El mito del paraíso andaluz – José María Marco

El nuevo estudio del profesor Darío Fernández-Morera sobre el mito del paraíso andaluz termina con un breve recuerdo del Greco. El gran pintor, efectivamente, pasó de Creta a Italia y acabó en Toledo, como un recuerdo de la experiencia de otros muchos compatriotas suyos que encontraron en la Cristiandad europea occidental refugio frente a la represión que padecían en su tierra por parte de los musulmanes conquistadores.

Después de su éxito castellano, el Greco cayó en un olvido relativo. Algunos de los que contribuyeron a rescatarlo lo hicieron, mucho después, porque venían buscando en España la esencia de un mundo primitivo que se había salvado, casi por milagro, de la impronta esterilizante de la modernidad. Uno de ellos fue Maurice Barrès, que hizo de la España simbolizada por el Greco uno de los grandes elementos de su muy literaria, y por eso mismo muy eficazanimadversión a todo lo que la modernidad significa: racionalización, igualdad, tolerancia, liberalismo. Así es como el Greco, tan radicalmente cristiano, tan moderno, se encuentra metido en un dispositivo de lectura crítica de la Europa liberal y, más aún, en una recuperación de lo oriental –en este caso, de lo musulmán- interesada antes que nada en acabar con el Occidente moderno.

Por eso la intuición de Fernández-Morera al sacar a relucir el nombre del Greco al final de su estudio es tan brillante. Tirando de ese hilo, se puede reconstruir la historia intelectual de la postmodernidad académica y literaria, deudora –muchas veces sin saberlo- de conceptos creados por los nacionalistas de hace un siglo. Fueron esos mismos nacionalistas los que exaltaron la irracionalidad, la búsqueda de lo auténtico, el concepto de relativismo. También se empeñaron, con gran eficacia –hay que reconocerlo- en demoler la cultura liberal y cristiana propia de Occidente. Aquí hay un trabajo que Darío Fernández-Morera, después de este estudio sobre los mitos de la España andalusí, está bien preparado para realizar.

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Darío Fernández-Morera es profesor en la Universidad de Northwestern, en Illinois, Estados Unidos, y es conocido por sus trabajos sobre cultura y literatura española e hispanoamericana. Siempre le han gustado los riesgos, como cuando investigó la obra de Cervantes desde el punto de vista de la teoría económica. Ahora asume uno mayúsculo, al atacar de frente uno de los mitos más arraigados en la imaginación postmoderna, el de la Andalucía tolerante y feliz, la casi idílica España musulmana donde convivían en paz y armonía moros, judíos y cristianos, y que ha sido elevada a la categoría de modelo para nuestra propia cultura. (Hay que reconocer que los nacionalistas, Barrès sin ir más lejos, no llegaban a tanta beatería: lo que les fascinaba era precisamente la brutalidad, la violencia.)

Obviamente, hay numerosos estudios y trabajos que no han participado nunca de esta mistificación. La escuela arabista españolasabía y sabe en general muy bien el material con el que estaba tratando (ver a modo de ejemplo los estudios de Felipe Maíllo Salgado, ampliamente citados aquí) y otro tanto ocurría con los franceses (por ejemplo, el muy revelador la vida cotidiana en la Europa medieval bajo dominio musulmán, de Charles-Emmanuel Dufourcq). También ha habido académicos de gran valentía que se han esforzado por aclarar los conceptos, como Serafín Fanjul y Rosa María Rodríguez Magda. En Francia, destacó el estudio de Sylvain Gouguenheim sobre las traducciones del griego realizadas en Occidente, objeto de ataques virulentos y citado con toda intención por Fernández-Morera. Todos ellos han desafiado el establishment universitario, empeñado en convertir la España musulmana, y por extensión el Islam, en un edén multicultural.

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El libro de Fernández-Morera no es una historia de la España musulmana. Se organiza por temas y por áreas. Empieza por la España visigótica, de la que apunta –con razón- el alto desarrollo intelectual y cultural, incomparablemente superior al de los invasores musulmanes. Continúa por el hecho mismo de la invasión, en la que el autor acentúa –como es debido- el aspecto de yihad, de guerra santa. Y llega por fin a la situación de judíos y cristianos, minorías toleradas porque sometidas, explotadas y reprimidas. No se olvida la situación de las mujeres, que el autor compara con la de los territorios cristianos, donde tenían una libertad y una autonomía incomparablemente superior. El gusto, tan especial, por el terror y la extensión de la esclavitud son otros elementos bien tratados.

Del mito andalusí queda poco después del repaso. El autor lo realiza teniendo en cuenta un gran aparato bibliográfico y con un recurso intensivo a las fuentes originales. (Por ejemplo, los poemas de exaltación de las decapitaciones masivas de cristianos cobraron hace ya tiempo una nueva actualidad.) Y a esa antología, Fernández-Morera añade otra, que es la de los académicos y periodistas que han cantado las alabanzas del multiculturalismo feliz de la España musulmana.  Esta intención, tan claramente polémica, otorga al libro una viveza excepcional. Cuando trata asuntos como el de los mártires de Córdoba –culpables ellos mismos de su martirio, según una bien arraigada interpretación académica progresista- o el de la presunta libertad amorosa vigente en el Islam –que no era más que el reflejo de la sórdida práctica de la esclavitud sexual- el autor estalla en indignación… que no es difícil compartir.

Un libro importante, que estaría bien ver publicado pronto en castellano.

Darío Fernández-Morera. The Myth of Andalusian Paradise, ISI Books, 2016

Origen: José María Marco – El mito del paraíso andaluz – Libertad Digital – Cultura

2 comentarios en “ El mito del paraíso andaluz – José María Marco

  1. ¿Multiculturalidad en al Andalus?

    Lo que había era una élite arabizada que gobernaba como lo que hoy llamamos dictadura al resto de la sociedad; desde los musulmanes de clase inferior, hasta los judíos, cristianos y bereberes (profundamente despreciados y que acabaron destruyendo el gobierno omeya )

    Cada una conserva su cultura y su lengua; pero la única lengua de prestigio es el árabe coránico; las demás “no existen”; y lo que llamamos producción cultural viene de arriba a bajo copiando lo que el gobernante hace, que intenta mantener el mito de Córdoba; y estar atento a las novedades del lujo que vienen de oriente.

    Cuando los árabes llegan a España, efectivamente no se encuentran un páramo cultural: existe la civilización hispana (una mezcla de costumbres germánicas e hispanas y lo que queda de la cultura clásica en latín, conservada en los monasterios, y que tiene como cumbre las Etimologías de San Isidoro).

    Por eso los que construyen sus palacios y sus mezquitas no son los invasores y colonos (gente sin oficio y que emigra por necesidad), sino los profesionales que ya había aquí.

    Lo mismo sucede con las técnicas agrícolas (insisto aquí porque según estos buenistas, la agricultura, y especialmente el regadío lo trajeron los árabes).

    Esto no significa que trajeran nuevas técnicas, nuevos cultivos, nuevos estilos ornamentales…natural, porque el Islam era una cultura que se extendía desde la India hasta España, con un gran comercio con China; Todos los países y culturas que han formado este imperio, singularmente Persia, la India y la civilización helenística del mediterráneo (y no los beduinos árabes, que no tienen más cultura que la lengua árabe). La lengua del comercio y la cultura era el árabe (lo mismo que hoy es el inglés)

    Si acaso, la gran diferencia es el urbanismo: son las grandes ciudades las que permiten que florezca la cultura (hay un público que lo puede pagar; y artesanos y literatos que pueden vivir de ello).

    Desgraciadamente se ha formado el mito, entre los musulmanes y entre los judíos de que la edad de oro de sus respectivas culturas es Al Andalus.

    (si bien los judíos tienen a Maimónides, que es el filósofo principal de su cultura; eso no es totalmente falso con respecto a los musulmanes españoles, que por diversas razones no han logrado hacer nada que sobresalga en el Islam -como sí Avicena y al Khwarizmi, ambos persas-)

    El mito está sustentado por la supervivencia de la mezquita de Córdoba (siglo XI y decoración bizantina), y la Alhambra, cuya decoración es del siglo XIV; mientras que no se ha conservado nada de otras ciudades importantes del Islam o de las civilizaciónes helenística, romana y persa.

    Esa reinterpretación a posteriori se puede ver muy bien con los llamados “jardines árabes de Granada y Sevilla”: lo que vemos hoy no tiene nada que ver con las descripciones que se conservan de la época. Hoy tienen una influencia muy fuerte del renacimiento europeo. La única diferencia es el predominio de las fuentes bajas.

    La gran diferencia entre la cultura occidental y las demás (islámica, china…) es que hay en la primera un cambio continuo que aparece cuando esa moda o estilo ha logrado su mayor perfección; mientras que en el Islam, una vez que se ha logrado algo que se considera perfecto, no se innova más (por eso en Marruecos básicamente la decoración no occidental sigue pautas y modelos creados en España en los siglos XII y XIII).

    Respecto a esa “libertad amorosa en el Islam”, no existe en absoluto; salvo que te compres una esclava/esclavo y hagas con ella/él lo que quieras. Pero naturalmente no hay una relación de igualdad, sino de dueño-objeto.

    (digo población arabizada y no árabe, porque salvo los omeyas, la mayoría de los gobernantes fueron bereberes o como Al Mutamid, muladies (musulmanes descendientes de la población original española). El componente árabe era muy pequeño y como ha probado la genética: básicamente se concentraba en el valle del Guadalquivir, en el del Ebro y poco más. Pero era una sociedad claramente racista en que en la cima estaban los descendientes de Mahoma, luego los árabes de la tribu Quraish -la de Mahoma-, luego vienen los demás árabes, con sus propias diferencias de nobleza, luego vienen los muladíes y finalmente los bereberes. Los judíos y los cristianos estaban fuera de la sociedad y sometidos al pago de un impuesto de capitación)

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  2. El problema, y es de donde nació el mito, efectivamente hubo un gran florecimiento de la cultura JUDÍA.
    (lo llaman la edad de oro de la cultura judía)

    No solo es que produce a Maimónedes, que es el filósofo judío más importante, sino que hay poesía importante en Hebreo, y es aquí (tierras cristianas) donde nace la Kabala.

    Benjamín de Tudela (en la Navarra cristiana) es también muy importante y conocido.

    El atlas de Cresques (lo haya hecho o no esa familia) demuestra el grado de refinamiento de los cartógrafos judíos mayorquines.

    Pero es que además, judíos han sido ministros, visires, médicos de la corte.., gozando de un estatus de prestigio (dicen) que no han tenido en occidente hasta el siglo veinte.

    Eso no significa que no haya habido progroms; o que los judíos no fuesen despreciados…

    Pero aun así, ellos, ahora, consideran que vivían en un paraíso que estropearon los cristianos al conquistar tierra islámica; y que tuvo su colofón en la expulsión de España por la reina Isabel.

    Por eso, los judíos sefarditas ayunan en señal de duelo todos los años, por la caída de Granada.

    El mito se mantuvo en el tiempo porque los judíos prósperos en
    Holanda, Inglaterra, Francia, Estambul, Esmirna…eran sefarditas, no askenazis (que eran muy pobres, como los gitanos hoy día ), hasta las guerras napoleónicas en que se les concede la equiparación de derechos con los cristianos; y al declarar al ciudadano como base de la nación (frente al súbdito CRISTIANO)
    le permite efectivamente prosperar e influir en las sociedades cristianas)

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