Pues claro que ‘esto’ es el islam – José Javier Esparza

Eso que hoy llamamos “islamismo” no es un accidente en el despliegue histórico del islam, al revés: es una constante desde su mismo origen. Y siempre ha venido acompañado por el yihadismo.
  
José Javier Esparza

Martes, 17. Noviembre 2015 – 23:59

Cada vez que un atentado yihadista enciende las conciencias, una ola de comentaristas bienintencionados acude rápidamente a aplacar los ánimos advirtiéndonos de que “esto no es el islam”. Se diría que el argumento forma hoy parte del repertorio imprescindible del poder. Y tan denso es el bombardeo que una nube de humo termina ocultando al sujeto del crimen. Estamos ante un mal sin nombre. Un fantasma.

 

¿Islamistas? No: terroristas y punto. ¿Musulmanes? No, de ninguna manera. Es verdad que los asesinos dicen ser musulmanes, sí, que gritan “Alá es grande” y que justifican sus crímenes en nombre del islam, pero “esto no es el islam”. Es “la barbarie contra la civilización”, es “el fanatismo contra los valores universales”, es “la religión contra la razón” y es “la opresión contra la democracia”, pero no es el islam. El islam auténtico, al parecer, no es el que los islamistas enarbolan, sino el que abanderan nuestros políticos, nuestros opinadores televisivos y nuestros pensadores de guardia (ninguno de los cuales, por cierto, es musulmán). El islam verdadero –insisten- es una religión de paz, los musulmanes son las primeras víctimas del terrorismo, ellos son los más perjudicados por la violencia y nada sería peor que caer en la “islamofobia”, nuevo sambenito infamante para el disidente. Peso de plomo.

 

¿Y qué es el islam?
 

Sin embargo, cualquiera que conozca con una mínima profundidad la problemática del islam sabe que “esto” –el yihadismo- es inequívocamente el islam. El islam es una religión de paz, sí –a ratos-, pero también es, y con la misma intensidad, una religión de exterminio del prójimo. El islam es una forma de espiritualidad, sí, pero también es, y aún con más intensidad, una teología política que impone un estricto marco jurídico-político al nombre de Dios. El islam es la predicación y la palabra –la dawa-, pero también es el combate y la imposición violenta de la fe: el qital y, al cabo, la yihad en su acepción bélica. El islam es el Corán espiritual de La Meca y el Corán tiránico de Medina, la misericordia de Alá y el fuego para el infiel, el Mahoma que apacigua los espíritus y el que ordena asesinatos y esclaviza a las mujeres de los vencidos.

 

El islam es todo eso a la vez y sin contradicción, o más precisamente, con una contradicción que forma parte de su misma esencia. El islam, que sinceramente aspira a la paz del mundo en el seno de Dios, es sin embargo la expansión de la fe a sangre y fuego y, enseguida, la guerra a muerte entre suníes y chiíes, así como la perpetua y cruenta búsqueda de un califato que pueda proclamarse digno sucesor –eso es lo que significa “califa”- del Profeta y su herencia. El islam es el honrado tendero de Montreuil que se horroriza ante los crímenes de París, Beirut o Mosul, claro que sí, pero es también el canalla que corta cabezas en Libia o se hace estallar en París. Es el que mata en Bagdad y es el que muere en Bagdad. Es el Averroes que medita sobre Aristóteles y es también el mismo Averroes que explica qué saquear y qué no, a quién esclavizar y a quién no, en sus lecciones sobre la yihad.

 

El islam adolece, desde sus inicios, de una serie de problemas estructurales que han determinado su historia y su presente. Primero: como es una verdad revelada de una vez para siempre a un hombre concreto, la doctrina ha quedado congelada en el siglo VII. ¿Y no hay reflexiones e interpretaciones posteriores? Sí: muchas y muy notables. Pero ninguna de ellas tiene más valor que otra y, en todo caso, no puede marcar una evolución del corpus original. ¿Por qué? Por el segundo problema estructural: la ausencia de un clero consagrado que actúe como depositario e intérprete de la doctrina. Mahoma, en efecto, no instituyó nada semejante a un clero, y eso que en occidente llamamos “clérigos musulmanes” no son propiamente tales, sino tan sólo fieles particularmente versados en las escrituras y en las escuelas clásicas de interpretación. ¿Hay entonces interpretación? Sí, pero no exactamente teológica, sino esencialmente jurídica, es decir, cómo aplicar a las circunstancias de la vida cotidiana los preceptos coránicos y la sunna, que son los dichos y hechos atribuidos al Profeta. En el chiísmo, por sus especiales características, sí existe algo semejante a un clero, pero sin las atribuciones sagradas del clero cristiano, por ejemplo. ¿Y es posible organizar la vida pública cotidiana en torno a unos textos religiosos? En el islam no sólo es posible, sino que es obligatorio, porque se trata de una construcción total, que aspira a organizar el cielo y la tierra en torno a una única verdad revelada, y donde no existe separación de esferas entre lo religioso y lo político, entre Dios y el César. Y este es precisamente el tercer problema estructural del islam.

 

La perpetua tentación salafista
 

Como no hay evolución doctrinal legítima ni un estamento autorizado para guiarla, ni existe separación entre el orden político y el religioso, cada convulsión política trae consigo una convulsión religiosa, y viceversa. El argumento de la “pérdida de la pureza originaria” es una constante en el islam cada vez que la realidad política o social se aleja del texto fundacional coránico. De esta manera, el fundamentalismo, que aquí es el retorno no sólo a los fundamentos, sino también al ejemplo de los fundadores –eso es el llamado “salafismo”-, se convierte en una constante a lo largo de toda la historia del islam. Fueron salafistas los almorávides y los almohades que invadieron España durante la Edad Media, por ejemplo. Salafistas son también los teóricos del “retorno a la pureza” en el islam moderno. El wahabismo saudí es un salafismo convertido en doctrina de Estado. Y lo es también el integrismo de los Hermanos Musulmanes. Eso que hoy llamamos “islamismo” no es un accidente en el despliegue histórico del islam, al revés: es una constante. Y siempre –siempre- ha venido acompañado por el yihadismo, esto es, por el recurso a la violencia para imponer su fe, incluida la violencia contra los propios mahometanos. El problema es que, con los textos originarios en la mano, nadie podrá acusar al violento de blasfemia ni herejía.

 

Lo que hoy estamos viviendo –desde el 11-S de 2001, si se quiere poner una fecha- no es en absoluto nuevo. Cambian los nombres y las circunstancias, pero no las fuerzas que mueven el perpetuo proceso del islam contra el mundo y contra sí mismo. Por utilizar esta figura, nos hallamos ante una triple guerra, una dentro de otra: una, la guerra civil entre suníes y chiíes; dos, la guerra que el islam salafista, hoy como ayer, declara a los poderes musulmanes a los que juzga tibios o apóstatas; tres, la guerra que el islamismo declara a los no musulmanes, a los infieles. El Estado Islámico, aún más que Al Qaeda, ha sabido ponerse en el centro de esas tres guerras, y gracias a eso ha alcanzado una proyección inaudita en muy pocos años. Pero el Estado Islámico no es más que un epifenómeno. Terrible, sí, pero secundario, derivado de otro fenómeno mayor. Hoy podremos acabar con el EI, con los restos de Al Qaeda y con las milicias yihadistas que operan en Somalia, Libia o Nigeria, pero la exasperación integrista forma parte sustancial del islam y eso es algo que sólo los musulmanes pueden cambiar. Hoy como ayer. La gran novedad respecto a otros momentos históricos es que, esta vez, la explosión se produce en suelo europeo.

 

El verdadero enemigo
 

¿Y cómo hacer frente al islamismo desde fuera del islam, desde las sociedades europeas? Ante todo, identificando sus causas. Primero, el mecenazgo saudí –wahabista- de innumerables mezquitas en Europa, que ha difundido por todas partes una interpretación fundamentalista del islam. Junto a eso, la explosión de la inmigración musulmana en los últimos quince años, que ha configurado en nuestras comunidades una realidad social específica, con identidad propia, que ya no se reconoce en el marco de convivencia europeo. Y además, las convulsiones que el propio islam vive a partir del enésimo “revival” del yihadismo (desde los Hermanos Musulmanes hasta Al Qaeda y, hoy, el Estado Islámico), convulsiones que llegan a Europa provocando una radicalización victimista de las comunidades islámicas. Esa radicalización no genera automáticamente la aparición de terroristas, pero sí crea un caldo de cultivo adecuado para que surjan predisposiciones violentas y, sobre todo, para que el resto de la comunidad musulmana soporte, comprenda o incluso justifique el terrorismo. Si a todo eso le añadimos la desquiciada política norteamericana respecto a Oriente Próximo y una crisis económica que ha frustrado muchas expectativas, tendremos una combinación propiamente explosiva.

 

¿Conclusiones? Primero: hay que identificar bien al enemigo. Que no es sólo el Estado Islámico, sino, más extensamente, el fundamentalismo salafista. Segundo, y en consecuencia: es preciso extirpar el salafismo de Europa, lo cual pasa inevitablemente por controlar a las comunidades musulmanas en nuestro suelo. ¿Vigilando y expulsando a los predicadores de la yihad? Por supuesto. Pero, ojo: esto quiere decir que no se podrá vencer al yihadismo sin actuar sobre las comunidades musulmanas que viven en Europa. “Actuar” no quiere decir necesariamente “reprimir”. Sin duda será preciso tomar medidas coercitivas, pero sería mucho mejor que fueran medidas cooperativas: que los propios musulmanes separen el trigo de la cizaña. ¿Es posible? Sí, ¿por qué no? Ahora bien, tampoco con esto bastará si, al mismo tiempo, mantenemos la puerta abierta a la entrada indiscriminada de millones de inmigrantes musulmanes (hasta diez millones, dicen los alemanes) que crearán una situación simplemente incontrolable.

 

Hay que afrontar la realidad: el islamismo radicado en Europa ha arruinado el sueño moderno de una Cosmópolis sin identidad, que es lo que late en la construcción europea desde Maastricht. Tenemos frente a nosotros a un “otro” absoluto que es insoluble en nuestro sistema de valores. Ahora sólo hay dos opciones: o negar la evidencia, seguir diciendo “esto no es el islam” y empecinarnos en nuestro discurso universalista, como hacen nuestros mandamases, o rectificar el rumbo. Esta segunda opción abrirá la puerta, con toda seguridad, a cambios quizá traumáticos en nuestra manera de organizar las sociedades europeas. Pero la primera vía sólo conduce al suicidio. Hay que elegir.

4 comentarios en “Pues claro que ‘esto’ es el islam – José Javier Esparza

  1. Control de barrios de guetos de pueblos enteros, control de las mezquitas, control de las fronteras, control del control.Y al los gobiernos quien los controla, porque todo esto viene del descontrol, ¡no!
    O es que esperamos que los ciudadanos europeos controlen mas allá de sus narices (por no decir, su p….)

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  2. Discrepo de su opinión y la considero ignorante. El fundamentalismo religioso es un oximoron como tal, pues la religión es contraria a la guerra… Su lenguaje es de paz (y debe ser entendido con un sentido como tal)

    Le aconsejo que lea usted el sura 5,32, y conteste si la condena del Corán le parece “terrorista”.

    Y si usted es católico, Jesús dijo: vengo a traer la espada y no la paz.
    Sin embargo, el que no le de sentido figurado carece de razón…

    Visite a una familia musulmana, a ver si se matan entre ellos… La ignorancia es el opio del pueblo…

    No es verdad ofensiva su artículo, es ignorancia dañina…

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    • Don José:
      En su inmensa sabiduría sabrá que ante 2 suras que se contradigan prevalece la más reciente. A continuación le indico suras posteriores a la 5,32 que humillan o llaman a la violencia:

      5:72 No creen, en realidad, quienes dicen: «Alá es el Ungido, hijo de María», siendo así que el mismo Ungido ha dicho: «¡Hijos de Israel, servid a Alá, mi Señor y Señor vuestro!». Alá veda el Jardín a quien asocia a Alá. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie.
      5:73 No creen, en realidad, quienes dicen: «Alá es el tercero de tres». No hay ningún otro dios que Dios Uno y, si no paran de decir eso, un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean.
      8:12 Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: «Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! Infundiré el terror en los corazones de quiens no crean. ¡Cortadles del cuello, pegadles en todos los dedos!»
      8:17 No erais vosotros quienes les mataban, era Alá Quien les mataba. Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Alá Quien tiraba, para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él. Alá todo lo oye, todo lo sabe.
      8:39 Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá. Si cesan, Alá ve bien lo que hacen.
      8:50 Si pudieras ver cuando los ángeles llamen a los que no han creído, golpeándoles en el rostro y en la espalda. Y: «¡Gustad el castigo del fuego de la gehena
      8:55 Los seres peores, para Alá, son los que, habiendo sido infieles en el pasado, se obstinan en su incredulidad,
      8:59 ¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán!
      8:60 ¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Alá y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Alá conoce! Cualquier cosa que gastéis por la causa de Alá os será devuelta, sin que seáis tratados injustamente.
      8:65 ¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende.
      8:67 No está bien que un profeta tenga cautivos mientras no someta en la tierra. Vosotros queréis lo que la vida de acá ofrece, en tanto que Alá quiere la otra vida. Alá es poderoso, sabio.
      9:5 Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Alá es indulgente, misericordioso.
      9:26 Alá, entonces, envió de los alto Su sakina sobre Su Enviado y sobre los creyentes. Hizo también descender legiones invisibles a vuestros ojos y castigó a los que no creían. Ésa es la retribución de los infieles.
      9:29 ¡Combatid conta quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!
      9:30 Los judíos dicen: «Uzayr es el hijo de Alá». Y los cristianos dicen: «El Ungido es el hijo de Alá». Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho los infieles. ¡Que Alá les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados!
      9:41 ¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Alá con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais…
      9:73 ¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas, sé duro con ellos! Su refugio será la gehena. ¡Qué mal fin…!
      9:74 Juran por Alá que no han profesado la incredulidad, cuando la verdad es que sí. Han apostado después de haber abrazado el islam. Aspiraban a algo que no han conseguido y han quedado resentidos sólo por no haber obtenido más que aquello con que Alá y Su Enviado les han enriquecido, por favor Suyo. Sería mejor para ellos que se arrepintieran. Si vuelven la espalda, Alá les infligirá un castigo doloroso en la vida de acá y en la otra. No encontrarán en la tierra amigo ni auxiliar.
      9:111 Alá ha comprado a los creyentes sus personas y su hacienda, ofreciédoles, a cambio, el Jardín. Combaten por Alá: matan o les matan. Es una promesa que Le obliga, verdad, contenida en la Tora. en el Evangelio y en el Corán. Y ¿quién respeta mejor su alianza que Alá? ¡Regocijaos por el trato que habéis cerrado con É1! ¡Ése es el éxito grandioso!
      9:123 ¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros! ¡Sabed que Alá está con los que Le temen!
      17:16 Cuando queremos destruir una ciudad, ordenamos a sus ricos y ellos se entregan en ella a la iniquidad. Entonces, la sentencia contra ella se cumple y la aniquilamos.
      22:25 Los infieles que apartan a otros del camino de Alá y de la Mezquita Sagrada, que hemos establecido para los hombres -tanto si residen en ella como si no-…Y a quien quiera impíamente profanarla, le haremos que guste un doloroso castigo.
      25:52 No obedezcas, pues, a los infieles y lucha esforzadamente contra ellos, por medio de él.
      26:201 Pero no creerán en él hasta que vean el castigo doloroso,
      32:22 ¿Hay alguien que sea más impío que quien, habiéndosele recordado los signos de su Señor, se desvía luego de ellos? Nos vengaremos de los pecadores.
      33:26 Hizo bajar de sus fortalezas a los de la gente de la Escritura que habían apoyado a aquéllos. Sembró el terror en sus corazones. A unos matasteis, a otros les hicisteis cautivos.
      34:51 Si pudieras ver cuando, sobrecogidos de espanto, sin escape posible, sean arrebatados de un lugar próximo.
      35:36 Los infieles, en cambio, sufrirán el fuego de la gehena. Agonizarán sin acabar de morir y no se les aliviará su castigo. Así retribuimos a todo desagradecido.
      35:39 Él es Quien os ha hecho sucesores en la tierra. Quien no crea, sufrirá las consecuencias de su incredulidad. La incredulidad servirá sólo para hacer a los infieles más aborrecibles ante su Señor. La incredulidad servirá sólo para perder más a los infieles.
      36:8 Les hemos puesto al cuello argollas, hasta la barbilla, de tal modo que no pueden mover la cabeza.
      36:9 Les hemos puesto una barrera por delante y otra por detrás, cubriéndoles de tal modo que no pueden ver.
      36:10 Les da lo mismo que les adviertas o no: no creerán.
      36:63 ésta es la gehena con que se os había amenazado.
      36:64 ¡Arded hoy en ella por no haber creído!»
      37:170 Pero no creen en ella. ¡Van a ver…!
      37:171 Ha precedido ya Nuestra palabra a Nuestros siervos, los enviados:
      37:172 Son ellos los que serán, ciertamente, auxiliados,
      37:173 Y es Nuestro ejército el que, ciertamente, vencerá.
      37:174 ¡Apártate, pues, de ellos, por algún tiempo,
      37:175 Y obsérvales! ¡Van a ver…!
      37:176 ¿Quieren, entonces, adelantar Nuestro castigo?
      37:177 Cuando descargue sobre ellos, mal despertar tendrán los que ya habían sido advertidos.
      40:10 A los que no hayan creído se les gritará: «El aborrecimiento que Alá os tiene es mayor que el aborrecimiento que os tenéis a vosotros mismos, por cuanto, invitados a creer, no creísteis».
      47:4 Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterlos. Entonces, atadlos fuertemente. Luego, devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Alá quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pierdan las obras de los que hayan caído por Alá.
      48:29 Mahoma es el Enviado de Alá. Quienes están con él son severos con los infieles y cariñosos entre sí. Se les ve inclinados o prosternados, buscando favor de Alá y satisfacerle. Se les nota en el rostro que se prosternan. Tal es su imagen en la Tora. Y en el Evangelio se les compara con la semilla que, habiendo germinado, fortifica su brote y éste crece y se yergue en el tallo, constituyendo la alegría del sembrador, para terminar irritando a los infieles por su medio. A quienes de ellos crean y obren bien, Alá les ha prometido perdón y una magnífica recompensa.
      58:22 No encontrarás a gente que crea en Alá y en el último Día y que tenga cariño a quienes se oponen a Alá y a Su Enviado, aunque éstos sean sus padres, sus hijos varones, sus hermanos o los miembros de su misma tribu. He inscrito la fe en sus corazones, les ha fortalecido con un espíritu de Él y les introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente. Alá está satisfecho de ellos y ellos lo están de Él. Ésos constituyen el partido de Alá. Y ¿no son los partidarios de Alá los que prosperan?
      59:2 Él es Quien expulsó de sus viviendas a los de la gente de la Escritura que no creían, cuando la primera reunión. No creíais que iban a salir y ellos creían que sus fortalezas iban a protegerles contra Alá. Pero Alá les sorprendió por donde menos lo esperaban. Sembró el terror en sus corazones y demolieron sus casas con sus propias manos y con la ayuda de los creyentes. Los que tengáis ojos ¡escarmentad!
      59:3 Si Alá no hubiera decretado su destierro, les habría castigado en la vida de acá. En la otra vida, no obstante, sufrirán el castigo del Fuego,
      63:4 Cuando se les ve, se admira su presencia. Si dicen algo, se escucha lo que dicen. Son como maderos apoyados. Creen que todo grito va dirigido contra ellos. Son ellos el enemigo. ¡Ten, pues, cuidado con ellos! ¡Que Alá les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados!
      66:9 ¡Profeta! ¡Combate contra los infieles y los hipócritas! ¡Muéstrate duro con ellos! Tendrán la gehena por morada. ¡Qué mal fin…!
      68:15 Cuando se le recitan Nuestras aleyas, dice: «¡Patrañas de los antiguos!»
      68:16 ¡Le marcaremos en el hocico!
      69:30 «¡Cogedle y ponedle una argolla al cuello!
      69:31 ¡Que arda, luego, en el fuego de la gehena!
      69:32 ¡Sujetadle, luego, a una cadena de setenta codos!»
      69:33 No creía en Alá, el Grandioso,
      76:4 Para los infieles hemos preparado cadenas, argollas y fuego de gehena.
      98:6 Los que no crean, tanto gente de la Escritura como asociadores estarán, eternamente, en el fuego de la gehena. Ésos son lo peor de la creación

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