¡Alcántara es un grito! – Juan María Silvela Miláns del Bosch / La Gaceta

Juan María Silvela Miláns del Bosch

 

A principios de 2013, el músico Miguel Ángel Cantera Escribano terminaba de componer un bellísimo himno-canción en homenaje al Regimiento de Caballería Alcántara que tituló: Centauros de Alcántara. A esta Unidad se le acababa de conceder, después de 91 años (1/VI/2012), la Laureada Colectiva por su actuación heroica durante las jornadas del 22 de julio al 9 de agosto de 1921 en la zona oriental del Protectorado de Marruecos. Su protección de la retirada del Ejército de la Comandancia General de Melilla de Annual a Dar Drius y de este campamento al acuartelamiento de Monte Arruit fue un servicio prestado en circunstancias tan adversas que, como dijo el poeta, brotó  la flor de lo imposible (verso final de la primera estrofa de la oda: El escuadrón de la locura de Blanco Belmonte dedicada también al regimiento).

Cantera, director de la Banda Municipal de Palencia, para su inspiradísima obra Centauros de Alcántara, de estructura transversal y con intercalación de notas del Himno de Caballería, utilizó como letra frases y versos de la citada oda, cuyas dos últimos estrofas exclaman:

¡Al paso …!  Los corceles no pueden ir al trote.

¡Al paso …!  La jornada su horror sublime alarga.

¡Al paso …!  Como nietos del loco Don Quijote …

¡Así van los de Alcántara! – Su gloria eterna flote.

¡Al paso!  ¡Lo imposible! ¡Tal fue la última carga!

Busquemos las lecciones grabadas en la Historia

con lauro inmarcesible.

Y arriba, muy arriba, cual soberana gloria,

escúlpase de Alcántara la trágica victoria

diciendo: “Con su arrojo lograron lo imposible”.

Como licencia poética, tales versos son bellísimos y perfectamente asimilables, pero como relato histórico no se pueden aseverar tales cosas. ¿Cómo se puede cargar al paso? Cantera no utilizó estas estrofas, porque en realidad no hacía falta. Al leer el decreto de concesión de la Laureada, queda claro que la actuación del regimiento no se limitó a una acción excepcional de heroísmo máximo y puntual, que también, sino a numerosos servicios en diversos días (que varían según donde se encontraban las unidades subordinadas del regimiento) con continuos servicios y combates a favor de las fuerzas que se retiraban. El comportamiento de todos los oficiales, excepto uno, de los suboficiales, excepto otro, y de la casi totalidad de la tropa fue constantemente heroico.

Según lo destaca el coronel Bellido en su libro La laureada debida, el regimiento llevó a cabo con total entrega y efectividad lo que mandaba el reglamento de la época: “cuando el enemigo es victorioso, corresponde á la caballería la honrosa misión de la abnegación y del sacrificio. A toda costa se mantiene en contacto con el enemigo sin reparar en su número, y aprovecha todas las ocasiones para detener, si es posible, ó, por lo menos, retardar la persecución, firmemente convencida de que toda su sangre será poca comparada con el honor de salvar al ejército, y, á veces, á la Patria, de un inmenso desastre» [sic]. Su exacto cumplimento de lo exigido por el reglamento se comprobará con el simple y sintético relato de los hechos que haré en estos dos artículos y no hará falta emplear ese ensalzamiento desmedido de las cargas realizadas por Alcántara que a veces se hace y que inevitablemente aleja a tales vicisitudes del rigor histórico. Para no cansar al lector, en la única nota al pie (1), especifico las fuentes fundamentales utilizadas. En los diferentes relatos de autores que han escrito sobre el “Desastre de Annual” existen numerosas divergencias que no voy a comparar y analizar; sólo recojo la acción o el detalle que me parezca más próximo a la realidad.

Pero vayamos ya a los hechos. Desde el día 17 de julio de 1921, la posición de Igueriben estaba  cercada. Después de haber intentado cuatro maniobras de socorro, fue asaltada y destruida el día 21. El último intento fue dirigido por el propio Comandante General (general Silvestre), que había conseguido llegar a Annual protegido por el Alcántara. Para este servicio, el regimiento tuvo que salir al amanecer desde Dar Drius, donde previamente había sido reunido. Alcántara llegó a desplegar en Annual, pero el único escuadrón que intervino fue el de ametralladoras, apoyado por el 2º, para proteger la retirada de la columna del sur, que, con otras dos, pretendía socorrer a Igueriben. En la hoya de Annual, cerca de 5.000 soldados, españoles e indígenas, habían fracasado frente a 12.000 o más harqueños de Abd el Krim (beniurriagueles, bocoyas, benituzines y tensamanies, e incluso otras cábilas (tribus) del Rif central). Esa misma tarde, el regimiento sería enviado a pernotar a Drius, excepto el 5º escuadrón que se quedó en Ben Tieb, pues era su acuartelamiento habitual, en previsión de poder contar con el apoyo de Alcántara en una posible retirada de las unidades presentes en Annual. El regimiento llegaría a Drius hacia las 19,30 horas sin sufrir nada más que una baja de la sección del alférez Maroto. Se produjo al resbalarse un soldado por un barranco; herido, sería evacuado a la citada base.

Terminadas varias reuniones muy tensas de mandos en Annual durante la noche del día 21 y, ante la falta de víveres y municiones y la imposibilidad de ser abastecidos, se decidió la retirada para el día siguiente; se marcharía a través de Izumar, hasta Tieb y Drius. Pero, en la mañana del 22 y ante la desmoralización evidente de la tropa, Silvestre se negó a retirarse. Reuniendo unas docenas de soldados y con la escolta del general, perteneciente a Alcántara, los coroneles Manella (jefe del regimiento) y Morales quisieron defenderle, pero se negó a ello; parece ser que acabaría suicidándose.

Manella intentaría encauzar la evacuación, pero todo fue inútil. Al morir el Comandante General, los dos coroneles, con la gente que habían reunido y algunos oficiales, se dirigieron a ocupar Izumar. Por desgracia, no lograron su propósito y encontrarían la muerte; Manella al inicio del barranco de subida a la posición “C”, junto con el sargento Ramírez de la escolta de Silvestre; Morales ya rebasado Izumar; ambos después de haber combatido en  la extrema retaguardia de la columna.  Izumar y “C” habían sido abandonadas vergonzosamente antes de ser atacadas; además, no se había ocupado al amanecer un cerro al otro lado del barranco y algo más al norte, acción que debía realizarse a diario desde la primera posición citada. El mantenimiento de la posición y su avanzadilla, hasta el paso de las unidades en retirada, hubiera sido fundamental. Los que atacaron la columna y produjeron la desbandad de buena parte de ella desde el inicio de la marcha fueron fundamentalmente las unidades de la Policía Indígena que debían haber protegido el flanco izquierdo de la columna y que desertaron en masa matando a sus oficiales. A ellos se unirían enseguida los cabileños de Beni Ulixec.

En Annual se producirían las primeras bajas del Alcántara: los componentes de la escolta del general Silvestre y la del soldado Silverio Elvira que estaba con el coronel Manella El caso del soldado Moreno Martín fue excepcional, después de pasar por unas vicisitudes tremendas, logró llegar a Melilla desde el campamento. Según el coronel Bellido, el regimiento disponía en el campo de 685 soldados; si descontamos los 8 que estaban en la posición de Ishafen, los 19 de Segangan y los 33 de la base de Zoco el Telatza, difícilmente llegarían a 620 los jinetes del Alcántara en Drius.

En la mañana del 23 y en el “Puente el Morabo” (entre Ben Tieb e Izumar), el regimiento preparaba el terreno para proteger la retirada y cerrar el boquete de Beni Aixa con el establecimiento de una posición entre las de Yebel Udía y “B”, en un lugar elegido por el desafortunado capitán Fortea, jefe de la 13 mía de la Policía Indígena. Como apoyo directo de los trabajos fueron destacados los escuadrones 3º y el de ametralladoras e incluso el 5º. Pero, de inmediato, el resto del regimiento sería sorprendido en el propio puente por la cabeza de la columna, que huía en terrible desorden.  A pesar de los esfuerzos realizados, no se pudo contener la desbandada. Por encargo del capitán de estado mayor Sainz, el escuadrón de ametralladoras ocupó una loma para que los fugitivos vieran que ya iban a estar protegidos y un sargento, con el arma de fuego dispuesta y realizando disparos, se plantó en medio del puente, pero todo fue inútil.

El teniente coronel Primo de Rivera acababa de recibir, a través del sargento del Alcántara, Jimeno Marhuenda, petición del capitán de estado mayor Dolz  para que ocupara Izumar; mandaba el regimiento (al estar su jefe, el coronel Manella, a cargo de la jefatura rotatoria de la Circunscripción de Annual). Pero la posición estaba ya incendiada y el teniente coronel se decidió a proteger la desbandada, flanqueándola por ambos lados y replegándose por escalones. Así consiguió evitar más bajas, tanto de los huidos como de un resto de las tropas de Annual, que marchaban ordenadas y dirigidas por sus jefes. A veces, tuvieron que detenerse para disparar y realizar limitadas cargas para ahuyentar a los grupos de desertores de la Policía Indígena que se acercaban demasiado.

Tan segura fue la actuación de los escuadrones de Alcántara y tanto impresionó a los cabileños de Beni Ulixec y a los policías indígenas sublevados, que el teniente coronel de Infantería Pérez Ortiz llegó a declarar que ocupaban las lomas “en orden cerrado”; además, como manifestó un testigo presencial: “llevando cada soldado de Caballería, en la grupa de su caballo, uno o dos soldados recogidos en el campo”. Su labor fue muy efectiva, pues a partir de ese momento se cortó la “cacería” indígena y sólo fueron tiroteados a larga distancia desde los flancos. Así, la columna pudo llegar a Tieb y  Drius.

En Tieb se quedó el 5º escuadrón de voluntarios de Alcántara, mandado por el capitán Chicote. Allí, por orden de su capitán, la sección del teniente Pua, con el sargento Jimeno Marhuenda, tuvo que realizar una salida para reconocer la posición de Dar Mizzian. Antes de llegar, se encontraron con el herrador, el intérprete y dos o tres policías que les aseguraron que la posición estaba en manos de los sublevados. De todas formas, se aproximó pero fue recibido a tiros por lo que regresó para informar. Inmediatamente hubo de salir otra vez para despejar las proximidades de la base de un grupo de desertores de la policía que intentaba tomar posiciones para tirotear la base. En combate a pie les hizo retirarse, pero, al volver a las cercanías de Tieb para hostilizar de nuevo el acuartelamiento, se decidió a cargar al arma blanca, lo que les hizo huir. Tieb sería abandonada al atardecer, después de ser incendiada. Sin embargo, el teniente coronel había enviado al teniente Arcos Cuadra, al mando del 4º escuadrón, para reforzarla, pero llegó tarde, pues la columna ya estaba en marcha hacia Drius. La guarnición de Tieb, debidamente protegida por ambos escuadrones, que tuvieron que realizar varias cargas, llegó a Drius sin novedad y sin sufrir bajas.

El general Navarro, segundo jefe de la Comandancia Militar, a quien Silvestre había ordenado que volviera a Melilla el día 20, como medida de precaución, se incorporó a Drius en  la tarde del 22, hacia las 17,00 horas. También se incorporarían en el vehículo ligero de Alcántara, durante la mañana del día 23, los comandantes Berrocoso y Gómez Zaragozá, el capitán Castillo, el capellán Campoy y el teniente Carrasco, todos del regimiento. El capitán ni siquiera estaba ya destinado en Alcántara y el teniente, conductor por falta del “mecánico”, y el capellán no tenían puesto en el campo.

El general decidió inmediatamente enviar a Melilla todo el material que no fuera útil; especialmente el parque móvil, piezas no reparables, heridos…Para protección de la columna se escogieron los 25 jinetes más agotados o heridos o con menos instrucción de cada escuadrón. Los mandos se nombraron por sorteo, que se hubo de repetir, pues todos los oficiales querían quedarse con el regimiento. Les correspondió al teniente Del Campo y al alférez Maroto. La columna iba al mando del capitán de Artillería Galbis. En vanguardia se situó Maroto con el sargento Díaz Antona y 27 jinetes y a retaguardia Del Campo con el sargento Jimeno y otros 30 jinetes. Mientras, una sección de cada escuadrón saldría a patrullar por los alrededores de la base con el fin de evitar que se escaparan hacia Melilla soldados europeos.

En la madrugada del día 23, es el 5º escuadrón quien realiza la descubierta alrededor de la base desde las 6 de la mañana, mientras una sección del 1º, al mando del teniente Troncoso, protege la aguada en el rio Kert (a las 9 horas sería relevado por la sección del teniente Bravo del mismo escuadrón). Una hora después, Navarro decidió recuperar las guarniciones de las posiciones situadas hacia el oeste de Drius (“A”, Zayudait, Tafersit, Hamuda, Buhafora, Azru, Azib de Midar, Izen Lassen, Cheif, Ain Kert y Carra Midar). En un principio, había considerado conveniente que, reunidas las más alejadas en Cheif, se retirasen hacia el Zoco el T´latza, pero cambió de idea al comprobar que ya estaba sublevado todo el territorio.

Resultado de imagen de alcantara primo de rivera

Resultado de imagen de alcantara primo de rivera

Alcántara, con el fin de proteger el repliegue de estas posiciones, realizaría, al menos, cuatro salidas desde Drius. De la primera, a las 7, se encargaría el 5º escuadrón y una sección del 4º; mediante una oportuna “carga” protegieron la retirada de los componentes de la posición de Ain Kert. La segunda la dirigió el propio teniente coronel, hacia las 9, con el 2º escuadrón, una sección del 1º, dos secciones del 4º y el escuadrón de ametralladoras. Estas dos últimas unidades en combate pie a tierra apoyaron la carga de las dos primeras unidades contra los harqueños, que a punto estuvieron de arrollar a las cinco compañías del regimiento de Infantería África de la posición de Cheif  y a la que se había unido algunos componentes de la posición de Hamuda; con tal acción libraron del exterminio a la columna más importante. Una tercera la efectuó todo el regimiento hacia las 11 horas para cubrir la retirada de la guarnición de Carra Midar. Por último, una hora más tarde, hubo que apoyar otra vez la retirada de los defensores de Tafersit y Azib el Midar. Durante la segunda salida, la carga, fue vista desde Drius, lo que elevó la moral de los soldados de forma extraordinaria, pues recibieron al regimiento a su vuelta al campamento con aplausos y gritos de júbilo. A Primo de Rivera se le concedería a título póstumo la Cruz Laureada de San Fernando por esta acción. Las bajas de Alcántara se aproximan a los 25 jinetes, que sumados a los 125 del escuadrón provisional, que protegió a la columna con el material de desecho de artillería, dejaron al regimiento con unos 475 hombres disponibles.

Dos horas después del mediodía, el regimiento volvería a salir; pero esto lo contaremos en el siguiente artículo.

Nota 1: aparte de la documentación (Resumen del Informe Picasso, Juicio Contradictorio, declaraciones ante la Comisión del Senado…) y bibliografía propia, este artículo lo he realizado fundamentalmente con:

•Bellido, Antonio: Alcántara en el Desastre de Annual. La Laureada debida. Edita MINISDEF (colección Adalid). Madrid, 2012.

•Francisco, Luis Miguel: Morir en África. Edita Crítica. Barcelona, 2014.

•Pando, Juan: Historia secreta de Annual. Edita Temas de Hoy. Madrid 1999; y apéndice inédito sobre la actuación del regimiento Alcántara.

•Repollés, Julio y Casas del Vega, Rafael: Primo de Rivera: la última carga al paso. De España en sus héroes (Fascículo 26). Edita ORNIGRAF. Madrid 1969

(Actuación del Regimiento de Cazadores de Alcántara número 14 durante el “Desastre de Annual”)

Por Juan María Silvela Miláns del Bosch

En este segundo artículo, inicio el relato de la actuación del Regimiento Alcántara pasadas las 12,00 horas del día 23 de julio de 1921. A partir de la citada hora, el 14º de Caballería va escribir la página más heroica de su larga vida. Es sorprendente que, aunque su actuación haya sido recogida en numerosos artículos y libros, hay casi tantas versiones de las vicisitudes del Alcántara en la media jornada citada como autores se han dedicado a este tema. Intentaré en estas líneas relatar los hechos que me han parecido más verosímiles sin hacer análisis comparativo, pues no hay espacio para ello. Tampoco puedo asegurar que haya conseguido plasmar los hechos en estas líneas con total exactitud. No tarea fácil, pues existen demasiados testimonios de testigos presenciales que son difíciles de armonizar e incluso se contradicen. Con todo, me he esforzado en articular un relato lo más coherente posible.

Iniciada la tarde, los ocupantes de algunos camiones habían vuelto a Drius al no poder continuar la marcha hacia Melilla por el hostigamiento de los indígenas de la zona. Inmediatamente, comunicaron al general Navarro la detención del convoy, que había sido organizado para evacuar a los heridos a Melilla. Los cabileños, seguramente casi todos procedentes de la cábila de Metalza y es posible que también de Beni Bu Yahi, tiroteaban con eficacia la carretera a Batel. Navarro inmediatamente ordenó al regimiento que saliera nuevamente de Drius para rescatar la columna de heridos.

En sólo unos minutos, el 14 de Caballería pudo ponerse en camino. En vanguardia y al sur de la carretera a Batel, inició la marcha el 5ºescuadrón, mientras el 4º  lo haría también en vanguardia al norte de la misma. Detrás y por la carretea citada, seguirían el 3º, el de ametralladoras, el 1º y el 2º por este orden. Los camiones volvieron a salir, pero se adelantaron confiados y fueron nuevamente tiroteados. Tres camiones serían asaltados y volcados y los heridos instalados en ellos cruelmente rematados por los indígenas de la zona. Por orden del teniente coronel Primo de Rivera, cargaron los escuadrones 4º y 5º, que arrollaron a los indígenas. Los cabileños tuvieron que soltar su presa que creían segura y el convoy pudo seguir su marcha.

Al rebasar Uestia, un intenso fuego recibido desde Dar Azugaj hizo que los escuadrones 2º y 4º, al mando del capitán Fraile Rodriguez y del teniente Arcos Cuadra respectivamente, tuvieran que desmontar y combatir pie a tierra; pero los disparos de los cabileños seguían produciendo bajas, especialmente en los caballos, y se hizo necesario volver a montar para cargar, apoyados por fuego del escuadrón de ametralladoras, que mandaba el capitán Triana Blasco. El mismo Primo de Rivera, al ver su situación delicada, se puso al frente de ellos. Entonces, el 2º conseguiría llegar hasta los camiones, que se habían vuelto a adelantar, y arremeter contra los indígenas que intentaba asaltarlos; los cabileños huyeron, dejando numerosas bajas. Mientras, el 4º iniciaba la carga hacia Dar Azugaj, que culminó desalojando a los indígenas de sus posiciones. Los escuadrones 2º y 4º sufrieron en esta acción las primeras bajas importantes, pero lograron que los vehículos prosiguieran hacia el cauce seco del Gan. Se habían distinguido los tenientes Arcos y de León Font de Mora. Pero también desde el otro lado de la carretera arreciaban los disparos, por lo que el 5º escuadrón, cuyo jefe era el capitán Chicote Arcos, se vio obligado a “cargar” varias veces, apoyado por el 3º, mandado por el capitán Castillo Ochoa.

Se hizo entonces necesario ocupar las alturas que dominaban el cauce seco del Gan y es el 5º escuadrón el que se lanzó en impetuosa galopada hacia las casas de Burrahail desde donde los cabileños les hacía fuego; de allí serían desalojados no sin dejar varias bajas. El 4º, con los tenientes Arcos, de León y Cistué Castro, al reiterar su carga, conseguirían desalojar al enemigo atrincherado en el cauce. Los camiones y otros servicios detenidos pudieron entonces pasar el rio y continuar la marcha. Pero varios camiones se estropearían al ser sobrecargados por el camino, no precisamente por heridos, y un resto consiguió llegar a Melilla.

Todas las bajas del regimiento fueron recogidas; los heridos transportados en la ambulancia que les seguía y los muertos en el vehículo de Alcántara conducido por el teniente Carrasco. El capitán Castillo fue herido gravemente y el teniente coronel ordenó a Carrasco que se lo llevara a Melilla con otros 14 heridos más en camiones. Para evitar ser tiroteados, se desviaron hacia el sur y, en marcha campo a través durante un buen trecho del camino, consiguieron llegar a la ciudad. El capitán no podría superar sus heridas y moriría unos días más tarde. Las bajas totales entre muertos y heridos superaron los 50 hombres.

Primo de Rivera se apercibió del desgaste del regimiento y pretendió continuar hasta Batel donde podría dar de beber a los caballos, reorganizar los escuadrones, descansar y pernotar allí. Pero se le ordenaría dar media vuelta para dirigirse a Drius, ya que esta base iba a ser evacuada y debía formar la vanguardia para proteger la columna organizada por Navarro en Drius.  Tendría, en consecuencia, que despejar la carretera y el terreno que la circundaba de enemigo para posibilitar el repliegue. A la orden del teniente coronel, los escuadrones dieron media vuelta y se dirigieron hacia Drius, protegidos por el de ametralladoras. Al rebasar Uestia y aproximadamente a dos kilómetros de la base, comprendieron el motivo; en aquella dirección, pudieron observar una gran columna de humo. Alguien, sin permiso del general, había decidido quemar el campamento que empezaba a ser evacuado. Esta desafortunada acción pondría sobre aviso a los cabileños de la zona.

Marchaban por delante de la columna Navarro, los supervivientes de Cheif, soldados del regimiento de Infantería África 68 y de otras posiciones próximas a Drius. Era tal su abatimiento, que el general había ordenado al oficial más antiguo superviviente de aquella posición, el capitán Almansa Díaz, salir al frente de estas unidades por delante de la columna principal para evitar que contagiasen su desmoralización a las demás unidades. Al encontrarse el regimiento con esta pequeña columna, volvió a dar media vuelta, dispuesto abrir el camino a toda costa y a todas las fuerzas concentradas en Drius. Por ello, el capitán de estado mayor Sainz, que auxiliaba a Navarro, e incluso el propio general, pensaron que el regimiento se había desgastado en lucha individual hacia el Gan. Pero la columna Almansa estaba compuesta por cerca de 500 soldados, lo que haría muy difícil que tanto el general como el citado capitán, situados en el centro de la columna principal, pudieran ver la actuación heroica de Alcántara. En este sentido, el testimonio del capitán Chicote es determinante.

El despliegue que adoptó el regimiento fue el siguiente: El comandante Gómez Zaragozá al mando de los escuadrones 3º y 5º avanzarían por el sur de la carretera a Batel y el comandante Berrocoso  con los escuadrones 1º, 2º y 4º por el norte de la carretera, mientras el de ametralladoras debía seguir por la propia carretera a Batel. Difícilmente, el regimiento podría contar ya con más de 400 jinetes para cumplir su misión.

El teniente Bravo Serrano con su sección (1º escuadrón) estaba sobre la orilla del rio Kert en el servicio de protección de la aguada; cuando se apercibió del abandono de Drius y como no aparecía su relevo, decidió incorporarse al regimiento, al que alcanzó con rapidez. Presentado al teniente coronel, le ordenó que se incorporara a la vanguardia del lado norte de la carretera.

Nada más rebasar otra vez Uestia, fueron de nuevo tiroteados desde ambos flancos. No podían detenerse a contestar, pues los disparos eran realizados por cabileños aislados bien pegados al terreno, sin formar grupos y no compensaba cargar sobre ellos. Tampoco convenía pararse para combatir a pie, pues los indígenas de la zona habían aprendido que era mejor disparar contra los caballos, que, parados y agrupados por los jinetes guardacaballos, eran un buen blanco, aunque estuvieran a larga distancia. Pero los cabileños intentaron entonces envolver la carretera por lo que no hubo más remedio que alternar el combate a pie con la realización de las cargas. Al acercarse al Gan, el fuego enemigo se hizo mucho más intenso desde las lomas que flanqueaban la carretera. Es entonces cuando Primo de Rivera les ordenó cargar de forma continua, pero poniéndose él siempre a la cabeza de la unidad que atacaba, con su eterna sonrisa y palabras de ánimo; el escuadrón de ametralladoras les apoyaría con su fuego automático. Pero las Colt se interrumpían con facilidad y el capitán Triana y los tenientes Manterola Ramírez de Cartagena y Martín Galindo tuvieron que multiplicar sus esfuerzos para que el fuego de las ametralladoras fuera continuo y denso.

Los indígenas tenían terror a las cargas y, cuando eran sorprendidos por los “cazadores” del Alcántara, tiraban el fusil al suelo y pedían el amán (perdón); pero en cuanto eran rebasados volvían a cogerlo para dispararles por la espalda. Vistos por los siguientes que alcanzaban las lomas, se lanzaron para acuchillarles, como también lo hicieron los propios tiroteados, que se revolverían para rematarlos ya sin piedad.

Al reiterar las cargas, numerosos caballos, exhaustos, dejaban de galopar, quedándose sus jinetes retrasados. No tenía entonces más remedio que incorporarse a la columna Navarro, junto con los que se habían quedado a pie por muerte de sus caballos. Otros conseguían atrapar a los caballos que andaban sueltos por muerte de sus jinetes y volvían a incorporarse a su escuadrón.

En el rio Gan los cabileños habían cavado trincheras en el propio cauce seco y en ambas orillas. Se tendría que lanzar, por tanto, la última carga, que desde luego no podría ser al paso, ni tampoco al trote. A Primo de Rivera le habían matado ya dos caballos, el pura sangre Vendimiar y el famoso Pirote y tendría que montarse en el último que le quedaba, el tordo Carbonero. Al capitán Chicote le matarán también su caballo, que le caerá encima, quedándose conmocionado por lo que sería evacuado a Melilla. Nunca se recuperaría de todo. También serían evacuados a Melilla los tenientes Carrasco Egaña y Vea Murguía Palacios heridos de gravedad. En cambio, el alférez Cistué, que fue herido mortalmente en el pecho, no consentiría ser evacuado y allí entregaría su vida. Finalmente, el regimiento consiguió desalojar a los indígenas de sus posiciones y cruzaron el Gan. La columna Almansa también, pero, rehechos los cabileños, obligarían a la columna Navarro a combatir para pasarlo.

El capitán Ballenilla y su teniente Bravo del 1º escuadrón, el capitán Fraile con el alférez Sousa del 2º escuadrón y los “cazadores” de sus unidades que se mantenían a caballo serían los primeros en llegar a Batel. Habían visto cargar al frente de ellos a Primo de Rivera y pensaron que les precedía y, por ello, siguieron hasta Tistutin; serían entre 150 y 160 jinetes. Allí el teniente coronel Jiménez Arrollo les ordenó seguir a Zeluán, donde había sido enviado el tabor de regulares de Caballería. No se fiaba de los ascaris y temía su sublevación; además, no quería ver en peligro su línea de retirada. A la postre acabaría por marcharse a Melilla. En Zeluán los “cazadores” del Alcántara se encontrarían con parte del escuadrón provisional del que se había hecho cargo el capitán Fernández Tejero. Éste último estaba de permiso en la península y, al enterarse de la caída de Igueriben y el abandono de Annual, se presentó en Melilla, en donde pudo coger el último tren a Monte Arruit. Al no poder seguir a Drius, decidió volverse a Zeluán para hacerse cargo del escuadrón provisional.

A esta última unidad no le sería fácil llegar a Zeluán. A primera hora de la mañana del día 23 habían salido de Drius, lo que les permitió llegar a Tistutin hacia las 10,00 horas. Allí les impidieron seguir y se les exigió cubrir el sur de la posición, frente a la llanura del Guerrao. Pero los caballos no estaban en condiciones de llevar a cabo tal acción, por lo que se ofrecieron a realizarla a pie. Al fin, hacia las 16,00 horas les autorizaron a continuar la marcha. Una vez rebasada Zeluán, se enteraron de la evacuación de Drius y el teniente del Campo Cantalapiedra, que mandaba el escuadrón, decidió retroceder a Monte Arruit para esperar allí al regimiento, pero, en esta última posición, se les ordenó volver a Zeluán, donde llegaron al anochecer. Posteriormente, mandarían a Melilla a los jinetes y caballos en peores condiciones; por tanto, los “cazadores” que permanecieron en la alcazaba no rebasarían los 90. Junto con los jinetes que llegaron de las cargas del Gan, se reunirían allí quizás algo más de 250 “cazadores”.

Por otra parte, en Batel, Primo de Rivera pudo reunir otros 90  “cazadores”, por lo que, hechas las cuentas, se puede deducir que las bajas del regimiento en la tarde del día 23 habrían sido de más de 200 hombres.

En el juicio contradictorio, que finalmente se instruiría por el reglamento de 1920, quedaría claro que la actuación del Alcántara cumplía con creces lo estipulado en el artículo 55 (referente a la protección de la retirada) y el 76 (exigencia de un tercio de bajas) del mismo. Con respecto al primer artículo y según el coronel Bellido, algunos escuadrones de regimiento recorrieron 50 kilómetros el día 22 y, al día siguiente, hubo quien hizo cerca de 75,  sin contar las cargas y en un ambiente de tremendo calor y escasez de agua, cuando el reglamento de entonces señalaba que las jornadas normales debían ser de 40. De tales cifras puede calibrarse el tremendo esfuerzo que realizó Alcántara. Con respecto al segundo artículo y siguiendo a este último autor, las bajas totales del regimiento fueron de 510 a 530 de un total de 685 hombres en elcampo. En ellas incluye a los asesinados en las rendiciones de Monte Arruit y Zeluán y su aeródromo, los 8 de la posición de Ishafen y los 15 fallecidos de la sección de 33 “cazadores” que estaban en Zoco el T´latza al retirarse su guarnición a la posición de Hassi Uesga en la zona francesa; habían formado la retaguardia de la columna y, en esta misión de protección, moriría el jefe de la sección, el sargento Benavent, y, como se ha expuesto, casi la mitad de la unidad. Si para la obtención de la Laureada sólo se tiene en cuenta a los que cargaron hasta el Gan, las bajas fueron más de la mitad; si se consideran las bajas totales, estas serían de, al menos, un 74%.

Por último, no debe olvidarse que, una vez desarticulado el regimiento, sus restos fueron el nervio de la defensa en Monte Arruit y Zeluán y su aeródromo. En la primera posición, el capitán Triana y unos 60 “cazadores” defendieron la zona de la puerta principal del acuartelamiento, tras unos simples sacos terreros, teniendo que llegar varias veces a la lucha cuerpo a cuerpo. En Zeluán, se distinguiría el capitán Fraile Rodriguez y el grupo de voluntarios que intentaron intercambiar agua por municiones y alimentos con el aeródromo. En este último lo haría el alférez Maroto y su sección. Se puede afirmar que, donde hubiera una pequeña unidad de Alcántara, su comportamiento fue intachable dando siempre la cara frente al enemigo.

Que el regimiento se había merecido el reconocimiento de su actuación, así lo entendió el instructor del juicio contradictorio para la concesión de la Laureada Colectiva, comandante Mourillo  López, que concluiría el expediente el 8 de febrero de 1933 con la siguiente afirmación: El juez que tiene el honor de informar es de parecer que en pocos casos como el presente está tan claro el derecho a tan apreciada recompensa como el del Regimiento Alcántara. Sin embargo, el Consejo Director de la Orden de San Fernando pidió realizar 5 nuevas diligencias el 20 de octubre del citado año, que se cumplimentaron y remitieron a la Orden. Por las informaciones que reclamaba, me da la sensación de que se dudaba en conceder la Laureada. De todas formas, el regimiento había sido disuelto por la reforma impulsada por Azaña en 1931 y la posible negativa del Consejo (es desde luego conjetura mía) no fue emitida por la Orden de San Fernando.

De lo expuesto en este artículo, sin exageraciones e intentando ser lo más objetivo posible, creo que el lector debería sacar la conclusión de que al fin se hizo justicia cuando por Real Decreto 905/2012 (1 de junio) se le concedió al Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería, la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva. Y rememorando a Blanco Belmonte termino con su verso: el Alcántara es un grito: el de… ¡A la carga! Y sin dudar la llevó a cabo.

Origen: ¡Alcántara es un grito! | La Gaceta

Alcántara es un grito (II)

Origen: Alcántara es un grito (II) | La Gaceta

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s