La II Republica, el asalto a unas elecciones municiples – Memoria recobrada (1931-1939)  / momentosespañoles.es

Recordemos aquello que fue y por qué sucedió. En esta entrega se ofrece el resultado electoral de las elecciones municipales de abril de 1931; unos aspectos de la terrorífica cotidianidad en Cataluña entre julio de 1936 y marzo de 1939; y un apunte sobre la revolución de 1934 como preámbulo de la guerra civil.

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Las elecciones de 1931

El plan electoral del gobierno Aznar —almirante Juan Bautista Aznar— en el año 1931 era el siguiente: comicios municipales el día 12 de abril, provinciales el 3 de mayo y parlamentarios el 7 de junio.

Antes de la fecha del 12 de abril, el día 5, se proclamaron en primera vuelta los concejales que se presentaban a la elección sin contrincante: 14.018 monárquicos y 1.832 republicanos, pasando a manos republicanas únicamente un pueblo de la provincia de Granada y otro de la provincia de Valencia. Buen presagio para los monárquicos, que pensaban que la agitación de los meses pasados y la imposición republicana en las calles, se diluiría ante la tendencia mayoritaria a favor de la monarquía. Álvaro de Figueroa, conde de Romanones, advirtió: “No se pueden establecer distinciones entre los concejales del campo y los de las ciudades ni clasificar a los electores entre los de primera, segunda y tercera categoría. (…) Cada hombre es un voto.” Por creer cantada la victoria o por otros motivos entonces silenciados, en vísperas de los comicios Romanones les dio alcance plebiscitario: “Se ventila (…) el porvenir de España y su forma de Gobierno.” Los republicanos y las izquierdas, sobre todo éstas,  acogieron calurosamente la idea.

Las elecciones municipales de abril de 1931 no fueron un plebiscito ni existía razón alguna para interpretarlas como tal. Su convocatoria no tuvo carácter de referéndum ni de elecciones a Cortes constituyentes. Tampoco fueron un triunfo electoral republicano.

Cuando el 12 de abril se celebró la segunda fase de las votaciones, volvió a repetirse la aplastante victoria monárquica. Frente a 5.575 concejales republicanos, los monárquicos consiguieron 22.150, cuatro veces más aproximadamente.

Sin embargo, estas cifras sólo equivalen a poco más de la cuarta parte de los concejales elegibles. Lo que sucedió con el resto de las candidaturas la II República nunca lo comunicó oficialmente. Los datos oficiosos que fueron publicados posteriormente en el Anuario Estadístico de 1932, por iniciativa del Instituto Nacional de Estadística y no, como era su deber, por el Ministerio de la Gobernación, muestran pese al retraso y a la manipulación que los concejales monárquicos lograron la mayoría.

Fue el propio gobierno de entonces, salvo dos miembros, los políticos monárquicos, los consejeros del monarca y dos de los mandos militares decisivos, Dámaso Berenguer, ministro de la Guerra, y José Sanjurjo, director de la Guardia Civil, quienes otorgaron carácter plebiscitario a la consulta electoral aduciendo que los resultados eran un desastre para la monarquía y un éxito para la ambición republicana.

El predominio del voto republicano en la mayoría de las capitales de provincia —como en Madrid, donde el concejal socialista del PSOE, Andrés Saborit, ‘hizo votar’ por su partido a millares de muertos— contribuyó a esa sensación de derrota, junto a la creencia, infundada, de que los republicanos podían controlar la calle provocando algaradas y desmanes para hacerse con el poder. Durante la noche del 12 al 13, los ministros se reunieron informalmente en el ministerio de la Gobernación con el general Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil y simpatizante de la república, según Alejandro Lerroux, quien dejó de manifiesto por telégrafo que no contendría un levantamiento contra la monarquía; extremo que los dirigentes republicanos conocieron en el acto gracias a los empleados de Correos adictos a su causa. Romanones le preguntó si podía contar con la fuerza de Orden Público y Sanjurjo respondió: “Hasta ayer por la noche podía contarse con ella.” Lo que dio pie a Romanones para concienciarse de que todo estaba perdido.

Por su parte, Berenguer, ausente de la reunión ministerial, envió por su cuenta un telegrama a las autoridades militares de provincias, haciéndoles notar la “derrota de las candidaturas monárquicas en las principales circunscripciones” y pidiéndoles “la mayor serenidad” (…) con el corazón puesto en los sagrados intereses de la Patria”, cuyos destinos “han de seguir, sin trastornos que la dañen intensamente, el curso lógico que les impone la suprema voluntad nacional.” El telegrama prontamente difundido por la prensa llenó de alegría a los republicanos y a las izquierdas.

En definitiva, Romanones, Sanjurjo y Berenguer, habían desahuciado por su cuenta y riesgo el régimen que teóricamente defendían.

Al amanecer del día 13 Romanones acudía a palacio. Confiesa: “Yo no acertaba con la fórmula de afirmar que todo estaba perdido, que no quedaba ya ni la más remota esperanza y, sin embargo, hablé con claridad suficiente, interrumpiéndome el rey con la frase: Yo no seré obstáculo en el camino que haya que tomar, pero creo que aún hay varios caminos”. Y observa Miguel Maura (Así cayó Alfonso XIII, pp. 153-154): “Ya en la mañana del 13, antes de que el Gobierno hubiese deliberado reunido y antes de que la calle hubiese mostrado síntomas de efervescencia, el conde (Romanones) estaba decidido a forzar las etapas para que el monarca abandonase la lucha”. Por la tarde de ese día 13, Aznar, presidente del Gobierno, declaraba: “¿les parece a ustedes poco lo que ha ocurrido ayer, que España, que se había acostado monárquica, se levantó republicana?” La frase, que en la práctica era un llamamiento a los contrarios a la monarquía a tomar la calle, se extendió por toda España como un reguero de pólvora entusiasmando a los socialistas y los republicanos.

Ese conocimiento de la debilidad de las instituciones constitucionales explica que cuando Romanones y Gabriel Maura, con el expreso consentimiento del rey, ofrecieron al comité revolucionario unas elecciones a Cortes constituyentes no lo aceptaran, habiendo captado el desfondamiento monárquico; no sólo fue rechazada la propuesta sino que, además, exigió la marcha del rey antes de la puesta de Sol del 14 de abril.

Así pues, se proclamaba la II República sin respaldo legal o democrático.

(Ricardo de la Cierva, Historia actualizada de la II República y la guerra de España 1931-1939, pp. 37 a 40, Ed. Fénix. Miguel Artola, Partidos y programas políticos 1808-1936, I, p. 597, Ed. Aguilar.  Pío Moa, Los personajes de la República vistos por ellos mismos, pp. 175 a 178, Ed. Encuentro. César Vidal, Paracuellos-Katyn, pp. 95-96, Ed. Libroslibres.)

Origen: momentosespañoles.es – Memoria recobrada (1931-1939) VII

4 comentarios en “ La II Republica, el asalto a unas elecciones municiples – Memoria recobrada (1931-1939)  / momentosespañoles.es

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  2. Evidentemente fue un golpe de Estado.

    Lo que pasa es que hay algo que no se menciona, y es el estado de los políticos del régimen constitucional y los republicanos tras el pacto de San Sebastián, que forma el transfondo de todo.

    No dudo que haya habido un desprestigio de Alfonso XIII con el informe Picasso (tras el desastre de Annual) y las nuevas levas contra los rifeños. También el fin de la I Guerra Mundial, que permitió a España una época de prosperidad sin igual, y que terminada la contienda y recuperados los países, España pierde esos mercados y se crea un descontento general…la misma alianza de los “intelectuales” Agrupación al Servicio de la República, que creyendo que iban a ser los que iban a manejar a los políticos, al estilo de lo que Platon propone,se dedican a destruir las barreras sociológicas que mantienen la sociedad y el pueblo unidos; y acaban escapando por piernas y sus hijos luchando con Franco…

    ¿Por qué consideran que todo está perdido?

    Tal vez lo que unos y otros están pensando es en la Revolución rusa y la Revolución bolchevique.

    En concreto, el destino de la familia real.

    La salida de la familia real por separado, el intento de atacar el convoy de automóviles en dirección a Cartagena, el que los bomberos coloquen en el palacio real, donde todavía estaba la reina carteles recordando que es un palacio nacional y protegiendo a la inquilina…

    Bueno, ya sabemos el fin de la historia.

    No por el malvado Franco, sino porque 3 partidos radicales, enemigos a muerte entre sí, intentaron hacer la revolución y fracasaron.

    Si uno de ellos hubiese vencido, que con la guerra civil tenía que ser forzosamente el partido comunista, hubiese pasado justamente lo que en Rusia; y hoy todos estaríamos curados de espanto vacunados contra las estulticias de los que se atreven a ser “reyes de Roma” simplemente por su fe republicana o su fe marxista -pero que son incapaces de hacer algo mucho más sencillo: montar una empresa y crear puestos de trabajo-

    (ojo, que después de la pésima experiencia zapatera, los más catetos se atreven a dirigir el país )

    Pero lo que ha permitido a los países europeos progresar, hacerse ricos, que la gente pudiese vivir mejor (ésto es, la industrialización), eso, no; peccata minuta.

    Y así seguimos vegetando al margen de la Historia, peleándonos por “gastos sociales” que no queremos financiar con nuestros impuestos y que el país evidentemente no está produciendo -lo tenemos que pedir prestado a Bruselas-

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