Por qué odian a la madre Teresa de Calcuta – Daniel Rodríguez Herrera / Libertad Digital

Estos progres se esfuerzan en meter la realidad dentro de su visión del mundo a martillazos.

Existe para buena parte de la izquierda un único mandamiento. Naturalmente, no tiene nada que ver con el cristiano ni con amar a Dios o al prójimo de ninguna de las maneras. Es algo mucho más simple y onanista: si eres de izquierdas eres buena persona. De ahí se extrae un corolario igualmente simple:si no eres de izquierdas no puedes ser buena persona. Y aunque la lógica formal nos enseñe que ni partiendo de esa falsa premisa puede extraerse esa conclusión, lo cierto es que la lógica formal siempre ha tenido un papel muy escaso en la formación de las creencias políticas.

Como el mundo no suele encajar dentro de esquemas tan simples, estos progres se esfuerzan en meter la realidad dentro de su visión del mundo a martillazos. Este fin de semana, con motivo de lacanonización de la Madre Teresa, pudimos ver en acción uno de ellos: la demonización de cualquier adversario, por más sagrado que pueda ser visto por la gente, siempre y cuando no se ajuste a su esquema mental. Tanto Público como El País nos enseñaron lo mala que en realidad fue, entre otras cosas por ser católica y estar en contra del aborto. Acabáramos. Y, naturalmente, el aquelarre de las redes sociales amplificó.

Teresa de Calcuta fue una persona real, y como tal tuvo luces y sombras, claro que sí. Pero es curioso que sólo pongan la lupa en alguien que, pareciendo la más pura definición de buena persona, al mismo tiempo es difícil encajar como militante izquierdista. Por poner un ejemplo, si buscan algo parecido a “El lado oscuro de Nelson Mandela” en estos mismos medios, no encontrarán nada. Porque a Mandela, mal que bien, sí le podían colocar dentro de la izquierda política, y por tanto tenía permiso para ser buena persona, pese a que, como todo ser humano de carne y hueso, tuviera sus luces y sus sombras.

Así, no nos puede sorprender que los mismos que pondrían el grito en el cielo si a algún imbécil le diera por llamar “puto maricón” al difunto Pedro Zerolo llamen a la Madre Teresa “puto cacahuete miserable” –Cifuentes no ha aprobado ni aprobará ninguna ley contra la gerontofobia– y que no pase nada. Porque lo esencial no es lo que se diga o haga, sino la pertenencia a la secta. Y la monja albanesa consagró, con mayor o menor acierto, su vida a los demás sin pasar por ese trago. Así es difícil mantener la ficción de que la Iglesia no es más que un nido de pederastas. Normal que quienes se creen buenos por tener las ideas correctas sin necesidad de mover un dedo por el prójimo busquen la excusa que sea para condenarla. Lo que sea con tal de seguir viviendo en su complaciente océano de autosatisfacción moral.

Origen: Daniel Rodríguez Herrera – Por qué odian a la madre Teresa de Calcuta – Libertad Digital

4 comentarios en “Por qué odian a la madre Teresa de Calcuta – Daniel Rodríguez Herrera / Libertad Digital

    • Me parece que se en este artículo se están sacando las cosas de quicio. La Madre Teresa fue una gran mujer que demostró la bondad y el amor al prójimo en la práctica, que es lo difícil. El ser de izquierdas, o de derechas, no implica el ser buena persona. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de esto y el afirmar que “si no eres de izquierdas no eres buena persona” es, sencillamente, ganas de manipular. No conozco a nadie de izquierdas que piense así. La Madre Teresa estaba en contra del aborto pero ¿no era católica?. Esta gran Mujer era fiel a su religión, al igual que con su amor al prójimo, y lo demostraba con su práctica. Y era admirada por gente de derechas y de izquierdas. No manipulemos, por favor.

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  1. “si no eres de izquierdas no puedes ser buena persona”

    Es muy interesante esta frase, porque la he oído de otras maneras, siempre con el mismo sentido (por ejemplo, Cristina Pedroche decía que ella “creía que ser de izquierdas era ser buena persona”, a pesar de ser evasora fiscal)

    Bueno, ahí está la realidad: habrá buenas y malas personas en todas partes y de todos los colores; pero el ser de izquierdas NO es un monopolio para ser “buena” persona.

    Y ahí están todos los líderes de izquierdas, que desde luego no se han destacado como buena personas. Menos aun con las sangrientas revoluciones que han promovido.

    Lo curioso del caso es que, cuando todos sabían del horror de la Unión Soviética y de los regímenes comunistas, efectivamente sale eso de que la “izquierda tiene la superioridad moral” (???).

    Y como se ha promocionado como un objetivo deseable, ahí nace la izquierda caviar: ser de izquierdas de boquilla, o incluso como esta Pedroche, no pagando lo impuestos que debe para financiar el Estado de Bienestar.

    Por cierto, que Mandela NO es de izquierdas.
    El que se haya formado un mito sobre su persona (por su condena y por su rechazo a la venganza) no hace de él una persona de izquierdas; más bien es consecuente con su educación cristiana y con la necesidad política de mantener el país unido y no crear una sangrienta guerra civil.

    Otra cosa es que en Estados Unidos le hayan apoyado los negros (por razones obvias, los judíos, porque lucha contra el apartheid, y los demócratas)

    Por último quisiera resaltar que “izquierdas” y “derechas” son términos confusos porque, siendo clases medias como somos y habiendo logrado todo lo que se puede en el tema de las reivindicaciones sociales, se han quedado vacíos.

    Así habrá medidas que sean consideradas de “izquierdas” y medidas que sean consideradas de “derechas”, pero en conjunto las políticas deben favorecer los intereses concretos de los votantes.
    Cuando eso no pasa, ahí vienen las zapateradas que pueden hundir un país.

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  2. Necesariamente tiene que haber críticas contra esta mujer, porque lo que promueve con su ejemplo es lo contrario de los intereses del “socialismo” (o lo que queda de él) y lo contrario de la vida moderna (el consumo y la gratificación inmediata)

    Se puede admirar en esta mujer muchas cosas: su labor organizadora, por ejemplo, que es capaz de crear una organización internacional de la nada y que vive de la caridad. -movida precisamente por su ejemplo-

    Se puede admirar a esta mujer por su espiritualidad: la busca hasta que la encuentra. Claro, en una sociedad materialista eso no tiene ningún valor…o sí.

    Su labor fue no salvar vidas, sino que los moribundos pudieran tener una muerte digna. Aquí la crítica es, claro, que no salvase vidas. Bueno, ya hay organizaciones para ello, y las mismas misioneras se ocupan de ello. Resalto este punto por el histerismo que se ha creado en el mundo occidental a favor de vivir como sea, olvidando que hay que morir; y que es la muerte lo que da sentido a la vida, no el consumo ni el estatus social. (de hecho una herramienta en la psicología cognitiva es precisamente hacerte pensar que vas a morir dentro de unos días ¿cómo vivirías los últimos días que te quedan?)

    En plena civilización del consumo, tener hijos significa no tener más pensión -no los necesitas-, y son una molestia y un gasto que se puede emplear mejor en comprar más de lo que uno no necesita.

    La consecuencia es el aborto; y para que no chille a la consciencia, se dice que no es una persona, sino una cosa.

    Hemos llegado a pagar con dinero público los abortos, aun habiendo todo tipo de útiles y pastillas para evitar un embarazo.

    Esto ha traído graves consecuencias económicas (se empequeñece el mercado) y demográficas (no hay población de recambio); pero también humanas: porque ponemos nuestros deseos egoístas por encima de la vida y de las personas.

    Cuando hay una persona como esta señora que promueve justamente lo contrario de los que están promoviendo estas medidas (junto con la emigración masiva) -es decir, de los que nos quieren mal-, para muchos es motivo de escándalo.

    Yo esperaba que en el siglo XXI íbamos a pensar mejor, más objetivamente, más racionalmente, defendiendo mejor nuestros derechos: no.

    Estamos peor que en el siglo XIX.

    Si es un consuelo es que los mismos que han creado este mundo tan inhumano, van a sufrir las consecuencias de sus acciones justamente en el momento en que más lo necesiten.

    El socialismo (lo que queda de él) ha querido sustituir el cristianismo como sea, para ponerse él como religión laica.

    Ha sido un fracaso.

    Ha demostrado que no vale justamente para lo que se postula; aunque sepa mover a su gente con el odio y la envidia. Al final la realidad se impone; hay que cumplir lo que promete: el bienestar material, cosa que no es tan fácil, como hemos sufrido en carne propia, cuando no se vive en una economía capitalista. De aquí pueden dar fe los millones de desempleados y los universitarios que tienen que emigrar porque aquí no hay trabajo (no se crea y se ha perdido el que había)

    Y la minoría que maneja el socialismo, que no han olvidado el holocausto, va a lamentar que el espacio que deje su tan odiado cristianismo lo acaben ocupando otros con menos escrúpulos y menos trabas morales: los nacionalistas y los musulmanes.

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