Primavera Árabe, otoño francés – Burak Bekdil

Alain Juppé, ex primer ministro de Francia (1995-97), dijo una vez:

Me gustaría destacar este punto sin la menor reserva: Francia ve la Primavera Árabe como auspiciosa. La Primavera Árabe contiene grandes expectativas; por la democracia y el Estado de Derecho; por la paz y la estabilidad; por un futuro mejor en el que cada persona puede perseguir sus objetivos en función de sus necesidades, talentos y ambiciones.

Hace diez años, en octubre y noviembre de 2005, hubo una serie de disturbios en los suburbios de París y de otras ciudades francesas. En las noches, los vándalos incendiaron coches y edificios públicos. La mayoría eran jóvenes inmigrantes subsaharianos y del norte de África que declararon el islam inseparable de su identidad.

El Gobierno francés declaró el estado de emergencia, pero los disturbios se saldaron con 3 muertos (que no eran alborotadores), numerosos policías heridos y casi 3.000 arrestos.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, por aquel entonces primer ministro, fácilmente dio con la causa de los altercados, a su manera islamista. “Se lo dije [a los franceses]”. “La prohibición del velo ha desatado estos disturbios”. Nada podría convencer a Erdogan de que los malvados pueden hacer cosas malas en nombre del islam.

Nueve años después de esos disturbios, un grupo de barbudos empezó a decapitar infieles, a difundir sus videos y a invadir y tomar grandes extensiones de Siria e Irak, donde declararon elimperio de la sharia y la instauración del Estado islámico.

Aproximadamente por las mismas fechas, cuando los muertos en Siria e Irak a manos del Estado Islámico (EI) se contaban ya por millares, Erdogan, irónicamente en París, tras una reunión con su homólogo francés, François Hollande, cargó contra “aquellos que tratan de retratar [al EI] como una organización musulmana”. Y aleccionó así a su audiencia parisina:

Fíjense, deliberadamente estoy evitando el uso del acrónimo ISIS [porque contiene la palabra ‘islámico’]. Yo empleo el nombre ‘Deash’ [sic] porque son terroristas.

Fantástico, no hay ninguna palabra o acrónimo Deash. Sí existe Daesh (ad dawlah al Islamiyah fil Iraq wa ash Sham). Fue un buen intento por parte de Erdogan, pero no lo suficientemente inteligente: el acrónimo árabe Daesh también contiene la palabra islámico (al Islamiyah).

En enero, una multitud musulmana se congregó para orar ante una mezquita del piadoso distrito estambulita de Fatih. Iban a celebrar un funeral (in absentia) por los hermanos Kuachi, los terroristas que asesinaron a 17 personas en el ataque contra la revista Charlie Hebdo en París.

Los fieles de la mezquita protagonizaron una concentración en cuyas pancartas y carteles se leía:

  • “Si la libertad de expresión no tiene límites, preparaos para nuestra libertad de cometer actos sin límites”.
  • “¡Te estamos amenazando! ¿Te atreves?”.
  • “Todos somos Kuachi” (en lo que parece la réplica al eslogan “Je suis Charlie” tras la matanza de Charlie Hebdo).

En un tributo similar, miembros de la Logia Acmendi de Estambul celebraron funerales por los hermanos Kuachi, a los que ensalzaron como “mártires”. En la localidad occidental de Tatvan, un cartel decía: “Salud a los hermanos Kuachi, que vengaron al Mensajero de Alá. Que Alá acepte su martirio”.

Manifestantes concentrados ante una mezquita de Estambul portan carteles en los que se honra a los terroristas que perpetraron los ataques de París, así como a Osama ben Laden, el 16 de agosto de 2015. (Imagen: pantallazo de DHA).

En la Turquía de Erdogan, los manifestantes podían llevar carteles en homenaje a los terroristas que prepertararon los ataques de París, así como a Osama ben Laden. Nadie fue perseguido al amparo de lo que estipula el Código Penal en lo relacionado con el ensalzamiento del crimen y de los criminales.

Este columnista escribió por aquel entonces:

Irónicamente, Turquía sistemáticamente eufemiza el terrorismo islámico, en un tiempo en que la propia Turquía está expuesta a ser objetivo de la clase de tipos a los que los turcos ensalzan como mártires. (…) [El primer ministro Ahmet] Davutoglu debería entender que si un terrorista decide golpear Turquía en nombre de la yihad, su nombre no será Benjamín Netanyahu.

Nueve meses más tarde, el Estado Islámico llegó a Ankara. El 10 de octubre de 2015 dos terroristas suicidas del EI mataron a un centenar de personas en el corazón de la capital turca. Pese a la evidencia, Erdogan y Davutoglu trataron de calificar el ataque como un “cóctel de terror” que implicaría no sólo a Daesh sino a grupo izquierdas kurdos. Fue autoengaño en grado sumo: los musulmanes no recurren al terror y la violencia

Cualquier apoyo en Siria a lo que Erdogan y Davutoglu aviesamente denominan “grupos islamistas moderados” sólo servirá para exponer el mundo libre a potenciales ataques yhadistas. Los dos líderes turcos no ocultan sus ambiciones de erigir un régimen “islamista moderado” suní en Siria. Esperar que esos “islamistas moderados” puedan un día metamorfosearse en multitudes prodemocráticas y laicas es una ilusión extremadamente peligrosa destinada a hacer avanzar el islamismo. Nada puede metamorfosearse en una ideología diferente. Pero los “islamistas moderados” a menudo se metamorfosean en yihadistas.

La Turquía de Erdogan nunca cambiará para mejor. Lamentablemente, es la misma Turquía que Barack Obama dijo durante la cumbre del G-20 era un “potente socio” en la lucha contra el EI. ¡Que tenga dulces sueños, señor presidente!

Origen: Primavera Árabe, otoño francés

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