Los Reyes Magos durante II República y las disculpas de Unamuno – Pedro de Tena

Ortega y Gasset, que es dudoso fuera niño alguna vez, sólo vio en los Reyes Magos la señal de que la Historia se trasladaba de Oriente a Occidente como la estrella de Belén. Mucho decir. Miguel de Unamuno, mucho más humano, tal vez demasiado, pidió perdón a los niños de España a los que los mayores enseñaban a jugar a la Guerra Civil. Lo hizo en una patética alocución en Salamanca que le había encargado nada menos que el por entonces presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora. Visto lo de las “reinas magas” de este Madrid enloquecido por la ignorancia y el sectarismo de sus munícipes, qué gran lección la de una República que encargaba discursos para los niños el día de los Reyes Magos.
Desde luego, aquellos niños de la España de 1935 no tuvieron tanta suerte como el personaje de Benito Pérez Galdós en su España trágica,al que los Reyes Magos le trajeron una novia:
“6, día de los Santos Reyes.- ¡Oh, qué visión divina me trajeron los Magos de Oriente!… Pasó el tiempo en que mi buena madre dejaba en el balcón mi zapato para que Gaspar, Melchor y el negro Baltasar me pusieran en él soldados o cañoncitos, que colmaban mis inocentes ambiciones. Anoche, sin aventurar zapato ni chinela, los Reyes fueron para mí más que nunca propicios y dadivosos, porque apenas abrí hoy la ventana por donde suelo contemplar la huerta de esta casa y la de la casa medianera, separadas por vieja tapia, vi una figura, imagen, persona, que al pronto me pareció ángel, después mujer. Verla y pensar que había encontrado mi novia definitiva…”
No. La alocución de Miguel de Unamuno a los niños españoles con motivo de los Reyes Mágicos fue profética. Faltaba sólo un año y medio para el estallido de la guerra fratricida y Unamuno escribió y así se recoge en sus obras completas (tomo VII, edición de Afrodisio Aguado, 1958):
“Hoy, el día en que se celebra en el mundo cristianola Adoración del Niño Dios por los santos Magos —llamados después Reyes— Melchor, Gaspar y Baltasar—fiesta que viene de abuelos a abuelos y de nietos a nietos hace siglos—, venimos vuestros mayores —padres, tíos y abuelos— a regalaros juguetes de toda clase —menos pistolas— para que aprendáis a jugar en paz en la vida, a jugar en paz la vida. Y, sobre todo, venimos a que nos perdonéis. A que nos perdonéis muchos pecados contra vosotros y, sobre todo, el de que no siempre os dejemos jugar en paz…con este agasajo, con esta fiesta queremos ganar, más que vuestro agradecimiento, vuestro perdón. Perdón, niños de España para vuestros mayores.”
Pero, ¿por qué pedir perdón a los niños de España? Porque Miguel de Unamuno ya presentía que España se encaminaba hacia una guerra civil, expresión que no temió utilizar en su alocución. La pronunció, y escribió, dos veces. La primera fue ésta:
“Son muchos los padres que os mandan a la escuela para que no deis —dicen— guerra en casa, para que los dejéis en paz. ¿En paz? La guerra que dais jugando en casa ¡sí que es paz! La guerra condenada, la del demonio, es la que solemos daros nosotros, los mayores. Hay quien se queja de que vosotros, los niños de verdad —no esos chiquillos mal educados que juegan a la guerra civil—, ocupáis y tapáis la calle con vuestros juegos…Mejor es que nos echéis de la calle…Y sois vosotros los que tenéis que enseñarnos a jugar. A jugar sin preocuparnos de ganar o perder el juego, sino a jugar bien. Bien y en paz.”
Inmediatamente después Unamuno desgranaba su premonición con claridad meridiana:
“Os hemos dado mal ejemplo, muy mal ejemplo, y estamos avergonzados de ello. No sé si también arrepentidos. Nos figuramos que nuestros juegos son más serios que los vuestros porque en los nuestros se matan los jugadores. Hay muchos de nosotros que quieren enseñaros nuestro juegos. ¡ Decidles que no !…Decidles que las escuelas de España deben ser las verdaderas Casas del Pueblo, y que no queréis que entren en ellas nuestros malditos juegos de guerra civil.”
Unamuno, disfrazado de niño, contestó a los padres de aquella España enfrentada:
“Si queréis que juguemos, que soseguemos vuestro remordimiento, renunciad a vuestros juegos de muerte. Y a vuestros juguetes de destrucción. Y no nos enseñéis a amenazarnos unos a otros. Enseñadnos a vivir en paz de trabajo en casa y en la plaza pública. Que España sea una casa de familia. Y entonces os perdonaremos.”
Poco antes, el 5 de enero de 1931, meses antes de la proclamación de la República. Unamuno escribió estos versos con una ligera brisa de la generación del 27:
Melchor, Gaspar, Baltasar;
tres magos, Baltasar negro;
noche negra, van los magos;
y el negro mirando al cielo;
de las estrellas se ríe,
y la blanca luna, espejo,
se le ríe, se le ríe,
y el Niño al ver mago negro
se echa a reír y su risa
mece al pesebre del cielo…
No fue la única vez que Unamuno habló de los Reyes Magos, a los que no concedía dignidad real sino potencia mágica.
“El 6 de enero, día de Reyes. Pero en rigor no es así, sino día de Magos. La Iglesia Católica Romana celebra la festividad de la Epifanía, de la aparición o mostración del Niño Jesús, aún no Rey —no lofue hasta su muerte en cruz—, a los magos. Magos y no reyes les llama el Evangelio. Los magos no eran, por ello sólo, reyes. Mas, ¿ por qué la leyenda, latradición popular ha hecho de los tres magos de Oriente tres reyes, y el uno negro? Porque el mago, sacerdote, era un rey de la palabra, pues con ella regía a los hombres y hasta a las cosas.”
Unamuno se atrevió entonces a trazar una relación metafórica entre magia y República puesto que los políticos de 1931 se presentaban como magos capaces de hacer prodigios en la sociedad. Tras glosar la gran importancia de la magia en la vida y en los discursos, se preguntó:
“¿Y ahora? Todo sigue igual; la leyenda se anuda. La República aparece tan mágica como la realeza. Y hay quienes de ella aguardan aguinaldos. ¿ Qué les echará en los zapatitos nuevos?” De hecho, consideró que su vez, que a los elementos mágicos de la monarquía sucedían “la magia, el conjuro, la hechicería y fetichismo republicanos”.
Por ello a ver si toma nota el gobierno podemita de Madrid y otros igual de sectarios,
la festividad tradicional del día de magos, de la Epifanía de la palabra redentora, resulta, por tanto, tan republicana como monárquica. Es la festividad del poder mágico, milagroso, de la palabra, de la aparición del verbo. Y si no, no hay sino observar el poderío mágico, hechiceril, que muchos atribuyen al nombre de República, nombre de ensalmo y encantamiento, y todo el fetichismo que de esta atribución mística y mítica deriva.”.
Y entonces pide un regalo o aguinaldo a los Reyes Magos:
“Uno quisiera que ese poder mágico, de conjuro, ensalmo y encantamiento, de hechicería patria, se atribuyese, no al nombre de monarquía o de rey, ni al de república, que son comunes, sinoal santo nombre de España, que es propio. Porque ha habido yaún hay muchos reyes y muchas repúblicas ; pero no ha habido ni hay más que una sola España.”
Lo escribió y lo firmó con el título Día de magos ; día de reyes, en el periódico madrileño El Sol, el 6 de enero de 1932.
Unamuno recuerda, en otra parte, que al Camino de Santiago se le llamó a la Vía Láctea, nebulosa de estrellas que guiaba a los peregrinos al término de sus anhelos, como a los magos su estrella. Buen recuerdo, sí, y más hacia Occidente, como quería Ortega.Un personaje de Borges, nada menos que su abuela paterna, Frances Anne Haslam, pedía perdón a sus hijos por morir tan despacio.

La España de la Guerra Civil, que aún juega al enfrentamiento en la cabeza y el corazón de demasiados ciudadanos, debe pedir perdón, como Unamuno, a los españoles del siglo XXI por resistirse a que su Historia descanse de una vez en el pasado. A ver si este año los Reyes Magos nos traen, por fin, la España del futuro, libre, limpiamente democrática y reconciliada. Por pedir que no quede.

Origen: Pedro de Tena – Los Reyes Magos durante II República y las disculpas de Unamuno – Libertad Digital – Cultura

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