Un libro desvela la persecución a los judíos alemanes en Ibiza – Cristina Martín

Traigo aqui un articulo publicado por Diario de ibiza, empleadores y soporte de este libro-libelo que desconoce la autentica realidad del trato a los judíos en la españa de Franco, aliada de Alemania. Un tema tratadisimo y archi documentado por la comunidad judía, verdadera experta en la materia, en cuyos archivos obra todo lo acontecido, y  con la que mantengo líneas abiertas de comunicación.

Se trata en efecto de un caso real, bien documentado, pero que pretende, desde una óptica de izquierdas, guerra civilista y revanchista, desvirtuar la realidad de la persecución judía en una España Germanofila y agradecida al apoyo que recibió para evitar que los bolcheviques triunfaran , y que resistió las presiones de Hitler para entrar en guerra:  En lo referente a la cuestión judía, la españa de Franco evito no solo implicarse, sin que gracias a su cuerpo diplomático cerca de 60.000 judíos fueron rescatados.

Al final del articulo adjuntos 4 pantallazos sobre dicha cuestión, que no necesita mas tratamiento, todo esta publicado en internet. Israel hoy rinde honores a los “justos de las naciones” amigos de israel que se arriesgaron y trataron de evitar la Shoah, donde dieciocho españoles, casi todos diplomáticos de Franco son recordados.

Previo a la presentación de este ensayo mantuve unas breves palabras con el periodista, quien parece ser un hombre con rigor, documentado y cabal, por lo que este ensayo, manipulado desde el gobierno de izquierdas  y presentado bajo el paraguas del revisionismo histórico de la mal llamada memoria histórica, desmerece a autor, cuyo trabajo y documentación son  evidentes.

Saludos

Shlomo Ben Ami, en la revista Época:

“El poder judío no fue capaz de cambiar la política de Roosevelt hacia los judíos durante la Segunda Guerra Mundial ni la política británica. El único país que de verdad echó una mano a los judícos fue un país en elque no había ninguna influencia judía, España, que salvó más judíos que todas las democracias juntas. Es todo muy complejo.”

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José Miguel L. Romero descubre en ‘Los indeseables’ cómo la España franquista intentó deportar a familias judías que vivían en la isla

José Miguel L. Romero, con su libro. VICENT MARÍ

José Miguel L. Romero, con su libro. VICENT MARÍ

Cristina Martín | Ibiza

Rudolf Eberle, Helmut Wallach y los hermanos Werner, Rudy y Hermine Holzinger huyeron de su país, Alemania, porque los nazis les perseguían por su condición de judíos. Uno de ellos no lo era, Eberle, pero como estaba casado con una alemana judía (Hermine) y no quiso divorciarse, pasó a ser considerado miembro de este grupo condenado a la exterminación por el régimen de Hitler. Lo que nunca habrían imaginado es que en la remota y atrasada Ibiza de los años treinta no solo no encontrarían refugio, sino que los tentáculos de la Gestapo llegarían hasta la isla porque el Estado franquista aplicaba las leyes raciales nazis, pese a que en el ordenamiento jurídico español no existían.

La investigación del periodista de Diario de Ibiza José Miquel L. Romero, que ha cristalizado en su libro ‘Los indeseables. La expulsión de los judíos alemanes residentes en Ibiza y Baleares 1939-1945’, ha documentado por primera vez casos de alemanes a quienes en España se persiguió por su condición de judíos, según las leyes nazis alemanas, y se les catalogó de «indeseables» en los documentos españoles oficiales de deportación únicamente por esa razón. Es decir, que España, sin ser un país ocupado por Alemania, se convirtió durante unos años en una extensión del Estado nazi por voluntad propia. Y adoptó la definición nazi de judío: no solo quienes practicaran la religión del Talmud, sino sus descendientes y sus cónyuges; aunque profesaran otras religiones.

‘Los indeseables’ es el décimo volumen que publica Romero, y obtuvo una mención especial del jurado de la penúltima edición del premio 8 d’Agost (lo ha editado el Consell). La obra se presenta este jueves en el Club Diario de Ibiza a las 20 horas.

El libro reconstruye la historia de Rudolf Eberle y Hermine Holzinger; sus hermanos, Werner y Rudy, y Helmut Wallach, que huyeron de Alemania cuando Hitler llegó al poder, en 1933. También continúa las peripecias de los siete hermanos Hanauer que Romero ya recogió en ‘L’hotel dels jueus. Els germans Hanauer: de l’Alemanya nazi a Ibiza’. Rudolf y Hermine tuvieron en Ibiza a su hijo Didier; Helmut se casó con una ibicenca y también su primogénito, Juan, nació en la isla. Tanto Eberle como los Holzinger llegaron a la isla en 1935.

Romero también ha descubierto que solo la intervención del nuncio del Vaticano en España, Gaetano Cicognani, libró a estos fugitivos de la deportación y la muerte segura en 1940, cuando el director general de Seguridad pidió un listado con los judíos de Ibiza y aprobó la expulsión de Eberle, los Holzinger y de Wallach. Cicognani envió una carta en la que pedía clemencia para ellos, y logró que se suspendiera su expulsión in extremis, cuando Rudolf Eberle, Hermine Holzinger, Werner Holzinger, el pequeño Didier Eberle Holzinger y Helmut Wallach ya habían sido trasladados a la Península, en el barco ‘Jaime II’.

La Iglesia, clave para salvarlos
«Ese documento es insólito por la importancia que tuvo la Iglesia católica para parar las deportaciones, los defendió como a católicos», añade Romero, que subraya la importancia del «factor humano», es decir, de las personas que actuaron de motu proprio a favor de estos perseguidos, como el valiente y tenaz Cicognani, que instó a las autoridades a detener la deportación de estos alemanes, que se habían bautizado en la isla, pero que pese a todo iban a ser entregados a Alemania.

«Entre la documentación hallada en los archivos policiales figura, además, un listado de alemanes de ‘raza judía’ residentes en Balears sobre los que también se tramitó su expulsión, lo cual indica que la larga mano de la Gestapo no se olvidó de estas islas y que a Himmler poco le importaba que los sujetos sobre los que había fijado su atención fueran simples agricultores o cocineros y se escondieran a 2.000 kilómetros de Berlín», relata el autor en el prólogo. «La persecución en España no fue casual, sino sistemática y premeditada», asevera.

El investigador ha dedicado cinco años a reconstruir las durísimas vidas de estas personas y relata cómo lograron superar, con una mezcla de suerte, ayuda y mucha resiliencia, estos años oscuros y recuperar la paz y su vida en Colombia y Brasil, muy lejos de su Alemania natal, donde jamás se plantearon regresar. Ninguno podía reconstruir su hogar en el lugar donde les habían expoliado y donde habían asesinado a millones de judíos que no pudieron escapar a tiempo como ellos.

Los nazis perdieron la guerra, pero «al final se salieron con la suya: ninguno quiso volver a Alemania. En Lingen, la ciudad de los Hanauer, no vivió ningún judío en décadas», reflexiona Romero. A veces regresaban para ver si podían recuperar alguna propiedad, pero con poco éxito: las casas se habían vendido y los muebles y enseres se habían repartido. El expolio ya no tenía marcha atrás. Tampoco la profunda herida provocada por el exterminio industrializado de una parte de los ciudadanos, los judíos, etiquetados como «raza inferior».

Judíos bautizados en Ibiza
‘Los indeseables’ es la segunda parte de la investigación de Romero sobre los hermanos Hanauer, también judíos alemanes que huyeron a Ibiza, donde se bautizaron para protegerse de los nazis y evitar la deportación. La historia de los laboriosos Hanauer está contada en el libro ‘L’hotel dels jueus. Els germans Hanauer: de l’Alemanya nazi a Ibiza’, premio Nit de Sant Joan 2007 del Institut d’Estudis Eivissencs.
Cuando Romero estaba investigando la historia de los Hanauer y las partidas de bautismo se topó con otros dos hermanos alemanes que se habían bautizado en Ibiza, Hermine y Werner Holzinger. ¿Por qué? Solicitó información al Archivo General del Ministerio del Interior y después de insistir recibió la documentación: «Parecía imposible lo que se contaba: el Estado español les expulsaba y deportaba por el hecho de ser judíos. Les consideraba ‘indeseables’. Estos documentos demuestran por primera vez que el Gobierno español aplicó la legislación nazi, ya que en España no había leyes para deportar judíos ni leyes raciales como las alemanas. Es algo insólito», explica Romero.

El investigador señala que Manuel Ros Agudo, en ‘La guerra secreta de Franco’, o Haim Avni en ‘Spain, the jews and Franco’, ya revelaron el acuerdo entre la España franquista y los nazis para deportar a los judíos (no solo a quienes practicaban la religión, sino también a sus descendientes), pero hasta ahora no se habían documentado casos ni aportado pruebas.

Romero los ha encontrado, les ha puesto nombre, rostro, ha reconstruido sus penalidades y hasta su carácter: ha hablado con quienes les conocieron en Ibiza y con sus descendientes y a partir de toda esa información, y la que ha rastreado en los 20 archivos españoles y alemanes que ha consultado, ha armado un relato apasionante que se lee con la avidez de una novela que engancha pero que tiene el rigor de una investigación histórica en la que cada dato está contrastado. «Es importante saber que Hermine fumaba como un carretero, que sabía un montón de idiomas o que leía National Geographic. Son detalles importantes para saber cómo eran los personajes», relata Romero.

Perseguidos por el Ministerio
El hallazgo más impactante para el escritor fue descubrir que «había un listado de judíos en Balears perseguidos implacablemente por orden del Ministerio de Gobernación». También le conmovió su «deseo de huir como fuera de la isla, hicieron lo imposible. Esa necesidad de una vida nueva. Era gente muy resiliente, como los Hanauer». «Al principio había pensado escribir una novela, pero era tan increíble que pensé que nadie se lo creería y opté por un ensayo histórico para que quede claro que esto ocurrió», prosigue.

La colaboración de la España franquista con los nazis para deportar judíos se mantiene hasta 1941, cuando se produce un cambio en los ministerios de Gobernación y de Exteriores y la situación cambia radicalmente. El factor humano de nuevo: si antes los máximos responsables eran filonazis, los nuevos no lo son y defienden sus parcelas, y eso se traslada a la política del Estado. Y tiene consecuencias sobre miles de personas.

No obstante, a los Eberle, Holzinger, Wallach y Hanauer las autoridades y la policía les hicieron la vida imposible en Ibiza: no les dejaban abandonar la isla (no les daban pasaporte, puesto que Alemania les había declarado apátridas), les investigaban continuamente, tenían que dar cuenta a la policía de todas sus actividades, había informes sobre todos los aspectos de su vida (sus amistades, costumbres, lo que pensaban, dónde iban, el dinero que tenían en el banco…). De hecho, la familia Eberle-Holzinger no podrá abandonar Ibiza hasta 1947 (pese a que tenían dinero para el viaje), y el matrimonio de Helmut Wallach, Catalina Juan y su hijo Juan tendrán que esperar hasta 1953. Los primeros emigraron a Colombia y los segundos a Brasil.

Los Holzinger tuvieron mala suerte: en 1933 huyen de la persecución nazi en Alemania; llegan a Ibiza y estalla la Guerra Civil; sus padres se suicidan en Sttutgart antes de que les deporten a un campo de concentración; logran salir de la isla y cuando llegan a Colombia, se inicia otra larga guerra. Pero como explica Valeria Eberle en el ‘Epílogo desde Cali’, junto al relato de las penalidades de estas personas, el libro de Romero también recoge «el relato de la esperanza»: «Todo el texto es casi una guía novelada de lo que podríamos describir como un retrato de la belleza y la fortaleza de los seres humanos. –escribe–. Hay una apuesta por mostrar el coraje, incluso cuando los documentos oficiales te pongan en vilo, cuando otros sujetos, en lejanas oficinas del Estado, han escrito tu nombre bajo el sello de apátrida e indeseable».

Fuente: Diario de ibiza

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El entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Lequerica, informa al Embajador en Washington en el mes de octubre de 1944 de las instrucciones dadas ” a nuestro embajador en Berlín para que realice con el máximo interés cuantas gestiones sean necesarias en defensa de las personas e intereses de israelitas en general y en especial de los hispanoamericanos, no limitándonos a aquellos que son súbditos de aquellos países que nos han encomendado su protección sino extendiendo sus gestiones también a aquellos que permanecen en países que no nos las han encomendado” . Se mencionan además las gestiones para defender a sefarditas en campos de concentracion alemanes habiendo conseguido que varios centenares hayan podido entrar en España y salir en plena libertad con destino a diferentes países. Algo que, por cierto, no hicieron las autoridades británicas, condenando a muchos judíos a la muerte al cerrar las fronteras de Palestina.

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Francisco Franco y la persecución de los judíos

Esta mañana, escuchando la entrevista que en Radio Nacional de España hacían a uno de los supervivientes de la persecución nazi a los judíos, salvado por obra de la embajada española en Hungría, no pude por menos que estremecerme al escuchar de los labios del pobre anciano una frase que dijo, al final y sin venir a cuento, como introducida con calzador por indicación de alguien: “Quiero aclarar que todo esto lo hizo Sanz Briz sin tener ninguna orden del Gobierno español”. De esta manera y con esta clamorosa mentira, se enervaba la posible repercusión positiva que la salvación de miles de judíos en Hungría pudiera tener en el régimen de Franco, que para el pensamiento único que nos oprime, era el mayor exponente de la “maldad humana”.
Al margen de que resulta cuando menos extraño pensar que en 1940, cuando Hitler era el dueño de Europa, las legaciones diplomáticas de los países neutrales fueran por libre en sus actuaciones –máxime con las presiones de Alemania para que España entrase en la guerra con el Eje- existe abundantísima documentación y múltiples testimonios que demuestran la implicación directa del Gobierno de Franco en la salvación de millares de judíos, en un número que alcanza los 60.000. Y que, por cierto contrasta con la actitud de Suiza, que cerró sus fronteras a millares de judíos, haciendo una interpretación estricta e inhumana de su neutralidad.
Así, en una entrevista que mantuvo Ángel Sanz Briz -siendo Cónsul General de España en Nueva York- con el historiador judío Isaac Molho, aquél le manifestó que todo el mérito de sus acciones se debía al Generalísimo Franco, de quien había recibido instrucciones para dar protección a los judíos perseguidos. En la misma línea, la revista digital “Sefarad“, reconoce que el diplomático español “actuó siguiendo órdenes de su gobierno”. Y es que, sin restarle méritos al joven diplomático, su actuación hubiera sido del todo imposible si el Gobierno español no hubiera concedido la nacionalidad española a esas 200 familias judías alegando su origen sefardita y hubiera concedido el pasaporte a otros miles de judíos bajo diversas excusas.
A finales de 1943, cuando la “solución final” estaba en marcha, el Ministerio de Asuntos Exteriores español ordenó a los diferentes consulados españoles que volvieran a conceder pasaporte o tarjeta de nacionalidad a los sefarditas que estuvieran o hubieran estado inscritos como tales en nuestras representaciones, aunque la hubieran perdido por falta de uso. En la primavera de 1944 se ordenó que se aceptara como sefardita a cuanto judío solicitara nuestra protección, haciéndolo de manera que la documentación proporcionada contuviera una contraseña capaz de permitir su anulación cuando fuera necesario, una vez terminada la guerra. Fueron estas instrucciones las que motivaron o permitieron la actuación de Ángel Sanz Briz en Budapest, quien las interpreto y amplió con generosidad y suma eficacia.
Resulta revelador, en este sentido, el testimonio directo del diplomático Pedro Schwartz, que en 1943 vivía en el consulado español en Viena por ser su padre Cónsul en dicha capital, y que, en un artículo publicado en el año 1999 en “La Vanguardia Digital” afirmaba lo siguiente:
Siempre me ha sorprendido la ayuda que Franco prestó a los judíos perseguidos por el nazismo.(…) durante la Guerra Civil, Franco y sus ministros dieron instrucciones a los representantes consulares de España para que protegieran de la discriminación y la expropiación a los sefardíes de los territorios que iban cayendo bajo el control de los alemanes. Tras la caída de Francia en 1940, el falangista Serrano Suñer concedió visados a numerosos judíos askenases, que así salvaron la vida; y a los que conseguían atravesar la frontera, les daba salvoconducto para que pudieran pasar a Portugal y América. Cuando Hitler, a partir de 1943, puso en marcha la solución final, la entrega de pasaportes españoles a los judíos de habla castellana en los consulados de la Europa ocupada se tornó sistemática. De resultas de esta política humanitaria salvaron la vida de 46.000 a 63.000 judíos o quizá más. ¿Quién decidió que los sefardíes eran españoles? ¿Cómo cuadraba la poca simpatía por los judíos en la España oficial de aquellos tiempos con una política tan discorde de la del amigo alemán?
(…) La creciente dureza de la persecución hizo evidente que ya no bastaba con insistir en la posición legalista de que España no admitía que se conculcaran los derechos de sus súbditos. A partir de 1942, sobre todo tras el relevo de Serrano Suñer, comenzó una política sistemática de concesión de pasaportes y visados para permitir la huida de los perseguidos. Además, todos los comentaristas e historiadores subrayan que nunca fue devuelto a las autoridades alemanas ningún judío de los que conseguían entrar en España incluso clandestinamente.”
 
Lo cierto es que, salvo muy contadas excepciones, el pueblo judío ha sabido reconocer estos hechos. Merece destacarse el testimonio del rabino Chaim Lipschitz, del seminario hebreo Torah Vodaath and Mesivta, de Brooklyn, publicado en la revista Newsweek en febrero de 1970:
“Tengo pruebas de que el jefe del Estado español, Francisco Franco, salvó a más de sesenta mil judíos durante la II Guerra Mundial. Ya va a ser hora de que alguien dé las gracias a Franco por ello”.

En el libro “La banalidad del bien”, de Enrico Deaglio. (Editorial Feltrinelli. Milán. y publicada en España por Herder), en uno de sus párrafos, dice:
“Si bien el papel de la España franquista en las operaciones de salvamento de los judíos europeos ha sido silenciado casi del todo, fue decididamente superior al de las democracias antihitlerianas. Las cifras varían entre 30.000 y 60.000 judíos liberados del holocausto.”
 
El filósofo e historiador alemán Patrik von zur Mühlen en su libro Huída a través de España y Portugal. (J.H.W. Dieta Nachf. Bonn), afirma que:
“España hizo posible que más de 50.000 disidentes y judíos escaparan de los nazis.”
En The American Sephardi, con motivo del aniversario del fallecimiento de Franco, publicó el siguiente artículo:
“El Generalísimo Francisco Franco, Jefe del Estado español, falleció el 20 de noviembre de 1975. Al margen de cómo le juzgará la Historia, lo que sí es seguro que en la historia judía ocupará un puesto especial. En contraste con Inglaterra, que cerró las fronteras de Palestina a los judíos que huían del nazismo y la destrucción, y en contraste con la democrática Suiza que devolvió al terror nazi a los judíos que llegaron llamando a sus puertas buscando ayuda, España abrió su frontera con la Francia ocupada, admitiendo a todos los refugiados, sin distinción de religión o raza. El profesor Haim Avni, de la Universidad Hebrea, que ha dedicado años a estudiar el tema, ha llegado a la conclusión de que se lograron salvar un total de por lo menos 40.000 judíos, vidas que se salvaron de ir a las cámaras de gas alemanas, bien directamente a través de intervenciones españolas de sus representantes diplomáticos, o gracias a haber abierto España sus fronteras”.

Como señala el historiador Eduardo Palomar Baró -de cuyo completísimo estudio sobre el particular he obtenido parte de la información que aquí se recoge- , desde el rey Nimrod hasta nuestros días, a través de cinco milenios, según las leyendas hebreas, quedan escritos los nombres de los tiranos y de los enemigos de Israel en el Libro de la Muerte. Y el de sus protectores y amigos en el de la Vida. Pues bien, Francisco Franco tiene su nombre en el Libro de la Vida. Y con letras de oro. En las sinagogas de EE.UU. todos los 20 de noviembre se pronuncia un responso o “kadish” en memoria del hombre que libró a tantos hebreos del holocausto.
Los judíos honran y bendicen el recuerdo de este gran benefactor del pueblo hebreo… que ni buscó ni obtuvo ningún beneficio de lo que hizo.
Pero muchos españoles, siguen sin enterarse…

LFU

Documento sobre la “inhibición” del Gobierno de España ante la Shoa: “Habiendose tenido noticia de que contra promesas formales reiteradamente hechas por Gobierno húngaro, éste desconoce validez pasaportes españoles y algunos países hispanoamericanos a sefarditas, he ordenado a Legación España dicha ciudad presente la más enérgica reclamación pidiendo inmediatas y amplias satisfacciones conviniendo lo comunique así a los interesados. Gobierno está decidido a hacer respetar por todos los medios sus derechos a este respecto de suerte que protección pueda ser efectiva.. ” LEQUERICA
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2 comentarios en “Un libro desvela la persecución a los judíos alemanes en Ibiza – Cristina Martín

  1. El libro de José Miguel Romero que coementa Cristina Martí da una impresión bastante equivocada, que enmiendan los artículos siguientes. Hablar de la “presecución judía” de la “España franquista” es un equívoco calumnioso. Ni Franco ni el g´franquismo persiguieron a los judíos, sino que permitieron la salvación de muchos de ellos con ayuda de las embajadas de España en Alemania y países cercanos a ella. Donde sí hubo antisemitismo fue (solamente) en las Baleares, como se especifica y ejemplifica en el artículo. Tengo en la memoria los chsimes de gente balear que hablaban de “los chuetas” identificados (según decían) por la forma de su nariz. Se pueden sacar a relucir muchas características del franquismo y yo fue uno de los que emigraron en 1959, porque el autoritarismo franquista (aun cuando no fui víctima de él) no me caía bien. Una permanencia de un año escaso en la Alemania de la postguerra me hizo renunciar a mi residencia en España. Y de Alemania fui a vivir a Suecia, de la que soy súbdito. Pero se están achacando a la dictadura de Franco demasiadas cosas injustas, con motivo de esa que yo denomino “memoria histérica” (en absoluto histórica) que se sacó Zapatero (al que yo denomino “deSastre”) de la manga. Yo representaba incluso a la Federación Nórdica del PSOE cuando acudí como representante al congreso que eligió a Zapatero como secretario general. A mi no me convenció su imagen ética ( en la conversación previa que habíamos tenido con él) y no voté a su candidatura. Curiosamente Rosa Díez (hoy también devaluada por el partido vasco que llegó a fundar) era socialista e incluso candidata a la secretaría general. Yo voté a Rosa Díaz, porqué me cayó mejor y además consideraba que había que apoyar la representación femenina en la política. Hoy día el feminismo está dando la vuelta a la tortilla por todaspartes. Del patriarcado estamos pasadno al matriarcado. Hay mucho que reivindicar sin prejuicios en la historia reciente de España. Reconociendo los errores y los aspectos positivos, tanto de la República como del franquismo. Dos países europeos (amigablemente relacionados con Hitler) se mantuvieron neutrales. Esos dospaíses son mis dos patrias: España y Suecia. Franco “se hizo el sueco” diciéndole a Hitler en Hendaya que no estábamos para más guerras. La contabilidad histórica cuenta, como la monetaria y bancaria, con sus más y sus menos. Y al que se empeña en no ver más que lo bueno o lo malo yo le diría que “Arrojar la cara impirta, que el espejo no hay por qué”.

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  2. Estoy de acuerdo con José L. Ramírez, En España hay muchos historiadores de bolsillo, que tienen que comer y escriben lo que les pidan a cambió de dinero, sobran muchos estómagos agradecidos en España, todo lo escrito en este documento no me creo nada, son todo falacias de estómagos agradecidos, como el franquismo perseguía en Ibiza a los judíos mientras Mallorca estaba llena de sefardíes persona de Ibiza, otra cosa que aún no tengo clara aun en 1935 ¿Existía ya el Diario de Ibiza? ( conste que no tengo nada contra el Diario de Ibiza o cualquier cosa de Ibiza, yo soy Eivvisenc con todo mi corazón, no soy nativo pero la amo tanto como cualquier persona de Ibiza y atacare con toda mi fuerza al que mal hable de Ibiza o de los Ibicencos )
    como tenia que estar salvando judíos en toda Europa y en España perseguirlos, en que cabeza cabe eso,
    Vicente Bisbal

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