Albiac en París – Mario Noya

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Alá en París (Confluencias, Colección L’Hexagone, 2015) es Gabriel Albiac en la “ciudad sabia”, la “capital de los hombres libres”, por eso “la imperdonable” para quienes quieren convertirla en Raqa: los asesinos deCharlie Hebdo y el Hypercacher; del estadio de Saint Denis, la Belle Équipe, la Petit Cambodge, Le Carillon y Casa Nostra. De Bataclan.

Alá en París es una crónica desde la Ciudad Luz convertida en teatro de guerra. Guerra, guerra, constata, proclama, urge el filósofo ácrata, hijo de aquel 68 magnificado, contestatario. Inerme. El que quiera seguir haciendo el amor, que se sume a esta larga guerra: “¿Hay algo más letal que iniciar una guerra? Sí: no acabarla”. El pacifismo, en esta tesitura, es una afrenta: “Los discursos pacifistas son hoy los cómplices estúpidos de la teocracia”. Y esta parrafada solecista de Manuela Carmena:

Para evitar este terrorismo y cualquiera es fundamental trabajar muchísimo en lo que siempre se debe trabajar, para la paz, y es en el diálogo y en buscar alternativas para hacer posible que haya una empatía, para intentar ver en el otro a un ser humano, y hacer lo imposible para lo que yo llamo la educación para la paz,

una prueba de demencia si es que se quiere descargar de responsabilidad a la alcaldesa que avergüenza. Pero ni aun así tendrían disculpa los descalificables que la encumbraron:

¿Estamos todos locos? ¿Tanto como para haber tolerado que una inteligencia en ese estado pueda manejar la compleja maquinaria del ayuntamiento madrileño? No conozco un país de Europa en el que un partido socialista pudiera tener la ocurrencia de poner al frente de la capital de su nación a alguien que coloca en el mismo plano al ejército de la República Francesa y a los bárbaros matarifes del Estado Islámico. Es lo que ha hecho –y sigue haciendo– en Madrid el PSOE.

Los bárbaros matarifes del Estado Islámico enarbolan la bandera de su califato, han enquistado una Contrarrepública en la República Francesa y pretenden degenerar la democracia en teocracia. Alahu Akbar, Alá en París como en Raqa. “No sois vosotros quienes los habéis matado; es Dios quien los ha matado”, podrían esgrimir citando el Corán (VIII, 17), según se advierte en el atrio de este testimonio atribulado en el que se afirma que “el islam no es homologable a los otros dos monoteísmos que con él coexisten malamente”, que “es un anacronismo que no tiene cura”, pero se da voz a quienes andan materializando el imposible:

Ante la Gran Mezquita de París (…) converso con uno de esos musulmanes cultos que ven en la integración total dentro del sistema de libertades de la República el único horizonte del islam francés. M. S. ha controlado, hace un momento, con dificultad su malestar cuando alguien le preguntó por los asesinatos de la semana pasada en Bataclan. “¿Qué quiere usted que le diga? Nuestros hijos, los jóvenes musulmanes, estaban en ese concierto, igual que otros chavales de su edad. Matan a nuestros hijos. Exactamente igual que matan a los hijos de los judíos o de los cristianos. Son enfermos mentales… No han aprendido más que a matar”.

M. S. nació lejos de aquí, pero hace muchos años que su nacionalidad es francesa. Y cuando dice “nosotros”, añade siempre “los franceses”, para que no exista equívoco. Los “otros” son esos a los cuales no se refiere casi nunca por su nombre de salafistas o yihadistas, sino como “los bárbaros”. Es también, en efecto, la expresión más usada por el rector de esta Gran Mezquita para referirse a los hijos descarriados de su comunidad: los bárbaros. “Somos todos nosotros, los musulmanes de Francia, las víctimas de esa barbarie de gentes que se dicen musulmanas pero que deberían ser llamadas bárbaros”, declaraba Dalil Boubakeur al periódico católico La Croix, inmediatamente después de los atentados.

La Guerra del Islam es pues también o sobre todo la Guerra en el Islam, la Guerra por el Islam, viene a decirnos el desconocido M. S.; como la célebre AHA, Ayaan Hirsi Ali, de vocación Hereje, a quien también acaba de publicar un librito notable la misma editorial Confluencias.

***

Albiac en París ha escrito este puñado de crónicas poderosas, cerebrales, impregnadas de emociones contrapuestas. Por eso

No, no lloréis por París. Llorad más bien por vosotros,

pero

No, no recéis por París. (…) Contra el empalagoso Pray for Paris, tan parecido a una súplica, se ha abierto el acerado Même pas peur, “Ni miedo siquiera”. (…) La respuesta no puede ser una plegaria; eso equivale a rendirse (…) La respuesta es un grito de combate: habéis asesinado a 130 de nosotros; y ni siquiera nos habéis dado miedo. En carteles, en pintadas, en octavillas o escaparates, el grito de los parisinos no llama a la piedad. Y eso es ya una proclama de victoria: …Ni miedo siquiera… Habéis impuesto muerte. Miedo, no. Somos igual que siempre.

N. de la R.: pinche aquí para escuchar el audio de la entrevista que hizo Mario Noya a Gabriel Albiac para el LD Libros de esta semana.

Origen: Mario Noya – Albiac en París – Libertad Digital – Cultura

Un comentario en “Albiac en París – Mario Noya

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