Europa erradicó a sus “judíos” y hoy lo está pagando  – Dra. Bejla Rubin


Judíos ortodoxos en Viena, 1915. Photoalbum de Franz Hubmann – Wikipedia
Dra. Bejla Rubin
El Papa argentino Francisco viajó a Polonia y a Auschwitz por primera vez (28 /7/16), pidió disculpas por las atrocidades que se han cometido allí en un discurso discreto, y guardó silencio, también bregó por la integración cultural, y suponemos, que para no violentar las susceptibilidades de otras comunidades que hoy están arrasando con sus vejámenes a toda Europa, es que fue escueto en su pronunciamiento. Es como si la historia se cobrara sus deudas. Hace 70 años Europa erradicaba a sus judíos, y hoy el mundo islámico pareciera que quiere deshacerse de “sus cristianos”, son las ironías de la vida y los movimientos inciertos de los que se van perfilando y nos dan a ver cuales han de ser sus mayorías en un futuro no muy lejano.
Los dos mil años de diáspora de los judíos en Europa a partir de la caía del segundo Templo de manos de Tito el romano (año 69 dC) han sido sangrientos, difíciles, donde la judería debía soportar expulsiones, conversiones a la fe católica, y todo tipo de maltratos y de intolerancias en cuanto a su credo.
Lo que acontece hoy en día ya no es una cuestión de judíos o cristianos pues para el islamismo “todos somos herejes”, donde o se adhiere con Alá, o se va camino a la decapitación.
Hubo una etapa histórica donde la judería pudo salir de sus ghettos e integrarse al mundo gentil bajo ciertas condiciones, y se debió al dictamen de la Ley de Tolerancia.
La Ley de Tolerancia fue dictada por el Emperador José II en Austria y data del 2 de enero de 1782. A pesar de la tolerancia del monarca esta ley implicaba que los judíos debían renunciar a los aspectos principales de su vocación judía y comunitaria, entonces era casi como una asimilación encubierta.
Jean Lyotard en su libro Heidegger y los judíos (Buenos Aires 1995) bien explica: “lo más real de los judíos reales es que Europa, por lo menos, no sabe qué hacer con ellos: cristiana, exige su conversión, monárquica, los expulsa, republicana, los integra, nazi, los extermina”.
Surge así en Europa un nuevo antisemitismo basado en la clase de un racismo político, con el concepto de biopolítica y somatopoder, términos acuñados por Michel Foucault, pero que tuvo que esperar al segundo tercio del siglo XX para que se vean aplicados sus fundamentos y sus consecuencias en el marco del régimen nazi al poder.
Hoy en día lo que vemos manifestarse como antisemitismo político son el rechazo y el odio al Estado de Israel donde los neonazis y los viejos y nuevos antisemitas vuelcan su odio y su discriminación en cualquier movimiento bélico y/o político que hace Israel en su defensa como territorio y en su derecho a existir como comunidad, mientras que los opositores defienden lo insostenible, como ser, las masacres cometidas por los palestinos a los ciudadanos de Israel sin justificación alguna y que por cierto, el mundo aplaude como si en ese hecho se sintieran identificados y reivindicaran su odio ancestral.
Cuando en el juicio de Nuremberg se interrogó a jerarcas nazis por qué cometieron tales atrocidades sobre humanos de fe judía, se justificaron diciendo que si fueron educados desde niños en el odio y el rechazo a las personas de dicho credo, cómo es que no iban a obrar de esa manera, aniquilándolos para que no dejasen descendientes dado que eran pensados como el diablo amén de infrahumanos, seres despreciables dignos de ser masacrados.
Argumento por cierto conveniente en todas las épocas donde los frustrados, fracasados, envidiosos se sirven de él para derivar en ese “otro” su odio encubierto bajo un manto de humo que encubre sus propios desaciertos en la vida o sus desdichas económicas culpando al “eterno judío” de sus males con el argumento de que éste es usurero, un banquero avaro y que desestabiliza las economías mundiales.
Acontece a principios del siglo XX un antisemitismo científico que se dio el lujo de tergiversar los descubrimientos de Charles Darwin, usando de forma acomodaticia el concepto de raza superior, nos referimos a la aria, nombrando al judío como ser de una raza inferior, siendo que judío no es una raza sino una creencia religiosa, y más allá de ella porque se es judío a pesar de no ser practicante de dicha fe. Con ese argumento es que el nazismo usó a judíos y gitanos como cobayos de laboratorio para sus experimentos , y sus resultados eran enviados a los laboratorios farmacológicos, a saber la Bayer y la I.G. Farbenindustrie engrosando sus arcas a costa de esa sangre derramada sin ningún miramiento ni piedad humana.
Sin todo ese nuevo aparataje científico venido de la mano de la era industrial y sus nuevos inventos no hubiera sido posible erigir una masacre colectiva y sistematizada como la acontecida con Auschwitz, nombrando a este campo de concentración como emblema de la máxima Maldad y que engloba con su sólo nombre al resto de los campos de exterminio nazi.
Nadie en toda Europa levantó la mano contra esta masacre, en parte porque en su mayoría fueron socios capitalistas y beneficiarios de la producción masiva con el uso de mano de obra esclava, y por otro lado, porque el nazismo llevó a cabo el sueño europeo de sacarse de encima a “sus judíos” y tener un continente Judenrein, limpio y libre de judíos. Hubo benefactores que ayudaron a esconder judíos, pero esto a título personal y no como una decisión de Estado. Son esas personas las que han sido reconocidas como los justos y benefactores de la humanidad.
Ahora pareciera que Europa debe afrontar a quedarse “libre de sus cristianos” y que es un nuevo fundamentalismo, ya no el nazi, sino el que se impone con sus burcas, su fanatismo extremo, el que exige que no se pongan árboles de navidad para fin de año ni que la bandera de Suiza porte una cruz. El miedo ha sido siempre un mal consejero pues cuando más de accede a las demandas del otro éste más quiere y se comienza a llenar un barril sin fondo. Sólo con el concepto de límite es que se puede poner un coto a dichas exigencias del Otro.
Las cartas están echadas, habrá que esperar quién ganará la contienda, o el miedo, o el no como límite al avance de una maldad irracional si es que sabremos usar y aprender de la historia y su legado, nos referimos a los doce años de una política nazi, totalitaria y de exterminio, donde el mundo banalizó esa masacre, la de un pueblo, el judío, por concebirlo como el chivo expiatorio de todas las miserias humanas. Y esto se pudo llevar a cabo dado que irrumpieron las masas en el escenario político proponiendo al racismo como uno de los mitos más poderosos acompañando al nacimiento de la nueva ciencia.
Hoy el nuevo adjetivo injuriante que cunde sobre todo en Europa ya no es científico sino religioso y es el que da el permiso a masacrar a todo aquel que es pensado como hereje, o sea, todo aquel que no sea musulmán. Entonces, desde esa definición, desde ese radicalismo: hoy somos todos los nuevos “judíos” de la Historia.

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