rafael del Riego; del jefe de los guardas jurados, Cándido del Agua; del empleado y corresponsal del periódico de Oviedo Región, don César Gómez; del cocinero Filo-meno López y de D. Héctor y don Rosario Sanz, D. José Baltasar, don Ramón Martínez y D. Wifredo Fernández.
El guarda jurado, Laudelino Vegas, ha hecho por su parte el siguiente relato:
«Yo estaba -dice- de vigilancia en el pozo de la mína, cuando me dió el alto una patrulla de hombres armados con escopetas. Me íntimaron para que entregase el arma; pero les dije que no lo haría y que me llevaría por delante al que lo intentase. Pues, quieras que no, tienes que venir ante el Comité revolucionario que se ha constituido- me dijeron. Echamos a andar. A pesar de mis precauciones, saltaron sobre mi, y a viva fuerza me arrancaron el rifle. Fui conducido prisionero a la Casa del Pueblo. Allí me encontré Con el director, D. Rafael del Ríego. El primer día estuvimos juntos en una misma habitación. Luego vinieron otros prisioneros A los ingenieros los pusieron juntos en una pieza, y a mi me tuvieron en otra, con los guardias. Yo entraba, sin embargo, en la habitación de los ingenieros para atenderlos en lo que necesitaban. Fueron llegando nuevos prisioneros. Dos jefes de Carabineros que los rebeldes habían apresado en Oviedo; varios Hermanos de la Doc¬trina y un misionero; guardias civiles, capataces, empleados de la mi¬na, guardas jurados… Todos dormíamos en el suelo. No nos dieron más que una manta para que nos liásemos en ella.
Nuestros carceleros tenían un humor desigual. Tan pronto nos amenazaban con matarnos como nos anunciaban que nos dejarían en libertad e indemnes. Había, sin embargo, uno de ellos que parecía tener sobre todos los demás cierta autoridad militar. Se llamaba Fermín; llevaba una camiseta roja; y en las bocamangas, unas insignias de no sé qué jerarquía en el titulado ejército rojo.
Llevaba colgada una gran pistola ametralladora, que creo ha pertenecido al director, y cuando estaba ante nosotros jugueteaba con ella. Una noche se quedo mirándonos con una sonrisa feroz, y dijo, acarician¬do la pistola: -Mañana trabajarás. No te impacientes. Estas amenazas nos tenían asustados, pero a fuerza de repetirlas llegó un momento en que no las creíamos. Hubo un día que transcurrió en completa calma. Los guardias ro¬jos ni siquiera aparecían ante nos¬otros. Al día síguiente, la cosa empeoró. Venían ya frenéticos, desesperados, y delante de nosotros hablaban de asesinarnos.»

LOS PRISIONEROS ENLOQUECEN

«El guardia Dacal estaba grave¬mente enfermo. Padeció mucho an¬tes de que le trasladaran a su domicilio. El maestro sastre, D. Francisco G. Arias, enloqueció en la prisión. No accedieron los guardianes a que fuese recogido por su familia, y lo enviaron a Oviedo a un manicomio.
Los rebeldes nos invitaban a que nos sumásenos al movimiento. Invitaron también a los Hermanos de la Doctrina, amenazándoles con que, si no iban al frente a luchar contra las fuerzas del Gobíerno, los llevarían por delante, sin armas, para que los matasen. Al cura párroco de Turón le amenazaron igualmente. Contestó que no iría al frente más que para cumplir su ministerio, y vestido de sacerdote.
Aquellos días marchaban muchos rebeldes a Pola de Lena para tomar parte en las batallas con las columnas que venían da León. To¬dos los días veíamos caras nuevas de mineros de otros pueblos, que se detenían en Turón, de paso para el frente.
Al fin, una noche, seria próximamente la una, Se presentó una patrulla roja e hizo salir a 11 de los detenidos. Formaron con ellos una fila. Al trente de ella Iban los dos jefes de Carabineros; luego, los Hermanos de la Doctrina, de dos en dos, y, finalmente, los paisanos. No los sacaron esposados. Les dijeron que iban a llevarlos al frente. El jefe del grupo se volvió a nosotros y nos dijo:
-Esos quedan para mañana.
Apenas salieron y vimos el camino que tomaban, advertimos con horror que los llevaban al cementerio para fusilarlos. Estuvimos escuchando angustiosamente. Un cuarto de hora después, hacia la una y media, Oímos una descarga cerrada, que sonaba de la parte del cementerio. Nos dimos cuenta in¬mediatamente de que el crimen ho¬rrendo se había consumado. Posteriormente hemos sabido que, efectivamente, llevaron a los 11 prisioneros al camposanto, donde el sepulturero del pueblo y una patrulla de revolucionarios habían estado cavando durante el día unas largas zanjas, ante las cuales les pusieron, pegados a las tapias. Desde el centro del cementerio dispararon contra ellos, y luego los arrastraron hasta la zanja y los enterraron. A la noche siguiente, sería próximamente la misma hora, se presentaron de nuevo los de la patrulla. Esta vez llamaron en primer término al director. Don Rafael del Riego, que hasta el dia anterior habla conservado toda su entereza, se mostraba muy abatido. No creyó, sin embargo, que le llevaban al cementerio para asesinarle. Creía, efectivamente, que le conducían al frente para que con su cuerpo les sirviese de parapeto frente a las balas del Ejército. Cuando salía se volvió a uno de los guardias rojos que le conducían:
-¿Me permite usted volver por el paquete de cigarrillos, que me he dejado olvidado?
Se le permitió. A los pocos minutos olmos la descarga. Luego, un tiro de gracia. Riego habla muerto.»

EN LA CUENCA DE LANGREO.-LA MUERTE GLORIOSA DE 87 HEROES

Como si fuera una señal convenida para que secundaran el movimiento todos los pueblos de Langreo, en Sama estalló una bomba de gran potencia a las tres y medía de la tarde del viernes 5. In¬mediatamente fueron apareciendo grupos armados, que se concentraron rápidamente, distribuyéndose para atacar los cuarteles de la Guardia de Seguridad, de Asalto y de la Guardia civil,

LA HEROICA DEFENSA DE LOS GUARDIAS CIVILES Y DE ASALTO

Al mismo tiempo, los rebeldes emprendieron el ataque al edificio que servia de cuartel a las fuerzas de la Guardia civil y de Asalto, cuartel situado en la avenida del Primero de Mayo, con fachada posterior a la calle de Carmen Arenas. Colindantes al cuartel se encuentran dos edificios: uno de la Duro-Felguera, y otro que ocupaba un gran comercio. Mandaba la fuerza alojada en el cuartel el capitán de la Guardia civil Sr. Alonso Nart, y formaban aquélla 30 guardias civiles y 40 guardias de Asalto.
No menos de ¡treinta y dos horas! duró el ataque y la defensa de este cuartel, cuya fachada principal estabá asediada desde los balcones de las casas fronteras e in¬mediatas, y desde todos los huecos hábiles; y la fachada posterior, des¬de unos talleres, en que los revoltosos se encontraban parapetados. E1 ataque fué intensisimo, empleándose todos los medios: ametralladoras, bombas de mano, dinamita, todo en gran cantidad. Los sitiados abrieron boquetes en las paredes de las casas colindantes, por donde pasaron al establecimiento de la Duro-Felguera los familiares de los guardias sitiados.

UNA SALIDA A LAS TREINTA Y DOS HORAS DE COMBATE

En estas condiciones, y bajo la dirección del capitán Nartal, las fuerzas decidieron abandonar su cuartel, con el capitán Nartal al frente, utilizando las bombas de mano que les quedaban, ya que habían casi agotado las municiones. El capitán consiguió llegar al puente sobre el Nalón, seguido de algunos números, que fueron cayendo por el camino; los restantes guardias, que no tenían ya municiones, fueron muertos al saltar la pared de una finca de labor. Entre ellos estaba el ordenanza. El capitán cogió el fusil y disparó los dos únicos tiros que tenía, matando a otros tantos revolucionarios. Acto seguido se refugió en una chavola, y una mujer avisó a los revoltosos. Estos le pidieron se rindiese, y al negarse a ello, dispararon, matándole.

TERRIBLE LISTA DE BAJAS ENTRE LA FUERZA PÚBLICA DE SAMA 87 MUERTOS…-LOS REVOLUCIONARIOS FUSILAN A LOS HERIDOS

Parece que en el cementerio de Sama, después de estos dos asaltos, se encontraban 87 cadáveres, entre ellos los del capitán Nartal y los de los tenientes Halcón, Ramos y Llovera; el resto, entre guardias de Asalto, Guardia civil, guardias de Seguridad y agentes de Policía. Desde luego, pocos fueron los que escaparon con vida de la trágica lucha. Los que cayeron prisioneros, unos 12 en total -entre ellos el teniente Llovera, gravemente herido-, fueron fusilados en el cementerio de Sama.

MUERTE DEL CURA PÁRROCO Y DE UN INGENIERO DE LA FÁBRICA

Fué una de las primeras victimas, si no la primera, el cura párroco de Sama, D. Venancio Prada Morón. Al estallar una bomba colocada en la iglesia salió a la calle el párroco, y en ella fué muerto de un balazo. Esto ocurría el primer día de revuelta, y el cadáver no fué recogido hasta dos días después.
También fué muerto en los primeros momentos el ingeniero de La Felguera Sr. Arango. Inmediatamente después de haber estallado el movimiento, uno de los grupos se personó en su domicilio, apresándole. Fué muerto cuando le llevaba la «guardía roja» a la Casa del Pueblo.

ROBOS Y ASALTOS

Detuvieron los revolucionarios a los directores del Banco Herrero y del Crédito Local. Del primer Ban¬co se llevaron 186.000 pesetas, y del segundo, 127.000. El primer atraco parece que estuvo dirigido por un maestro de escuela. También se llevaron los revolucionarios 10.000 pesetas en duros. Se apoderaron, además, de todos los géneros de la Cooperativa de la Duro-Felguera, que se llevaron al teatro Llaneza, donde establecieron sus depósitos.
Depositaron allí, igualmente, 2.000 fusiles procedentes de la fábrica de armas

DETALLES DEL TERRIBLE CHOQUE DE LA GUARDIA CIVIL CON LOS REVOLUCIONARIOS EN CAMPOMANES

«Los guardias del cuartel de Campomanes -ha dicho el propietario de una fábrica de pastas para sopa que hay a la entrada del pueblo- estuvieron resistiendo a los grupos rebeldes que venían de Pola de Lena, desde la madrugada hasta cerca del mediodía. A esa hora no pudieron resistir más. El sargento-comandante del puesto resultó herido a consecuencia de la explosión de una bomba, y falleció cuando era conducido al hospitalillo. Cuando se le llevaban se le oía pedir agua; sus aprehensores le daban culatazos. Los cuatro guardias restantes pudieron escapar al monte, donde buscaron refugio. Sus familias fueron recogidas por algunos vecinos.
Poco después de haberse rendido el cuartel de la Guardia civil de Campomanes aparecieron en la carretera, procedentes de León, un automóvil de turismo y un camión con 35 guardias. El camión, a la entrada del pueblo, se detuvo, y los guardias echaron píe a tierra, a la altura de mi fábrica. Desplegados en guerrilla avanzaron con precaución hacia el centro del pueblo. Había en éste muchos centenares de hombres armados. Antes de que los guardias pudiesen penetrar en el poblado les hicieron una descarga. Contestaron ellos y se entabló un terrible tiroteo. Los guardias, ante la presión de una enorme masa de revoltosos tuvieron que retroceder. Entonces fué cuando se hicieron fuertes en mi fábrica.
Aprovechando las ventanas como parapetos estuvieron disparando contra la muchedumbre que les atacaba. A medida que la resistencia de la Guardia civil se prolongaba, afluían a Campomanes nuevos núcleos de rebeldes combatientes, que venían de toda Asturias en automóviles y camionetas.
En uno de los asaltos a la fábrica donde los guardias se habían atrincherado, los revoltosos levaban en vanguardia a uno de los guardias civiles del puesto de Campomanes, qué se había rendido, llamado Benjamín. Avanzaron poniéndole delante, pero los guardias refugiados en la fábrica de sopa, al verse amenazados, no obstante la presencia de su compañero, dispararon, procurando no herirle. Retrocedieron un poco los revoltosos, y en el revuelo que se produjo, el guardia prisionero pudo escapar y unirse a sus camaradas.
Desde las tres hasta las seis de la tarde estuvieron resistiendo los guardias en la fábrica. Los asaltantes serian unos 3.000. En el interior del edificio murieron cuatro o cinco de los guardias. Cuando ya era imposible resistir más intentaron una salida. El oficial que mandaba la fuerza salió por la puerta trasera, seguido de los guardias supervivientes, y se dirigió a los rebeldes dispuesto a parlamentar. Una desearga cerrada le hizo caer a tierra ensangrentado. La muchedumbre se precipitó sobre el cuerpo inerme del oficial y le golpeó hasta dejar el cadáver con terribles magullamientos.
Los guardias que iban tras él intentaron hacer frente a los revolucionarios, pero sucumbieron. también. Uno, de ellos se encerró en una casetita que hay a la espalda de la fábrica, y allí dentro le asesinaron. Otros pretendieron escapar por los maizales próximos, pero fueron descubiertos y asesinados. Uno que iba herido por el caminillo que escala los cerros próximos, por detrás del pueblo, fué descubierto por una patrulla.
Se entregó a los revoltosos, y le llevaban prisionero cuando uno de los «guardias rojos» se adelantó a sus compañeros, diciendo:
-A éste me lo cargo yo.
Y echándose la escopeta a la cara, le deshizo la cabeza de un trabucazo a bocajarro.
Vea usted -sigue diciéndonos siempre el propietario de la fábrica de pastas- en el interior de la fábrica las huellas de la espantosa resistencia que hicieron los guardias. Este balazo -y señala un impacto que hay en la pared, a la altura de un hombre- mató a uno de los guardias que desde esta ventana hacía fuego contra los rebeldes. Aquí, entre los sacos de harina, encontramos el cadáver de otro guardia, que, ya herido, debió venir a refugiarse en este rincón con las ansias de la muerte. Esta jarra manchada de sangre la tenía entre las manos uno de los guardias asesinados…
En total, nosotros recogimos diez cadáveres. Los demás debieron llevárselos los revolucionarios a Peía.

LA DESESPERADA RESISTENCIA HECHA A LOS REBELDES EN VEGA DEL REY -DETALLES DRAMÁTICOS

Tras la Guardia civil, que fué batida en Campomanee, llegaron las fuerzas de la columna del general Bosch, que en los primeros momentos avanzaron hasta Vega del Rey. En unas casas que hay a la entrada de este pueblo, en las que tenía establecido un comercio D. Cándido Rodríguez, se instaló el propio general Bosch con su Estado Mayor. Los soldados establecieron la vigilancia debida alrededor de este recinto, en el que se dispusieron a pasar la noche los jefes del Ejército. Las familias que allí vivían no se retiraron. Los rebeldes, que sigilosamente habían ido ocupando las alturas, que en este lugar dominan estratégicamente la carretera, se lanzaron impetuosamente al ataque del alojamíento del general. Emplazaron varias ametralladoras y cañones y comenzó un verdadero sitio. Las tropas iniciaron varias descubiertas, pero fueron terriblemente castigadas por el fuego que les hacían los revolucionarios desde las lomas próximas, que tenían ocupadas. El capitán Pavés, que salió a hacer una descubierta, quedó muerto en una de aquellas lomas.
Se organizó la defensa de las casas donde se había refugiado Bosch con su Estado Mayor Las ventanas fueron aspilleradas con piedras de la carretera, y en las galerías se hicieron verdaderos parapetos con todos los materiales útiles para ello que había en la vivienda.
Soldados y civiles, todos los que pudieron empuñar un arma, estuvieron disparando contra los núcleos de rebeldes que les sitiaban. En la pieza más protegida de la casa, que tiene escasamente tres metros de larga por dos de ancha, se metieron las mujeres y los chicos, unas veinte personas en total. Durante muchos días, medía docena de criaturas estuvieron en un rincón de aquella pieza sin poder moverse. Para que descansasen, los metían a todos debajo de una cama.
Vinieron refuerzos desde Campomanes, y el general Bosch pudo evacuar las casas sitiadas, teniendo la fuerza que abrirse paso bajo un fuego terrible de los rebeldes. Acudió la artillería en socorro de los sitiados. pero el tiroteo de los mineros impidió el emplazamiento de las piezas en lugares estratégicos. Un teniente de Artillería fué herido de un balazo, y varias de las caballerias que arrastraban las piezas fueron muertas, teniendo que quedar los cañones junto a la casa sitiada, en lugar protegido.

Empezó entonces el cañoneo de los rebeldes. Afortunadamente, las balas no tenían espoleta y no hacían más que perforar los muros. De lo contrarío, todos los infelices seres refugiados en aquellas casas hubieran perecido. Un cañonazo abrió un boquete en el muro, por el que pasaban constantemente las balas de los fusiles enemigos. Así se fueron sucediendo los dias. Los víveres empezaron a escasear. A los niños se les entretenía dándoles de comer las cosas más diversas e impropias. Vinieron más fuerzas de Campomanes a auxiliamos en la defensa, pero no era posible batir a los rebeldes que nos sitiaban, que cada día eran más numerosos. Las baterías de la columna de León, desde Campomanes pudieron, al fin, bombardear los reductos del enemigo. Frente a las casas sitiadas de Vega del Rey, en el sitio llamado Rasa de Arriba, una patrulla de ocho soldados consiguió hacerse fuerte. Allí estuvieron durante muchas horas tiroteándose con los rebeldes, y como éstos no pudieran vencer la resistencia de aquellos bravos muchachos, discurrieron una terrible estratagema, Acercándose sigilosamente uno de los rebeldes, colocó cerca de la casa donde estaban refugiados. los soldadós una banders roja, de manera que fuese bien visible desde las posiciones del ejército de Camponanes, con la intención de que la artillería bombardease a sus propios camaradas.
En uno de los intervalos de la lucha, los defensores de las casas sitiadas de Vega del Rey vieron avanzar por el prado próximo, al otro lado de la carretera, a un hombre vestido de paisano que llevaba una bandera blanca. Este hombre, que al principio creyeron era un casero de Roncón, resultó luego ser otro individuo. El parlamentario se puso al habla con alguno de los hombres civiles que habla en las casas sitiadas. Salió a parlamentar el propietario de Pola de Lena, Sr. García Tuñón, que se hallaba con los sitiados por haberle sorprendido allí los acontecimientos cuando regresaba de Valladolid.
El emisario intímó a los defensores de las casas para que se rindiesen.
-Dígalo usted así a los jefes de la fuerza.
-Los defensores de la casa – le contestó el Sr. García Tuñón- son militares y no pueden rendírse.
-Pues si no lo hacen ahora, les advierto que dentro de dos horas llegará hasta aquí mismo un tren blindado de 105 mineros, con fuerzas suficientes, que tomarán esto a sangre y fuego, y entonces no habrá compasión para nadie.
Verificábase el parlamento en la misma carretera, a la puerta de las casas sitiadas. Hablase suspeudído el fuego mientras deliberaban los parlamentarios; pero los soldados, que seguían atentos a la defensa, advirtieron que, mientras se verificaba el parlamento, iban avanzando cautelosamente unos 20 hombres, provistos de bombas de mano, que cuando se quiso advertir estaban a la puerta misma del edificio y rodeaban a los parlamentarios. Alguno de ellos, considerando ganada ya la partida, se metió en la casa con una bomba en la mano, pero los soldados estaban apercibidos e inmediatamente le sujetaron. Sus compañeros fueron hechos también prisioneros y metidos todos en el interior de la vivienda.
Se abrió el fuego inmediatamente, y los que intentaban el golpe de mano quedaron prisioneros.
Era imposible tener en la casa a los prisioneros, y, para poder moverse en aquel estrecho recinto, se decidió que los prisíoneros fuesen colocados en la parte de afuera de la casa, atados y resguardados en lo posible por el pretil de la carretera, que en aquel lugar forma un parapeto.
Así se hizo; pero como loe rebeldes seguían tirando contra los sitiados, los prisioneros, que se vieron en peligro, empezaron a dar gritos a sus camaradas, diciéndoles:
No tiréis, camaradas, que nos mataréis a nosotros.

UN CURIOSO DETALLE DE GENEROSIDAD

La furia de los asaltantes era tal, que ni por la consideración de que sacrificarían a sus compañeros se detuvieron. Hicieron una descarga cerrada, y cuatro de los prisioneros cayeron mortalmente heridos. Entonces, los soldados defensores de la casa retiraron, exponiendo sus vidas, a los restantes revolucionarios prisioneros de aquel lugar peligroso, pues hubiesen sido fatalmente asesinados por sus propios compañeros de no retirárselos. Después de diez días de horribles sufrimientos, y cuando ya estaban casi agotados los víveres, llegaron a las casas sitiadas de Vega del Rey las tropas de la columna que man¬daba el general Balmes. Esas fuerzas, de los regimientos de Lugo, León y Astorga, que consiguieron batir a los rebeldes y liberar a los sitiados.

EPISODIOS DE INTENSO DRAMATISMO.-UN HERMOSO Y TRÁGICO CASO DE AMOR CONYUGAL

Como en toda la zona, en Ciaño los revoltosos comenzaron el ataque a la fuerza pública, que, dado su escaso número, no pudo resistir.
Cuando se entregaron, la mayoría de los guardias estaban heridos.
Uno de los episodios más emo¬cionantes de la heroica resistencia hecha por la Guardia civil a los revolucionarios es éste.
En el cuartelillo había cuatro guardias y un cabo, llamado éste Dionisio López Fernández. Todos estaban con sus familias. Uno de los guardias tenía ocho hijos.
A las tres y media de la madrugada comenzó el ataque a la casa-cuartel. La furia de los atacantes crecía con la resistencia de los guardias. Enviaron los revoltosos como parlamentario a un cuñado del cabo. Este se negó a rendirse. Hubo sólo una tregua para que evacuaran el cuartelillo las mujeres y los niños. La mujer del cabo, Julia Frelijedo, se negó a salir, diciendo que estaba dispuesta a seguir la suerte de su esposo. A partir de este momento, la lucha fué feroz. Los guardias, que tenían su vivienda en la planta alta de la casa, se deslizaron por unas sábanas anudadas a la planta baja del edificio, donde había un café, y allí, atrincherados, estuvieron disparando contra los rebeldes. Estos tomaron una tienda próxima, y desde ella arrojaron cartuchos de dinamita sobre la casa-cuartel. Finalmente, la rociaron con gasolina y la prendieron fuego. Cuando ya no pudieron resistir más, porque la casa se desplomaba, intentaron una salida. «!Rendios!», les gritaron. «Estamos rendidos», Contestó el cabo. Pero apenas asomó fué abatido por una descarga cerrada de los revolucionarios. Tras él iba su esposa, Julia Freijedo, que al verle caer se ínclinó para recogerle. No tuvo tiempo de levantarse. Las balas de los rebeldes la hicieron caer, mortalmente herida, ante el cadáver de su marido.
Los demás guardias intentaron abrirse paso bajo un diluvio de balas. Unos de ellos llegó hasta la tienda contigua; pero al abrir la puerta le hicieron desde dentro una descarga. Retrocedió y disparó su máuser sobre los agresores. Estos contestaron, y el guardia cayó mortalmente herido. En la confusión de la salida intentada por los guardias resultó muerto el cuñado del cabo.
Los tres guardias restantes intentaron huir. Uno resultó herido de un balazo en el pecho y con un muslo atravesado. Otro guardia volvió el arma contra si y se suicidó. Sólo consiguió escapar otro guardia, el más viejo de ellos, que mientras los rebeldes remataban o prendían a sus compañeros, consiguió ocultarse en un pajar de las inmediaciones, donde estuvo escondido dos días. Este guardia superviviente se llama Jesús Ortega.
Inmediatamente, los mineros in¬cendiaron la casa-cuartel con los cadáveres del cabo Dionisio y su mujer entre los escombros.

* * *

En Ciaño fué muerto también el ingeniero D. Rafael Rodríguez Arango, director de la Empresa de carbones La Nueva. Contra este señor se habían fraguado ya varios atentados con anterioridad al movimiento.
Los rebeldes, triunfantes, fuerou a su casa el primer día de la rebelión, y a la puerta misma de su vivienda le dieron muerte. Dícese que apenas compareció ante el grupo de mineros, uno de ellos hizo avanzar dos «guardias rojos» armandos de fusiles para que disparasen contra el prisionero.
La familia del ingeniero se hallaba en el interior de la vivienda y advirtió la trágica escena. Fué recogida por un vecino llamado Graciano Castaño. Al día siguiente, la casa del infortunado ingeniero fué saqueada por las turbas.

PROTESTA Y SOBREVIVE.

2 comentarios en “La revolucion de Octubre de 1934 – El Octubre Rojo Español.

  1. Ahora los simpatizantes de los rebeldes que cometieron estas atrocidades,pretenden en nombre de la memoria histórica homenajearles,y poco menos que canonizarles,cuando fueron asesinos que sembraron de terror y sangre una parte de España que ellos mismos denominaron como la España roja,deberian esconderse bajo tierra como las ratas.¿esto es demócracia?

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  2. “No conocer lo que sucedió antes de que nacieras es ser un niño para siempre”, decía Cicerón. Y si a un pueblo se le escamotea el conocimiento de la verdad de su historia, la incertidumbre siempre será nuestro compañero de viaje. En la Transición, la izquierda llegó a un acuerdo tácito para aceptar la Monarquía con el propósito de prevalecer lo “progresista” en la sociedad española. Por eso sólo aceptan la educación progre. Estamos a ocho décadas de aquellos sucesos, pero los políticos actuales son tan infaustos como entonces, y ahora no hay cañones, sino televisiones: las armas más letales para acabar con cualquier cultura. Y todas las tiene la izquierda (con la complacencia de la derecha) juzgando la historia, lo que nos lleva a lo que decía Churchill: “Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro”.

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