Ni División Azul, ni División Española de Voluntarios – José Luis Rodrìguez Jimenèz

Ni División Azul, ni División Española  de Voluntarios: El personal forzado en el cuerpo expedicionario enviado por Franco a la URSS

José Luis RODRÍGUEZ JIMÉNEZ

(Universidad Rey Juan Carlos) jose.rodriguez@urjc.es

Recibido: 4 noviembre 2008

Aceptado: 20 marzo 2009

RESUMEN

El artículo ofrece una nueva interpretación de la División Española de Voluntarios (DEV), nombre oficial de la unidad militar agregada a la Wehrmacht para colaborar en 1941 en la invasión de la URSS, y bautizada como División Azul por los jerarcas de Falange. Con documentación procedente de distintos archivos, sobre todo del Archivo General Militar de Ávila, se demuestra que el número de voluntarios civiles aportados por las Milicias del Partido no sobrepasó el 50% del contingente total, que el número de falangistas fue inferior, que los cuarteles del Ejército tuvieron que aportar la mitad de la tropa y que, de forma creciente, una parte del personal enviado al frente del Este fue forzado a alistarse y, a continuación, rechazado, en tanto que indeseable, por el Estado Mayor de la División. El artículo se centra en el análisis de este personal, con atención a los desertores. La conclusión es que la División 250 de la Wehrmacht no fue una DEV y, menos aún, una División Azul.

Palabras Clave: División Azul. División Española de Voluntarios. Spanische Division. Wehrmacht. Batallones de castigo. Segunda Guerra Mundial. Desertores. Franquismo.

Neither Blue Division, nor Spanish Volunteer Division: The forced personnel in the expeditionary force sent by Franco to the URSS.

ABSTRACT

The article presents a new interpretation of the Spanish Volunteer Division, official denomination of the military unit added to the Wehrmacht in order to collaborate in 1941 in the invasion of the USSR, and named Blue Division by the leaders of Falange. With douments from several archives, particularly the Public Military Record in Ávila, it can be proved that the number of civil volunteers from the Militia of Falange did not exceed the 50% of the whole contingent, that the number of fascists was lower than that amount, that the quarters of the Army ought to contribute with half of the troops and, gradually, a part of the personnel sent to the eastern front was forced to enlist and, afterwards, was rejected, as undesirable, by the staff of the Division. The article focuses on the analysis of this personnel, often hostile to the Francoist dictatorship, and pay attention to the defectors. The conclusion is that Division 250 of Wehrmacht neither was a Volunteer Division nor a Blue Division.

Keywords: Blue Division, Spanish Volunteer Division. Wehrmacht. Punishment squad. Second World War. Deserters. Francoist dictatorship.

1. El invento de la División Azul

El Consejo de Ministros reunido bajo la presidencia de Franco la tarde del 23 de junio de 1941, para debatir sobre el ataque de la Alemania nazi a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tomó la decisión de ofrecer  la colaboración militar española para esta empresa, en la que participan, ya en el arranque de la campaña, los ejércitos de Finlandia y Rumanía. Dicha oferta expresaba el compromiso de la España de Franco con la Alemania de Hitler, el más importante aliado del régimen en la esfera internacional, el cual cinco años atrás prestó un apoyo entusiasta a los sublevados contra la Segunda República Española. El paso dado estaba en consonancia también con la cruzada que Franco y sus partidarios decían haber iniciado en julio del 36 para derrotar al comunismo internacional, un enemigo al que la propaganda franquista responsabilizó de la guerra civil y de todos los males de España y, por supuesto, con el deseo de participar en la reordenación territorial de Europa y África que se diseñaba desde Berlín. Pero en el Consejo de Ministros no hubo unanimidad acerca de la composición de la unidad militar que habría de participar en la invasión de la URSS, y no parecía fácil que quienes actuaban como representantes del Ejército y del Partido llegaran a un acuerdo.

El día anterior, inmediatamente después de haber sido informado por el embajador alemán del inicio de la operación Barbarroja en las primeras horas de ese domingo, Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores y presidente de la Junta Política de FET y de las JONS, había  visitado a Franco, en su residencia del palacio de El Pardo, para exponerle el deseo del Partido de que fuera organizada una unidad de voluntarios civiles para combatir en el frente ruso, añadiendo que los falangistas estarían encantados de ser la mayoría en sus filas. A Franco le agradó esta propuesta. Mediante el célebre protocolo secreto, firmado tras la entrevista con Hitler en Hendaya, en octubre de 1940, Franco se había comprometido a entrar en la guerra, aunque sin fijar una fecha para el inicio de las operaciones. Ahora tenía la oportunidad de hacer un gesto claro a favor de Alemania, que es lo que él y casi todos los generales españoles deseaban, al igual que la mayor parte de la clase política franquista. No obstante, Franco era partidario de un compromiso de menor envergadura que el apetecido por los fascistas españoles, ansiosos no sólo de colaborar con el Tercer Reich en el ataque a la URSS sino también de atacar los intereses británicos en el Mediterráneo, y confiaba en que el cumplimiento del acuerdo firmado se traduciría en beneficios territoriales a un bajo coste en términos económicos y diplomáticos. Por este motivo quien ha tomado para sí el título de Caudillo de España vislumbraba con una perspectiva distinta a la de su cuñado el envío de un cuerpo expedicionario a la URSS. De forma que, después de que el cuñadísimo abandonara El Pardo, Franco planteó el tema al ministro de Ejército, general José Enrique Varela, y a otros militares. Durante este cambio de impresiones varios generales se mostraron contrarios a que la participación española se materializase mediante el envío de una unidad de voluntarios y, con más énfasis, a que el predominio correspondiese a Falange. No les parecía oportuno que fuera así, dado que si la campaña de Rusia era una continuación de la cruzada contra el comunismo iniciada en España todos tenían la obligación de participar en ella; la obligación y el derecho, pues el triunfo seguro de los alemanes no debía ser acaparado por Falange o la gente de Serrano. Aún así, entre los altos mandos militares existían voces críticas respecto al tema planteado. Algunos, aunque pocos lo expresasen a más de un interlocutor, creían que Alemania había asumido un riesgo demasiado grande1.

Pero estas opiniones no se hicieron presentes en el Consejo de Ministros reunido el día 23. Durante la reunión del gabinete los ministros militares plantearon, sobre todo Varela, que el Ejército debía integrar y ser la base de la futura unidad militar. Varela y Serrano protagonizaron entonces una acalorada discusión, zanjada por Franco, quien argumentó que el envío de una unidad regular del Ejército, y no un cuerpo de voluntarios o una unidad mixta, supondría un mayor grado de implicación en el conflicto, que así lo interpretarían los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos y que debía alcanzarse una solución consensuada2. Es posible también que alguno de los militares allí presentes argumentase que los alemanes agradecerían que la fuerza en cuestión fuese dirigida por oficiales de carrera, no por espontáneos por mucho entusiasmo y ardor guerrero que estuvieran mostrando en una serie de manifestaciones en las calles y ante la embajada y consulados alemanes. Finalmente, durante la reanudación del Consejo de Ministros, en la tarde del 24, se acordó el envío al frente ruso de una división de infantería conformada

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  • Para la reconstrucción de las sesiones del Consejo de Ministros utilizo el testimonio de Fernando Cañellas (entrevistas en 1996, 2000 y 2002). Cañellas era en 1941 delegado del Sindicato Español Universitario, en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, y trabajaba para el Servicio de Información e Investigación de FET y de las JONS. Disponía de buena información acerca de los debates en el seno del Gobierno a partir de personas próximas al ministro de Exteriores, en especial de Luis de la Hermosa, cuñado de Dionisio Ridruejo, uno de los jóvenes intelectuales fascistas del círculo de Serrano. Un ejemplo de la información proporcionada por Serrano a Riduejo en RIDRUEJO, Dionisio: Los Cuadernos de Rusia. Diario, Barcelona, Planeta, 1978, p. 10.
  • Un relato de la discusión entre Serrano y Varela aparece en MORENO JULIÁ, Xavier: La División Azul. Sangre española en Rusia, 1941-1945, Barcelona, Crítica, 2004, 69-70 (basado en la entrevista del autor al ministro de Exteriores). Una fuente por el momento imposible de consultar es el archivo del propio Serrano.

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por voluntarios civiles pero mandada por jefes y oficiales del Ejército. El nombre oficial de esta unidad de infantería fue División Española de Voluntarios. Sin embargo, en las horas siguientes el ministro secretario general de FET y de las JONS, José Luis de Arrese, la denominó División Azul.

Dado que el azul mahón era el color de la camisa del uniforme de Falange, lo que se pretendía con esa coloración simbólica de la División era expresar que ellos, los falangistas, habían sido los promotores de la iniciativa, lo que es cierto, y el cuerpo y alma de esa unidad, afirmación distante de la realidad tal y como será posible apreciar en cuanto den comienzo los preparativos, y que, conforme pase el tiempo, se convertirá en una falsedad absoluta. Tal y como iremos detallando, los voluntarios identificados con el ideario fascista no llegaron a ser la mayoría en la división, por la que pasan, en relevos sucesivos, 45.242 hombres; ni siquiera la mitad, posiblemente no más de la cuarta parte de los efectivos. Pero no por ello su maniobra dejó de tener éxito gracias a la labor realizada por las oficinas de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS. Además, ese éxito se prolonga en el tiempo hasta nuestros días, cuando la mayoría de españoles a los que suena el nombre de División Azul siguen creyendo que decenas de miles de falangistas acudieron entusiasmados en cuanto se abrieron los banderines de enganche para combatir en Rusia.

Por otro lado, los españoles no fueron los primeros voluntarios extranjeros al servicio del Tercer Reich. El origen del reclutamiento de no alemanes, primero para las  Waffen SS, SS armadas, y después para la Wehrmacht, nos remite a las necesidades del Tercer Reich antes que a cualquier otro factor. Esto no supone menospreciar el hecho de que el racismo nazi y el sueño de un nuevo orden europeo habían encontrado una muy buena acogida entre miles de europeos vinculados a las organizaciones fascistas o sencillamente ganados por la pasión nacionalista y el anticomunismo temeroso de una invasión soviética ejecutada por el Ejército Rojo o, desde el interior, por los partidos dependientes de la Internacional Comunista. Pero lo cierto es que, una vez iniciada la guerra en Europa, los dirigentes de las SS encontraron serias dificultades para cubrir las plazas de personal necesario para la expansión de las unidades de infantería nacidas de las tropas especiales de las Schutzstaffel, las SS, Secciones de Protección del Partido Nazi, que dirigía H. Himmler desde 1929 y que, tras la toma del poder, extendieron su influencia sobre el Partido y el Estado; esas unidades eran independientes de la Wehrmacht y la policía, por decreto de agosto de 1938, complementado por otro de marzo de 1940 que perfiló su autonomía en el marco de las fuerzas armadas y les otorgó el nombre definitivo. También lo es que el sueño nazi de conformar divisiones de combatientes nórdicos con ciudadanos de los países ocupados a partir de la primavera de 1940, de acuerdo con los requisitos raciales exigidos por los teóricos de las SS[1], en escasa medida se cumplió. La propaganda alemana de guerra hizo un panegírico de los regimientos Norland y Westland, y de la formación de una quinta división de Waffen SS, la SS Division Germania, motorizada e integrada por elementos nórdicos y germánicos (personas de origen alemán residentes en los territorios incorporados al Reich), la cual recibió en diciembre el nombre de Wiking, que fue la primera unidad multinacional integrada en el dispositivo militar alemán. Pero el reclutamiento se estancó muy pronto. Además, en los meses siguientes el número de bajas superó al de nuevas filiaciones, de forma que el porcentaje de no alemanes en la SS Wiking va declinando, situación sólo en parte compensada con la integración de finlandeses y estonios; un número muy reducido, entre otras cosas porque Finlandia combatía a la URSS con su propio ejército como aliado del Tercer Reich [2].

En resumen, antes del ataque a la URSS la experiencia del reclutamiento de voluntarios extranjeros dio escasos frutos a los alemanes. En cambio, el inicio de la campaña de Rusia supuso un aliciente importante para que gobiernos de países amigos ofrecieran el envío de tropas, que es lo que hicieron los de Hungría, Eslovaquia e Italia, deseosos de compartir los laureles de una victoria que consideraban segura, junto a alemanes, finlandeses y rumanos. También para que los anticomunistas europeos, y por supuesto los partidos colaboracionistas con el ocupante alemán, todos los cuales justificaron el ataque a la URSS en tanto que acción preventiva frente a la inminente ofensiva bolchevique, se movilizaran para apoyar la agresión alemana y convocaran a sus fieles, siguiendo el dictado del aparato de propaganda nazi, a la “cruzada europea contra el judaísmo y el bolchevismo”. Éste es, sin duda, el factor determinante para explicar el aumento del número de voluntarios, pues había sido ya un argumento efectivo en la Europa convulsionada de entreguerras y lo seguía siendo a comienzos de los cuarenta. Así pues, varios gobiernos europeos, de Estados aliados u ocupados por tropas alemanas, ofrecieron el envío de tropas para combatir contra el comunismo en Rusia. Fue precisamente después de que llegaran a Berlín estas ofertas cuando, el 29 de junio, Hitler aprobó el plan diseñado por Himmler, asentado en dos principios: reclutamiento de  legiones para las SS por  nacionalidades, desechando la idea de crear una gran unidad multinacional, y organización de unidades basada en un criterio racial, de forma que sólo pudieran formar parte de esas legiones germánicas integradas en las SS los voluntarios procedentes de pueblos nórdicos, es decir, los daneses, holandeses, suecos, noruegos y flamencos (nacidos en Flandes, la región del norte de Bélgica), mientras que españoles, franceses, croatas y valones (nacidos en Valonia, región sur de Bélgica) quedarían encuadrados en las divisiones de las fuerzas armadas alemanas, la Wehrmacht5. Pero, de forma inmediata, las únicas ofertas aceptadas por lo que se refiere a pueblos inferiores, de acuerdo con la jerarquía etnonacional nazi, fueron la española y la croata, y quedó pendiente de estudio el tema de los voluntarios franceses y valones, aunque todas las ofertas serán finalmente aceptadas[3].

Los españoles aportan un componente singular al movimiento de voluntarios a favor de la causa alemana. No por el hecho de que España no sea un Estado ocupado por el Tercer Reich. Más bien porque los españoles son los primeros voluntarios extranjeros en el ejército regular alemán, ya que el gobierno de Franco, tras hacer el ofrecimiento de tropas al mismo tiempo que otros gobiernos europeos, en las horas siguientes al inicio de la operación Barbarroja, organiza con rapidez, más bien precipitación, la unidad ofertada y admitida por Berlín. Además, la DEV constituirá durante los dos años siguientes la unidad de voluntarios europeos occidentales más numerosa de cuantas participan en la invasión de la URSS, con un aporte de tropas muy superior al del contingente aportado en esta primera fase por las legiones que se integran en las SS, en torno a 12.000 hombres en total; en Holanda va a ser preciso suprimir el regimiento SS Nordwest para disponer del número de hombres necesarios para conformar los tres batallones que integrarán la Legión Niederlande[4]. También su número es superior al del aportado por los franceses (que alcanzaron la cifra de 3.600 en febrero de 1942 y de algo más de 3.000 en mayo de 1943), aunque tan sólo, al parecer, porque si bien se podría haber alistado a un número bastante más elevado Hitler no deseaba que varios miles de fanáticos franceses fueran encuadrados y armados para la guerra[5]. Lo mismo cabe decir respecto a los voluntarios del Batallón de Infantería Valona 373, que no superarán los mil efectivos. Finalmente, considerado el contingente global de voluntarios en la Wehrmacht y las SS, los españoles suponen algo más del 40 por ciento del total de europeos occidentales, que son los que hacen la aportación más importante durante la primera fase de la campaña del Este.

Por lo tanto, en términos comparativos con otros países, en España el reclutamiento parece haber tenido un éxito notable. Pero sólo si nos fijamos en el número de reclutados. Pues ese dato no implica la existencia de un número suficiente de voluntarios sinceros como para formar una división, ni significa que la militancia falangista, a nivel individual se vuelque en esta empresa, más allá de los gritos en las manifestaciones y las expresiones continuadas de apoyo a nivel institucional.

Los primeros en alimentar la leyenda de la División Azul en tanto que unidad estrictamente falangista fueron los jerarcas del partido, que se pusieron a la tarea entre 1941 y 1943. Les siguieron los propios divisionarios de filiación falangista que, desde su regreso a España, y a lo largo de varias décadas, publicaron una serie de novelas y textos de memorias, varios de los cuales, además, triunfaron en el campo del periodismo. Ese es el propósito que alienta uno de los primeros libros publicados sobre el tema, obra de un futuro periodista, abogado y procurador en Cortes: “Es un problema de honor o deshonor, y de la Falange no se podrá decir nunca que no está en primera fila cuando la muerte es el precio (…) A principio de la tarde salió el primer batallón divisionario y azul, del regimiento Rodrigo. Casi todo el SEU de Madrid. Por la noche salió el segundo batallón. Toda la Vieja Guardia”9. La misma idea aparece en otros títulos sobre las vicisitudes de aquella campaña salidos de la pluma de quienes estuvieron allí. Entre ellos Juan Eugenio Blanco, quien escribe que “la mayor parte de los componentes de la compañía son ex combatientes y camisas viejas”10, al que se suman otras voces falangistas: “En nuestra División predominaron los universitarios”, queriendo significar que la unidad se nutrió sobre todo de jóvenes estudiantes falangistas11. Por su parte el ex divisionario y novelista Fernando Vadillo da a entender, en una primera aportación, que la División fue una empresa falangista, aunque evita afirmar que los fascistas españoles hicieran la mayor aportación numérica: “La División Azul fue una unidad de combate animada, principalmente, por la fuerza ideológica que gravitó sobre una parte de la juventud española de aquel tiempo”12. No obstante, no siempre sucede así. Uno de los autores más interesantes, Tomás Salvador, por lo que cuenta y por lo que insinúa, aún siendo un falangista radical, dejó entrever en plena dictadura franquista que las cosas fueron algo distintas, aunque sin dejar de inclinar la balanza del lado falangista: “La División 250 estuvo en su día formada por dieciocho mil hombres (…); falangistas y no falangistas, universitarios y gañanes, soldados, idealistas y sinvergüenzas –que de todo hubo en la viña del Señor-“13. Pero los matices no componen el elemento dominante en las novelas y publicística falangista, en buena parte porque la mayor parte de la producción autobiográfica y de ficción a cargo de ex combatientes en Rusia corresponde a voluntarios de sincera filiación fascista, muy radicalizados, y a sus asociaciones14. En la mayor parte de las versiones sobre el tema salidas de su pluma no solamente ellos habrían sido el alma de la División, sino que, acudiendo en gran número a los banderines de enganche, habrían desbordado todas las previsiones. Lo que a su vez habría obligado a que algunos “se buscaran recomendaciones para ser alistados”; y lo mismo habría sucedido en las academias militares, hasta el punto de que “se esperaba reclutar entre 8 y 10 mil jóvenes” pero “las inscripciones superaron las 50 mil, lo que permitió especular con mandar un cuerpo de ejército”[6]. Sin embargo, la realidad fue completamente distinta.

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 HERNÁNDEZ NAVARRO, Antonio J.: Ida y vuelta, Madrid, Espasa Calpe, 1946; cit. por reed. 1971, pp. 21-22. 10

 BLANCO, Juan Eugenio: Rusia no es cuestión de un día, Madrid, Publicaciones Españolas, 1954, p. 9. 

  • RUIZ AYÚCAR, Ángel: La Rusia que yo conocí, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1954, p. 8. 
  • VADILLO, Fernando: Orillas del Voljov, Barcelona, Ediciones Marte, 1967, p. 8. Una opinión mucho menos matizada en División Azul. La gesta militar española del siglo XX, Madrid, Este Oeste Editorial y Consulting, 1991, p. 8.
  • SALVADOR, Tomás: División 250, Barcelona, Ediciones Domus, 1954, pp.  8-9. 

14  NÚÑEZ SEIXAS, Xosé M.: “Los vencedores vencidos: La peculiar memoria de la División Azul, 1945-2005”, Pasado y Memoria, 4, 2005, pp. 83-84.  

 

2. La denominación oficial española: División Española de Voluntarios

Como ha quedado dicho, en la tarde del día 24 de junio se reanudó el Consejo de Ministros destinado a zanjar las cuestiones pendientes en relación al envío de un cuerpo expedicionario a la URSS. Bajo la presidencia de Franco se tomó la decisión de enviar una división de infantería formada por voluntarios civiles, que vestirán camisa azul y encima el uniforme del Ejército, encuadrados por suboficiales y oficiales profesionales. Este contingente, al que acompañará una escuadrilla de aviación formada por profesionales, debería ser relevado en los plazos que más adelante quedasen establecidos, en el caso de que fuera necesario. Se confiaba  en que no. Todos los miembros del Gobierno creían en una rápida victoria alemana y esta circunstancia empujaba a acelerar los preparativos para que la citada unidad se encontrase en suelo soviético en el momento en que Stalin reconociese la presunta derrota del Ejército Rojo; estas prisas explican muchas de las decisiones relacionadas con la División que denotan improvisación. También se decidió que la convocatoria y recluta de voluntarios correspondería a Falange. De acuerdo con este planteamiento, el día 26 Arrese ordenó a las jefaturas provinciales del Partido que invitaran a todos los afiliados a participar en la lucha y que, de acuerdo con la jefatura de Milicias, fueran abiertos los correspondientes centros de reclutamiento. Ese mismo día los jefes provinciales comenzaron a dictar las órdenes pertinentes. El requisito para el alistamiento fue ser varón de 20 a 28 años, tener la condición de afiliado al partido o de militar, y demostrar la aptitud física necesaria en el reconocimiento médico. También quedó fijada la asignación del 75% de las plazas para ex combatientes de la guerra civil y del 25% restante para ex cautivos durante la misma en cárceles de los rojos y para aquellos que pudieran demostrar su servicio “a la causa nacional”. Si se establecieron estos requisitos fue porque se confiaba en que acudirían a alistarse más voluntarios de los necesarios. Pero no va a ser así y, además, el nivel de alistamiento será muy desigual a nivel geográfico.

El 27 comenzó la recluta del personal civil, la cual es descrita en la prensa falangista como una inmensa oleada de voluntarios que tiñen las calles de azul. Pero, como no podía ser de otra forma, dada la competencia Ejército-Partido por el control de parcelas de poder, y este es un asunto de índole tanto militar como política, la organización del cuerpo expedicionario continuó siendo motivo de agrias discusiones.

En esta tesitura el Ministerio del Ejército logró recuperar una parte del terreno perdido. Por el momento había conseguido que los voluntarios civiles fueran mandados siempre por oficiales profesionales, cercenando la posible existencia de consejeros o comisarios políticos con mando en tropa. Además, tal y como Franco y sus generales deseaban, una directriz del Estado Mayor Central de fecha de 28 de junio estableció que el Ejército se encargaría de proporcionar dos tercios de los suboficiales y la totalidad de la tropa especializada; además esta disposición acentúa la presencia de personal previamente militarizado: en aquellas provincias en las que los voluntarios no llegaran a cubrir el cupo establecido (previsión que sorprende, pues ¿no era tanta la ilusión por combatir en Rusia?) las vacantes serían cubiertas también por el Ejército. Esto supondrá, en una proporción muy superior a lo imaginado por los jerarcas falangistas, la incorporación de personas en edad de realizar el servicio militar. Así será posible contar con tropas ya entrenadas, aunque sea someramente, y que hayan probado su resistencia ante ciertas dificultades, pues cabía la posibilidad de que los voluntarios civiles, sobre todo los adolescentes de clase media, resultaran endebles, propensos al agotamiento y a las enfermedades, así como fáciles de intimidar en situaciones de cierta dificultad; pero queda en entredicho el planteamiento original esbozado por el círculo de Serrano.

De forma que la unidad enviada a la URSS no fue una división azul. Y tampoco, finalmente, una división de voluntarios civiles, dado que el porcentaje de personal civil por muy poco resultará ser superior al de elementos procedentes de distintas unidades del Ejército. En algunas provincias la convocatoria tuvo buena acogida y se cubrieron con rapidez los cupos de afiliación asignados a los civiles con jóvenes de buenas aptitudes físicas, e incluso en ocasiones la afluencia resultó ser superior a la necesaria, aunque no resultan creíbles los datos ofrecidos por el servicio de propaganda falangista. Se trata, en estos casos, de voluntarios caracterizados por una serie de rasgos que han sido recogidas por la literatura que exalta la División Azul, entre éstos el peso de los estudiantes, siendo el Sindicato Español Universitario de Madrid el organismo que hace una mayor aportación numérica.

Los primeros trabajos elaborados fuera de España, a cargo de profesores estadounidenses, pusieron de relieve que los falangistas no aportan la mayoría del contingente divisionario. Sin embargo, se atuvieron en parte a lo expuesto, de forma interesada,  por la historiografía franquista. Es decir, optaron por considerar voluntarios sinceros a la mayor parte de los divisionarios, y en ocasiones incurrían en contradicciones, bien porque carecían de datos numéricos respecto al número de civiles y de militares alistados, o porque no sabían cómo equilibrar el manejo de los pocos datos de que disponían con su simpatía manifiesta hacia el régimen de Franco. Raymond Proctor, profesor en la Universidad de Idaho, escribió, en un libro traducido por Editora Nacional en 1972, que la División estuvo compuesta “de voluntarios que lucharon codo a codo con el ejército alemán”, y se explaya sobre estos “descendientes de los guerreros de Covadonga, de la Reconquista y del golfo de Lepanto”16. El mismo tratamiento encontramos en la obra de los también estadounidenses, y asimismo muy proclives a Franco y su régimen,  Kleinfeld y Tambs, profesores de Historia en la Universidad del Estado de Arizona. En sus páginas la División aparece como una unidad de jóvenes “que se presentaron voluntarios”, y se nos dice que la convocatoria para el reclutamiento “provocó una respuesta entusiasta”, sin matizaciones; no obstante, más adelante exponen que cabe la posibilidad de que una parte de la tropa procediera de los cuarteles17. Por el contrario, Ruhl es autor de un libro de mucho interés y casi siempre bien documentado y aunque el tema de la División es uno más dentro de su investigación, él es el primero en documentar la importante aportación del Ejército mediante la consulta de los informes remitidos a Berlín por la embajada alemana en Madrid: “El 70 por 100 de los voluntarios procedía de regimientos españoles y el resto lo formaban voluntarios de la Falange”18. Aunque este dato no es correcto, ya que la proporción atribuida a los soldados es excesiva, sobre todo si pensamos en la primera expedición, resulta sorprendente que en los años siguientes varios artículos dedicados a la División Azul, aparecidos en revistas de divulgación, no hagan referencia alguna al grado de voluntariedad de los alistados, y, más aún, que tampoco lo hagan trabajos aparecidos en revistas españolas de historia militar, si bien en estos medios apenas se ha producido una renovación historiográfica y no existe voluntad de cuestionar los preceptos sobre los que se construyó la historiografía franquista en torno a la guerra civil y la guerra mundial19. No puede, por lo tanto, sorprendernos que todavía hoy en día creadores de opinión desde los  medios de la derecha más proclive al pasado franquista continúen incidiendo en el peso de lo azul de aquella unidad, y en considerar voluntarios reales a todos sus integrantes20, pero sí que algunos historiadores extranjeros persistan en dar crédito a las fuentes falangistas21. Sin embargo, varios estudios han venido a cuestionar el significado y composición del cuerpo expedicionario expuesto desde las filas azules. Aparte del ya citado trabajo de Ruhl, deben citarse las obras de Estes22, Moreno, quien ha señalado que “no todos los alistados lo fueron voluntariamente”, “ya en el verano de 1941 hubo unidades que, al no obtener los resultados apetecidos, recurrieron al encuadramiento forzado de soldados”23, de Núñez Seixas24 y de Rodríguez Jiménez25, si bien nos faltan (aunque estén ya en marcha para los casos riojano y extremeño) estudios de ámbito local que permitan una aproximación más detallada a esta cuestión26.

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16 PROCTOR, Raymond: Agonía de un neutral (Las relaciones hispano alemanas durante la segunda guerra mundial y la División Azul), Madrid, Editora Nacional, 1972, pp. 16, 133 y 134.

17 KLEINFELD, G.R. y TAMBS, L. A.: La División Española de Hitler. La División Azul en Rusia, Madrid, San Martín, 1979, pp. 11, 24 y 25.

18  RUHL, Klaus-Jörg: Franco, Falange y Tercer Reich. España en la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Akal, 1986, pp. 25-26.  19  Trabajos a cargo siempre de no historiadores y aficionados cuyo principal objetivo es exaltar los regímenes fascistas. Véanse IBÁÑEZ, Rafael: “El nacimiento de la División Azul. Reclutamiento, organización y transporte de los voluntarios hasta Grafenwöhr”, Aportes, 16 (marzo-junio 1991), pp. 4-15; lo mismo cabe decir de las aportaciones de IBÁÑEZ, R.: “De Madrid a Grafenwöhr: El nacimiento de la División”, y CABALLERO, Carlos: “La Wehrmacht y el movimiento de voluntarios en la S.G.M.”, contenidas en el número extra, dedicado a la División Azul, de Defensa, 16 (junio de 1991).

20  Véase VIDAL, César: “La astucia del Caudillo”, dentro del debate “División Azul: ¿un error de Franco?”, volumen 2, 1941-1942. La División Azul: España quiere vengarse del comunismo, de la colección El franquismo año a año,  Madrid, Unidad Editorial, 2006, p. 205.

21 Por ejemplo BOWEN, W. H.: Spaniards and Nazi Germany. Collaboration in the New Order, Columbia, University of Missouri Press, 2000: el número de voluntarios “alcanzaba para una división,

3. Algunos datos sobre la composición de la, en realidad, División 250 de la Wehrmacht o Spanische Freiwilligendivision

La proporción aportada por Ruhl respecto a la composición de la División no había sido hasta la fecha contrastada con documentación emanada de la División Española de Voluntarios (DEV). No lo había sido por tres motivos: primero, hasta bien entrados los años ochenta los archivos militares fueron un territorio vedado a los investigadores no favorables al régimen de Franco; segundo, los investigadores extranjeros proclives a Franco tan sólo manejaron unos pocos documentos del Servicio Histórico Militar (Madrid) sobre esta materia; y, tercero, porque después pocos investigadores han consultado en profundidad los fondos de la DEV, que, en un estado de cierto desorden, fueron transferidos desde el citado organismo al Archivo General Militar de Ávila (AGMA).

Por nuestra parte, tras una pormenorizada búsqueda en el AGMA, no hemos encontrado un documento en el que se detalle de forma pormenorizada la procedencia (Milicias del Partido, cuarteles del Ejército de Tierra) de los efectivos de la División. Tal vez, como en otros casos de documentación relativa a la participación de España en la guerra mundial, se hizo desaparecer. No deja de ser curioso que cuando bastantes años después de la disolución de la DEV, ya en marzo de 1973, el propio Ministerio del Ejército se interesó en conocer algunos datos sobre la División y, tal vez después de acudir de forma infructuosa al Servicio Histórico Militar, decidió dirigirse al director de la revista Ejército, editada por el servicio de publicaciones del Estado Mayor Central. En concreto el ministro solicitaba un informe con el número de generales, jefes, oficiales, suboficiales y tropa que formó parte en la DEV, y tomando como fuente “artículos que en su día pudieron aparecer en esa revista relativos a dicha Gran Unidad”. Muy poco fiables tenían que ser considerados los archivos militares para que el Ministerio acudiese a la citada publicación. Ese mismo mes el Estado Mayor Central respondió al subsecretario del Ministerio que los fondos documentales disponibles no permitían ofrecer una respuesta. Peor aún, apuntó un único dato no contrastado y tomado de un número correspondiente a 1965 de la Royal United Service Institution Journal: en el momento de su formación componían la División 17.500 hombres. Sin embargo, entre tanto, otra solicitud con el mismo contenido había dado sus frutos. En este caso la petición había sido dirigida al servicio de información militar, en la segunda sección del Ministerio del Ejército, el cual aporta los primeros datos concretos y veraces[7]: e incluso para un para un cuerpo expedicionario de varias divisiones” (p. 107), tesis que ha mantenido en un libro posterior: Spain during World War II, Columbia, University of Missouri Press, 2006, p. 41.

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  • ESTES, Kenneth W.: A European Anabasis,…..
  • MORENO JULIÁ, Xavier:  La División Azul…, 99.
  • Apunta que el hecho de que la mayoría de las memorias en torno a la DEV correspondan a militares y voluntarios falangistas “condujo a una infrarrepresentación de autobiografías críticas con la DA procedentes de aquellos combatientes que, particularmente a partir de mediados de 1942, no eran estrictamente voluntarios idealistas, sino que habían ido a Rusia más o menos forzados”; NÚÑEZ SEIXAS, Xosé M.: “Los vencedores vencidos……”, p. 92. 

25 RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis: De héroes e indeseables. La División Azul, Madrid, Espasa Calpe, 2007, varias páginas, sobre todo  301-324.

26  Una primera aportación, dedicada a la provincia de Lleida, en AGUSTÍ I ROCA, Carme: “Rusia es culpable. Memoria y recuerdo de la División Azul”, Segon Congrés Recerques. Enfrontaments Civils: Postguerres i reconstruccions, Lleida, Associació Recerques i Pagès Editor, 2002, vol. II, pp. 627-639. 

Generales…………………………….2 Jefes………………………………..120

Oficiales………………………..2.030

Suboficiales……………………3.990

CASE (especialistas)………….300

Tropa…………………………..38.800

Total……………………………45.242

Más relevante para el objeto de este trabajo es que el número de cabos y soldados alistados por las jefaturas provinciales de Milicias fue de 23.442[8]. Lo que significa que solamente algo más de la mitad de los soldados con destino en la DEV fue aportada por los banderines de enganche de la Milicia del Partido. El número de voluntarios civiles afiliados en la Milicia de FET y de las JONS, para cada uno de los tres años en los que se efectuaron reclutamientos para el frente del Este, es el siguiente:

1941     ……………    9.629

1942     ……………    8.902

1943     ……………    4.911

Total  ……………  23.44229

Estos datos muestran que el número de alistamientos en las oficinas del Partido es decreciente, lo que en parte se explica por el hecho de que en  el otoño de 1942 el gobierno de Franco procede a una rectificación de su política exterior. Para que ésta resulte creíble a británicos y norteamericanos será preciso retirar la DEV del frente del Este en cuanto se presente una adecuada coyuntura de negociación con la Alemania de Hitler. En consecuencia, a partir de entonces no todas las vacantes son cubiertas con tropas de reemplazo. Además, en septiembre de 1943, el Gobierno acuerda, como paso previo a la retirada, transformar la DEV en una unidad de menor tamaño, una Legión. Pero ésta no es la única explicación de la sustancial reducción del número de alistados en las oficinas de la Milicia del Partido en el tercer año de la campaña del Este. El número de personas deseosas de alistarse ha debido de reducirse mucho desde la primavera del cuarenta y dos, y los banderines de enganche se esfuerzan en captar a personas susceptibles de ser presionadas, pero este procedimiento no permite cubrir todas las vacantes, como no lo permitió el año anterior. Éste es el motivo por el que, en medida creciente, es preciso acudir a los cuarteles del Ejército, donde los jóvenes que prestan el servicio militar, personal militarizado, reciben el nombramiento de voluntario para la guerra en Rusia como una orden.

Además de los datos acerca de la composición de la DEV, existen otros elementos importantes relativos al cuerpo expedicionario cuyo análisis echa por tierra las versiones ofrecidas por la prensa falangista y la historiografía franquista. Lo que nos interesa ahora señalar es que la expresión División Española de Voluntarios enmascara la realidad, bien sabida, de que esta división fue una unidad alemana, la División 250 de la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas, en concreto del Heer, el ejército de tierra. Ésta es una realidad de la que no se dice nada en España hasta bastante tiempo después. Por el contrario, aunque una vez llegado a Alemania, para la correspondiente etapa de instrucción, el cuerpo expedicionario español pasa a ser una unidad alemana, la denominación DEV continúa siendo utilizada por el mando español, los órganos de representación de la División en España, así como por la embajada de España en Berlín. Y ése es el nombre que la prensa española está obligada a utilizar, por disposición de la Vicesecretaría de Educación Popular, cuando emite noticias oficiales procedentes de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército, mientras que en las restantes crónicas e informaciones no procedentes de este Ministerio, así como en los titulares, comentarios, montaje y pie de fotografías, debe hacer constar el nombre de División Azul[9]. Lo que no va a figurar nunca es el nombre oficial de esta unidad: División 250 de la Wehrmacht, aunque los alemanes a menudo se refieren a ella como Spanische Division. Tampoco se dirá que todos sus integrantes obedecen a partir de entonces las órdenes del mando alemán, del general en jefe del cuerpo de ejército en el que sea integrada la División, y menos aún se publica la inesperada fórmula del juramento de fidelidad a Hitler, pues lo prohíbe una disposición emitida por la citada vicesecretaría. Aunque en la División 250 todos los mandos son y serán españoles, a diferencia de otras unidades extranjeras al servicio del Tercer Reich, y sus integrantes llevan cosida sobre el uniforme alemán una pequeña bandera española, el régimen no quiere que se sepa que en el campamento bávaro de Grafenwöhr la oficialidad y tropa española han prestado juramento de fidelidad al dictador nazi, Adolf Hitler. Al parecer, cuando esta situación se planteó, las autoridades españolas no tenían claro qué naturaleza debía tener tal acto, pues no habían previsto que algo así fuera a tener lugar, e incluso es posible que ni el ministro del Ejército ni el propio Franco hayan sido informados previamente del texto utilizado durante la ceremonia, en sintonía con la improvisación que rodea la puesta en marcha de la División. La fórmula empleada el día 31 es ciertamente peculiar, pues cabe deducir que la colaboración del estado español con la Alemania nazi queda circunscrita a la “lucha contra el bolchevismo”, si bien, dado que no se especifica que la intervención española tendrá como marco la guerra entre Alemania y la URSS, esa expresión podría llegar a adquirir una significación más amplia. Además, no deja de ser sorprendente que no se preste juramento de fidelidad a España, y tampoco a Franco, al que no se menciona en el texto del juramento, sino exclusivamente a Adolf Hitler en tanto que jefe de la Wehrmacht[10], tal y como se ven obligados a hacer los militares alemanes desde que su Führer asumió el mando del Ejército.

  1. ¿Unidad de voluntarios o, finalmente, de castigo?

La documentación depositada en el AGMA proporciona información muy valiosa sobre otra cuestión relacionada con la composición de la División 250. Después de habernos referido a los porcentajes de alistados por el Partido y el Ejército, en las siguientes líneas trataremos de ofrecer algunas pistas sobre el grado de voluntariedad de la tropa que formó parte de la 250 División de la Wehrmacht.

Una serie de documentos emitidos por las oficinas divisionarias nos permiten apreciar que el número de personas que parten para el frente como resultado de una voluntad sustentada en creencias políticas fue mucho menor de lo que hasta ahora creíamos. La verdad es que desde fecha temprana los organismos políticos y militares del Nuevo Estado tuvieron que emplearse a fondo para cubrir los efectivos de una división, algo más de 17.000 hombres, y que ya en el verano de 1941 se forzaron voluntades. Un documento de fecha 28 de junio, el segundo día de la recluta, refleja que la Milicia de FET y de las JONS ha alistado en los banderines de enganche abiertos en todas las capitales de provincia y otras ciudades, cuya misión concluye el 2 de julio, a una cifra más bien reducida, ya que se refiere a alistados en toda España: 6.440 hombres, de los que 2.304 (todos correspondientes a personal de tropa) los aporta Madrid[11]; la cifra debe ser algo mayor, pues no constan los datos de la cuarta región militar, Cataluña, pero no muy superior, pues aquí el número de voluntarios fue escaso. Los datos son los siguientes[12]:

Primera Región   ……….. 2.465

Segunda   ………………….  2.013

Tercera   ………………………. 653

Cuarta    ….. ……………………  –    Quinta    ………………………. 223

Sexta    ………………………… 237

Séptima   …………………….. 270

Octava   ………………………. 584

Baleares   ……………………….. –       Canarias    …………………….. 15

Marruecos    …………………..  –

Total:    …………………….. 6.440

Podemos imaginar que buena parte de ellos son falangistas, militantes de FET y de las JONS muy politizados, admiradores de la Alemania hitleriana y que ven en la victoria alemana el preámbulo de la conquista definitiva del Nuevo Estado salido de la guerra civil, y por supuesto convencidos de que el comunismo internacional ha sido y es responsable de los males de España. Junto a ellos figuran personas identificadas con la derecha autoritaria, nacional católica, que también son fervientes antico-munistas, sujetos que, si no ellos sus padres, han combatido en la guerra civil y han quedado profundamente marcados por esa experiencia, vivida como cruzada anticomunista, es decir que comparten una identidad con los falangistas, al igual que los oficiales de carrera, alféreces provisionales y suboficiales del ejército vencedor. Pero no olvidemos que algunos se han alistado impulsados más por necesidades económicas que por convicciones ideológicas. En cualquier caso, lo que resulta evidente es que el número entonces alcanzado fue considerado insuficiente en medios militares y falangistas, cuyos jerarcas debieron de sentirse abochornados ante el hecho de que en varias regiones muy pocos se alistan para  combatir al comunismo. Por este motivo en los cuatro días que quedan para el cierre de las oficinas de reclutamiento se trabaja para incrementar esa cifra. Se logra reclutar a algo más de dos mil efectivos, que tienen tres procedencias: jóvenes que se dejan arrastrar por camaradas ya alistados; personas de familias en cuyo seno se ha valorado la paga ofrecida, elemento vital en aquella España de la posguerra;  y personas no afectas al régimen sometidas a presión para que se alisten a cambio de un mejor trato a familiares encarcelados o de una mejor consideración de su persona a su regreso del frente, que siempre garantiza la condición de ex combatiente, con las mismas ventajas que disfrutan quienes han formado parte del ejército vencedor en la guerra civil. Así, un documento de 11 de julio, cuando la División está a punto de partir para Alemania, deja constancia de que el número de efectivos procedentes de las Milicias de FET y de las JONS ha aumentado hasta 9.154 hombres, de un total de 16.974 que figuran en el mismo como integrantes de la División[13]; en realidad, el primer contingente de tropas que sale de España asciende a un total de 17.951 efectivos[14].

Por lo tanto, la situación es la siguiente: la DEV debería estar integrada por voluntarios civiles mandados por oficiales y suboficiales del Ejército, y sólo en  aquellas provincias donde no se hubiese presentado un número suficiente de voluntarios, lo que, presuntamente, podría ocurrir en algunos, pocos, lugares, debería haberse recurrido a jóvenes que se encontrasen prestando el servicio militar; pero, dado el insuficiente número de voluntarios, casi la mitad del personal ha tenido que salir de los cuarteles. Es evidente que también en los cuarteles un número indeterminado de jóvenes han tomado libremente la decisión de alistarse, pero es asimismo seguro que a una parte se les obliga, se les adscribe la condición de voluntario mediante sorteo o presión sicológica.

Si ya hubo problemas para el reclutamiento en junio-julio de 1941, en una coyuntura de exaltación nacionalista y antibolchevique en medios fascistas y derechistas, y de fe ciega en la victoria alemana, cabe imaginar lo que sucederá cuando se conozcan las vicisitudes de los soldados en el frente del Este, gracias a lo que cuentan los primeros regresados y los muy escasos datos veraces aparecidos en los medios de comunicación: que el número de muertos, heridos, congelados, mutilados y enfermos es mucho más elevado de lo previsto, que las temperaturas del invierno en Rusia son terribles, y más sin el equipo adecuado, que a muchos ha faltado, y que no parece empresa tan sencilla derrotar al Ejército Rojo. Por si esto fuera poco, los primeros regresados, incluidos los falangistas, se quejan del mando alemán, al que reprochan la larga marcha a pie de aproximación al frente, no haberles proporcionado el apoyo aéreo preciso, y tampoco carros de combate y artillería de grueso calibre, y la exigencia de auxilio a otras unidades de la Wehrmacht en situaciones de máxima dificultad. También se muestran críticos hacia su general, Agustín Muñoz Grandes, y otros mandos divisionarios, de los que algunos dicen que son unos demagogos que se han plegado a todas las demandas de los alemanes, sin atender a lo que ellos interpretan como más importante, no exponer a la tropa a una situación de riesgo innecesario. Y también, una parte de ellos, se muestra disgustada consigo mismos, por haberse dejado arrastrar por la campaña de propaganda orquestada para la puesta en marcha de la División. Estas opiniones no circulan con libertad, pero influyen en no pocos posibles candidatos a alistarse como voluntarios.

En el momento de organizarse el cuerpo expedicionario, el Ministerio del Ejército había valorado la necesidad de cubrir bajas mediante batallones de marcha, aunque todos los que tenían algo que ver con la creación de la División estaban convencidos de que la victoria se alcanzaría en pocos meses, semanas incluso. Pero no ha sido así. Por lo tanto, a finales de febrero de 1942 el Ministerio dispuso el primer relevo, que afecta a los enfermos, casados y mayores de treinta años. Para cubrir las bajas habidas y proceder al relevo escalonado de los efectivos fue preciso abrir de nuevo los banderines de enganche para civiles y captar a jóvenes que en ese momento prestaban el servicio militar. Para contrarrestar los comentarios hechos por el personal relevado, el Gobierno cursó instrucciones a los directores de medios de comunicación. Al mismo tiempo, para incentivar la recluta, el Ministerio, que había anunciado la reducción del servicio militar para quienes diesen un paso al frente, se apresuró, tras evaluar el pobre resultado obtenido, a cancelar por entero dicho servicio a los jóvenes que se alistasen, una oferta que tampoco tuvo el efecto buscado. Entre tanto, en ningún banderín de enganche de las Milicias de Falange el número de voluntarios resulta suficiente para cubrir las necesidades de tropa. Además, a diferencia de lo sucedido en 1941, cuando el porcentaje de estudiantes entre los alistados debió de ser elevado, tal y como exponen fuentes escritas de distinta fiabilidad y las fuentes orales utilizadas[15], y tal y como parecen confirmar los datos que hemos aportado sobre la recluta a cargo de las Milicias de FET y de las JONS para la Primera Región Militar, ahora el número de universitarios fue poco significativo.

Así las cosas, dado que no se consideró procedente exigir a partidarios del régimen que acudieran al frente ruso, otros tendrían que arriesgar la vida en su lugar. Estamos por tanto ante una forma, una más, de la violencia política ejercida por el régimen de Franco sobre los derrotados. Formas de violencia política son los 50.000 casos de ejecutados en los primeros años de la posguerra, las penas de cárcel por los llamados delitos políticos, las torturas físicas y psicológicas, los trabajos forzados y el fomento del miedo como práctica cotidiana desde las oficinas de propaganda, con el recurso, por ejemplo, al recuerdo constante de la Victoria de la coalición franquista (los nombres de las calles y otros métodos). Y también constituye una forma de violencia el alistamiento forzoso de varones en unidades militares, en los batallones de fortificación que realizan obras militares en distintos puntos de la geografía española, con la vista puesta casi siempre en una posible invasión desde el norte de África, así como el servicio forzoso en el ejército colonial, en la Legión en concreto, a la que son destinados ex presos del ejército republicano, y en la DEV.

En efecto, el Ministerio del Ejército impartió entonces instrucciones para reclutar personal, bien mediante promesas de ascenso al regreso, órdenes verbales de destino o amenazas. La presión debió de ser especialmente intensa en los cuarteles de la Legión. No disponemos de cifras sobre la recluta de estos soldados profesionales que, junto a los de Regulares, componen la infantería de choque del ejército español, pero sí de numerosos indicios de que a estos soldados se les valora más que a otros como candidatos a combatientes en el frente del Este, por su entrenamiento y porque, dada su condición mercenaria y, en no pocos casos, desarraigo social, las bajas habidas en sus filas tendrían un menor impacto en el conjunto de la sociedad[16]. De los que dieron un paso al frente cuando los oficiales se dirigen a la tropa formada en los patios de los cuarteles, en demanda de voluntarios, cabe pensar que algunos lo hicieron para dejar atrás las marchas por zonas semidesérticas y, los que no tenían destino en zona de costa, los rigores del clima marroquí, sin saber lo que les esperaba. Otros por esto mismo y por motivos políticos, al tratarse de ex soldados del ejército republicano que han buscado en la Legión un refugio donde se olviden sus culpas, en ocasiones obligados a escoger entre un campo de concentración y un destino en Marruecos. Esto les ha llevado a pensar que si se alistan para combatir en Rusia harán más méritos, en el caso de tener familiares en la cárcel, o, si no es así, que se les abrirá una puerta por la que huir para siempre si consiguen, una vez en el frente, pasarse a las líneas soviéticas. Algo parecido ocurrió en los cuarteles peninsulares, donde cumplen el servicio militar miles de jóvenes. Cuando han faltado candidatos se ha adjudicado la suerte por número: un, dos, tres (usted, un paso al frente, voluntario), cuatro cinco seis (usted), siete, ocho, nueve (usted)…, o bien mediante otra fórmula semejante, procurando que los escogidos sean miembros de la clase social más baja.

No sólo se buscó personal en los cuarteles. De nuevo, y ahora con mayor intensidad, se presiona a jóvenes desempleados y que cargan con un historial político peligroso en la España de Franco, a los que se dice que su sacrificio y entrega servirá para limpiar el expediente familiar o el suyo particular. Tal es el caso de los tres hermanos Ciges, Luis, Manuel y Carlos, hijos del gobernador civil de Ávila y miembro de Izquierda Republicana que fuera ejecutado inmediatamente después de la sublevación militar de julio de 1936. Su esposa e hija fueron llevadas en calidad de presas a un convento de clausura y los hijos a un colegio de frailes. De ahí salieron los chicos para prestar servicio de vigilancia de ferrocarriles y fronteras, pero al término de la guerra las dos mujeres permanecían encerradas. Un familiar les recomendó entonces a ellos alistarse en la División:

Alguien nos dijo: Lo mejor para vosotros es ir voluntarios a la División Azul. Así nos limpiábamos el pasado familiar y conseguíamos algún dinero para la supervivencia de mi madre y para que mi hermana pudiera estudiar[17].

Otro testimonio interesante es el de Antonio Granados, un joven socialista que al salir de la cárcel regresó a su pueblo, Nerva, a finales de 1941. Dado que el trabajo escaseaba en Sevilla y que un amigo le ha dicho que, gracias a un contacto en el Ayuntamiento de esta ciudad, ha conseguido empleo de barrendero, intentó probar suerte en las oficinas del consistorio. Su relato es el siguiente:

Cuando iba en dirección al Ayuntamiento, al pasar ante la oficina de empleo entré en ella con la pretensión de solicitar trabajo y apuntarme en la lista de solicitantes. Me atendió un individuo que usaba camisa de Falange, quien al hacerle mi solicitud me preguntó que dónde y en qué había trabajado antes, y cuando le dije que había estado preso me aclaró que el puesto que podía darme a mí era en la División Azul. Le pregunté que por qué no estaba él en ella como falangista que era, y aunque su actitud fue pasiva, en ese momento, me di cuenta inmediatamente del error que había cometido y aproveché su momentánea perplejidad para salir39.

Para conocer mejor el tipo de personal que está acudiendo a la DEV, vamos a analizar los datos que figuran en los expedientes personales de los soldados y cabos que cayeron prisioneros del Ejército Rojo o que desertaron al campo enemigo y que, en ambos casos, regresaron en 1954 tras varios años de cautividad en campos de concentración soviéticos. Se trata, por lo tanto, de un análisis sustentado en una muestra limitada, y que ha de ser complementado por posteriores investigaciones, pero creemos que suficiente. Trabajamos con estos expedientes porque este artículo está concebido como un primer paso para el estudio de los prisioneros de guerra españoles en la URSS, por supuesto también porque disponemos de los nombres de todos los regresados en esa fecha tras ser liberados por la URSS y es posible la consulta de sus expedientes en el AGMA, y porque, al haber sido hechos prisioneros casi todos ellos en 1943, sus datos nos remiten a personas alistadas casi siempre después del invierno de 1941-42, que son las que ahora nos interesan40. Pues bien, los soldados y cabos hechos prisioneros (que son 175) y los desertores al enemigo (que son 19, dieciocho soldados y un cabo) que regresaron en 1954 suman un total de 194 individuos. En los expedientes personales, en los que en ocasiones falta información referente al perfil de los alistados, hemos buscado los siguientes datos: filiación por Milicias de FET y de las JONS o por el Ejército de Tierra, lugar de nacimiento y profesión.

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39 GRANADOS, Antonio:  Autobiografía de alguien poco importante. República-Dictadura, Madrid, El autor, 2000, pp. 168-169.

40  De los soldados, suboficiales y oficiales de los que se proporciona información acerca de la fecha en que fueron hechos prisioneros, los datos son los siguientes: nueve en 1941, dos en 1942, ciento cincuenta y nueve en 1943 (casi todos en el transcurso de la batalla de Krasnyj Bor, el 10 de febrero),  y quince en 1944 (más de la mitad alistados clandestinos en la Wehrmacht y SS tras disolución de Legión Española de Voluntarios sucesora de la DEV).

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Por lo que se refiere a la procedencia geográfica del personal (en la mayor parte de los casos coincide el lugar de nacimiento y el de residencia), los datos, cuando han sido recogidos en la ficha de afiliación, lo que sucede en 180 casos (con textos a máquina, pero casi siempre a mano), apuntan el siguiente resultado:

Andalucía: 49

Castilla-León: 22

Extremadura: 17

Castilla-La Mancha: 13

Galicia: 13

Asturias: 9

Madrid: 9

Cataluña: 8

Comunidad Valenciana: 8

País Vasco: 7

Cantabria: 5

La Rioja: 4

Aragón: 4

Canarias: 4

Murcia: 4

Navarra: 3

Argentina: 1

En cuanto a las profesiones (no siempre figura este dato, tal vez porque una parte son desempleados y otros, que viven en las zonas más pobres del extrarradio de las ciudades, tienen empleos esporádicos; varias cartas de familiares denotan situación de pobreza), se obtienen los siguientes datos:

Jornaleros: 27

Labradores: 11

Albañiles: 10

Mecánicos y electricistas: 10

Estudiantes: 7

Carpinteros: 5

Mineros: 4

Panaderos: 3

Empleados en la industria y

ferrocarriles: 3

Empleados en servicios públicos: 2

Estafadores-rateros: 2

Pintores: 2

Chóferes: 2

Artista de circo: 1

Barbero: 1

Cantero: 1

Carnicero: 1

Curtidor 1

Empleado en fábrica agrícola: 1

Dependiente: 1

Lechero: 1

Moldeado: 1

Practicante: 1

Tonelero: 1

Vaquero: 1

Zapatero: 1

La información disponible indica que 107 efectivos han sido captados por las oficinas de Milicias de FET y de las JONS y 78 por los cuarteles del Ejército, entre los que figuran los trece cabos. De estos datos cabe deducir que, si bien en el segundo año de guerra aumenta el peso de la recluta procedente de cuarteles del Ejército, ésta se encuentra todavía en fase ascendente. También se aprecia que la mayor parte del personal procede de las regiones menos desarrolladas. Andalucía, CastillaLeón, Extremadura, Castilla-La Mancha, Galicia y Asturias suponen el 68,3%, y Andalucía el 27,2% del total. Por lo que se refiere a las profesiones apreciamos un predominio absoluto de los trabajadores manuales de baja cualificación. En definitiva, personas de muy bajo nivel de renta, que a menudo dependen de un empleo temporal; los que declaran ser labradores (entendiendo por tal pequeños propietarios) pueden ser en realidad jornaleros. Cabe suponer que se trata de personas que no destacan precisamente por su grado de identificación con el Nuevo Estado edificado por los vencedores en la guerra civil, situación que nos remite al reflejo de aquella contienda en la historia real de la participación española en la segunda guerra mundial.

Nada tiene de extraño que este personal forzado no fuera del agrado del Estado Mayor de la División. Dos motivos principales cabe apuntar. Primero porque, avisada del tipo de recluta que se estaba efectuando, la segunda bis, el departamento de la segunda sección de Estado Mayor que se ocupa de la información sobre la propia unidad con la misión de prevenir la acción de infiltrados entre los divisionarios, ya fueran militantes de la izquierda clandestina o agentes al servicio de una nación enemiga, ha procedido a intensificar las tareas de vigilancia y a solicitar antecedentes a España sobre este personal. Los datos obtenidos indican que su número es superior al que en Madrid se quiere reconocer, circunstancia que, en zona de guerra, podría derivar en una situación de riesgo para la seguridad de la División. En segundo lugar, a causa del comportamiento en retaguardia y primera línea de una parte de los recién llegados. Con la información recopilada la segunda bis elabora un fichero de indeseables. Tienen tal categoría aquellos soldados y suboficiales que, según el servicio de información,  encubren tendencias perniciosas, políticas, sociales o sexuales. En las fichas elaboradas[18] constan los siguientes datos: nombre, unidad, el informe por el que el individuo en concreto se hace merecedor del calificativo de indeseable, y número de chapa. También contienen espacios para la conducta privada, moral, religiosa y política, además de puntualidad, disciplina y amistades, pero en estas casillas casi nunca figuran datos. Una parte de los sospechosos de perpetrar acciones perniciosas para la División fueron puestos bajo vigilancia y otros detenidos, puestos en manos de la sección de Justicia del Estado Mayor (que llega a elaborar 2.271 expedientes), expulsados de la unidad y repatriados a España con escolta. La desconfianza del Estado Mayor respecto al personal que llega al frente, integrado en los sucesivos batallones de marcha, aumentó en el transcurso de los meses finales de 1942. Entre otras evidencias de esa preocupación, además del incremento de las repatriaciones, situación que acabará afectando a más de mil efectivos, cabe señalar que en noviembre el servicio de información requirió a los oficiales con el grado de capitán para que las personas destinadas a este servicio en las respectivas compañías procediesen, antes de la partida de la tropa para el frente, a “desenmascarar a los individuos que afiliados a la gloriosa DEV vienen con ideas turbias y pensamiento incluso algunos de pasarse al enemigo o hacer propaganda en contra de la DEV”. Esta preocupación, aunque no parece que se haya visto ratificada por los hechos ocurridos en el frente, parece lógica, dado el aumento y cada vez mejor calidad de la propaganda soviética y el hecho añadido de que al personal procedente de los cuarteles se suma una proporción mayor de ex presos políticos recién salidos de la cárcel.

Estas circunstancias no son exclusivas de la DEV. También en otras unidades extranjeras disminuyó rápidamente el número de voluntarios, tanto porque el número de personas dispuestas a afrontar las terribles condiciones del frente del Este era cada vez menor, como porque un escaso porcentaje estuvo dispuesto a reengancharse una vez cumplido el contrato por dos años de servicio, que es lo que sucedió en la Legión Norwegen. En la segunda mitad de 1942 el deseo de regresar al modelo de división multinacional, mediante la organización de una división que recibió el nombre de SS Nordland, se saldó con un fracaso, ya que más de la mitad de las plazas tuvieron que ser cubiertas por personal alemán de las SS y  rumanos de origen germánico. Asimismo, la campaña realizada a lo largo de 1943, en la que se emplearon cuantiosos medios de propaganda, sólo permitió reclutar a 8.105 voluntarios, de los que únicamente 3.154 eran aptos para el servicio; entre los alistados figuraban 3.262 holandeses, 2.608 franceses y 1.069 flamencos. Algo similar cabe apuntar respecto a la creación en 1943 de la Brigada SS de Asalto Frankreich, bautizada como Charlemagne y conformada, tras ejercer la necesaria presión sobre el gobierno presidido por Laval, por franceses supuestamente identificados con los ideales fascistas y por obreros de la misma nacionalidad hasta entonces empleados en fábricas alemanas como mano de obra forzada; lo mismo respecto de la Legión Valona, creada en 1943 por iniciativa del dirigente del fascismo belga Leon Degrelle, ya que para conformar una legión encuadrada en las SS, la Brigada SS de Voluntarios Valones (iniciativa denegada por criterios raciales en 1941), con 1.850 hombres, fue preciso deshacer los dos batallones hasta entonces integrados en la Wehrmacht, si bien en los meses siguientes fue posible captar unos cuantos cientos más de voluntarios. La necesidad de reclutar tropas para afrontar en 1944 la dificilísima situación en el frente del Este y la posible apertura por los Aliados de un nuevo frente en la zona occidental del continente empujará a los dirigentes nazis a multiplicar sus esfuerzos, contando con el apoyo de los partidos colaboracionistas en los países ocupados. El resultado alcanzado será de nuevo muy mediocre. Baste señalar que en las tres divisiones SS organizadas hasta 1944 (Wiking, Nordland, Nederland) existían regimientos incompletos y que más de la mitad de sus efectivos eran germanos, situación no alterada hasta semanas después del desmoronamiento alemán en ambos frentes. Entonces el miedo de los colaboracionistas a caer en manos de las Resistencias antifascistas empujó a miles de ellos a sumarse, a la desesperada, a la defensa del Tercer Reich. No obstante, el fenómeno del alistamiento de voluntarios en Europa occidental, una parte de ellos empujados por motivaciones económicas y otros asediados por su pasado colaboracionista, en ningún momento dio lugar a que coincidieran en sus filas más de unas decenas de miles de hombres. Al parecer, pese a que una parte de la documentación quedó destruida, la suma de los contingentes en las SS y en la Wehrmacht en ningún momento alcanzó los 60.000 efectivos, y casi la mitad de éstos nunca estuvo operativa a la vez, por encontrarse siempre una parte en fase de entrenamiento. Así pues, la cifra total, contabilizando los sucesivos relevos, quedaría reducida a poco más de 100.000 hombres42.

5. Los indeseables de la DEV

La presencia de personal desafecto al régimen de Franco en la DEV aumentó a lo largo de 1943. Es posible que esta circunstancia esté relacionada con la amnistía concedida por el Gobierno a varios miles de presos políticos en la primavera de este año. Las autoridades franquistas pretendieron con esta medida atenuar la situación de saturación de las cárceles y, sobre todo, ofrecer una mejor imagen a los gobiernos de Londres y Washington, una parte de cuya clase política y medios de comunicación presenta al franquismo como un régimen dictatorial de naturaleza fascista y exige la ruptura de relaciones comerciales y, por lo tanto, el corte del suministro de petróleo. Estos presos habían sido condenados por el delito de rebelión, consistente en haber combatido mediante las armas, la palabra o la opinión  a los sublevados contra el régimen encarnado por la Segunda República Española. Ahora la ley de 13 de marzo concedió a los condenados a las penas de menor entidad la libertad condicional. Eran personas vulnerables, por su necesidad de un sustento económico y por su miedo a contrariar las exigencias del poder político y militar, carne de cañón para los encargados de reclutar combatientes para el frente ruso. En marzo abandonaron las cárceles 1.950 presos, en abril 2.524, en mayo 6.954, y varios miles más en los meses siguientes. Una parte de ellos, al igual que otros españoles, hijos de izquierdistas encarcelados, ejecutados o exiliados, fueron presionados para que aceptaran una plaza de combatiente en el frente del Este. Para adquirir la libertad condicional los penados tuvieron que pedir esa gracia y esperar a que las autoridades de prisiones solicitaran los pertinentes informes a las autoridades de la localidad donde residía el preso antes de su detención: alcalde, comandante de la Guardia Civil y jefe local de FET y de las JONS; en el caso de que los cargos de alcalde y jefe local fuesen desempeñados por una misma persona resultaba preciso un informe complementario del cura párroco. Obviamente, este sistema facilitaba, entre tanto, la presión sobre el preso y sus familiares, que recibían recomendaciones acerca de cómo debía el futuro amnistiado enfocar su vida y cómo mitigar la miseria de sus familiares, o por lo menos el dolor de sus seres queridos: a cambio de la generosidad de los vencedores, que ofrecían, se decía, el perdón y la hermandad, los políticamente equivocados debían dar muestras de su arrepentimiento y capacidad de sacrificio. Y una buena demostración de ambas cosas pasaba por adquirir la condición de combatiente contra el comunismo.

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42  ESTES, K. W.: A European Anabasis …, pp. 39, 111-112, 119-120, 133-137 y 196-200. Dado que este autor consideraba en 1975 que por la DEV pasaron 37.000 hombres, y fueron 45.000, cabe pensar que la cifra debe haber sido algo mayor. El trabajo de Estes se circunscribe a los voluntarios europeos occidentales, sin hacer  mención del Ejército Nacional Ruso de Liberación, liderado por el general Andrei Vlasov, del que nacen ya en 1944 dos divisiones, aunque incompletas, y las formaciones de lituanos, letones, estonios, rumanos, búlgaros, húngaros, turcomanos, cosacos, ucranianos, bielorrusos, georgianos, armenios, musulmanes bosnios y albaneses. Acerca del número de efectivos de estas unidades se ha debatido a nivel historiográfico y parece difícil establecer cifras exactas; lo único seguro es que su número por lo menos duplica, y posiblemente cuadriplica (gracias a la aportación de estonios, letones, lituanos y pueblos de la URSS), al de europeos occidentales. Núñez Seixas, sin contabilizar estas últimas unidades, opina que el contingente global de voluntarios de Europa occidental que combatió en la Wehrmacht y las SS puede haber sido de 115.000; NÚÑEZ SEIXAS, X. M.: Imperios de muerte…, p. 97. 

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No sabemos cuántos de aquellos españoles recién salidos de la cárcel partieron para el frente ruso, pero en las semanas siguientes el número de soldados al que el servicio de información de la División definió como indeseables y fueron devueltos a España aumentó considerablemente. En junio se creó la tarjeta de libertad vigilada, que será otro elemento útil para presionar a los recién salidos de la cárcel. En el ejemplar correspondiente al día 12 de Redención, semanario para los reclusos y sus familias y que era el órgano del Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas por el Trabajo, encontramos un artículo titulado “Libertad vigilada” en el que se advertía a ex reclusos sobre cuál debía ser su comportamiento si no querían volver a prisión:

La vigilancia será estrecha y el resultado desagradable. En esto, quien está bien dispuesto a clemencia será también inflexible. Entiéndase bien: el liberado que no acierte a ajustar su conducta a esta buena disposición humanitaria de Franco volverá a la cárcel sin remisión posible, con pérdida de todos los derechos que hubiese adquirido y en la triste y desgraciada condición de delincuente común. Quede bien claro.

Así pues, los que salían de la cárcel quedaban avisados de que cualquier muestra de disidencia al régimen establecido, de palabra o de obra, sería severamente castigada. A partir de estos condicionantes cabe imaginar que los ex presos y sus familiares aceptaron muchas imposiciones de tipo psicológico y material con tal de que la cárcel pasase a formar parte del pasado. La Obra Sindical de Lucha contra el Paro les ofreció a una parte de ellos empleo como soldados, y lo aceptaron como una parte más del castigo que ha supuesto la derrota y la existencia de un régimen dictatorial, sin olvidar que algunos inclinaron la cabeza pensando exclusivamente en la posibilidad de huir en dirección a las líneas soviéticas una vez que estuvieran en el frente, lo que no significa que después actuaran de esta forma. La ley de 22 de mayo sobre libertad vigilada estableció en su artículo octavo una buena herramienta para este fin. Las juntas locales del servicio de Libertad Vigilada quedaron encargadas de informar a la junta provincial, por lo menos una vez cada mes, sobre la conducta y actividades de quienes salían en libertad condicional. También figuraba entre sus competencias evitar que estas personas “permanezcan sin trabajo o desarrollen actividades contrarias a los intereses nacionales”. Y para que nadie pensara que los desafectos iban a salir bien librados, el 26 de junio Redención publicó una lista, a la que seguirán otras, con el nombre de los reclusos “que no han sabido corresponder al beneficio que la legislación protectora les hacía”.

Entre tanto, el goteo de repatriados en calidad de indeseables proseguía. En marzo fueron sido veintiocho, en abril treinta y dos, en mayo cincuenta y dos. Si esta situación ya preocupaba al Estado Mayor, la inquietud creció al producirse algunos casos de deserción en grupo, máxime cuando varios de estos pasados al enemigo se dirigieron a sus ex compañeros desde altavoces situados en las trincheras enemigas, evidentemente para incitarles a seguir sus pasos, y sus nombres aparecieron como firma de las octavillas de propaganda que, redactadas en español, arrojaba el servicio de propaganda soviético. Entonces los mandos imaginaron a muchos de los recién llegados pasándose al enemigo en cuanto pisaran la primera línea de frente.

En realidad, como ya se ha apuntado, la preocupación del mando por un posible aumento de los casos de deserción tenía su razón de ser, si atendemos a la percepción de la oficialidad respecto a esta guerra, vivida como cruzada contra el comunismo, continuadora de la guerra de 1936-1939. Pero esa inquietud resultó ser exagerada, por dos razones. En primer lugar, porque no todos los desafectos al franquismo deseaban pasarse a las filas enemigas, una posibilidad que implicaba, en el caso de que Franco permaneciese en el poder, olvidarse de la idea de regresar al lugar donde hasta entonces habían vivido, así como de familiares y amigos. En segundo lugar, porque los dispuestos a aprovechar una oportunidad de este tipo habían sido avisados de los riesgos que suponía dar ese paso, entre éstos afrontar la acusación por un delito castigado con la pena de muerte. Aún así  los casos de deserción causaron una profunda inquietud en el Estado Mayor de la DEV, que intentó evitar que circulara la información sobre este tipo de hechos en las zonas de frente y retaguardia. Asimismo, con el objetivo de que en España la población no llegara a saber nada del tema, el 27 de abril de 1943 el Estado Mayor notificó a la Representación de la DEV en Madrid la orden de que “tanto en los justificantes de revista como en las fichas de rectificación de haberes, cuando se trate de dar de baja a un desertor, se pondrá como motivo desaparecido sin derecho a haber el día…, sin que figure en ningún caso la palabra desertor”. Además, y como sucede en todos los Estados regidos por regímenes dictatoriales, no sólo se dio la orden a la policía de investigar a las familias, sino que se tomaron medidas políticas contra sus miembros. La obsesión por silenciar los casos de deserción habidos en la gloriosa División Azul será una constante de la historiografía franquista43.

Pero veamos los hechos. Dada la composición original del cuerpo expedicionario, con un porcentaje importante de tropa muy motivada y una menor proporción de personal forzado en relación a los siguientes contingentes, cabía imaginar que el número de desertores frente al enemigo fuera muy bajo entre octubre de 1941 y mayo de 1942, y que el de pasados al enemigo un número menor, absolutamente irrelevante. Así se refleja en un informe elaborado por comunistas españoles residentes en la URSS44, según el cual para finales del primer año las deserciones al Ejército Rojo habrían sido sólo siete, casi siempre en las últimas semanas del año, una vez que las dificultades del frente “se hicieron sentir y empezaron a sufrir los efectos del frío y los golpes del Ejército Rojo”. No disponemos de cifras exactas sobre el número de desertores, ni de los que desertan frente al enemigo ni de los que lo hacen al campo enemigo. Los datos que en estas páginas ofrecemos son el fruto de la consulta del fondo documental emanado del servicio de información de la DEV (AGMA), que no proporciona cifras, los diarios de operaciones de los distintos batallones y regimientos, y  numerosos expedientes personales, así como del listado de españoles residentes en la URSS tras la guerra civil45, documentos que ofrecen datos parciales y pistas para buscar en otros e ir elaborando un listado provisional. No hay duda de que, en efecto, durante el primer año y el primer semestre del segundo la mayor parte de las deserciones tuvieron como dirección la retaguardia divisionaria. Era lógico que fuera así ya que quienes abandonan la unidad lo hacen sobre todo por miedo y desesperación ante unas situaciones muy adversas que nunca habían imaginado, tanto durante la larga marcha de aproximación a pie al frente (trayecto Suwalki-Vilna-Molodeczno-Borisowo-Witebsk, cientos de kilómetros por tierras de Polonia, Bielorrusia, Lituania y Rusia), cuando este personal de tropa pensaba que resultaría más fácil regresar a España o establecerse en una ciudad de la retaguardia que alcanzar el frente de guerra y sobrevivir allí, como una vez llegados a primera línea, indignados de encontrarse en un escenario cruel sin necesidad, dado que no se combate en suelo español, y, sin embargo otros, que se han quedado en sus casas, han decidido por ellos; desertaron para escapar de las

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  • Años después los casos de deserción serán silenciados o aludidos de manera indirecta, y siempre despectiva, en los testimonios supuestamente autobiográficos de ex miembros de la DEV, como sucede en Oroquieta Arbiol, G. y García Sánchez, C.: De Leningrado a Odesa, Barcelona, Editorial AHR, 1958, pp. 17-18 y 99; véase NÚÑEZ SEIXAS, X. M.: “¿Eran los rusos culpables? Imagen del enemigo y políticas de ocupación de la División Azul en el frente del Este, 1941-1944”, en Hispania, 223 (mayo-agosto 2006), p. 702.
  • “Informe sobre la División Azul, realizado con el testimonio de prisioneros y evadidos, así como diarios de campaña capturados en el frente de Norgorod”, fechado en febrero de 1942. Archivo del Partido Comunista de España (Madrid), Caja 104, carpeta 1.
  • Archivo del Partido Comunista de España (Madrid), Sección Emigración Política, caja 98, carpeta 1.3. 

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duras condiciones de vida de una unidad militar en su aproximación al frente y una vez llegada a primera línea, más que impulsados por motivaciones ideológicas. Hemos detectado, por el momento, cincuenta casos de desertores a la retaguardia: veintisiete desertan en 1941, catorce en 1942 y nueve en 1943. Un porcentaje muy bajo y decreciente. No obstante, la tentación de desertar al enemigo aumenta conforme la guerra evoluciona en sentido negativo para la Wehrmacht y, en consecuencia, para la Spanische Division. Hemos documentado setenta y cinco casos de deserción al enemigo, pero solo de una parte de ellos conocemos la fecha en que se pasaron a las filas del Ejército Rojo: cinco casos en 1941, tres en el primer semestre de 1942, diez en el segundo semestre, dieciséis en el primer semestre de 1943, catorce en el segundo, y seis a comienzos de 1944. La cifra de desertores al campo enemigo es, por lo tanto, superior al de desertores a la retaguardia (estos datos forman parte de una investigación abierta), situación que contrasta con lo que sucede en las filas alemanas[19]. En cuanto a las profesiones de los desertores al enemigo, se han conservado los siguientes datos, muy similares a los aportados por los prisioneros y desertores que decidieron regresar a España a mediados de los cincuenta, tras la muerte de Stalin: 12 jornaleros; 9 albañiles-obreros en diversas actividades; 2 chóferes, panaderos y pintores, y un representante de los siguientes empleos: armero, camarero, carnicero, empleado de tienda, estafador, hilador, labrador, lechero, mecánico, minero y ex oficial de Carabineros.

La lectura de la procedencia geográfica, cuando figura, también muestra ahora el predominio de los andaluces, aunque percibimos algunas variaciones, como la presencia de varios trabajadores manuales del País Vasco:

Andalucía: 18

Murcia: 6 Galicia: 5

País Vasco: 5

Castilla-León: 5

Madrid: 4

Asturias: 4

Extremadura: 4

Cantabria: 3

Castilla-La Mancha: 3

Aragón: 2

Canarias: 1

Navarra: 1

Sólo de cuarenta y uno encontramos el dato de filiación, veinte en Milicias de FET y de las JONS, y veintiuno en cuarteles del Ejército.

En realidad estas cifras, provisionales, muestran un porcentaje muy reducido de desertores, que no debe haber sido mayor al registrado en otras unidades de combatientes extranjeros al servicio de la Wehrmacht, desde luego muy inferior al de la  Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo47. Así lo refleja la documentación emanada del Estado Mayor de la 121 División alemana, a la que estaban entonces afectos los franceses, que es muy crítica respecto a la capacidad de liderazgo de sus oficiales, el espíritu combativo de los soldados y el sistema de reclutamiento, que habría dado como resultado un elevado porcentaje de “perseguidos por la justicia, aventureros y elementos criminales”; y lo mismo cabe decir de la Legión Valona, una parte de cuyo personal fue relevado ese año mediante el empleo de 300 prisioneros de guerra belgas48.

Pero, a la posibilidad de que los casos de deserción aumentaran, se sumaron otras consideraciones que preocupaban más al mando: que la tropa mostrase escasa o nula voluntad de combatir en el caso de ataque enemigo, con el riesgo de una pérdida escalonada de  posiciones, o que incluso los antifranquistas más decididos aprovecharan una situación de este tipo para matar a sus oficiales y facilitar la penetración del adversario, algo que nunca sucedió. Por estos motivos Emilio Esteban Infantes, quien ha relevado al general Agustín Muñoz Grandes como general en jefe de la DEV, exigió una aplicación constante al servicio de información. Éste, por su parte eludió cualquier responsabilidad en el caso de que aumentaran las deserciones o el personal desafecto realizara actos de sabotaje. Lo hizo con el siguiente argumento:

La premura con que fue organizada nuestra División fue causa de que no se pudieran evitar que en ella se alistasen algunos individuos indeseables por diversos conceptos: de antecedentes extremistas, pertenecientes a servicios secretos extranjeros, aventureros, etc49.

 Además Esteban Infantes cursó una serie de protestas al ministerio del Ejército. Su intención, claro está, era que se pusiera fin al envío de “personal de dudosa conducta o malos antecedentes”. Su Estado Mayor acababa de recibir información sobre la salida de Hendaya, a comienzos de marzo de 1943, de un contingente integrado por soldados que por falta grave habían sido castigados con dos años de recargo en el servicio, a cumplir precisamente en la DEV, así como por civiles asimismo sujetos a procedimiento penal. Indignado ante este proceder, el día 27 envió una nota de protesta al general jefe del Estado Mayor del Ejército:

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  • El número de desertores franceses fue mucho más elevado. En un estudio se da la cifra de 800 de un total de 5.800 combatientes, entre noviembre de 1941 y agosto de 1944;  DELARUE, Jaques: Trafics et crimes sous l´Occupation, París, Fayard, 1968.
  • en ESTES, K. W.: A European Anabasis…., pp. 58-59; y pp. 66-67.

49

 AGMA, DEV, caja 2009/6.

___________________________

Teniendo en cuenta que en todo caso es pernicioso para esta División la permanencia en ella de personal que por su mala conducta o antecedentes no ofrezcan la confianza de los mandos, y sobre todo cuando tal personal al prestar sus servicios en primera línea pudiera pasarse al enemigo, he resuelto, esperando merezca su conformidad, que los individuos comprendidos en la relación que acompañaba a su escrito (…) sean repatriados.

Al propio tiempo ruego a V.E. en bien del prestigio de nuestras armas, se digne disponer que en lo sucesivo no se destine a estas tropas personal de dudosa conducta o malos antecedentes50.

Dos meses después, cuando la situación en los frentes de Rusia continuaba deteriorándose para los intereses de la Wehrmacht, Esteban Infantes expresó con mayor contundencia su disgusto por el hecho de que el servicio en Rusia se hubiera convertido no en un honor sino en un castigo. Esta queja la encontramos también presente en boca de los mandos alemanes, quienes dejaron constancia escrita de casos de robo de comida y ganado a los campesinos, de “escaso autocontrol de los españoles en su trato con las mujeres”, que habría desembocado en casos de violación, y de altas tasas de ausencia injustificada del frente, casos referidos tanto al primer contingente divisionario como a los siguientes51.

Cumpliendo las instrucciones de Esteban Infantes, el teniente coronel jefe del Estado Mayor de la DEV escribió al general segundo jefe de Estado Mayor del Ministerio, Antonio Barroso Sánchez Guerra, para insistir sobre esta cuestión. Su propósito era hacerle ver que si en todas las expediciones de relevo figuraban soldados con recargo en el servicio, el cuerpo expedicionario en Rusia acabaría convirtiéndose en un cuerpo disciplinario, lo que estaría en contradicción con el propósito fundacional de la División Española de Voluntarios y en términos de eficacia militar resultaría inadmisible. El documento, de fecha de 25 de mayo, expresaba con total claridad el  descontento del mando por la mala mercancía recibida:

La repetición del hecho me hace escribirte para salir al paso de que pueda cuajar la idea de que esto es un Cuerpo disciplinario. No preciso razonarte nuestra oposición a ello. Nuestros mandos tienen ya bastantes preocupaciones para que se vean aumentadas por la vigilancia especial que estos sujetos precisan y ya sabes que a pesar del intenso trabajo de la Segunda Sección Bis nos vemos en algunas ocasiones sorprendidos por hechos desagradables52.

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50  Ibid.  51

 Los documentos alemanes son citados por NÚÑEZ SEIXAS, X. M.: “¿Eran los rusos culpables?…”, pp. 736-746.  52

 AGMA, DEV, caja  3774, varias carpetas. La documentación emanada del Grupo de Ejércitos Norte también se hace eco de esta situación, véase ESTES, K. W.: A European Anabasis…, p. 149.

6. Conclusiones

El ataque alemán a la URSS es el elemento determinante para explicar la progresión del fenómeno de voluntarios extranjeros en la lucha contra el bolchevismo y el nuevo orden europeo diseñado desde Berlín. La naturaleza de la guerra experimenta entonces una profunda transformación para muchos europeos, para aquéllos que ven en la URSS de Stalin el mal absoluto, el poder responsable de los principales problemas de Europa. Para los fascistas, ultranacionalistas y una parte de los derechistas europeos la guerra germano-rusa difiere totalmente del conflicto iniciado en septiembre de 1939 y de lo que representó la Gran Guerra. Se trataría de una guerra preventiva y con fines morales e ideológicos, no materiales, de una cruzada destinada a barrer la amenaza comunista de Europa.

Pero al mismo tiempo se nos hace evidente que la oleada de entusiasmo inicial en torno a la organización de la DEV o División Azul, real y también fabricada por los servicios de propaganda, no tuvo los efectos imaginados ni por las jerarquías de FET y de las JONS ni por la embajada alemana en Madrid. A esto hay que añadir que en el conjunto de países aliados u ocupados por el Tercer Reich el fracaso de la guerra relámpago en la URSS y la consiguiente prolongación del conflicto, en el que se combate en condiciones de extrema dureza, y las bajas habidas merman aún más la expectativa de que las unidades de voluntarios organizadas en Europa occidental representen algo más que unas fuerzas auxiliares extranjeras de escasa relevancia militar. De forma que el interés que el tema suscita no tiene que ver con el papel desempeñado por estas unidades en los frentes de batalla. Sino con el porqué de estas formaciones militares y los motivos que llevaron a sus integrantes a vestir el uniforme alemán.

Resulta sencillo determinar los motivos para el alistamiento de personas cuya biografía  es bien conocida, como es el caso del belga Leon Degrelle o del español Dionisio Ridruejo. Pero no lo es tanto establecer las razones precisas que movieron a varias decenas de miles de europeos a servir en las fuerzas alemanas. Es preciso atender a motivaciones de política interior, de orden psicológico, entre las que figuran las sustentadas en conflictos recientes interpretados en clave de cruzada anticomunista, lo que es evidente en el caso español por la experiencia de la guerra civil, y en el finlandés, por la reciente guerra ruso-finlandesa, y también en otros, en virtud de la radicalización política que se vive en el conjunto del continente europeo. Esos motivos se fundamentan en la vivencia de situaciones que han afectado trágicamente a la familia del voluntario y a su entorno. También nos remiten a creencias políticas, a ideologías extremistas, como sucede en el caso de los militantes de partidos fascistas o ultranacionalistas que figuraron entre los primeros en acudir a los banderines de enganche. O nos hablan de personas no adscritas a un partido en concreto pero que, atenazados por la propaganda y su experiencia vital, habían vivido de cerca el peligro bolchevique y estaban ahora más que dispuestas a colaborar en la destrucción de la Rusia comunista. Asimismo, no deben dejarse al margen otras consideraciones políticas, sociales y económicas, entre éstas el deseo de aprovechar la campaña de Rusia para medrar en los partidos colaboracionistas con el Tercer Reich, o, en el caso español, de ganar terreno en el reparto del poder; los fascistas españoles creían que la victoria alemana en la guerra europea les pondría a las puertas de la conquista del Estado, paso decisivo para el establecimiento de un Estado totalitario. Pero también cuestiones de orden material estuvieron detrás del alistamiento de otros miles de europeos, de quienes presumían de su voluntad de sacrificio por la causa de Europa pero han sido tentados por la paga ofrecida; en la España de la posguerra representaba una oferta muy atractiva, dado el nivel de desempleo y el racionamiento de los productos de primera necesidad, y por la cuantía en sí, desglosada en el sueldo mensual, percibido por partida doble, española y alemana, la gratificación de campaña y el plus de estancia en zona de combate.

A estas categorías debemos sumar los afiliados que han sido el objeto de esta investigación. Quienes han acudido a los banderines de Milicias o signado su compromiso en un cuartel del Ejército porque han sido presionados para dar este paso. Bien porque, cerradas las demás puertas, se les dice que este es el único oficio disponible para ellos, y en consecuencia el único medio económico con el que colaborar al sustento familiar, en tanto que identificados, directa o indirectamente, con la anti España, con los derrotados en 1939. O porque, aunque disponen de algún recurso económico, o lo aporta otro miembro de la familia, han sido advertidos de que determinada persona de su familia está señalada como enemigo, y no será autorizada a regresar del exilio o no saldrá de la cárcel o del campo de trabajos forzados en que se encuentra si alguien de su entorno no hace méritos de consideración, o bien que podría ser encarcelado, ya que cabe la posibilidad de abrir nuevos procesos a partir de nuevas denuncias por comportamientos en el pasado y en el presente; o sencillamente avisados de que deben ponerse cuanto antes a limpiar el expediente familiar, que también a ellos ha afectado, si es que no son responsables ellos mismos de ideas o actos concretos.

 Los datos aportados muestran que la División 250 de la Wehrmacht nunca fue una División Azul, y que la tonalidad azul, presente de forma parcial hasta que da comienzo el relevo de los efectivos, se ha diluido casi por completo un año después de la apertura de los banderines de enganche. Pero es que, además, ni siquiera en sus inicios, y mucho menos conforme va transcurriendo el tiempo, cabe considerar a la División 250 una unidad de voluntarios. Creemos haber aportado varias pruebas de esta circunstancia. Queda constatada la dificultad de la Milicia de FET y de las JONS para reclutar personal entre los propios afiliados al Partido, lo que obliga a recurrir a los cuarteles del Ejército como fuente de personal para el frente. En la misma dirección apunta la documentación elaborada por el servicio de información del Estado Mayor de la DEV, la cual contiene duras críticas al sistema buscado para asegurar  los contingentes de relevo, el cual consiste en aumentar las remesas de indeseables a partir de finales de 1942; hasta el punto de considerar, a partir del aumento del personal desafecto al régimen, y de soldados con recargo en el servicio por mal comportamiento, a cumplir precisamente en Rusia, que la División se está convirtiendo en un batallón de castigo, uno más de los creados al término de la guerra civil para castigar y mantener bajo control a ex soldados del ejército republicano.

No hay duda de que la guerra civil y su resultado se proyecta sobre el frente del Este. Así lo refleja la labor del servicio de información de la DEV, muy especialmente el contenido de las fichas correspondientes a las personas investigadas. Las anotaciones realizadas por el personal del servicio de investigación de la DEV acerca de quienes han sido marcados con la etiqueta de indeseable, no incluyen una reflexión sobre por qué estas personas han ido a parar al frente del Este, pero resultan sobrecogedoras: “Desertor del Ejército. Padres fusilados por rojos”, “Dos hermanos fusilados por ideales extremistas y otro figura en el censo de huidos de la provincia de León”, “Por su corta edad no tiene antecedentes políticos, pero su familia es de ideas izquierdistas y su padre fue fusilado por tropas del Ejército Nacional”….

[1] STEIN, George H.: The Waffen SS, Ithaca, Cornell Press, 1966, p. 49.

[2] ESTES, Kenneth W.: A European Anabasis. Western European Volunteers in the German Army and SS, 1940-1945, Ann Arbor (Michigan), University Microfilms International, 1989, pp. 22-28.

Versión con el mismo título y casi idéntico contenido en Gutenberg-e/Columbia University Press, s.l. 5 La documentación alemana en ESTES, Kenneth W.: A European Anabasis….., p. 30. 

[3] NÚÑEZ SEIXAS, Xosé Manuel: Imperios de muerte. La guerra germano soviética 1941-1945,

Madrid, Alianza, 2007, pp. 93-94

[4] ESTES, Kenneth W.: A European Anabasis…., p. 41.

[5] FOERSTER, Jurgen: “Croisade de l´Europe contre les Bolshevisme”, Révue Historique de la Deuxième Guerre Mondiale, 118 (1980), pp. 12-15. 

[6] VEGA VIGUERA, E. de la: Rusia no es culpable. Historia de la División Azul, Madrid, Ediciones Barbarroja, 1999, p. 23.

[7] Archivo General Militar Ávila* (AGMA). División Española de Voluntarios* (DEV), caja 3758, carpeta 1.

[8] Ibid. 

29

 Elaboración propia a partir de AGMA, 3758/1.

[9] SEVILLANO CALERO, Francisco: Ecos de papel. La opinión de los españoles en la época de Franco, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000, p. 60.

[10] 1 AGMA, DEV, caja 2010/1.

[11] AGMA, DEV, caja 3758/1.

[12] AGMA, DEV, caja 3758/1. De estos 6.440 hombres 5.842 son tropa, 388 suboficiales, 202 oficiales y 8 jefes. Los datos de voluntarios por regiones militares, correspondientes al período 1941febrero de 1943, son los siguientes: 1ª 5.753; 2ª 3.253; 3ª 1.776; 4ª 1.316; 5ª 753; 6ª 2.794; 7ª 2.445; 8ª 1.611; Marruecos 127; Baleares 116. Total: 19.944. Faltan los datos correspondientes a marzoseptiembre de 1943.

[13] AGMA, DEV, caja 1983/9. 

[14] AGMA, DEV, caja 1983/9. 

[15] Entrevistas del autor en 1996, 2000 y 2002 con Fernando Cañellas.

[16] Véase RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis: ¡A mí la Legión! De Millán Astray a las misiones de paz, Barcelona, Planeta, 2005, pp. 427-428. 

[17] “Luis Ciges. El peor soldado del mundo”, El País Semanal, 1167, 7-2-1999. Entre las personas entrevistadas por Estes en España, varias (Esteban Infantes, González Sáez, García Rebull) le reconocieron que en muchos casos las autoridades ejercieron presión sobre personal civil para que se engancharan; ESTES, Kenneth W.: A European Anabasis ….., p. 116.

[18] AGMA, DEV, caja 3771, carpetas 2 y 3.

[19] A los desertores alemanes no les mueven cuestiones de orden político, sino de integración social en sus unidades o el miedo, y desde luego no contemplan la posibilidad de acercarse a las filas soviéticas, conscientes de las medidas de exterminio practicadas con el enemigo. Lo que  sí  se dan son casos de deserción a la retaguardia, casos de “ausencia indebida del frente” en expresión de los tribunales militares. En NÚÑEZ SEIXAS, X. M.: Imperios de muerte…, p. 126., a partir de HAASE, N. y PAUL, G. (eds.): Die anderen Soldaten. Wehrkraftzersetzung, Gehorsamsverweigerung und Fahnenflucht im Zweiten Weltkrieg, Frankfurt a. M., Fischer, 1995.

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