El presidente Zapatero, fiel exponente del Pensamiento Alicia – Felipe Giménez Pérez

Sobre el libro de Gustavo Bueno, Zapatero y el Pensamiento Alicia,
Temas de Hoy, Madrid 2006, 357 páginas

Gustavo Bueno, Zapatero y el Pensamiento Alicia, Temas de Hoy, Madrid 2006, 357 páginas

Este último libro de Gustavo Bueno,Zapatero y el pensamiento Alicia, es un libro de evidente intervención política en los asuntos nacionales españoles. Gustavo Bueno arremete contra un Gobierno de malandrines, que merced a una casualidad favorable, (atentados del 11 de marzo de 2004, hábilmente manipulados por Jesús de Polanco y PRISA y el PSOE, desembocando así en la jornada electoral de 14 de marzo de 2004) llegaron al poder de forma feliz para los intereses del PSOE en 2004.

El Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero es un fiel exponente del Pensamiento Alicia. Es la fase superior de la degeneración de la ideología de la izquierda socialdemócrata, de la ideología del PSOE. No se trata de un pensamiento utópico. «El Pensamiento Alicia procede representándose un mundo distinto del mundo real, y no sólo esto, sino, lo que es más interesante, un mundo al revés de nuestro mundo, como es propio del mundo de los espejos» (pág. 10). El Pensamiento Alicia es una deformación ideológica de la conciencia de tipo infantil, ingenuo, simplón. Dice Gustavo Bueno: «Pero al representarse el mundo al revés, el pensamiento Alicia no quiere tener conciencia de las dificultades que habría que vencer para llegar a él, ni, por tanto, de los métodos o caminos que sería preciso habilitar. Todo es mucho más sencillo: se tiene la voluntad de pasar a ese mundo al revés y basta.» (pág. 10.)

Un libro sobre el Pensamiento Alicia es fundamental en España ahora. Es necesario para que el público conozca la estructura de tales secreciones ideológicas. Ocurre que el PSOE ha adoptado una ideología pensamiento-Alicia como doctrina oficial. Lo mismo ocurre con IU-PCE. La izquierda socialista desemboca por degeneración en el pensamiento Alicia, la fase superior del progresismo. La izquierda comunista desemboca por degeneración en el pensamiento Alicia, la fase superior del comunismo. Es la confluencia final de socialismo y comunismo en la necedad infantil. La enfermedad senil del socialismo y del comunismo es igual que la enfermedad infantil del socialismo y del comunismo. Los restos del naufragio de estas dos izquierdas se convierten al pensamiento Alicia. Ya no tienen nada que ofrecernos. Si el pensamiento Alicia fuese sólo una locura subjetiva propia de sujetos individuales y particulares ociosos en la vida privada, no debiera preocuparnos semejante engendro ideológico. Ahora bien, el presidente del Gobierno de España está poseído de semejante locura y todo conspira para pensar que a lo mejor está loco subjetivamente ZP y no sólo de forma objetiva, al poseer o segregar semejantes elucubraciones demenciales-infantiles-delirantes. Esto significa que la clase política del bloque histórico progresista en el poder en España concibe el mundo al revés. He ahí la peligrosidad del Pensamiento Alicia.

El pensamiento Alicia es infantil, pero también pudiera ser el resultado de la evolución de la mentira socialista o comunista. Mentiras que finalmente se convierten en delirios demenciales por la pérdida de referente fisicalista de semejantes mentiras. El Pensamiento Alicia bien pudiera decirse que es infantil pero también que es la demencia senil de las dos izquierdas definidas (socialismo y comunismo) que venimos comentando.

El PSOE, fundado en 1879 ya tenía Pensamiento Alicia derivado del krausismo de Giner de los Ríos. Desde 1982 se dedicó con ahínco a destruir la enseñanza en España, consiguiéndolo finalmente. He ahí un ejemplo de los efectos perniciosos del Pensamiento Alicia. Bueno pone otros ejemplos: los matrimonios homosexuales. Juan Fernando López Aguilar razonaba así: «Como se quieren…» Pues nada, matrimonio. Lo mismo puede decirse de los chimpancés para declararlos personas, esto es sujetos de derechos y obligaciones con capacidad de obrar o de las comunidades autónomas, que pasan a ser consideradas naciones.

El pensamiento Alicia es un pensamiento simplista. «El simplismo de Alicia no es ocasional, es sistemático, de principio, y está organizado en función de ciertos ideales prácticos, confortables, amables, pacíficos» (págs. 14-15). En el caso español esta degeneración ideológica procede del krausismo de Sanz del Río.

El pensamiento Alicia se manifiesta de muchas maneras y en los campos más diversos. El monismo metafísico es un pensamiento Alicia en filosofía. «La llamada ‘filosofía de los científicos’ suele ser un pensamiento Alicia orientado filosóficamente. Acaso el principio más característico del pensamiento Alicia, en el momento en el cual se despliega hacia horizontes filosóficos, sea éste: ‘Todo está relacionado con todo’, principalmente si este principio está conjugado con una ideología armonista» (pág. 17). La filosofía camina entre la metafísica (monismo) y el nihilismo (atomismo: nada está relacionado con nada). Parece que el pensamiento Alicia se corresponda más con el monismo que con el atomismo. Es que es un pensamiento bobalicón optimista.

El Pensamiento Alicia de ZP se denomina «pensamiento Zapatero». Las ideas del Presidente encarnan perfectamente la metodología del pensamiento Alicia.

El pensamiento Alicia forma parte de la Historia del Pensamiento. Me pregunto si acaso el pensamiento Alicia forma parte también de la Historia de la Filosofía. Si es cierto lo que dice Cicerón de que no hay necedad que no haya sido defendida por un filósofo, bien podría decirse que la Historia de la Filosofía contendría al pensamiento Alicia por lo menos en la versión de la filosofía monista o idealista. Un ejemplo de pensamiento Alicia en la Historia de la Filosofía es Krause y por supuesto también Sanz del Río. Parece que Bueno se inclina por situar al pensamiento Alicia en la Historia del Pensamiento y no en la Historia de la Filosofía. Por lo demás, como dice Bueno, «Las reflexiones que físicos, biólogos o matemáticos ofrecen, una vez jubilados, sobre sus ciencias respectivas suelen llamarse «pensamiento» (Últimos pensamientos). Y, desde luego, está ya muy consolidada, académica y editorialmente, la distinción entre Historia del Pensamiento y la Historia de la Filosofía» (pág. 23).

El libro de Gustavo Bueno procede al análisis de once tropos o tópicos del pensamiento Alicia. En el análisis Bueno llega a hacer filosofía académica de muy denso calado y contenido. Por eso, he preferido seleccionar los contenidos que he estimado importantes y fáciles de resumir. Esta recensión es una interpretación discutida y discutible del libro de Bueno, pero me parece que expresa el pensamiento político profundo de Gustavo Bueno.

El primer tropo del pensamiento Alicia es la famosa alianza de civilizaciones. Ocurre que no se sabe muy bien en qué consiste semejante alianza de civilizaciones.

El segundo tropo del pensamiento Alicia es la afirmación de ZP de que como mujer él no tiene patria. Aquí ZP se convierte en un feminista radical, incluso en un feminista lesbiano. Ya la ilustre feminista Lidia Falcón afirmaba la necesidad de la dictadura del matriarcado: «Porque si Lenin afirmaba que marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado –decía Alicia hablando ahora por boca de Lidia Falcón, en su Discurso sobre el poder feminista–, debemos decir de una vez por todas que feminista revolucionaria sólo es la que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases entre el hombre y la mujer al reconocimiento de la dictadura de la mujer, y en esto estriba la diferencia entre una feminista revolucionaria y una feminista reformista» (pág. 41). ZP asumía como propio tal discurso feminista de la diferencia. Se trata de interpretar la diferencia de clases como diferencia sexual y de considerar la lucha de clases como lucha de sexos. «Este pensamiento Alicia podría ahora traducirse de este modo (si Alicia asumiera el oficio de prostituta): ‘Como mujer no tengo patria, mi patria es el mundo’. Este pensamiento Alicia equivale ahora al inicio de un proyecto que podría concebir como objetivo ventajoso para la clase femenina una asociación de ‘prostitutas sin fronteras’. Lo que queda muy lejos, aunque no sea contradictorio en el fondo, de la idea de humanidad. Pues se trataría sólo del ideal de un sindicato de prostitutas que quiere solidarizarse con otros sindicatos homólogos en otros países.» (pág. 51.)

Este pensamiento es confuso y simple. ZP no sabía lo que decía, igual que con la alianza de civilizaciones tampoco sabía muy bien lo que decía. No se puede decir que ZP siquiera hubiera ejercitado la operación de pensar. Es más, es un pensamiento contradictorio entre la proposición «No tengo patria» y la proposición «Mi patria es el Mundo». Entonces, «Alicia, una vez que la rosa hubiera aclarado su pensamiento, debiera reformularlo de este otro modo: «Como mujer, salvo que sea miembro de un sindicato de prostitutas sin fronteras, tengo, hoy por hoy, una Patria.» (pág. 53.)

El tercer tropo progresista o pensamiento Alicia consiste en afirmar simplonamente que «hablando se entiende la gente». Esta vez fue un miembro de la ilustre dinastía de los Borbones quien afirmó tal expresión lingüística en presencia de un antimonárquico, antisistema, antiespaña y separatista, un tal Benach. Claro, que como el rey de España no se opone al separatismo, no es de extrañar tal actitud.

No siempre hablando se entiende la gente. Hay cosas de las que conviene no hablar por el bien público, por la tranquilidad pública, por la eutaxia del régimen. «El aforismo que nos ocupa puede resultar especialmente peligroso en la vida política, en general, y en la democracia, en particular. No sólo porque también la democracia tiene sus arcana imperii, de los cuales no conviene hablar (arcanos o secretos que deben mantenerse reservados o clasificados como secretos), sino también porque la democracia no tiene por qué tolerar que la gente hable de cualquier cosa y como quiera ‘expresando libremente su pensamiento’, invocando como principio sagrado (en realidad: metafísico-espiritualista), aquel que dice que ‘el pensamiento no delinque’» (pág. 78).

El aforismo «Hablando se entiende la gente» sólo vale cuando ya se ha entendido la gente previamente en un idioma común. Si el aforismo se enuncia en general, sin decir a qué contenido se refiere, entonces es puramente retórico, estúpido, confuso, frívolo o incluso imprudente y peligroso.

El cuarto tropo progresista o del pensamiento Alicia es sobre Franco. Franco se levantó contra la república española el 18 de julio de 1936. La guerra civil fue cruel. Con la ayuda de las potencias fascistas europeas, la democracia española fue destruida. Los cuarenta años de la dictadura franquista son tinieblas medievales. Son un tenebroso paréntesis. Desde 1978 ha vuelto la luz a España. Hay que mantener viva y fresca la memoria histórica de la república. Así las jóvenes generaciones apreciarán lo bueno que es nuestro régimen de 1978 y lo malo que fue el franquismo. Hay que ser antifranquistas todavía hoy en día.

Cuando en 1993 el PSOE podía perder las elecciones, comenzó entonces el movimiento para recuperar esa memoria histórica selectiva. El PP representaba al franquismo y el PSOE a la democracia. Y desde entonces se repite la misma historia. La memoria histórica consiste en afirmar que el PP es franquista y los demás son buenos, republicanos, de izquierdas y progresistas. Esto es la democracia de 1978. «Lo más antidemocrático que cabe imaginar es que el partido político de la oposición, en plena campaña electoral, esgrima contra el partido antagonista sus supuestas vinculaciones con el franquismo: se trata de golpes bajos que nada tienen que ver con la democracia. Hablar, a título reivindicativo, de la «memoria histórica» es buscar no el entendimiento, sino la confrontación, dentro de la lucha partidista y electoralista: es volver a hablar llamando asesino a Santiago Carrillo por su supuesta y no probada responsabilidad en Paracuellos; es llamar asesino a Manuel Fraga por sus discutidas, pero no juzgadas actuaciones como ministro de la Gobernación en la época de Franco.» (pág. 74.) Hay que decir algo a este respecto. Ya sí está probada la responsabilidad de D. Santiago Carrillo Solares en las matanzas de Paracuellos de noviembre-diciembre de 1936. Fueron ejecutados más de cinco mil individuos. Los archivos de la antigua URSS así lo certifican. Lo de Manuel Fraga Iribarne asciende como mucho a cuatro muertos. El problema es que Fraga no va por ahí dando clases de ética ni de democracia y Santiago Carrillo sí lo hace precisamente en la cadena SER. He ahí la diferencia.

La Segunda República nació con un golpe de Estado. La República se instauró de un modo poco democrático, poco ortodoxo. Se «interpretó la victoria electoral que en unas elecciones municipales habían tenido los candidatos a concejales republicanos en algunas capitales de provincia y ciudades industriales como victoria de la República, aun cuando el número de votos monárquicos fue superior en el conjunto de España (¿o es que se quiere decir que los electores de ciudades, villas y municipios rurales, atenazados por los caciques, no tenían libertad de voto, en cuyo caso las elecciones debieran haberse declarado nulas?). El rey había abdicado, pero el poder fue tomado por una suerte de golpe de Estado incruento por Miguel Maura (el animoso) y Manuel Azaña (el timorato, por no decir lleno de temor a que lo ametrallasen), cuando desde un taxi entraron, en aquella tarde, en el Ministerio de la Gobernación, en la Puerta del Sol de Madrid, tras recibir el saludo de la guardia sorprendida y conminar al oficial mayor a retirarse del despacho del ministro a la mayor brevedad posible» (pág. 87).

Por lo demás, la Segunda República carecía de un proyecto político común. Incluso los propios republicanos decidieron desobedecer las propias leyes que ellos mismos habían aprobado.

Nunca hay que olvidar el intento de golpe de Estado revolucionario de octubre de 1934, el más importante en Europa desde 1917 en Rusia.

Hay que decir la verdad. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 fue dado en nombre de la República. Hay que leer a Pío Moa, Stanley Payne, Ricardo de la Cierva para enterarse de la verdad histórica.

«En conclusión, es inadmisible que Alicia, en su estupidez, siga diciendo que ‘aquella República que había aparecido en el bosque sin romper un solo cristal, que llevaba leche y miel a su abuelita decrépita, España, fue atacada por un lobo feroz llamado Franco’. Muchos lobos la habían atacado antes, y Franco fue, eso sí, el lobo que atacó no a Caperucita, sino a los otros lobos que la acechaban.» (pág. 89.)

La dictadura de Franco era apoyada por la mayor parte del pueblo español. «Los cuarenta años no fueron solo la época del terror que una abuela, España, hubiera experimentado aprisionada en la panza del lobo (entre otras cosas, porque mucho más de la mitad de España no se sentía prisionera y vencida, sino vencedora). La represión franquista hasta que acabó la Segunda Guerra Mundial fue tremenda, sin duda, pero tampoco es exacto decir que fue la represión contra una España vencida.» (págs. 89-90.)

Hay que tener una visión objetiva, científica, veraz y dialéctica del franquismo y no ese maniqueísmo simplón, barato y falso del progresismo o del pensamiento Alicia.

España bajo el franquismo se convirtió en un país capitalista avanzado. En el fondo la República no hizo nada. No podía hacer nada en sólo cinco años. Se creó un mercado pletórico de bienes, condición sine qua non para que haya un Estado democrático.

Además, la represión sólo afectó a una parte insignificante de la población. «Lo significativo, desde el punto de vista funcional, histórico, social y político, es esto: que los efectos de la dictadura, terribles para quien tuvo que sufrir el fusilamiento, la cárcel o el exilio, o para sus parientes, no afectaron a la gran masa de la población, sino a una parte porcentualmente muy pequeña, y esto sin contar sólo a los vencedores (la mayor parte de los ‘vencidos’ se adaptaron o se transformaron en fervientes falangistas, franquistas, o incluso en frailes y monjas).» (pág. 92.)

Tampoco fue el franquismo un erial cultural. Todo siguió adelante. La vida intelectual fue normal. Ni se notó la ausencia de los antifranquistas. «Ni el franquismo fue tampoco el vacío cultural, el erial del que tanto habla la memoria histórica. Si al exilio habían marchado personajes como Alberti, Américo Castro, &c., en España permanecieron, o volvieron a los pocos años, Baroja, Rey Pastor, Julio Palacios, Julián Marías, Ortega, Zubiri, Marañón, Pérez de Ayala, &c. (Muchos de estos nombres son considerados por los republicanos de hoy como las grandes figuras de la Segunda República.)» (pág. 93.)

El pensamiento Alicia es simplista y maniqueo. Divide entre franquistas y antifranquistas. «Es el simplismo de quien pretende reducir el juicio histórico sobre la Guerra Civil, sobre Franco y el franquismo, a una disyuntiva dilemática sencilla, que es lo que suele llamarse por sinécdoque «maniqueísmo»: franquismo o antifranquismo; o bien, fascismo o antifascismo; o bien, «derecha» o «izquierda». (págs. 97-98.)

La posición de Gustavo Bueno es partidista, pero no sectaria ni maniquea ni parcialista. «Nuestro partidismo sería total aunque negativo, si tomamos partido porque negamos la razón tanto a una parte como a la otra.» (pág. 99.)

El quinto tropo del pensamiento Alicia versa sobre los derechos de los simios. Como los simios antropomorfos son muy parecidos a los hombres como han demostrado la genética y la etología, conviene extender los derechos humanos a los simios. El proyecto de extender los derechos humanos a los simios es inane y redundante. Inane porque es imposible dar algo a quien no puede recoger esos derechos ni ejercitarlos. Redundante porque ya hay leyes para proteger a los animales de la crueldad humana.

El sexto tropo del pensamiento Alicia versa sobre la solidaridad. Los hombres debemos ser solidarios los unos con los otros para llegar así a la paz universal. Este principio es un principio causado por un simplismo perezoso en el mejor caso, en el peor caso se convierte en cómplice de las conductas más abyectas. Bueno propone ponerlo junto al principio de insolidaridad formal.

El séptimo tropo versa sobre la memoria histórica. La gente tiene que acordarse de la Segunda República, de la Guerra Civil y del Franquismo para evitar que se repitan sus horrores. Se cree erróneamente que la Historia es la ciencia de la memoria, pero esto es un error. La Historia depende del entendimiento. Ahora los partidos de las izquierdas o sus residuos institucionales buscan condenar el 18 de julio de 1936.

La memoria histórica es subjetiva, accidental, psicológica, biográfica y la Historia es objetiva y científica. Llega un momento en el que los políticos y demagogos que juegan con esta memoria histórica caen en la estupidez como ocurre con Evo Morales cuando reivindica la supuesta deuda histórica que España tiene con Bolivia, entidad no existente en el siglo XVI. Claro, que en España esos casos de estupidez patológica se registran con el BNGa o con los separatistas vascos o catalanes. España no debe nada a esos malandrines.

Estos reivindicadores de la memoria histórica paradójicamente reivindican también la damnatio memoriae de Franco y del franquismo. Como si el franquismo no hubiera existido jamás. Igual se hizo con el Emperador Domiciano a su muerte en el 96. O con la reina Hatsepsut o con Amenofis IV. Es esta pues una memoria esencialmente selectiva. Lo que se busca es la revancha, fruto del resentimiento, del odio y de la impotencia. Quieren ganar a Franco después de muerto, porque vivos ni podían ni podrían vencerle.

El octavo tropo es el del pluralismo cultural, que pondera las bondades de las culturas y del relativismo cultural. Todas las culturas son iguales

«Lo más grave del asunto es que estas tres actitudes o filosofías de la cultura que designamos como monismo cultural (‘etnocentrismo’, para sus adversarios), relativismo y pluralismo cultural no se presentan como meras alternativas, sino como disyuntivas entre las cuales hay que elegir. ¿De dónde deriva la disposición disyuntiva de estos tres modos de entender las relaciones que entre sí pueden mantener supuestamente las esferas culturales?» (pág. 239.)

Es la Idea de las esferas culturales la que está en la base de tales distinciones. La solución es la desustancialización de la idea de las esferas culturales.

«Y este supuesto es el de las esferas culturales, entendidas como entidades sustantivas que ofrecen al investigador muy diversas ‘señas de identidad’ de su sustancia (¿de qué si no?): de una sustancia que se supone procedente de los tiempos más arcanos y que pretende mantener su identidad, considerada como el valor supremo y sagrado. Pero no existen esferas culturales en ese sentido. Las esferas culturales son sólo construcciones ideológicas, pura y simplemente mitos.» (pág. 244.)

Por ello no hay conflictos entre las civilizaciones o culturas. «No cabe hablar, según lo que hemos dicho, por tanto, de conflictos de culturas, o de conflictos de civilizaciones; tampoco cabrá hablar de integración o de expansión de culturas.» (pág. 246.)

El noveno tropo es el de España y la nación española. Zapatero-Alicia afirma que no pasa nada por utilizar la palabra nación para designar a las comunidades autónomas. Zapatero cree que el signo lingüístico es arbitrario y que por ello se puede llamar a las cosas como queramos. Una cosa son los objetos y otra los significantes utilizados. Las diferencias aquí no son diferencias de palabras, sino de conceptos. «Quienes frívolamente creen ‘estar en el secreto’ de este debate sobre las naciones, nacionalidades y realidades nacionales, diciendo que lo que en este debate se dirime son meras ‘cuestiones semánticas’» (pág. 251, entendiendo estas cuestiones semánticas como «cuestiones nominalistas»), como dijeron más de una vez en público personajes tales como Gregorio Peces-Barba o José Luis Rodríguez Zapatero, no saben lo que dicen. No hacían más que atenerse al estilo de su modo de pensar, que es el estilo del más genuino pensamiento Alicia.»

Inicialmente, hace años Gustavo Bueno había distinguido entre nación biológica, étnica, canónica o política y fraccionaria. En España no es un mitorectificó tal distinción introduciendo el concepto de nación histórica. En esta ocasión las cosas quedan como siguen. Así pues, «cabría decir, buscando ‘fijar conceptos’, que el término ‘nación’ es un universal que se despliega en tres géneros (que se presuponen los unos a los otros, a partir del primero), a saber, el género de la nación biológica, el género de la nación étnica y el género de la Nación política.» (pág. 253.)

En el fondo estos géneros proceden por despliegue de un núcleo ontológico, que en su curso va dando lugar a los géneros de la nación. «Estos géneros se despliegan a su vez en distintas especies, de las que citamos tres correspondientes al primer género (naciones organismo, naciones parte de organismo, naciones grupales); otras tres correspondientes al segundo (naciones periféricas, naciones integradas y naciones históricas), y dos más correspondientes al tercer género (naciones canónicas y naciones fraccionarias). Estas diversas especies o modos del genérico «nación» no hay que entenderlas como meras alternativas independientes de una tabla taxonómica, sino como fases de un despliegue evolutivo o histórico global, con interacciones mutuas y muy profundas.» (pág. 253.)

Por lo tanto, esto no es una mera cuestión nominal. Nación no es un flatus vocis. Se trata de conceptos. Es un problema político. Es una cuestión de poder. Es una cuestión de saber quién es el Soberano, el que manda, el que establece la distinción entre amigo/enemigo.

España puede desaparecer. Esto está claro. «Pero quienes defienden la Nación española, la nacionalidad y la realidad nacional de España no están dispuestos a renunciar al significado político de la Nación política española, como nacionalidad y realidad nacional soberana en el terreno político, y como realidad étnico-cultural en el terreno antropológico-histórico.» (pág. 268.)

Sólo un traidor a la Patria es capaz de decir que las naciones son una cuestión nominal o semántica. Por cierto, que en estos momentos la Constitución de 1978 merced al Estatuto de Cataluña cabe decir que es una constitución semántica a decir de Karl Loewenstein.

El décimo tropo del pensamiento Alicia versa sobre la democracia. La democracia convierte a los hombres en personas y en sujetos de derechos civiles y políticos. Hay que estar orgulloso de la democracia y de ser demócrata. Sólo con la democracia el hombre es civilizado y alcanza dignidad.

El demócrata fundamentalista considera que la democracia organizada como Estado social de derecho es la forma definitiva a través de la cual los hombres alcanzarán la libertad y la igualdad política.

La disyuntiva que se establece pues, es entre dictadura y democracia.

Según Gustavo Bueno, hay que tener presentes dos distinciones. «La primera es la distinción entre la democracia ideal (la Idea de democracia en cuanto forma pura de sociedad política, tal como la conciben precisamente muchos de aquellos que se enorgullecen de ser demócratas, que son a la vez, muchas veces, tratadistas de libros o de alegatos a favor de la democracia) y las democracias realmente existentes.» (pág. 272.)

«La segunda distinción la establecemos entre la democracia formal (o forma de la democracia) y la democracia material (o contenido de la forma democrática).» (pág. 272.)

La forma genérica de la democracia o democracia formal genérica es lo que se llama democracia procedimental. La forma específica de la democracia es el principio de igualdad de voto. Los votos a los votos son iguales. La materia de la democracia es la Idea de libertad objetiva, que brota de la sociedad capitalista de mercado pletórico de bienes.

«La ampliación del sufragio universal en las sociedades desarrolladas, premisa imprescindible para la consolidación de las sociedades democráticas, fue un proceso estrictamente correlativo al proceso de ampliación de los mercados pletóricos, y con ellos, de la ampliación del «cuerpo de compradores solventes», es decir, del incremento de la demanda eficaz (y no sólo de la demanda intencional).» (pág. 290.)

Por lo demás, la democracia tiene límites. El grado de libertad del que goza el ciudadano no es como para sentirse orgulloso de ser demócrata como afirma ZP. «Nadie pone en duda que el régimen democrático tiene que ver con la libertad y con la igualdad de los ciudadanos; pero en términos tan limitativos (respecto de las pretensiones metafísicas a las que nos referimos) que sólo coyunturalmente, o relativamente, estaría justificado que alguien se sintiera orgulloso al ser considerado como demócrata.» (pág. 294.)

La libertad positiva del ciudadano al votar tiene muy poco peso estadístico. «Ahora bien, el voto individual tiene en unas elecciones parlamentarias, un peso estadístico minúsculo; tanto es así que su voto individual, en el caso de que se retirase del conjunto, sólo afectaría al resultado final en una parte alícuota millonésima.» (pág. 296.)

Entonces «el pensamiento Alicia, cuando exalta a la democracia como el destino gozoso que los hombres ya han comenzado a alcanzar en el curso de su progreso indefinido hacia la libertad y la igualdad, se mantiene en el terreno abstracto y confuso de la ilusión propia del más indocto simplismo.» (pág. 302.)

Esto no significa que Gustavo Bueno esté a favor de la dictadura. Simplemente está en contra del pensamiento Alicia sobre la democracia. Está en contra del fundamentalismo democrático, de la metafisica.

«Lo que estamos intentando insinuar es la conveniencia de la liquidación de estas ideas sublimes sobre la democracia que la «clase política» suele alimentar como modo de su propia exaltación; lo que estamos intentando es sugerir la necesidad de limitar las pretensiones de esa clase política, en el conjunto del curso de las sociedades modernas.» (pág. 303.)

Hay que rechazar el fundamentalismo democrático que intenta convencernos de que todo se soluciona con más democracia y hacernos creer que la democracia es la base de todo. «Por ello, hay que rechazar la tendencia creciente a juzgar, positiva o negativamente, en nombre de la democracia, sobre asuntos que no tienen que ver directamente con ella. Como si la democracia fuese la fuente de todos los valores y el valladar contra todos los contravalores. «La democracia no puede tolerar el terrorismo», pero ¿acaso la aristocracia o la autocracia lo toleraban? La orquesta, la escuela, el ejército y hasta el fútbol progresarán decididamente si asumen la forma de una organización democrática (de una orquesta democrática, de una escuela democrática, de un ejército democrático, de un fútbol democrático. Todas estas conclusiones «democráticas» son sinsentidos de un pensamiento Alicia que confunde todo con la brocha gorda y demagógica de la libertad y de la igualdad democráticas» (págs. 305-306).

El undécimo tropo del pensamiento Alicia versa sobre el humanismo. Todos los hombres somos hermanos y tenemos que ser humanistas.

El hombre es la medida de todas las cosas. Este humanismo tiene mucho que ver con la sofística de Protágoras, incluso con el pensamiento Alicia de Giner de los Ríos. No hay que enseñar nada. Sólo a ser hombre. La educación del hombre asume según Giner de los Ríos «la función de formar al hombre en cuanto hombre, y no como médico, como arquitecto, como abogado….» (pág. 315.) Ahora se habla de aprender a aprender, vaciedades formalistas de la pedagogía Alicia que tenemos que soportar en las instituciones de instrucción pública.

Lo que pasa es que ese hombre originario no ha existido jamás. «La persona humana es una institución (cultural, social, política, jurídica), pero cuyos contenidos no son unívocos» (pág. 320). A los progres les gusta decir que antes que españoles son hombres o que como mujeres no tienen patria.

Los progres usan el humanismo para ir contra la guerra –como si se pudiera evitar la guerra. No han leído a Heráclito ni a Clausewitz–, contra la pena de muerte, que es muy mala para la salud y la vida sexual y para postular la democracia, como si los hombres sólo pudieran ser hombres en la democracia.

Gustavo Bueno critica a continuación dos panfletos humanísticos, uno es el de Sanz del Río, El Ideal de la Humanidad. Este escrito ha influido decisivamente en el PSOE. Don Julián Sanz del Río introdujo en España el pensamiento Alicia. Ahí está su mérito. El principio del humanismo es racional según él. Esto es puro dogmatismo. Además, hay que creer en Dios. Sustituimos = el catolicismo por el deísmo masónico. El proceder de Sanz del Río es dogmático.

Sanz del Río niega la divinidad de Cristo. Niega el pecado original. Todos los hombres son buenos por naturaleza. El racionalismo de Sanz del Río consiste en atacar a la Iglesia Católica.

El humanismo de Sanz del Río consiste en afirmar que la humanidad es el reflejo de Dios en la Tierra. Es de un simplismo aterrador. Es el pensamiento Alicia en estado puro. Es un humanismo consistente en creer en un Dios y no en la Santísima Trinidad. Negar al Dios Uno y Trino y sustituirlo por un Dios rígidamente UNO, como Allah.

El progresismo armonista de Sanz del Río confía en el Estado total y quita importancia a los problemas, porque el mal no existe. Es un optimismo armónico gradualista y conformista. Es la negación de la realidad objetiva tal y como es independientemente de nuestros buenos deseos. Se niega la complejidad y se niegan las contradicciones. Es el pensamiento de la ternura común por las cosas como dijera Hegel. Se llega así a resultados absurdos. «Un individuo ha asesinado a su mujer, a sus hijos, a su madre, ensañándose con sus cuerpos moribundos: no hay ningún problema. Este individuo estuvo mal educado por las condiciones sociales de su infancia, o ha sufrido algún trastorno neurológico. Llevémoslo a la cárcel hospital para reinsertarlo cuanto antes ‘en la sociedad’» (pág. 336). El simplismo de Sanz del Río puede llegar a ser insoportable. Es algo enfermizo. Todo está claro. Todo está simple. El progreso es ineluctable. Al final, todos los pueblos llegarán a ser hermanos. Es la Alianza de la Humanidad. Luego a Zapatero se le ocurrió eso de la alianza de civilizaciones. Son cosas que pasan cuando estamos en manos de semejantes gentes.

El otro manifiesto es el Manifiesto Humanista 2000. La Academia Internacional de Humanismo de Buffalo, EE.UU. fue quien lo fabricó. Es un manifiesto progresista, pero ahora se apoya en la ciencia positiva. Es un humanismo positivista y cientificista. Sin embargo, los redactores y signatarios del Manifiesto 2000 siguen creyendo en el progreso, en la armonía, en el optimismo ético, en la Humanidad, &c.

El Manifiesto 2000 es un manifiesto Alicia. Es igual de dogmático que el escrito de Sanz del Río. Da por supuesto qué es humanismo, ética, ciencia, &c. Puro dogmatismo ingenuo e infantil.

Este Manifiesto 2000 se justifica porque hemos entrado en un nuevo milenio. Por lo visto, cada 1000 años hay que hacer un nuevo manifiesto. Los que lo han escrito dicen que se preocupan mucho por la Humanidad. Tienen un compromiso con ella. Aman a la Humanidad. Vamos, que hay un pacto secreto o implícito entre la Humanidad como un Todo y la Academia de Humanismo. Esto me recuerda a un relato de Jorge Luis Borges que figura en El libro de arena (1975) titulado «El Congreso», en el cual se relata cómo se organiza un Congreso Mundial de todos los hombres del Mundo en Montevideo encarnado por unos cuantos individuos. «Don Alejandro concibió el propósito de organizar un Congreso del Mundo que representaría a todos los hombres de todas las naciones. El centro de las reuniones preliminares era la Confitería del Gas». Dice Bueno: «Pero ¿quién se cree que es esta Academia para hablar con palabras redentoras en nombre de la Humanidad? Antes que megalómanos insensatos, preferimos suponer que son víctimas de un género literario ingenuamente hinchado, que es el que inspira al pensamiento Alicia, cuando, ‘elevando los ojos al Cielo’ (como decía Aristóteles refiriéndose a Párménides), se puso sublime y dijo: ‘El Ser es Uno’. Por tanto, ‘el Hombre es Uno’, como resultante del contrato de Él consigo mismo.» (págs. 342-343.)

En fin, que «el humanismo no sirve para ordenar la vida de los hombres en sus relaciones materiales mutuas, y con los animales, en el mundo globalizado del siglo XXI.» (pág. 346.)

El pensamiento Alicia sería algo de lo que no cabría preocuparse si estuviera en las mentes de algunos seres ociosos y desocupados. Sería un problema irrelevante. Pero es que ocurre que es la ideología del PSOE y de muchos ciudadanos de España. He ahí su peligrosidad social y política.

Pero es que ocurre que no hay tontos buenos. Ya lo dijo Sócrates-Platón. El que es sabio es bueno y el que es necio es malo. Por eso, finalmente el pensamiento Alicia se convierte en una ideología o pensamiento de mala fe. Tanto simplismo encubre la realidad y teje mentiras que perjudican la tranquilidad pública y la eutaxia política del Estado. El pensamiento Alicia es el opio del pueblo del siglo XXI en el caso español al menos.

«Los principios del Pensamiento Alicia, cuando se canalizan por esta vía retórica o sofística, se convierten, obviamente, en pensamientos de mala fe.» (pág. 356.)

Es que la estupidez no sale gratis. El mal y la estupidez están siempre unidos. No hay tontos buenos

Origen: Felipe Giménez Pérez, El presidente Zapatero, fiel exponente del Pensamiento Alicia, El Catoblepas 56:19, 2006

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s