Suecia: ‘No hay apartamentos, no hay trabajo, no se puede ir a comprar sin una pistola’ – Ingrid Carlqvist

Una semana después del doble asesinato en el Ikea de Västerås, donde un hombre de Eritrea al que se le había denegado el asilo agarró unos cuchillos y apuñaló hasta la muerte a Carola y Emil Herlin, llovieron las cartas y los emails en las oficinas del primer ministro sueco, Stefan Löfven. Suecos enfadados, desolados y desesperados suplicaban al primer ministro, socialdemócrata, que dejara de llenar el país de migrantes criminales del Tercer Mundo, o de lo contrario –escribían– se correrá el grave riesgo de que el odio se dispare en Suecia. Una mujer decía que, como los medios suecos no tratan estos temas, Löfven debería empezar a leer periódicos extranjeros y abrir los ojos al hecho de que Suecia se está hundiendo rápidamente.

Carola Herlin, directora de la clínica Moro Backe, fue asesinada, junto a su hijo, el pasado 10 de agosto en la tienda de Ikea de Västerås, Suecia.

Durante las últimas décadas, los suecos han tenido que acostumbrarse a que el Gobierno (tanto de de izquierdas como de derechas) dé prioridad a los refugiados y a los migrantes sobre los suecos nativos. El alto nivel de impuestos (el trabajador medio paga un 42% de impuesto sobre la renta) se toleraba bien antes, porque la gente sabía que si enfermaba, o cuando se jubilara, o en caso de necesitar cualquier otra ayuda del Gobierno, la obtendría.

Ahora los suecos ven que el Estado de Bienestar les está fallando. Cada vez más ciudadanos mayores entran en la categoría de indigentes; cerca de 800.000 suecos de los 2,1 millones que hay jubilados tienen que vivir, pese a haber trabajado durante toda la vida, con entre 4.500 y 5.500 coronas (545$-665$) al mes. Entre tanto, los inmigrantes mayores reciben el llamado “subsidio de apoyo a los mayores” –por lo general una cantidad más elevada–, aunque jamás hayan pagado ningún impuesto en Suecia.

Y lo que es peor, en 2013 el Gobierno decidió que las personas que permanecen ilegalmenteen el país tienen derecho a asistencia sanitaria y atención odontológica prácticamente gratuitas. Así que mientras que el desamparado anciano sueco debe elegir entre pagar 100.000 coronas (12.000 dólares) para cambiarse la dentadura o vivir sin dientes, a una persona que ni siquiera tiene derecho a estar en Suecia le pueden arreglar la dentadura por 50 coronas (6 dólares).

La injusticia, la escasez de vivienda, el caos que rodea a los centros de alojamiento de refugiados y el brusco descenso de los estudiantes suecos en las pruebas PISA son cambios que han hecho que los suecos se desilusionen. La última gota fue que el primer ministro Löfven no tuviese nada que decir sobre los asesinatos en Ikea.

El Instituto Gatestone se puso en contacto con el Gobierno sueco para conseguir los emails enviados al primer ministro en relación con los asesinatos de Ikea. Según el principio de acceso público a documentos oficiales, todos los suecos tienen derecho a analizar los documentos públicos que conservan las autoridades, sin que se les pregunte por su identidad o su propósito. El Gobierno, sin embargo, fue claramente menos entusiasta respecto a compartir los emails: hizo falta un mes entero de recordatorios y llamadas telefónicas para que cumpliera con la solicitud.

Lo que sigue son extractos de emails enviados por ciudadanos particulares al primer ministro Löfven:

De Mattias, asistente social con cuatro hijos, “un padre que quiere que sus hijos crezcan en Suecia como yo tuve la suerte, sin explosiones, granadas de mano, coches incendiados, violencia, violaciones y asesinatos en Ikea”:

“Hola, Stefan. Soy un padre de 43 años y cuatro hijos que está intentando explicar a sus hijos, de entre 6 y 16 años, lo que está ocurriendo en Suecia. Me entristece decir que usted y su partido están cerrando los ojos a lo que está pasando en Suecia. Todo lo que está ocurriendo se debe a la afluencia descontrolada del extranjero. Estáis creando un odio larvado en Suecia. No estamos contentos con cómo se está gestionando la ingmigración en Suecia, desde los centros de acogida a las escuelas. Y se tarda tanto en conseguir un trabajo que mucha gente se rinde antes de siquiera estar cerca. Mattias”.

Marcus, de 21 años, escribió:

“Hola, Stefan, soy una de las personas que le votó. Vivo en Helsingborg, todavía con mis padres porque no hay apartamentos libres. Veo donde vivo que, en cuanto se muda una persona mayor, llegan inmediatamente ocho extranjeros: nos pasan por delante a los jóvenes, suecos, en la cola. Con todo lo que está pasando en Suecia –violaciones, robos, los asesinatos de Ikea y demás–, ¿por qué no se manda a los que no sean suecos de vuelta a sus países cuando cometan delitos? Por supuesto que debemos ayudar a los refugiados, pero al tipo correcto de refugiados… Siento decir esto, Stefan, pero los Demócratas Suecos deberían poder gobernar durante cuatro años y sacar a toda la gente que no cumpla las leyes, a quienes asesinan a las jóvenes o destrozan sus vidas. Es horrible, tengo un empleo donde pagan muy mal porque no hay trabajo. En Suecia hay más personas que trabajos”.

Peter escribió:

“Estimado primer ministro: Te escribo porque estoy muy preocupado por los acontecimientos que se están produciendo en la sociedad sueca. Me encuentro diariamente noticias de tiroteos, bombas/granadas de mano que explotan, palizas, violaciones y asesinatos. Esta es nuestra Suecia, el país que, cuando usted y yo crecíamos, era considerado uno de los más seguros del mundo”.

“Usted, en su función de primer ministro, tiene la responsabilidad de proteger a todos los que se encuentren en el territorio, al margen de que hayan nacido o no aquí. Por desgracia, veo que no te tomas en serio tu responsabilidad. Sigo las noticias a diario, y aunque ahora estemos sufriendo otro acto de locura, esta vez contra una madre y su hijo en Ikea, no veo ningún compromiso por su parte…”.

“Deberías condenar tajantemente los violentos sucesos que vemos en el país, destinar recursos a la policía, las aduanas y los fiscales de distrito para frenar y combatir (y no solo construir diques y mirar para otro lado) la actividad criminal”.

Sebastian escribió:

“¡Hola Stefan! Después de leer lo de los terribles hechos en el Ikea de Västerås, me pregunto ahora qué vas a hacer para que nos sintamos más seguros cuando vamos por las tiendas y las calles de Suecia. ¿Qué cambios harás para asegurarnos de que esto no vuelve a suceder? ¿Seguirá la inmigración de la misma manera?

Benny escribió:

“Hola, me estaba preguntando: ¿por qué el Gobierno guarda silencio sobre un incidente tan espantoso? Todo el verano se ha caracterizado por la extrema violencia, los tiroteos, los apuñalamientos y las explosiones. El Gobierno tiene que tomar fuertes medidas para que podamos sentirnos seguros”.

El asunto del mensaje de Laila decía: “¿Así es como se supone que va a ser?”.

“¿Se supone que vamos a tener que salir sin armarnos? Se produce una violación tras otra y nadie está haciendo nada al respecto. Nací y crecí en Vårby Gård, pero hace siete años tuvimos que mudarnos porque ya no podíamos sacar a los perros de noche por los no europeos que conducían por las aceras. Si no te quitabas de en medio, saltaban del coche y te pegaban. Si llamabas a la Policía, no hacía nada –en un barrio de Estocolmo–. Cuando mi hermano reprendió a unos de ellos, apareció un cohete (como los que se usan en Año Nuevo) en su buzón. Ya se puede imaginar lo ruidosa que fue la explosión. Violan a mujeres y chicas, estos no europeos que vienen aquí diciendo que son menores sin acompañantes, aunque sean adultos…”.

“Es fácil conseguir armas hoy en día, me pregunto si es lo que tienen que hacer los suecos, armarse para atreverse a ir de compras. Bien, ahora llego a lo que pasó en unos grandes almacenes: dos personas son asesinadas, y no solo asesinadas, se habla en internet de decapitaciones”.

“El primer ministro no dirá una palabra, pero los recursos se están destinando a centros de acogida, una bofetada en la cara de los familiares a quienes acaban de apuñalar a dos de sus parientes. Los periódicos suecos no dirán una palabra, pero, por desgracia, hay periódicos extranjeros que dicen la verdad. Nosotros, suecos, no podemos cambiar de apartamento, vivimos cinco personas en tres habitaciones. Dos de nosotros están en el paro, buscando trabajo, buscando trabajo y buscando trabajo. La única opción son las agencias de empleo. Tengo 50 años, y estoy de baja parcial por dos enfermedades crónicas, y no puedo ir corriendo de un sitio a otro. Pero siguen llegando cada vez más solicitantes de asilo. No hay apartamentos, no hay trabajo, no nos atrevemos a ir ya de compras, pero se supone que tenemos que pensar que todo es estupendo”.

“Por desgracia, creo que el primer ministro tiene que empezar a leer periódicos extranjeros para enterarse de que Suecia va a pique. Descubrí que la inmigración masiva cuesta miles de millones al año, y que lo único que hacen los inmigrantes es fumar en narguile en sitios como Vårby Gård. Esto también pasa en otros lugares, por supuesto. Ahora está empezando a extenderse; se verá en las encuestas de opinión, la próxima vez que se publiquen. Pronto, todos los suecos votarán a los Demócratas de Suecia. Están consiguiendo cada vez más seguidores, día a día”.

“Ustedes, ministros de gabinete, no viven en las áreas vulnerables, viven en sus coquetos barrios residenciales, donde los vecinos son todos suecos. Debería ser obligatorio que todos los políticos vivieran al menos tres meses en una zona habitada sobre todo por inmigrantes, y que se les retirara el coche para que tuvieran que utilizar el transporte público. (…) A los tres meses, entenderían lo que estoy diciendo”.

“Estoy muerta de miedo por lo que está pasando en este país. ¿Qué va a hacer el Gobierno al respecto?”.

Anders escribió:

“Hola, Stefan, ¿por qué, como nuestro primer ministro, no reaccionas más contra la escalada de violencia en nuestro país? [Como el] doble asesinato en el Ikea de Västerås. Sumemos a eso las bombas y las otras cosas que pasan en Malmö. En vez de manifestaciones con antorchas contra el racismo, necesitamos un primer ministro que hable contra la violencia, que diga que está mal y que no importa qué grupo étnico esté tras ella o sufra sus efectos”.

“Porque toda la gente que vive en Suecia es sueca, ¿cierto? Una procesión con antorchas contra el racismo solo recalca el hecho de que son inmigrantes los que están cometiendo estos crímenes. Lo que necesitamos ahora es una señal clara de nuestros [representantes], elegidos por el pueblo, de que la violencia tiene que cesar ya. Se supone que Suecia es un refugio alejado de la violencia”.

“Te estoy pidiendo que como primer ministro te posiciones contra la violencia. Une a todos en Suecia en un solo grupo y no lo conviertas en un tema de racismo”.

Algunas de las personas recibieron respuesta de Carl-Johan Friman, de la Unidad de Comunicaciones de Oficinas del Gobierno; otros no han recibido ninguna respuesta. La típica respuesta dice:

“Gracias por su email al primer ministro Stefan Löfven. Se me ha pedido que le responda y le confirme que su email ha llegado a la oficina del primer ministro y que ahora está a disposición del primer ministro y de su equipo. Por supuesto, no es aceptable que la gente deba exponerse a la violencia y las actividades delictivas en su vida diaria. Se están haciendo muchos esfuerzos para contrarrestar la violencia y, ciertamente, esto ha de hacerse sin enfrentar a unos grupos contra otros. Gracias por tomarse el tiempo para escribir y compartir sus opiniones, son importantes para dar forma a las políticas del Gobierno”.

El Instituto Gatestone se ha puesto en contacto con Laila, una de las personas que escribió, y le ha preguntado si estaba satisfecha con la respuesta que recibió. Laila contestó:

“No, no estoy satisfecha con la respuesta, porque ni siquiera respondían a lo que yo estaba diciendo. Con toda honestidad, ni siquiera me parece que vean los problemas. Hablan sobre apariencias cuando tienen sus reuniones, pero no hay nadie en esas reuniones que pueda decirles cómo es la vida real. Me parece que la respuesta que recibí eran un montón de bobadas. Entienden que la gente está asustada. Hablan de manifestaciones contra el racismo; parecen estar completamente perdidos. Los políticos no entienden cómo funcionan las cosas en la sociedad sueca, porque viven en sus barrios seguros y cómodos, donde las cosas están tranquilas. Pero muchos suecos se ven obligados a vivir en barrios con mucha población inmigrante, porque no pueden pertmitirse un apartamento en otra parte”.

La indignación ante la falta de reacción del Gobierno a los asesinatos de Ikea también dio lugar a una manifestación en Sergels Torg, la principal plaza pública de Estocolmo, el 15 de septiembre. Cientos de manifestantes exigieron la dimisión del Gobierno, y guardaron un minuto de silencio por la madre apuñalada y su hijo, Carola y Emil Herlin. Los organizadores tienen previsto celebrar manifestaciones similares cada mes por toda Suecia.

Origen: Suecia: ‘No hay apartamentos, no hay trabajo, no se puede ir a comprar sin una pistola’

Un comentario en “Suecia: ‘No hay apartamentos, no hay trabajo, no se puede ir a comprar sin una pistola’ – Ingrid Carlqvist

  1. He dejado un comentario amplio, con motivo de otro texto de Ingrid Carlqvist recogido aquí, sobre su parcial y “enojada” (es decir “vista con sólo un ojo”) acerca de los inmigrantes. Y en este artículo lo manifiesta Ingrid todavía más. Es cierto lo que afirma acerca de la actitud exageradamente positiva hacia el inmigrante de los que ostentan un cargo político, como Löfvén. Pues se trata de retórica que presuma de moralidad y comprensión. Pero lo que escribe Carlqvist muestra lo que yo denomino “xenofobia benigna”. Löfven y Carlqvist se posicionan en extremos diferentes, ambos subjetivos y tácticos. Esta situación se ha extendido a la población en general. Pues no es poco frecuente que los inmigrantes se expresen subjetivamente en contra de “los suecos” y se comporten de manera inadecuada. Cuando yo advierto la conducta inaceptable de un inmigrado, suelo criticarle abiertamente y decirle: “Por qué haces eso? Los inmigrantes en Suecia tenemos que comportarnos MEJOR que los suecos”.
    No me han faltado situaciones oficiales en las que yo he seguido las reglas de juego suecas mejor que los propios suecos. Los reglamentos me han dado, a menudo, la razón, en contra de algún chanchullo sueco. Pude demostrar, en una ocasión de importancia, que conocía la ley municipal mejor que los suecos de origen. Fui elegido políticamente, en contra de lo que pretendía mi partido. Y es que lo mejor que un inmigrante debe hacer, es enterarse a fondo de la historia y la costumbre sueca y seguir la normas rigurosamente.

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