Asi nacio el “invento”: Bofarull y Brocá, Ateneo Catalán – 15 diciembre 1869 / “La Confederación Catalano-Aragonesa”

El archivero que manipuló el mito catalanista se llamaba Próspero Bofarull, hemerito ejemplo de la estafa Nacionalista CAT, donde todo es falsedad, expolio de lo ajeno y manipulación histórica.

Su magistral estafa comenzo en 1847, el día en que eliminó de un libro medieval apellidos aragoneses, navarros y castellanos en la conquista del reino de Valencia. Don Próspero tachó nombres aragoneses para que los catalanes no fueran minoría.
El libro de hechos de armas de Cataluña es otro engaño. Se dató en 1420 pero es de dos siglos después.El primer testamento del rey Jaime I, que sólo consideraba a Cataluña condado feudal, desapareció.
Tras descubrir la manipulación de Bofarull, el historiador Ubieto y sus hijos fueron amenazados.
Otro mito es el de la senyera: en realidad era el emblema medieval de la casa de la corona de Aragón.
El resumen de su obra destructora y menipulaora se resume en el titulo de esta obra: la invención de una Itaca hacia la que desde entonces el destino final del regionalismo catalanista se dirige, recuperar lo que jamas fue de ellos, Aragon, hoy llamados, “Los paises catalanes”
He aqui el inicio de esa novela:
Antonio de Bofarull
 
LA CONFEDERACION CATALANO-ARAGONESA,REALIZADA EN EL PERIODO MAS NOTABLE DEL GOBIERNO SOBERANO DEL CONDE DE BARCELONA, I RAMÓN BEREN&UER IV: ESTUDIO HISTÓRICO, CRÍTICO Y DOCUMENTADO POR D. ANTONIO DE BOFARÜLL Y BROCA, PREMIADO POR UNANIMIDAD « EN EL GERTAMSN ABIERTO EN 15 DE DICIEMBRE DE 1869POR EL ATENEO CATALÁN. BARCELONA. ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO EDITORIAL DE LUIS TASSO. CALLE DEL ARC0 DEL TEATRO, NÚM. 21 Y i3. 1872. JURADO PARA LA CALIFICACIÓN Y CENSURA DE LOS TRABAJOS PRESENTADOS EN EL CONCURSO ABIERTO POR EL ATENEO CATALÁN EN 15 DE DICIEMBRE DE 1869. En la ciudad de Barcelona, á los cuatro días del mes de noviembre de mil ochocientos setenta y uno. Hallándose reunidos los que suscriben en uno de los salones del Ateneo Catalán, y funcionando como Presidente y como Secretario respectivamente, por designación de sus compañeros, los que ocupan el primero y el último lugar entre las firmas al fin de la presente estampadas, se abrió la sesión á las ocho y mediade la noche con el objeto de deliberar y resolver sobre el mérito de las dos Memorias que la Junta Directiva de la sociedad habia sometido á este Jurado para que las calificase, á tenor de lo prevenido en el adjunto programa del certamen. Leidas ya por todos los individuos del Jurado consecutivamente las espresadas obras, emitieron en la presente sesion sus votos acerca del contenido de las mismas, de su conformidad con el tema propuesto y del desempeño de cada asunto, así en lo perteneciente al fondo como respecto de la forma de ambas producciones. Expuesto el concepto unánime que merecían al Jurado, acordó éste, también por unanimidad, refundir en un solo escrito las opiniones manifestadas, lo cual se verificó por medio del siguiente dictamen: «Deseosos los que suscriben de corresponder cumplidamente á la honrosa muestra de confianza que les ha dispensado la Junta Directiva del Ateneo Catalán,’ con designarles para constituir el Jurado calificador de las Memorias que se presentaron en opción al premio ofrecido por acuerdo de 7 de Diciembre de 1869para el certamen del presente año, han entendido que el mas seguro-criterio á que pudieran ajustar su imparcial fallo, estribaba en la cabal noción del tema señalado para el concurso y consistente en un Estudio documentado y critico de un periodo de la historia de Cataluña, Vasto palenque ofrecía tan comprensivo asunto para los laboriosos ingenios que se sintieron con ánimo de contender por el galardon de honor mas que de lucró,-que suele brindar esta asociación, tan celosa guardadora de sus estimables tradiciones y de los plausibles fines á que debió su vida; y cuanto tenia de anchurosa y capaz la liza abierta, merced á la prolongada sucesión de centurias en que este noble Principado tuvo historia propia é influyó de una manera decisiva en la de las naciones contemporáneas, otro tanto tenia de bien deslindada la palestra, dado que ni podia vencer en ella una composición meramente narrativa, ni se habia de coronar una serie de importantes reflecciones sobre sucesos superficialmente indicado^ ni debia quedar triunfante un trabajo que, embrazando el broquel de la historia y blandiendo á la par las armas corteses,de la critica, no campease cubierto con el arnés de documentos tan abundantes y poco vulgarizados como conducentes al objeto de la obra. Estas mismas condiciones debian ser el mejor incentivo para c|ue acudiesen á la competencia los que en no escaso número’ han cultivado hasta ahora en nuestro pais los estudios históricos, dando la preferencia que es justa á los sucesos y personajes que mas influencia ejercieron en los destinos de la patria catalana; pero la verdad es, por penosa que resulte para el Ateneo y para el Jurado la pública declaración de este hecho, que solo dos Memorias se han presentado en el certamen. Esta circunstancia ha facilitado sin duda la tarea de los que suscriben, reduciendo los términos de comparación entre las composiciones que debian ser calificadas y el tema que les servia como de tipo común para aplicarlo á distintos objetos y revestirlo con diversas formas; y, sin embargo, si el mérito de los mismos trabajos no estableciese en cierto modo una compensación del corto número de aqivsUos y no revelase que aun hay corazones capaces de comunicar á los mas tibios su amor á la ciencia y á la patria, ¡cuántas y cuantristes reflexiones no pudieran ocurrirse, aun á los menos pesimistas, sobre el porvenir reservado en este pais á los que se desvelan por presentar á sus contemporáneos el ejemplo de los hechos éon que se inmortalizaron nuestros antepasados! De las dos Memorias que ha debido examinar el Jurado, fué depositada primeramente en la Secretaría del Ateneo una que tiene por lema el hexámetro de Virgilio ^Compulerantque greges Corydon ei Thyrsisin ttnwm» y por asunto la Confederacion catalano-aragonesa, realizada EN EL PERÍODO MAS NOTABLE DEL GOBIERNO SOBERANO DEL CONDE DE Barcelona Ramón Berengüer iv. Principia este importante trabajo con un detenido y juicioso examen del origen de las naciones en que se devidia la parte española de nuestra península asial derrocarse el poderío de Roma, como en los tiempos que inmediatamente sucedieron á la irrupción agarena; analiza especialmente el autor los elementos constitutivos de Cataluña y Aragón; señala las di- ferencias que entre estas dos naciones establecían su posición geográfica, su manera de formarse y el carácter de sus habitantes; fija luego la situación respectiva de ambos países antes de verificarse la confederación; y con esto entra de lleno en la materia principal de su estudio, en el cual abarca el período que medió desde que en 1131 hizo su primer testamento el Rey de Aragón D. Alfonso el Batallador, hasta que bajo el cetro de D. Alfonso el Magnánimo quedaron unidos á {a federación los reinos de Mallorca, Valencia y las dos Sicilias. Refiere con alguna extensión todos los sucesos del reinado de D. Ramiroel Monje, de la menor edad de su hija D.* Petronila y del resto de la vida del insigne Conde-Rey D. Ramón Berengüer IV; acompaña la reseña de los hechos con maduras y atinadas consideracianes sobre las épocas, las cosas y los personajes que con aquellos coincidían; patentiza en tono adecuado al asunto los resultados verdaderamente prodigiosos que de la confederación surgieron; hace notar, con el mas loable entusiasmo, pero sin asomo de ofensivo engreimieltto, la preponderancia que tomó el elemento catalán enla unión de las dos coronas, por efecto de circunstancias muy naturales cuyo influjo fué, y no podia menos de sar, tanto mas decisivo cuanto jnas espontáneo; examina la trascendencia de aquel interesantísimo acontecimiento en los reinados posteriores á su realización; entra en nutridas y muy oportunas reflexiones sobre la desaparición del espíritu nacional en los estados de la gran monarquía aragonesa; y completa las ciento treinta y cuatro páginas en folio de su trabajo con otras cuarenta y dos, destinadas á insertar catorce documentos justificativos, todos de la época de Don Alfonso el Batallador, de D. Ramiro su hermano y de la hija de este D.’ Petronila, cuyos comprobantes se hallan en el Real y general Archivo de la Corona de Aragón. Creen los infrascritos que con esta sucinta reseña del contenido de la Memoria bastará para que se comprenda que dicho trabajo se halla de todo punto dentro de las condiciones prescritas por el programa delcertamen. Si á esta circunstancia se agregan, como sucede en el caso presente, la feliz elección del asunto entre varias otras épocas de la historia catalana, la. exactitud y justificacian de las noticias, la profundidad y acierto en los juicios y- la perspicacia con que de los acontecimientos se desentrañan sus resultados mas remotos, cualidades de la composición •v — 10 — que acreditan al autor de concienzudo, laborioso y no mé- nos apto que versado en trabajos de tal índole, entiende el Jurado que se tendrá por fundada la opinión unánime que emite al fallar que la referida Memoria es digna de la recoApensa ofrecida para el certamen actual. El otro trabajo presentado lo ha sido con el plausible lema a La inacción atrae la pereza y el sueño; el trabajo dispierta las, aspiraciones» etc. etc. Gomo resultado de las reflexiones hasta aquí expuestas^ el Jurado tiene el honor de proponer, por unanimidad, á la Junta Directiva del Ateneo Catalán que, ajustándose á la condición cuarta del programa publicado en 15 de Di- ciembre de 1869, se sirva adoptar los dos acuerdos si- guientes: Primero. Que la memoria cuyo lema es el citado hexá- metro de Virgilio (BucoL, Ecl. VII, v. 2.)<iCompulerant- que greges Corydon et Thyrsis in unum» corresponde á to- das las condiciones 4el certamen y hace digno á su autor del premio ofrecido. Segundo. Que la composición presentada con el epígrafe: <iLa inacción atrae la pereza y el sueño; el trabajo dispierta las aspiraciones» no responde á la idea que se propuso es- ta corporación, aunque la obra es en su género excelente y el autor merece del Ateneo no solamente elogios en es- te solemne acto, sino todas las muestras de simpatía que la índole y régimen de la Asociación consientan, en caso de que se resuelva a publicar su trabajo y revelar su nom- bre. » Barceloüa etc. Leido y aprobado el dictamen que precede, se acordó – 11 — que formase parte de la presente acta y que, con oficio gratulatorio, se remitiese todo á la Junta Directiva del Ateneo, devolviéndole las dos Memorias censuradas y dán- dose por terminada la misión de este Jurado; y se levantó la sesión á las nueve de la noche, firmando todos los pre- sentes, en el lugar y fecha arriba expresados. El Presidente^ Antonio Buxeres. — Manuel Milá. — Pe- dro María Escudero. — Luis Cutchet. — Pablo Paraseis, Pbro. — Cayetano Vidal. — Luis de Mayora, secretario. 9^f^^f^l^Ft0^^^0’t0*^*^*^0f^*0^0>m^^l0*^l^*^*^^*’»^*^l0*^*0^0^^^ LA CONFEDERACIÓN CATALANO-ARAGONESA, REALIZADA * £N EL PERÍODO MAS NOTABLE DEL GOBIERNO SOBERANO DEL CONDE DE BARCELONA, RAMÓN BERENGUER IV. Gompttlerantque greges Corydon et Tbyr- sis Id unam. VlRGlLll. RESUMEN DE LAS MATEBUS QUE ABRAZA EL ASUNTO DE ESTA MEMORIA, Y ORDEN DE SU DISTRIBUCIÓN. 0*^0^^t^t^t^t^t^^0^m0*0^ I. Antecedentes históricos: origen de las naciones Hispa- nas, especialmente de Cataluña y de Aragón, y diversidad entre estas por razón de su carácter, en el modo de cons- tituirse y respecto á su posición geográfica. II. Situación respectiva de Aragón y de Cataluña antes de la Confederación. Necesidad y utilidad de esta. Intervención de Ramón Berenguer IV en los asuntos de Aragón. Empie- za el período durante el cual la Confederación se va rea- lizando. XaXx Enlace del Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV con Petronila, reina de Aragón, y derechos justificativos del dominio soberano ejercido por aquel en ambos esta- dos. Actos diversos llevados á cabo por el Conde. — 16 — I IV. La Confederación: acierto en el modo de realizarla, Y. Mayor influencia, inevitable, de Cataluña. Maravillosos resultados de la Confederación: reseña histórica de estos, primero durante el período preferente, ó sea en tiempo de Ramón Berenguer IV, y segundo, en la época de los reina- dos sucesivos. Consideraciones sobre la desaparición del espíritu nacio- nal en los estados de la Corona de Aragón. ‘^^«M^MhMrfktf^AMM^M^^’^^M^’^^^^^tfV^^M^^^kA^^^^^V^tAA^ ADVERTENCIA. Los números romanos puestos al margen y entre pa- r éntesis se refieren á los documentos de la Colección que sigue á ía .Memoria.’ I. Eliste uíia teoría sobre la constitución de las naciones que úo acepta en absoluto la generalidad de los historia- dores, y que acomoda la diplomabia á los intereses que representa, según, las circunstancias: tal es la que procla- ma ser indicación de la misma naturaleza el lugar desti- nado á la constitución y vida de cada pueblo, 6 en otros términos, que la configuración geográfica es una de las príiüeras causas de existencia de una nación. Verdadera es hasta cierto punto la teoría, pero ni aun los que han tenido mas empeño en sostenerla supieron d (Quisieron acordarse de que era indefinida, porque los mismos límites en su género, grandes cordilleras de mon- tea por ejemplo, que parten el extremo de un coiitínente,. internándose y subdividiéndose por aquel, pueden presen- tar tal estructura, que cada subdivisión parezca lugar pro- pio y destinado parg, la existencia de un pueblo respecti- – 20 — vamente mas pequeño; y es, en cambio, teoría mas cierta y admitida que no se ha de repartir el suelo únicamente entre grandes naciones, ni dejan de ser mas felices y hasta gloriosas las que tienen menos extensión de territorio. La parte mas Occidental de la Europa, encerrada entre los montes Pirineos y el Océano Atlántico y el Mediterráneo ó Ibero, colocada entre el África y la Galla, llamada por los Griegos Hisperia, nuestra España, ofrece, por sus límites extremos y por su estructura interior, la prueba evidente de nuestra observación, pues, con todo y las diversas do- minaciones que se han sucedido dentro de aquellos al tra- vés de muchos siglos, difícil ha sido constituir en el mismo espacio una sola nación, antes han propendido sus diver- sos habitantes á formar distintas naciones, limitándolas á las subdivisiones del territorio general. Así viene á decla- rarlo en una importante obra de nuestros tiempos uno de los mas distinguidos geógrafos nacionales: «En el orden político, dice, la España libre nunca llegó á constituirse en un cuerpo de nación, fiíese monarquía, fuese repú- blica, que pudiera hacerla sólidamente independiente, y mantenerse firme contra los empujes de las dos repúblicas mas poderosas del mundo que se le hablan aproximado lo bastante, y hablan fijado sobre ella sus miras ambiciosas. Al contrario, cada región y aun cada pequeña comunidad obraba por sí sola, aislada y sin combinación con las der más.» (1) Inútil seria advertir aquí que la opinión de este (1) Cortés.— Diccionario Geográfico histórico de la España antigua, tomo 2.*, pág. 17. — 21 — conocedor profundo de nuestra antigua historia se refiere no solo á los tiempos primitivos, á los en que continuadas irrupciones de Celtas se desbordaban sobre otros irrupto- res que les hablan precedido, á aquellos en que ambulan- tes factorías griegas se posesionaban de la costa Oriental, mientras avanzaban desde el extremo Occidental colonias de Fenicios, que no hablan de tardar en medir sus ar- mas con otros pueblos de su mismo origen, con los Carta- gineses, verdaderos ambiciosos del dominio general que se repartían convencionalmente las diversas razas pobladoras de Espafia; si que también á la época de la dominación Romana, que, obedeciendo á las tendencias del pais, lo dividía en Citerior y Ulterior, en diversas provincias ó preturas, unas imperiales y otras senatoriales, y, en sus luchas con aquellos indígenas que la rechazaban, pactaba con los Indíbiles, Mándenlos, Atañes y Viriatos, tratándose mutuamente como de potencia á potencia, ó, ya del todo romanizada la España, habla de contemplar como se des- trozaban Romanos contra Romanos en tiempo de Sertorio, de Pompeyo y de los hijos de este, Cneo y Sexto, costán- dole siempre al gobierno de Roma, aun en los periodos mas favorables de su dominio,’ subyugar á las tribus de Cántabros, Astures, Celtíberos, Ilergetas y Vaceos, que resistían la fuerza superior militar no solo porque repre- sentaba un poder extrangero, sino porque era gobierno general y nó el particular suyo que ellos se habían dado y que tenían por deber y por hábito acatar. Solo una mayor fuerza, pues, y el curso del tiempo eran capaces de reducir á un solo pueblo las dispersas – 82 — tribus, encontradas razas y distintas gentes que cubrían el suelo Hispano, y aun en este caso no las uniera jamás la voluntad, sino ia necesidad y el deber, por no ser los sa- túrales del país ó sus habitantes, de costumbres hispaao- romanas, los que principalmente habian de constituir la primera nación única y general de España que se cono- ciese. Esplicarémos este suceso, el mas remotamente ori- ginario de los demás que han de ser objeto de e^ trabajo, y antecedente indispeas9J[)le para su mayor com- prensión. Dos tan solo son los periodos &í que la España genmtl ha figurado como nación, obedeciendo á un solo poder y bajo la forma monárquica, en el • primer tercio áA siglo Y, cuando, tras algunas invasiones parciales de Alanos, Suevos y Vándalos, lograron los Visigodos, con los nume- rosos ejércitos de Ataúlfo y de sus sucesores, subyugar por completo la Península Ibérica, y aun extenderse por la Galia; y en el último tercio del siglo XV, . cuando, por el enlace de Isabel de Castilla con Fernando II de Aragón, cuyos respectivos cetros gobernaban por mitad todas las soberanías independientes que habian existido en Espada en la Edad Molia, vino á« reaparecer en la sien del inme- diato sucesor la corona general y única de la Monarquía Española, que habia pendido el último rey godo, Rodrigo, en Guadalete, y volvió á sonar, de consiguiente, el nom- bre de España con el de Monarquía Española, conf(»iA^ existe aun, después de no haberse nombrado ni haber motivo para memorarlo en el pspacio de siete siglos. Son estos dos períodos el principio y el fin de nuesbo tral)ajo; reservando, pues, tratar del segundo en el lugar que le corresponde, podemos decir aquí respecto del pri- saero, que la causa remota de la existencia de las diversas nacionalidades conocidas en España en los siglos medios fué, sin duda alguna, la ini«ma rota de Guadalete, la de- saparición de la primera monarquía general, viniendo á ser de este modo aquella desgracia común la razón de existencia de las nacionalidades parciales sucesivas, glo- riosas á cual mas en el afán de reconquista, pero bajo la mira habitual que habia distinguido, en tiempos anterio- res á los Godos, á los natursdes de España. Aquellos bár- baros, al apoderarse por completo de la Península Ibérica, conociendo que eran bastante fuertes y numerosos para no ser expulsados, se convencieron de que era esta la tierra destinada á su bienestar, y de que seria pensamiento loco volverse á su país originario, donde tendrían que llevar vida pastoril, ó á los campos de Italia y de la Galía para luchar en defensa de causas que no les eran propias ó de ambiciosos que en otro tiempo fueron sus enemigos: en las últimas regiones que acabamos de nombrar empezaron los Godos á querer parecer Romanos, de manera que, al llegará nuestro suelo, llevarían ya algunos corazas y cas- eos como los de las legiones de la Gran Ciudad, y calzarían el coturno, y se cubrirían las espaldas con el rojo manto, y hasta quizá empuñarían af mas de igual forma que las empleadas por los que les precedieron en el gobierno ó do- minio de la nueva tiwra que adquirían. Y si tras este pri- mer ensayo, de que pudo ser móyil solamente la vanidad, la afición, como todo pueblo ^ sencillo é inculto^ á pagarse – 24 – del adorno exterior ¿qué proporciones no habia de tomar el afán de romanizarse, á medida que iban los Godos so- juzgando la Península, viendo que en esta era todo Roma- no, gobierno, administración, legislación, costumbres y hasta el habla de sus numerosos y diversos habitantes? Los primeros caudillos, que ya sabian titularse reyes, y tenian el ejemplo de haberse enlazado Ataúlfo con una princesa imperial, encontraron mas cómodo acabarse de romanizar también ellos, y adoptando, en consecuencia, la costumbre del país, vistieron, hablaron y vivieron en general como los Hispano-Romanos, sin mas diferencia que la de preferir para todos los cargos públicos á los hombres de su sangre y de su raza, á los Germanos, con lo que el verdadero pueblo Hispano vino á quedar como en una semiservidumbre de los vencedores, y pues la ba- se de este sistema era un poder superior que habia de estar concentrado en una sola mano, como tenian los Ro- manos el suyo en la de los emperadores, de aquí que los caudillos supremos de los Godos -ciñesen como aquellos corona y empuñasen cetro, que estableciesen corte de magnates, se hiciesen servir por numerosos empleados palatinos, cuyos cargos eran parecidos á los de los Comités del Imperio, que se rodeasen de todo cuanto podia con- tribuir al realce de la majestad soberana, ya por la solem- nidad de los actos, ya por la riqueza que en ellos se os- tentaba, en suma, que quedase arraigada en Espafia la institución monárquica, no solo por lo que toca á su o)>- jeto moral y politice, sino á su aparato y esplendor. Pero al realizar esta obra los dominadores de España, olvida- — 28 — ronse de sentar una de las bases mas principales que de- biera sostenerla: en vano los reyes Godos se hicieron de electivos hereditarios, para vincular, bajo una clave fija, el predominio que ejercían sobre los Hispanos; en vano se hicieron Católicos de Arríanos que hablan sido, para obe- decer, sin duda, en esta parte, á la tendencia general de los gobernados: lo que sostiene á toda monarquía, á todo poder, el amor de los subditos al monarca, á las institu- ciones y á sus representantes, no pudieron labrarlo jamás los exclusivistas dominadores, y asi, al llegar el primer apuro en que el .monarca hubo de ostentarse con toda la firmeza necesaria para rechazar los embates de fuerzas su- periores imprevistas que se lanzaban sobre la Península para hacer allí con los Godos lo que estos hicieron con los Romanos, faltóles á aquellos el maravilloso recurso con el cual hasta pueblos pequeños saben triunfar de otros numerosos qué les invaden, faltóles el robusto lazo de ‘afecto y mutuo respeto que debe unir á los reyes con sus pueblos, dejó de asomar en el conflicto el espíritu pú- blico, y como que la patria era solo representada por la raza dominante, destruidas las fuerzas de esta, los nuevos invasores se extendieron fácil y prontamente hacia todos los extremos, acosando á los naturales del país, únicas víctimas lamentables, que al correr afanosos en dirección á las escarpadas cordilleras para guarecerse y quizá pre- parar noble defensa, sufrían á la vez el estrago ocasionado por el irruptor y la imprevisión de la r^za extrangera que les habla subyugado por espacio de dos siglos. Cuando los Árabes, acariciados por la victoria, desde – 26 — -su cuna Oriental, al través del África, lograron anonadar en Guadalete el recuerdo Godo, la gr^^n multitud Hispana, á manera de caudaloso torrente cuyas aguas se ven empu- jadas por otras mas abundantes y violentas, se fué aglo- merando y precipitando hasta romperse y dividirse, si- guiendo por dos distintos, nuevos y separados cauces, cuyo respectivo extremo eran Galicia y Asturias y Cataluña, esto es, los países que constituyen los dos opuestos limites de la frontera del Norte, en la que se comprende la gran cordillera Pirenaica, mientras que los habitantes en algu- nos puntos de aquella, transformando, sus montañas en baluartes, se encastillaban en las mismas, dispuestos á hacer lo que ya tenían de costumbre en todas las invasio- nes, de Septentrión ó Mediodía, desde los fiempos mas primitivos. De la actitud que tomaron los fugitivos Hispa- nos, rempujados por las innumerables fuerzas Árabes y Bereberes, tras la derrota de Guadalete, surgió la primera idea de reconstitución patria, mas patria que nacional, pues, revistiendo la misma desgracia á los naturales de la gran cualidad que no les permitieron fomentar los Godos, sintiendo los Hispanos la llama del patriotismo enardecer el pecho, trataron, en sus diversos grupos, no de vengar á la desaparecida monarquía Goda, sino de recobrar lu- chando su perdida patria, y como la patria para ellos era el antiguo suelo que habitaron, agregando á él los que arrebatasen al usurpador, de.aquí que hubo tantas patrias como eran los grupos de hombres que, desde un determi- nado punto estratégico, se propusiesen transformarse en soldados y salir á disputar diariamente con los Árabes — 27 — primero el vaUe que circundaba el monte dondo se guare- eian, luego la moatafia del opuesío límite, luego el d^fi- iadero 6 garganta que por ella conduda á otra yaga 6 cuenca roas lejana, y así, de comarca en comarca, avanzar á una ciudad mas ó menos populosa, para estal)leeer ya en ella un centro de defensa, que por lo mismo seria mansión del principal poder, del caudiHo, capaz de trans- formarse en soberano, tan pronto como sus buest^ llega- sen á tener verdadero aspecto militar, y que corriesen á solicitar su amparo las numerosas familias dispersas que vivian escondidas en el fondo de una cueva, ó confiadas en el corazón de los espesos bosques. El espíritu patrio.es el que alentaba para tan heroicos esfuerzos, cristianos eran los que los hacian, intentando destruir á los enemigos de la Fé, y si es cierto que algún origen divino tienen los l’eyes, hemos de creer que Dios envió su gracia á aquellos caudillos vengadores de la patria, y que obra da 0ios fué la de transformarse una multitud de dispersos y necesita- dos en diversas naciones y monarquías que fueron el ins- trumento de la ira divina para expulsar .de España á los hijos de Mahoma. Así fué como asomaron, se desarrollaron y crecieron las diver^i^ naciones que desde entonces figu- raron en España, tomando cada una el nombre de la loca- lidad que ocupaba ó de la primera región que arrebat^a á los Agarenos; así fué pronto conocida la monarquía de Asturias y Galicia, que habla de llamarse luego de León y mas tarde de Castilla, la de Navarra, Sobrarbe y Ara- gen, y el hermanamiento de los pueblos éu^karos que, sin perder el dominip d© sus montañas, siempre libre y siem- — 28 — pre fuerte, habia de ser en los siglos venideros una sobera- nía independiente, un Señorío, que, á vueltas de tratos y matrimonios, hubo de agregarse posteriormente á Castilla; así, por fin, hubieron de sonar los nombres de Pelayo, Iñigo, Áznar y demás príncipes que encabezaron las di- versas dinastías Españolas, representantes de distintos pueblos, independientes entre sí, p^o siempre unidos pa- ra la grande obra de restauración patria, «sto es, para reconquistar parcialmente del enemigo común lo que este antes en común les habia arrebatado. La única nación, de entre todas las Hispanas, que se diferenció de las demás, por la forma especial de su re- conquista y de su nueva constitución, y también por el especial origen de su monarquía, fué Cataluña, y como sea en este caso preferente objeto de nuestro trabajo, im- porta describirla particularmente, conforme vamos á cumplir. Al dividirse la gran multitud Hispana en dos separadas corrientes, la que desde la tierra de Tadmir, así llamada por los Árabes, sobre la raya Occidental de Murcia, se dirigió por Cataluña (y en esto están conformes los princi- pales historiadores modernos,) no pudiendo resistir el gran empuje que la venia acorralando hacia el Pirineo, atravesó las gargantas ó puertos que conducían á la Galia, y allí se quedó expatriada, como á ver venir, arriesgán- dose solo una vez que otra á enviar partidas ó avanzadas á los mismos pasos para contrarestar la entrada á los sar- racenos, dueños por completo de la Marca Hispánica, ó á encaramarse por los riscos inmediatos, con la idea de for- – 29 — Uficarlos para resistir mejor desde allí, algún dia, cuando la ocasión se presentase mas favorable. Cerca de un siglo estuvieron en la emigración nuestros antepasados, junto con los demás fugitivos de otras provincias de España, entreteniéndose en aquellas tentativas de avance hacia el país que perdieron y por el que suspiraban, regando el extrañó suelo con amargo llanto, sin conseguir tan siquie- ra, por laudable que fuese su empeño, ni la esperanza mas ó menos lejana de la reconquista! Con el curso de los años iba desapareciendo la generación principal que con- servaba con todo su ardor y brillo la memoria de la cara patria, y la nueva generación que la substituía, los niños que se hablan llevado en el regazo las madres al huir del alfanje berberisco que azotaba sus espaldas, contemplaban cada dia mas reducido el círculo de aquellos venerables ancianos, que, entorno del hogar, les esplicaban lo que fué el bello sitio de su cuna, las delicias de que allí ha- blan disfrutado en su juventud, los dolores que experi- mentaron al abandonarlo, y finalmente les designaban los caminos que hablan de seguir para recobrarlo, si Dios algún dia les otorgaba tan inmensa dichai Quien solo co-^ nozca la historia escrita de España en general ó de alguno de sus antiguos reinos y estados, al enterarse de’ la situa- ción de Cataluña en los primeros tiempos de la reconquis- ta, acaso preguntará admirado ¿cómo es posible tantos años de paciencia y de inacción, sin vengar aquella misma patria que los ojos llegaban á contemplar desde lo alto de los montes?. . . ¿cómo no tomaban ejemplo de los demás Hispanos que peleaban ya en la Península los antiguos ^ 30 — habUantes de la Marca, antes que vivir pobres, tristes y sin esperanza únire gentes para ellos ettraSas y que prac- ticaban costumb^s tío del Vodo idénticas á las suyas? Si la pregunta lleva eu sí alguna actisacion, pronto se mudará es^a en lamento^ al con^render la causa de aquella tardan- za tan amarga para los que, perdiéndolo suyo,, no veían fácil el medio de recobvarlo: comparada la situación geo- gráfica de Cataluña con la- de Asturias por ejemplo, era esta mucho mas- ventajosa para poder organizar una resiá- tonda, pues ni por el mar Cantábrico habian de ofender tan fócilmente á los soldados de Pélayo, en aqueUos tiem- pos, las embarcaciones musulmanas, ni venia tan de paso á las huestes Árabes hacer irrupciones por aquel rincón^ sin combinarlas antes con habilidad estratégica, cuando Cataluña, destrozada enteramente, teniendo sus principa- les^ ciudades en poder de los iiiííelei& y con Tarragona á^íh truida> contaba como límite marítimo el Mediterráneo, mas frecuentado por los buques árabes que el mar Canta- . brico, y sobre todo por sus piratas, siendo por otra parte desembocadero general de todas las algaradas que venían continuamente de Andalucía y de Valencia, y á la vez paso y camino de estas para> ir aun mas allá de Cataluña^ para internarse por la Galia con [el propósito^ de dominar allí lo que dominaron los Godos y mas si pudieran^ como que, para resistirlas, mas de una vez hubieron de^ ayudar los nuestros á los habitautes de la Narbonesa y demás países vecinos, rodeados de frecuente malestar, por tener que rechazar de una parte á los Árabes irruptores y de otra á los Francos Carlovingios, cuya ambición era. — 31 — eft opuesto curso, hacer lo propio que los sarracenos en aquel país intermedio, esto es, extender su dominio hasta les Pirineos, y luego si la ocasión se presentase, por el interior de Espafía. Esta mira ambiciosa que inició Garlo Magno, y que no dejaron de acariciar en todos siglos los que le sucedieron e^ las diversas estirpes de la monarquía Francesa, fué el único rayo de esperanza que concibieron los Godo-Romanos, ó mas bien Hispanos, emigrados en la Calía, para la reconquista de su patria, ya que no les quedaba otro medio: aceptando estos la protección de los reyes Francos, que les facilitarian ejércitos’ para la recon- quista, empuñaron por prinaera vez las armas do que se habían servido sus padres, úirica herencia que les dejaron al morir en la emigración, y contando el político monarca que habla de ser un gran elemento de triunfo para los ejércitos Francos el ardor con que pelearían las huestes de naturales para el recobro de sus hogares, unió estas con aquollos, y desde entonces empezaron á cruzar por nues- tros territorios legiones aguerridas, que, si bien peleaban bajo la enseña Franca, pero en realidad eran en gran par- fe compuestas de naturales de esta tierra y de otros que como naturales se hubieron de considerar en adelante. Difíciles y costosos fueron los primeros ensayos, y aunque lograren los reconquistadores plantar su triunfante bande- ra en los muros de la antigua Gerona, hubieron do retroceder, inundados por las algaradas Mahometanas que, aferavesando el Ebro,,se esparcían por todos los ámbitos de la Marca; pero, no cejando en su propósito, doblando siempre el ahínco, y atraídos á la lucha por una esperahza ~ 32 — mas segura, renovaron con indecible constancia su empre- sa los guerreros Hispano-Fran/eos, y acaudillados al cabo por el mismo hijo de Cario Magno é inmediato sucesor, Ludovico Pío, que en vida del padre habia logrado ya lla- marse rey de Aquitania y contarla, con tal esfuerzo, serlo ‘ asimismo de la Marca Española, dominaron por completo el espacio que media entre el Pirineo y Barcelona, asegu- rando esta de manera, que ya no les hablan de arrojar de allí los hijos del Islam, por mas ejércitos que sus correli- gionarios del Mediodía enviasen en ayuda de los demás Árabes que señoreaban el territorio desde el Llobregat á Tortosa. Con este hecho aparecía una .nación mas en el suelo Hispano, y aunque de pronto tenga solo visos de mera agregación á los dominios Francos, la manera de constituirse el país revela claramente que fué el suceso empresa nacional, y que, por consiguiente, los reconquis^ tadores serian en su mayor parte’ naturales ú originarios del país nuevamente conquistado, germen incorruptible de su futura independencia, por mas que la gratitud les debiese mantener desde luego adictos á la jurisdicción su- prema de su coronado protector: Ludivico, rey Franco y caudillo de la empresa, con todo y no despojarse del po- der que ejercía respecto de los nuevos habitantes de Catalu> fia, con todo y ser el hijo del ^ran legislador Franco, tras la adquisición de Barcelona, consintió en dejar á aquellos sa ley y su costumbre, permitióles que la pública adminis- tración se montase según lo prescrito en el Fuero Juzgo, en el anterior código Visigodo , y la aplicación de este en lodos los casos de derecho, lo que de seguro no consintie- — 33 — ra á ser el puel^lo armado que verificó la reconquista ex- ‘ elusivamente Franco. Asi vino á constituirse en España ‘ una nueva nación Goda por completo, pero mas Hispália que Goda por su espiritu, no obstante la pasajera depen- dencia de Francia, pues aunque en ley y costumbre era igual. á la nación desaparecida en Guadálete, tenia la ventaja sobre esta de gobernarse por si misma, sin distin- ción de razas, sin temor ni desconfianza de una raza infe- rior ó excluida, como que eran todos los habitantes de la Cataluña Yieja dignos de una misma honra, y cuantas preeminencias resultaban del Código Visigodo en lo anti- guo para la raza dominadora, podian disfrutarlas entonces los Hispanos de nuestra “nación, siendo ellos y solo ellos, sin ayuda de otra fuerza extrangera, los encargados de de- fender el país, rompiendo, con este objeto, las fronteras enemigas, para dilatar cada dia mas y mas el dominio que les competía, y avanzando é internándose con heroico em- peño en dirección al Ebro, último limite déla Marca, para lograr, como lograron, con d tiempo, expulsar por completo á los dominadores extraños de la región que ha- bla pertenecido á sus padres antes de la irrupción sar- j*acena. Esplicaremos luego, con mayor oportunidad, la conti- nuación de la marcha que sigue la nueva nacionalidad Hispana, establecida en el territorio de la Marca, hasta con- seguir todo el perfeccionamiento necesario para poder obrar como nación independiente, y entretanto, basta con- signar que por su carácter, por su procedencia natural, por la costumbre bajo la cual vivia, por sus esfuerzos mi- 8 – 34 — ■ litares contra los usurpadores comunes del territorio, y * aun podemos añ^idir po^ su tendencia, mas ó menos ocul- ta, á emanciparse del protectorado Franco, los pobladores y defensores de la región que luego habia de ser conocida por patria Catalana, representaban, sin ofrecer esto la me- nor duda, una nueya nacionalidad Hispana, igual, por consiguiente, en derechos y consideraciones á las que ha- blan aparecido en otros territorios del Norte de España. Nación era Cataluña, como eran nación Asturias, León y Castilla, como Sobrarbe, Aragón y Navarra; no obstante, si igual era Cataluña por sus derechos, por su aspiración y por sus esfuerzos militares, á las demás naciones Hispa- nas, por la manera de constituft’se y por las influencias^ desconocidas .de aquellas, ostentó ya desde el principio diversa índole que las otras, y tan especial fisonomía, que habia de hacer parecería como hija que tiene todas las cualidades y rasgos de la familia de que procede, y á que vuelve después de larga ausencia, pero que ha recibido una educación, peor ó mejor, siempre distinta de la que recibieron sus hermanas. En breves palabras, que bastarán para hacer revivir numerosos recuerdos en la memoria del lector inteligente,, podemos acreditar, y así nos conviene para la validez de fu- turas soluciones, la marcada divergencia que existia entre la nación Catalana y las demás naciones Hispanas: estas, como formadas á consecuencia de triunfos alcanzados por una multitud bélica que el fiero invasor habia empujada hacia un extremo de la Península, del que la habiá hecho salir únicamente el instinto de propia conservación, la ne- – — 35 — cesidad de arriesgar la vida para mantenerse, tuvieron en un principio una organización puramente militar, asi que, olvidando toda costumbre anterior civil, la manera de constituirso, á medida que iban avanzando en la recon- quista, era generalmente voluntariosa por parte del gefe ó rey á qjjien la multitud acataba como á único poder su- preiño, al paso que Cataluña, aunque apareciendo con to- do el ademan bélico que se requería para la reconquista, empezaba su nueva vida luego de conseguido el principal triunfo, de asegurar á Barcelona, sobre una base civil ya conocida, era un nuevo pueblo Godo establecido en un gran centro, desde el cual, sin olvidar la vida guerrera, difundía entre todos los habitantes la antigua regla bajo la cual habia vivido civilmente otra sociedad Hispana, la destruida por los Árabes, á la que el nuevo pueblo de la Marca se gloriaba de pertenecer. Además, todas los nacip- nes Hispanas que se formaron á lo largo de la cordillera Pirenaica, y que no hábian tenido necesidad de emigrar del suelo patrio, esto es, todas las que no hubieron de su- frir influencias extrangeras, conservaron naturalmente co- mo lenguaje el romano vulgar ó los dialectos de este mas comunes en la Península, sin duda el mismo que se ha- blaría en general aun en tiempo de los Godos, y por el contacto íntimo y por las continuas relaciones en que, por precisión, hubieron de estar unas naciones con otras, ven- dría á resultar la base mas característica ó primer germen del idioma que mas tarde hubo de llamarse Castellano (cu- yo hermano gemelo fué el Portugués), hablado en todas las regiones nuevas, salvo en aquellas de que no se pudo — 36 — desarraigar en oingun siglo el éuskaro primitivo, al paso que los habitantes de Cataluña, por su largo tiempo de emigración, por el aislamiento á que se vieron obligados al principio de la reconquista, pues la misma situación geo- gráfica del pais, rodeado de mar ó de Árabes, no les permi- tía guardar relaciones frecuentes con las demás naciones Hispanas, y por su continuo roce con la gente ultrapire- naica, hubieron de acostumbrarse á la lengua que esta hablaba, el romano vulgar del pais de Languedoch, igual en el fondo y en gran parte de su sintaxis al de España, y quizá de otros puntos, pero transfigurado por influencia de la lengua Franca propia de los que habitaban á la otra parte del Loira hacia el Norte, la que le proporcionó desi- nencias, inflexiones, sinónimos, giros y modismos en la fra- se, y quizá sincopas y otras maneras de abreviar la pala- bra, resultando asi la locución mas monosilábica, acaso mas enérgica y por ello sumamente expresiva, con todo lo que se diferenciaba de la lengua ó lenguas con que se en- tendían en los primeros tiempos de la reconquista lo» ha- bitantes de las otras naciones de España ya mencionadas. La divergencia, pues, que existia entre las naciones His- panas y la nación Catalana era — 1 .” por su organización civil respectiva, y— 2/ por razón del idioma: por ambas circunstancias tuvieron aquellas mas contacto y semejanza con la nación llamada luego Castellana procedente de la originaria de Asturias, mas Cataluña era esencial y exclu- sivamente Catalana, si vale aplicar ya en tan remotos tiem- pos, para mayor claridad é inteligencia, este calificativo con que se expresa la autonomía de la marca Hispánica^ – 37 – que se llamó después Cataluña, dando por lo mismo el nombre de Catalanes á sus hijos, de Catalana á su costum- bre y legislación, y de Catalán, en fin, al idioma que har biaban y con el que habian de distinguirse algún dia. He- lándolo en sus conquistas á las mas apartadas regiones. Por lo reducido del territorio que ocupaban respectiva- mente las naciones Hispanas de que hemos hablado, pare- ce inevitable que habia de pesar sobre ellas ó sobre sii es- píritu de independencia una ley fatal, que Jas menores ha- bian de ser absorbidas por las mayores, labrándose asi mas vastas nacionalidades, para llegar, al través de mu- chos siglos, á rrfundirse todas en una sola y general mo- narquía Española: la ley ciertamente se iba cumpliendo en parte, pero el espíritu de independencia desligaba hoy lo que permitió ligar ayer, y aunque aquella habia de ser eficaz mas tarde, antes no llegara la ocasión, ó habian de producirse guerras entre las mismas naciones Hispanas, como se produjeron en siglos futuros, ó habian de apelar las naciones que se uniesen á un medio difícil, por el cual de la unión no resultase subyugación ó sea la muerte del espíritu nacional resptctivo, lo que habia de juzgarse tan- to mas imposible, cuanto menos se pareciesen las dos ó mas naciones que tratasen de unirse ó transformase en otra nación mas vasta. Si esta dificulta^ era palmaria entre las naciones Hispa- nas, de mayor semejanza entre sí, por lo que toca á su origen, constitución y lengua, como de ellos nos da firme testimonio la Historia, mayor parece que habia de ocur- rir, cuando la unión ó refundición tratase de verificarse — 38 -^ entre dos naciones tan desiguales como la Catalajiay cual- quier otra de las referidas, por mas que cada una, por ra- zón de su escaso territorio y de sus limitadas fuerzas, se viese paralizada en la obra de reconquista, sin esperanza de dilatar mas sus fronteras, y sin seguridad de poder con- trarestar á grandes ejércitos irruptore^s, dado caso que su- piesen combinar los Árabes del Mediodía una irrupción general poderosa y sobre todo continua. Sin embargo, es- ta unión indispensable para lograr mayor engrandecimien- to y estabilidad perpetua en el país conquistado se realiza precisamente entre Cataluña y otra nación vecina, con todo y la desigualdad que entre ambas existe; el medio difícil, pero de grandes resultados, para verificar la unión sin subyugación respectiva se lleva á cabo después de tres si- glos de haberse empezado la reconquista, durante los cua- les había tenido ocasión Cataluña de alcanzar su indepen- dencia política y de arraigar la institución monárquica, representada por la gloriosa dinastía de sus condes sobe- ranos; mas, para apreciar mejor las ventajas de tan admi- rable unión, fuerza es esplicar la situación respectiva de los dos Estados que se unieron, y dar á conocer á nuestros lectores cómo logró su desarrollo Cataluña en aquel perío- do de su reconstitución, y por cuántas vicisitudes pasó el otro Estado con que se uniera desde sus primeros esfuer- zos de reconquista hasta la época deOque vamos á ocu- parnos. II. Heroico y admirable es lo que acontece en Cataluña * desde que Barcelona hizo ondear en sus almenas el estan- darte de la Cruz, que era, sin duda alguna, en aquellos tiempos anteriores á la Heráldica, la enseña de todos los pueblos cristianos; heroico y admirable, porque, sin em- bargo de la situación geográfica de Cataluña, que la tenia mas aislada; privándola del contacto con las otras nació- nes, y mas expuesta, por razón de su larga costa, á sufrir invasiones marítimas de los Sarracenos, sus vecinos y ene- migos, á pesar, decimos, de no haber podido, durante tanto tiempo, romper absolutamente la variable barrera con que impedían los Árabes, entre el Llobregat y Tarra- gona, que se extendiesen los nuestros por el Campo y de- más extremos lindmtes con el Ebro, ni aquella privación, que prueba la necesidad que tenia de mayores fuerzas, ni la irresolución é incapacidad paira lo segundo, que acredi- ta cuanto le eran aquellas necesarias, pudieron hacer que se perdiese un solo palmo del terreno conquistad!?, ni lo- – 40 ~ graron en tanto tiempo las algaradas árabes alcanzar mas fruto en sus correrías que el pasajero saqueo de poblacio- nes y alquerías indefensas, y aiun las mas de las veces su- friendo el escarmiento merecido, lo que es asimismo ad- mirable, pues dominando el enemigo á Tortosa, fuerte cindadela y puerta de todas las irrupciones, por ella y ba- jo su protección se introducían millares de combatientes, que enviaban ó podían enviar todas las ciudades musul- manas del litoral que se extendía desdé la misma Tortosa hasta Cádiz. Heroica y admirable es la habilidad de saber- se sostener Cataluña en esta situación por tan largo perio- do, y no lo es menos la perfección que alcanzó en la cons- titución civil y política de sí misma, aquella perfección que, según ya indicamos, no había adquirido en absoluto en los primeros momentos de la reconquista, pero que su- po luego proporcionarse, como vamos á justificar. La po- blación Híispano-Goda de Cataluña no podía ser Franca en espíritu á pesar de la protección Carlovingía con que se la había favorecido, y sus aspiraciones y su tendencia, ya que tenia leyes y costumbres propias y conservaba expre- sivos recuerdos de su pasado, habían de llevarla algún día á romper el débil lazo que la unía al lejano y luego com- batido trono de los sucesores de Cario Magno; penetrados de estp espíritu los Condes gobernadores que por los reyes custodiaban la Marca, y sobre todo los que no eran do sangre Franca, toleraron en cierto modo la tendencia del país que tenian bajo su cargo, ayudando quizás á ello el móvil de la ambición, al verse que eran los mas apartados del punto donde hacia su residencia el señor supremo, y — 41 — hasta quien sabe si obcecados por las mayores preeminen- cias que se les atribuian, porque hubo temporada en que – . el Conde-gobernador de Barcelona era no solo el guarda- dor de la Marca, sino el gefe que, desde aquel centro, ex- tendía su jurisdicción delegada hasta la Septimanía y otros países ultrapirenaicos. Sabidas son las acusaciones que se hicieron contra uno de dichos Condes, la residencia á que se le obligó ante el solio ¿el monarca Franco, y el conflic- to que produjo su defensa y disculpa, con lo que, lejos de encontrar un remedio á la desconfianza, quizá se sembró la fecunda semilla que había de dar por fruto mas pronto la emancipación, pues nunca los ejemplos respectivamente malos dejan de tener imitadores. Tal vez para evitar estas contingencias, otro monarca Franco, Carlos el Calvo, hizo hereditario en la familia del Conde de Barcelona el cargo que este ejercia; al asomar el feudalismo en este suelo, na- turalmente el condado hereditario pasó á ser un gran feu- do de la Corona Franca, y en tal estado el Conde que ejer- cía jurisdicción suprema en el país, que subinfeudaba reci- biendo homenage de los magnates que le rodeaban, que era jefe de las armas, que veía vinculados en sus hijos y sucesores naturales todos aquellos honores y derechos, participando de aquel mismo espíritu que ya de antiguo alentaba á sus subditos, empezó siendo remiso en el cum- plimiento de los mandatos Reales, discutiólos mas tarde oponiendo reparos ó protestas, rechazólos después, y al cabo los negó rotundamente, llegando asi de grado en grado á atribuirse todos ios actos de la mas suprema ju- risdicción, que acataron en adelante los Catalanes, y ge- — 42 — neralmente los demás Condes subalternos de la Marca, y que no tuvieron fuerza moral ni material ya los reyes Fran- cos para vindicar en su favor, y quedando en consecuen- cia reconocidos como soberanos independientes los Con- des de Barcelona, y considerada como nación, no menos independiente y española, la que estos reglan, fausto acon- tecimiento que puedejdarse como definitivamente completo ya desde últimos del siglo X, esto es, dos siglos después de la toina de Barcelona por Ludovico Pió, y pasado un siglo desde que empezaron los Condes hereditarios. Conti- nuó sin interrupción por espacio, de otro sigjo y medio la famosa dinastía de Condes soberanos independientes has- ta mediados dej siglo XII, y aunque durante este espacio la nación se desarrolló en todos sentidos, no rompió sin embargo la barrera . que le imponían los Árabes en las inmediaciones de Tarragona, retardándose asi la dilatación del Condado de Barcelona por aquella parte, ó sea la agre- gación de la Cataluña que llamamos Nueva á la Cataluña Vieja y de mas tiempo reconquistada, para que fuese com- pleta la conquista, y esta indecisión, que no merece otro nombre, en completar^su obra nuestros Condes y guerre- ros, obedecía á un plan estratégico, que solo podría reali- zarse cuando llegase la ocasión favorable y oportuna, como es fácil probar. La pequeña nación que, ya en los prime- ros anos del siglo XI, se supo desprender de numerosas le- giones para enviarlas á Córdoba en ayuda de Mahomad contra Suleiman; que en la mitad del mismo siglo habla visto huir en doce batallas campales distintas á los régulos de las cercanías, al solo brilk) de la invicta espada de Ra- – 43 ^ mon Berenguer I.; que en el siglo inmediato habiá llegado á intentar la conquista de las Baleares, conseguida pero luego inutilizada por tener que atender á nuevas luchas suscitadas acá por los fronterizos, luchas que, sin embargo, produjeron un bien, pues sirvieron para abrir y facilitar mas el camino que habia de conducir muy pronto á Tar- ragona; la que, en medio de las tribulaciones bélicas, ha- bla visto perfeccionada y fijada la legislación patria, pur- gándola de las divergencias y ambigüedades que ocasio- naba la aglomeración de la antigua ley Goda con la feudal, con las reminiscencias y prácticas Francas y con las nue- vas costumbres y hábitos que se fueron introduciendo y contrayendo, arreglo que dio por resultado la publicación de los famosos Usages de Barcelona^ del primer código consuetudinario conocido en Occidente, mas antiguo que el de igual carácter propio de Inglaterra; el pueblp, en fin, que ya desde los primeros momentos de su restauración, supo desplegar en sus costas toda la actividad y energía que se necesitan para la realización de empresas maríti- mas ó navales, desbaratando, bajo la conducta del Conde de Ampurias, á toda una escuadra sarracena,y dedicó, por otra parte, á sus hijos, con galeras propias, al corso (-que es la primera guerra de los pueblos débiles y nacientes eomo dice Capmany-,) contra los piratas Mahometanos, para facilitar mas libremente el comercio y la navegación; éste pueblo, con todo y haber adquirido mayor dominio hacia la parte de Provenza, permanecía irresoluto en la adquisición del territorio propio que le faltaba para que la nación ocupase los verdaderos límites que le correspon- — 4Í — dian, aquUIos que, según indicamos, señala, á veces, h misma naturaleza á los pueblos par^ que se consti— 1 tuyan. Estaba reservado el complemento de la grande obra de] reconquista á los dos últimos soberanos de la línea sola y primitiva de los Condes, á Ramón Berenguer III y á Ra- món Berenguer IV, al primero por su condescendencia á fevor del obispo de Barcelona, y luego primer arzobispo de Tarragona, Olegario, que empezó la restauración de esta ciudad, y creyó poder verificarla conquista del Campa hasta el Ebro, con la ayuda de aventureros Normandos^ y al segundo por el mérito exclusivo que le corresponde, realizando la verdadera conquista, y volviendo á adquirir los derechos de dominio que su padre habia cedido y que le devolvieron generosamente los arzobispos y la Santa Sede, penetrados de la justicia y de la necesidad que ha- bia de que el legítimo príncipe y señor natural de Cataluña ejerciese la suprema jurisdicción en todos los ámbitos de la misma, salvas algunas reservas convencionales que se establecieron para bienestar común, o en otros términos, estaba principalmente reservada tanta gloria al magnánimo Ramón Berenguer IV, por haberse ofrecido en su tienapo la oportunidad deseada para poner por obra el plan de guerra ó estratégico, sin el cual la reconquista del Campo de Tarragona seria efímera. Este plan, como lo acreditan los hechos posteriores, históricamente justificados, consistía en privar la acción hostil, por medio de tratados ó de ma- yor fuerza, á los régulos y walís que podían perjudicar con sus ímpetus el territorio (|e la Marca ó Condado do Barce- — á8 — lona, como eran el de las Baleares, el de Lérida y los fron- terizos por la parte de Aragón, establecer amistad y alianza con el bando Valenciano que por la parte de Denia hacia guerra al rey árabe de Valencia, para evitar así el paso de ejércitos del Mediodía, y dejando, en consecuencia, aislada la ciudadela Tprtosina, apoderarse de ella de una vez, aun- que fuese valiéndose de fuerzas estrafías, á fin de dejar así cerrada para siempre aquella puerta que facilitaba todas las irrupciones, luego de lo que, sin dificultad podrían acorra- larse todos los habitantes Árabes del Campo en las montanas de Prádes y Ciurana, donde por precisión habían de entre- garse á merced del vencedor, como así vino á suceder, des- pejándose de aquélla mala raza todo el territorio de la Ca- taluña Nueva, y quedando verdaderamente redondeada y completa la conquista de toda Cataluña. Al aproximarse esta oportunidad, y á medida que el Conde Ramón Berenguer IV empezaba á asegurar los ci- mientos de su grande obra, necesitando como necesitó hasta la ayuda de fuerzas estrafias para la empresa de Tor- tosa, podemos preguntar, después de haber expuesto la situación respectiva de las diversas naciones Hispanas, ¿si le convenia ó no aceptar la unión del Condado con alguna de estas? La utilidad de esta unión seria innegable para Cataluña, con tal de no topar con las dificultades que ofre. cía la divergencia ya esplicada, que se notaba entre la na- ción Catalana y demás Hispanas de origen, costumbres y lenguaje comunes ó parecidos: la hermandad con otro pue- blo esencialmente guerrero, como montañés, avezado á continuas peleas con los Árabes que en varios puntos lo ~ 46 – dominaban, habia de .facilitar cuando menos el medio de emprender grandes conquistas, pues aumentado el ejér- cito Catalán con las indomables huestes Aragonesas, nada habría que resistiese á su ímpetu, y la nueva ó tercera na- cionalidad que resultase de la unión de las dos antiguas habia de ser por fuerza poderosa y de gran preponderan- cia entre las demás de España, sobre todo si se atiende á que era la mas marítima, por su larga costa, ventaja de que no podia disfrutar todavía ninguna de las naciones existentes, por ocupar los Sarracenos todo el litoral de An- dalucía. Conveníale bajo este punto de vista’, bajo esta es- peranza la unioii á Cataluña, yunque no dudamos de que la parte de reconquista que faltaba sabría hacerla por sí sola, ya que por sí solasupo mantenerse fuerte y segura en el primer territorio que adquirió, libre de toda independencia Franca ó Hispana, y dando pruebas de capacidad militar y marítima, sin necesitar para ello mas que su propio saber y su innata constancia; pero, supuesto que las ventajas comu- nes de esta unión proceden de los elementoscon que á ella contribuyeron respectivamente las dos naciones tratantes, para responder mejor á la pregunta de si le convenia ó nó á Cataluña unirse con otro reino, y para que el lector im- parcial pueda juzgar á cuál de los dos reinos que se unie- ren podia ser la unión mas necesaria, diremos aquí por primera vez el nombre de la nación con la que mas natu- ralmente le correspondía unirse á Cataluña, y expondremos con rapidez, aunque sin ninguna omisión histórica impor- • * _ tante, las vicisitudes por que la futura hermana del Con- dado Barcelonés hubo de pasar desde los primeros albores de su constitución, hasta que se acercó la hora de realizar- ze el notabilísimo acontecimiento á que con preferencia nos dirigimos. Entre los territorios reconquistados por los cristianos de España solo uno lindaba con Cataluña, el reino de Aragón, pero lindante este con Navarra^ y Castilla, mientras no tu- viese el amparo del Condado, habia de seguir la suerte d tal vez el capricho de estos reinos que con su superioridad le obligaban. Para que se vea que no es ponderado este aserto, fíjese quien quiera en la siguiente reseña ó exposi- ción, en que se resume, por orden cronológico, la vida del reino Aragonés en los tiempos anteriores á su unión con Cataluña. Aragón fué, pues, el reino escogido, y de Ara- gón vamos á tratar. En tres nacionalidades diversas debe- mos ir á buscar el principio de la que vino á llamarse, con el tiempo, reino de Aragón, en la misma de su nombre^ en la de Sobrarbe y en la de Navarra. Señálase como épo-, ca probable de la restauración del territorio de Sobrarbe el año 734, por los cristianos de sus montañas, quienes aclamaron luego por rey de Navarra á Iñigo Arista, que- dando así desde entonces unidos ambos estados, y corrieu’ do la misma suerte hasta mediados del siglo XI. Volvió entonces otra vez á ser Sobrarbe independiente, aunque por poco tiempo, pues habiendo casado un sucesor de Iñi- go, Sancho el Mayor, rey de Navarra y Sobrarbe, condona Mayor de Castilla, dividieron luego entre sus hijos los es- tados, tocando á Gonzalo el reino solo de Sobrarbe en 1035. Tres años después de esta fecha murió Gonzalo, y otro her- mano suyo á quien habia cabido Aragón en el reparto,, – 48 — Ramiro I, heredó Sobrarbe, y en consecuencia volvieron á unirse este y aquel reino para siempre, sobresaliendo empero el nombre primero, y sin sonat ya el nombre ¿6 Sobrarbe mas que como posesión feudal. Cuéntase también que, en el primer tercio del siglo VIH, imperaba én Aragón, bajo el título de Conde, un tal Aznar, que se cree era de- pendiente de Navarra, mas cuando la aclamación de Iñigo Arista en rey de Navarra, créese asimismo que este se apo- deró del Condado, que did luego otro sucesor suyo. García Ximenez de Navarra, para congraciarse con sus amigos, á Galindo I, hijo de Aznar I, en 830, con lo que quedó Ara- gón separado de Navarra; pero, á mediados del siglo X vuelven á unirse todos estos estados, por haber casado una sucesora de Galindo, doña Endregoto, con su pripoio Gar- cía III de Navarra y Sobrarbe. En tal estado de unión fué cuando tuvo lugar el mencionado casamiento de Sancho e\ Mayor con doña Mayor de Castilla, la repartición de es- lados entre sus hijos, y luego la reunión, bajo el cetro de Ramiro, de Aragón y Sobrarbe para ^o desunirse jamás, y prevaleciendo en todo el nombre de Aragón. No debia, sin embargo, este reino seguir todavía solo, pues, por ana” logas vicisitudes, estaba condenado á pasar de un dominio á otro: al morir Sancho V. de Navarra, aclamóse por rey en este país al que regia en Aragón, Sancho I de este reirfo, yambos estados vuelven á unirse en 1076. Finalmen- te, un sucesor, Alfonso I, casa en 1109 con Urraca de Cas- tilla, y por esta causa se aglomeran los estados de los dos esposos bajo su cetro, esto es, Aragón, Navarra y Castilla, pero anulado el matrimonio, vuelven á separase, quedando otra vez los dos primeros solos, como antes estaban, regi- dos por Alfonso, por muerte del cual, sin hijos, se divi- den estos reinos, eligiendo cada cual rey en 1134, y reca- yendo la elección, en Aragón solo, en Ramiro II, el monjes hermano del mismo Alfonso. Tras esta reseña, el^ lector imparcial, el Aragonés mas amante de su nacionalidad, ha de reconocer los perjuicios que habian de resultar para esta de hacer oficio de pieza de ajedrez, siendo tan pronto Castellana, como Navarra, y viéndose obligada á aclamar y desaclamar señores, cada vez que ocurría una muerte, un divorcio ó una disposición testamentaria mas ó menos caprichosa, y este reconoci- miento será mas íntimo, á medida que se vea cuan cansa- do estaba el pueblo Aragonés de esas mudanzas y cuánta seguridad y grandeza adquirió desde el momento de su unión con Cataluña. Para conseguir este beneficio hemos de confesar que, además de los deseos respectivos de las , dos naciones que s^ habian de hermanar, y de los medios humanos, si cabe asi decirlo, que se emplean para mudar la faz de’ una nación, en bien ó en mal de la misma, in- terviene la Providencia con sus inescrutables designios, que prepara ya de lejos los acontecimientos, y facilita el camino por el cual se ha de realizar la mudanza, que este es el curso seguido por todos los pueblos, según nos lo acredita la historia de su pujanza y decadencia, en la que resaltan los hechos de los hombres, pero siempre favoreci- dos por otros hechos inesperados y antes increíbles, cuya causa es, sin duda alguna, sobrenatural. Demostremos €»ta verdad respecto de los hechos inesperados que – 50 — ayudaron á facilitar la unión de Aragón y Cataluña. Al hacerla reseña de las vicisitudes por que pasó el pri- mitivo reino de Aragón en los tiempos anteriores á la unión referida, hemos citado los nombres de Alfonso y de su hermano Ramiro II, como últimos reyes de aquella na- cionalidad , De la sucesión del segundo provino uno de los mas firmes y legítimos lazos que ayudaron á la indisolu- ble unión de los dos estados, como veremos, pero no exis- tiera este lazo sin la sucesión inesperada y aparentemente imposible de Ramiro, y la sucesión de éste no tuviera lu- gar sin la inesperada muerte de Alfonso, y pues el con- junto de tales acontecimientos parece providencial en favor de la independencia y futura grandeza de Aragón, fuerza es darlos á conocer para que resalte con mas eficacia la ver- dad que poco há proclamamos. Recuérdese ante todo, para evitar confusiones, que el Alfonso á quien aludimos, acaso por su dominio en Castilla, Aragón y Navarra, á conse- cuencia de su casamiento con Urraca, fué llamado empe- rador (como otro de igual nombre en Castilla, con el que no se le debe confundir), pero en realidad es mas bien conocido en la Historia por el sobrenombre de el batallador, y con este es mas propio que se le designe en el suceso de que vamos á tratar, por ser en ocasión en que se había anulado su jnatrimonio con la reina Castellana, siendo por lo mismo no mas que rey de Aragón y de Navarra. Por mas que el Batallador, pues, hubiese visto disminuidos sus dominios por lo que diriamos ahora razones de alta diplo- macia, no podia esperarse que se apagase su estrella, guia de sus victorias y triunfos en cien combates. Zurita espli— ca que habia convenido el rey don Alfonso con el Conde Peranzures mover guerra á los reyes de Lérida y Fraga, y correr las riberas del Segre y Cinca, lo que realizó po- niendo cerco á Mequinenza, y haciendo luego la via de Fraga por el mes de julio de 1183. Por la descripción que hace de este pueblo el autor de \^ Anales Aragoneses, se puede comprenderlo difícil de su conquista: «está sentada, dice, de la otra parte del rio (Cinca), en un recuesto y la- dera de monte, que va tendido, y hace cordillera del Nor- te, hacia al Mediodía, y por aquella parte tiene muchos cer- ros muy altos, y tan inhiestes, que cubren y guardan el lugar, que no pueda por ella ser combatido. A la parte del rio, está tan estrecho y angosto lugar, que toda aquella la- dera es despeñadero á la parte del rio, y la subida por aquel recuesto es tan estrecha, que pueden muy pocos defenderla. » Parece que fué inútil el empeño de Alfonso en poner cerco á Fraga, pues insistió por dos veces, y por dos veces tuvo que levantarlo, siendo la última en abril del año siguien- te, en vista de lo que cobraron los moros grande so- berbia. Con la seguridad que estos tenian, la dieron en salir á escaramucear con los cristianos del campamento, y noticioso de ello el walí Ebn Ganya, que Zurita llama Avengama rey de Lérida, marchó de esta ciudad con un cuerpo selecto de caballería, dispuesto á hacer correrías para impedir que los sitiadores de Fraga recibiesen provi- siones. Mientras los de dentro estaban escaramuceando con los de fuera, llega de sopetón el refuerzo que conduela Ebn Ganya, y se echa encima de los cristianos. Alfonso apenas siente aquella novedad, divide sus fuerzas en dos – 62 — mitades, destacsuado á la una á contrarestar el empuje de i la caballería Leridana, pero no bastando, cebados en el primer destrozo los Almorávides, arrollan y confunden á los soldados Aragoneses, de los que pocos se salvaron, in- cluso el rey Alfonso, que murió ó desapareció. Sabidas son las diversas opiniones sobre el fin de este rey, que unos creen muerto en los primeros momentos de la refriega,, otros qijie fué. á morir en San Juan de la Peña, donde se resguardó tras el descalabro, y otros, por fin, aseguran ha- berse ido á acabar sus dias en Jerusalen; pero nosotros prescindimos de ellas, ateniéndonos solo á la realidad de que no pareció mas desde aquel suceso, de manera que si no murió el hombre, dejó al menos de vivir el personaje en la Historia. Examinemos ahora los resultados de la muerte ó des- aparición de Alfonso, para ir acercándonos al punto de nuestro principal objeto. Ya en 1131, estando Alfonso con su ejército sobre la , . ciudad de Bayona, habia hecho testamento, orde- nando de sus reinos y estados de la manera mas original y exótica que puede imaginarse, pues, aparte de legar varios feudos á diversas iglesias, declaró herederos y sucesores de sus reinos y señoríos al Santo Sepulcro de Jerusalen, ó sea á los que teñían el cargo de guardarlo, á los Hospitalarios y Templarios «con la misma ley y con- dición que los reyes don Sancho su padre, y don Pedro su hermano, y él los hablan tenido», disposición la mas contraria á toda constitución y sistema de gobierno que pueda existir, y que aun cuando fuese realizable de pron- — 53 — lo, habia de conducir luego á la mayor anarquía, y á una desastrosa guerra que destruiria el reino y redundarla en descrédito de la religión; y este testamento, según parece, fue ratificado por el mismo testador en Sariñena, pocos dias antes del acontecimiento de Fraga. Natural es que quedasen descontei\tos los subditos de los estados que re- gia Alfonso, por no saber comprender como podia ejer- cerse señorío por tan diversos y numerosos dueños, y so- bretodo por’considerar que|habian[sido ganados con grande heroísmo y esfuerzo por sus antecesores aquellos territo- rios que, sin mas ni mas, y solo por capricho de un rey, habían de pasar á manos extrañas é incapaces de gober- narlos, y al par que nacieron de aquí varias opiniones, dispertóse también alguna que otra ambición de quien menos se esperaba, ambición que, á decir la verdad, fué burlada por el buen sentir de los mismos Aragoneses. El hijo de la reina Urraca de Castilla, de aquella señora que habia sido esposa de Alfonso el Batallador, y luego se di- vorció de él, como biznieta que era la madre del rey don Sancho el Mayor, alegó derecho á la sucesión, pero los Aragoneses no quisieron al pretendiente (que también se llamaba Alfonso — VII de León y II de Castilla — y se titu- laft)a asimismo Emperador, según indicamos,) por la razón, como expresa Zurita, de «la enemistad y odio que los Cas- tellanos les tenían, por las grandes alteraciones y guerras que en tiempo del Emperador se movieron en Castilla, cuando ellos tuvieron a su cargo los principales lugares y fuerzas de aquellos reinos, y mucho tiempo los habían re- gido y gobernado, temiendo que serian tratados con gran- — 64 – de insolencia y superioridad, y sus libertades y fueros les. serian disminuidos y quebrantados, ó en parte recibirían fuerza pbr el odio que de reciente les hablan concebido el Rey y sus naturales.» Con estas consideraciones, por evi- tar escándalos, y quizá alegando un antiguo derecho, por conocer que recte non regerent (1) los gue pretendían su- ceder ó eran propuestos por adictos y parciales, «guar- dando la naturaleza y obligación que debían tener á la lí- nea y sangre de los reyes que hablan sido» concibieron el patriótico pensamiento de preferir á todos el que fuese de dicha linea y sangre, y así pasaron á hacer elección del infante don Ramiro, hijo legitimo de su rey y señor natu- ral, y hermano del que murió en Fraga, monje que era entonces de San Ponce de lomeras. Los Navarros no es- tuvieron de acuerdo con los Aragoneses, diciendo que no seria apto Ramiro para el regimiento del reino ni para defender la tierra contra el rey de Castilla, el cual, des- pués de muerto Alfonso en Fraga, habia puesto cerco so- bre Vitoria y tomó algunos lugares del reino de Navarra, y luego juntó sus gentes para ir á apoderarse del reino de Aragón, y así propusiéronse recibir por rey al infante don ‘Garcia Ramírez, hijo del infante don Ramiro, que casó con la hija del Cid y era nieto de don Sancho que matea- ron en Roda, como efectivamente le alzaron por rey en la (1) Léese en el Fuero Juzgo rex erit si recle regeritj sí non, non, frase que acaso tenían presente los Aragoneses en la elección de sus primitivos reyes, y, sin duda, la que sirvió de pauta al primero que inventó la falsa y jamás usada fór- mula del Nos que somos tanto coma vos etc., ño mencionada en el Fuero Arago- nés, ni en ninguna de las ceremonias de coronación, ni en los registros de cortes celebradas con objeto de Jurar al Rey. ~ 88 – iglesia de Pamplona, con lo que quedaron separados de los Aragoneses. Firmes estos en su juicioso empeño, pa- saron adelante en la elección, enviando á buscar á Roda, de donde era entonces obispo, á don Ramiro, para que compareciese en Monzón, donde se hablan congregado; para mayor seguridad, suplicaron de smtemano, dé parte del reino, al Pontífice, que dispensase al infante salirse de la orden de San Benito, y le facultase para casarse, ya que habia de ser rey, y otorgadas estas gracias, alzaron por rey dp Aragón á Ramiro en Huesca, después de lo que el monarca, penetrado de la pública conveniencia, contrajo matrimonio con doña Inés, hermana, según se cree, del Conde de Puytiers, aun cuando hay autores- que le señalan otra esposa, diferencia que no importa (>ara el caso. Algu- nos descontentos de Aragón siguieron el partido del rey Alfonso de Castilla, que se dirigió á aquel reino con ejército, dispuesto á contrarestar á Ramiro, y ambos contendientes pasaron sucesivamente por Zaragoza, obran- do cada uno como rey, y confirmando privilegios. Es en esta ocasión cuando, por primera vez, suena como inter- mediario en los negocios aragoneses el nombre de nuestro Conde Ramón Berenguer lY, pues estando en Zaragoza el Castellano Alfonso, que era cuñado de aquel, por su en- lace con D.* Berenguela, varios personajes, entre los que el Conde figuraba, trataron de concordar cierto arreglo, en virtud del cual Ramiro podría tener en feudo las villas y castillos que Alfonso habia tomado, á lo que no accedió el primero, guarecido en las montañas de Sobrarbe, antes persistió en su empeño y rehusó siempre la prestación de / — 56 — homenaje. De esta manera pasó hasta el año 1135, y la situación de Ramiro se habia hecho mas congojosa, por haberse declarado el rey de Navarra Garci Ramirez vasallo del Castellano, y ambos haberse confederado contra él. Es un embrollo tal el que ofrecen los acontecimientos en esta sazón, por ignorarse causasy pormenores, que el historiador se) ha de limitar á referirlos mas bien que á explicarlos, porque, sin embargo de la confederación de los dos reye.^ vecinos, se ve de pronto gran concordia entre el Navarro y el Aragonés, omitiéndose como tomó esto el Castellano, nacen luego temores y recelos, prodúcense inconsecuen- cias, y se rompe al cabo en una guerra encarnizada entre Navarros y Aragoneses, sin que se vea tampoco á Alfonso de Castilla favoreciendo positivamente á ninguno de los dos, y en ocasión que trataba Ramiro de vigorizar la guer- ra contra el Navarro, precisamente por este motivo se pone en amistad y confederación con el Castellano su primer an- tagonista y de quien mas podia temerse fuerza en Aragón, tanto por los planes que de tiempo habia llevado, como por ser señor del Navarro que le habia prestado homenaje. De estos tratos, al parecer misteriosos y de todos modos inesplicables, por ser un vivo testimonio de la informalidad é inconsecuencia que dominaba en aquellos tiempos, re- sultó una nueva concordia, cuyo móvil ó causa no revela explícitamente la Historia, pues convino Ramiro en que toda la tierra que fué conquistada por el emperador don Alfonso (el Batallador) su hermano, se entregase al rey de Castilla, para que la defendiese durante su vida, po^ lo que hizo pleito homenaje á don Ramiro, lo que á ser cierto – 87 — (según asi lo afirma la Historia antigua de San Juan de la Peña,) probaria el vano significado del título de Empera- dor, ya que el que lo llevaba, esto es, Alfonso de Castilla hijo de Urraca, rendia homenaje á otro monarca espa- ñol; (1) en unas cortes que por entonces se celebraroft’en Huesca, el rey don Ramiro declaró ser su voluntad de volverse á su religión, como que efectivamente se recogió en la iglesia de San Pedro, para residir allí todo lo restan- te de su vida, motivando este propósito en la razón de te- ner ya heredera que sucediese en el reino; en Alagon se vieron luego el Castellano y don Ramiro, donde aquel de- volvió á este la ciudad de Zaragoza, de h que se titulaba rey; y por último, para dar asiento á todo, encomendó el rey Aragonés la infanta Petronila al rey de Castilla, quien le mudó el nombre en Urraca, y trató de casarla con su primogénito, extrañas maniobras de diplomacia transpa- rente, que, si las toleraba el padre, no podían agradar á la madre ni complacer á los Aragoneses ni á cuantos se interesaban por la independencia nacional de Aragón, pues era de temer que volviese á juntarse este reino con el de (1) El título de emperadores que Ileyan dos Alfonsos en Castilla, se ha de considerar solo como una gala de poderío, recordando el efecto de esta denomina- ción en tiempo de los Romanoa, y nó como renovación del imperio del Occidente r tanto porque así no se titularon los reyes Castellanos, ni los Franceses, ni otros que pudieranr tener igual capricho, como porque el significado de España, en aquellos siglos, ni tan siquiera comprende el total de la PenínsuJa Ibérica, cono- cida ahora por España, sino los territorios dominados por los árabes, en los cuales creían tener derechos los reyes de Castilla, y que esperaban conquis- tar, mas nunca los otros donde se hablan erigido otras nacionalidades, y en prueba de ello que estas van siguiendo y creciendo independientes, que Castilla continúa^ llamándose Castilla y nó España, y que los sucesores de los Alfonsos no vuelven á llamarse emperadores, desapareciendo este título para siempre. – 88 – Castilla. Este temor parece que decidió á los buenos par tricios á no aceptar la propuesta del Castellano, y entonces fué cuando trataron casamiento de la infanta, que aun era niña, con el Conde de Barcelona. Recordando nuevamente la ignorancia de las causas y móviles de muchos sucesos que entonces acontecieron, al fijar ia atención en los que acabamos de apuntar, nos en- contramos indecisos y vacilantes, porque si, respecto de los primeros que eran favorables á Aragón, pudiéramos creer que intervino el Conde de Barcelona, aprovechando el valimiento que tendría con su cuñado, y llevado del deseo de favorecer á una nación vecina que le con venia tener por aliada, respecto á la entrega de la infanta here- dera del reino al Castellano, no podemos señalar como in- termediario ó móvil al Aragonés, por cuanto era esto cer- rar el camino de la unión de Aragón con Cataluña. Solo de una manera pudiéranios consentirlo en tal caso, y es, suponiendo que Ramón Berenguer no hubiese pensado hasta entonces mas que en la alianza con Aragón y nó en el aventual dominio que allí pudiera adquirir, mas claro, que ‘ por ser todavía tan niña la infanta heredera, ni se hubiese acordado el Conde del casamiento político que con ella pudiera contraer, pasando así á gobernar los estados de la esposa. No afirmaremos ni una opinión ni otra, pero sí po- demos conjeturar que, como intermediario, como amigo de Ramiro y como cuñado del Castellano, figuraría enton- ces el, Conde de Barcelona en todos los negocios que se tra- taban parahacer bienáAragon, y su comportamiento, menos sospechoso para los Aragoneses que el de cualquier prínci- — 69 — pe de Navarra ó de Castilla, induciria á aquellos formales montañeses á tomarla resolución que hemos apuntado como último suceso, resolución que expresarla ef verdadero es- píritu del país, del que no podia prescindir el mismo Rey, que k su lealtad debia la corona, y así podemos compren- der que primero consintiese don Ramiro en actos, que lue- go rectificase en lo posible conforme á los deseos de su pueblo, ó que debería anular y transformar mas tarde, en bien del mismo, el príncipe que dicho rey escogiese como yerno, aquel á quien destinase la mano de Petronila, y á quien, en consecuencia y por necesidad, confiase la guar- da y gobierna de los estados Aragoneses. De este modo, y nó de otro, concebimos los preludios de la unión de Ara^ gon con Cataluña, prescindiendo nosotros de la parte ofi- ciosa de negociaciones, conferencias, entrevistas ó consul- tas que no constan históricamente por mas que se deban suponer, unión que está basada en el casamiento de la niña heredera del reino Aragonés con el Conde soberano de Barcelona. » Aquí empieza en rigor el período histórico que nos to- ca describir, aun cuando deban considerarse ya como una parte del mismo, sobre todo en lo tocante á Cataluña y su Conde, muchos de los preliminares indispensables que acabamos de exponer. III. £1 enlace de Petronila con Ramón Berenguer no es un hecho aislado como otros análogos que se encuentran en la historia de todos los países, en virtud de los cuales se — 60 -• han realizado aglomeraciones de territorios, se ha dado fin á sangrientas guerras ó se ha preparado una sucesión fu- tura y eventual en interés de tal ó cual dinastía; la idea de hacer esposa del soberano de Cataluña á la soberana de Aragón encierra un plan verdaderamente nacional y pa- triótico, concebido mas bien al calor de la justicia y del bienestar general que por la fria razón de un interés egoís- ta, que asi se ilhprovisa y precipita como se anula ó des- aparece, es un plan que inicia tal vez la casualidad , si se quiere, pero que desenvuelve, fomenta y aviva la convic- ción y la conveniencia pública, que la constancia mantie- ne, Ínterin no se cumple positivamente, para que la me- ditacion con toda calma lo /robustezca, y que la Providen- cia ábpara, ya que ni la dilatación ni los obstáculos, mas ó menos aparentes, impiden que se realizo dando ‘opimos frutos, apesár de lailesigualdad de los dos personajes que lo motivan y del diverso carácter que se nota entre los dos países que se han de juntar á consecuencia de la unión de aquellos. Foresto ha de parecer aquí nuestro trabajo mas que exposición de hechos, ordenada serie de justificativos que, acreditando aquellos, nos conduzcan gradualmente al fin que nos proponemos, y al mismo tiempo sirvan co- mo alegato indestruxítible de los derechos que adquirió el Conde de Barcelona al unirse, con Petronila, derechos que eran en parte transmitidos, en parte recobrados por exclu- sivo mérito del Conde, y en parte hereditarios ó de suce- sión, vigoroso conjunto cuya validez y legalidad no po- dían ser ya disputadas en tiempo alguno, y que, por lo mismo, constituía la base inquebrantable en que se apo- — 61 – yaba el poder ejercido luego por los sucesores de RamoR Berenguer y de Petronila, los Condes-Reyes, Condes de Barcelona y Reyes del antiguo reino de Aragón,’ señores supremos de la Corona de este nombre (asi llamada la na- ción en adelante para expresar que era algo mas que el antiguo reino), y que, en realidad, era la Confederación Catalano-Aragone^, llevada á cabo durante ei periodo que es objeto principal de este escrito. Antes de alegar los justificativos de los actos á que nos referimos, debemos hacer una aclaración, á que nos obli- ga nuestro espíritu histórico y la imparcialidad que nos guia en esta parte, la mas critica, de nuestro trabajo. £1 señor Tragia, en su Ilustración del reinado de don Ramiro //(que dio á luz en uno de los tomos de Memorias de la Real Academia de la Historia,) dejó bien probado, por in- finitos documentos ocultos á la sagacidad histórica de los antiguos, el ejercicio del dominio que tuvo el Conde de Bar- celona en los estados de su futura esposa, pero con admi- ración del que lea tan importante trabajo, observaráse que no adujo el académico los datos mas importantes to- cante al derecho en que podia fundar Ramón Berenguer el cargo que desempeñaba. Ignoramos si dejó de visi- tar el Archivo Real de Barcelona, que es el General de la Corona de Aragón, del que hace escasas citas, pero aun que asi fuera, como es muy probable, no podia ocultárse- le la existencia en él de los referidos datos, por cuanto se encuentran reproducidos algunos en la obra de La Marca Hispánica, de la que copia asimismo escrituras, en corro- boración del objeto de su discurso, y entre ellas alguna de — 62 — las que mencionamos. Al alegarlos nosotros, debemos em- pero, bajo conciencia de “historiadores, declalrar el carác- ter de los expresados documentos, soltando acerca de ellos nuestra sincera opinión. En el Archivo Real de Barcelona, como formado, en la parte de registros de Cancillería, en tiempo de los^Condes-Réyes, y siendo, en la parte de es- crituras auténticas (á que también nos referimos cuando conviene,) continuación del depósito existente en tiempo de los Condes solos, ó sea de. los principes de la dinastía varonil, no se encuentran generalmente, sino en muy re- ducido número, escrituras auténticas ó pergaminos cor- respondientes á los reyes de Aragón primitivos, por ser mas propio que se guardasen en la capital de este reino, y el mí^mo derecho federal quizá impedia que pasasen de un estado ó reino á otro los instrumentos que convenia conservar en aquel que tenia mas directo interés en guar- darlos. Esto haria, sin duda, que no pudiendo tener los reyes de la segunda dinastía mas- á mano los documentos de la primera, mandasen, como seria en* este caso y otros que pudiéramos citar, hacer cartularios de aquellos, para guia y conocimiento de los que debiesen tratar ó defender antiguos derechos concernientes á la familia Real. De esta clase es uno, verdadero códice y escrito en vitela, que, colocado ahora como primero en la serie de los registros, ^ • lleva la denominación especial de Varia I Alfonsi /, feu- dorurriy conocido en las citas de antiguos historiadores por El libro mayor ó grande de los feudos^ del archivo Red y y. en él es donde existen los documentos á que aludimos. No deben citarse, pues, como auténticos, porque no lo son. — es- pero atendida su índole, considerado el lenguaje y fói mu- las de su contenido, vista la propiedad de los nombres de sus testigos, y la exactitud de sus cuentas y fechas, nadie dejará de reconocerlos por verdaderos, ó mas bien como exactas y verdaderas copias de auténticos que han existido; de manera que, sin dificultad, se les puede dar fe como se la dieron antes respetables historiadores, entre ellos Zuríta> porque, á no ser así, no fesplicara este Analista sucesos que solo de ellos resultan, como se verá á medida que los vayamos explanando, con referencia á tan importantes es- crituras. Uno de los primeros documentos á que aludimos es la donación que el rey don Ramiro hizo de su hija y reino, (se cree en Barbastro,) á 11 de agosto de 1137, ^ ^ al Conde de Barcelona Ramón Berenguer. ¿Qué podemos interpretar, entre tan notables personajes, y cuando se trataba del bienestar de todo el pais, por la palabra do- nación, tocante á la persona de la princesa, sino el equi- valente de esponsales de futuro? El autor de los Condes Vindicados nos deja probado que al verificarse estos, Pe- tronila apenas contada dos años de edad, porque «hs^bien- do muerto don Alfonso el Batallador de resultas de la ac- ción de Fraga en 1134 sin otro sucesor qué su hermano don Ramiro, es evidente que no pudo este casar con Dófia Inés hasta el ano 113S ó quizá entrado el treinta y seis, en que por primera vez aparece esta reina, en la escritura del monasterio de San Juan de la Peíja que cita el señor Tragia; y de aJj[uí es, que la doña Petronila contaba solo dos años de edad el dia 11 de octubre ( — error involuntario de im- prenta: léase agosto—) de 1137 cuándo su padre don Ra- miro la dio por esposa al Conde de Barcelona.», No déte entenderse donación de la persona, aun cuando se inter- prete como confianza hecha al futuro esposo para que la nina esté bajo su cuidado ó vigilancia, y menos si vivia la madre, pero es indudable que aquella promesa ó seguridad era un vinculo que importaba otro vinculo en sí, 6 como si dijéramos una condición de la que pendía otra. Pres- cindiendo de las buenas cualidades que adornaron á Ra- món Berenguer, por las que se captase la simpatía de los Aragoneses, ó de las razones que tenían estos para prefe- rirle á otros príncipes, ningún derecho de sucesión podía alegar el Conde de Barcelona para dominar en A r agón: la voluntad del último rey era la única que podía favorecer- le, y no sabemos si esta sola bastaba, atendidas las leyes del país, yaque tampoco bastó la voluntad de Alfonso para hacer herederos á los Templarios y Hospitalarios. Que la voluntad del país, mas fuerte en este caso que la del Rey, le aceptaba no puede dudarse, desde el momento que le vemos ejercer el poder supremo, y que este es aca- tado pof los Aragoneses; pero tocante á la donación, bien podemos decir que la del reino solo no se hiciera, sin el supuesto de tener con el tiempo el aceptante un derecho de sucesión, y por consiguiente daba Ramiro á Ramón Beren- guer el reino, nó por dárselo simplemente, sino porque ha- bía de ser esposo de la sucesora en aquel, de manera’ que el Conde de Barcelona contraía el compromiso inevitable, al aceptar el reino, de casarse mas ó menos tarde con Pe- tronila, con la reina de Aragón, so pena, sí no lo cumplía, I t — 65 — de renunciar á aquel dominio y de circunscribir el suyo á Cataluña. Hablamos- solo de este caso, esto es, de faltar á la palabra el Conde, nó de aquel en que quedase yiudo sin hijos, ya prevenido en la misma donación, pues aunque desapareciese entonces su derecho, su comportamiento pe- dia inducir á los Aragoneses á sancionar con su voluntad la del Rey, por bien del pais. Hé aquí las palabras princi- pales del documento á que aludimos: Ego ñammims Dei gratia Rex Aragcmesis dono ^tibi Raimundo Barchinonen- ^um Comes eí Marckio filiam meam in uxoren^ cum totws regni integritate sicut paier meas etc taliter fado tibi Raimundo Barchinonensium’ Comes etMarchio utsi pfefata filia mea mortua fueritte supersiite donationem prefati reg- ni libere et inníutabiUter habeas absque impedimento post moríem meam^ La prestación de fidelidad al Conde, á con- secuencia de esta escritura, y el acatamiento de su con- * tenido, corroborado con juramento, se hallan á continua- ción, en el mismo cartulario citado, y entre los firman- tes encuéntranse los principales apellidos Aragone- ses, ílnienza, Ferriz, Maza, Garcés, Lucia etc. • ‘ Hacemos estas observaciones por lo que veremos mas adelante, al tratar de un suceso inesperado que podia com- prometer la paz del reino y dejar sin efecto^ la disposición de Ramiro. Sin embargo de tan formal instrumento, se conoce que algunos abusarían de la bondad ó de la extremada senci- llez de Ramiro (que ciertos escritores llegan á presentar como incapaz y ridículo, incluso Florez y el mismo Tra- gia,) pues sin constar en aquel reserva alguna, y siendo — en- antes bien donación del reino como lo hablan tenido su padre y su hermano, se conoce que el monarca renuncian- te accedería á exigencias ó pretensiones de mal intencio- ‘ nados, y seguirla dando lo que no podía dar, proced’er que motivarla reclamaciones de parte del Conde. Así se desprende de otra notable escritura, conservada ‘^”*^’ también en el Libro de los Feudos, y reproducida por Marca, que lleva la fecha de 27 del mismo mes de agosto de 1137, ó sea diez y seis dias después de la pri- mera, en el castillo de Jerb (que Zurita y todos los auto- res en general interpretan Gerb,’ cerca de Balaguer, y al- guno ha leido Ayerbe,) en virtud de la cual declara Ra- miro que todo cuanto habia dado y concedido á cualquie- ra, con posterioridad á la donación que habia hecho en Barbastro al Conde de Barcelona, sea írrito, nulo y de nin- gún valor, prometiendo además no dar nada desde aquel dia sin consejo y buena voluntad del Conde; declaración que firman asimismo los mas notables Aragoneses, y que lleva al pié esta importantísima advertencia, que prueba el engaño sufrido por el Rey: Hoc totumfacio propter^muí- ios deceptianes et fraudes quas a mulüs sum passus ei ne mihi ulterius fiant hunc modum imposui. En el primero de los documentos que citamos, 6 sea la donación de la hija y reino, obsérvase que, como previ- sión prudente quizá, no se desprende totalmente el Rey de sus derechos y facultades, ni aun de sus títulos, pues, tras un párrafo en que expresa que si quisiese aumentar la donación ó hacer entrega de otros honores al Conde pu- diese hacerlo, añade estas notables palabras «y yo dicho ■ – 67 – rey Ramiro sea rey, señor y padre en el mencionado rei- no y en todos tus condados mientras bien me pareciere» et ego prefatus Rex Rammirus sim Rex dominus et pater in prefato regno et in totis comitatibm tuis dum mihi pía- cuerii] de manera que no solo no se desprendía Ramiro de su señorío en Aragón, sino que, en virtud de pacto sin duda,’ hasta declaraba tenerlo en los condados de Ramón Berenguer, ó sea en Cataluña. Pero las circunstancias (que seria difícil adivinar ahora) variarían durante el tiempo que medió desde la donación á la verdadera toma de po- sesión del reino por Ramón Berenguer, pues á 13 de no- viembre del mismo año de la Encarnación 1137, estando en Zaragoza, y en presencia muliorum nobilium hominum^ firmó otro documento (también existente en el Li- • , (iv) bro de los Feudos) en virtud del cual entregó al ^ \ Conde todo lo que antes se habia reservado, iotum ei dimitió donoatque concedo quicquid retinueram in ipsa alia carta do- nationis regni quamei antea fecevafn cum fiMam meam ei dedissem, si bien esta cláusula está en contradicción, hasta cierto punto, con otra que sigue después, (lo que probaria la inconstancia y volubilidad de carácter atribuida á Ra- miro por Tragia,) puesto que en ella se expresa de este modo; hec que ttli presentialiter dono et omnia que habe- bat semper habeat ad servitium meum et fidelitatem omni tempere. Tan equívoco lenguaje solo podia aceptarse, te- niendo en poco la voluntad del irresoluto donador, por creer que bastaba, como bastaría, la voluntad general del pais, y seguro el aceptante de que sabría obrar como hombre formal, sin embargo de las restricciones del renunciante. — . 68 — ‘ En este mismo documento quiere, suplica y manda Ramiro á todos los hombres, caballeros, clérigos y peones cunctos hómines milites^ clericos ac pedües que tengan sus castillos y fortalezas y demás honopes por el Conde Ramón, como los deben tener por el Rey, y asi como á rey le obedezcan en todo con incesante fidelidad Ha per eundem Raimundum Comitem deinceps teneant el habeant sicut per Regem debent habere ei tenere et ei tanquam regí in ómnibus sub conü^ nua fideliíate oíbediant. . Esta es la cláusula cuya interpretación ha dado pié á al- gunos para decir que Ramiro hizo rey de Aragón á Ramón Berenguer, y que por consiguiente pudo titularse rey. El estricto significado de aquellas palabras no es que se le nombre rey, sino que le obedezcan como á rey y tengan por él los feudos como los tuvieron por el Rey; asi que tan exagerada encontramos la opinión de aquellos escritores Catalanes que lo interpretan de aquel modo, como el em- peño de algunos Aragoneses en hacer constar que jamás el Conde de Barcelona se tituló ni pudo titularse rey de Ara- gón; porque, á la verdad ¿qué importa que Ramón Beren- guer no tuviese esta parte la mas insignificante de la ma- jestad, el título (ilusión de intrusos, vencidos y destrona- dos,) si tenia la parte mas principal, el dominio y gobier- no, reforzado además con la buena voluntad dé los sub- ditos? Precisamente en Aragón, por sus leyes especiales, que hasta permitían mwdar rey (1) cuando conviniere, es (I) En el registro tt3 1 del archivo general de la Corona de Araron, se en- cuentra una carta de Don Pedro el Ceremonioso, en la que pide á un particular «el libro de la ünion, de su padre el rey don Alfonso, en el que dice que los Ara- goneses, en ciertos casos, pueden mudar ó hacer otro rey.» — 69 — donde menos habríamos de estrañar que se proclamase rey á quien conocían que era bueno para el cargo y la dignidad, y pues no se hizo, señal que hubo alguna alta razón de es- tado para dejar de hacerlo, nó la repugnancia que tuvies® el país á ello, y esta razón podía ser, ó el respeto que qui- siese manifestarse al rey abdicante mientras viviese, ó la seguridad para la futura reina, esto es, para Petronila, Ifes- ta tanto que hubiese contraído matrimonio con el esposo designado, 6 quizá la poca importancia que Ramón Beren- guer diese al vano título, como no la dieron sus anteceso- res, que bien pudieran haberse llamado reyes si hubiesen querido, sin que nadie se lo impidiese. Calcúlese, sino, que á haberse titulado los Berengueres reyes de Barcelona ó de Cataluña, nó por esto dejaran los Aragoneses de acep- tar á Ramón Berenguer IV, y entonces rey se llamara en Aragón su principe ó dominador. Marcamos estas palabras, porque, en realidad, son estos los únicos títulos que em- plea nuestro Conde, con referencia á su dominio en Ara- gón, en todos cuantos documentos expide en adelante, y aunque se cite uuo, que es la carta de libertad dada al mo- nasterÍQ de Bañólas (copiada en La Marca) donde se titula rex AragonensiSj se ve bien que esta palabra, puesta en la cabecera, está equivocada, como lo observó ya el editor, pues en el resto del documento no se repite, y al final pone Ramón Berenguer su signo y nombre acompañada solo del Comes. Los documentos hasta aquí alegados prueban los dere- chos transmitidos: expondremos ahora los recobrados por exclusivo mérito del Conde ó que él se supo proporcionar, -To- mas, como antecedente indispensable, conviene descubrir primero cuáles sean los limites del estado Aragonés donde ejercía jurisdicción el soberano de Cataluña, Ramón Be- renguer, aun antes de haberse unido matrinionialmente con la reina de Aragón, y demostrar en qué consistía el reino conocido con este uombre. Zurita, que vio todas las escri- turas hasta aquí alegadas «cuyo contenido, dice, se puede tener por muy constante verdad, por ser aquellas verifi- cadas con otros instrumentos», no encontró en las mismas, como nosotros no hemos encontrado, los limites de que se trata, y no tuvo mas remedio que valerse de lo que an- tes escribió el autor de la Historia antigua de San Juan de la Peña, quien supone que en la donación hecha por Ra- miro al Conde habia señalada la limitación del reino. En la donación que conocemos no existe tal limitación, que fuesen dos las donaciones no es probable, y si el autor de la Historia antigua de Aragón supuso nó^ló que estaba con- signado, sino lo que debe entenderse por ello, seria difícil de probar; asi que, prescindiendo del origen, y adoptando lo que por necesidad adoptó Zurita del historiador de Sa» Juan de la Peña, copiaremos literalmente las palabras del Analista: «Por la parte de Hariza hasta Herrera, y de allí á Zaragoza y á Tudela, con las villas y castillos que se in- cluyen dentro de estos términos, y porque Tudela, que fué ganada en tiempo del emperador don Alonso su hermano, antes de la conquista de Zaragoza, fué dado por él enton- ces al conde de Alperche, durante su vida, y el Conde la avia dado en casamiento al Rey don García de Navarra su yerno, con doña Mergelína su hija, el rey don Ramiro de- — 71 – claró, que el Conde de Barcelona, su yerno, siguiese su derecho como mejor pudiese.» Pasalue^oá hablar del rei- no de Zaragoza, del que expresa que fué dado al empera- dor de Castilla, y limita finalmente la parte de Navarra marcando la frontera que, á corta diferencia, se conservó en los tiempos sucesivos. Ésta misma reseña confirma que se habia de excluir de Aragón el reino de Zaragoza, cuya reversión era lo que habia de conseguir el CoBtde para redondear el territorio que constituía el estado aragonés; y como aun consiguien- do esta ventaja, quedaba pendiente el derecho en que á él se creian los Templarios y Hospitalarios, en virtud del testamento de don Alfonso, mayor seria la estabilidad del reino de Petronila, si su esposo alcanzaba de aquellos for- mal renuncia, hechos ambos que constituyen los derechos que llamamos recobrados por Ramón Berenguer, y de que vamos á dar cuenta. El cufiado del emperador de Castilla, aparte do su valimiento por* razón de parentesco, trabó alianza con Alfonso y con sus hijos Sancho y Fernando, quienes de por junto le cedieron la ciudad de Calatayud y el reino de Zaragoza con lo demás á que se creian con derecho; y en cuanto á la útil renuncia de la Ordenes Militares, consta que el Conde la consiguió absolutamente por otros documentos, también del Libro de los Feudos, consistentes en la donación hecha por AVillermo, / w >. patriarca de Jerusalen comunicato Jherosolimitani regni concilio una cum Petro venerabili Dominid Sepulcri priore omniíjue canonicorum conventu eiusdem^ de í de las calendas de setiembre del año de la Encarnación 1141, _ 72 — . . y en la que hace Raimundo Maestre del Hospital ^ á 16 de las calendas de octubre de 1140, bajo igual cuenta, á par que en una confirmación hecha por el (viii). Papa^ donde se hace referencia á los Templarios con estas palabras: et fralres Sepukri cum concensu Patriarche Ospitalariiei Templariieandem terram ubi postea concessisse noscuntur sicut ab eis noUlitati tue concessa est in.scriptis propriis robórala etc. (1) La tercera clase de derechos en que podia fundar el Conde de Barcelona su dominio sobre el reino de Aragón, esto es, los de sucesión ó testamentarios, son naturalmente posteriores á las fechas indicadas, y al grande aconteci- miento del enlace matrimonial, entre Petronila y ftamon Berenguer. Tardóse todavía algunos años antes este acto no se efectuó, mas durante tan inesplicable tardanza fué cuando el Conde realizó todas las mejoras y seguridades ya conocidas, y hasta manifestó pretensiones al Reino de Navarra, gobernando en Aragón, no solo sin estar casado con la heredera de este reino, sino viéndose- hasta privado de su compañía, por guardarla en su poder el rey de Castilla. Poco antes de casarse el Conde ocurrió el célebre compromiso que antes indicamos y que es fuerza esplicaf ^ como precedente indispensable, antes de exponer la terce- ra clase de derechos á que nos referimos, con los cuales acaba de afirmarse mas y mas el dominio legal que adquiría (í) Entre otras frases halagüeñas que dirige el Patriarca de Jerusa- len ai soberano de Cataluña Ramón Berenguer, se leen las siguientes: ul vestri humanis /anta quast. lucerna lucens in medio Chtistianorum el sar- * racenorum etc.^ lo que prueba el gran renombre que supo alcanzar luego en todo el mundo nuestro Conde. h- — 73 — Ramón Berenguer sobre Aragón, garantía indestructible del que ejerciesen sus sucesores, los futuros Condes-Re- yes. Espliquemos, pues, el arriesgado compromiso, cuya noticia no debemos omitir, cuando vamos á exponer y aclarar los derechos de sucesión. No puede dudarse que la administración de Ramón Be- renguer era celebrada por los Aragoneses, que á él se debia el perfeccionamiento y robustez de aquella nacionalidad, que los esfuerzos para conseguir tales beneficios los hacia el Conde de Barcelona en virtud de un derecho condicio- nal cedido por el último rey y de un derecho futuro que adquiriría cuando fuese esposo de la sucesora de los anti- guos reyes, y que con esta habia contraído esponsales de futuro, en ocasión que contaba Petronila dos años; pues ,bien, á pesar de todos estos motivos y formalidades, el dia 1″ de julio de 1149, ó sea cuando ya cont^tba Petronila catorce años, firmó nuestro Conde un convenio con , ^ ” (ix). el rey de Navarra don García, por el que le pro- metió casarse con su hija Blanca, y hasta señalándose ambos soberanos, por razón de dote, y como en garantía, diver- sos castillos. Estáticos nos hemos quedado ante este docu- mento, cuya importancia política creemos difícil de resol- ver, pues no sabemos si la promesa que encierra es una añagaza diplomática ó una calaverada de nuestro Conde. Algunos escritores han querido deducir, por él, la exis- tencia de disensiones entre Ramón Berenguer y el Empe- rador de Castilla, por haberse este llevado á su reino á Petronila, pero ni esto es bien probado, ni vemos acertado pensamiento, para vengarse de los defensores de la futura — 74 – esposa, casarse con otra princesa, puesto que así quedaba mas libre Petronila para casarse con*el hijo del CJ^istellano, y por otra parte se exponía el Conde á que los Aragoneses se le mostrasen descontentos. Además d€t que, como ya dijimos, desde el mismo año 1137, Ramón Berenguery Alfonso de Castilla marchan unidos y aliados contra el de JVavarra, llegando á concordarse para quitarle á este el reino y repartírselo entre sí; y en el año 1140 va el Cas- tellano á Navarra, donde tiene vistas, entre Calahorra y Alfaro, con el rey García, de las que resultó— préstese atención — «quedar concertado desposorio entre el infante doq Sancho, hijo primogénito del Emperador, y doña Blanca, hija del rey de Navarra, á veinte y cinco de octu- bre del mismo año, » esto es, con aquella misma Blanca á que se refiere, nueve años después, en su promesa el Conde , de Barcelona. Hablando de esta señora el analista Zurita dice que «tepia el Emperador en su poder á la infanta doña Blanca, que era muy niña, y estaba desposada con el infante don Sancho su hijo» (de manera que, á ser esto cierto, con lo que cuentan de Petronila, serian ya dos niñas en poder del rey de Castilla, transformado así en ayo de tiernas princesas casadas ó por casar según convi- niere,) «y no embargante, continua el Analista!, quehabia assentado con el rey García una muy confirmada paz, con grandes prendas, pero por las pretensiones que tenia en los lugares que el rey de Navarra habia ocupado, que fueron del rey don Alonso, su agtieb, como también el . príncipe don Ramón persistiese en su demanda en el derecho del reino de Navarra que los reyes de Aragón pacificamente — 78 – habían poseído^ tornaron de nuevo á proseguir sus preten- siones, y sobre esta razón tuvieron vistas en Tudilen, Junto á Aguas Caldas, en el reino de Navarra, á 27 de enero de 1150 etc. » La fecha de estas vistas es pos- , x terior á la extraña prome^ de que tratamos, y hasta posterior al casamiento de Ramón Berenguer con Petronila, esto es, al formal cumplimiento del. pacto cele- brado entre aquel y el rey don Ramiro cuando le cedió el reino’y la hija, asi que, por ello, queda nula la promesa al Navarro, y ya no hay de qué culpar al Principe de Aragón; no obstante, entre los pactos quiB allí se mencio- nan y se asentaron, despue^ de prometer el Emperador y su hijo don Sancho á nuestro Conde que le ayudarían á la conquista del reino de Navarra, declara el primero, s^ ^n copiamos de Zurita « que el rey don Sancho su hijo desde el dia de San Miguel adelante ternia á su esposa la infanta doña Blanca, hermana de don Sancho rey de Na- varra consigo, y la d^aría^ guando al Príncipe de Aragón iien le estuviese^ y fuese su voluntad, y le requiriese sobre €llo, y se apartaría della perpetuameríte, lo qual el rey don Sancho ofreció de cumplir, y se hizieron pleito y ho- menaje los unos á los otros en sus manos proprias al fuero y costumbre de España. » Con todo lo que acabanios de exponer ¿quién será, pu«s, capaz de asegurar Con certeza cuales eran las razones que en tan mala situación pónian á la infanta doña Blanca de Navarra, ya que el Conde de Barcelona, aun después de casado con Petronila, tiene derecho á separarla de su propio^ marido para siempre, y este acata buenamente la condición que se le impote? — 76.- Mucha sagacidad habría de tener, para aclarar este em- brollo, el académico ó historiador que lo intentare, y nosotros nos limitamos solo á hacer una conjetura, ya indicada anteriormente, á saber, que la promesa del Conde al Navarro, como también la última é inesplicable condi- ción pactada con el esposo de la infanta de Navarra no serian mas que estratajemas para alcanzar las pretensiones que tenia sobreesté reino, pues á no ser así, no cumpliera poco tiempo después lo que él sabia que estaba obligado á cumplir, ó sea el casamiento con la reina Petronila, en vida de la cual parece que ningún interés debiera de tener el marido en la suerte de otra mujer que ya pertenecia al suyo, como era dona Blanca, por mas que antes hubiese sylo su prometida. Por sobrado encontrará alguno quizá el consignar aquí las peripecias que aca|;)amos de descubrir, pero no lo creemos de mas cuando, aparte de caracterizar la época en que se cometieron, acredita en alto grado la confianza que merecía en Aragón el Conde de Barcelona, porque supues- to que allí ejercía dominio en virtud de lín pacto condi- cional que no habia cumplido todavía, en el mero hecho de no retirarle los Aragoneses su obediencia, señal de que conocían sus intenciones y de que esperaban verle algún día unido matrímonialmente con su reina. En el mismo relato hemos anunciado ya que lo cumplió, y pues este acto constituia la mayor seguridad respecto de las do» clases de derechos hasta aquí mencionados, en virtud de los cuales Ramón Berenguer ejercía dominio en Aragón, y ie él partían los de la tercera clase, los testamentarios. – 77 – ó de sucesión, hora es ya de exponéoslos, aunque sea ade- lantándonos por un momento de la gradación cronológica que seguimos, para redondear el conjunto de los que ayu-^ daron á establecer la Confederación Catalano-Aragonesa y á afianzar el poder que en ella ejercieron los Condes-Re- yes, los sucesores del soberano de Cataluña v de la reina de Aragón. La fecha cierta en que se verificó el casamiento entre los personajes que acabamos de nombrar no consta, y soIq por conjeturas puede deducirse. Unos escritores señalan el año 1149 y son los mas, otros ámediados de 1150, por parecerles que habiendo prometido en el anterior casarse ffuestro Conde con la iofanta de Navarra, no asi tan de , repente. hablan de variar las circunstancias, cosa que nos- otros ignoramos si era ó no fácil, y otros en el 1151,. por rebajar solo los nueve meses de preñez de la fecha en que iba de parto labor ans partu la reina Petronila, qué era á 4 de abril de 1152 de la Encarnación, como si no enseñase la experiencia que no todas las mujeres quedan en cinta desde que se casan. Indiferentes son todos estos cálculos para nosotros, bastándonos saber que el matrimonio de Petronila y Ramón Berenguer|Se consumó, que los espon- sales firmados cuando aquella contaba solo dos años se confirmaron cuando esta señora estuvo ya en la edad nu- bil, y la mejor prueba es que ya habia síntomas de parto en la última fecha citada, esto es, procreación de un hijo, y esperanza probable de sucesión. En tal estado Petronila, para obrar con la prudencia que correspondía á la suce- sora de los antiguos reyes, atendiendo al peligro de la — 78 – . . vida, que se corre en tan critico lance, otorgó tes- tamento en la ciudad de Barcelona, y por él nom- bró heredero del reino de Aragón al hijo que le naciese, . . . ‘ siendo varón, dejando el usufruto al Conde con la propiedad en caso de sobrevivencia del padre, á quien recomienda el dote y casamiento 4el que naciere siendo hembra. Asi se expresa la esposa, la reina de Aragón, lahora'(i& partu, sobre el dominio del Conde su ^poso en aquel reino: ea videlicet ^fionditione ut dominus el maritm meus Raimundtis Comes Barchinonensis habeat et teneat et possídeat iniegriter et potenter sub imperio ei dominatione $ua totum predictum regnum cum omni sibi pertinente honor e omni tempore vite sue post obitum vero suum. remaneat totum supradictum regnum integriter filio meojamdicto. Aparte del derecho propio que el soberano de Cataluña creyera tener en Aragón por las reversiones de los Hospitalarios y Templarios y de Alfonso de Casti- lla, del que mas ó menos condicionalmente le transmitie- ra el último rey, y de la espectativa que tenia desde que se habia unido con Petronila, con el testamento de lá es- posa acababan de reforzarse los derechos de Ramón Be- renguer, y esto era tan cierto y admitido, que, sin embar- go de no haber muerto la reina de Aragón, (como que tras el primer parto tuvo Petronila cuatro hijos mas), en el testamento, reducido luego á sacramental, que hizo de , , palabra el Príncipe, cerca de Turin, dispuso del (XII ) ‘ ^ ^’ reino de Aragón como de cosa propia, diciendo, con referencia al mismo los testigos ó declarantes que lo presenciaron: et dimisit filio suo majori Raimundo omnem — 79 – mam konorem de Aragone ei Barchinona atque universum alium suum honorem ubicumque eum habebat etc. Los derechos adquiridos por Ramón Berenguer, la agre- gación de estos á los que ya antes le eran propios [como Conde de Barcelona, su continuado dominio en Aragón antes y después de haberse unido matrimonialmente con Petronila, y la seguridad de sucesión natural y legitima forman en conjunto la causa principal de la Confederación Catalano-Aragonesa: veamos, pues, tan maravilloso efecto, que asi merece llamarse, por haberse realizado, apesar de los obstáculos que pareóe hablan de levantarse á medida que el proyecto se iba transformando en obra. Quien conozcf el espíritu bélico y arrollador de la épo- ca á que pertenece el periodo que describimos, y mas el hábito de informalidad que hablan contraído las clases elevadas, sobre todo los señores feudales y con ellos los mismos reyes; quien no conozca mas que las transforma- ciones que, en recientes siglos, han sufrido diversas na- cionalidades, absorbidas por otras mayores, que las han amoldado á su ley y costumbre, solo por el inifcuo medió de la fuerza; no podrá concebir como dos pueblos de ori- gen y constitución tan diversas como eran Cataluña y Ara- gón se unieron, formando una nueva y tercera naciona- lidad indisoluble é indestructible, cuando las mismas — 80 — Baciones hispanas, formadas desde el principio de la reconquista, se unian y desunían de continuo, aprovechan- do cada cual la mejor coyuntura para mantenerse inde- pendiente, no obstante la gran semejanza que halna entre unas y otras. El pueblo Aragonés, avezado á luchar cons- tantemente en sus montañas para salvar con su indepeu- dencia su principal riqueza, la agricultura, pueblo de re- ducido comercio y apartado del mar, contando para su régimen y administración interior con una serie de privi- legios debidos k diversos reyes y nó de una misma dinas- tía, hablando, en su lenguaje común, la misma lengua (salvas las variantes propias de cada territorio) que habla- ban los Navarros, los Leoneses, los Castellanos y gran parte de Asturianos y Gallegos, y finalmente, vasallo de soberanos que se fitularon siempre reyes; habia de unirse con el pueblo Catalán, belicoso por tierra y por mar, á par .que agricultor, mercader y navegante, regido por una 1^ gislacion fija, por los Usages, que, con tfio y ser una re- forma de antiguas leyes, era en el fondo mas Goda que la Aragonesa, estable en el mismo territorio que adquirió ^esde el principio de la reconquista, sin haberse sujetado mas que á una sola dinastía, á la suya propia y natural, empleando en su lenguaje el idioma catalán que ya hemos esplicado, y que no hablaban ni entendían los demás ha- bitantes de España, cristianos ó moros, y regido por unos soberanos que no se titulaban mas que Condes. Si la unión hubiese sido absorción de un estado por otro, si Aragón se hubiese subyugado á Cataluña, ó esta á aquel, la situación del estado dominado hubiera sido siempre — 8t – desagradable; y uacieran repugnantes antipatías entre este y el estado ‘ dominador, y si hubiese sido amalgama, ha- ciendo consistir la igualdad únicamente en la dependencia común de uno y otro estado, solo pudiera resultsa- de ello un tercer pueblo que no pasaría de ser una monstruosidad informe, propia para borrar la fisonomía del respectivo origen que caracterizaba á cada uno de los dos pueblos unidos, y para hacerle olvidar todos sus recuerdos y gl(H rías, que constituían las primeras y n^s hermosas pági-^ •ñas de la historia de su independencia, y en ambos casos brotaran complicaciones capaces de enervar la ;accion del ,mej(H’ gobierno. Para evitar tales contratiempos, apelóse, pues, á la forma federativa, quedó cada Qstado con sus costumbres, su legislación y su idioma (como que nunca Aragón dejó de hablar él Castellano), y procurando los soberanos extender sus favores lo mismo en pro de un es-^ tado que de otro, pero sin confundirios, logróse que aque^ lias dos naciomüidades distintas, hermanándose, sin ce^ derse ni usurparse nada mutuamente, llegasen á constif^ luir iin pueblo que, siendo heterogéneo por ‘ razón de su particular fisonomía, fuese el mas homogéneo en los sen- . timicntos y actos ^ue tendían á la prosperidad y grande- za de la patria ccmiun. Decimos que procuraron los sobe- rano? y nó precisamente el soberano que gobernaba du- rante el período en qpue se realizó la Confederación, por- ^uie no se crea que el sistema adoptado para que esta tu- viese efecto fuese resultado, como en tiempos mas moden- fios y de mayores adelantos diplomáticos, de un tratado ^plícito y articulado en que se marcan los derechos y (Jd^K* 6 •*’ – 82 — gaeiones de los estados que se anexionan ó cfonfederan: la obra tomó vida porque existia la idea, y porque esta se manifestaba prácticamente en el modo de gobernar, esto es, de contemporizar, .de protejer justamente, de contener con prudencia, de acatar en su respectiva autonomía á ca- da uno de, los estados confederados, y esta idea, que se hizo hábito y sistema en tiempo de Ramón Berenguer, du- rante eL mencionado periodo que desenvolvemos en el presente discurso, se desarrolló en mayores proporciones en los reinados sucesivos, de manera que, á medida que pasaban reinados, se iba deslindando mas y mas la fisono- mía de la nueva nación confederada, y se vigorizaba mas la independencia de uno y otro estado á ^r que la unión de Aragoneses y Catalanes para todo cuanto era en beneficio de la Confederación. Ni tocante á las instituciones, ni á los actos ó ceremonias que con las mismas se relacionaban, ni al desempeño de algunos altos cargos de la n[iilicia ó del palacio, se fijó en aquella primera época nada que definitivamente lo estableciese para siempre, solo la pru- dencia y el mas fino tacto fueron los reguladores, dando asi el ejemplo á los que habian de suceder en el solio de los Berengueres y de Petronila: en la nueva era que em- pezaba con el dominio de los primeros Condes- Reyes, el ejemplo del antecesor dio sus frutos, los soberanos repar- tieron privilegios para aliviar respectivamente las necesi- dades de cada pueblo, al Aragonés como Aragonés, al Ca- talán como Catalán; la sabia mira de favorecer á la clase media, para oponer un dique á la ambición de los bulli- ciosos señores feudales, dio importancia y categoría al brazo – 83 — Real, que representaban las ciudades, y como para las grandes empresas se necesitase el concurso del país, gra- dual y ordenadamente se fué transformando la antigua corte de magnates en asamblea representativa, en cortes políticas y legislativas á la vez, pero cortes de Cataluña y cortes de Aragón, que también se transformaban en gene- rales de la Corona cuando el caso lo exigía, sin postergar su derecho ninguna de las dos naciones asistentes; los ce- remoniales de los actos mas augustos que simbolizaban la legalidad del poder supremo se realizaron en cada estado con mayor ó menor pompa, según la época y las circuns- tancias, pero sin confundirlos, pues se coronaron los so- beranos en Zaragoza como reyes de Aragón, y como Con- des en Barcelona; los altos cargos se tuvo el cuidado de repartirlos alternativamente entre unos y otros subditos de las dos naciones,’ ejerciendo, por lo regular, los mas supremos algún príncipe ó infante de la misma dinastía, pues, por esta circunstancia, había de ser considerado indistintamente como Aragonés y Catalán; y si, al proyec- tar alguna conquista, se acudía á Aragón y á Cataluña, para que cada uno de sus habitantes coadyuvase confor- me á sus haberes, voluntariamente ó por deber, al em- prenderla iban las huestes de Aragón con sus caudillos ó señores Aragoneses^ y las de Cataluña con Catalanes, su- jetándose unas y otras al jefe supremo que consideraba mas apto el Rey, y realizada la conquista, en el repartimiento de tierras y distribución de feudos, guardábase la justa * proporción que correspondía entre unos y otros subditos si por iguat habían ayudado, ó eran mayores las recompen- -Si- sas respectivamente, según era mayor el servicio que se hubiese prestado, no solo en razón del número de comba- tientes, síbo de los sacrificicís pecuniarios ó de sangre de una ü otra nación, parque casos hubo en que, por circuQs- tancias que no importa consignar, fueron mas numerosos los Catalanes que los Aragoneses, y otros en que estos escedieron á aquellos. Este sistema perfeccionado mas cada dia, y llegando á ser parte integrante de la legislación del país, esto es, sal- vado siempre, vigorizado y hondamente arraigado por los Fueros^ mas deslindados á par que estables y fijos, que establecieron las cortes Aragonesas con su rey, y por las Constituciones y actos de cortes con que se amplió en Ca- taluña el antiguo código do los Usages, en las frecuentes asambleas representativas, presididas también por el Boy- Conde; fué, sin disputa, la base inquebrantable de la grandeza de esta célebre nacionalidad, cuya fama, no con- tenta de llegar ton prontitud al litnite que le cabía en el suelo Hi^ano, (pues sabido es que, por mutuo convesiio de las naciones y por tratados que aseataron entre si los reyos, se marcaron los territorios que á oada uno le cwres- pondia conquistar), voló y se extendió p.or los mitres y por lejanas tierras, logrando que la Confederacioii Catalaj^o- Aragonesa, reforzada con las demás naciones que supo agregarse, abarcase con su pódenlo las principales islas del Mediterráneo, afirmándose á la vez en Kalit, y en la^; en- ton<^s apartadas regiones Orientales (1). (<1 Por no baber codocMo «1 sistema de que haSlamos, ó quizá por tío iiafeerlo (querido conocer, se les escaparon, mas de una vez, á algunos escritores, frases % – 88 — Objeto de una especial reseña será el cuadro de esta vasta y extensa dominación, como prueba concluyente de los útilísimos resultados que produjo la Confederación del reino Aragonés con él Condado Catalán, y sobre todo de la manera sabia y consistente de llevarla á efecto, ya que por ella logró con mas facilidad engrandecerse Cataluña, y quedó el reiao de Aragón libre para siempre del vasa- llaje alternativo á Navarra y á Castilla, por qu^ hubo de pasar tantas veces en lo antiguo, limitándonos por ahora á consignar que fué sólida y firme la unión porque fué precisamente Confederación, sin absorberse ni subyugarse mutuamente los dos estados* que fué posible la Confede- ración porque hubo sabiduría y tacto al establecerla, que estas dotes brillaron al idearse pensamiento tan feliz, por las cualidades propias é innatas de raza con que se distin- guieron desde los mas remotos tiempos los hombres de las dos nacionalidades á que pertenecían, sin duda, los que contribuyeron á cimentar tan admirable obra, y sobre todo, que tan propicias coincidencias ocurrieron nó por efecto de casualidad solamente, sino por aquella ley sobrehu- mana que prepara y combina siempre los elementos que. han de ciontribuir al éxito de los mas inesperados aconte- cimientos, por disponerlo asi en sus inescrutables desigr ni08 la alta Providencia, que disminuye ó engrandece á los pueblos según sus méritos 6 desvíos, y así crea los grandes imperios, como los vuelca y anonada. como las que 8ig^^n:— Cuando Aragón conquistó á Cataluña,— Cuando Aragón extendió sus conquistas hasta el mar,— Cataluña, que^estaba sujeta á Aragón, etc. — 86 – V, Antes de entrar en la reseña prometida, aclararemos de paso una duda que puede haber ocurrido á algunos lec- tores de nuestras historias antiguas. Por mas que se comprenda la manera de establecerse la Confederación entre los dos estados á que nos referimos, teniendo presente que el soberano es -solo uno y que la di- vergencia de origen y de constitución entre aquellos es notoria, ya que no exista preponderancia de un estado so- bre otro, casos puede haber en que al menos haya de no- tarse mayor influencia de alguno de los dos, y en que la huella inevitable de esta influencia se vea marcada en los nuevos estados que sucesivamente se van agregando á la Confederación. Efectivamente hubo de notarse esta mayor influencia de uno de los dos estados, pero no- procedía de las cualidades personales de los habitantes, sino de la si- tuación geográfica del estado al cual le tocó servir mas de modelo para los que se agregasen, y de ün hábitg familiar propio de la dinastía bajo cuyo cetro eran regidos los dos estados á la tez. Siendo Cataluña estado marítimo y pro- porcional mente mas rico, por su comercio é industria, que Aragón, en una época guerrera en que el engrandecimien- to territorial de las naciones dependía deLmayor número de fuerzas que pudiese aprontar la que intentaba engran- decerse, y de las mayores escuadras marítimas con que -87- ‘ invadiese las costas del país que se deseaba conquistar, naturalmente hubo de tener Cataluña mayor representa- ción en esta parte, pues debiendo emprendíase por mar las conquistas que se proyectasen, catalanes habian de ser los buques ó galeras que á ellas fuesen destinados. Cata- lanes los almirantes, cómitres, pilotos y demás hombres experimentados que los gobernasen y Catalana la marine- ría ó las chusmas que se empleasen para sus maniobras y defensa, clase .indispensable que por si sola habia de hacer siempre mucho mas excesivo el número de los Catalanes ííobre los Aragoneses, aun suponiendo que fuesen también iguales en numerólas huestes feudales ó Reales que acu- diesen respectivamente del C¿ndado y del Reino; y ade- más, cuando por esta misma idea de engrandecimiento por conquista no hubiese de estrañarse la propensión de los monarcas conquistadores á residir con preferencia en el territorio que mas les favoreciese para el logro de tan no- bles miras, habia de tenerse presente que de las dos ramas ó mas bien dinastías representadas en los sucesores de Ramón Berenguer IV y de Petronila, era aquella la varonil y directa de los Condes dé Barcelona, cuya cuna se habia mecido constantemente y sin interrupción de ningún gé- nero, desde el primer siglo de la reconquista, en aquella famosa ciudad, al revés de Aragón, puyos primitivos reyes. Navarros, Castellanos, Aragoneses ó de Sobrarbe, no tu- vieron jamás fijo el solio, ni fué siempre determinada la extensión de la base que le sostenía, por lo que no debe estrañarse que, auii cuando los Condes-Reyes, soberanos de la Confederación, pasasen con facilidad de un estado á – 88 – otrOy segufi urgia la resolución do detef miaados intereses, en iaivor de cada cual, (tanto que por está movilidad con- timia un antiguo cronista poeta, siguiendo las creencias físicas de su época, compara á nuestros reyes al sol que diariamente recorre su órbita, difundiendo su luz hasta los mas apartados extremos,.) con todo, siendo natural y propio tener un lugar de residencia preferente, era no me- nos natural y propio que escogiesen el punto donde habian nacido y se hablan educado sus progenitores, á que les Uttia el hábito y la tradición, á que les atraia el centro de fó^ília, y donde estaban mas connaturalizados con las personas que les rodeaban , por razón d’e carácter, de idio- ma y de todos cuantos vínculos ligan instintivamente con la patria el corazón del hombre que la conoce, la ama y se gloria de pertenecer á ella. Por esto no debe nadie ad- mirarse de que el mismo Analista Aragonés, con palabras que confirman aquí nuestro aserto^ y que le sugerió, sin duda^ el estudio^imparcial déla famosaConfederacion Cátala- no-Aragonesa, realizada en el periodo que nos ocupa, diga que: «Era esta genera} afición de los reyes, porque desde que sucedieron al Conde de Barcelona, siempre tuvieron por su naturaleza y antiquísima patria á Cataluña, y en todo conformaron con sus leyes y costumbres, y la lengua de que usaban era la Catalana, y de ella fué toda la corte- sanía de que se preciaban en aquellos tiempos. >> Las dos causas que acabamos de mencionar constituyan, pues, una verdadera influencia, primero en el carácter po- lítico que distingue al gobierno de los Condes-Reyes, así como en los trabajos que de su ilustración derivan, y lúe- — 89 — ^0 en la organización y constitución de las demás nacio- nes con que se engrandece la Confederación primitiva, ^éase, sino, como los reyes, cuya familia es esencialmente catalana, por nacer y morir la mayor parte de sus indivi- duos en Cataluña, tienen en Barcelona su cancillería, su archivo y todas las demás dependencias y establecimien- tos que, por su índole, han. de ser únicos en toda la Co- rona; que, al dedicarse algunos, en imitación de César, á escribir sus propias hazañas, lo hacen valiéndose de la lengua materna Catalana; que de la misma lengua se va* len para sus correspondencias íntimas y familiares (aun los de la segunda dinastía procedente del infante de Cas*- tilla Fernando de Antequera,) como también para los me- moriales é instrucciones diplomáticas, y hasta para los tratados (cuando no se emplea en estos el latin, para mu- tua y mas general inteligencia;) que bajo las claras y pre- cisas formas de tan rico idioma, de vida entonces entre los demás neolatinos, de mejor suerte, asoma, pasmando á la Europa entera, él primer código marítimo qm en esta se ha conocido; y por tin, que Catalanes son y Catalanes se apellidan los habitantes de los demás estados que se agregan, los Yalenciauios y los Mallorquines, quedándoles para siempre como lengua natural, oficial y literaria la del Principado de Cataluña, en cuyo centro, esto es^ en la capital de la Corona de Aragón (1), funda mas tarde uno de sus reyes, Juan I, el consistorio de los juegos florales, \i) Aíguno ha creído qae la noticia de haberse establecido la Gaya Ciencia en la capital de Aragón se refería á Zaragoza, pero esto se debe solo á lo que dice Cstarroz, autor del Aganipe de cisnet AragoneseSy quien supone en esta ciudad un certamen anterior al rey don Juan I, no siendo mas que la lectura de poesías — 90 — íomando por modelo la institución de Tolosa, al objeto de realzar con la misma lengua la abatida poesía que cultiva- ron antes en su lengua convencional los trobadores de di- versos países, á los que substituyeron en adelante los nuevos poetas ó versificadores, empleando el habla propia que solo sirviera antes en la prosa, y, en consecuencia, cantándose desde entonces en Cataluña, Mallorca y Valen- cia en la lengua de los Desclots y Muntaners. La influencia que describimos en nada, sin embargo, podia perjudicar la autonomía de cada estado confederado, primero porque aquella era natural é inevitable, y luego porque rara seria la nación, antigua ó moderna, que no la ejerciera de un modo análogo respecto de las demás que so confederasen con ella ó se le anexionasen, por no ser posible que exista nacionalidad alguna sin un centro mas ó menos influyente, y en tanto era así, como que por las dos causas descritas no sufrió jamás la libertad é indepen- da de cada reino, pues en ciertas conmociones políticas vióse mas de una vez prescindir enteramente un estado de lo que el otro reclamaba ó sostenía; en cuanto á legisla- ción, consintióse que parte del reino de Valencia se rigiese por Fuero Aragonés; y en cuanto á lengua, observóse con frecuencia, y esto prueba el gran respeto que merecían los antiguos usos, que en las cortes generales de toda la Co- rona celebradas en Monzón, y á que asistían Aragoneses, Catalanes, Mallorquines y Roselloneses, Valencianos y á veces los representantes de Cerdeña y demás islas, con to- en lenguaje convencional de trocadores, recitadas por juglares en las fiestas de la coronación de algunos reyes, según puede verse en Muntaner y otros cronistas. – 91 – do y ser la lengua oficial de aquellas asambleas la Catala- na, por ser la de todos los dominios menos [de Aragón, hacían los Aragoneses sus listas de agravios, memoriales, artículos y cuanto les convenia^manifestar ó escribir en su propia lengua, y en el caso de tener que contestará la pro- posición ó discurso de la Corona, que pronunciaba siem- pre el Rey en Catalán, algún representante de los brazos del antiguo reino, el arzobispo de Zaragoza por ejemplo, 6 aun qué fuese un infante Real ejerciendo algún alto cargo en Aragón, lo hacia .valiéndose del idioma Aragonés — in idiomate Aragonensi — in lingua Aragonense — m Artigo^ snensis verbis—^ sin que de este hábito admitido se origi- nase perturbación alguna en la marcha general de los ne- gocios, ni contra la buena armenia que reinaba en la fra- ternal unión de aquellos^distintos pueblos. No hubo, pues, obstáculo trascendental para cimentar con toda solidez la obra de la Confederación, nada surgió que pudiese romper aquel indisoluble lazo con que se unieron fraternalmente [Catalanes y Aragoneses para su mutuo y común provecho, lazo tan íntimo, que en las glo- rias que juntos consiguen, indistintamente llega á seña- larse por diversos historiadores uno solo de aquellos dos nombres para expresar todos los de los demás reinos que entraron en la Confederación y que participaron de aque- llas mismas glorias; pudo haber disturbios anteriores por cuestiones feudales, disputas entre pueblos y señores, y jserios disgustos entre los ricos hombres y el . Rey; pudo levantarse una parte del pafs sosteniendo una bandera que otra parte rechazaba, y sucumbir uno de los contendientes – 92 — ,y ser el monai;ca| mas ó menos vengativo y duro con loí^ vencidos; y pudieron cometerse injusticias, y amenazar grandes compromisos y sufrir penas y quebrantos por culpa de reyes ó de pueblos, ó por el diverso modo de sen- tir de cada estado en ocasiones de graves conflictos; pero, con todo y estas inevitables vicisitudes por que natural- mente ha de pasar todo pueblo que se precie de grande y tenga dilatada historia, vicisitudes hijas de la misma de- bilidad humana de que ninguna raza se esceptua, nunca —con orgullo lo proclamamos! — nunca se atentó á la di- solución del famoso lazo que se trazó en tiempo de Beren- guer y Petronila, ni un solo ejemplo puede citarse, no ya de un pueMo, sino de un feolo hombre tan siquiera. Cata- lán ó Aragonés, que ideara y menos propusiera la destruc- ción de la grande obra que fué la madre fecunda de todas^ las grandezas con que se enalteció la fanwsa Confederación ée que tratamos, antes bien bastaba que asomase un pe- ligro común, que se idease una empresa gloriosa, que conviniese favorecer una causa justa de un amigo vecino ó lejano, para que la homogeneidad nacional, bajo sus di- versas fases, reviviera instantáneamente, cesando como por encanto los mezquinos odios, olvidando, ó cuando me- nos suspendiendo en obsequio á la patria, todas las pre- , tensiones, cediendo los reyes de sus iras, y corriendo se- líores y vasallos, plebe y nobleza, á replegarse bajo la in- victa ensena de los Condes-Reyes, la enseña de la patria, brillante estrella que guió á nuestros heroicos antepasados por todos los mares y regiones entonces frecuentados, con- duciéndoles siempre á la victoria. * . – 93 — Tras esta salvedad y aclaración indispensables, vmfi^ quemos ahora la reseña histórica proinetida, que acredite la no interrumpida serie de famosos actos Ueyados á cabo por los hijos de las dos naciones hermanan, actos que de^ ben partir ya del reinado del Principe de Aragón, Ramón Berenguer IV, en el período^que nos ocupa, no solo para justificar el útil resultado de te Confederación en los siglas de su apogeo, sino para probar una vez mas la necesidad que t,enian las dos naciones. Catalana y Aragonesa, dequa aquella se estableciese, la razón porque hubo de retar- darse la reconquista de la Cataluña Nueva y tácitamente la realización del plan estratégico de Ramón Berenguer para conseguirla, abriendo asi el camino por el que hablan de seguir sus intrépidos sucesores, y logrando que la Confe^ deracion fuese estable, firme y segura, que se engrande- ciese con sus conquistas, y que su renombre creciese hasta la altura de las mas poderosas naciones del mundo. Empe- cemos, pues, ofreciendo ante todo el cuadro preferente que corresponde al período que historiamos. La rebelión de los Baucios en Provenza para usurpar los dominios al sucesor de Ramón Berenguer III en, aquel país, llamaron la atención del Conde^de Barcelona, natural pro- tector del que allí habiaj[de recordar la magnanimidad de . los Bereng¡ueres y conservar los derechos que heredara de dona Dulcía. Mientras acudiese á Provenza el Príncipe de Aragón, aprovecharía su ausencia el Navarro para inva- dirle el reino, y al propio tiempo el Conde de Ampuria$> que, llevado de sus ínfulas, se había rebelado también en su comarca, podía tomar tal ánimo, viendo á su antago- ~ 94 — Bista fuera del territorio Catalán, que acaso bastara á tras- tornarle todos los planes, entre ellos el principal, cual era la parte de reconquista no verificada todavía en Cataluña y en algunos extremos del antiguo reino. Para burlar es- tos propósitos de aquellos inesperados enemigos, ocúrrele á Ramón Berenguer el feliz pensamiento de pedir al Gra» Maestre de los Templarios de Jerusalen que le envié caba- lleros de su Orden para fundar en estos reinos, y conce- dida la súplica, proteje á los fundadores, que en corto tiempo desarrollan su institución, y les encarga la defensa de la frontera, con lo que logra tres beneficios, 1.** evitar que se renovasen pretensiones por antiguos derechos de los que pudieran titularse herederos de Alfonso el Bata- llador^ 2.° imposibilitar al vecino que intentase hacer irrupciones, y 3.°, ahorrar gran número de hombres que, en vez de distribuirse por los extremos limites de la na- ción, podian entonces concentrarse en aumento del ejér- cito del Principe, quien asi mas fácilmente podia extirpaY los obstáculos que se levantasen en Provenza ó en Ampu- rias. Correspondió al pensamiento el resultado: no obstan- te de tener que trasladarse por tres veces consecutivas á aquel Condado, Ramón Berenguer, prescindiendo de la compasión que mostrara al principio, destroza finalmente á los Baucios y hace entrar en razón al de Ampurias; ven- cidos aquellos peligros, corre otra vez á Aragón á alentar la defensa de ciertos territorios que conservaban los moros; deja, por de pronto, al walí de Lérida, almoravide, á quien no pudieran defender de seguro los demás almorá- vides de España, vencidos en parte por los triunfantes al- — as — I mohades, y al gobernador de Tortosa, que, no pudiendo depender de Valencia, por ser su rey Ben-Mordanisch, neutral, en vano esperara socorros de los dos partidos mu- sulmanes; y, aprovechando la ocasión de ir con el rey de Castilla y el de Navarra y con una armada de Genoveses ala conquista de Almería, conduce allá á Catalanes y Aragoneses, que se coronan de gloria, entabla amistad con los Genoveses, para que después de la hazaña que entonces emprenden le ayuden en la conquista de Tortosa, y logra que estos extranjeros firmen un tratado de paz con el prin- cipal caudillo moro Valenciano. Con tal combinación aisla naas y mas nuestro héroe á los Tortosines, en ayuda de los cuales no pueden ir los Valencianos sin romper con los Genoveses, y lanzándose entonces con estos al asalto de Tortosa, la conquista, cayendo en consecuencia, por razón del mismo aislamiento, que es mayor después de tomada la gran cindadela del Ebro, Lérida, Fraga y Mequinenza, y cuantas poblaciones se encuentran por las riberas del Cinca y Segre, desembarazo magnífico que facilita al Con- de de Barcelona acorralar por entero á todos los moros del Campo de Tarra^on^ hacia las montañas de Prades y Ciu- rana, donde les obliga á hacerse sus vasallos bajo una ley pactada, de manera que asi consigue lo que ninguno de sus predecesores habia podido emprender apesar de su buena voluntad y grande ánimo, la reconquista de Cata- luña la Nueva, reunir bajo su poder toda la anltigua Marca Hispánica,* dejar libre á Aragón de todo, dominio parcial musulmán, facilitar mas la comunicación entre los dos es- tados unidos bajo su cetro, y enrobustecer con mas firme ~ 96 — base la Gonfederacion qtie era indispensable para realizoF todas las demás hazañas que les tócala cumplir á sus su- cesores, para que la oBra fuese completa, grande y prove- chosa. No paró aquí su actividad: como si quisiese indicar el camino de las conquistas futuras, cuyo cumplimiento estaba reservado á sus sucesores^ euTÍa sus huestes por las orillas del Ebro, donde se apodera de la grandiosa forta- leza d« Miravet, y empieza á escaramucear por la orilla opuesta á Cataluña^ en dirección a Valencia; y seguro en-, tonces de que ya no puede perder lo que ha recobrado y sujetado á su mano, atiende por todos lados á cuantos ne-* gocios exigen su intervención 6 esperan el remedio de su valor, tomando verdaderas proporciones de fino político, gran capitán y poderoso señor. Ya acude á Castilla para dar mayor pompa á las vistas del rey Alfonso con Luis de Francia, ya vuela otra vez, con poderosa armada, contra los Baucios, ya parte contra el Navarro, de cuyas manos arranca todos los pueblos y fortalezas que antes le habia ocupado este, ya atraviesa hasta Narbona para consolar á. su entristecida Vizcondesa, escarmentando á sus enemigos, ya por fin, cumpliendo una promesa hecha á Inglaterra, se traslada á los dominios del Conde de Tolosa, y con él se bate y octípa varias de las placas que este disputaba al rey Inglés. Tanta actividad y destreza proporcionan á Bamon Berenguer^ la m^yor nombradí^, coíisiderándole como príngipe sabio, íntegro y poderoso, y mientras unos bus- cm m amparo, otros solicitan su aJianza por ^r mas te- midos: así vemos aclemarle señor por los Bearnesesi qm le fian el gobierno de su país hasta que los herederos de – 97 – SU difunto vizconde lleguen á la edad de poder gobernar, y hacerse su vasallo el rey Lobo (Boabdele ó Abdalá en las €^scrituras) de Murcia, temeroso de perder su estado sin este reconocimiento; y si por un lado le halaga Enrique II de Inglaterra, llamándole en su ayuda, por otra el inismo Emperador Federico Barbaroja firma con él alianza y unión contra los enemigos de ambos, y le agasaja, y le cede gustoso la mano de una princesa de su familia para el Conde de Provenza, sobrino del nuestro, con lo que se lo- gra que aquel feudo imperial esté mas seguro y menos ex- puesto á contrariedades y turbulencias. A tan superior altura se elevó aquel Conde que, pocos años antes; señoreaba solo la mitad de Cataluña: en tanto grado, y en tan corto tiempo supo dilatarla importancia de los estados que regia, el principe que tuvo la habilidad de transformar en ung, nación poderosa un pequeño reino y un condado Incompleto, cada uno de los cuales solo con heroicos esfuerzos pudiera llegar á librarse de enemigos interiores, pero difícilmente á engrandecerse mas allá de sus naturales front^as. Esta fué la obra de Ramón Berenguer IV, este el bene- ‘ ficio de la Confederación primitiva, de la formada solo por despueblos, por Catalanes y por Aragoneses, y pues la obra y el beneficio eran fruto de una idea que no podia morir, veamos ahora, exponiendo la reseña prometida tras el cuadro preferente, como la idea germina, se arraiga y prospera en los reinados sucesivos, como la obra produce nuevas obras, como el beneficio se multiplica en repe- tidos ejemplos, como, en fin, la Confederación se hace -. 98 -• mas vasta, conquistando y agregándose otros estados cuyos dueños y pobladores ^ han de ser los hijos y descen- dientes de aquellos mismos Catalanes y Aragoneses que ayudaron á Ramón Berenguer IV en áus nobilísimos es- fuerzos. El inmediato sucesor, el primer Conde-Rey, hijo de Ramón y de Petronila, sigue el ejemplo de su padre sos-, teniendo cuanto este habia sostenido en Provenza, en Na- varra, en el Languedoch para reprimir á ciertos barones que negaban el feudo que debian á la casa de Barcelona^ en Valencia, por cuyo reino se internó, hasta obligar al rey moro á entregarle el tributo que le dcbia, y finalmente en Castilla, para intervenir y lograr la paz que se necesi- taba entre el rey Castellano y el de León. Pedro llamado el Católico^ nieto de Ramón Berenguer, después que con majestuosa pompa se hizo coronar en Roma, acreditó la justicia de su título en lo que la Iglesia llama El triunfo de la Sania Cruz, en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, donde llevó á pelear, junto con Cas- tellanos y Navarros, á loSvCatalanes y Aragoneses, á los Rocaberti, Cartellá, Cruilles, Ribelles, Cardona, Cabrera» Centellas, Moneada, Cervelló, Pinos, Crexell y Anglesola y á los Luíia, Alagon, Euziá, Cornel, Romeu y Pardo con- tra la Morisma, que recibió un golpe mortal, sin duda el que mas hondamente cavó su sepultura; y si murió tan noble campeón, llevado de su deber y de su caballerosidad, á manos de Franceses, sin mirar el número de los contra- rios ni la maña y ambición de los reyes que les guiaron, deseosos de extender su dominio hasta el Pirineo, no le -as- faltaron sucesores que le vengaran con repetidos triunfos sobre la gente de Francia. Innumerables serian las hazañas que pudiéramos citar del hijo de Pedro, del mas excelso monarca que en su tiempo se ha conocido, de don Jaime el Conquistador^ pe- ro basta recordar que eli su tiempo, y guiados por su es- pada, es cuando los Catalanes y Aragoneses arrebatan de tnanos de los infieles primero Mallorca, Menorca é Iviza, y luego Valencia y parte de Murcia, esta última conquista por favor hecho al Castellano, á quien correspondia em- prenderla: con tales hazañas la Confederación se engran- dece con dos reinos mas, el Mallorquín (que permanece independiente una temporada y luego vuelve á agregarse para siempre), y el Valenciano, cad^ uno de los cuales vive en su particular autonomía, figurando respecto de la Confederación con igual carácter que los dos estados pri- mitivos. Tributarios hace el vencedor de treinta batallas á los* reyes de Tremecen, Túnez y Granada, atpaso que, para evitar guerras infructuosas, acuerda con el monarca Fran- cés un tratado que anula los derechos que este pudierii alegar á la soberanía primitiva de la Casa de Barcelona, y marca el límite hasta donde pudiera esta dilatarse en la parte Meridional de Francia. Vanos son los deseos dfe don Jaime ante la ambición Francesa, que no solo supo hacerse suya la Provenza, in- troduciendo allí á los duques de Anjú, sino animar á es- tos á erigirse en señores de Sicilia y de Ñápeles; pero el hijo de don Jaime, el rey don Pedro el grande^ que por via de su esposa Constanza, hija del desgraciado Manfredo — 100 — de Suabia, tenia derechos de sucesión al dominio de aque- lla isla, partiendo con sus poderosas armadas catalanas en ademan de hacer rumbo á África, llega á Sicilia, en. oca- sión que sus habitantes se levantaban contra sus opreso- res, vasallos del de Anjú, y recibiendo la corona de aquel reino, batalla sin cesar desde entonces, por mar y por tierra, contra Franceses de Francia 6 de Ñápeles, llegando á hacerse dueño del Mediterráneo, con la ayuda de su fa- moso almirante Roger de Lauria, y aunque aquella pode- rosa nación se atreve á pisar el suelo Catalán, por titularse vanamente rey de Aragón uno de sus príncipes, humillada queda, vencida y rota en el estrecho de Paínisars, y en tanto apuro, que, por favor, han de solicitar los vencidos Franceses al héroe triunfante les permita dejar pasar sin riesgo el cuerpo de su rey, del que la Historia apellida Feli- pe el atrevido, muerto ó moribundo, para poder llegar á Perpiñan, á la tierra del rey Mallorquín, á fin de cuidarle ó enterrarle dignamente. En este célebre reinado cinco son ya los estados de la Confederación: Aragón, Cataluña, ‘Mallorca, Valencia y Sicilia. Los méritos ó esfuerzos de los sucesores inmediatos á don Pedro proporcionan á la Confederación ptros dos es- tados mas, la Cerdeña y la Córcega, los méritos en cuanto á las cesiones pontificias, y los esfuerzos en cuanto á la gloria de combatir constantemente, para defensa de ainbas islas, con todos los rebeldes y ambiciosos que las preten- dían, con Písanos, con Genoveses, con los mismos Sardos, con los Jueces de Arbórea y con los Orias, para cuya su- — 101 — I jecion hubieron de sostener todos los subditos de estos rei- nos grandes y sangrientas batallas con las naciones marí- timas mas reputadas, sobre todo en tiempo de Pedro el Ceremonioso^ desde cuando puede decirse que la Cerdeña y la Córcega quedaban para siempre unidas al lazo con que mutuamente se aseguraron los estados primitivos y los agregados con posterioridad á la Confederación. Si de este rey Pedro, á quien prestan vasallaje, aclamándole se- ñor, los ducados de Atenas y de Neopatria, nuevo estado con que aquella puede contar en adelante, se hubiesen de memorar las guerras, mucho pudiéramos escribir en loor de los subditos que las sostuvieron, mas que de la causa que á veces las produjera, pero ciñéndonos á consignar la preponderancia que ejercía en aquel siglo el soberano de la engrandecida Confederación, basta recordar un solo ejemplo, y es, que á nuestro Pedro se debió en gran par- ,tela calda del monstruo de Castilla, de Pedro el Cruel^ por haber facilitado el Rey de Aragón á Enrique II los medios de penetrar en aquel reino, proporcionándole fuer- zas del suyo y de otros países extrangeros. El dominio de las islas con que se. engrandeció nuestra antigua patria ofrecía un peligro constante mientras exis- tiese la influencia Anjovina en otro reino inmediato, que se consideraba siempre como separado de la Sicilia por la fuerza de nuestras armas: reconociendo la queja, era lo mejor apropiársela, y pues el reino de Ñapóles había de ir hermanado con aquella isla, oportuno era que fuese conquistado el reino por quien de esta era señor. Solo un siglo medió entre Pedro el Ceremonioso y Alfonso el Mag- — 102 — . nánimo: aunque salido este de la segunda dinastía que principió por el elegido en Caspe, supo heredar de tal mo- do el espíritu de los Jaimes y délos Pedros, constante acierto interpretó la idea iniciada por Ramón Beren- guer IV, y continuada por sus sucesores, que hasta llegó á aventajar el discípulo á los maestros, pues el reino de Ñapóles, á vueltas de tremendos peligros, de vertigino- sas luchas . capaces de hacer retroceder al pueblo mas constante, y hasta de escarmientos, que no pudieron serlo para los nuestros, como que llegó á caer prisionero el mis- mo Rey, hubo de inclinar su orguUosa cabeza á los pies de Alfonso, quien, aclamado vencedor y héroe por amigos y enemigos, logró hacerse llamar para siempre rey de Si- cilia, pero Rey de uno y otro lado del faro de Mesina Rex SicilicB citra el ultra farum, y taj fué su poder y autoridad en aquel reino, qué hasta alcanzó establecer en él una di- nastía particular, nombrando sucesor á un hijo suyo natu- ral^ por cuya muerte, debiendo heredar la rama superior, que era la reinante en Aragón, vino á cumplirse cierta- mente un destino Providencial, porque justo era que rei- naran en Ñápeles los reyes Catalanes y Aragoneses, ya que al esfuerzo de Aragoneses y Catalanes, so debia el que flotase nuestra victoriosa bandera en aquel extremo de la península Italiana, bandera que solo pudo transformarse noías tarde en pabellón de la Monarjjuía Española, á cuya sombra hicieron proezas otros hijos de las diver&as y antiguas nacio- nes Hispanas que constituyeron aquella, y que, de seguro, no hubieran asomado en átales tierras, si antes no les abrie- ran paso los invencibles guerreros de Cataluña y Aragón. — – 103 – . Hé aquí el fruto de la sabiduría, del valor, de la cons- tancia: dos pequeñas naciones Hispanas, hermanándose, supieron hacerse poderosas y temidas en el espacio de tres siglos: su sabiduría les proporcionó numerosas hermanas, que ellas mismas educaron y alentaron, ‘ viniendo así á formar una envidiable familia, que no cupiendo en la casa paterna, se extendió por las vecinas y lejanas, transfor- mando en morada propia \^s regiones mas diversas y apar- tadas, de manera que la extensión de territorio que forma- ba la antigua Corona de Aragón (llamada Coronilla por bufonea, envidiosos é ignorantes) era equivalente al me- nos á dos terceras partes de la península Ibérica, á mas de la mitad de la actual España, y al doble del territorio que ocupábala nación Hispana mas extensa de aquellos tiem- pos; el valor con que se proporcionaron ese mismo en- grandecimiento las llevó á pelear, en España, con cuantas naciones existían, con Navarra, con Castilla, con Portugal, con los reyes árabes de Valencia y Granada, y fuera de ella, con Franceses, Ingleses, Genoveses y Písanos, Napo- litanos, Milaneses, con Turcos y Griegos, con Roma, con Bizancio, con los reyes y beyes de Marruecos, de Túnez, Fez, Constanlina y con cuantos régulos se conocieron en Berbería; y su constancia, por fin, les dio lo que no po- dían menos de alcanzar, les dio— con orgullo lo decimos — el triunfo definitivo, de que no se puede dudar, al ver que su engrandecimiento es siempre creciente, y que no pier- den un solo palmo del territorio que van adquiriendo. — lOÍ — Si la Confederación Catalano-Aragonesa continuara con igual empuje por dos siglos mas, si alcanzara la época de los descubrimientos marítimos ¿quién sabe hasta dónde llegara su grandeza? Pero sonó la hora de su decadencia, topó con el freno que la habia de detener para siempre, y cesó en su carrera, como si bastase su glorioso pasado, que vive en la Historia, para compensarla del dolor que le pro- dujeralo que dejaba de hacer y pudiera haber cumplido bien en lo futuro. Una casualidad arrastró á tan terribles efectos á la antigua patria que no cesamos de alabar, y al explicarla, volvemos por precisión al principio de este discurso, que debemos recordar, para que se conozca me- jor el fin: las naciones Hispanas que fueron asomando cuando la reconquista, por efecto de tratados y de matri- monios de sus príncipes, hablan llegado á agruparse bajo dos cetros solamente: todos los territorios de Galicia, Astu- rias, León y las Castillas reconocían por reina y señora á Isabel de Castilla, al paso que los demás territorios (escep- to el de Granada, no conquistado todavía) eran regidos por el monarca de Aragón, Juan H, que habia hecho rey de Sicilia á su hijo don Fernando; para que Castilla tuviese al frente de su gobierno un varón digno, tratóse de casar á Isabel con el joven rey de Sicilia, que se trasladó á la morada de su esposa, y empezó á familiarizarse con los hábitos Castellanos, y como don Fernando, luego de muer- to don Juan, habia de ser el natural heredero de su padre, todos los reinps y señoríos de España y de fuera de ella, que constituían la gran Corona de Aragón, pasaron á poder del esposo de la reina de Castilla, ó mejor, reuniéronse — 105 — bajo el poder de los dos esposos todos los dominios Espa- ñoles, y resultando una monarquía única y general, revi- vió entonces el nombre de España, estáblecidfe en conse- cuencia una sola corte, desapareciendo las antiguas, y eli- giendo para ello solo el centro geográfico y hasta geomé- trico del mapa, sin mas condiciones, los habitantes de la región escogida para tanta honra, la raza mas influyente en este mismo centro, la mas inmediatamente subdita de la reina Castellana hubo de ejercer desde entonces la única influencia que pesó sobre las demás naciones y razas que obedecían á los reyes Católicos de España, ,y los antiguos centros de influencia, los núcleos de las grandes naciona- lidades antes independientes, desaparecieron para siempre^ transformándose las naciones confederadas en provincias Españolas, y siendo Aragón y Cataluña, respecto del nue- vo centro, ni mas ni menos que cualquiera de sus hermanas ó de aquellas naciones en cuya compañía no hablan vivido antes. Las dos corrientes, los dos grandes rios en que se divi- dió la multitud Hispana tras la rota de Guadalete, la que se dirigió á Asturias, donde tuvo principio la monarquía de Pelayo, y la empujada; hacia Cataluña y al través del Pirineo para volver después y erigir la soberanía de los Beréngueres, confundiéndose en un mismo cauce, hacían desaparecer todas las corrientes secundarias y sus nom- bres, y unidos y poderosos se transformaban en inmenso lago, cuyos bordes habían de ser, á corta diferencia, los límites que tenia el reino do Rodrigo. La monarquía general Goda fué, pues, origen de las na- — 106 — cioDes Hispanas, entre las que se comprende la Confedera- ción Catalano-Aragonesa con todos los demás estados que la engrand|cieron: la monarquía Española de los Beyes Católicos acabó con la importancia de aquellas, anonadó la que habia sabido conquistarse en todo Europa la Confede- ración de que tratamos. En tal situación ha continuado la España por tres siglos mas: si la política y el interés de la misma nación Españo- la reconocen que así ha de continuar para siempre y que es imposible retroceder a la situación antigua, la Historia no dejará de consignar que España no fué jamás una nación homogénea en carácter, costumbres, legislación, lenguaje, tradiciones y glorias, como tampoco es igual en el clima y en las producciones de su suelo; y si la virtud y la ilus- tración de sus hijos logra que se unifique lo primero, ya que lo segundo es imposible, la fuerza de los años nos ha- rá conocer que la Providencia compensa á los pueblos que tienen vida propia, activos y laboriosos, haciéndoles cen- tros de gran civilización y adelanto en los modernos tiem- pos, como lo fueron de empresas políticas y guerreras en la Edad Media, gracia que no alcanzarán jamás aquellos centros cuya vida es artificial, sin historia anterior que les abone, sin esperanza provechosa que les aliente. /■ ‘V. COLECCIÓN DE DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS. índice Y EXTRACTO DE LOS MISMOS. I Testamento de Alfonso el Batallador, por el que nombra herederos y sucesores suyos en el reino de Aragón á los ca- balleros del SantQ Sepulcro, á los Hospitalarios y á los Templarios. II. Donación hecha por Ramiro 11 de Aragón de su hija Pe- tronila y de su reino al Conde de Barcelona Ramón Beren- guer IV.— Sigue el homenaje prestado al Conde por los barones. III. Confirmación de la donación por Ramiro al Conde de Barcelona, declarando al mismo tiempo la nulidad de cuantas donaciones habia hecho, engañado, después de aquella. — 108 — IV. Mandato de Ramiro á sus vasallos, de todas clases, para que tengan sus castillos, fortalezas y honores por el Con- de de Barcelona, y le presten fidelidad. V. Reversión de la parte del reino Aragonés que Don Alfon^ so habia dejado al Santo Sepulcro, hecha por Wihelmo, patriarca de Jerusalen, al Conde de Barcelona Ramón Be- renguer. VI. Carta de Wilielmo, patriarca de Jerusalen, al Conde de Barcelona Ramón Berenguer, confirmándole la reversión 6 cesión de la parte del reino Aragonés que Don Alfonso habia dejado al Santo Sepulcro, recomendándole un comi- sionado que le envia á este objeto, y celebrando la fama de que disfruta. VIL Confirmación hecha por Raimundo Maestre del Hospital, junto con los priores Martin y Caixal, de la cesión de la parte del reino Aragonés, que dejó al Hospital y al Templo Don Alfonso, á favor del Conde de Barcelona Ramón Be- renguer. — 109 – VIII. Gonfiriiíiacion apostólica de las reversiones y cesiones de la parte del reino Aragonés que dejó el rey Alfonso á los Hospitalarios y Templarios, hecha por el Pontífice Adria- no IV. á favor del Conde de Barcelona Ramón Berengueri IX. Tratado de pazy alianza entre el Conde de Barcelona Ra- món Berenguer y el rey Garcia de Navarra, por el que aquel promete casarse con Blanca, hija del segundo, dándose á es- te oljjeto mutuas seguridades, y entregándose castillos en rehenes. X. Tratado de paz y alianza, firmado ^n Tudilen, entre el Conde de Barcelona Ramón Berenguer, Alfonso Empera- dor de España y el hijo de este, llamado rey Sancho, por el que se reparten los dominios del rey Garcia dé Navarra, se señqtlan los límites de las conquistas, y promete ^1 Em- perador que su hijo Sancho’se separará de su esposa, hija del rey Garcia, siempre qualo disponga el Conde de Bar- celona, á cuyo fin y para mayor seguridad se prestan mu- tuo homenage. XI. Testamento déla reina Petronila, en el acto de su pri- — lio — mer parto, dejando el reino de Aragón á su esposo el Con- de de Barcelona, y después de la» muerte de este al’ hijo que naciere, y en caso de morir el hijo sin sucesión, al , padre. XII. Testamento sacramental del Conde de Barcelona, en el que nombra heredero y sucesor suyo en Aragón y en Bar- celona á su primogénito llamado entonces Raimundo, y el Condado de Cerdaña, el señorío de Carcasona, el feudo que tenia Trencavello y el derecho que le correspondía en Narbona á otro hijo llamado Pedro. XIII. Nueva donación de Petronila, por la que cede todo lo correspondiente al reino de Aragón á su hijo Alfonso, lla- mado antes Raimundo, previniendo que si muriese sin su- cesión, se siga, en todo, lo prevenido en el testamento del padre, Ramón Berenguer. XIV. Testamento sacramental de Petronila, declarado con to- da formalidad, ante el altar de San Félix, de lajglesia de San Justo, por el que deja el reino de Aragón á su hijo Al- fonso, y manda qne sea enterrada en la Seo de Barcelona. X. Archivo general de la Corona de Aragón, — Yaria I. Líber Feudorum, Alfonsi I: núm. I, fól. 5, In nomine summi et incomparabilis boni quod Dens est. Ego Adefonsus Aragonensium et Pampilonensium sive Ripacorcensium Rex cogitans nfecum et mente pertractans quod omnes homines natura mortales genuit proposui in animo meo dum vita et incolumitate potior ordinare de regno a Deo mihi concesso et de possesáionibus ac reddi- tibus meis quomodo sit post me. Igitur divinum timens ju- dicium pro salute anime mee nec non patris et matris mee et omnium parentum meorum fació hoc testamentum Deo et domino nostro Jhesu Xpo et ómnibus sanctis eius et bono animo et spontanea volúntate oflFero Deo et beate Marie Pampilonensium sanctoque Salvatori Legiorensi cas- tnim Stelle cum tota villa et cum ómnibus que M jus re- gale pertinént ut medietas sit ‘sánete Marie et medietas sit sancti Salvátoris. Similiter dono Sánete Marie Nagarensiet sancto Emiliano castellum Nagarense cum ómnibus rebus sive honoribus que pertinént ad illud castrum. Castrum quoque de Tubia cum toto suo honore et istorum omnium media pars sit Sánete Marie et media pars Sancti Emilia- — 112 — ni. Offero quoque Sancto Salvatori de Onja castrum Belfo- rad cum toto suo honore. Dono itidem Sancto Salvatori de Obieto Sanctum Stephanum de Gormaz et Almazanum cum ómnibus suis pertinenbiis. Dono etian Sancto Jacobo de Galicia Calagurram et Cerberam et Tutillon cum óm- nibus suis pertinenciis. Sancto etiam Dominico de Silos do castrum Sangosse cum villa et cum duobus burgis novo et veteri et mercatum eiusdQm. Do etiam beato Joannide Pin- na el beato Petro de Ciresa onanes illas dotes que fuerunt matris mee scilicet Bel et Bailo et Astorit et Ardfenes et Sios et omnes illas que poterint inquirero quod fuerunt dotaría matris mee et horum media pars sit Sancti Johan- nis de Pinna et media pafs sit Sancti Petri de Ciresa cum ómnibus pertinenciis suis. Itaque post obitum meum he- redemet successorem relinquo meiSepulcrumDominiquod est Iherosolimis et eos qui observant et custodiunt illud et ibidem serviunt Deo. Et Ospitale pauperum quod Ihero- solimis est et Templum Domini cum militibus qui ad de- fendendum Xpianitatis nomen ibi vigilant. His tribus to- tum regnum meum concedo. Dominatum quoque quem habeo in tota térra regni mei í^rincipatum quoque el jus quod habeo in ómnibus hominibus terre mee tam in cle- ricis quam in laicis episcopis abbatibus canonicis mona- chis obtimatibus militibus burgensibus rustids et merca- toribus viris et mulieribus pusillis et magnis divitibus ac pauperibus judeis etiam ac sarracenis cum tali lege el consuetudine quale pater meus et fratres meus et ego acte- nus habuimus et habere debemus. Addo etiam Milicie Templi equum meum cum ómnibus armis mei& et si Beus — 113 – I dederit mihi T6rtQsám tola sit Ospitalis Jherusalem. Pre- terea quod non est mirum si fallimur quia homines sumus si qua ego aut pater meus sive frater ecclesiis terre nostre sedibus aut monasteriis de rebus honoribus vel possessio- nibus injuste abstulimus rogamus et jubemus ut prelati et domini Sancti Sepulcri et Ospitalis et Templi juste resti- tuant. Eodem modo si cui homini meo viro vel mulieri clerico vel laico aut ego aut aliquis antecessorum meorum hereditatem suam Injuste abstulimus ipsi misericorditer et juste restituant. Similiter de propietatibus que nobis vel antecessoribus nostris hereditario jure deben tur pretor ea que Sanctis locis tradita sunt ab integro relinquo eas se- pulcro Domini et Ospitali pauperum et Milicie Templi tali tenore tit post mortem meam illi qui per me tenent eas te- neant in tota yita sua sicüt per me et post mortem illorum sint ab integro Sepulcri et Ospitalis et Templi et cui daré voluerint eas. Hoc modo totum regnum meum ut supra scriptum est et totam terram meam quantum ego babeo et quantum mihi remansit ab antecessoribus meis et quan- tum ego adquisivi vel in futurum auxiliante Deo adquiram et quicquid ego ad presens do et in antea juste daré potero totum tribuo et concedo sepulcro Xpi et Ospitali paupe- rum et Templo Domini ut ipsi babean tetpossideant per tres justaset equalespartes.Hecomnia supra scripta dono et con- cedo Domino Deo et Sanctis superius scriptis ita propia et firma ut hodie suntméa et habeant potestatem dandi et au- ferendi. Et si aliquis eorum qui modo habent istos honores vel habebunt in futurum voluerint se erigere in superbiam et noluerint recognoscere istis sanctis sicut mihi mei ho- 8 — 114 — ‘ mines.etmei fideles appellevt de traditíone et de baudia sicnt facerent sí ego essem tívus et préseos. £t adjaycmt eos per fidem síne fraude. Et si in yita mea placuerit mihi qaod de istis honoribus superius dictis Yoluerim relÍB— quere yel Sánete Maríe vel Sancto Johanní de Pi^a yel aliis sanctis illi qui tenuerint eas accipiant a me quod ya— leat. Hec autem omnia fatio pro anima patrís mei et ma- tris mee et remissione omnium peccatonim meorum et ut ma’ear habere locum in yita eterna. F&cta carta in Era M* C* LX* Vllir in mense octobris in obsessione Baione. Sancius Petre rubee scriptor Regis scripsit cartam. (En el registro 310, encuéntrase otracopia, que sibien tiene en blanco la mitad de la fecka^ pero es mas completa que la que antecede j pues antes del nombre del notario^ continúa de e$te modo.) Istius queque doni testes sunt cum iuramento Eneco Exeminonés de Segovia Fertun López de Soria Fertun Azenarz de Berlanga et Garssia Sanz de Berlanga Caixal Sungo Enecones eius nepos et Fertun Enecones eius ger- manus Lop Caixal Furtunio Exemenez de Lerat Petrus Eneches de Petralata Lop Enecheá eius germanus Petrus Escherra Ennechot de Tobia Exemen Fortunos de Bastan Oveilola Petrus Moin^z Petrus Tizón Lop Exemenez nepos eius Comes Latro nomine et fratres eius Lop Enechons et ■Furtunius Enechons Guillem Azenarz Almorabeth Enne- cho Garzez de Lombier Lop Exemenones de Torrellas Mar- tinus de Leeth Oiva de Lerin Marcho de Anrrade Joan íDiez Gassion de Belforato Ramón Arnaldi de S. gB Gassion de Soula Caboz Garssia Azenar de Forrera Maiaio Exem^ — 118 – Recofis de Astaon et Zecondin elus germanus Seguin de Loffayo Lop López de Anigla Rodriz Petrez de Oreia Lop Arzez Perégrin Ortino Ortis de Fonces Lop Sanz de Bel- cfait Artald Gascón Quadrato Zaválmedina Gounes Furtun Azenarz de Tirassona P. Mir de Enteoza P. lusbet Beren- ger Gombált P. Ramón de Ril Comes Arnalmir de Paiares P. Ramón de Estada Erzon Exemen Fertinons de Calesanz At;to Garzos de Barbastro Johan Galinz de Antigon Lop Fortinons de Albeto Ferriz Blasco Fertinones de Asclor Sanz lohan de Oscha Fertuá López de Aierb Gastange de Biele Yon Gomis^de Ceroso P. de Lezma Bertrán de La- ruas JMichel de Aszlor et multi alii quos non nominamus n«que hic seripsimus. II, Archivo general déla Corona de Aragón, — Varia I. Liher feudorum. Alfonsi L núm. I, fól. 6. In Dei nomine. Ego Rammirus Dei gratia Rex . Arago- nensis dono tibi Raimundo Barchinonensium Comes et Marchio flliam meam in uxorem ctim totius regni integri- tate sicut pater meus Sancius rex vel fratres mei Petras et Ildefonsus mélius unquam habuere vel tenuere ipsi yel utriiisqne sexus homines per eos salvis usaticis etconsue- tudinibns quos pater meus Sancius vel frater meus Petrus habueruntjn regno suo. Et comendo tibi omnes prephati * — 116 — regní homines sub hominio et juramento ut sínt tibi fide- les de vita tua et de corpore tuo et de ómnibus membris que in corpore tuo se tenent sine omni fraude et deceplio- ne et ut sint tibi JBdeles de omúi regno pretitulato et uni- versis ómnibus ad illud regnum pertineiitibus salva fideli- tate mei et filie mee. Hec auíem omnia superius scripta ego prephatus Rex Ranlmirus taliter fatio tibi Raimunde Barchinonensium Comes et ‘Marchio ut si filia mea mortua fueht prephata te superstite donationem prephati regni li- bere et inmutabiliter babeas absque alicuius impedimento post mortem meam. Interim vero si quid augmentationis vel traditionis de honoribus vel municionibus prephati regni me vívente faceré tibi voluero sub prephata hominum fidelitate firmum et inmobile permaneat. Et ego prephatus rex Rammirus sim Rex dominus et pater in prephato reg- no et in totis comitatibus tuis dum mihi placuerit. Quod est actum III idus angustí auno Incarnationis Dominice CXXXVII post millesimum. Era M* C’LXX’ VI’ prephato rege Rammiro regnante. Signum Rammiri gg Regis. Ut omnia superius scripta fideliter et incomutabililer observen tur prenominatus rex Rammirus comendavit Co- miti Rarchinonensi suos barones subscriptos sub hominio et juramento. In primis Comitem Palearensem Raimundum Petri de Eril Petrum Raimundi filium eius P. Raimundi Destada Gomballum de Benavent Balach Furluno Dador Guillem de Cápela filium Berengarii Gombalfi Bernardum Petri de Laguarres Petrum Lobiz Sancti Stephani GaJi Garcez de Sancto Vincentio Petrum Mironis de Entenza Gombal de Entenza Lóp Garóes Laita Frontinum Gómez 4 — 117 – – Ferriz Pelegri de Castel Azol^rpa Sansanz Darsu Maza Furtundat de Barbastro Furtun Garcez frater de Maza Gar- cía Ces de Oscha Garda de Rodelar Loba Lasch de Pomar Porchet Petras frater eius Ramón del Arbes Michael Dal- bera Sanz Dandio Gali Sanz de Grads Lob Sanz de lacha Gaiet Pedro Lopiz de Lusia Gali Xemenons de Alchala. Poncius scriptor hec scripsit domini Regís precepto díe annoque prephato qui sólito more hoc ímposuit Sigggiium’. Archivo general de la Corona de Aragón, — Varia I. Líber feudorum. Alfonsi I.^núm, I, fól. 6, Hóc est donatívum quod facít domÍDius ac venerabílís Rammíras Rex Aragonensís íllustrí Barchínonensíum co- míti Raimundo. Donat namque ei confirmat et laudat quod ab ipso díe ex quo ei donavit filiam suam cum suo honore et suos homines et ín hominío comendavit apud Barbas- trum quícquid actenus Rex¡|alícui dedisset vel consensisset totum irritum fiat nuUamque stabílítatís rectitudiaem ha- beat. Itemque donat ei et firmater laudat quod ab hodierna die ín ante nichíl unquam alícui donet vel laudet absque consilio et bona volúntate Gomitis. Quod si fecerit similí- ter irritum et sine stabilitate fíat. Hoc donum Jecit Rex Rammirus consilio et volúntate suoram nobilium hominum — 118 — subscriptorum in castro de lerb Vr kalendas septembris anno Dominice Incarnationis CXXXVII post mille. Ei^ M’ C LXX’ V. Episcopus Oschensís Abbas Montia Arago- ni. Gómez Maza. Raimundi del Arbes. Garcia Cez de Os-^ €ha. Frontinus Fruntun de Bergua- Lop Garcez Laita. Ene- go Lobez. Lop Balasch. Garcia Cez. Petro Lobiz de Lusia et alii plurimi curié Regís nobiles homines lestes et audi- tores qui hoc fieri voluere et factum pariter laudavere. Hoc totum falio propter multas deceptiones et fraudes quas a multis sum passus et ne mihi ulterius fiant hunc modum imposui Signum Regis gg Rammiri. Sigggnum Poncii scriptoris Comitis qui hoc scripsit ex mandato domini Regis prephati. Archivo de la Corona de Awgon.–^ Varia I. Liher Feudo- rum, Alfonsi I, Núm. I, fól 6. v. Ómnibus est manifestuín. Qtiod ego Rammirus Dei gra- tia Rex Aí’agonensis dedi filiam meam Raimundo Comiti Barchinonenái cum omni regni mei honore. Nunc ego spontanea toluntate ac firmo cordis affectu voló preoor et mando cunctos homines meos milites clericos ac pedites quafenus caára et munitiones sive alios omnes honores ita per eundem Raimundum Comitem deincebs teneant et habeant sicut per Regem debent tenere et habere et ei — 119 — taiiquam Regi in ómnibus sub continua fidbtitate obediant. £t ut in hoc nulium oiDcasionís vel pesshne machinationis * ingenium ab aliquo possit intelligi totum eí dimitto dono atque concedo quicquid retín ueram in ipsa alia carta do«- nacio’nis regni quam ei antea feceram cum filiam meam d dedissem. Supradicta queque omnia ego Rammims Ara^* gonensium rex dono et firmiter laudo prephato Raimundo Comiti Barchinonensi ut hec que lili presencialiter dono et omnia que habebat semper habeat ad servicium meum et fídelitatem omni tempere. Quod est actuiii insuper Zaragoza idus novembris in presencia muhorum nobilium hominum regni Aragonensis in ibi assistencium. Anno Dominke hh carnationis CXXXVII post mille. EraM* C* L XXV. Supra- dicta omnia illi dono et firmiter laudo sicut melius umquam ea habuit frater meus Ad^fonsus ad fidelitatem meam omni tempore. Signum régis Rammiri gg. Sigggnum Poncli scriptoris Comitis qui hec scripsit dómini Regis precepto. V.- Archivo de la Corona de Aragón. — Varia I. Líber Feu- dorüm. Alfónsi /. N. /, fél. 7. In nomine patris et filii et spiritus sancti Amen, tlni^ rersis sánete Ecctesie pateat flliis quod Adefonsus riei Arc^ gbnensium inclitus in suo pleno sensu et memoria et ad «i(tremum etiam rite sue tercíam partem* regni mi quod) — 120 — 4 ipse habebat et tenebat dedit et in suo testamento dimisit omnipotenti Deo redemptori nostro eiusque sanctissimo sepiHcro et ut post obitum eijis hoc ratum et firmum ha— beretur suos homines jurare fecit et sic Dominice Passio- nis et resurrectionis ecclesiam hereditariam suam reliquit ut secundum Apostolum coheres Xpi. lieres autemDeí fie- ri mereretur in celis. Quia vero regnum illud a Jhe- rosolimorum partibus iongissimis terre marisque fíni— bus segregatur et a sarracenis assidue assultatur et impugnatur christiani autem ibidem conmanen tes fide- lissimo rectore atque industrissimo indigent defensora Qgo ^ilelmus Dei misericordia humilis sánete civita* tís Jherusalem patriarcha communicato Jherosolimitani regni consilio una cum Petro venerabili Dominici Sepulcri priore omnique canonicorum conventu eius- dem tibi Raimunde venerando Barchinonensium comes quem utilem et necessarium ad terram regendam et defen- sandam et sanctarum Jherusalem virtutum amatorem cog- novimus tueque cuñete progeniei ad servicium Dei et fide- litatem predicti sepulcri partem que pertinet iamdicto Do- minico sepulcro supra scripti regni damus et concedimus ut babeas et secundum Deum in justicia et veritate possi- deas tu et omnis progenies tua sub hac fidelitate evo per- henni et sécula cuneta. Preterea ut regia dignitate et regio nomine deincebs sublimeris auctoritate Domini nostri Jhe- su Xpi. et sui gloriosissimi sepulcri cui semper assistimus quamvis indigni et nostra sibi concedimus et auctoriza- mus. Quod si forte contigerit te sine legitima prole obíre pars hec sibi allata sine aiiquo obstáculo Sepulcro iamdic* – 121 — to remaneat. Nos autem atque successores nostri ad hono- rem et utilitatem sanctissími Sepulcri retinemus in hac parte nostra tibi atque progenie! te concessa in Barbastró in Oscha in Cesaraugusta inDarochain Calataiub in lacha et in ómnibus aliis civitatibus quas Deo juvante adquirere poteris singulos homines de singulis legibus cum domibus et terris et vineis pratis pascuis et aquis cunctisque eidem domibus pertinentibus cum ómnibus serviciis censibus et usaticis regi pertinentibus ita ut nec tu Comes nec aliqua persona per te in predictis hominibus vel eorum possessio- nibus audeas aliquid requirere sed omnino liberes ac sine omni inquietudine quietos dimittas. Sub hac etiam libér- tate similiter retinemus in ómnibus castris et villis totius regni ubi plus quam XXX villani fuerint habitatores sin- gulos homines cum ómnibus eorum possessionibus ser- viciis et usaticis ut superius scriptum est. Tali qui- dem conditione omnia nostre parti pertinencia tibi supra- memórate Comiti damus et confirmamus et de nostro jure in tuam potestatem tradiüius et homines a jura- njento nobis facto absolvimus et in tua fidelitaté et servi- cio submittimus. Si qua igitur ecclesiastica secularisve persona hanc nostre constitucionis paginam sciens violare presumpserit si non satisfactione congrua emenda\^rit a sacratissimo corpore ac sanguino Dei et Domini redempto- ris nostri JhesuXpi. aliena íiat atque in extremo examine cum Juda proditore depereat et excommunicationi doñee satisfecerit subiaceat. Facta est autem hec carta IIII ka- lendas septembris anno Dominico Incamationis M.* C** XLr indicione IIII. gg Ego Wielmus Dei gratia Jherusalem patriarcha. gg Ego Petras Dominici sepulcri prior, gg Ego Pelrus subprior. 88 Ego Obertus* sacerdos et canioDicus Sancti Sepulcri. gg Ego Lambertus sacerdos et canoDiGus sanctissimi Sepulcri. ggEgo Aimericus sacerdos et cano- nicus Sancti Sepulcri. gg Ego Giraldus sacerdos et canoni- €us Dominici Sepulcri sánete Jherosolimitane ecclesie in Ispaniam legatus. gg Ego Guarneritis sacerdos et canoni* cus Sanctissimi Sepulcri. gg Ego Lambertus sacerdos et canonicus Dominici Sepulcri. gg Ego Wilielmus sacerdos et canonicus sancti sepulcri. gg Ego EUermus sacerdos et ca- nonicus sancti sepulcri. gg. Ego Godefridus sacerdos et canonicus sancti sepulcri. gg Ego Rodbertus (sic) et cano- nicus sancti sepulcri. gg Ego Nicolaus cononicus Sancti sepulcri. gg Petri Bernardi sacerdotis et canonici sanc- tissimi sepulcri. gg Ego Giraldus diachonus et cano- nicus sancti sepulcri. gg Ego Willermus diachonus et canonicus sancti repulen, gg Ego Burcardus diachonus et canonicus ^ncti sepulcri. gg Ego Rainerius diachonus et canonicus sancti sepulcri. gg Ego Burardus subdiaehonus et canonicus sancti sepulcri. gg Ego Willermiis subdia- chonus et canonicus sancti sepulcri. — Í23 Archivo de la Corona de Aragón. — Varia I* Líber feudo– rum. Alfonsi I. N. I. fól, 7. v. • Willermus Dei gratia Sánete civitatis Jherusalem pa- triarcha et P. Dominici sepulcri pirior eiusdemque con- ventus canonicorum Raimundo venerabili Barchinonen- sium Comiti amico et coñfratri in Xpo. salutem et patriar- ehalem benedictionem. Qüóniam vestre ammlrablHs et eximió probitatis virtns in tantum divina gratia cooperan- te effloruit ut vestri nominis fama quasi lucerna lueeiis ía medio xpianorum et sarracenorum prefulgeat gratiarum acciones innúmeras Omnipotenti Deo^ redwnptori nostro a quo cuneta bona procedunt humiliter persoMmus et ut sublimius exaltetur coram sacratiissimis eíusdém passionis €t resurrectionis locís exoramus* Innotescimus autem dig- nitati vestre quod litteras vestras in quibus concordia su- per regno Adefotsi pie memorie viri conlinebatur gratan- ter suscepimus unde communicato Jherosolimitani regni €onsilio vestris postulationibus digne assensum accomo- dantes partetn que pertinet Dominico Sepulcro secundum €onditionem a vobis institutam vobis et universo progeni- ei vestre concessimus et per privilegium sigillo nostro in- signitum confiribavimus. Ad recipiendam igitur justiciam hostram unutn de confratribus et concanonicis nostris — 121 — nomifie G. sacerdotalí gloria scientia etíam et moribus Dei gratia decoratum dirigimus. Precamur autem ex parte Do- mmi Nostri Jhesu Xpi. ot sui gloriosissimi sepulcri et nos- tra ut eum quem per omne regnum vestrum priorem su- per cunctis nobis pertinentibus statuimus cum celeris con- fratribus nostris honeste suscipiatis et absque impedimen- to sive molestia supradictam justiciam eis assignetis. Lo- cum etiam et ecclesiam in quibus inter vos convenienter conversare secundum Deum valeant in remissione peccato- rum et pajrentum vestrorum salute dandum opere studea- tis. Nos autem fraternitatem vestram et participationem omnium bonorum que agimus in missis psalmis orationi- bus et ceteris bonis operibus* ante Deum concedimus. Per eundem etiam fratrem privilegium supradictum vobis mittimus quem cum ceteris fratribus attencius vobis co- meüdamus et ut eos adjuvetis et ubique defendatis frater- no deprecamur. Mandamus preterea et mandando rogamus quatinus privilegium sigillo vestro insignitum quem ad- n^odum vobis fecimus nobis ^q cunctis nostris faciatis atque eis deliberetis. Yalde in Domino. , Archivo de la Corona de Araron, — Varia I. Liher feudo- rum, Alfonsi I. N, I. fól. 8. Universorum per prbem fidelium noticie pateat qualiter Adefonsus inclilus Aragonensium rex in 3uo pleno sensu — 128 – «t memoria et etiam ad extremum vite sue totum suum regnum quod ipse habebat et tenebat dedit et in suo tes- tamento dimisit Domino Deo redemptori nostro eiusque salutifero sepulcro necnon etiam sanctissimo Jherosolimi- tano Ospitali venerandeque milície Templi. Et ut post eius obitum hoc ratum ac firmissimum perpetuo tene- fetur suos homines jurare fecit. Ea de causa Raimundus Ospitalis predicti venerandus magister consilio ac precep- to domini patriarche Jherosólimitani totiusque conventus supra scripti Ospitalis ad partes Yspanie venit et prepha- tum regnum íUustrem Raimundum Comitem Barchinonen- sem tenentem invenit quem utilem ac necessarium ad regendum et defendendum predictum regnum cognovit. Igi- tur ego supramemoratus Raimundus licet indignus Ospi^ talis Jherusalem custos una cum Martino priore et Cacxa- le priore omnibusque alus fratribus Ispaniarum atque consilio et assensu nobilium militum Acagonensis regni qui hec juravere damus et concedimus tibi supradicto Co- miti Raimundo Barchinonensi tueque cuñete progeniei ad servicium Dei et fidelitatem Ospitalis predicti partem que pertinet Ospitali supra scripti regni ut babeas et possideas tu et otnnis progenies tua sub hac fidelitate evo perhenni et sécula cuneta. Quod si forte contigerit te sine legitima prole obire pars hec tibi allata sine aliquo obstáculo Os- . pitali iamdicto remaneat. Et ego supra scriptus Raimun- dus una cum ómnibus fratribus meis retinemus in hac par- te Dostra tibi concessa in Barbastro in Oscha in Gesarau- gusta in Darocha in Calataiub in Jacha et in omníbus^ alus civitatibus quasDeo juvant^ poteris adquirere singülos ho- – 126 — mioes de singulís legibus cum domibus et terris ac vineis pratis pascuis et aquis cunctisque eíusdem domibus perti- n^ntibus cum ompibus’ serviciis censibus et usaticis regi pertinentibus ita ut tu comes nec aliqua persona per te itt predictis honiLiDÍbus vel e(Hrum possessioníbus audeas ali- quíd requ|rere nisi quod contra pagados cum príore terre te adjuvént. Sub hac etiam libértate similiter retínemus in ómnibus castris et vilüs tolius regni ubi plusquam XXX* Yillani fuerint habitatores singuíos cum ómnibus eo- rum serviciis et usaticis ut superius est scriptum. Quia etiam retinemus in Jacca tantum spacium terre quo do- mus et ecclesia ad opus Ospitalis possuit confici. Pre- dicta vero omnia nostre parti pertinencia tibi supra me- morato Cos^iti damus et confirmamus et de nostro jure in tuam potestatem tradimus et homines a juxameiito nobis facto bbsolvimus et in tua fidelitate et servició summitti- mus. Si qua igitur ecclesiastica secularisve persona contra hoc factum nostrum temeré venire vel frangere templave- rit iram Dei Omnipotentis incurrat occulisque duobus in vita a fronte careat a corpore et sanguino Xpi. álienus existat atque in extremo examine cum Juda proditore par- ticipetur et hoc nostrum factum permaneat in sécula fir- mum. Facta carta XVI talendas octobris anno Dominice Incarnationis M.”* C’^XL.* SiggBnum Raimundi Ospitalis mogistri. Si^num Martini prioris. Fortunius abbas Mon- tis Aragonis. gg Sígggnum Raimuqdi Gomes. Signum Frontini. gg Signum Ferriz. gg Signum Arpa. 88 Signum Maza. gB Signum Fortun Garcez Garci Garcez. gg Galind Xemenons. gg Fortun Guerra, gg Signum Michael Dalbe- -=_ 127 — roo. ® Signum Ldb Blascho. Signum Lop Garciaz Daitaai 88 Signum Corjielii gg. Poncius scriptor Comitis notavit. VIII. Archivo de la Corona de Aragón, — Bula 2 de Adriana IV., y Varia I, Liheir feudorum Alfonsi h N i fól. 8 v. Adrianus episcopus servus servorum Dei. Dilecto filio nobili viro Raimundo Barchinonensi Comiti salutem et apostolicam benedictionem. Et si injuncto nobis a Deo ape- latus oíTicio universis Dei fidelibus existamus in sua justi- cia debitores illis specialiter oportet nos sua jura servare et eorum postulationes admittere qui potencia etnobilita- te precian sacrosancte- Romane ^cclesie fideles existúnt et in eius sunt servicio et devotione fer ventos. Ea propter di- lecto in Domino fili Raimundo illustris comes illius devo- tionis sinceritatem et integritatem fidei quam erga beatum Petrum et nos ipsos babero dinosceris attendentes juxta tue petitionis instandan ‘ totam terram quam Adefonsus condam AragoBis Rex sine herede decedens sepulcro Do- misi Ospitali et Templo pr^ anime sue salute reliquit et ícatres sepulcri cum consensu patriarche Ospitalarii et Templarii eandem terram tibi postea cóncessisse noscuntur sícut ab eis nobilitali tue Concessa est et scriptis propriis mbfmia. tam tibi quam beredibus tuis auctoritate aposto- – 428 – lica confirmamus et presentí scripti patrocinio communi- mus. Nulli ergo hominum liceat hanc paginam nostre confirmationis infringere vel ei aliquatenus contraire. Si quis autem hoc attemptare presumserit secundo terciove conmonitus nisi reatum suum congrua satisfactione corre- xerit potestatis honorisque sui dignitate careat reumque se divino judicio existere de perpetrata iniquitate cognoscat atque in’ extremo examine divine ultioni subiaceat. Cunc- tis vero eam servantibus sit pax Domini Nostri JhesuXpi. quatinus et hic fructum bone actionis percipiant et apud districtum judice premia eterno pacis inveniat. Datum Su- trii Yin kalendas julii. Archivo de la Corona de Aragón Pergamino 2i4 de Ramón Berenguer IV. In nomine Sánete et individué Trinitatis. Hec est carta fírmissime conveiiieñtie et pacis indissolubiiis facte inter Raimundum Barchinonensem Comitem Aragone Dotninum et Principem ac Garciam Navarro Regem et succesores eo- rum in perpetuum. In primis jgitur eorum uterque alterifi- dem suam dat sine dolo et fraude quod ammodo pror- sus firmissime et fidelissime amici maneant tam ipsi quam successores eorum ita quod ulterius nulla fiat lis nuUa contentio inter ipsos vel successores eorum super regnis ~ 189 — ‘ . Navarre el Aragone sed sibi ad invicem per fldem sin- ceram et integram consilium et auxilium prebeant. Ins- tinctu etiam Divino conveBiuDt Rex et Comes prenomi- nati in legitimo matrimonio contrahendo inter ipsum Comitem et Blancam filiam legitimam ipsius Regis. Et quia Ínter magnas personas non debet matrimonium contrahi sine legali instrumento dotis ipse Gomes dabit predicte filie .Regis ad minus XII castella secundum morem regum Hispanie. Si ipsnm plus ei ^are non ,com- pulerit sua nobilitas et liberalis amor etiam Rex dabit ip-* si Comiti et filie sue IIII*»” castella scilicet Taust Pratellam Lesfais et Espetellam ipsá eadem die qua predictus Gomes dttcet in uxorem legitime predictam Regis filiam et cetera et Gomes dabit Regi Garcastel. Possessores autem tam predictorum llll^^ castroruin quam dotis talem fldelitatem f^ hominium facient predicte filie Regis qüod ipsi prorsus respondebunt et obedient illi tanquam proprie Domine sue si illa superstes post Gomitem fuerit vel si Gomes eam dimiserit sine delicio pro quo perderé debeat tam dotem ({uam predicta Castra IIII unde ipsa stans in honore vel nolit vel nequeat se purgare. Gonveniunt etiam ad invi- cem Rex et Gomes quod si quod absit predicta puella prius quam fiat matrimonium vel etiam postea sine here- de moriatur amicitia et concordia firma maneat et indis- solubilis in perpetuum sicut inter ipsos ad invicem quod predictum matrimonium contrahetur usque ad proximam festivilatem Beati Míchaelis anni sequentis sine fallada et dubio veracissime si prius fieri nequeat ad honorem et utilitatem utriusque partís. In acquisisionibus queque 9 ^ _ 130 — sutó amodo super terram sarracenorum Deo voleóte facien- (lis taliter conveniunt. Quidquid de Ospeis et de Murel et de terminis regni Cesarajuguste et Daroka et Calateu in antea adquirent Rex et Comes vel simul ambo vel alter sine altero seu manu forti seu dono seu quocumque modo ex bine in antea per médium inter se amicabiliter divi- dent et sic concorditer tenebunt vel ex commüni consilio dímittent adquisita. Omnia quidem predicta sicut melius et sanius ac sanctius intelligi possunt omni dolo et fraude remotis firmant se se tenere et teneri faceré Rex et Comes predicti tam fide propria et sacramentis sub personis eo- rum factis quam sacramentis plurium suorum hominum bine inde ad presens factis et in futuro faciendis secun- dum quod hi vel ille ab altero querere voluerit rationabi- liter et alter idonee faceré potuerit. Quod hec omnia pre- signáta modo desígnate fiant iurant ex parte Comitis pri- mo Raimundus de Podio Alto et Bertrandus . de Castellet ex parte quidem Regis Simeón Azenarz et Wilielmus Aze- narz et Rodericus de Acegra. Magister Robertus Ecclesie Pampilonensis archidiaconus et Regis Garcie principalis capellanus ac Comitis predicti Clericus fecit banc cartam Era M. C. LXXXVII kalendas julii. — 131 — Archivo de la Corona de Araron, — Y aria L Liber Feu- dorum, Alfonsi I. N. /, fól. i6, > In nomine sánete et individué Trinitatis. Hec est vera pax et firma convenientia ac perpetua concordia ‘ que ex cónsul tu sume divinitatis ad honorem Dei et totius Xpia- nitatis est facta et corroborata inter illustrem Ildefonsum imperatorem Ispanie et filium ejus regem Sancium et ve- nerabilem Raimundum comitem Barchinonensium que ita se habet. In primis omnes querimonias et omnes cla- mores ac omnes offensas quas inter se quolibet modo us- que hodie habuerunt per bonam fidem sine malo ingenio sibi indulgent et perdonant. Goncordati quidem sunt et faciunt placitum de omni honpre illo et tota térra illa sel- licet civitatibus castellis villis montibus et planis desertis et populatis que omnia rex Garsias die illo quo mortuus est tenebat et possidebat. Hec autem convenientia finis et concordia talis est ut predictus imperator habeat ex pre- nominata térra Maragno et totam ajiam terram quam Ilde- fonsus rex avus illius illo die quo obiit ultra Iberum ex parte Pampilone tenebat. Predictus vero comes Barchino- nensis habeat de cetera térra quam predictus rex Garsias tenebat totam illam terram integriter que regno Arago- — 132 — nensi pertinel aliam quoque terram Pampilone pro qua rex Sancius et rex Petras Ildefonso regi Legionensi homi- nium fecerant predictus imperator et prenominatus Co- mes habeant eqúaliter per médium et pro illa medietate c[uam prenominatus Gomes habebit faciat idem Gomes predicto imperatori Ildefonso tale hominium quale reí Sancius et rex Pelrus Ildefonso regi avo predicti impera- toris Ildefonsi fecerunt. In illa medietate imperatoris sit Estella. In medietate vero Gomitis sit Erunnia civitas sed Cüm ipsi venerint ad divisioném utraque scilicet Stella et Erunnia in divissione illa suum obtineant valorem. Givi- tatem vero Tutele cum suis pertinentiis et castella illa cum suis pertinentiis que quondám rex Garsias vel homo per eum tenebat que :sunt citra Iberum versus Montem- gaudii habeant similiter per médium et dividant eqúaliter exceptis illis castellis que Gomitis fuerunt. Preterea pre- dictus imperator et prenominatus Gomes se invicem coa- veniunt et faciunt placitum et concordiam de térra Ispa- nie quam modo sarraceni tenent ut comes habeat civita- tem Valenoiam €um omni térra illa que durat a flumine Xuchari usque ad terminum regni Tortose et habeat simi- liter civitatem Deniam cum ómnibus suis pertinentiis et cum omni illo dominio quod tempere sárracenorum ipsi sarraceni habeant. Tali pacto ut habeát predictas civitates prelibatus Gomes per jam dictum imperatorem per tale hominium quale rex Sancius et rex Petras Ildefonso regi avo predicti imperaloris Ildefonsi fecerunt pro Pampilona. ítem predictus imperator donat jamdicto comiti ét modB tnnnibus concedit civitatem Murciam et totum regnum — 133 – cjusdem excepto castro de Lorcha et castro de Bera cuín ómnibus eorum terminis talí -convenieDÜa ut predietus imperator adjuvet prelibatum comitem per bonam fidem sine fraude predictam civitatam Murciam et totum regnum ejusdem adquirere et lucrari et adquisitam et lucratam tcneat eam^ et habeat predictus comes per prenominatum imperatorem eo modo quod habet per eum civitatem Cesa- raugustam et regnum ejus. Si vero imperator propter in- ílrmitatem aut justum et cognitum impedimentum in quo nullus dolus interesset predictum comitem adjuvare non posset nuilum ex hoc imperator paciatur incomodum sed de quantocumque comes adquirere poterit de Murcia et ejus regno ita habeat per imperatorem sicut habet Cesa* raugustam et regnum ejus. Sed si imperator predicto co- miti eandem civitatem el regnum ejus adquirere et lucrari sine dolo non adjuvaret aut adjuvare nollet et ipse comea eandem civitatem et regnum ejus vel aliquid de eis quo-^ jqiiomodo adquirere poterit quicquid inde adquisierit habeat per jamdictum imperatorem eo modo quo habet Yalenciam. De duabus partibus Pampilone quas comes in prima convenientia quam cum imperatore contraxerat accepturus erat quas modo in hac convenientia quam invi* cem faciunt predicto imperatorí comes ad medietatem re-* ducit accipit imperator comitem in suo bono causimento quod comiti sit congruum. Ego sepedictus imperator et fl- lius meus rex Sancius preterea convenimus tibi predicto comiti ut a primo festo Sancti Michaelis in antea fideles adjutores erimus tibi per bonam fidem sine engan de omni supradicta térra quam rex Garsias quondam tenebat ad – 134 — adquirendam et lucrandam quam nos suprascripto par- tituri convenimus et quantumdUmque interii» nos vel ali- qui per nos de supradicta térra adquisiverimus et lucrati fuerimus et ab ipso termino in antea quocumque modo lucrari poterimus et adquirere fideles tibi erimus et equa- iiter dividemüs tecum per médium. Hec omnia supradicta per fidem sine engan tibi attendere et adimplere conveni- mus nisi infirmitas vel justum et cognitum impedimentum intervenerit. Et ego RaimunduB comes Barchinonen^is vo- bis imperatori et fílio vestro regi Sancio simiii modo atten- dere et adimplere convenio. ítem ego Raimundus comes convenio tibi regi Sancio ut omnem honorem tam Ispanie quam Ghristianorum quem per patrem vestrum imperato- rem teneo vel in antea per convenientias que inter me et ipsum sunt habere spero si prenominatus pater vester obi- ret ita per vos accipiam sicut babeo per patrem vestrum et illud hominium et easdem convenientias quas illi exin- de feci vobis faciam sine engan et si quod absit vos mori contigeret fratri vestro regi Ferrando similiter attendere et , adimplere promitto eo qüod ipse in eisdem convenientiis michi staret. Et ego imperator tibi comiti convenio quod ab hac prima festivitate Sancti Michaelis in antea quan- tumcumque cognoyeris et volueris tam per tuum profec- tum quam per nostrum predictus filius meus rex Sancius filiam Garsie tenebit. Deinde vero quandocumque volue- ris et me comonueris per te vel tuos nuncios «tatrm sino aliquo interdictu eandem filiam’Gai^sie filius meus rex San- cius penitus dimittet et a se separabit nunquam eam am- plius quolibet modo recuperaturuts. Ego autem rex San* -135- ciusvobis Raimundo comiti Barchinonensi sicut pater meus vobis convenit ita ego per omnia sldimplere conve- nio scilicet quod predictam filiam Garsie dimittam et a me separabo nec in perpetuum eam recuperabo necaliquo modo eam michi associabo quandó vos volueritis et me per vos aut per vestros nuncios commonueritis. Supradic- ta queque omnia placita scilicet et convenientias que su- perius ordinate et scripte sunt convenit predictus impera- tor jamdicto comiti Raimundo attendere et per omnia adim- plere per bonam fidem sine engan unde dat ei suam bo- nam fidem et suam veram credenciam et recipit eum in illo dominio et hominio quod est inter eos. Simili autem modo Raimundus’ comes Barchinonensis dat imperatori suam fidem et suam credenciam et ponit istud in éo domi- nio quod est inter eos. Hoc idem convenit predictus co- mes jamdicto regí Sancio et dat ei suam fidem et suam credenciam et propter hoc facit ei hominium suis propriis manibus. Simili namque modo rex Sancius convenit pre- dicto comiti Barchinonensi et dat ei suam bonam fidem et suam firmam credenciam et propter hoc facit tíominium sepe dicto comiti suis propriis manibus quod eo faciunt quod sic faciant et attendant per bonam fidem sine engan sicut superius scriptum est. Preterea ego imperator Ildefon- sus et filius meus rex Sancius per predicta placita et con- venientias que inter nos et vos superius scripte sunt solvi- mus tibi et impigneramus illa quatuor castella que per nos tenes nominatim Alagonensi Riclam Mariam et Belxid cum ómnibus eorum dominationibus et terminis eo modo quod si placita et conveniencias sicut inter nos et vos superius _ 136 ~ « scripte sunt tibí non attenderemus et adimpleremus pre- dicta IIII castella in tuam potestatem incurrerent, et per alodíum et per hereditatem quod ea te nuUo. modo repele- ré possemus neo per hominium neo per aliquas coüvenieD- tías quas inde nobis feciases doñee plenarie tibi restitue- remus per iaudameñtum et consiliuiu meorum proborum hominum et vestrorum qui iude comune bonum inquirere vellent. Iteiu super hec omnia ego imperator tibi comiti convenio quod siput erat ordinatum et comprehensum ia- ter nos et vos de hoBore Pampilone scilicet quod tu habe- res inde duas partes et ego tertiam si predictas istas con- venientias et placita tibi infringerem et non attenderem illas easdem duas partes babeas in térra illa sine aliquo interdictu mei vel meorum quod ego vel aliquis per me ubi faceré posset modo vel omni tempere. Et propter hoc quod nullus inter nos et te aliquod malum verbum pro quo discordia interveniret dicere possit ego imperator et ülius meus rex Sancins convenimus tibi predicto comiti quod aliquem hominem de térra tua neo retineamus nec adjuvemus in aliquo contra tuam voluntatem aliquo modo per fidem sine engan. Et ego RaimunduB comes simili mod^ convenio vobis imperatori et filio vestro per fidem 5ine engan. Hec quidem supradicte convenientie et placi- ta fuerunt confírmata et corroborata in loco qui dicitur Tudilen juxta Aquas-Galidas YI kalendas februarii aníio ab Incarnatione Domini MGL in presentía nobilium viro* rum inferius subscriptorum qui predicta omnia suo sacra- mento confirmaverunt. Juro ego comes Poikcíus tibi Rai- mundo comiti Barchinonensi quod sicut predicte conve- — 137 — nie&tie et placita ínter imperatorem Ildefonsum et filium ejus regem Sancium superius scrípta sunt et ordinata sic imperator prediclus et filias ejus rex Sancius facient et attendent predicto comiti per oinnia per Deum et sancta quatuor evangelia. Simili modo ego Gonterriz Ferrandus juro et confirmo. Ex parte vero comitis ego Arnallus Mi- ronis comes de Palars juro tibi imperatori et filio vestro regi Sancio quod sicut predicte convenientíe et placita Ín- ter vos et comitem superius scripta sunt et corroborata sic predictus comes vobis faciet et attendet per omnia per Deum et Sancta quatuor evangelia. Simili modo ego Guil- ielmus Raimundi Dapifer juro et confirmo. Nos omnes supradicti sumus hujus rei testes et juramus hec omnia per fidem ^ne engan. SigQBnum Raimundi Gomes. Siggg num Imperatoris. Rex Sancius gg. Poúci us Barchinonen- sis Ecclesie decanus scripsit hec die et anno quo supra gg. Archivo de la Corona de Aragon.-^Yaria 1. Líber feudo- rum. Alfonsi I, N.^ l.% fóL 10. Ad cunctorum noticiam volumus pervenire. Quoniam ego Peronella regina Aragonensis iacens et in partu labo* rans apud Barchinonam concedo dono et firmiter laudo infanti meo qui est ex útero meo Deo vélente processurus — 138 — totum regnum Aragonense cum ómnibus comitátibus et episcopatibus et abbatiis et cum ómnibus eidem regno per- tinentibus sicut Rex Adefonsus melius unquam tenuit et habuit. £a videlicet conditione ut dominus et marítus meus Raymundus comes Barchinonensis habeat et teneat et possideat integriter et potenter sub imperio et domina- tione sua totum predictum regnum cum omni sibi perti- nente honore omni tempere vite sue. Post obitum vero suum remaneat totum supradictum regnum integriter filio meo iamdicto. Quod si fílius meus iamdictus obierit abs- que legitimo filio totum supradictum regnum et honorem prephatum sicut habuit et tenuit nobilissimus Adefonsus concedo similiter et dono iámdiéto viro meo Raymundo comiti Barchinonensi ad omnem suam voluntatem ex inde faciendum. Si autem filia ex útero meo processerit mari- tet eam honorífico iamdictus vir meus comes iamdictus cum honore et peccunia sicut melius ei placuerit et rema- neat viro meo prenominato solide et libere totum supradic- tum regnum cum ómnibus sibi pertinentibus ad omnem voluntatem suam perficiendam absque alicuius hominis vel femine blandimento. Et dono pro anima mea II milia morabatinorum mille ad ecclesias Aragonis et mille ad ecclesias Barchinonensis comitatus Grerundensis Bisul- lunensis nec non et Ausonensis. Et pono meos manumis- sores videlicet Guillermum Barchinonensem episcopum et Berengarium Gerundensem episcopum ac Bernardum Ce- saraugustanum episcopum nec non et Dodonem Oscensem episcopum et Garciam Ortiz et Ferriz de Oscha et Guiller- mum de Castellvell et Arnallum de Lercio qui dividant et — 139 — distribuant supradictos morabatinos per ipsas ecclesias si- cut melius et utilius eís fuerit yísuiti quos morabatinos prenominatos donet vir meus Raimundtis comes iamdic- tus supradíctis manumissoribus méís. Facta carta II nonas aprilis anno Dominice Incarn^cionis M* G* U IV Sigggnum Peronelle regine Aragonensis que feoc donum feci firmavi el hoc totum laudo atque confirmo in vita et in morte et testibus firmare mandavi. Sigggnum Guillermi Barchino- nensis episcopi. ggSig^num Lup Enegons de Luna. SigQgnum Guillermi de Castellvell. Sig^num Bernardi de Bel-log. SiggBnum Petri Arnalli. SiggBnum Bernardi Marcucii. SigQ^num Petri primicherii. Sigggnum Rodber- ti archidiaconi Pampilonensis. Sigl^num abbatis Olive. Sigggnum Calveti prioris Tirasonensis. Sigggnum Poncii scribe qui hec rogatus scripsit die et anno quo supra. Archivo de la Corona de Aragón. Pergamino n.* !.• de Alfonso 1.0 . (Existe un traslado y un resto del ori- ginal bajo el mismo número, y con am- bos se ba comprobado esta copia.) Hoc est trasiatum fideliter factum. Hec est sacramenta- lis conditio ultime vDluntatis Domini et incliti Raymundi Berengarii Barchinonensium Gomitis et Aragonensium Principis juxta quartí ordinis modum edite que instante — 140 — pericülo gravis infirmitatis cum scripta non fuit injuncta 6st Guillermo Raymundo Dapifero et Arb^o de Castro Yetulo et Magistro Guillermo capellano suo ab eo ad ma- nifestandum et corroborandum. £a propter nos supradicti Yerum pariter dantes testimonium ante présentiam Domini Bernardi Terrachonensis archiepiscopi et Guillermi Barchi- nonensis Episcopi et Petrí Ausonensis et Gaufredi Dertosen- sis et Petrí Cesaraugustani episcopi et Guillermi Gerunden- sis et Artalldi Elenensis et Martini Tirasonensis et Guillermi Petri lUerdensis et Mironis judiéis et aliorum multorum terre magnatum tam Aragonensium quam Barchinonen- sium juramus per ])eum vivum et verum et super Sancta quatuor Evangelia superque has conditiones mañibus no&- tris jurando contingimus quia nos vidimus et audivimus et ibi presentes eramus quando predictus venerabilis co- mes proficiens ad colloquium constitum inter eum.et Ro- manum Imperatorem apud civitatem de Thaurins gravatus infirmitate qua obiit in burgo Sancti Dalmacii dum ad huc esset in sua plana memoria ad loquela ordinavit suam ex- tremam voluntatem in suis solumodo verbis ih quibus di- misit Corpus suum a^ sepeliendum Sánete Marie de Rivi Pollensi cum dominicatura de Mojón sicutjam sibi ante donaverat et dimisit filio suo majori Raymundo omnem suum honorem de Aragohe et Barchinona atque universum alium suum honorem ubicumque eum habebat preter co- mítatum Ceritanie quem dimisit filio suo Pelro integre cum omni honore quem Bernardus Gúillermus Comes Ce- ritanie tenebat et habebat ad diem obitus sui in cunctís locis et dimisit eidem filio suo Petro senioraticum Carca^ – 141 — sdne et omnem alium suum honorem et fevum quem Tren- cavellus tenebat et per eum habebat et iterum 4imisit ei– dem filio suo Petro suum jus quod in Narboña habebat vel exinde ei pervenire debebat. Tale pacto ut hec omnia su- pra scripta que ei dimisit prefatus Petnis teneat et habeat per Raymundum fratrem suum majorem et ex inde faciat ei hominiúm et fidelitatem et iserviat ei. Et precepit ut to- tum illud quod dimisit filio suo Petro teneat Raymundus filius suus predictus doñee Petrus frater ejus sit miles. Et dimisit Regine uxori sue Bisuldunium et Ripas unde vi- veret. Et precepit quod si filius suus Raymundus obierit absque infante de legitimo conjugio omne quod ei dimisit revertatur ad Petrum filium suum et omnia que dimisit Petro statim revertatur ad Sancium filium suum minorem et faciat illas convenientias et fidelitates et hominiúm San- cius Petro quas Petrus debebat faceré Raymundo fratri suo. Et si jam dictus Petrus obierit priusquam Raymundus abs- que infante de legitimo conjugio omnis suus honor rever« tatur ad Sancium fratrem suum et faciat predictum homi- niúm et fidelitatem atque servitium Raymundo fratri suo et si Raymundus et Petrus obierint sine infante de legitimo conjugio totus supradictus eorum honor reverteretur San- cio. ítem dimisit totam capellam suam Ecclesie Sancti Rufi que est apud Ilerdam et precepit ut omnia debita sua persoiverentur de redditibus et exitibus sui honoris. Di- misit omnem suum honorem ac filies in bajulia tuicione’ defensione domini Enrici regis Anglie. Hoc totum jain dic- tus comes ita ordinavit suis solum’odo verbis pridie nonas Angustí auno ab Incarnatione Domini MCLXII regni Lu- ‘ — 142 — dovici Regis junioris XX Vi et post óbitum suum sic stare qkandayit. Deinde ingravescente langore ab hoc seculo ad Deum migravit YII idus eidem mensis inmútala sua volún- tate nobis scientibus. Hanc igitur hujus testatoris ultimam voluntatem nos jam dicti testes sicut vidimus et audimus et ab eo rogati extitimus infra VI mensos coram supradic- torum presentid legaliter jure jurando propriis manibus corroboramus. Late conditionis apud Oscam V idus octo- bris eodem anuo. Sigggnum Guillermi Raymundi Dapifeí- ri- Sigggnum Arberti de Castro Vetulo. Ego Guillermus ipsius domini Comitis capellauus. Sigggnum Bernardi Tarraconensis archiepiscopi. Sig^num Guillermi Barchi- nonensis episcopi. Sigggnum Martini Tirasonensis episco- pi. Petrus Ausonensis episcopus. S. Guillermus Dei gratia Gerundensis Ecclesie episcopus. S.I^Artalli Elenensií epis- copi. Sigggnum Guillermi Illerdensis episcopi. Petrus Dei gratia Cesarauguste episcopus. ggEgo Gaufredus Dertusen- sis diócesis episcopus. S.gg.Preterea nos supradicti testes G. Raimundi et A. de Castrovetulo et G. capellanus jura- mus et testificamus quod supradictus venerabilis comes dum adhuc esset in sua plena memoria dimisit filio suo Petro totum feudum quod domina Ermengardis vice co- mitissa Narbonensis per eum tenebat et Ugoni de^ Cervi- Uione mille áureos in suo pignore de Yillamaiore quod jam ei subposuerat pro suo debito et ita verum esse maní- bus propriis juramus per Deum et hec Sancta. Sigj^num Amalldi Mir comitis Pallariensis. Sigggnum Petri de Gas- telazoL Sig^num Palasin. Sigggnum Sancii Ennechons de Daroca. Sigggnum Gallim Exemenes de^ Belgis. Sig^ — 113 — num Fertun Azenars de Tirassona. SiggBnum Deus ajuda. Sigggnum Petro López de Lusia. Sigl^num Marcho d% Oscha. Sigggnum Pelri López de Luna. SiggBnum Pere- grini de Castell AzoL SiggBnum Fortunii de Estada. Sig ggnum Blascho Massa. Sigggnum Arpa. Sigggnum Rai- mundi de Podioalto. Sigggnum Guillermi de Cervera. Sigggnum Geraldi de Jorba. Sigggnum GuiIlerH)i de Gas- tro Vetulo. Sigggnum Ramundi Fulchonis Cardonensis. Sigggnum Bertrandi de Ga&teileto. Sigggnum Guillermi de Monteada. Sigggnum Arnaldi de Lercio. Sigggnum Gui- llermi de Ga^i o Yetulo junioris. Sigggnum Ottonis. Sig ggnum Bernardi de Rochafort. Sigggnum Raimundi de Torreja. Sigggnum Guillermi Montispésulani. Sigggnum P. Regine Aragonum et Gomitisse Barchinone uxorjam dicti Gomitis que hoc laudo et propia manu mea confirmo et corroboro. ggMironis judiéis. Sigggnum Bernardi Mar- cucii. Sigggnum Ugonis de Gervilione Barchinonensis sá- ^cristo qui huic testamento interfui apud Sanctum Dalma- cium et hujus rei testis sum et sic ut vidi et audivi ita veré esse manu propria rogatus juro et afirmo per Deum et hec Sancta. Sigggnum Dominici scriptoris qui hanc vo- luntatem novissimam et judicium Domini Gomitis rogatus scripsit die et anno quo supra. 114 — Archivo de la Corona de Aragón, — Pergamino n.* 15 de Alfonso P y Reg. % fóL 8 v/ Auctoritate legali decretum est ut res dónate si in pre- sentí tradite sunt.nuUo modo repetantura donatore. Qua propter in Dei eterni Regis nomine Ego Petronilla Dei gra- tia Aragonensis regina et Barchihone comitissa uxor que fui Yenerabilís Ramundi Berengarii Gomitis Barchinone et principis Aragonis libenti animo et promtissima volún- tate cum consilio et consensu et providencia Hugonis Dei dignatíone Terrachone archiepiscopi et Petri Cesaraugasle Episcopi ac Guillermi Barchinone episcopi et Gomitis Par- Uarensis atque Petri de Gastel Azolo et Deus ajuda et Petrf Ortis et Blasco Romeo et Exemeni Dertosella et Dodonis de Alcalá atque Fortunii Maza et Guillermi Raymundi Dapi- feri et Guillermi de Gastro vetulo et Arberti de Gastro ve- tulo aliorumque magnatum tam Aragone quam Barchino- ne dono et laudo et concedo tibi dilecto filio meo Ildefonso Regi Aragone et Gomiti Barchinone qui in testamento eiusdem viri mei vocaris R. et omni pósteritatí tue omne regnum Aragone integriter civitates queque et castra vil- las et ecclesias et monasteria térras cultas et heremas ro- cas montes et fortitudines et aquas potantes universas mi- lites et homines dominationes et senioraticos tam terrarum . I – Ii5 — m quam iominum et cura ómnibus terminis et possessianibus et pertinenciis que ad prefatum regnum .Aragonis perti- . nent et quocumque modo pertinere debent et sicut unquam avus et proavus meus melius ipsum regnum Aragonis te- nuerunt et habere debuerunt cum introitibus et exitibus suis integriter simul cum ómnibus aucmentationibus et adquisitionibus que Deo auxiliante ad prefatum regnum adquírere et habere potueris per omnia et in ómnibus tibi •predicto filio meo Ildefonso Regi omnique posteritati tue trado et salvo et dono ut melius dici vel nominan poíest humano ore cum omni sua integritate sine ulla voce et ali- qua donacione inibi a me uUo modo retenta et ut melius hec mee bone voluntatis donatio firma et stabilis impérpe- tuum habebatur et teneatur confirmo propria manu mea et laudo et concedo ordinacione testamenti eiusdem viri mei et ultimara voluntatem suara sicut idem vir meus pa- ter tuus de omni predicto regno -et de ceteris statuit et or- dinavit in suo teslaraento de *quo judiiiura jure jurando obligatum et corroboratura est a magnatibus suis ul ordi- nacio et ultinaa eius voluntas firma et stabilis nunc, et im- perpetuura firmiter persislat si autem te raori contigerit sine prole legittima sequatur ordinatio testamenti eiusdem viri mei palris tui inter alios fratres tuos. Si quis contra hanc huius donationis scripturamad infringendum venire temptaverit nullo modo faceré possit sed supradicta omnia in duplo componat. Et insuper hoc donum omni tempere sit stabile et firmum. Actum est hoc in Barchinona XIIII kalendas julii auno Dominico Incarnationis M” Centesimo LX* llir. Sigggnum Pelronille Dei gratia*Regine Aragonis 10 — H6 — et CDmitisse Barchinone que hoc lando et confirmo et tes- tes firmare rogo. Sigggnum Guiliermi Barchinone episco- pigg. PetrusDei gratia Gesarauguste episcopusgg. Siggg- num Arnalli Mironis Gomitis Pallarensis. Sigggnum Petii de Casteli Azoi. Siggglnum Deus aiuda. Sigggnum Petri Ortis. Sigggnum Blasco Romeo. Sigggniím Exemeni de Artoselia. Sigggnum Dodonis de Alcalá. Sigggnum Fortu* nii Maza. Sigggnum Guiliermi R. Dapiferi. Sigggnum Gui- lelmi de Castro vetulo. Sigggnum Arberti de Castro vetulo. Sigggnum Berilardi Mercucii. Sigggnum Petri ArnallL Sigggnum Petri de Gorrón scriptoris qui hec scripsit cum litteris suprapositis in linea XVl’ et in XVIir die et anna quo supra. Archivo de la Corona de Aragón. — Pergamino 137 de Alfonso 7.0 llec est sacramentalis conditioac legal is publicatio ulti- me voluntatis nobilis regine Aragonensis Petronille nomi- ne verbis tantummodo edite cuius ordo infra VI mensos cor^m sacerdote et judice Mirone legaliter actus est. Nos scilicet magister Guiilelmus et Raimundus Dalmacii pres- biteri testes et juratores sumus. Testificamus namque ju— rando per Deum vivum et verum in personis trinum et in Deilatc unum super altare sancti Felicis martiris qüod est — Ii7 — constructum ia ecclesia beatorum Jux^fi et Pastoris infrá menia urbis Barchinone .supra cujus sacrosanto altare has^ conditiones manibus propriis juramus quia vidímusét audi- vimus et presentes adfuimus quando jam dicta testatrix egritudine detenta unde obiit suis verbis ordinavit suam ultimam voluntatem de honore suaet de rebus suis con- cessit domno Ildefonso filio suo regi Aragonensi omnem suum regnum Aragonis integriter. Dimissit Barchinonensi sedi suum corpus ad sepeliendum et mandavit familiam suam induere unumquemque secundum suum. valorem. Hoc totum ita ordinavit jam dicta testatrix III idus octobris anno XXXVII regni Ledoyci junioris. Deinde ingraves- cente languore quo detinebatur migravit ad Deum eodem die et anno. Hanc igitur ipsius textatricis ultimam volun- tatem nos prescripti testes sicut vidimus et audivimus et in proscripto altari coram sacerdote et judice Mirone et alus testibus clericis ac laicis veram esse fideliter corro- boramuset jurando confirmamus hoc adjecto ut omnia sua debita et malefacta de suis rebus solvantur. Late condi- tiones YIIII kalendas noyembris et anno prefixo. Sigggnum magistri Guíllelmi presbiteri. Sigggnum Raimundi pres- biteri. Nos hujus rei testes et juratores sumus. Sigj^num Petri de RivopuUo. Sigggnum Guillelmi de Alfodio. Siggg- num Raimundi primicherii levita. Sigggiium Petri Arber- tiPoncii. Sigggnum Burgetus. Sigggnum Geralli de Fexa. gg Mironis judiéis nos qui huic sacramento presentes ad- fuimus. Sigggnum Petri dé Corren junioris qui hoc scrip- sit die et anno quo supra. Fin. OBRAS DEL MISMO AUTOR ■ PUBLICADAS POR LA CASA EDITORIAL DE D. LüIS TaSSO. . ESTUDIOS, \ SISTEMA GRAMATICAL Y CRESTOMATÍA ! DE LA I « I LENGUA CATALANA. LA LENGUA CATALANA CONSIDERADA HISTÓRICAMKNTE. Un tomo en 4.” . 16 rs. LA ORFANETA DE MENARGUES o CATALUNYA AGONISANT. Novela histórica .dedicada ais infants oríens del princi- pat de Catalunya, y adornada ab 10 magníficas láminas di- buixadas per J. Puiggarí y litografiadas perlE. Planas; las quals representan, ademes de grans succesos histórichs, la propietat de certas costums, vestiduras, armas y altres ob jecíes de la época ab que teñen relació aquells. — Consta agfuesta obra de 34 entregas de 16 páginas cada una y de 15 magníficas láminas. Cada entrega costa un ral de vello en tota Espanya. * Full text of “La Confederación Catalano-aragonesa, realizada en el periodo mas notable des gobierno soberano …”

 

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