¿Cuál es la situación de los árabes israelíes? – Elias Cohen

Los árabes de Israel ciertamente tienen motivos para denunciar discriminación y racismo. Sin embargo, son ciudadanos con los mismos derechos ante la ley, y pueden llegar a lo más alto

Foto: La profesora palestina Alia Tunisi en la escuela Mano a Mano de Jerusalén, donde las clases se imparten en árabe y hebreo (Reuters)

La profesora palestina Alia Tunisi en la escuela Mano a Mano de Jerusalén, donde las clases se imparten en árabe y hebreo (Reuters)

05.07.201605:00 H.

Los árabes israelíes suelen etiquetarse a sí mismos como “ciudadanos de segunda”. Ciertamente, los árabes israelíes son ciudadanos que ostentan todos los derechos democráticos de Israel pero son discriminados por las políticas de los sucesivos gobiernos israelíes y son también objeto de racismo por parte de sectores judíos.

A este respecto, en 2009 un estudio del The Israel Democracy Institute reveló que entre un 42% y 56% de los israelíes creían que los árabes sufren discriminación respecto a los judíos. En agosto de 2011 el diario ‘Haaretz’ publicó un duro editorial haciéndose eco de las conclusiones de la Administración de Justicia y del Colegio de Abogados de Israel sobre la discriminación que han sufrido los árabes israelíes en las decisiones judiciales. En 2013, y atendiendo a las cifras vertidas por la organización Jewish Voices for Peace, la inversión en educación seguía siendo superior las escuelas judías en detrimento de las escuelas árabes. Como apunta As’ad Ghanem, profesor de política comparada de la Universidad de Haifa, la renta en un hogar medio judío es un 70% superior a la de un hogar árabe, según cifras de 2014.

En relación a las manifestaciones de racismo entre los judíos israelíes, tanto el ministro de defensa saliente, y figura histórica del Likud, Moshe “Boogie” Yaalón, como el Jefe Adjunto del Estado Mayor, Yair Golán, no dudaron en advertir unpreocupante ascenso de este fenómeno.

Pero la situación actual de los árabes israelíes está, cuanto menos, llena de matices. En el último número de ‘Foreign Affairs’, dedicado a Israel, el corresponsal del magazine en Tel Aviv, Jonathan Tepperman, entrevista a la controvertida ministra de Justicia israelí, Ayelet Shaked, y le pregunta si las reformas de su gobierno tienen también como objetivo paliar la desigualdad entre los árabes israelíes y los judíos israelíes. Shaked, fiel a su estilo directo, contesta: “No hay desigualdad. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Pero, por supuesto, necesitamos invertir más en algunas ciudades árabes”.

Shaked tiene razón: la declaración de independencia de Israel reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y prohíbe la discriminación por razón de sexo, raza, religión o ideología. Y los árabes israelíes generalmente disfrutan de este reconocimiento. Sin embargo, la realidad de los árabes israelíes no ha sido precisamente la misma que han tenido los judíos, aunque si hacemos un repaso a los datos presentes, veremos cómo han progresado desde la fundación del Estado de Israel en 1948 y cómo es, sin lugar a dudas, un escenario incomparable al de los demás árabes de Oriente Medio.

Mujeres palestinas portan rosas como símbolo de la paz durante el 'Día de Jerusalén', el 5 de junio de 2016 (EFE)

Mujeres palestinas portan rosas como símbolo de la paz durante el ‘Día de Jerusalén’, el 5 de junio de 2016 (EFE)

Una minoría que se ha multiplicado por diez

En 1949, al terminar la primera guerra árabe-israelí, y de acuerdo con la investigación nada sospechosa de Benny Morris, quedaron en Israel 156.000 árabes que adoptaron la ciudadanía israelí, y hasta 1966 estuvieron sometidos a un régimen cuasimarcial, por el que se les dificultaba la libertad de movimientos. Pese a ello, en las primeras elecciones generales en Israel, celebradas el 25 de enero de 1949, tres árabes lograron escaño: por la Lista Democrática de Nazaret Amin Salim Jarjora y Seif el Din el Zoubi, y por el partido Maki, Tawfik Toubi. Actualmente, la Lista Árabe Unida, que aglutina a los tres partidos árabes israelíes tradicionales, Ta’al, Jadash y Badal, es la tercera fuerza parlamentaria.

Los más de 150.000 árabes israelíes son ahora 1,7 millones –el 21% de la población– de acuerdo con los análisis de Ghanem. Y, desde 1949, su progreso en todos los estamentos de la sociedad es innegable.

La mayoría son jóvenes y además tienen un crecimiento vegetativo positivo. En este sentido, la mitad de los árabes israelíes son menores de 20 años y sonmayoría en 66 de las 112 poblaciones de Israel con más de 5.000 habitantes. 20.000 árabes israelíes estudian en la universidad, y 10.000 en el extranjero.

Un ejemplo de la evolución de los árabes israelíes es la situación extraordinaria de sus mujeres. En 2011, el 88% de mujeres árabes israelíes estaban alfabetizadas, ostentando el mayor índice de todo Oriente Medio. A este respecto se pronunció el periodista americano de origen paquistaní, Tashbih Sayyed, afirmando que a pesar de la desigualdad entre judíos y árabes israelíes, es Israel el único país de Oriente Medio en donde las mujeres pueden votar.

Además de las libertades propias de una democracia parlamentaria, como la libertad de culto, de prensa, de cátedra o de asociación, los árabes israelíes también disfrutan de libertad sexual, un bien escaso en Oriente Medio. Israel es el único país de la zona en donde los árabes homosexuales no son perseguidos -con la excepción de Jordania, que permite las relaciones sexuales, aunque no existe  ni reconocimiento legal ni protección de las parejas homosexuales. Como cuenta el documental ‘The Invisible Men’, premiado en el Festival de Cine LGBT de San Francisco de 2012, los palestinos homosexuales suelen refugiarse en Israel.

El juez Salim Joubran estrecha la mano del Presidente israelí Reuven Rivlin durante una ceremonia electoral en Jerusalén, el 25 de marzo de 2015 (Reuters)

El juez Salim Joubran estrecha la mano del Presidente israelí Reuven Rivlin durante una ceremonia electoral en Jerusalén, el 25 de marzo de 2015 (Reuters)

Figuras relevantes

En ámbitos como el político o el judicial, los árabes israelíes también han llegado a lo más alto. En mayo de 2004, el árabe Salim Joubran es uno de los jueces permanentes del Tribunal Supremo -que se negó a cantar el himno de Israel en el año 2012 y falló a favor de enviar al ex presidente Moshe Katsav a prisión-. El mismo año, Husima Jahara se convirtió en la primera mujer árabe en obtener un escaño en la Knesset. En el Gobierno de Ehud Olmert, el ministro de Ciencia, Cultura y Deporte fue Raled Majadele.

En el mundo de la cultura y el deporte, los árabes israelíes también han encontrado su hueco. En 1999, Miss Israel fue la árabe Rana Raslan. En la selección nacional de fútbol dos árabes han brillado en los últimos años: el capitán Walid Badir y el goleador Abas Suan. En 2013, la ganadora del concurso “La Voz” fue la árabe Lina Majul. El periódico más importante de Israel, el Yediot Aharonot, incluyó al escritor Emil Habibi como uno de los 200 israelíes más célebres.

No obstante, y a la luz de las cifras mencionadas, la ciudadanía árabe de Israel tiene como una de sus más históricas reivindicaciones la demanda de más políticas públicas dirigidas a terminar con la desigualdad. No todos los gobiernos israelíes han sido igual de activos en aplicar políticas proclives a paliar la desigualdad entre árabes y judíos, aunque los avances por parte de los entes públicos han sido constantes. Una de las medidas más famosas fue el decreto que en enero de 2004 aprobó el gabinete de Ariel Sharon, por el cual todas las empresas públicas israelíes deben tener al menos un ciudadano árabe en el Consejo de Administración. Aún queda trabajo por hacer en esta materia.

Actualmente, la tensión entre los árabes israelíes ha crecido, tal como refleja la encuesta llevada a cabo por el sociólogo Sammy Smooha en 2015. Ésta indicaba que el 33% de los árabes israelíes se muestra a favor de boicotear las elecciones para el parlamento israelí (Knesset), un 19% aprueba cualquier vía para luchar contra la desigualdad, incluso la violenta, y un 54% ve justificable una “intifada doméstica” si continúa la desigualdad.

En la pasada década, los árabes israelíes, que en su mayoría siempre se han definido como palestinos, se mostraban integrados en la sociedad, a la luz de los datos; y desde luego, no eran proclives a ser ciudadanos de un futuro Estado palestino.

La diputada palestina Khalida Jarrar sostiene la mano del parlamentario árabe-israelí Ayman Odeh tras salir de la cárcel, el 3 de junio de 2016 (Reuters)

La diputada palestina Khalida Jarrar sostiene la mano del parlamentario árabe-israelí Ayman Odeh tras salir de la cárcel, el 3 de junio de 2016 (Reuters)

Mejor que en el resto de la región

En julio de 2000, antes de que comenzaran las negociaciones de Camp David II, el diario árabe israelí Kul Al-Arab reveló que en la ciudad de Umm al-Fahmmel el 83% de los ciudadanos se opuso a transferir la ciudad a un futuro Estado palestino. En 2007 una encuesta del centro de investigación Keevoon reveló que un 62% de árabes israelíes permanecerían como ciudadanos israelíes antes que convertirse en ciudadanos de un futuro Estado palestino. En 2008, el diario Haaretz informó que, de acuerdo con la encuesta que llevaron a cabo, un 77% de los árabes israelíesprefieren ser ciudadanos de Israel antes que de cualquier país de Oriente Medio. En 2012 una encuesta del Saban Center revelaba que un 58% de árabes israelíes estaba en contra de que ciudades árabes dentro de Israel sean anexionadas por un futuro Estado Palestino.

Hoy, los sentimientos de los árabes israelíes permanecen leales a su ciudadanía. En el Índice de Democracia elaborado por el The Israel Democracy Institute, un 75,6 % de los árabes israelíes se mostraba de acuerdo con la afirmación de que se puede ser parte integral del pueblo palestino y ser leal a Israel. Un 69,7% se mostraba en desacuerdo con la afirmación de que los árabes israelíes no se habían reconciliado con la existencia de Israel.

La filiación de los ciudadanos árabes con el Estado de Israel, pese a sus sentimientos nacionales, es evidente. Mientras gozan de derechos aún irrealizables más allá de las fronteras israelíes, los árabes de Oriente Medio viven bajo estados absolutistas o países en guerra y desintegración. Claramente, los árabes israelíes viven mejor en Tel Aviv o Jerusalén que en Beirut, Riad, Damasco o Nablús, tal como recalcó el periodista árabe israelí Khaled Abu Toameh en la Conferencia de examen de Durban celebrada en Ginebra el año 2009.

En la misma línea se expresó Ismael Khaldi, el árabe israelí que más alto ha llegado en el servicio exterior -es vicecónsul en San Francisco-: “Soy un orgulloso israelí, junto con muchos otros israelíes no judíos como drusos, bahá’ís, beduinos, cristianos y musulmanes, que viven en una de las sociedades culturalmente más diversificadas y en un país que es la única democracia verdadera en el Medio Oriente. Al igual que Estados Unidos, la sociedad israelí está lejos de ser perfecta, pero vamos a lidiar con ello honestamente. Por cualquier criterio que elijas – oportunidades en educación, el desarrollo económico, las mujeres y los derechos de los homosexuales, la libertad de expresión y de reunión, la representación legislativa – las minorías de Israel están mucho mejor que en cualquier otro país en el Medio Oriente“.

Es verdad, los árabes israelíes tienen motivos más que fundados para denunciar discriminación y desigualdades aún latentes en las políticas públicas y en sectores de la sociedad israelí, pero son ciudadanos iguales ante la ley, han podido llegar a lo más alto en muchas áreas profesionales y en el disfrute de derechos democráticos, de bienestar, de oportunidades y de prosperidad están a una distancia abismal de los demás árabes de Oriente Medio.

Origen: ¿Cuál es la situación de los árabes israelíes?. Blogs de Tajles

Un comentario en “¿Cuál es la situación de los árabes israelíes? – Elias Cohen

  1. Un artículo que desmonta los estereotipos sobre Israel que circulan en España. Aunque alguno podrá pensar que es propaganda israelita, mi conocimiento directo del país me ha permitido comprobar que es así.

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