El exilio de Castillejo – Alicia Delibes

El Ayuntamiento de Madrid ha dado a conocer a la prensa la lista de las 27 primeras calles y plazas de Madrid que, según el Comisionado para la Memoria Histórica, homenajean a personajes franquistas y que, por tanto, en cumplimiento de la LMH, deberán cambiar su nombre.

El nombre de José Castillejo ha sido el propuesto por el Comisionado para rebautizar la Plaza Aunós. Castillejo, hombre muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza (ILE), tuvo que exiliarse con su familia a Londres durante la Guerra Civil. En 1939, junto con otros catedráticos, fue apartado de su cátedra de Derecho Romano “por su conocida desafección al nuevo régimen”. Murió en Londres en 1945.

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De su vida familiar y de las razones que le llevaron a abandonar de manera accidentada y apresuradamente España trata un libro de memorias de su viuda, Irene Claremont, publicado en español por su hija Jacinta en 1995 con el título Respaldada por el viento.

José Castillejo (1877-1945) nació y estudió su bachillerato en Ciudad Real. Tras terminar los estudios de Derecho en Madrid, quisocompletar su formación humanística y cursó las asignaturas que le permitían licenciarse también en Filosofía y Letras. Al finalizar sus estudios acudió a Francisco Giner de los Ríos para pedirle que le dirigiera la tesis doctoral. A partir de entonces su vida quedaría ligada a la Institución Libre de Enseñanza.

Conoció el amor en un viaje a Inglaterra

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Castillejo viajaba con frecuencia a Inglaterra para buscar intercambios para los alumnos de la Institución. En uno de sus viajes conoció a la que sería su mujer, Irene Claremont, una joven dieciocho años más joven que él, licenciada en Historia y Economía por la Universidad de Cambridge y con la que se casó en 1920, cuando él ya pasaba de los cuarenta.

Cuando se casó Castillejo era Secretario de la Junta para la Ampliación de Estudios y Director del Instituto Escuela. Los Castillejo establecieron su hogar en Madrid, en El Olivar de Chamartín, en el lugar que ahora ocupa la Fundación Olivar de Castillejo. El matrimonio tuvo cuatro hijos, Jacinta, Leonardo, David y Sorrel.

En su libro, Irene Claremont rememora los primeros años de su matrimonio en el paraje idílico de El Olivar, sus dificultades para adaptarse a un mundo que le era absolutamente extraño y la crianza de sus hijos junto a ese “desconocido” con el que se había casado y hacia quien su admiración fue creciendo con los años.

La España que habían soñado se venía abajo

La vida idílica de El Olivar, los proyectos pedagógicos de Castillejo, la educación española de los niños y todo aquello que Irene y José habían soñado hacer en España se vendrían abajo en el verano del 36.

“Desde el comienzo –escribe Irene- reinó el terror en ambos lados. No había escape ni posible libertad de elección; o se incorporaba uno al lado que dominaba en su propio distrito o se corría el riesgo de fusilamiento contra la pared”.

“Dio la casualidad que, al estallar la guerra, nosotros estábamos en Benidorm, entonces en manos de los republicanos, la zona a su vez en manos de los comunistas. Pero José se encontraba en Ginebra”.

Cuenta Irene que un día llegó a Benidorm una pandilla de muchachos de un pueblo cercano que venían dispuestos a prender fuego a la iglesia. Los lugareños, que tenían afecto al templo pero que, sobre todo, no estaban dispuestos a que unos intrusos quemaran su iglesia, les echaron a puñetazos y los asaltantes se contentaron con lanzar las imágenes al mar. Esta anécdota es bastante representativa del clima de anarquía, caos e improvisaciones que vivió España entonces.

Barcelona, una intensa experiencia

Nada más enterarse del estallido de la Guerra Civil, Castillejo decidió abandonar sus ocupaciones en Ginebra y reunirse con los suyos en Benidorm. Tomó un tren que debía dejarle al día siguiente en Barcelona pero el viaje se convirtió en una intensa experiencia que duró diez días. Una de las “vivencias” que en aquel viaje tuvo don José fue la contemplación del asesinato del cura párroco de un pueblecito cercano a Barcelona que se había subido al tren en busca de refugio.

Con una ingenuidad bastante incomprensible Irene cuenta que, una vez juntos, los Castillejo hubieran pasado el resto del verano disfrutando del sol y de la playa en Benidorm donde la gente, “tras ver felizmente ahogadas las imágenes religiosas”, parecía tranquila e inofensiva. Pero una tarde recibieron un telegrama del Cónsul Británico instándoles a marchar a Londres. Era la última oportunidad de huir en un barco-hospital inglés que estaba a punto de zarpar de Alicante. Cuando hubo dejado a su mujer e hijos a salvo en el barco, Castillejo decidió marchar a Madrid para ponerse al servicio del gobierno.

“Yo soy español, argumentaba José, Mi país está con problemas. Yo no tomo parte en política pero estoy a disposición de cualquier gobierno que en el momento actual esté en el poder. Regresaré a Madrid para ofrecer mis servicios”.

Sin protección

Una vez en Madrid se presentó al Ministro de Instrucción Pública, Domingo Barnés, hombre que había estado también ligado a la ILE. Barnés reconoció su incapacidad para darle protección:

Aquí no puede usted hacer nada, Castillejo. Reúnase con su familia lo antes posible. No quiero sobre mi conciencia su asesinato. Arregle para que le llamen del extranjero; sin eso jamás conseguirá la autorización. “¿Pero no me lo puede otorgar usted?”, preguntó José, “¿Yo?”, contestó con risa el Ministro Barnés, “Yo no tengo autoridad alguna; espero mi propia detención de un momento a otro. Los comunistas y los anarquistas tienen ahora el poder, no yo”.

Irene recuerda en su libro el relato que le hizo su marido de los días terroríficos que pasó en Madrid. El miedo que se apoderó de él cuando estuvo a punto de ser “paseado” por cuatro individuos a los que él conocía, alguno de ellos relacionado con la propia Institución Libre de Enseñanza. Individuos que, en opinión de Irene, por alguna desconocida razón, debían odiar a José, a pesar de ser uno de los suyos.

Un día, después de comer con sus hermanas en el Olivar y mientras dormía una corta siesta en su propia cama, llegó Mariana (Castillejo) corriendo desde su casa en el otro extremo del jardín. “Ha llamado Paulino. Les oyó hablar y vienen por ti”. Casi de inmediato, el inevitable coche estaba a la puerta; dentro, cuatro hombres con fusiles; los cuatro, profesores, todos conocidos por José, uno hasta del Instituto Escuela, armados y vengativos porque Castillejo les habría negado beca acaso, o algún favor al que habrían aspirado.

Castillejo salvó la vida de milagro gracias a Juan López Suárez, marido de su hermana Mariana, y a la intervención del Ministro Barnés. Mientras tanto, Irene y los niños esperaban en Londres con impaciencia su llegada.

Doce días después de salir de España –recuerda Irene- llaman a la puerta de mi madre en Londres. Un hombre viejo, cargado de hombros y ojos espantados estaba en el umbral. ¡José! ¡De pronto un viejo! “Me llevaron para matarme”, susurró, todavía con miedo y horror en los ojos.

Cuenta Irene que, años más tarde, en Londres, en una reunión íntima, escuchó a su marido decir con una inmensa tristeza: “Si me preguntaran quien corre con la responsabilidad de la Guerra Civil, tendría que responder: Yo, no hice lo suficiente”.

No sé si el Comisionado de la Memoria Histórica, a la hora de dar su nombre a una plaza de Madrid (hasta hoy Plaza Aunós), ha tenido en cuenta la razón auténtica de su exilio o simplemente ha consultado Wikipedia en la que se despacha el asunto de esta forma tan breve como confusa:

Durante la Guerra Civil (Castillejo) permaneció en España y envió a su familia lejos de la contienda.

Fue depurado por el franquismo por Orden Ministerial en febrero de 1939 (…)

Se exilió en Londres con su familia, donde además de continuar su labor docente, participó activamente en emisiones de radio durante la II Guerra Mundial. Murió en el exilio en 1945.

La personalidad de José Castillejo y su entrega a la mejora de la educación en España son razones más que suficientes para que los madrileños le dediquen una calle, pero no porque algunos quieran oponerle a lo que los franquistas representaron, porque si bien es evidente que él no comulgaba con sus ideas también hay que saber que fueron antifranquistas los que quisieron asesinarle.

Origen: Alicia Delibes – El exilio de Castillejo – Libertad Digital – Cultura

2 comentarios en “El exilio de Castillejo – Alicia Delibes

  1. No estoy de acuerdo con usted.

    Claro que este señor tenía una pasión por la educación y por una España con futuro. -como mucha gente desde el siglo XVIII, cuando ya estaba claro que España se estaba quedando atrás en las ciencias y en la industria. Por cierto, que reyes como Carlos IV o Alfonso XIII (en cuyo reinado se crea precisamente la Junta para Ampliación de Estudios ); políticos como Godoy….también lo tuvieron.

    Pero eso no es suficiente para que a uno le den una calle.

    Menos todavía cuando es de fuera de Madrid (si le quieren homenajear en su patria chica, no me opongo, porque para eso están las patrias chicas, incluida Madrid para los suyos)

    Además ésto trae varios problemas, a parte del revanchismo (marketing político) de los que no pueden hacer otra cosa que atizar el odio y el enfrentamiento. -y estamos hablando de la capital de una civilización universal que sigue teniendo una presencia internacional de tercer mundo-.

    El caso es que volvemos a los viejos mitos que tienen la virtud, a parte de que no funcionan, de mantenernos en el agujero y obligarnos a dejar pasar el tren de la Historia:
    Son el “regeneracionismo”, la “Institución libre de Enseñanza, la masonería, el “progreso”….etc.

    A pesar de que los resultados han sido nefastos -y no por culpa de Franco, sino porque no han arreglado nada y han quitado los frenos sociales que permiten a la gente estar en paz y prosperar (de ahí justamente el 36; sin Franco hubiera pasado igual, como ha pasado igual en todos los países en la misma situación.

    La primavera árabe es un ejemplo. La quema de iglesias por los progresistas que menciona el artículo, otro.

    Insisto porque no salimos del mito; mito que ha permitido al Partido Progresista, además de robar lo que ha podido en cuanto ha logrado meter la mano en la caja, crear una especulación gigantesca durante 30 años que ha desindustrializado el país; ha llenado el país de funcionarios y asimilados sin oposición (los rentistas de los EREs, los actores de la ceja, los funcionarios de bata blanca que hacen ciencia recreativa…y todos aquellos que viven de alguna manera de la subvención (es decir, del trabajo de los demás ). Además, claro, de haber creado 6000000 de parados (entre ellos 2000000 de mayores de 45 años que no van a tener nunca más trabajo ni jubilación), llenar el país de extranjeros que no se integran y arruinar la educación !!! . (Si Besteiro y gente similar hubieran visto a donde hemos caído, se tirarían un tiro en la sien)

    No tenemos remedio.

    Pero la solución está a nuestro alcance: copiar los métodos que han utilizado los países prósperos para salir de la miseria y prosperar.

    Desde luego con iniciativas como ésta, no.

    Los países han prosperado con la industria.

    Ha sido el cambio de estructura económica lo que ha creado una nueva clase social con intereses particulares; esa misma estructura es la que promueve la educación, que necesita, paga y da oportunidades laborales reales, no como en el poszapaterado. Y es la industria lo que da oportunidades de prosperar a todos los que quieran hacer el esfuerzo.

    Ahora díganme para qué sirve el “regeneracionismo”, el “krausismo”, la “Institución Libre de Enseñanza”, el “socialismo” …y demás tonterías cuando se trata de prosperar.

    ¿Para qué sirve todo eso cuando lo que necesitamos son industrias; y de las modernas?

    ¿Ven ustedes a algún país que haya prosperado que tenga “regeneracionismo”, el “krausismo”, “Institución Libre de Enseñanza”, “socialismo” ?

    (ni siquiera en Alemania el krausismo ha tenido arraigo ni ha servido para nada. Lo que sí que sirvió fue copiar la política industrial de Inglaterra)

    Sirve para que nos sigan manipulando sin arreglar nunca el problema (porque eso no es la solución ), mientras que se echa la culpa a La Iglesia Católica, la Inquisición, la falta de Libertad, Franco, el machismo, la expulsión de los moriscos … (y ésto lo dicen comunistas estalinistas como la Carmena y patanes como Zapatero)

    Algo estaremos haciendo mal cuando la calidad de la producción cultural ha caído en picado comparado con lo que se hacía en el Franquismo (y había censura). Y la cooptación a los departamentos de Universidad de los penenes socialistas por la voluntad autócrata de Felipe González sin tener los conocimientos necesarios (pero eso, sí; son muy progresistas y muy obedientes por la cuenta que les trae) solo han agravado el problema.

    Yo no sé quien era este Aunós; ni quiero saberlo.
    Pero me niego a que me manipulen y exijo que los políticos que elegimos defiendan nuestros intereses reales, no los egoístas de sus jefes o de sus lobbies secretos.

    Solo digo que llevamos más de 3 siglos mareando la perdiz, intentando los “progresistas” que los demás comulguen con ruedas de molino y hagan lo que no quieren hacer; y de paso creando 3 guerras carlistas, un montón de golpes de Estado, la guerra civil, represiones y exilio sin cuento; políticas económicas totalmente erróneas (la desamortización ), perdiendo las colonias…. y seguimos a piñón fijo.

    Los únicos que han prosperado en estos 2 siglos han sido los políticos, que han demostrado ser todos unos corruptos y unos inútiles -justamente como los políticos de los países árabes-

    Pero recuerden que los que nos dejamos manipular con humo y los que vamos al capote rojo sin pensar, somos nosotros.

    Así que…¡ajo y agua!

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