Los sefarditas de Tetuán y “la marcha triunfal” de Franco – Pedro Fernández Barbadillo

Como vimos la semana pasada, hubo numerosos judíos extranjeros que colaboraron en la guerra civil con el Frente Popular. También los hubo que se unieron a la causa de los rebeldes, aunque éstos, sobre el papel, tenían perdida la guerra: habían sido derrotados en las principales ciudades, no controlaban la flota, carecían de apoyo diplomático, sus principales fuerzas se encontraban asiladas en Marruecos…

Desde la guerra de África (1859-1860), concluida con el Tratado de Wad-Ras, que se firmó en Tetuán, “las familias judías más importantes siempre mantuvieron unas relaciones intensas desde el punto de vista económico con el ejército de África” (Isidro González, en Los judíos y la Segunda República Española. 1931-1939). En Melilla, quizás la ciudad española más diversa racial y religiosamente hasta finales del siglo XX, vivían unos 6.000 judíos en 1936. Pero esa amistad, de la cual los judíos habían obtenido protección ante los asaltos que cometían contra sus personas y sus negocios los musulmanes, no les evitó en el primer verano de la guerra multas y amenazas, y hasta algunos asesinatos de quienes eran miembros de logias masónicas y partidos de izquierdas (José Antonio Lisbona en Retorno a Sefarad).

Franco contradice a Queipo de Llano

El general Gonzalo Queipo de Llano, que había pasado de conspirar contra la Monarquía en 1930 a conspirar contra la República unos años después, obligó a los judíos avecindados en Sevilla a desembolsar 138.000 pesetas. En sus famosas charlas radiofónicas, el general solía arremeter contra los judíos con los tópicos de la literatura antisemita deLos Protocolos de los Sabios de Sión, como que impulsaban la revolución comunista mundial. Los militares rebeldes obligaron a las comunidades de Ceuta y Tetuán a pagar 900.000 francos la primera y 500.000 pesetas la segunda (José Ángel Sáchez Asiaín, en La financiación de la guerra civil española)

El escritor falangista y luego alférez provisional Rafael García Serrano describe (La gran esperanza) la sorpresa que le produjo encontrarse en la portada de Arriba España, el primer diario de que disponía la Falange, en su número del 1 de octubre de 1936, la siguiente consigna: “¡Camarada! Tienes la obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas”.

Lo del judaísmo me sonaba un tanto extraño. Todo lo demás me parecía normal, salvo, acaso, que de haber destruido y quemado ‘La Voz de Navarra’ (periódico del PNV en cuyos talleres de Pamplona los falangistas tiraron el suyo) yo no podría tener mi ‘Arriba España’ en las manos. (…) Peor el antijudaísmo se puso de moda, yo creo que por primera vez con cierta resonancia después de los Reyes Católicos. Soplaba el viento antisemita desde Alemania y quien mejor lo acogió fue la derecha española.

Sin embargo, las familias judías más prominentes del protectorado español de Marruecos se pusieron desde el primer momento al servicio de los sublevados. En julio de 1936, a los pocos días de estallar la guerra, se organizó en Melilla una suscripción para ayudar al Ejército, en la que, según el Heraldo de Marruecos, publicado en Tetuán, de los 29 suscriptores, 24 eran judíos; luego más judíos se sumaron a las sucesivas suscripciones (para los damnificados del bombardeo de Tetuán, por Falange, para vestuario y equipo, para remediar el paro…).

En las listas, algunos de los apellidos que aparecen son los siguientes: Serfati, Danon, Beniflet, Emergui, Oziel, Bendahan, Azulay, Toledano, Benarroch, Salama y Bensabat.

Franco, “que estaba gestionando empréstitos con la banca judía de Tetuán y Tánger, se creyó obligado a desautorizar” las emisiones de Queipo de Llano (Sánchez Asiaín) El 15 de agosto de 1936 dirigió una carta al Consejo Comunal Israelí de Tetuán en la que les pedía que no prestaran atención alguna a las soflamas de Queipo de Llano. Posteriormente, la oficina de prensa del generalísimo tuvo que desmentir las informaciones publicadas en varios periódicos extranjeros sobre el antisemitismo de los alzados y subrayar que de la nueva España sólo quedaría excluido el comunismo.

Un petrolero para Melilla

Pero estas adineradas familias judías aportaron no sólo billetes, sino también sus relaciones internacionales, como, en el mismo sentido, hicieron varios financieros españoles, por ejemplo consejeros del Banco de España o del Banco de Bilbao pasados a la zona nacional que negociaban con banqueros franceses y británicos.

El banquero Jacobo Salama, concesionario delegado de la petrolera Shell, tenía amistad con varios de los militares que luego se sublevaron el 17 de julio: Franco, José Millán Astray, Agustín Muñoz Grandes, Juan Vigón, Juan Beigbeder, Rafael García Valiño… Según Lisbona, Salama persuadió mediante garantías personales y económicas a la dirección de la Shell para que hiciera retornar a Melilla un petrolero que provenía de Francia y cuyo destino era el puerto español, pero que, ante las noticia del golpe de Estado, había cambiado su rumbo a Argel. Así se garantizaron los militares el suministro de combustible los primeros días.

Según el historiador Luis Suárez, el director de la Banca Hassan de Tetuán, José Toledano, ayudó, por orden del general Franco, al coronel Juan Beigbeder (alto comisario en Marruecos entre 1937 y 1939 y ministro de Asunto Exteriores entre 1939 y 1940) a organizar la recogida de fondos entre los judíos del Marruecos español.

Un asunto menos conocido es la colaboración de los judíos de Gibraltar con los militares sublevados el 18 de julio. Según Danielle Rozenberg, algunas familias, como los Bentolila y los Benholta, no sólo aportaron dinero, sino que pasaron información de interés militar a Franco a través del citado Beigbeder.

Por último, otras familias judías que colaboraron con los militares aunque con menor intensidad que las ya citadas fueron, según la relación de Luis Suárez, Benhamu, Benarroch, Hachuel y Benatar.

En los años posteriores, el régimen vencedor recompensó a estas familias judías con concesiones y licencias de importación.

Franco creó el Museo Sefardí en Toledo

En 1953, Franco declaró al presidente de la comunidad judía de Madrid, Francois Barukh, quien se lo transmitió a Elia Eliachar, sefardita residente en Jerusalén, las siguientes palabras, recogidas por Lisbona:

Su Excelencia el Generalísimo me dijo cómo la población sefardita de Tetuán financió su marcha triunfal sobre España.

Las buenas relaciones de Franco con los judíos se mantuvieron durante todo su régimen. En la Segunda Guerra Mundial, numerosos diplomáticos españoles destinados en la Europa ocupada por el III Reich cumplieron las órdenes del generalísimo de amparar a los judíos perseguidos, incluso con la falsificación de pasaportes.

Y pese a que a Franco le sentó fatal el voto contrario de Israel a la revocación de las sanciones aplicadas por las Naciones Unidas, en los años 50 y 60 colaboró con el Gobierno israelí en varias operaciones para retirar judíos de los países árabes, como Egipto y Marruecos. También se puede citar como acto en favor de los judíos la cesión por el régimen franquista de la Sinagoga del Tránsito, en Toledo, como sede del Museo Sefardí. El propio Franco firmó el decreto 874/1964, de 18 de marzo, de creación del museo.

Origen: Libertad Digital

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