La verdadera historia: el teniente Ruiz Mendoza, héroe del 2 de Mayo –  José M. Guerrero Acosta

El lunes 2 de mayo de 1808, hubo en Madrid un lugar donde la lucha fue muy intensa: El Parque de artillería del barrio de Maravillas. Y los protagonistas de aquella resistencia, fueron dos capitanes del Cuerpo de Artillería, Daoíz y Velarde, y un modesto teniente de Infantería, Jacinto Ruiz.
30 de noviembre de 1808: La batalla de Somosierra, la única dirigida por Napoleón en España

Por José M. Guerrero Acosta:

La chispa detonante de la Guerra de la Independencia tuvo lugar en las calles de Madrid el lunes 2 de mayo de 1808. Los propios coetáneos ya la denominaron así cuando inscribían las acciones de combate en sus hojas de servicios en fechas tan tempranas como 1814.
30 de noviembre de 1808: La batalla de Somosierra, la única dirigida por Napoleón en España
Durante los días previos al 2 de mayo fue fraguándose un descontento popular, a medida que fueron conociéndose las disposiciones tomadas por Murat y por Bonaparte sobre las personas de los reyes padres y, sobre todo, la liberación del odiado Godoy. Lo último fue la retención del amado rey Fernando en Bayona. Estos acontecimientos culminaron con el intento de traslado de los últimos miembros de la familia real la mañana del día 2.
Parece obvio que en ese periodo no hubo tiempo para preparar una conjura en toda regla, aunque si hubo algún agitador en las calles. Aquel día de violencia popular desorganizada, de cólera desatada, hubo en Madrid un lugar donde la lucha fue más intensa: El Parque de artillería del barrio de Maravillas. Y los protagonistas de aquella resistencia, fueron dos capitanes del Cuerpo de Artillería, Daoíz y Velarde, y un modesto teniente de Infantería, Jacinto Ruiz.

Monumento al teniente Ruiz en Ceuta
Insurrección urbana
Parece probable que en un núcleo de oficiales, tanto artilleros como de otras armas, existiera un movimiento opuesto a la ocupación francesa, y que hubieran concertado algún plan. Algunos de estos oficiales de la guarnición de Madrid había servido juntos en algunas campañas, como en la defensa de Cádiz y zona del estrecho unos años antes, como los capitanes de artillería Luís Daoíz y Juan Cónsul, y algún oficial del Regimiento de Voluntarios de Estado, como el teniente Ontoria. Por su parte, el pueblo, muy alterado y agitado por los agentes fernandinos, se echaría a la calle de forma espontánea. Los acontecimientos se precipitaron.
Sobre las diez de la mañana del 2 de mayo, mientras se extendían los combates por las calles céntricas, la escasa guarnición de Madrid permanece en sus cuarteles siguiendo las órdenes del ministro de la guerra, O’Farril, del capitán general Negrete y reiteradas por el gobernador Fernando de la Vera. Desde hace semanas, la guarnición española de Madrid –recordemos que también había tropas francesas- ha ido debilitándose al ordenarse a gran parte de las unidades que salgan hacia los reales sitios o localidades próximas.
En esos momentos, las unidades presentes en Madrid son:
Infantería: el regimiento de Voluntarios de Estado, y el de Voluntarios de Aragón

Caballería: Dragones de Lusitania y Dragones del Rey

Artillería: 17 hombres de la 2º compañía de la 3º brigada

Guardia Real: el 2º batallón de Guardias Españolas, el 1º batallón de Guardias Valonas, las compañías española y americana de Guardias de Corps, dos escuadrones de Carabineros Reales, la compañía de Alabarderos y los Guardabosques Reales

Armada: una compañía de granaderos de Infantería de Marina

Inválidos Hábiles: cuatro compañías

En total, unos 6.000 hombres. Todas estas unidades y los centinelas de las guardias que efectuaban en puertas, cuerpos de guardia, edificios oficiales, etc., tenían orden de no llevar munición ni la piedra de sílex que permitía el disparo de los fusiles, al menos desde el día anterior. En cambio, las tropas napoleónicas situadas en Madrid y alrededores sumaban 27.000 hombres.
Los primeros disparos
A la par que resuena un tiroteo continuo por el centro de la ciudad, una multitud se agolpa en las puertas del Parque de Artillería -situado en el antiguo palacio de Monteleón en el barrio de Maravillas- en busca de armas. En el cercano cuartel de los Voluntarios de Estado -situado en el nº 83 al final de la calle Ancha de San Bernardo-, oficiales y tropa inquietos fuerzan al coronel Casa Palacio a enviar una compañía para controlar la situación en el Parque.
Gracias a la hoja de servicios del sargento mayor Julián Romero, comprendemos mejor hoy como pudo ocurrir este hecho, decisivo para que pudiera organizarse una resistencia en el Parque. El propio Romero se responsabilizó de lo que pudiera pasar, y ordenó que se llevase munición oculta en los sacos de los rancheros. La compañía la manda el capitán Rafael Goicoechea y la constituyen 33 soldados y 3 subalternos, los tenientes Ontoria, Ruiz y el subteniente Burguera. Entran en el Parque y, junto a una docena de artilleros, evitan que los civiles madrileños entren para coger armas y sacar cañones. La situación se caldea pues, además, en el parque hay un destacamento de unos 75 hombres del Tren de Artillería francés que, aunque son más bien conductores y herradores que soldados, están armados y en alerta.
El corazón de la resistencia
Sobre las once y media de la mañana llegó el capitán Velarde, acompañado del escribiente Almira, procedente de la cercana oficina de la Junta de Artillería. También se presentó el capitán Luis Daoíz, jefe del Parque y, por su decisión, desarmaron a los franceses y permitieron que los civiles madrileños cogieran armas. La mayoría se marchó a pelear por las calles de Madrid y, los que se quedaron y los militares, sacaron cuatro cañones a la puerta del parque para defenderlo de los napoleónicos.
El relato del capitán López de Barañano dice que, desde las afueras de Madrid, “entró por la puerta de Fuencarral una columna francesa con sus cañones de campaña haciendo fuego de metralla que entraba por los balcones del cuartel; parte de esta columna intentó penetrar por la calle del parque y por dos veces fue rechazada con mucha pérdida”. Durante las dos horas que aproximadamente duraron los combates, Daoíz, Velarde y Ruiz dirigieron la acción de los cañones y la de los defensores soldados y paisanos.
En el relato de López de Barañano se refiere:“Fue herido con dos balazos, el segundo de gravedad, el teniente de la referida compañía D. Jacinto Ruiz (…) el paysanage huyó, y la tropa cambió de armas completando sus cartuchos y [los franceses] nada los hicieron”. Los soldados españoles, vencidos por la superioridad francesa, disimularon su actuación en la defensa del Parque rellenando sus cartucheras. No obstante, los franceses fusilaron esa noche al soldado Manuel García como represalia por la defensa del parque.
El teniente Ruiz, herido de gravedad, fue trasladado discretamente a su domicilio, para evitar las represalias francesas. En las semanas siguientes a la sublevación madrileña, la mayoría de los oficiales y soldados del regimiento de Voluntarios de Estado huyeron de Madrid para unirse a alguno de los ejércitos que se preparaban para luchar contra el invasor. El antes citado Julián Romero y otros compañeros de Ruiz declararon, en un escrito fechado en Badajoz el 21 de julio de 1808 que “se halla postrado en una cama desde el día dos de mayo, de resultas de dos balazos que recibió en el Parque de Artillería donde estaba con su compañía de refuerzo”.
En la preparación de las tropas españolas para enfrentarse abiertamente a las francesas, Ruiz fue asignado al Regimiento de Infantería de Línea de Mallorca y, en octubre, al de Reales Guardias Valonas. Pero lo más probable es que, por su estado, ya que seguía con la herida del pecho sin curar, no pudiera incorporarse a las operaciones.
Un primer olvido
El teniente Ruiz murió en Trujillo –Cáceres- el día 13 de marzo, siendo enterrado en la iglesia de san Martín al día siguiente, en una tumba sin lápida ni inscripción. La Gaceta de Madrid del 23 de marzo de 1815 reconoció bajo la firma del rey su mérito y sacrificio en la jornada del 2 de mayo, a petición de su padre. Después, su figura caería en un cierto olvido en comparación a sus compañeros de artillería, Daoíz y Velarde, hasta que en 1890 el gobierno de Sagasta promovió la erección del bello monumento dedicado a su figura, que realizado por Mariano Benlliure, se encuentra en la madrileña plaza del Rey.
Finalmente, en el primer centenario, sus restos fueron trasladados a la plaza de la Lealtad de Madrid, donde reposan hoy junto a los de las víctimas y los demás héroes con quienes combatió aquel 2 de mayo de 1808.
El teniente Ruiz sigue vivo
En 1891, a propuesta del Ministro de la Guerra, la Reina Regente decretó el 29 de abril que el nombre del teniente Jacinto Ruiz Mendoza deberá figurar siempre en el cuadro de oficiales de la 1ª Compañía del I Batallón del Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey, donde pasará revista. Al ser llamado por el comisario, el teniente coronel responderá: “Como presente y muerto gloriosamente por la libertad de la patria a consecuencia de las heridas que recibió en Madrid el dos de mayo de 1808”.
También se ordenaba que, en la Academia General Militar, en la primera clase de cada curso se leyera el elogio del Teniente Ruiz a fin de estimular a los cadetes a seguir su ejemplo.

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