Cinco claves de los ataques terroristas de París – Jesus M. Pérez (@jpereztriana)

El miércoles 18 la policía francesa lanzó una operación antiterrorista en Saint-Denis, al norte de París, que se saldó con dos personas muertas y ocho detenidas. La intervención se adelantó a los planes para un próximo atentado terrorista en Francia, lo que demuestra que ni la investigación ni los acontecimientos del pasado viernes 13 de noviembre en la capital francesa han finalizado. Sin embargo, podemos ya analizar algunas de las claves sobre los ataques de aquel día.

Estrategia: El Estado Islámico ha empezado a atacar a sus enemigos externos.

Los ataques terroristas del viernes 13 de noviembre en París fueron los últimos de una cadena de tres atentados recientes atribuidos al Estado Islámico y sus aliados, en una nueva orientación externa. El primero consistió en una bomba colocada el 31 de octubre en el vuelo 9268 de la aerolínea rusa Metrojet, que llevaba turistas de vuelta de Sharm el-Sheij, en la península egipcia del Sinaí, a San Petersburgo el 31 de octubre. Murieron 224 personas. Tras varias semanas, las autoridades rusas han reconocido que se trató de un atentado terrorista. Justo pocos días antes de que la revista Dabiq del Estado Islámico proporcionara detalles de la ejecución del atentado. El jueves 12 de noviembre dos terroristas suicidas hicieron detonar sendos explosivos en un municipio de mayoría chií al sur de Beirut, causando 43 muertos y dos centenares de heridos. Al día siguiente tuvieron lugar los ataques en París.

Hasta ahora el Estado Islámico se había concentrado en su fantasía utópica y milenarista de construir un gobierno terrenal. En estos años de guerra civil siria el Estado Islámico no había sido desde luego el grupo armado más combativo contra el régimen de Bashar al-Assad y había mostrado poco interés, en el corto plazo, de extender su lucha más allá de sus actuales dominios a la espera de la batalla decisiva contra las fuerzas cristianas en la localidad siria de Dabiq, que da nombre a su revista. Pero en las últimas semanas las fuerzas kurdas han ganado terreno a costa del Estado Islámico en el norte de Siria e Iraq. El jueves 12 de noviembre las fuerzas kurdas iraquíes lanzaban una ofensiva sobre la ciudad de Sinjar, contando con el apoyo aéreo de la coalición internacional y el viernes 13 celebraban su entrada en la ciudad.

Los recientes ataques han sucedido, además, después de que Rusia y Francia hayan asumido nuevos roles en el último mes en la guerra civil Siria. En octubre, tuvo lugar el despliegue en el aeropuerto de Latakia de un contingente ruso de 28 aviones de combate. Desde septiembre de 2014, Francia mantiene un contingente aéreo en Jordania en la llamada Operación “Chammal”. El objetivo original era atacar al Estado Islámico dentro de las fronteras de Iraq, pero desde el 27 de septiembre de 2015 la aviación francesa también se ha lanzado ataques aéreos dentro de las fronteras de Siria. El pasado 5 de noviembre, Francia anunció el despliegue del portaaviones Chales de Gaulle como parte de la campaña contra el Estado Islámico. Tras los ataques terroristas de París, se ha adelantado su partida de Francia.

Táctica: La era del asedio urbano.

Los ataques terroristas suelen seguir patrones temporales, imitando las tácticas empleadas en períodos cercanos en el tiempo. Por ejemplo, los atentados con bomba del 11 de marzo de 2004 en la red de transporte ferroviario de Madrid tuvieron su réplica en Londres en julio de 2005 y en Mumbai en julio de 2006. Más recientemente, la ola de ataques terroristas perpetrados en Israel en noviembre de 2014, la “Intifada de los atropellos” o “Intifada de los coches”, fue imitada en Francia al mes siguiente en Dijon y en Nantes, además de en un tercer ataque en Graz (Austria) en enero de 2015.

Los ataques terroristas del viernes 13 de noviembre en París siguieron un modelo que John Sullivan y Adam Elkus bautizaron como “Asedio Urbano” tras los ataques terroristas en Mumbai en noviembre de 2008. En aquella ocasión, diez miembros de la organización pakistaní Lashkar-e-Taiba llegaron por mar a Mumbai y se repartieron en parejas por la ciudad para atacar lugares públicos, disparando con fusiles de asalto contra civiles y tomando rehenes. Para aumentar el caos, los terroristas dejaron escondidos artefactos explosivos con temporizador en dos taxis que tomaron. Los ataques de Bombay fueron un caso único por la complejidad en la ejecución. Los terroristas contaron con un contacto en Paquistán, con quien se comunicaban por teléfono, que monitorizaba los medios de comunicación y les proporcionaba información.

El modelo de “Asedio Urbano” fue repetido en el centro comercial Westgate de Nairobi (Kenia) en septiembre de 2013 por terroristas somalíes y volvió a repetirse en enero de 2015 en París. En ambos casos, un grupo reducido de terroristas armados de fusiles de asalto asesinaron a sangre fría a personas indefensas y terminaron atrincheradas en una toma de rehenes. Estamos, por tanto, lejos de aquel modelo de largas crisis de rehenes en las que los terroristas trataban de arrancan concesiones de las autoridades, como fue el caso de las Olimpiadas de Munich en 1972, el secuestro de los mandatarios de la OPEP en Viena en 1975 o el asalto a la embajada de Irán en Londres en 1980.

Ante un “asalto urbano”, la policía se ve obligada a intervenir rápidamente sin tiempo a que unidades de intervención especial lleguen. El asalto policial al teatro Bataclan lo llevó a cabo una unidad dedicada a la lucha contra el crimen organizado de la policía nacional en París, la Brigade de Recherche et d’Intervention (BRI), que hace tiempo se reforzó para intervenir en operaciones antiterroristas. La BRI tiene su sede en el centro de París, en la isla de la Cité. Sus agentes tardaron veinte minutos desde desde que llegó la primera llamada alertando del ataque al teatro Bataclan hasta que se pusieron en marcha y pasaron otros quince hasta que entraron en el vestíbulo del teatro. Es de esperar, por tanto, que ante más ataques terroristas como los sufridos en París se refuercen las unidades de policía convencionales, que serían los primeros en tener que intervenir. Sirva el dato de que en el caso español, el cuartel del Grupo Especial de Operaciones del Cuerpo Nacional de Policía dista 57 kilómetros de la Puerta del Sol, en el centro de Madrid.

Logística: Los supermercados de la yihad.

Los ataques terroristas de enero en París y los del pasado viernes 13 tienen en común que consistieron en ataques con fusiles de asalto. El origen de esas armas no está en ningún tipo de contrabando procedente de los países árabes actualmente en conflicto. El origen de las armas es netamente europeo y fácilmente trazable desde los países de la antigua Yugoslavia, que desde el fin de los conflictos armados a finales de los 90 se ha convertido en la gran fuente de armas de fuego ilegales de Europa, desde el Reino Unido a España.

Las armas empleadas en los ataques de enero de 2015 procedían del mercado negro, donde un Kalashnikov se vende entre 1.000 y 1.500 euros. La munición del Kalashnikov empleado por los hermanos Kouachi en la redacción de Charlie Hebdo fue fabricada en la factoría IGMAN d.d. de Konjic (en la actual Bosnia-Herzegovina) en el año 1986. A los hermanos Kouachi se les encontró también un lanzagranadas anticarro M80, también de diseño yugoslavo, que hoy en día sigue en producción en las factorías Balkan Novotech de Serbia y Eurokompozit de Macedonia/FYROM.

Con tanta proliferación de armas, a Amedy Coulibaly, el terrorista que asesinó y tomó rehenes en el supermercado judío Hyper Cacher de París en enero de 2015 le bastó, para dotarse de un arsenal de armas un préstamo personal de 6.000 que obtuvo declarando tener unos ingresos falsos que nadie comprobó. La primera cuota de 138 euros debía pagarla el 5 de enero de 2015. Cuatro días después, Coulibaly asaltó el supermercado Hyper Cacher después de herir a un corredor y asesinar a una policía municipal desarmada que no estaba de servicio.

Uno de los grupos de terroristas que participaron en los atentados del viernes 13 de noviembre recorrieron de norte a sur el distrito XI de París deteniéndose ante cafeterías y restaurantes con terraza para disparar contra los clientes. El vehículo empleado, un Seat León negro, fue encontrado por la policía el domingo 15. En su interior aparecieron 3 fusiles de asalto Kalashnikov, cinco cargadores llenos y once vacíos. Si suponemos que los once cargadores vacíos estaban llenos y fueron gastados, podemos calcular que dispararon 330 balas.

Así que los atentados del viernes 13 en París no tienen nada que ver con las dinámicas de conflictos y grupos armados de países árabes, que hayan producido un reflujo de armas enviadas a los rebeldes sirios o libios, sino que se trata de un problema netamente europeo que ha quedado reflejado en este y otros atentados terroristas  previos.

Reclutamiento: Bélgica como nido del radicalismo islámico europeo.

Las pistas internacionales en la investigación de los ataques terroristas en París han llevado, una vez más, a Bélgica. Uno de los principales sospechosos, Salah Abdel Salam, residía allí junto con su hermano Ibrahim, identificado como uno de los terroristas suicidas. Bilal Hadfi, otro de los terroristas suicidas identificados, también residía en Bélgica. Tres vehículos empleados en los ataques para trasladar a los terroristas tenían matrículas belgas. Un ticket de aparcamiento en uno de los vehículos abandonados llevó hasta Molenbeek, una comuna de Bruselas.

La capital de Bélgica ha relevado a Londres, conocida irónicamente en su momento como Londonistán, como la capital del radicalismo islámico europeo. Bélgica es el país europeo del que más voluntarios para la yihad siria han partido si consideramos su población. Abundan las explicaciones de cómo el noveno país de la Unión Europea por población se ha convertido en el principal nodo del yihadismo europeo con el que se pueden conectar una lista larga de tramas terroristas europeas, incluyendo los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Se argumenta sobre cómo la población musulmana ha encontrado difícil encaje en un país polarizado identitariamente entre flamencos y valones. Lugares con mayoría de población inmigrante en torno a la capital, como Molenbeek, habrían quedado en tierra de nadie en ese pugna política y, por tanto, recibe menos recursos del gobierno. Se señala además como la fragmentación administrativa municipal en la región de la capital impide una acción eficaz del Estado. En palabras del viceprimer ministro belga y ministro del Interior, Jan Jambon, “no tenemos la situación bajo control en Molenbeek”.

Más allá de la lista de culpables de la actual situación de los suburbios musulmanes belgas, los vínculos entre los terroristas identificados nos lleva a recordar el minusvalorado papel de las redes de reclutamiento y radicalización islamistas que se nutren de los contactos cara a cara y de las relaciones cercanas. Vimos cómo en los ataques del viernes 13 de noviembre en París participaron dos hermanos, como fue el caso de los hermanos Kouachi en los ataques en enero de 2015 en París y como fue el caso de los hermanos Tsarnaev en el atentado con bomba en Boston en abril de 2013. Internet y las redes sociales se han mostrado como un medio de captación de voluntarios para unirse a grupos yihadistas en Siria, pero la perpetración de atentados terroristas en Occidente sigue siendo obra de grupos cohesionados y cercanos, cuyos planes pasan desapercibidos a las fuerzas de seguridad. Tampoco Internet ha logrado sustituir la experiencia y conocimiento de manejar armas y explosivos que los terroristas obtienen sobre el terreno en campamentos de entrenamiento o luchando en conflictos como el de Siria.

Conclusiones: ¿Derrotar al Estado Islámico?

El Estado Islámico creció aprovechando el desinterés occidental por Siria e Iraq. Pasó de ser, un grupo insurgente más en Iraq, como franquicia de Al Qaeda, a convertirse en una entidad paraestatal a caballo entre dos países gracias a la fractura de Siria envuelta en las llamas de la guerra civil y la debilidad del Iraq tras la retirada militar estadounidense.

El gobierno estadounidense de Barack Obama convirtió la retirada militar de Iraq en una cuestión importante de su política exterior. Justo un mes antes de producirse, en diciembre de 2011, el presidente Obama declaró en la cumbre de la APEC celebrada en Hawái que con ello se ponía fin a a una década “muy enfocados en los asuntos de seguridad, particularmente en la región de Oriente Medio”con lo que “hemos vuelto nuestra atención de vuelta a la región Asia-Pacífico”. Ese nuevo interés por la región tendría dos vertientes, una económica y otra militar, el llamado “Giro hacia Asia” (“Pivot to Asia”).

La ofensiva del Estado Islámico en enero de 2014 en el corazón del triángulo sunní, cerca de Bagdad, pasó desapercibida a pesar de que puso de relieve la debilidad del estado iraquí y sus fuerzas armadas. Sólo la caída de Mosul, la tercera ciudad más grande del país, en junio de 2014 atrajo la atención internacional. A partir de aquel momento se creó una coalición internacional en la que España participa proporcionando formación al ejército iraquí. Pero nunca ha estado sobre la mesa de ningún país occidental enviar tropas sobre el terreno a combatir el Estado Islámico hasta izar la bandera en  Al Raqa, la capital del Estado Islámico.

Los bombardeos rusos y franceses sobre el Estado Islámico servirán principalmente para consumo político interno si no se combinan con operaciones terrestres. La experiencia ha demostrado una y otra vez que el poder aéreo requiere de fuerzas sobre el terreno para alcanzar una victoria definitiva. La fórmula para derrotar al Estado Islámico  podría imitar la que se empleó en Afganistán. Estados Unidos logró el colapso del régimen talibán en 2001 sumando a las fuerzas de la Alianza del Norte la presencia de militares de operaciones especiales encargados de coordinar los ataques de la aviación. En Siria, el respaldo de los aviones de la coalición internacional permitió levantar el asedio al enclave kurdo de Kobane y desde aquella ciudad recuperar una extensa franja de terreno en una avance que ahora apunta a Al Raqa. Pero, tanto en Siria como en Iraq, apostar por las fuerzas kurdas para enfrentarse al Estado Islámico, árabe suní, es arriesgarse a volver a la casilla de salida del conflicto. En Iraq, el Estado Islámico se nutrió de los agravios y temores de la población árabe suní hacia el gobierno chií de Bagdad. Derrotar al Estado Islámico implica previamente tener que debatir si se dinamitan las fronteras de Oriente Medio para acomodar las aspiraciones y temores de los distintos grupos étnicos y religiosos, o se asume que habrá una larga postguerra de reconstrucción y reconciliación. Por no hablar del dilema si se le reserva un papel a Bashar al-Assad en el futuro de Siria. Pero todas estas consideraciones se limitan al Estado Islámico como entidad cuasi estatal. La dimensión ideológica del yihadismo no se combate en Siria, se combate en Europa. Y esa es otra lucha que nada tiene que ver con una guerra.

Jesus M. Triana @jpereztriana

Origen: Cinco claves de los ataques terroristas de París

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