Por una Democracia Militante – Cayetana Alvarez de Toledo

Mensaje que, como portavoz de Libres e Iguales, envié hoy para que fuera leído ante el Congreso Extraordinario de Unión Progreso y Democracia.

 

Queridos amigos de UPyD:

Gracias por invitar a Libres e Iguales a vuestro Congreso. Somos una modesta patera patriótica que sobrevive —e incluso navega— gracias a la fortaleza de las convicciones democráticas que compartimos con tantos ciudadanos que votan a partidos distintos.

La primera de esas convicciones es España. España no como entelequia ni como una reliquia que debamos preservar por puro sentimentalismo. España tiene para nosotros el valor moral de ser un régimen de derechos y libertades. Porque es un plebiscito cotidiano. Porque es un pacto constitucional entre —y para— ciudadanos libres, iguales y diversos.

Fernando Savater —al que nos honra compartir con UPyD— es el que más y mejor pedagogía ha hecho sobre este rasgo inexorable y excitante de la modernidad. Sólo la España constitucional asegura el derecho de cada persona a pensar, creer y sentir de forma idéntica o radicalmente diferente a la de sus vecinos y compatriotas.

La democracia española ha hecho muchas concesiones al nacionalismo. Pero ninguna más absurda como la de entregar a los nacionalistas el monopolio del concepto de «diversidad». Las masas desfilando encuadradas. Los editoriales únicos. Los cipreses de Albert Boadella, talados con sórdida nocturnidad y alevosía xenófoba. Y el tiro en la nuca.

El nacionalismo es enemigo jurado de la diversidad. Y la España constitucional su más firme aliado. Sólo España —la España constitucional— nos hace libres, nos iguala ante la ley y nos permite a los distintos vivir juntos. Por eso la defendemos. Y por eso la seguiremos defendiendo. Aunque tenga un coste. Aunque seamos pocos. Contra la corriente populista y a favor de la razón.

Queridos amigos, querido Gorka:

Gracias por ofrecerme la posibilidad de transmitiros un mensaje en nombre de Libres e Iguales. Habría preferido hacerlo personalmente, pero no he podido estar hoy en Madrid. Más que un mensaje, es un llamamiento: quiero animar a todos los que defendéis una España de ciudadanos libres e iguales a desafiar la resignación. A no desistir jamás.

Nada hay más peligroso para la democracia que el desistimiento de sus defensores. Se vio dramáticamente en Europa a principios del siglo XX. Se ha visto en Venezuela, un país rico reducido a las cenizas del racionamiento y la represión. Y lo vemos también en España.

Si el separatismo es capaz de avanzar impúdicamente en la desconexión entre españoles; si el populismo de sucia inspiración chavista puede campar política y mediáticamente a sus anchas; si un terrorista convicto tiene posibilidades de convertirse en lehendakari, es solamente por el desistimiento de los que estaban llamados a evitarlo.

Ni la Constitución ni las leyes han fallado a los españoles. Las que han fallado a los españoles son las élites. Las que, por cálculo o simple cobardía, traicionan a diario el mandato de la Transición. Una gran parte de los dirigentes políticos y de los líderes empresariales, sociales y mediáticos han incumplido con su responsabilidad de defender la democracia.

Por acción y por omisión, y a lo largo de 40 años, han favorecido la construcción de un Estado basado en concesiones de orden político al nacionalismo. Muchas de ellas, además, basadas en corruptos negocios personales. El resultado es la doble crisis territorial y económica que amenaza la unión, el progreso y la democracia en España.

Lo diré de otra manera. El primer déficit español —el que ha provocado tanto el déficit de convivencia como el apabullante déficit fiscal— es el déficit de convicción democrática de las élites españolas.

Es sorprendente que importantes dirigentes de distintos partidos y reconocidos analistas reclamen una segunda Transición. España no necesita una segunda transición. Lo que necesita, y urgentemente, son líderes políticos y sociales a la altura de la primera. Lo que necesita son personas dispuestas a asumir el coste de defender la democracia. Es decir, demócratas militantes.

Ser militante de la democracia no es compatible con el postureo o la pusilanimidad. La democracia militante exige una renovación real, no cosmética, de la política. Hoy se confunde la forma con el fondo y lo nuevo con lo bueno. El fondo se deforma y lo nuevo se vuelve viejo en tiempo récord. Los adanes se convierten en matusalenes, y sus promesas en incumplimientos incluso antes de llegar al poder.

Yo creo que la nueva política es otra cosa. Yo creo que la verdadera revolución consiste en cerrar la brecha entre la política y la verdad. Hay que aparcar los eslóganes, la palabrería hueca y las consignas de manual. Decir lo mismo en público que en privado. Y apelar a la razón, el realismo y la responsabilidad. Esto no es fácil. Tiene costes. Pero no hay alternativa. El único antídoto eficaz frente al desafecto del que se alimenta el populismo es el ejercicio valiente de la verdad.

La democracia es lo primero que requiere una cura de verdad.

Trabajemos para desenmascarar a los caballos de Troya de la democracia: a los profetas del nirvana social, a los arquitectos de la patria nueva, a los hombres de paz con pistola.

Expliquemos que la democracia con adjetivos no es democracia y que democracia es mucho más que votar.

Apelemos a la responsabilidad de los ciudadanos y digamos las verdades incómodas. Digamos, por ejemplo, que el proyecto de Podemos es incompatible con la democracia. Como lo es el del separatista Puigdemont y el del terrorista convicto Otegi.

Ofrezcamos a los españoles una alternativa realista y poderosa para una España moderna, adulta y de calidad. Y hagámoslo juntos.

En nuestro manifiesto fundacional, Libres e Iguales se dirigía a los cuatro partidos que se identifican con los valores constitucionales: Partido Popular, Partido Socialista, Ciudadanos y UPyD. Les pedíamos que alcanzaran un pacto público frente al secesionismo y en defensa del derecho de todos los españoles a decidir juntos su futuro. Hoy reiteramos esa petición, con más motivo y razón si cabe.

España necesita un gran Pacto por la Razón. Un acuerdo político capaz de preservar, continuar y mejorar el legado de la Transición frente a los que, en sintonía populista, intentan liquidarlo.

El Pacto que reclamamos no supone una anulación de las diferencias entre las distintas fuerzas políticas. Al contrario. Es precisamente la mejor garantía del pluralismo español y la más sólida esperanza de futuro.

Militemos cada uno en nuestras siglas. Pero sobre todo militemos juntos en la razón y en la democracia. Hagamos que España siga siendo una unión de ciudadanos libres e iguales. Una unión, sí, de progreso y democracia.

Muchas gracias.

Origen: Por una Democracia Militante | Cayetana Alvarez de Toledo

3 comentarios en “Por una Democracia Militante – Cayetana Alvarez de Toledo

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esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

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