Julián Besteiro “El santo laico” – La tercera España


Un hombre de paz y concordia en medio de un país dividido y enfrentado. Un humanista que entendía la política como un servicio permanente al pueblo al que no dudó en acompañar hasta dar la vida por él. Un hombre honesto, incorruptible que supo anteponer, rodeado de fanáticos y totalitarios, la dignidad humana a su propia ideología. Incomprendido por los suyos, injustamente tratado por sus enemigos, Julián Besteiro es sin duda un digno representante de La tercera España.
Nacido en Madrid en 1870 fue educado en la Institución Libre de Enseñanza donde coincidió con Fernando de los Ríos y los hermanos Machado. Esta formación krausista marcará su trayectoria vital, política e intelectual. Tras sus contactos con el Partido Radical de Alejandro Lerroux, muy joven ingresa en la Agrupación Socialista Madrileña y en la UGT, atraído por la moralidad y la honradez que representaban para él las ideas socialistas. En 1917 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid y en 1918 obtuvo un escaño de diputado a las Cortes por Madrid.
Alineado desde un principio en el sector más moderado del Partido Socialista sufrirá los ataques de los doctrinarios de su propio partido que sólo hablaban de revolución y violencia. No le perdonaron nunca su actitud colaboracionista con las políticas regeneracionistas de Miguel Primo de Rivera ni su oposición a la violenta revolución de Asturias en 1934, apoyada por el mayoritario sector largocaballerista del PSOE, que supuso de hecho el primer golpe de estado contra la Segunda República. Tampoco se entendió su oposición a la afiliación del PSOE a la Komitern. Hay que recordar que años antes Fernando de los Ríos visitó la incipiente Unión Soviética y tras ver la tiranía a la que los comunista tenían sometido al pueblo ruso elaboró un informe a la Ejecutiva socialista que fue ignorado.

Con la llegada de la República fue elegido unánimemente presidente de la Cortes Constituyentes. Durante su mandato fueron los socialistas los más críticos con su labor. Cada vez más alejados de su talante moderado y democrático, creían ver en él un decisivo enemigo de sus fines revolucionarios. Sufrió severas críticas en el XIII Congreso del PSOE, celebrado en 1932, por haber detenido la huelga de diciembre de 1930. Exaltados miembros de las juventudes socialistas apedrearon su casa por su oposición al proceso revolucionario de octubre de 1934.
Su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, “Marxismo y antimarxismo”, fue duramente criticado por el Luis Araquistáin en la revista revolucionaria Leviatán. Y es que Julian Besteiro, catedrádico de Lógica por la Universidad Central de Madrid, era un teórico del marxismo más clásico que creía necesario agotar la fase burguesa de la historia para alcanzar el socialismo y era opuesto a toda aventura revolucionaria y violenta.

A pesar de la oposición de amplios sectores del radical Partido Socialista, en las elecciones generales de febrero de 1936 fue el candidato más votado por esos madrileños a los que no abandonará en los momentos más difíciles de la guerra. Tuvo múltiples posibilidades de abandonar la capital como hicieron otros altos dirigentes del Frente Popular, pero él se mantuvo siempre con el pueblo de Madrid:
“No desempeño ninguna función cuyo ejercicio requiera precisamente mi ausencia de Madrid, y en cambio, por haber venido representando como diputado a este pueblo sin interrupción en todas las legislaturas desde el año 1918, me considero tan ligado moralmente a mis electores que creo es mi deber acompañarles en las circunstancias difíciles en que actualmente se encuentran y las que les esperan verosímilmente”.
“Si el pueblo de Madrid me ha asistido tan constantemente con su confianza, no s mucho que yo le asista también en estos momentos tan difíciles. Madrid ha sufrido y sufre mucho y está demostrando todos los días poseer un espíritu ejemplar. Si yo saliese hoy de aquí, y más para ocupar un cargo tan honroso, pero con una tan lejana residencia, ese acto mío no podría menos de producir un efecto poco confortador”
Su presencia en Madrid será determinante. Trabajó con empeño por el cese de las hostilidades. Famosas se harían sus emotivas locuciones radiofónicas al pueblo de Madrid desde los sótanos del Ministerio de Hacienda. Incluso llegó a protagonizar una fallida misión de paz propiciada por el entonces presidente de la República Manuel Azaña, con intermediación inglesa. Con el gobierno de Juan Negrín hablar de negociación era alta traición. Su anticomunismo se acrecentó con las servidumbres soviéticas de Negrín. También Indalecio Prieto en una reunión del Comité Nacional del PSOE de 1938 acusó a Negrín de estar bajo las órdenes de Moscú. Bestiero se sabía definitivamente desplazado de la deriva totalitaria en la que estaban cayendo la dirección socialista. En un artículo publicado en El Socialista Besteiro justifica su alejamiento de los que habían sido sus compañeros de partido:
“No puedo hablar porque no me consentirían decir lo que siento y pienso, a saber: que los españoles nos estamos asesinando de una manera estúpida, por unos motivos todavía más estúpidos y criminales”.

La continuación de una guerra sólo traería más sufrimiento al pueblo de Madrid y el vencedor de la lucha fratricida nunca sería la democracia, de ahí que Besteiro intensificase los contactos con la Quinta Columna de Falange con vistas a un final negociado de la contienda. El profesor Antonio Luna García lo pone en contacto con el coronel Casado quien días después daría el golpe de Estado contra el dominio comunista que propiciaría el armisticio. Llevado por su cada vez mayor anticominismo, pero firme en sus convicciones socialistas moderadas, Besteiro llega a confiar en la generosidad del Bando Nacional en el proceso de reconstrucción nacional
“La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas: por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos. La política internacional rusa, en manos de Stalin y tal vez como reacción contra un estado de fracaso interior, se ha convertido en un crimen monstruoso que supera en mucho las más macabras concepciones de Dostoievski y de Tolstoi. La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique la representan genuinamente, sean los que quieran sus defectos, los nacionalistas que se han batido en la gran cruzada anticomintern”
“No es, pues, fascista el ciudadano de la República, con su rica experiencia trágica. Pero tampoco lo es, en modo alguno, bolchevique. Quizá es más antibolchevique que antifascista, porque el bolchevismo lo ha sufrido en sus entrañas y el fascismo, no ¿Cómo este interesante estado de ánimo y esta rica experiencia puede contribuir a la edificación de las España de mañana? He ahí el gran problema. Porque pensar en que media España pueda destruir a la otra media sería una nueva locura que acabaría con toda posibilidad de afirmación de nuestra personalidad nacional; peligro que hemos corrido y del cual hemos escapado, al parecer, poco menos de milagro. Para construir la personalidad española de mañana, la España Nacional, vencedora, habrá de contar con la experiencia de los que han sufrido los errores de la República bolchevizada, o se expone a perderse por caminos extraviados que no conducen más que al fracaso. La masa republicana útil no puede pedir, sin indignificarse, una participación en el botín. Pero sí puede y debe pedir un puesto en el frente de trabajo constructivo”.

Bellas, pero ingenuas palabras. La España vencedora no iba a ser la de todos. El mismo José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, ya había advertido desde su prisión de Alicante de la catadura moral y política de los militares sublevados, “generales de desoladora mediocridad política. Puros tópicos elementales (orden, pacificación de los espíritus…). Si gana este gobierno y resulta que no es más que reacción, volveré a estar probablemente aquí, o en otra cárcel, dentro de pocos meses ”. Justo eso fue lo que le ocurrió a Besteiro. En uno más de sus innumerables actos de crueldad, Franco hizo oídos sordos a los que le reclamaron clemencia para un hombre que supo anteponer la ética a la política, la Nación al Partido y el pueblo a los intereses personales. El profesor Antonio Luna expresó en privado sju disgusto, pues Franco, después de prometer “vida y libertad” a aquellos que ayudaran a evitar una masacre, “me los fusilaba a todos”.
Según el historiador Paul Preston en el consejo de guerra se vivieron episodios singulares. “El fiscal, teniente coronel Felipe Acedo Colunga, reconoció que Besteiro era un hombre honesto , inocente de cualquier crimen de sangre, pero aún así pidió para él la pena de muerte. El largo discurso de Acedo dejaba claro que el crimen de Besteiro había sido hacer del socialismo una doctrina aceptable por presentar una versión moderada de él”. Un socialismo moderado y nacional. No era otra la apuesta política que muchos falangistas auténticos defraudados con la situación política (Dionisio Ridruejo, Cantarero del Castillo, Fernández Figueroa, Leopoldo Anzacot…) ofrecerán en sucesivas décadas a un régimen que a tantos ilusionó y que a tan pocos contentó. La tercera España trasversal quedó de nuevo inédita y aplazada.
Jerarcas del Régimen como Ramón Serrano Súñer llegaron a reconocer que “dejarle morir en prisión fue por nuestra parte un acto torpe y desconsiderado”. Finalmente, tras oír su “pliego de descargo”, se le condenó a cadena perpetua conmutada después a treinta años de reclusión menor. El expediente de Besteiro fue considerado personalmente por Franco. Más digna hubiera sido la pena de muerte, ya que a sus sesenta y nueve años, Besteiro ingresó en la prisión de Carmona donde recibió un trato vejatorio. Con una salud muy quebradiza, sin apenas atención médica , fue obligado a realizar duros trabajos físicos, como fregar suelos y limpiar letrinas. Murió el 27 de septiembre de 1940. Ya en el exilio, Indalecio Prieto, que lo calificó de “santo laico”, reconocería que “ningún socialista fue tan ferozmente combatido como él por sus propios compañeros”. Hoy en el PSOE de la Memoria Histórica pocos lo recuerdan. Nosotros sí.

Origen: La Tercera España: Julián Besteiro “El santo laico”

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