Cinco cadáveres en el garaje. Justo Bueno, el anarquista de la FAI que asesino a los Badia

Justo Bueno enterró en un local de la calle de Casanova a un aviador francés y a otras cuatro víctimas.

Novela negra

La “carrera” del pistolero de la FAI Justo Bueno Pérez, el jefe del grupo que asesinó a los hermanos Badia, alcanza proporciones dantescas, más propias de una hiperbólica novela negra que de un relato histórico. A pesar de las apariencias, todo cuanto se narra en este capítulo está documentado históricamente.

El actor principal del asesinato de los Badia, Justo Bueno Pérez, era un anarcosindicalista nacido en Munébrega (Zaragoza) en 1908. Emigró a Barcelona, donde trabajó de tornero y se afilió al sindicato del metal de la CNT y a la Federación Anarquista Ibérica, para constituir un grupo de acción especializado en sabotajes, colocación de bombas, acciones de guerrilla urbana y asaltos a bancos. El grupo de Bueno estaba formado por Luciano Ruano Segúndez, un argentino junto al cual aparece en ocasiones un hermano; Vicente Torné Martín, también argentino, y José Martínez Ripoll.

Los grupos de acción anarquistas nacieron durante la “guerra dels pistolers” (1919-1923) para hacer frente a la represión de la patronal y a la práctica de la “ley de fugas” instituida por el general Martínez Anido. El grupo de Bueno aparece documentado por Josep Benet en el apéndice “Notícia de Justo Bueno, assassí de Miquel Badia” del libro Domènec Latorre, afusellat per catalanista, que se publicará en septiembre. Una de las acciones que se le atribuye a Bueno es el escandaloso incendio de un tranvía en la calle Muntaner durante una huelga de transportes. Cuando el coche ardía, fue precipitado sin frenos cuesta abajo hasta la Gran Via, con grave riesgo de provocar un accidente.

La presencia de argentinos en la FAI no es casual. Durante la dictadura de Primo de Rivera, anarquistas españoles emigraron a Buenos Aires y, a su vuelta, proclamada la República, lo hicieron acompañados de correligionarios argentinos. Los célebres Durruti y Ascaso fueron a aquel país sudamericano en 1925, donde se dedicaron a practicar el “anarquismo expropiador”. Es decir, el asalto a bancos en arriesgados golpes de mano.

El grupo de Bueno fue el que asesinó a los hermanos Badia, según Josep Benet, como “venganza de la organización anarquista contra la persona que, con su enérgica actuación cuando era jefe de los Serveis d’Ordre Públic de la Generalitat, había intentado acabar con la actuación de los pistoleros anarquistas en Catalunya”. La duda es quiénes eran los que acompañaban a Bueno en aquel asesinato. Si eran los tres citados más arriba por Benet o bien los que detuvo en 1936 el juez Vilalta, es decir, José Villagrasa, Ignacio de la Fuente y Manuel Costas. Lo más probable es que éstos, todos o algunos, se escondieran bajo identidades falsas. Benet extrae los nombres del sumario del consejo de guerra que en 1943 sentenció a muerte a Justo Bueno.

Las fuentes anarquistas de Puerto real afirman que el 28 de abril de 1936 participó, con Rodolfo Prina (Lucio Ruano Segúndez), José Martínez Ripoll y Vicente Tomé Martín, en el grupo de acción que dio muerte los hermanos Miquel y Josep Badia Capell, militantes de Estado Catalán y miembros los pelotones catalanistas rompe huelgas y enemigos acérrimos del movimiento libertario. Detenido con otros compañeros, fue liberado el 25 de junio de 1936 debido a las fortísimas presiones que el juez que llevaba la causa patín desde la Generalidad de Cataluña, interesada en hacer caer las responsabilidades en grupos falangistas.

Con el estallido de la guerra, Justo Bueno y su grupo siguieron actuando. El 20 de julio, cuando estaba claro que la sublevación había fracasado en Barcelona, los milicianos atacaron las Drassanes, donde resistían unos pocos militares sublevados. Tras su rendición, Bueno se hizo con algunos prisioneros heridos, los trasladó a la sede del sindicato del metal, en la rambla Santa Mónica (número 19), y ordenó su ejecución. Se le atribuye la frase: “Así hace justicia el pueblo.”

Además del asesinato del periodista Josep Maria Planes, cometido el 24 de agosto de 1936 y probablemente ordenado por Bueno, su grupo dio muerte también al policía Jaume Vizern i Salavert, que había dirigido la investigación judicial de la muerte de los Badia. “El 18 de septiembre de 1936 —narra Josep Benet—, mientras Jaume Vizern cenaba en el restaurante Velòdrom, en la calle Muntaner, cerca de Diagonal, un individuo se le acercó y le comunicó que le reclamaban con urgencia desde Capitanía General. Que si quería, él mismo podía conducirle en su coche. Vizern aceptó. En el coche había otras personas. Sólo un par de calles más abajo, en la de París, Vizern fue asesinado a tiros y su cuerpo lanzado fuera del coche. Uno de los disparos hirió a uno de los pistoleros, Vicente Ferrer Cruzado. Una persona que se encontraba en el Velòdrom declaró que el individuo que habló con Vizern era Martínez Ripoll, un elemento del grupo de Bueno. Por las caóticas circunstancias en que se vivía, el crimen no fue investigado”, explica Benet.

Bueno, como también Ruano, aparecen integrados en la columna Durruti que salió de Barcelona, una vez derrotados los sublevados, hacia el frente de Bujaraloz. Como jefe de los servicios de información, Bueno vuelve a destacar por su crueldad. En Fraga mató un miliciano de un disparo, tras una discusión sobre las actividades delictivas de los Ruano. El asesino de los hermanos Badia aparece también en las ejecuciones de numerosos vecinos en la zona de Pina y Gesa. Según algunos historiadores, Buenaventura Durruti tuvo que “limpiar” de delincuentes e indeseables su columna, a principios del mes de agosto, y arengar al resto para que en lugar de permanecer ociosos por el estancamiento del frente en Pina colaborasen con los campesinos en la cosecha de trigo. Fueron llamados los “combatientes-productores”.

Justo Bueno abandona entonces la columna Durruti y aparece, como ha quedado documentado en un capítulo anterior, cerca de Tardienta en el otoño de 1936 conduciendo una tanqueta, donde se encontró con el periodista Tísner, al que meses antes, en la redacción de La Rambla de Barcelona, había amenazado si publicaba la relación de los que intervinieron en el asesinato de los Badia. ¿Qué hacía Justo Bueno en esta zona de Tardienta controlada por la columna Del Barrio y formada por milicianos del PSUC? Es una cuestión para la que no tenemos respuesta.

Josep Benet explica que Bueno volvió pronto a Barcelona. Así, en febrero de 1937 confiscó un garaje en la calle Casanova, 29, cerca de Gran Via, con la excusa de reparar camiones y coches de la columna Durruti. En ese local Bueno enterraría a otras cinco víctimas de su violencia.

La primera de ellas fue un aviador francés, Jean-Marie Moreau, que le había propuesto vender a la República, a través del sindicato del metal de la CNT, un prototipo de avioneta de su invención, un aparato que, después de ser probado en Vidreres (Girona), fue trasladado al garaje. El precio acordado fue de 300.000 francos. El 21 de marzo de 1937 se firmó el contrato de compraventa y se concretó que dos días después se efectuaría el primer pago de 65.000 francos en el garaje de Bueno. A las tres de la tarde del 23, éste se presentó en el hotel Majestic para recoger a Moreau. Fue la última vez que vieron vivo al aviador francés.

En el local de Casanova les esperaban los Ruano y Martínez Ripoll, que le asesinaron y enterraron en el suelo del mismo garaje. Después explicaron que el francés les había engañado y que había huido con los 65.000 francos y la avioneta a Francia. El aparato había sido desmontado y destruido, y los francos se los quedó Bueno.

Josep Benet comenta que el grupo de Bueno había atesorado una notable riqueza. En junio de 1937, uno de los hermanos Ruano apareció con un paquete de títulos al portador de la Compañía Hispanoamericana de Electricidad (Chade), que había creado Francesc Cambó con industrias alemanas en España. Entre tanto, a instancias de la embajada francesa, la maquinaria judicial se había puesto en marcha para investigar la desaparición del aviador. Al mismo tiempo, Bueno se enteró de que los Ruano preparaban una huida en yate con parte del botín. Con la colaboración de Martínez Ripoll, convocó por separado a los Ruano y a sus compañeras. Uno a uno, fueron asesinados y sepultados también en el garaje.

El curso de las pesquisas policiales llevaron hasta el local de la calle Casanova y las sepulturas. Bueno fue acusado de asesinato y robo e ingresó en la Modelo. Un mes después, fue trasladado a Manresa y allí, el 3 de enero de 1938, fue liberado junto con otros 17 presos en una acción preparada por la FAI desde el exterior. Justo Bueno logró huir a Francia con buena parte del botín.

Origen: L’assassinat dels germans Badia: 7) Cinco cadáveres en el garaje

Un comentario en “Cinco cadáveres en el garaje. Justo Bueno, el anarquista de la FAI que asesino a los Badia

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