..la estirpe que se defendio del asesinato marxista

Bien están los buenos pensamientos, pero resultan tan livianos como burbuja de jabón, si no los sigue el esfuerzo para concretarlos en acción.
Gaspar Melchor de Jovellanos

  

Era 20 de noviembre de 1936…
El 20 de noviembre de 1936, desde el dormitorio colectivo del Reformatorio de Adultos de Alicante, oí, junto con mis camaradas presos, la descarga que segó la vida de José Antonio.

Estábamos procesados por rebelión militar un grupo de camaradas de la Falange de Alicante, unos cincuenta y cinco creo, en un mismo sumario. No teníamos la menor duda sobre nuestra suerte. Toda esperanza había desaparecido cuando, en el mes de septiembre (anterior, cincuenta y dos camaradas de la Falange de la Vega Baja del Segura, que habían acudido el día del Alzamiento a Alicante para unirse a nosotros, y que con nosotros estaban presos desde entonces, habían sido fusilados en una sola y trágica madrugada. Traicionados por los mandos militares y por los jefes de la Guardia Civil de Alicante, todos los comprometidos habíamos sido detenidos sin dificultad, junto con unos pocos jefes y oficiales de las guarniciones de Alicante y Alcoy y el teniente Robles, de la Guardia de Asalto de la capital, todos ellos camaradas .y fieles a su compromiso de honor.

Ya hacía algunas semanas que casi todas las noches había sacas de presos que eran asesinados en la cuneta y en los descampados. Sacerdotes, militares, religiosos, y muchas personas que no habían tenido nada que ver con la sublevación, eran inmolados con toda frialdad y sin juicio alguno. Los aludidos militares de Alicante y Alcoy que habían sido traicionados por sus mandos ya habían, sido ejecutados. Y los propios guardias civiles que habían detenido a nuestros camaradas de Callosa en el Agua Amarga., víctimas de la traición de sus superiores, fueron arrojados al mar, maniatados.

No había ya esperanza, repito. Las descargas se oían desde nuestra cárcel muchas madrugadas. Se mataba frente a nosotros, al lado del cuartel de Benalúa, en el edificio de los jesuitas. Estas descargas las oíamos con verdadero estruendo por ser muy cercanas. A lo lejos adivinarnos también las de los pelotones de ejecución que actuaban en el cementerio alicantino. Los fusilamientos frente al cuartel los presentíamos con exactitud por el olor que desprendían las paradas de freír churros que se instalaban en las inmediaciones, poco antes de cada ejecución, para que pudieran desayunar los curiosos y los milicianos.

Pero la descarga del 20 de noviembre, poco antes de las siete de la mañana, sonó más lejana que las del cuartel pero mucho más cerca que las del cementerio. No cabía duda de que había sonado en la Prisión Provincial, en donde el Jefe de la Falange estaba condenado a muerte por el Tribunal Popular.

Al día siguiente mis hermanas pudieron comunicar conmigo. Me dijeron que a nuestro buen amigo, el médico forense don José Aznar Esteruelas, le habían mostrado el cadáver de José Antonio, cubierto con una sábana, y no le habían dejado descubrir el inerte y rígido cuerpo. Sólo le permitieron tomar su pulso bajo la tela que lo cubría. Don José había observado que el cadáver tenía una mano cerrada con unas medallas dentro del puño. Di la noticia en el interior de la prisión a mis camaradas. Todos pensamos, lógicamente, que José Antonio no era el muerto y que otro cuerpo ocupaba su lugar. ¿Nació ese, día la leyenda de “El Ausente”?

Nueve días después, el 29 de noviembre, y en represalia por un bombardeo, asesinaron. a cincuenta y dos camaradas, casi todos compañeros míos de proceso. De la Prisión Provincial en donde había muerto José Antonio no quedaron más que Miguel, Margot y un militar llamado Orcasitas. También mataron esa noche al policía que nos había detenido a casi todos. Yo aún no he comprendido cómo me libre. Quizá para dar testimonio.

Con tantos horrores, y a mis dieciocho años, quedó para siempre en mi mente aquella descarga que mató a José Antonio, aunque en un principio no creyera en su muerte. Sí, siempre he tenido clavada en mi frente aquella descarga. No se me olvida, no se me olvidó nunca ni se me olvidará. Y en los momentos más cruciales de mi vida la he vuelto a oír. La oía en el frente ruso cada vez que moría un camarada. Esta descarga, indeleblemente gravada, me ha hecho, a través de los tiempos, saber cuándo tenía que decir sí y cuándo tenía que decir no. Ella me ha dado ánimos siempre para no traicionar a José Antonio, ni a mis camaradas, ni a mi propia conciencia. ;Pobres camaradas, algunos de catorce y quince años, muertos por su fidelidad a José Antonio! Por ellos y por él he procurado siempre hacer, decir y pensar lo que ellos y él hubieran hecho, dicho y pensado si vivieran.

Por todo ello os tengo que dar las gracias a vosotros, jóvenes camaradas, que habéis sabido recoger la semilla en vuestros corazones. Este libro que quisisteis que ojeara, esta especie de Kempis que vais a publicar de forma increíble en esta época de desarrollos y disyuntivas, de coyunturas y acomodaciones, es la prueba de que José Antonio no murió, tal como aquella madrugada yo pensé; es la prueba de que a José Antonio también se le puede ser fiel hoy; de que a. .José Antonio, que para tantísimos no ha sido más que un medio de medrar, se le puede recordar algo más que una vez al año. Que se le puede llevar en el corazón por toda una eternidad.

(Ética y estilo falangistas)

  
Agantángelo SOLER LLORCA. Militante de Falange Española de las J. O. N. S Miembro del S. E. U. fundacional. Ex-combatiente de la División Azul.

Publicado 13 abril, 2011 | Por hispaniainfo

Un comentario en “..la estirpe que se defendio del asesinato marxista

  1. Cierto. No soy falangista porque es un movimiento socialista. Pero es cierto; los rojos asesinaros a dos falangistas en las primeras dos semanas de existencia de la Falange. Y la Falange surge entre persecuciones y matanzas de curas, monjas, feligreses y derechistas.
    No soy falangista pero tengo sumo respeto por la Falange.

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