La perversa moral de hacer caridad con lo ajeno – Maria Marty / elcato.org

María Marty considera que la práctica de ser generoso con lo ajeno no es otra cosa que violar el derecho de propiedad y convierte a la víctima en delincuente.

María Marty es licenciada en Comunicación Social y guionista. Es la directora ejecutiva de la Fundación para la Responsabilidad Intelectual (FRI).

Imagina este escenario. Llegás a tu casa luego de un intenso día de trabajo. Estás disfrutando de un merecido descanso y de aquellas cosas agradables que pudiste comprar gracias a tu propio esfuerzo.

Al rato escuchas un golpeteo en la puerta de entrada. Del otro lado te encuentras con un completo desconocido que dice ser tu vecino. Antes de que puedas saludarlo, te dice que viene a llevarse lo que le corresponde. Lo mirás con cara de “no entiendo de qué me hablas”, así que te repite, esta vez con mayor lentitud, que viene a reclamar su porcentaje de tus ingresos.

En ese momento comienzas a dudar si debes llamar a la policía, hasta que él mismo te amenaza con llamarla si no procedes a entregarle lo que te está exigiendo.

En un esfuerzo por mantener la calma le preguntas qué derecho tiene él a realizar ese reclamo, a lo que responde:

“Tengo cinco hijos a los que alimentar. Mi hermana, que no tuvo mi suerte, tiene que hacer un tratamiento de fertilización asistida para quedar embarazada. Mi hermano que es científico quiere investigar la evolución del mono sudamericano y su hijo de tres años, que es mi sobrino, tiene que ir al colegio. Tenemos necesidades que satisfacer, pero no los recursos. Así que tengo algunos derechos sobre usted, ¿no le parece?”, explica con cierto tono prepotente.

En ese momento te pellizcas para chequear que no estás alucinando, pero todo es muy real. Así que luego de salir de tu asombro, le cierras la puerta en la cara y continúas con tu vida normal.

Aquí está la cuestión de suma importancia: ¿por qué aquello que consideramos una locura viniendo de nuestro vecino desconocido, lo consideramos algo lógico y noble cuando el vecino desconocido, en vez de presentarse personalmente, manda a un intermediario llamado Gobierno?

¿Qué nos sucede que cada vez que se menciona la palabra “Gobierno” o “ley” todo se vuelve confuso y nuestro cerebro deja de funcionar? ¿Por qué esas dos palabras pueden, mágicamente, transformar toda inmoralidad e injusticia en algo completamente decente y justificado? ¿Por qué lo que no le permitiríamos normalmente a nuestro vecino se lo permitimos a quien justamente debería velar por nuestra propiedad y no arremeter contra ella?

En la realidad, la historia de arriba tiene un final muy diferente. El vecino entra en tu casa y se lleva lo que considera necesario. Antes de irse, te palmea la espalda y te dice que deberías estar orgulloso de cumplir con tu deber, a diferencia de otros delincuentes que deciden esconder sus ingresos para no colaborar.

Seamos honestos. Si el Gobierno y la Ley no estuvieran implicados, nadie dudaría en calificar la situación como un “robo” simple y llano. Pero la esencia de un acto no cambia porque el Gobierno y la Ley estén implicados. Como mucho, puede transformar la acción en legal, pero no por ello en moral.

Muchos de los argumentos que tratan de justificar el cobro de impuestos, alegan que el problema no está en su naturaleza coercitiva sino en lograr establecer un porcentaje “razonable” de impuestos a cobrar y en encontrar a un político honesto que haga una buena utilización de los mismos.

¿Qué es un porcentaje “razonable”? Nadie lo define. Lo razonable para el demócrata estadounidense, Bernie Sanders, puede diferir mucho de lo que pudo ser razonable paraThomas Jefferson. Lo que considera razonable Nicolás Maduro debe también diferir de lo que considera razonable el Primer Ministro de Australia.

“Razonable” puede ser un 2% o un 99% de los ingresos, dependiendo la inclinación política del gobernante de turno y su visión de cuáles son las funciones del Estado.

Por otro lado, se dice que el cobro de impuestos está justificado en la medida que se haga una buena utilización de los mismos. Pero nuevamente, “buena utilización” es un concepto muy amplio que requeriría que todos compartiéramos la misma escala de valores.

Con todas las necesidades insatisfechas que hay, ¿qué sería una buena utilización de los recursos? ¿Hacer una ruta en un lugar inhóspito o un nuevo hospital? ¿Mantener una línea aérea de bandera o aumentar los sueldos a los maestros? Una buena utilización según la visión de uno, puede ser una pésima utilización en la visión de otro.

Por último, está el argumento que se centra en la honestidad. Si el gobernante no es corrupto y no se roba lo recaudado, entonces el cobro de impuestos está justificado desde el punto de vista moral. Llevado al caso de nuestro ejemplo anterior: si el vecino reparte lo que se robó y no se queda nada para él, entonces su accionar está justificado.

Hemos llegado a una situación donde ya no nos preguntamos acerca de la naturaleza moral de los actos, sino simplemente acerca de su conveniencia y legalidad. El fin ha pasado a justificar los medios y la ley ha pasado a sustituir el concepto de derecho y justicia.

La política de ser generoso con lo ajeno —que no es otra cosa que la política de violar el derecho de propiedad— ha transformado al victimario en noble y a la víctima en delincuente. Ha generado, como era de esperarse, las consecuencias lógicas de su errada moralidad: desdeevasión y paraísos fiscales, hasta vagancia, falta de productividad, huelgas y violencia.

La solución es volver a limitar al Gobierno y a la ley a su función objetiva, libre del peligro del capricho, visión o carácter moral del gobernante de turno. Su función de proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de todos los individuos por igual.

Mientras siga jugando al que “parte y reparte (llevándose la mejor parte)” continuará arruinando sociedades. Y más rápido las arruinará cuanto más generoso con lo ajeno decida ser.

Este artículo fue publicado originalmente en PanamPost (EE.UU.) el 24 de mayo de 2016.

Origen: La perversa moral de hacer caridad con lo ajeno | elcato.org

5 comentarios en “La perversa moral de hacer caridad con lo ajeno – Maria Marty / elcato.org

    • En España todas las necesidades vitales están cubiertas hasta para los emigrantes que pueden tener acceso a sanidad, educación y hasta transporte (en muchos casos ) gratuitos. Incluso tiene derecho a una subvención de los ayuntamientos que está entre los 400 y 600 euros. También hay casas de acogidas, comedores gratuitos y se esta subvencionando viviendas sociales colectivas por 50 euros mensuales en muchas ciudades y hasta favorecer la ocupación de viviendas no utilizadas por sus propietarios (dudoso derecho contra la propiedad privada). No digamos nada de los comedores y dormitorios de Caritas y otras ONG. Aún así hay gente que prefiere la calle y otras formas de sobrevivir.
      Dicho esto, esta claro que solo el acceso al trabajo te permite una vida mucho más digna que la de la ayuda social o caridad cristiana. Las posibilidades de trabajo dependen de los ciclos económicos, de las políticas económicas, del acceso a la formación (bastante importante desde hace décadas en nuestra sociedad) de una seguridad jurídica y política para las inversiones y, no nos olvidemos, de lo que una persona se ha esforzado desde su infancia en estudiar, en formarse, en sacrificarse etc.
      Nuestra sociedad debe mejorar en muchas cosas pero facilitar que haya empresas que ofrezcan puestos de trabajo dignos y cotizaciones sociales dependientes del empleo que posibiliten el estado de bienestar, es el objetivo principal y la única solución al progreso, sin olvidar todo lo que podamos mejorar en políticas sociales que no vayan contra la propiedad privada del que se la ha ganado decentemente con su esfuerzo y trabajo.
      ¿ o esta la cosa mejor en Cuba, Nicaragua, o Venezuela con regímenes comunistas o de socialismo real?

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      • Los inmigrantes están inflando las estadísticas de pobreza; porque vienen a España sin saber hacer nada; y por tanto, tienen trabajos no cualificados y mal pagados.

        Y eso sin contar con que los marroquíes no quieren que su mujer trabaje; por lo que a la hora de dividir la renta familiar entre el número de miembros de la unidad familiar, siempre sale muy por debajo que las de un hogar de otro emigrante (donde hay 2 salarios ); y por lo tanto hay que ayudar con dinero público (es decir, de todos )

        Como se está dando la nacionalidad a inmigrantes que no pueden ganarse la vida, los nuevos españoles, que en las encuestas figuran como españoles y no como extranjeros, bajan el nivel de bienestar; simplemente porque han dado la nacionalidad a gente que no puede ganarse la vida en Europa.

        Pero estos nuevos españoles, que dependen de las ayudas, a la hora de las elecciones, reciben una llamada de alguien de su comunidad nacional recomendándole vehementemente que vote por el PSOE, porque si no, los del PP “les van a quitar las ayudas”.

        Esto es la democracia: invadir y colonizar con el dinero de los nativos para que el partido progresista compre votos con dinero de los demás.

        Menuda engañifa de democracia.

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  1. Yo no veo aquí ninguna caridad; porque no la hay.

    Lo que hay es unos políticos que compran votos con dinero de los demás; y gente que quiere vivir por encima de sus posibilidades con el trabajo de los demás.

    Lo que no hay de ningún modo es gente necesitada.
    Porque el que tiene un coche, una casa en propiedad, un trabajo de por lo menos 1000 €, seguridad social, coche, vacaciones pagadas, casa en el pueblo….no es un proletario. Y si exige vivir a costa de su vecino (y encima sin importarle si los impuestos se gastan correctamente, que no los paga y que el dinero no es suyo), digo que si exige vivir a costa de su vecino, es un parásito social.

    Es asombroso: estos mismos que exigen vivir a costa de los demás (gastos sociales ) son los mismos que tienen móviles de última generación, tabletas, play stations, se van de vacaciones a Cancún o se van de crucero a los fiordos noruegos.

    Pero encima lo exigen con odio.

    La civilización del consumo es lo que tiene: consumir sin descanso cosas que no queremos y no necesitamos. Cuando ésto lo financia la misma persona que gastas, es asunto suyo. Y si no tiene dinero, eso puede ser un poderoso impulso para ganar más ascendiendo en el trabajo, encontrando otro mejor pagado o estableciéndose como autónomo….

    …menos en España, que esperamos vivir a costa del esfuerzo los trabajadores, porque somos muy progresistas.

    Pues la otra cara de la moneda de la moneda de “corregir” la “desigualdad” es que cada uno se esfuerce en prosperar y no parasitar de los demás; que a todos nos han pagado un bachiller y no hay excusa para acabar con trabajos no cualificados. Somos nosotros los que tenemos que ayudar a los más desfavorecidos.

    Y naturalmente TODOS tenemos la obligación moral y política de que el dinero de todos -los impuestos- se administren con economía y probidad. Precisamente porque no son de uno, sino de todos.

    Muchas cosas tenemos que agradecer a Felipe González, como ésta.
    Nos está llevando a la ruina económica y al enfrentamiento gratuito.

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