Lazar M. Kaganovich o el Arquitecto del Terror

 

Conocido como el “Carnicero de Ucrania” y el “Lobo del Kremlin”, Kaganovich fue el verdugo a las órdenes de Stalin, el constructor de la KGB, fue quien dirigió las apocalípticas purgas estalinistas, torturó a millones de judíos y asesinó a más de 40 millones de personas. Llevó al poder a Krushchev y “ayudó” a morir a Stalin, a quien se dice que llegó a eclipsar. Siendo uno de los hombres más temidos del siglo XX y co-responsable del segundo mayor genocidio (el primero corresponde a China, donde las cifras más conservadoras atribuyen sólo 63 millones de víctimas a la revolución roja) del pasado siglo, es, sin embargo, uno de los personajes más desconocidos de la centuria. Murió plácidamente a los 98 años.

Conocido como el “Carnicero de Ucrania” y el “Lobo del Kremlin”, Lazar M. Kaganovich fue el verdugo a las órdenes de Stalin, el constructor de la KGB, fue quien dirigió las apocalípticas purgas estalinistas, torturó a millones de judíos y asesinó a más de 40 millones de personas. Llevó a Krushev al poder y “ayudó” a morir a Stalin, a quien se dice que llegó a eclipsar.

Siendo uno de los hombres más temidos del siglo XX y co-responsable del segundo mayor genocidio (el primero corresponde a China, donde las cifras más conservadoras atribuyen sólo 63 millones de víctimas a la revolución roja) del pasado siglo, es, sin embargo, uno de los personajes más desconocidos de la centuria.

De hecho, Lazar Moiseyevich Kaganovich murió plácidamente a la edad de 98 años en un simpático y cálido departamento en Moscú.

Para él no existió ningún juicio de Nüremberg, ni entrevistas periodísticas, ni incomodidad alguna. Nadie le juzgó por sus crímenes, ningún juez pidió orden alguna de encarcelación.

Su infancia en Kabany

Hasta 1893 imperaba un decreto que impedía a los habitantes de Kabany poder marcharse. Hoy es un área restringida para extranjeros. El minúsculo pueblecito ucraniano distante a 75 millas de Kiev sólo cambió su nombre por un corto período para llevar el nombre de uno de sus más tristemente célebres hijos: Kaganovich o el Carnicero de Ucrania.

Por aquella época contaba con casi 2.600 personas. Un 70% de ellos eran judíos y el resto eran cristianos (ortodoxos rusos). Los judíos trabajaban principalmente en sus casas, fabricando objetos artesanales. Los cristianos trabajaban para éstos, arando la tierra e intercambiando lo poco que arrancaban al suelo por bienes producidos por los artesanos.

Vivían en una zona conocida como “Límite de Residencia”. Hasta allí podían llegar los judíos. De los cinco millones que vivían en Rusia, apenas 300.000 pudieron cruzar esa frontera y acercarse a la civilización.

El 10 de noviembre de 1893, el año de muerte del inmortal músico Peter Ilich Tchaikovsky, nace una figura completamente contraria a éste. Era el tercer hijo de Sasha y Moisev Kaganovich.

Lazar crece en medio de las actividades de su padre, un sencillo sastre local. No le gusta asistir a la escuela, una “yeshiva” o escuela judía para estudios religiosos y seculares. Los hijos de cristianos no podían asistir por comenzar a trabajar el campo desde edad muy temprana.

En 1904 Rusia entra en guerra con Japón. El ejército ruso comienza progresivamente a perder todas las batallas. El zar está debilitándose. Entonces surge una guerra en la Rusia europea. Se trata de agitadores socialistas que incendian Rusia con boicots y huelgas. Aprovechando la guerra imperante, paralizan las actividades creando una mayor desesperación de la gente común. La hambruna y desmoralización se imponen por doquier. Los revolucionarios comenzaron a torturar al pueblo ruso con más y más huelgas. Aparece el Soviet (consejo) de obreros de San Petersburgo. De las 19 huelgas de 1893 se aumenta a 50 en 1899, a 271 el año siguiente, de ahí a 522 para 1902 y a 1.427 el siguiente año. La idea era desestabilizar al Zar no importa a qué costo de vidas humanas. Una bien montada protesta de 200.000 personas frente al palacio imperial da a los revolucionarios un símbolo. Tras provocar a la policía, suceden disparos anónimos y la histeria general torna un caos de tiros en ambos sentidos. Muchos mueren. Será el símbolo emocional que se necesitaba con urgencia para conducir la revolución. Se llamará el “Domingo Sangriento”.

Kaganovich ve el sufrimiento de su pueblo y se aleja cada vez más de la religión de sus padres y de su comunidad. De un buen estudiante de “yeshiva” pasa a dedicarse a trabajar. Ahora respeta livianamente las prácticas religiosas judías.

Trostky: el gran ideal de Kaganovich

Mientras recorría pueblos vendiendo las hormas de zapato que fabricaba con su tío Levick, escucha hablar de un hombre que se estaba haciendo oír entre le pueblo. Es judío como él y de un pueblo vecino a Kabany. Se llama Lev Davidovich Bronstein. Para evitar problemas, acababa de tomar el nombre de su guardia de prisión en Odessa: Trostky.

Se entera de la división dentro de los revolucionarios entre los radicales (bolcheviques) y los moderados (mencheviques). Afortunadamente reconoce entre la facción mayoritaria y radical a otro hijo de familia judía. Se trata de Vladimir Ulianov, que ahora se hacía llamar Lenin por el río Lena de Siberia.

Como todos sus parientes y la colectividad, apoyan a uno de los suyos, Trostky. Lo oye predicar en una sinagoga en Kiev. Kaganovich tiene 18 años. Inmediatamente adhiere al ala más extremista del movimiento revolucionario comunista.

A su regreso a casa se entera de que su familia ha resuelto partir de Kabany. Huirán a occidente. Lazar retiene su tristeza y pone en marcha el lema de Trostky: “Nada de diversiones. Nada de actividad improductiva”.

Siguiendo el ejemplo de su mentor, comenzó a trabajar en fábricas de calzado y a organizar huelgas. Pronto se convirtió en un importante dirigente bolchevique. Cada vez que era arrestado, le deportaban hasta las afueras de la ciudad. Los dirigentes le proveían de nombre y documentos falsos. En Yekaterinoslav, ahora su nombre era Goldemberg, conoce a un hombre tosco y burdo llamado Nikita Sergeyevich Khrushchev. Le impresiona su poca inteligencia y su casi total incapacidad de tomar iniciativas. Íntimamente le designa como un buen seguidor que le permitirá escalar posiciones en la revolución.

A medida que Trostky radicalizaba sus posturas, las fuerzas revolucionarias comienzan a enfrentarse por visiones y por diferencias en la velocidad y forma de cómo quieren llevar las cosas. Todos, sin embargo, se aprovechan de las políticas conciliadoras del gobierno socialista-moderado de Kerensky. A fin de cuentas, su aparente oposición a los Soviets daba la impresión de control de la situación mientras les favorecía de muchas formas y les permitía organizarse. El general Kornilov, aliado de Kerensky, permaneció en la línea antisoviética y el primer ministro llamó a sus aparentes enemigos – bolcheviques – para que le ayudasen a derrocarlo. Felices, los radicales tomaron cuenta de la situación y terminaron dejando para el final a Kerensky.

Las ciudades sufrían un desabastecimiento espantoso. Los robos se volvieron algo común y el pan había desaparecido prácticamente. Trostky es elegido presidente del Soviet de Petrogrado. Lazar asciende con él. Lenin llega desde Finlandia apoyado por manos misteriosas que le permiten burlar todas las fronteras y llegar en tren a una sesión secreta del Comité Central Bolchevique. Organiza la insurrección violenta.

El 29 de abril de 1918, Lenin decretó “una batalla cruel y sin perdón contra esos pequeños propietarios”. Kaganovich ve ahora en Lenin a su líder y modelo. Contempla cómo se toma Petrogrado sin la más mínima oposición ni lucha por parte de los vencidos. El poder que le apoyaba era impresionante. Parecía que “algo” controlaba la situación desde ambos lados. Lazar amó ese poder.

Lenin: el comienzo del terror

Pocas personas saben que si bien Stalin implementó las sangrientas “purgas” que costaron más de 40 millones de víctimas, fue Lenin quien las ideó y planificó. Pero eso lo iremos viendo en el proceso.

Tras la caída del gobierno, se suceden cambios vertiginosos. Es abolido el mercado de abasto, se elimina el derecho de herencia, los bancos y las industrias – incluso la flota pesquera – son transferidos a manos del Estado, la propiedad privada de la tierra es abolida, se prohíbe “temporalmente” la prensa conservadora, las cortes imitan a las de las revolución francesa: se vuelven tribunales revolucionarios del pueblo donde cualquiera puede ser juez o abogado. Se elimina el matrimonio y se crea una convivencia renunciable por el divorcio, gracias a leyes extremadamente indulgentes. Cualquier tipo de título o distinción es suprimido para utilizar siempre el de “ciudadano” o mejor aún, el de “camarada”. La religión es proscrita, si bien siempre se mostrarán más condescendientes con la Iglesia Ortodoxa, más dispuesta a “adaptarse” a los nuevos tiempos. Se prohíbe la enseñanza religiosa en los colegios. Se comienza a culpar a los judíos por estas medidas religiosas.

El hambre postró a la población. En 1922 no había más revueltas, tan sólo multitudes apáticas implorando una migaja y muriendo como moscas. Fue el inicio de la primera gran hambruna que cegó 5 milllones de vidas.

Los cadáveres insepultos se acumulaban en las calles. Surgió el canibalismo. Los comunistas echaron mano a los bienes de la iglesia cismática (autodenominadaortodoxa), mayoritaria en Rusia. La confiscación ocurrió con profanaciones ycarnavales anti-religiosos. Después de sucesivas olas aniquiladoras, poquísimos templos permanecieron abiertos. Los “Popes” (jefes de la iglesia cismática) fueron transformados en agentes del Partido

Lazar Moiseyevich Kaganovich siente temor por su futuro. Comenzaba a rumorearse que toda la revolución estaba orquestada por judíos como él. Se siente perseguido. Resuelve escalar tanto poder que quede a salvo de los acosos. Sabía que sus hermanos de fe no le ayudarían. La gente le miraba con desconfianza y decía: “Después de todo, ¿no era el mismo Marx un judío y sus abuelos no eran rabinos? ¿No era Yakov Sverdlov, Primer Jefe de Estado, otro judío, tanto como lo era Trotsky, Lenin y muchos otros? ¿No estaban los bolcheviques constituidos por un 52% de judíos, cuando su porcentaje total en la población no superaba el 1,8%?” Seguía un largo etc. Lazar se propone, a partir de ese momento, practicar la amoralidad revolucionaria y así ascender a cualquier costo.

Conciente del papel que juega el arte en la formación de la opinión pública, Lenin ideó los “escaparates de agitación”, que consistían en camiones, trenes u otros medios de transporte que circulaban por las calles y ciudades exponiendo fotografías y propaganda amenizada con música. Se elevaba así la propaganda a “nivel de arte”.

Kaganovich es reclamado en Moscú como delegado bolchevique. Allí escucha hablar de “Koba”, que al parecer era un ser siniestro cuyo apodo – reservado para su camarilla de amigos – era pronunciado con miedo por los ciudadanos. Por lo visto era un ex agente de la policía secreta del Zar que ahora trabajaba para el nuevo Estado. Josef Vissarionovich Dzhugashvili, Koba, era un sujeto revulsivo a la mirada. El 16 de julio de 1916 el Zar junto con su familia fueron trasladados a Yekaterinbug donde se les ejecutó sin piedad.

El 30 de agosto se atentó contra Lenin y al día siguiente contra el jefe de la policía secreta, Uritsky. La reacción fue inmediata y las ejecuciones de sospechosos fueron miles. Era uno de los primeros baños de sangre que el idealista Lenin asestaba contra su país. La gente tuvo miedo y obedeció.

Comienzo del holocausto civil más grande de la historia

La guerra civil iniciada por los bolcheviques estaba liquidando a toda una generación de hombres. A las muertes producidas por la guerra civil se sumaba el hambre que el nuevo sistema económico estaba produciendo. Sólo entre 1919 y 1920, en esos dos años, murieron 9 millones de personas a causa del hambre, del frío y de las enfermedades consiguientes.

Lazar es enviado a aplastar la oposición comandada por el general K. K. Mamontov. El aplastamiento fue sangriento, despiadado y muy rápido. Eficiente. Lenin se alegró por esto.

El ascenso en el poder fue inmediato. Al año siguiente de la oscuridad había ascendido hasta convertirse en miembro del Comité Central Ejecutivo de todas las Rusias, de la Comisión de Turkestán, del Consejo de Comisarios del Pueblo y miembro del Partido Comunista Bolchevique de todas las Rusias. En Turkestán se convirtió en uno de los líderes del Consejo Revolucionario y Militar.

Lenin instaura la Nueva Política Económica y se escuchan oposiciones dentro del Partido. Se decreta la prohibición de formar grupos dentro del mismo. A comienzos de 1922 se iniciaron nuevas y más sangrientas “purgas” para garantizar la “limpieza” del Partido y la “expulsión” de los indeseables. El Décimo Congreso da un paso más y prohíbe incluso disentir de lo que dicte el Partido. Para Lenin ni el Partido ni él mismo podían equivocarse porque eran infalibles.

En 1921 se le permite visitar el Kremlin y conoce personalmente a Lenin. A Lazar le salta el corazón de alegría. Se trataba de una visita guiada al palacio y de paso podría ver siquiera desde lejos al “Líder”. Pero lo que ve es desconcertante. Lenin divaga, dice incoherencias sentado en una silla de ruedas mientras acaricia un gato. Años después se enteraría de que los desórdenes morales de Lenin le tenían destruido por la sífilis. Su muerte fue horrible. Vivía grandes dolores y accesos de locura.

Se envía a lazar al sur, a Turkestán. Organizó al ejército y aplastó rápida y cruentamente las demandas populares de comida e independencia. Es felicitado por Moscú y se le reclama con urgencia. Había alcanzado el éxito. De regreso se detiene en Nizhni Novgorod donde visita a su hermana Rosa. Allí, quien sería posteriormente el jefe de la policía secreta stalinista, le comenta que con Lenin fuera de escena quien tendría el poder sería el siniestro Koba, quien había adoptado el nombre de Stalin, que significaba “hombre de acero”. Él había sido el secreto promotor de Kaganovich dentro del partido.

finalmente un estatua menos dedicada a uno de los mayores masacradores de la historia de la humanidad: Stalin – A escondidas, con nocturnidad, se retira la estatua del sanguinario Stalin, de la plaza de su ciudad natal: Gori, en Georgia. 25.VI.MMX

El inicio de la era de Stalin

En marzo de 1922 el Undécimo Congreso del Partido elige a Stalin como Secretario General. Es el último congreso al que asiste Lenin. Un ataque de apoplejía deriva todo el poder a “Koba”.

Stalin nombra a Kaganovich para un puesto estratégico. De trabajar en Inteligencia “verificando” nombres, esto es, aprobando o desaprobando la “fidelidad” al partido de cada persona de Rusia, ahora pasa a encargarse de nombrar instructores para todo el territorio.

Lazar se encarga de nombrar solamente a aquellos que eran partidarios de Stalin. Indaga, por orden de Stalin, en la vida particular de cada uno. Era evidente que se estaba creando una fuerza paralela capaz de asegurar el poder absoluto a Stalin. Kaganovich trabajaba dieciocho horas diarias para consolidar el poder total. “Koba” le recompensó nombrándole jefe del Departamento de Personal de Rusia: uno de los puestos más importantes y cruciales de la nueva dictadura.

A fines de diciembre debe enfrentarse a una situación complicadísima. Se había descubierto una suerte de testamento de Lenin en que calificaba críticamente a miembros del partido. De Stalin decía “Josef Vissarionovich no sabe cómo utilizar el poder con la suficiente cautela. Sólo puedo sugerir que los miembros de nuestro partido lo destituyan de su cargo, y que lo hagan rápidamente”.

En el Teatro Bolshoi se reúnen delegados de todas las naciones sometidas al nuevo Estado y se declara la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Días después Lenin censura a Stalin por haber ordenado el aplastamiento de Georgia (tierra de la que era oriundo) pasando por alto la decisión del Politburó.

Los sucesos se sucedieron vertiginosamente y Stalin triunfaba con intrigas y manipulaciones. Más tranquilo, Lazar pensó que a sus 30 años le convenía tener una familia. Se casó y al poco tiempo tuvo una hija. Días después, el 21 de junio de 1924, se enteró por radio de la muerte de Lenin.

Los funerales fueron grandilocuentes, multitudinarios. El cruel asesino de masas, quien había incrementado la terrible Checa (policía secreta) hasta extenderla a las actividades de cada hombre, mujer y niño de Rusia, quien había ordenado ejecuciones en masa, que había impuesto ley marcial en todos los pueblos, quien fusilaba por traidor a cualquier funcionario que no le obedeciese ciegamente, quien había cerrado muchas iglesias y aún prohibido muchas religiones, ahora era enterrado con honores de héroe en un mausoleo construido especialmente para él.

Lazar se convertía ahora en quien extendía o no el permiso de vida de los ciudadanos, determinando la fidelidad o traición al Partido. Stalin inauguraba una era de repudio al leninismo y un elogio al stalinismo.

Como nuevo jefe de personal y Nombramientos, Kaganovich “purgaría” a los opositores y modelaría la nación de acuerdo a los caprichos de Stalin.

En marzo de 1925 fue enviado a su ucrania natal para “depurar” al partido ucraniano. Llevó consigo al grosero Krushchev, quien le obedecía y servía como perrillo.

Impuso a sus hermanos de fe la obligación de abandonar la lengua yiddish y de hablar ruso y ucraniano. Tenía que tomar una decisión: o Stalin o su gente. No dudó muchos segundos.

Su líder, por otra parte, enfrentaba oposiciones internas. Presionó más aún para acelerar la “depuración ideológica” y formar así una “raza pura” de comunistas, al mejor estilo nazi. Cuando Lazar escuchaba las reclamaciones pidiendo democracia partidista, respondía soberbiamente, sabiendo de la manipulación del lenguaje que utilizaban desde hacía tiempo: “Democracia interna no significa que cada uno tiene derecho a cuestionar las decisiones de la mayoría. Sólo quiere decir que se debe atraer a las masas a la actividad política bajo la conducción del partido”.

Pero cuando escuchó de los arrestos y fusilamientos de la oposición trostkista, Lazar se preocupó. Se hablaba de la oposición judía. Y era bien conocida la antipatía que Stalin tenía por los judíos. La diferencia era que ahora se hacía pública.

Al poco tiempo, Stalin le requirió para un paso más importante: eliminar a la viuda de Lenin que se oponía a sus políticas. En una reunión secreta, Lazar enfrentó a la Krupskaya en presencia de Stalin y de los principales dirigentes de la Unión Soviética. Intimidándola y extorsionándola violentamente, la dejó neutralizada.

Con el nuevo poder obtenido gracias a esta muestra de violencia partidaria, Lazar comenzó a eliminar a todos cuantos se oponían a las nuevas directivas stalinistas que contradecían a las de Lenin. Es más, con el fin de impactar y someter a la población que se quejaba de hambre y de pésimas condiciones de vida, Kaganovich comenzó a organizar multitudinarios juicios-espectáculo en que los acusados “confesaban” su “maldad”. Luego, como todos sabían, desaparecían de escena. Eran fusilados o enviados a morir en Siberia.

En pocos meses, según una circular clandestina, los arrestados sumaban 113.500. Muchísimos más esperaban su sentencia.

El mecanismo del terror

“La Checa no es un tribunal. Nosotros estamos por el terror organizado. La Checa está obligada a defender la revolución y a vencer al enemigo, incluso si su espada cae a veces por error sobre cabezas inocentes”, declaraba su fundador Felix Dzerzhinsky. Un cambio de imagen para la policía política la renombró como Administración General Política (AGP). Dos años mas tarde se rebautiza como Organización política de la URSS (OGPU). Su apoyo a Stalin fue decisivo.

Lenin afirmaba que todo lo que apoyase a la revolución era ético por definición. Con este concepto, la OGPU asesinó y secuestró a cuantos quiso, incluidos muchísimos extranjeros, hasta en otros países. Operaban raptando y ejecutando dignatarios extranjeros dentro de Rusia o bien eliminado a disidentes y opositores impunemente en el extranjero.

A estas alturas Lazar se sentía amenazado. Pensó en un modo de protegerse. Convenció a Stalin para crear un cuerpo especial que se llamaría Departamento de “Casos desviados”. En síntesis, un cuerpo de mokrie dela, para el asesinato.

Consolidado en el poder basado en el terror, Lazar se sintió seguro. Le lanzó un hueso a su fiel Kruchshev: diputado jefe de la Sección Organizativa del Comité Central del partido Comunista de Ucrania. Nikita lo rechazó, pero la amenaza implícita de Lazar le persuadió.

Comenzó entonces la primera persecución estable hacia los judíos. Cuando su esposa María le recriminó por haber despedido a un editor de un periódico de Kiev sólo por su raza, Kaganovich respondió: “Estoy haciendo lo que tengo que hacer. Entiéndelo antes de que sea demasiado tarde. Mi dios es Stalin. ¿Me oyes? ¡Escúchame bien!”

La espantosa colectivización

En 1930 Stalin da inicio a la más brutal Reforma Agraria. Consistía en implantar granjas colectivas (kolkhoz) pertenecientes al Estado donde los campesinos obedecen como esclavos a la planificación socialista.

Para ello, la tierra fue confiscada cruelmente y los granjeros obligados a construir estas granjas colectivas. Por orden de Stalin, se completó la estatización del campo decretando el exterminio inmediato de 60 mil agricultores y el exilio de la gran mayoría a Siberia. Incluso los simpatizantes del gobierno perdieron todo, siendo trasladados a tierras sin cultivar de su región. En pocos días Lazar pudo enorgullecerse: la meta de 60 mil asesinatos fue ampliamente superada. En menos de dos años fueron deportados 1.800.000 propietarios y sus familiares. El viaje era mortal: en vagones de ganado, duraba varias semanas, sin alimento ni agua. Los convoyes descargaban los cadáveres en las estaciones. Los locales de “acogida” eran yermos, sin las instalaciones más básicas. Las muertes por inanición, enfermedad o frío alcanzaron a más del 30% de los deportados, sólo en el primer año.

Como en las granjas colectivas los asentados mantenían resistencia pasiva a las normas, Stalin y Kaganovich decidieron someterlos por el hambre. Las reservas de alimentos, semillas y herramientas fueron confiscadas. Carentes de todo, los campesinos abandonaban a sus hijos en la ciudad más próxima. En Jarkov, niños hambrientos agonizaban en las calles. Los que aún no se habían “hinchado” fueron conducidos a un galpón, donde expiraron aproximadamente 8 mil niños. Los otros fueron trasladados a un local lejano para que muriesen de hambre y de frío sin ser vistos. La fase final de la Reforma Agraria provocó 6 millones de muertes.

La verdad detrás del discurso optimista que oficialmente dictaba Stalin, la conocía muy bien Lazar. La agricultura era un caos. Las cosechas habían disminuido al punto de que ahora los ciudadanos tenían alimentos racionados. La ganadería estaba peor aún: en apenas un año el país había perdido la mitad de sus caballos y vacas, dos tercios de sus cerdos y siete décimos de sus ovejas y cabras. Kaganovich recurría a métodos crueles. Amenazaba a los dirigentes comunistas con un fusilamiento si no mejoraban las condiciones de vida (sabía que era imposible), culpaba a los huelguistas de ser responsables de todo (repudiaba los métodos que antes habían servido para llevar al poder al Partido) y se regocijó cuando encarceló en una mazmorra al padre de un niño hambriento junto con la persona acusada de provocar hambre. Debía acelerar la medida anti-kulaks como fuese posible. Los propietarios más ricos que el promedio (kulaks) debían ser aplastados a la brevedad.

La situación era espantosa. A esto se vienen a sumar los inconvenientes comentarios que hacía la esposa de Stalin sobre la perversión cruel de su esposo. “Afortunadamente” se suicidó pocos días después del ataque. Stalin la mantenía encerrada en una habitación.

Habiendo quedado Stalin sólo, Kaganovich forzó a su hermana Rosa para que lo sedujera y se casase con él. Y resultó el cerco. Por una parte lo mantenía controlado por la paranoia y por otra por su nueva esposa. Stalin temblaba pensando en su seguridad. Se sabía odiado por el mundo entero. Lazar sacaba provecho de esto y le proporcionaba seguridad: tenía las riendas con las dos manos.

Se desata el “Gran Terror”

Tras el suicidio de la esposa de Stalin, fueron expulsados del Partido cerca de 800.000 miembros. Se les quitó el carné de ciudadanía.

Se inició una serie de juicios que culminaban con la eliminación de toda la oposición. Sus antiguos rivales fueron ejecutados, muchos sin juicio. Cualquiera que estuviera vinculado a ellos, incluso por figurar en las agendas particulares, era rápida y silenciosamente asesinado”purgado” Pronto todo el mundo se volvió sospechoso. Los arrestos eran masivos. La burguesía zarista, los kulaks, los que tenían parientes en el extranjero, los extrañuelos que habían emigrado a la URSS y una enorme lista de otras causas de sospecha fundamentaban las órdenes de arresto y ejecución. Particularmente dura fue la situación la para los sacerdotes y para diversos representantes de otros credos. La religión era difamada. El decreto de 1918 que establecía “libertad de propaganda religiosa y antirreligiosa” fue reemplazado por uno que establecía “libertad de culto religioso y de propaganda antirreligiosa” Así la Iglesia se veía imposibilitada de predicar.

Hasta 1939 la pesadilla fue inexpresable. Tres de cada cuatro miembros del Politburó (máxima entidad de gobierno) desaparecieron. Fueron arrestados y ejecutados o enviados a la muerte en Siberia. Los oficiales del ejército Rojo – aún los más altos – fueron purgados. El ciudadano simple se veía traicionado por quienes le habían escuchado comentar alguna crítica o queja.

Stalin ordena nuevas purgas y Lazar la va implementando, perfeccionando. Va sugiriendo nuevas.

Hitler y Stalin, dos buenos camaradas

Stalin y Kaganovich trabajaban muy duro en una Alemania soviética. Estaban muy conscientes de que las masas alemanas habían quedado muy decepcionadas con los intentos socialdemócratas de 1923 para no pagar las reparaciones a los aliados que se habían impuesto en Versalles en 1919. El gobierno socialista había alentado una inflación enorme: en febrero de 1922 el cambio era de 200 marcos por dólar. En noviembre de 1923 era de 4,2 billones de marcos por un dólar.

El 8 de noviembre de 1923 otro líder socialista de origen judío aunque por entonces casi desconocido, Adolf Schukelgrüber, conocido como Hitler, daba su “putsch” en la cervecería de Munich. Seis años más tarde se daba el colapso de Wall Street. El partido nacional-socialista había obtenido 800.000 votos. El año siguiente ascendió a 6 millones y medio. El partido comunista se mostraba complaciente. Boicotearon una posible alianza socialista y así Hitler llegó al poder.

Ya antes de 1936 Stalin decidió aumentar su espectro de poder y comenzó a enviar ayuda a la República roja española. Sin embargo, en la primavera de 1939 los socialistas, anarquistas y republicanos españoles eran derrotados por la reacción liderada por Franco.

Kaganovsky y Stalin se preocupan. Ven al comunismo en un serio aprieto. A la vista de los últimos sucesos mundiales, encontraba entre la espada y la pared.

El 23 de agosto de 1939 reciben en el aeropuerto de Sheremetyevo a Joachim von Ribbentrop, el más alto agente diplomático de Hitler. El mejor amigo de Kaganovich, Molotov, suscriben formalmente un pacto con Alemania para repartirse el mundo. El 31 de agosto, el Soviet Supremo ratifica un pacto de no agresión con sus camaradas socialistas alemanes. Se cerró con un banquete de “Fronteras de Amistad”. El socialismo prometía rejuvenecer y dominar el mundo.

La medianoche del 21 de junio de 1941 el Comandante del distrito de Kiev, Coronel MP Kirponos informa que habían capturado un soldado alemán. Se declara emergencia nacional. Hitler avanzaba contra Rusia para completar el poder absoluto e imponer su.”vía” al socialismo. Al parecer consideraba que ningún ruso (untermenschen o infrahumano) podía llevar a cabo esa misión.

Lazar presionó a Stalin para evacuar las fronteras, aunque eso significase ayudar a los judíos- El resto de dirigentes se sorprendieron por la medida, pero Stalin necesitaba triunfar y no dejarle a los nazis ningún tipo de material o recurso. Los evacuó.

En un campo cercano a Kiev, Babi-Yar, Hitler había instalado un campo de prisioneros con cerca de 80.000 judíos.

Las tropas alemanas, sin embargo, eran apoyadas secretamente por las poblaciones locales con la esperanza de ser liberadas de Stalin y de la dictadura comunista. Gracias a estos apoyos, las tropas nazis estuvieron a metros de conquistar Rusia. Prácticamente conquistaron Moscú cuando el frío les impidió avanzar. En esta zona no habían más que simpatizantes de Stalin, quienes no estaban dispuestos a apoyar a los alemanes.

El crudo invierno derrotó a las tropas alemanas y Stalin pudo respirar tranquilo.

En 1944 Ucrania volvía a ser ocupada por los comunistas. Lazar delegó a Krushchev el mando de la zona. Stalin supuso, acertadamente, que siendo Kaganovich judío, sería más despiadado que cualquiera a la hora de someter a sus hermanos de fe. Fue tan brutal el aplastamiento y la colectivización de la Reforma Agraria que Kaganovich fue llamado “El Comisario de Hierro”

El 1 de mayo de 1945 llegó un telegrama en que comunicaba que Hitler se había suicidado. La guerra europea había costado entre otras etnias, cerca de 6 millones de judíos y 10 millones de rusos. Más del 80% de la población alemana (2 millones) fueron asesinados por ser presuntamente espías y traidores a Stalin.

Lazar y Mikhail Kaganovich

Durante su ascenso en el poder, los hermanos de Kaganovich también habían adquirido importantes ocupaciones. Particularmente el hermano mayor, Mikhail. De sus muchos triunfos, los que más medallas le proporcionaron fueron la misión a Estados Unidos para intercambio de tecnología aérea y el flamante cargo de Comisario de Líneas Aéreas. Era el superior máximo del área.

Pocos días después de la muerte de Hitler, Kaganovich recibe una llamada de Stalin en que le comunica que está estudiando un documento que incrimina a su hermano Mikhail como espía y colaboracionista con los alemanes.

Kaganovich duda, se debate internamente y se siente amenazado en su puesto. Siente el doble impulso de acudir a favor de su hermano y de servir lealmente a Stalin. Recibe una nota de su cuñada donde le pide en nombre de su sangre que ayude a su propio hermano.

Lazar responde escuetamente: “Yo sólo tengo un hermano – Joseph Stalin – y me he olvidado de la voz de la sangre”

Al día siguiente asiste al interrogatorio. Se hace en la casa central de la siniestra OGPU. Su amigo Anastas Mikoyan, el director de inteligencia, conduce amablemente el proceso. Al parecer, por lo que decían los papales, su hermano era culpable. Mikhail tiembla de miedo, lo niega todo, dice que es una conspiración.

Pasan horas de lectura. En un determinado mundo, Mikhail se levanta y pide permiso para ir al baño. De camino a la puerta se para frente a su hermano y le susurra: “Mi hermano, moi btrat, no puedes dejar que me hagan esto. Es injusto para nosotros, para nuestra familia, para nuestro país. Somos hermanos, El mismo sol seca nuestros harapos. No cuelgues a todos los tuyos en un clavo. No lo hagas. No lo hagas”

Lazar lo miró a los ojos. Los vio inflamados. Lazar se acercó a Mikhail y desliza un paquete en su bolsillo. Se cuierra la puerta y unos minutos después se oye un disparo que alivió a Kaganovich. Todo se había resuelto sin complicaciones.

Los “Días Negros” y la persecución a los judíos.

Los nueve meses que pasó en 1947 en Ucrania fueron conocidos como los “días negros” Aterrorizó a la población y ejecutó sin compasión a los opositores.

La escoba de Lazar se introdujo en los hogares soviéticos. Ser judío en Ucrania significaba ser perseguido. Incluso ser ucraniano era una sentencia de muerte. El terror volvía y con él el hambre se agudizaba y los aplastamientos eran ahogados en sangre

Paralelamente la Unión Soviética fundaba las Naciones Unidas junto con otros selectos invitados. Pese a la situación interna, Rusia era considerada una potencia mundial. Esto le significó a Staliin reconocer a Israel como estado. El 14 de mayo de 1948 estados Unidos reconocieron el gobierno de facto. Tres días después Rusia le reconocía como un estado de derecho.

Stalin recibió a la nueva embajadora de Israel Golda Meir con grandes banquetes. La población judía se volcó a las calles. Besaban el suelo que pisaba. Joseph Satín estallaba de rabia al ver que a él nunca se le brindaron semejantes muestras de estima.

Decidido a vengar lo que consideraba una afrenta, Stalin volvería a desencadenar el “aparato del terror”

Kaganovich respondió con agrado al pedido. Desató la furia sobre todas las esferas de la vida de los soviéticos. El Comité Judío Antifascista, que tantos servicios había prestado a Stalin durante la invasión nazi, fue disuelto y sus líderes arrestados. Todas las asociaciones culturales judías fueron violentamente cerradas. El aparato del partido Comunista fue “purgado” cruentamente de judíos así como los ministerios. En la educación y en las fábricas se introdujo el sistema de cupo. En muchos casos era cero para los judíos.

Para Lazar el objetivo era simple: despojaría a los judíos de su dignidad y los volvería a convertir en ciudadanos de segunda clase y si era posible, menos. Sólo se detuvo cuando su hambre se sació llevando a los judíos al límite del exterminio.

Las prisiones se repletaron y sobrepasaron su capacidad. Importantes personalidades judías eran detenidas y ciando no eran ejecutadas, se les enviaba a campos de “reeducación” La prisión de Luyanka, “aquella de la cual nunca se sale”, albergaba por celda a un ruso y cinco judíos en condiciones infrahumanas.

El sadismo era impresionante y alcanzaba a toda la sociedad. Por indicación de Kaganovich y complacencia de Stalin, el actor S.M. Mikhoels, hasta entonces mimado por la sociedad y del mismo Joseph, recibió un disparo mortal en plena representación de El Rey Lear. La sociedad se conmocionó.

¡Los que escaparon de los nazis en Ucrania y Bielorrusia ahora denunciaban esta carnicería como muchísimo peor que la anterior!

Kaganovich y el caos que se agrava

Los años siguientes fueron una pesadilla de terror, esclavitud y miseria para los ciudadanos rusos. El descontento se volvió agitación. Stalin decretó la formación de un Comité para estudiar nuevas tesis económicas, que no haría nada salvo sugerir aumentar la producción agrícola, industrial y de bienes de consumo pero sin indicar cómo hacerlo.

Stalin estaba más paranoico que nunca. Se la pasaba encerrado en su oficina y recibía cada día a menos personas. Lazar sugirió constituir un Presidium que reemplazaría por la fuerza al Politburó. También reemplazó al Subsecretariado de cinco miembros por uno nuevo, del partido, que contaba con diez hombres. Debilitaba así el poder absoluto de Stalin sobre el país.

Esta medida era de maquillaje y tranquilizaba a sólo a los occidentales. Se trataba de seguir la tradicional enseñanza de Lenin: “Occidente está compuesto por tontos útiles”.

La verdad era que los mismos hombres de Stalin controlaban el país. El distanciamiento de Stalin con e consejo era cada vez mayor. El intermediario, Kaganovich, ganaba poder.

Cerca de la medianoche del 12 de agosto de 1952 veinticuatro figuras destacadas de la vida cultural de la Unión Soviética fueron rodeadas por miembros de la policía secreta y muertas a disparos en los sótanos de la prisión de Lubyanka. Esa misma noche se hizo desaparecer a 217 escritores y poetas yiddish, 108 actores, 87 pintores y escultores y 19 músicos. La mayor parte fue enviada a morir en los campos de Gulag, en Siberia, como trabajadores esclavos. Entre ellos habían íntimos amigos de Lazar, de María Kaganovich y de Paulina Molotov.

Kaganovich y Molotov estaban estupefactos. No sabían nada de esto. Era el comienzo de un baño de sangre sin precedentes.

Una radióloga del hospital del Kremlin escribió a Stalin hablándole de las pésimas condiciones de la salud en Rusia, del maltrato al enfermo que carecía de cualquier auxilio medicinal. Los rusos estaban dejando de acudir a los hospitales y se trataban con hierbas y masajes de vodka. Se trató de hacer desaparecer la carta. Stalin se enteró y encabezó la investigación que conduciría a reunir a todos los responsables. Se arrestó a quince eminencias médicas, seis de las cuales eran judías. Se dijo que envenenaban a los pacientes para destruir la Unión Soviética. Los enfermos mentales dejaron de tomar sus medicinas.

Israel reaccionó repudiando el nuevo “holocausto”. El Kremlin preparó una serie de restricciones contra los judíos que superaban de lejos las impuestas por los zares más crueles. Hacia fines de 1952 Stalin deportó a varios cientos de intelectuales judíos. Proscribió la prensa judía y cerró todos sus teatros.

El problema llegó a su tope cuando la esposa de Molotov fue deportada. Stalin constituyó un nuevo Buró del Presidium con apenas nueve miembros, entre los cuales el fiel Molotov no figuraba.

Muerte de Stalin

Tras esta reunión, Lazar y cuatro de los seis dirigentes máximos de la Unión Soviética mantuvieron una reunión secreta y decidieron eliminar a Stalin.

El terror ahora les tocaba en carne propia y se iban a defender. Con la información médica de Stalin en la mano, observaron que había sufrido ya varios ataques cerebrales. Recelaba de los medicamentos y no aceptaba que nadie se los administrase salvo él mismo. Irónicamente, el único remedio que le salvaba era el dicumarol, un conocido veneno para ratas. En la dosis adecuada (dos milígramos) diluía los coágulos. Kaganovich y sus pares acordaron reemplazar la dosis actual por una mas alta.

Para ello ajustaron sus horarios. Estaban prácticamente proscritos del Kremlin en virtud de las últimas medidas y después de reunirse tradicionalmente cada día ahora llevaban semanas sin visitar a Stalin. Acudieron todos juntos. Le dijeron en la cara las peores cosas, le responsabilizaron de todo los males. Stalin sufrió un ataque y el remedio fue reemplazado. Stalin quedó en el piso. Horas después acudieron llamados por la guardia y corroboraron la muerte del dictador.

Tras rendirle grandes homenajes, comenzó la lucha por el poder. Kaganovich estaba casi seguro de reemplazarle. Lo mismo pensaba cualquiera de la camarilla asesora.

Pero el insignificante Krushchev se elevó meteóricamente en el poder y eclipsó a todos en astucia y maldad. Semanas más tarde, apoyado por misteriosas fuerzas que paralizaban cualquier reacción, había asumido el poder absoluto.

Nikita llamó a reunión del Presidium y acusó a Kaganovich de ser el responsable de la muerte de más de 20 millones de personas y de los crímenes más espantosos que se pudiese imaginar. Traicionaba así a quien le ayudó a ascender hasta donde se encontraba como Secretario General del Partido Le recordó que le salvó la vida cuando Stalin ordenó ejecutarlo por ineficiente y patán. Pero Krushchev no le escuchaba y sacaba columnas de documentos que incriminaban a Kaganovich. Lejos de negar los crímenes, Lazar acusó a todos los presentes de estar tan manchados en sangre como él.

El ocaso y muerte del Lobo del Kremlin

Lazar M. Kaganovich fue alejado del poder. Así como con la era leninista, la estalinista era repudiada por el nuevo mandatario. Occidente aplaudía el cambio hacia un dictador sonriente y amable. Las purgas fueron más silenciosas y más fotogénicas. Krushchev fue particularmente cruel con Kaganovich.

Con el ascenso de intimidante Brezhnev como Presidente del Presidium y sucesor de Krushchev, Kaganovich estuvo mucho mejor. El endurecimiento de la política de Brezhnev, íntimo amigo de Lazar, le significó recuperar influencia y comodidades.

Repudiado por los familiares que huyeron a América y apenas reconciliado con unos de sus sobrinos, murió plácidamente un cómodo departamento para jerarcas en Moscú bajo los cuidados de Maya, su única hija.

Los sufrimientos de la Santa Iglesia y los interrogantes que quedan abiertos

El lector quedará pasmado a esta altura. En efecto, ¿cómo explicar a nuestra descendencia la incoherente persecución a solo una de las formas de socialismo? ¿A qué podemos atribuir que la legítima y necesaria condena al nacional-socialismo no se haya extendido a crímenes tan grades como el de Hitler y aún superiores en extensión de tierras, de tiempo y de víctimas?

Las preguntas no paran aquí. Podemos proseguir preguntándonos sobre el cómo se pudo llegar a semejante paroxismo de mal y de crueldad y que nadie reaccionara. ¿Cómo es posible, nos preguntamos, la total ausencia de reflejos humanos en los verdugos, el pueblo y occidente?

El padre Alfredo Sáenz, S.J., parece ofrecernos una explicación indirecta para el hecho. Se trata de Mons. André Sheptyskyj, Arzobispo de Lvov y Patriarca de Halich, líder de la Iglesia Católica en Ucrania durante las persecuciones de Lenin y Stalin. Fue quien mejor conoció a Kaganovsky. A principios de la II Guerra Mundial, él escribió a la Santa Sede: “Este régimen sólo se puede explicar como un caso de posesión diabólica colectiva”. Y pidió al Papa que sugiriese a todos los sacerdotes y religiosos del mundo que “exorcizasen a la Rusia soviética” (P. Alfredo Sáenz S.J.,De la Rusia de Vladimir al hombre nuevo soviético, Ediciones Gladius, Buenos Aires, 1989, pp. 438-439. ) Mons. Sheptyskyj falleció en 1944. Su proceso de beatificación está en marcha.

Y es que semejante varón de la Iglesia que sufrió el peso de Kaganovich conocía bien lo que ocurría y que sucedería. Sabía bien de los sucesos que paralelamente se desarrollaban en la Europa anexada por Stalin y Kaganovich gracias a la repartición de países que sucedió a la II Guerra Mundial.

En algunos países invadidos por los rusos, la maldad llegó a perversidad. En la prisión rumana de Pitesti los seminaristas eran “bautizados” todos los días, derramándoles en la cabeza baldes llenos de orina y excrementos, mientras era rezada la fórmula bautismal. Los seminaristas debían oficiar “misas negras”, especialmente en Semana Santa. El “texto litúrgico” era “pornográfico y parafraseaba de forma demoníaca el original”.

La persecución se volvió encarnizada contra el clero católico. Un Obispo greco-católico escribió este testimonio conmovedor: “Durante largos años, soportamos, en nombre de San Pedro, la tortura, los golpes, el hambre, el frío, la confiscación de todos nuestros bienes, el escarnio y el desprecio. Besábamos los grilletes, las cadenas y los barrotes de hierro de nuestras celdas como si fuesen objetos de culto, sagrados; y nuestras vestimentas de prisioneros eran nuestros hábitos de religiosos. Nosotros habíamos escogido cargar la Cruz, a pesar de que nos proponían sin cesar una vida fácil a cambio de la renuncia a Roma. …. Hoy, a pesar de todas las víctimas, nuestra Iglesia posee el mismo número de Obispos que había en la época en que Stalin y el Patriarca Ortodoxo Justiniano triunfalmente la declararon muerta”

El responsable de tantos crímenes, el artífice de tanta maldad, el Arquitecto del Terror murió impune.  Ningún juez ruso ni de país extranjero alguno le llamó a juicio. La prensa nunca se interesó ni le importunó con entrevistas ni notas. Ninguna concentración humana protestó exigiendo justicia y fin a la impunidad para el mayor criminal del siglo XX. Ningún concierto ni artista alguno reclamaron por el genocidio. Ninguna Amnistía Internacional hizo nada para aplacar el sufrimiento de millones y millones de personas.

Abandonaremos los cuestionamientos. Dejaremos abiertas sólo algunas interrogantes para el lector fiel a la Santa Iglesia. ¿Qué se hizo en Rusia en los campos de concentración? ¿Existen aún? ¿Fueron cerrados? Si existen, ¿por qué nadie habla de ellos? Si fueron cerrados, ¿qué misterio explica el hecho de que los grandes órganos de prensa de Occidente no envíen periodistas para entrevistar a las víctimas o para filmar los lugares de tortura y muerte?

¿Por que las ONGs humanitarias no buscaron en Siberia o alrededores y similares eventuales sobrevivientes? Y ¿por qué la cohorte de defensores de los “derechos humanos” no se interesó por el destino final de esos millones de víctimas? Y ¿cómo explicar aún su silencio sobre las actuales cárceles-fábricas chinas?

¡Nada! ¡Nada se ha hecho! Y cuando voces se levantaron para pedir un Nüremberg para juzgar los crímenes del comunismo, un pesado velo bajado por la prensa apagó la iniciativa. ¿Que ocurrió?

Sabemos que la Santísima Virgen anunció en Fátima que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Sabemos bien la postura firme y varonil de la Iglesia respecto a las doctrinas totalitarias. Conocemos la esperanza de quienes viven con fe el cumplimiento de las promesas de Cova da Iria: “Cuando todo aparezca perdido… por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará!”.  2002.-

Origen: Conocereis de Verdad | Leninista – 1º cien años leninismo y persecución a judíos, violencia carnicería

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