La otra liberación de Otegi – Leyre Iglesias / El Mundo

 
El exdiputado general de Gipuzkoa, Martín Garitano, en la presentación del acto político convocado el día 5 de marzo en el velódromo de Anoeta, en el que intervendrá Otegui

Este martes sale de prisión, el mismo día en que ETA liberó en 1979 al director de Michelín al que el ‘hombre de paz’ secuestróAsí era ‘Armando guerra’. En el zulo, nos cuenta el hijo de la víctima, a su padre le hicieron jugar a la ruleta rusa.

LEYRE IGLESIAS @leyre_iglesias

29/02/2016 19:26

En medio de una inmensa nevada, en la madrugada del 1 de marzo, un hombre vestido con un gran buzo azul busca el camino hacia su casa. Con barba de varios días y andar cansado, camina dos kilómetros, se detiene frente a su puerta, saca sus llaves, abre y las deja caer en el cenicero metálico de la entrada. El ruido, ese ruido tan suyo, hace que su mujer dé un respingo y corra a abrazarle.

Es Luis Abaitua Palacios, director de la planta de Michelín en Vitoria. Ha estado 10 días secuestrado por Arnaldo Otegi Mondragón y otros siete terroristas de ETA político-militar (ETA pm). Lo han retenido en un húmedo agujero excavado en un monte. Han jugado con él a la ruleta rusa.Treinta y siete años después, es otro 1 de marzo (este martes) cuando aquel Otegi reconvertido en líder político saldrá de la cárcel de Logroño como “hombre de paz”. Y, dicen, como futuro candidato a lehendakari. Su secuestrado no verá esa liberación.

Luis Abaitua murió hace 24 años sin haberse recuperado nunca. Su hijo mayor, Joseba, dice de él que quedó “muy marcado”. Que se sintió “tan humillado” que “perdió su brillo, se apagó, se volvió más reservado”. “Lo que le afectó fueron las vejaciones que sufrió en el zulo. Eso le tocó profundamente. Se sintió profundamente humillado, convulsionado como persona”.En aquel invierno de 1979 Luis tiene 48 años. Con Mercedes, su mujer, cría a seis hijos. Nacido en Vitoria, es serio, metódico y trabajador, además de fumador empedernido. También “un tecnócrata”; apenas habla de política, aunque su familia es nacionalista y su padre, miembro de la Junta Municipal del PNV, fue fusilado por un batallón de requetés carlistas coaligados con Franco. Ha estudiado Ingeniería en Lausana (Suiza) y lleva 13 años en Michelín. Es la empresa en la que todo vitoriano quiere trabajar, la multinacional que, con 4.300 empleados, da de comer a una pequeña ciudad de provincias en los años de agitación política y laboral de la Transición.

El dictador ha muerto hace cuatro años, la Ley de Amnistía se ha promulgado, ha habido elecciones democráticas, pero las distintas ramas de ETA siguen cometiendo atentados. En enero la tensión se ha mascado en una huelga general: la empresa y los trabajadores no se ponen de acuerdo para renovar el convenio. El 5 de febrero en Lasarte (Guipúzcoa) un comando secuestra y pega un tiro en la rodilla a Georges Roucier, director general de Michelín. Por la casa de Luis en Vitoria pasan manifestaciones de trabajadores que gritan “¡Abaitua, cabrón, al paredón!”, recuerda su hijo. También han recibido dos llamadas telefónicas: “Díganle a su marido que como no dé a los obreros lo que piden, le vamos a matar”; “Denles lo que piden porque si no alguno de la familia va a morir”.

El 19 de febrero es lunes y Luis, que siempre es puntual, no llega a comer a casa. Le han visto saliendo de la fábrica, pero se ha esfumado. El martes, un pensionista encuentra en el camino que bordea una huerta su Seat 132 blanco con las cuatro puertas abiertas. ETA pm reivindica lo que ya es un secreto a voces: su secuestro. Exige a la dirección de Michelín que negocie las demandas de la plantilla. De otro modo, el rehén será “ejecutado”.Entre los raptores, según la sentencia judicial, está Arnaldo Otegi. A Joseba le informaron de que fue él quien “lo encañonó y le hizo subir al maletero”. En el juicio Luis lo reconoció como uno de sus captores. Los hechos judicialmente probados son estos: el grupo recibe la orden de la cúpula de ETA pm de secuestrar al ingeniero y pergeña el plan. Varios miembros del comando aparcan cerca de su casa y lo secuestran a punta de pistola a las dos menos cuarto de la tarde. Le obligan a meterse en su propio automóvil, le quitan el reloj y le tapan los ojos con algodones y gafas oscuras. Otegi y otro etarra conducen el Seat por varias calles de Vitoria, cambian de coche y finalmente lo llevan hasta un monte en las proximidades de Elgóibar, la localidad natal de Otegi en Guipúzcoa, donde tienen preparado un zulo excavado en la tierra cuya entrada está disimulada por arbustos y ramajes. Es una zona que Otegi se conoce palmo a palmo porque ha jugado allí de pequeño.En ese habitáculo de 2,50 metros de largo, 1,50 de ancho y 1,80 de alto permanece Luis 10 días. Es una pretendida “cárcel del pueblo” muy estrecha, donde apenas caben dos literas. Luis tiene que pasarse el día medio tumbado. Siempre hay dos personas con él, encapuchadas.

El guión está definido. Durante el día le tratan de forma “neutra”, incluso “amable”. Por las tardes se ponen “broncos”, cuenta Joseba. Llega el interrogatorio: le dicen que es “un explotador de la clase trabajadora”, le explican por qué merece su secuestro, le preguntan por cuestiones laborales de la empresa. Durante el secuestro los terroristas envían una cinta a varias radios. Se oye:-Si fuera a pedir trabajo un obrero despedido en el año 1972, ¿le daría usted trabajo?-Pues probablemente no.-¿No reconoce usted que ha habido un cambio político?-No sé qué tiene que ver con la política, pues los despedidos el año 72 no fueron despedidos por motivos políticos…Por las noches llega el juego de la ruleta rusa.”Mi padre me contó…””Era algo escabroso. Mi padre me contó que, para amedrentarle, no dudaban en representar escenas truculentas como el juego de la ruleta rusa. Le hacían coger una pistola y le obligaban a dispararse. (…) Temimos que lo mataran. Él también: cuando salió nos contó que pensaba que no iba a salir con vida”.

Luis Abaitua (48 años) durante su secuestro en febrero de 1979. El comando de Otegi le colocó una pancarta de ETA y envió la foto a los medios. En esos 10 días amenazaron con “ejecutarle”

En esos 10 días le dejan escribir dos cartas a su familia. “Sigo bien, no tienes por qué preocuparte”, le dice Luis a su mujer. “Vas a decir esto a los ejecutivos de Michelín: si Michelín negocia yo podré salir”.Mientras tanto, la familia hace lo que puede en medio de la angustia. Su mujer escribe a un periódico bilbaíno: “Luis, estoy segura de que mantendrás el equilibrio y el valor de siempre. Ten la seguridad [de] que ahora estamos más unidos a ti que nunca y [de] que nuestra fe es también más fuerte que nunca”. Con sólo 18 años, Joseba responde a los medios de comunicación que con insistencia llaman a casa. “La vida de mi padre está en peligro. No es este el momento ni para hablar ni para nada. Compréndalo usted, estamos todos muy preocupados”, le dice a un periodista de Efe. Al quinto día, Mercedes lamenta: “No podemos aguantar más. Que liberen de una vez a Luis”. Al octavo, el comando envía a varios periódicos cuatro fotos de Luis secuestrado, como la que ilustra este reportaje: retenido, con un cartel del hacha y la serpiente.La familia actúa. Joseba y su tío Jesús se ponen en contacto con la dirección de Michelín y con su comité de empresa. “Les pedimos que hicieran lo posible para dejar sin argumentos a ETA, para desactivar sus exigencias”. Al comité de empresa le ruegan que posponga sus demandas a “circunstancias normales” y no instrumentalice el secuestro. La empresa accede; el sindicalista de la CNT que lidera el comité no muestra “ninguna empatía” con ellos.

Con discrepancias internas, la representación de los trabajadores siempre se negó a condenar el secuestro de su director. Los sindicatos CCOO y UGT y un grupo de 300 empleados sí lo hacen de forma autónoma, aunque les cuesta días. Las fuerzas abertzales, Euskadiko Ezkerra (coalición vinculada a ETA pm) y Herri Batasuna (a ETA militar), no. “Todo lo que ayude a rechazar la postura cerrada de una patronal es, en principio, positivo”, dicen.La familia paterna acude al abogado y senador de Euskadiko Ezkerra Juan María Bandrés, que, según Joseba, contacta con la dirección de ETA pm para que interceda por ellos, evocando los antecedentes nacionalistas de la familia. “Tocamos todas las cuerdas para que fueran benevolentes con él”. Un conocido suyo de Vitoria que había militado en ETA pm le reconocería después que en el seno de la banda “hubo debate interno” sobre llevar el secuestro de su padre “hasta las últimas consecuencias”.

Los terroristas se plantearon seriamente “ejecutarle”, “ajusticiarle”. Esos eran los términos.Las negociaciones del convenio en Michelín avanzan y, en la madrugada del 28 de febrero al 1 de marzo, los captores organizan el desenlace del rapto. Sacan a Luis de la cueva con los ojos vendados y lo llevan en coche al este de Vitoria, donde lo dejan libre.Cuando ese jueves llega a casa, a las 2.20 de la madrugada, está aterido de frío. “Demacrado, sucio, muy cansado… como un indigente”. Más delgado de lo habitual: ha perdido seis kilos. “¡Qué tragedia tan absurda!”, les dice. Lo primero que hace es irse al baño a quitarse el buzo, ducharse y afeitarse. Le dan un somnífero para que pueda conciliar el sueño. ETA habla otra vez: “Se han alcanzado los objetivos fijados: el inicio de negociaciones entre la empresa y los trabajadores, y la recuperación de informaciones (extraídas mediante interrogatorio) necesarias para la planificación de futuras intervenciones”. El tío Jesús dirá en una rueda de prensa: “No hay nada en la persona y en la familia de Luis que justifique lo ocurrido”. (Como si lo hubiera). “Es el representante de una empresa muy grande, pero en absoluto cabe decir que representa lo que llamamos oligarquía”. Un mes después, en abril, como ETA exigía, se firma un nuevo convenio en Michelín.A partir de entonces, nada volvió a ser igual. Luis no se vio con fuerzas para seguir en Euskadi. En Vitoria se había convertido en un elemento molesto, en un “directivo quemado”, y tampoco quería que sus hijos se criaran en ese mundo. Su solución fue marcharse.

Ese mismo mayo la compañía anunció que le recolocaba como director general de Michelín en Brasil. El matrimonio quiso empezar una nueva vida. “Poner tierra de por medio”, describe Joseba. Tuvieron la oportunidad de vivir una segunda vida que muchas víctimas no tuvieron. “Se fueron a Río de Janeiro con la idea de quedarse, de no volver…”.Desde allí el ingeniero vivió cómo poco después, en junio de 1980, ETA pm secuestró a otro directivo de la misma planta y de mismo nombre: Luis Hergueta Guinea. Con él no hubo clemencia sino dos tiros en la nuca. Su muerte sobrecogió a los Abaitua. Especialmente a Joseba, el único de la familia que se quedó en el País Vasco cuando sus cinco hermanos y sus padres se fueron a Brasil.Asamblea en clase de filologíaSe quedó por su padre, que le insistió: “Debes acabar tus estudios de Filología Vasca”. Joseba tenía 18 años, dos menos que Otegi por entonces. En aquellos años de ebullición política, un joven que no secundara los movimientos más radicales podía ser rápidamente tildado de “burgués”. “Ese complejo lo adquirí en mis primeros años de universidad, aunque luego comprobé que muchos militantes de ETA eran tan niños pijos como yo”, explica. Entonces era nacionalista. Su familia paterna le había inculcado esa “llamada de los antepasados” de la que habla Jon Juaristi. Esa fue la causa que le llevó a estudiar Filología Vasca, y ése era el ambiente en su clase de la Universidad de Deusto, donde “la única diferencia” era entre nacionalistas favorables a ETA y nacionalistas recelosos hacia la banda que entonces encarnaba la modernidad revolucionaria.

En los días en que faltó a clase por el secuestro de su padre, sus compañeros acordaron en asamblea no solidarizarse con él. Debía comprender “la situación de un País Vasco sometido a un Estado opresor”.”El año en que secuestraron a mi padre [y así empiezan muchas de las frases de Joseba] me descentré. Volver al ambiente radical de clase me causaba náuseas…”. Acabó la carrera, aunque en Vitoria, en un clima distinto.Más tarde, otro acontecimiento le golpeó también la conciencia: el secuestro del industrial Julio Iglesias Zamora (116 días). En la campaña de Gesto por la Paz con el lazo azul que reclamaba su libertad, Joseba fue de los que se lo colocó en la chaqueta. “Renegué del nacionalismo”, afirma. De aquellas fechas, cuenta este filólogo, data un apelativo extendido: el de “españolazo”, que él -Joseba Koldobika Abaitua Odriozola-, como tantos otros vascos, tuvo que soportar…Este martes aquel secuestrador sale de la cárcel por intentar reconstruir la ilegalizada Batasuna, el partido que en las instituciones daba voz a los que ponían bombas.

Arnaldo Otegi, el líder que, encarcelados los dirigentes políticos y acorralada ETA, decidió girar el buque radical hacia las “vías exclusivamente pacíficas y democráticas”, apenas ha hablado de aquella época en la que él mismo empuñó un arma. Son sus años más oscuros.Su vida había empezado cerca de aquel zulo de Elgóibar, el 6 de julio de 1958. Hijo único de Ascensio y María Dolores (Lolita), la familia se sostenía con el sueldo del padre, cronometrador en el proceso de fabricación de piezas de la máquina de coser Sigma, la planta que daba de comer a los vecinos del pueblo guipuzcoano. Allí se crió, practicando danzas vascas y ballet clásico -lo cuenta la hagiografía Otegi, la fuerza de la paz, publicada el año pasado por un periodista de su confianza, Antoni Batista-, aunque era conocido por otro nombre, el que más le gustaba a su madre: Armando. “Armando guerra”, le decían entre risas sus amigos. Con ellos iba a coger setas al monte y a jugar al fútbol; o más bien chupaba banquillo. De aquella época data su apodo, irónico, de El Gordo: en la cantera de infantiles y juveniles del Club Deportivo Elgóibar era tan delgado y espigado que el entrenador nunca le sacaba al campo.

Arnaldo Otegi, detenido en 1983 en Francia, adonde había huido a refugiarse.Tenía 24 años. ETA pm había dejado las armas pero él decidió seguir y, con ‘Thierry’, pasarse a ETA militar EFE

Armando estudió en una ikastola “clandestina” primero y en colegios católicos después. En el de los salesianos en Éibar, dice, le iniciaron en el vasquismo y participó en las primeras reuniones políticas. Con 18 años conoció a la mujer que hoy le espera fuera de la cárcel: María Julia Arregi (Mari Juli), también de Elgóibar, también de ETA. Con 19 años Otegi ya se considera militante. En aquella época había tres ramas de ETA: militar, político-militar y los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA).

Su elección es ETA pm: era el brazo militar de la Euskadiko Ezkerra de Mario Onaindia y, siguiendo sus directrices, según explica el historiador Gaizka Fernández Soldevilla, hizo campaña en apoyo al Estatuto de Autonomía de Gernika…Pero en Euskadi Otegi duró poco. A finales de 1978, según su relato en el libro de Batista, huyó al País Vasco francés, donde también recalaría Mari Juli. En febrero siguiente es cuando secuestró a Luis Abaitua en Vitoria. Es el único crimen por el que ha sido condenado (10 años después, por retención ilegal, a una pena de seis años y un día de prisión y a una indemnización de 100.000 pesetas a la familia por su “participación directa” en el rapto). Sin embargo, se le ha relacionado con al menos otros tres secuestros, de los que fue absuelto por falta de pruebas tras su detención en Francia -tenía en su poder, según fuentes policiales, siete cartas dirigidas a cuatro industriales de Pamplona y tres de Vitoria para reclamarles el impuesto revolucionario- y su extradición a España.Uno, el 3 de julio de ese mismo año, cuando ETA pm capturó en Madrid al diputado de UCD Gabriel Cisneros.Cisneros logró deshacerse de los terroristas y salvó la vida de milagro tras ser tiroteado con una ametralladora.

El segundo fue el secuestro durante 31 días de otro diputado de UCD, Javier Rupérez, en noviembre de ese mismo año, cuya liberación exigieron desde la Organización para la Liberación de Palestina de Yasir Arafat hasta la madre Teresa de Calcuta, explica Fernández Soldevilla. Dos condenadas por el rapto, Françoise Marhuenda y Begoña Aurteneche, inculparon directamente a Otegi en aquello. La etarra francesa Marhuenda relató que El Gordo iba al volante, que le dieron a Rupérez dos píldoras de Valium, le introdujeron en el maletero de un coche y lo llevaron hasta una vivienda de Hoyo de Pinares (Ávila), donde lo fueron vigilando entre varios, incluido Otegi. Begoña Aurteneche declaró por su parte que alojó a Otegi en su piso, compró el coche y le dio las llaves de su chalé en Hoyo de Pinares. También uno de los jefes de los polimilis, José Antonio Alcocer Gabaldón (Zapatones), dijo que El Gordo había intervenido en el secuestro. Pero Rupérez no le reconoció en el juicio, Otegi negó su pertenencia a ETA y cualquier relación con el secuestro, y, por falta de pruebas materiales, quedó libre.Otros tres secuestros no probadosLos jueces también les situaron a él y a varios compañeros de comando en un secuestro más, el de Javier Artiach, presidente de la fábrica de galletas Artiach y de Harino Panadera.

El 25 de agosto de 1978, en Getxo (Vizcaya), un comando le obligó a entregarle 10 millones de pesetas bajo la amenaza de asesinar a uno de sus cuatro hijos. Según fuentes de la Audiencia Nacional, el caso quedó sobreseído provisionalmente en 1988 porque no se encontraron pruebas suficientes contra ellos.Pero antes de enfrentarse a los tribunales y a la cárcel, Otegi vivió unos años bastante placenteros en su refugio francés. Se llegó a matricular en Filosofía tras abandonar la carrera de Derecho, y Mari Juli dio luz a su primer hijo, Hodei (luego vendría Garazi). En aquel tiempo Otegi tuvo una oportunidad, como muchos otros, y la descartó. Una parte de ETA pm empezó a distanciarse de la actividad terrorista y el grupo se dividió: un sector abandonó las armas a cambio de una amnistía encubierta; otros apostaron por seguir matando, rompieron con su partido, Euskadiko Ezkerra, y, tras dos años de vida autónoma y atentados -como el dirigido contra la casa cuartel de Laredo (Cantabria), que causó cinco heridos, entre ellos dos niñas-, pidieron su ingreso en ETA militar, la que conocemos aún hoy y que no ha decidido parar hasta octubre de 2011.

El Gordo y su compañero Francisco Javier López Peña, alias Thierry, eligieron este segundo camino, el de los milikis. Con los años, el primero iría medrando en el brazo político de la organización hasta convertirse en su número 1, especialmente tras el arresto, por colaboración con banda armada, de los 23 miembros de la Mesa Nacional de HB en 1997. El segundo se convertiría en el máximo jefe militar de ETA.”Yo he sido militante de ETA”, ha reconocido Otegi, “he practicado la lucha armada durante el franquismo y, por lo tanto, he entendido que existen circunstancias políticas o sociales excepcionales”. No es toda la verdad. También militó en democracia, y de esa etapa son el 90% de las 845 víctimas de ETA.¿Y qué fue de Luis y de Mercedes? Sólo aguantaron tres años en Brasil. Quisieron volver a España, pero no a Euskadi. El ingeniero entró en la planta de Michelín de Valladolid y allí, pasados los 60, se prejubiló. Entonces regresó a Vitoria. Ese regreso, dice Joseba, fue para él “muy incómodo”. “El ambiente en la calle le creaba muy mala química, estaba muy marcado, no quería salir a pasear, que le reconocieran o que le recordaran nada…”. Sólo un año después, en 1992, murió de un cáncer de pulmón. No llegó a cumplir su sueño: pasar los últimos años de su vida en una casita con vistas a la ría de Pontevedra que anhelaba construirse en Galicia, la tierra de su mujer, que aún vive.-¿Qué le diría hoy a Otegi?- Me gustaría hablar con él -responde Joseba, pensativo-. No desde el rencor, sino tal vez como terapia… Siento la necesidad de pasar página de forma definitiva.

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