El grito de la derecha – Alejandro Vara

A la derecha le falta épica, audacia, imaginación y desparpajo. Plantarse ante Puigdemont y endosarle, a dos centímetros de su inasumible flequillo, un ejemplar del Código Penal y unas esposas, no es gesto despreciable. Tanto más si el sucedido tiene lugar en el salón grande de un hotelazo madrileño, huésped de estos desayunos inútiles, y ante doscientos invitados que sesteaban tras la espesorra intervención del conferenciante. Presidente de la Generalitat, por más señas.

Alzó levemente la voz para pronunciar una frase que, en nuestros días, suena más revolucionaria que lo de asaltar los cielos

Rocío Monasterio es madre de familia numerosa, cuatro hijos, arquitecta, se ducha cada mañana, no vive de las subvenciones, ni ejerce cargo público, ni coloca a sus cuñados. Luego de depositar su ofrenda ante el plomizo orador, alzó levemente la voz para pronunciar una frase que, en nuestros días, suena más revolucionaria que lo de asaltar los cielos: “Sin ley no hay democracia”. Válgame Dios.

El espectáculo resultó desconcertante en estos tiempos de asentimiento ovino a cuanto esputan los representantes de la nueva política siberiana. Una dama correcta y moliente, a la que se le ocurre irrumpir en un ágape insípido, luego de haber escuchado con paciencia francisca al deponente, para reclamar que la ley se cumpla. ¿Pero qué clase de activista es ésta? Vestir con pulcritud, ser madre de familia, dejarse la piel cada día para sacar adelante una empresa, y, además, reclamar a gritos que se cumpla la ley no es sólo antisistema. Es revolucionario.

Monasterio milita en un partido minúsculo llamado Vox, que dirige con increíble entusiasmo, contra viento y marea, Santiago Abascal, que nada sabía, por cierto, del glorioso happening que iba a protagonizar su briosa correligionaria. Nadie milita en Vox para ser ministro, ni alcalde, ni siquiera concejal. Su horizonte electoral es muy modesto. Es una formación que se reclama, sin complejos ni tapujos, de derechas. Otra provocación. Ni pasean brazo en alto, ni portan aguiluchos, ni corean tonadillas con la camisa nueva. Es más, defienden la Constitución y hasta exigen que se cumpla la ley. Es decir, que se aplique, por ejemplo, lo que prescribe el Código Penal. En Cataluña, por ejemplo, de donde proviene el ilustre orador de la jornada.

En nuestra titubeante democracia icónica, se agradece, que, de vez en cuando, alguien se salte el guión, y rompa los esquemas. Ya nos vale de diputadas con bebés en el Congreso, de okupas incendiando coches de policía, de terroristas desfilando por un parlamento regional, de portavoces municipales orinando en la vía pública, de portavoces municipales asaltando capillas en cueritatis. De repente, una señora, vestida para la ocasión, se sitúa, con paso lento y ademanes firmes, frente a un caballero que dirige un Gobierno que ignora sistemáticamente la legalidad, y prorrumpe en un estruendoso “¡Viva la ley!”. Tal están los tiempos que sonó anacrónico. ¿La ley? ¿Alguien ha visto por aquí a la ley?

La derecha española, mustia, somnolienta, pazguata, adocenada, necesita un poco más de épica

Tan sólo cometió un error. Las esposas debió entregárselas al ministro del Interior, para que haga uso de ellas con quien corresponde. Y el ejemplar del Código Penal, al de Justicia, para que haga uso de él con mayor acierto y diligencia. Un gesto y una voz. Eso fue todo. Tan necesarios. La derecha española, mustia, somnolienta, pazguata, adocenada, necesita un poco más de épica y unos pellizcos de desparpajo. Es la lección de Monasterio. Un valiente destello en medio del desestimiento y la cobardía.

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EL VARÓMETRO.- “La violencia es del sistema, no de los antisistema”, el himno de moda en la Barcelona incendiada de Colau. // Lechugas en la azotea y ceniceros del Atleti, las grandes aportaciones de Carmena al municipio madrileño. // ¿Pero hubo alguien que no le diera pasta a los de Ausbanc? // El intercambio de ‘ascos’ entreMaroto y Bárcenas ha sido el diálogo más enjundioso de la semana. // Alguien debería organizar mejor los paseos de Rajoy por esos pueblos de Dios.

Origen: Vozpópuli – El grito de la derecha

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