(Sin prejuicios) La ausencia de una derecha liberal – Joan Font Rosello

 

 

LO QUE LOS liberales nunca podremos perdonar al PP es que haya arruinado en España las ideas liberales para una larga temporada. Ningún partido ha hecho tanto para eliminar el pensamiento liberal del debate público como aquél que en teoría debía su existencia precisamente a impulsar unos principios, unos valores y unos postulados que, conviene recordar, son los que más riqueza y prosperidad han creado en el mundo entero y que se defienden a diario y sin cortapisas en cualquier democracia civilizada del mundo occidental. Salvo en España. Si en algo ha sido y sigue siendo experto el PP es en las rendiciones ideológicas. No es que Aznar gobernara como un liberal pero al menos tenía un discurso que se parecía al canon de lo que entendemos por liberalismo: mayor preponderancia de la sociedad frente a un Estado limitado, regeneración de las instituciones para que puedan jugar este limitado pero importante papel, una apuesta firme por una economía próspera, abierta y realmente competitiva, defensa de las libertades individuales frente a los inexistentes derechos colectivos y, finalmente, la apuesta por reducir el tamaño del Estado que ya se lleva más del 50% de nuestros impuestos.

Un Estado elefantiásico que es a la vez demasiado fuerte (como lo atestigua el creciente peso del Estado en el PIB) pero, al mismo tiempo, demasiado débil, un Leviatán al que se le exige hacer demasiadas cosas, hacerlas además muy caras (sanidad) y encima de mala calidad (educación). Un Estado al que se le reclama que se dedique a cada vez más cosas (nuestros parlamentos no dejan de legislar y los gobiernos no dejan de asumir nuevas responsabilidades), al que se le obliga poco menos que a garantizar nuestra felicidad individual y colectiva sin que le importe a nadie que todas estas nuevas obligaciones deben pagarse de algún modo aunque todo el mundo, a la hora de la verdad, pretenda escaquearse de sus costes. Como afirmó el gran liberal Bastiat en una máxima que se ha hecho célebre, “el Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza por vivir a costa de todo el mundo”.

Naturalmente, en medio de este clima de opinión dominado por las ideas estatistas, colectivistas y socialdemócratas, los liberales poco tenemos que hacer salvo quedar como unos desalmados sin corazón. Sin embargo, tenemos un punto a favor. Engordar el Estado indefinidamente a costa de exacciones fiscales cada vez más brutales para los contribuyentes no puede alargarse eternamente porque es sencillamente insostenible. Asimismo, sabemos que a medio plazo todas estas ideas de corte socialista y estatista que denuestan la responsabilidad individual sólo crean pobreza para todos y que tarde o temprano colapsan.

Y sin embargo, a pesar de la razón histórica, económica y moral del liberalismo, quienes deberían luchar por estas ideas básicas las han abandonado no sólo en el plano de la praxis cuando han gobernado sino incluso en el plano de los discursos. Oír a Mateo Isern, Marga Prohens, Miquel Vidal y no digamos aSebastià Sagreras es llorar. De hecho, la única diferencia ideológica entre los autollamados “regeneradores” del PP y el ahora apestado José Ramón Bauzá es renunciar a las escasas prácticas liberales que apenas se atrevió a poner en marcha el ex presidente por la presión social y la falta de convicciones dentro de su propio partido. Al menos Bauzá hablaba como un liberal, aunque sus políticas terminaran siendo socialdemócratas y llevaran estampado el sello de la rendición. La gran novedad de estos «regeneradores» es su voluntad de eliminar ¡del discurso del PP balear! cualquier referencia al liberalismo, de ahí que ahora mismo sea un partido sin apenas perfil ideológico propio. A estos «regeneradores» -antes llamados «regionalistas», otro falso epíteto que refleja su cobardía- sólo les interesa la ocupación física del poder, no la defensa de unos principios con los que están de acuerdo sus bases y la mayoría de sus votantes y, ¡ojo!, la inmensa mayoría de quienes han dejado de votarles.

Al igual que Mariano Rajoy, nuestros “regeneradores” de Baleares están avergonzados de los recortes necesarios que realizó Bauzá como si la salida de la Gran Recesión que estamos experimentando en Baleares no se deba a los sacrificios realizados. A Bauzá ahora se le odia no por lo que hizo mal sino por lo que bien. El PP, al no articular un discurso coherente basado en la necesidad de los recortes, renunció a lo mejor de su programa: el éxito de evitar el rescate del país (no de los bancos, ¡del país!) y devolver a España (y a Baleares) al camino del crecimiento. Esta renuncia a defender sus políticas -lo de Núria Riera con el TIL no tiene nombre- y a denunciar de paso el despilfarro del anterior Pacte de Progrés y, ¿por qué no?, el de Matas y Estarás, sólo se debe a una razón: nunca han creído en los ajustes, se avergüenzan de los recortes que sólo conciben en sus lindas cabecitas como el último recurso, irremediable, para que el país no entre en bancarrota. En definitiva, el PP ha asumido el triste papel de mecánico que repara cada cuatro años los derroches de la izquierda. Y encima, lo hace con la boca pequeña y pidiendo perdón. Lo que en el fondo querrían estos “regeneradores” es volver a gastar a tente crío. Por eso el PP de Vidal no quiere hablar de ajustes en sanidad y educación. Han desterrado la palabra “recortes”, incluso los niega contra toda evidencia.

Por asombroso que parezca en una autonomía que hace cuatro años estuvo al borde de la bancarrota y que ahora mismo soporta una mochila de 9.000 millones de deuda viva, no hay atisbo de debate liberal en Baleares. El gran éxito de Podemos reside precisamente en haber expulsado cualquier atisbo de idea liberal en la arena pública. El debate está en la izquierda, en cómo hay que exprimir al contribuyente para gastar más. El PP, sin bagaje ideológico de ningún tipo, asiste atónito al nuevo panorama sin apenas nada que aportar. El pressing de las ideas estatistas y socialistas es de tal calibre ahora mismo que la libertad individual y el mercado son percibidos como conceptos bajo sospecha y, en cualquier caso, rescatados sólo del fango por los miedosos dirigentes del PP en su condición de garantes del intocable Estado del Bienestar. Dicho de otro modo, Rajoy y sus émulos baleares ya no defienden la libertad y el mercado como fines que son buenos en sí mismos sino como un mal menor (el capitalismo es malo) que nos permite garantizar este gigantesco jardín de infancia llamado Estado del Bienestar.

El PP balear ha tirado por la borda una mayoría absoluta que debería haberle servido para cambiar -al menos, intentarlo- los cimientos morales y materiales de una autonomía necesitada de una auténtica regeneración democrática. El hoyo en el que está es el resultado inexorable de lo que ocurre cuando se renuncia a dar la batalla de las ideas. Y unas elecciones no se ganan con más clientelismo -los vínculos de un cliente son los más débiles de todos porque te abandona en cuanto deja de serlo- ni con más gasto, sólo se ganan si eres capaz de generar ilusión y esperanza en torno a un ideario coherente de reformas que permitan mejorar el país. Que tomen ejemplo de Podemos que ha conseguido lo que parecía imposible: revitalizar unas nefastas ideas que han fracasado por doquier y a las que hace apenas unos años Occidente daba ya por evacuadas en el basurero de la historia. Si Podemos ha podido obrar el milagro del bracito de unas pésimas ideas, ¿alguien me puede decir por qué el PP no puedo obrarlo del bracito de las ideas que han dado el mayor bienestar, prosperidad y libertad de toda la historia de la humanidad?

Joan Font Rosello

Origen: La ausencia de una derecha liberal | Baleares | EL MUNDO

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