Sobre idiotas, velos e imanes – Arturo Perez Reverte

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Vaya por Dios. Compruebo que hay algunos idiotas -a ellos iba dedicado aquel artículo- a los que no gustó que dijera, hace cuatro semanas, que lo del Islam radical es la tercera guerra mundial: una guerra que a los europeos no nos resulta ajena, aunque parezca que pilla lejos, y que estamos perdiendo precisamente por idiotas; por los complejos que impiden considerar el problema y oponerle cuanto legítima y democráticamente sirve para oponerse en esta clase de cosas.

La principal idiotez es creer que hablaba de una guerra de cristianos contra musulmanes. Porque se trata también de proteger al Islam normal, moderado, pacífico. De ayudar a quienes están lejos del fanatismo sincero de un yihadista majara o del fanatismo fingido de un oportunista. Porque, como todas las religiones extremas trajinadas por curas, sacerdotes, hechiceros, imanes o lo que se tercie, el Islam se nutre del chantaje social. De un complicado sistema de vigilancia, miedo, delaciones y acoso a cuantos se aparten de la ortodoxia. En ese sentido, no hay diferencia entre el obispo español que hace setenta años proponía meter en la cárcel a las mujeres y hombres que bailasen agarrados, y el imán radical que, desde su mezquita, exige las penas sociales o físicas correspondientes para quien transgreda la ley musulmana. Para quien no viva como un creyente.

Por eso es importante no transigir en ciertos detalles, que tienen apariencia banal pero que son importantes. La forma en que el Islam radical impone su ley es la coacción: qué dirán de uno en la calle, el barrio, la mezquita donde el cura señala y ordena mano dura para la mujer, recato en las hijas, desprecio hacia el homosexual, etcétera. Detalles menores unos, más graves otros, que constituyen el conjunto de comportamientos por los que un ciudadano será aprobado por la comunidad que ese cura controla. En busca de beneplácito social, la mayor parte de los ciudadanos transigen, se pliegan, aceptan someterse a actitudes y ritos en los que no creen, pero que permiten sobrevivir en un entorno que de otro modo sería hostil. Y así, en torno a las mezquitas proliferan las barbas, los velos, las hipócritas pasas -ese morado en la frente, de golpear fuerte el suelo al rezar-, como en la España de la Inquisición proliferaban las costumbres pías, el rezo del rosario en público, la delación del hereje y las comuniones semanales o diarias.

El más siniestro símbolo de ese Islam opresor es el velo de la mujer, el hiyab, por no hablar ya del niqab que cubre el rostro, o el burka que cubre el cuerpo. Por lo que significa de desprecio y coacción social: si una mujer no acepta los códigos, ella y toda su familia quedan marcados por el oprobio. No son buenos musulmanes. Y ese contagio perverso y oportunista -fanatismos sinceros aparte, que siempre los hay- extiende como una mancha de aceite el uso del velo y de lo que haga falta, con el resultado de que, en Europa, barrios enteros de población musulmana donde eran normales la cara maquillada y los vaqueros se ven ahora llenos de hiyabs, niqabs y hasta burkas; mientras el Estado, en vez de arbitrar medidas inteligentes para proteger a esa población musulmana del fanatismo y la coacción, lo que hace es ser cómplice, condenándola a la sumisión sin alternativa. Tolerando usos que denigran la condición femenina y ofenden la razón, como el disparate de que una mujer pueda entrar con el rostro oculto en hospitales, escuelas y edificios oficiales -en Francia, Holanda e Italia ya está prohibido-, que un hospital acceda a que sea una mujer doctor y no un hombre quien atienda a una musulmana, o que un imán radical aconseje maltratos a las mujeres o predique la yihad sin que en el acto sea puesto en un avión y devuelto a su país de origen. Por lo menos.

Y así van las cosas. Demasiada transigencia social, demasiados paños calientes, demasiados complejos, demasiado miedo a que te llamen xenófobo. Con lo fácil que sería decir desde el principio: sea bien venido porque lo necesitamos a usted y a su familia, con su trabajo y su fuerza demográfica. Todos somos futuro juntos. Pero escuche: aquí pasamos siglos luchando por la dignidad del ser humano, pagándolo muy caro. Y eso significa que usted juega según nuestras reglas, vive de modo compatible con nuestros usos, o se atiene a las consecuencias. Y las consecuencias son la ley en todo su rigor o la sala de embarque del aeropuerto. En ese sentido, no estaría de más recordar lo que aquel gobernador británico en la India dijo a quienes querían seguir quemando viudas en la pira del marido difunto: «Háganlo, puesto que son sus costumbres. Yo levantaré un patíbulo junto a cada pira, y en él ahorcaré a quienes quemen a esas mujeres. Así ustedes conservarán sus costumbres y nosotros las nuestras».

Origen: Sobre idiotas, velos e imanes

3 comentarios en “Sobre idiotas, velos e imanes – Arturo Perez Reverte

  1. La verdad es que el Perez como novelero es fantástico…cojonudo!!
    Pero como contador de realidades es gracioso, da risa.
    Porque uno se escojona cuando el Arturo, coloca políticamente correcta una vela a Dios y otra al Diablo, al intentar comparar un baile agarrado con el cristianismo y la pena de carcel con el degollamiento.
    O sea, el que un obispo que condena por bailar agarrado a la pena de carcel ( con grilletes y clavos en la pared se supone ) es equivalente a que un imán sentencia a degollamiento a un cristiano por rezar el rosario.
    Se que la cosa no es ni está para tomárselo a risa. Pero con el Reverte te ríes hasta de lo peor del islam.
    Cosas del Aturo…

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    • de acuerdo contigo en casi todo excepto lo de la risa, a mi no me da ninguna, si necesitamos mano de obra, que vengan los latinos, al menos hablan como nosotros, se llaman como nosotros, tienen nuestras costumbres y a los otros ir jubilandolos, y que se vayan a su tierra.

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  2. Si, es una verdadera lástima ver como un no idiota puede caer en las mismas idioteces que los idiotas que critica.
    La idiotez más grosera es tener que recurrir a 70 años atrás para establecer correspondencias innobles con un fenómeno actual tan terrorífico e intolerable, y además sin necesidad aparente; tal vez pretenda con ello alejar sospechas de ser imparcial, pero lo que no aleja es la sospecha de hacer el idiota cuando se descuida.

    De paso, otra idiotez relevante es pensar que los avances del mundo civilizado son por generación espontánea, y que para nada tuvo que ver el cristianismo en ello. Al igual, los “avances” del mundo islámico en temas de derechos fundamentales tampoco son por generación espontánea. Deja, Arturo, al obispo en su obispado, que aún no habías nacido cuando el tío daba hostias por bailar pegado.

    Pero la idiotez más destacable es esa misma que he oído a otros idiotas con cargos de ministro, es realmente alarmante que nuestro Reverte crea de verdad que existe un islam moderado y normal, si, el islam que ahora mismo vive su particular siglo XV y que ni de lejos ve acercarse una revolución francesa, y menos un mayo del 68. Hágale una pregunta idiota a su musulman normal y moderado ¿el corán es diferente en los moderados que en los duros? ¿el corán “moderado” no contempla la yihad? Y hágase otra pregunta idiota: ¿los musulmanes terroristas, antes de serlo, eran musulmanes moderados? ¿o eran normales?

    Estoy por pensar que su musa también se fue a bailar pegado a algún obispado…. con su “negro”.

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