Marxismo: La quema de Irun. Septiembre del 36 – María José Atienza

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El Pleno aprobará mañana una declaración para conmemorar el 75 aniversario de la quema de Irun
01.09.11 MARÍA JOSÉ ATIENZA | IRUN.
El Ayuntamiento celebrará mañana viernes un Pleno extraordinario en el que se someterá a aprobación una declaración institucional para conmemorar el 75 aniversario de la quema de Irun. El texto, entre otras cosas, reconocerá, en palabras del alcalde, José Antonio Santano, «el sufrimiento de miles de personas y el mérito de los ciudadanos que, en esos momentos y en años posteriores, no sólo lograron sobrevivir a la tragedia, sino que fueron capaces de reconstruir una ciudad y volver a tender los puentes de la convivencia».
Conforme se ha ido acercando la fecha del 4 de septiembre y tras la publicación en DV, el pasado domingo, del artículo firmado por José Ramón Vega Zubeldia, hemos recabado y recibido más relatos de testigos directos de aquel trágico 4 de septiembre y de sus vísperas. Todos ellos serán publicados este fin de semana. Niños o adolescentes en 1936, los testigos recuerdan con nitidez el ruido de los disparos, las llamas, las columnas de humo, la pérdida del hogar, el éxodo, el desgarro familiar, el exilio, el pánico…, experiencias vitales extremas que tuvieron el coraje de superar. Todos ellos fueron capaces de reconstruir no sólo sus propias vidas, sino una ciudad que había quedado devastada.
Con ayuda de José Mari Castillo, que nos ha cedido una colección de fotografías y de la historiadora del Archivo de Irun, Sagrario Arrizabalaga, que nos ha recomendado varias publicaciones en las que se recogen datos sobre el incendio, tratamos hoy de hacer un breve resumen de lo que se vivió aquel día.
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Un testimonio
Comenzamos por el relato de un testigo directo, Jaime Rodríguez Salís, que en su libro ‘El niño republicano de Beraun’ nos cuenta lo siguiente:
«A principios de septiembre, las noticias no eran buenas: no solamente no se abortaba la insurrección de los militares, sino que Irún iba a caer en sus manos. Por el puente internacional, pasaba cada vez más gente. Mujeres con toda clase de paquetes, comida y ropa, rodeadas de niños, y hombres de edad que no participaban en la guerra y huían de aquella situación, acarreando colchones y los más diversos enseres domésticos. En el parque, entre los muchos rumores sobre lo que estaba acaeciendo, se hablaba insistentemente de la llegada de una partida de dinamiteros de Asturias. Se decía que iban a volar el pueblo, poniendo en práctica la vieja táctica de la tierra quemada. El enemigo iba a recibir una plaza totalmente destruída.
Recuerdo el atardecer de uno de aquellos días. Oíamos gritos de gente en una zona del barrio de la Estación, donde empezaba a elevarse una columna de denso humo. Los republicanos iniciaban la quema de Irun. Creo que nunca se ha aclarado qué facción dio la orden de destrucción del pueblo.
Aquel atardecer, el parque de Hendaya cercano a nuestra casa se iba llenando de gente que acudía al estratégico mirador para contemplar lo que para algunos era un espectáculo y para otros un desastre irremediable. Anochecía. El fuego se extendía por todos los barrios. Irún ardía por los cuatro costados».
Datos históricos
El historiador Pedro Barruso no sufrió, afortunadamente, el incendio del 36, pero en su libro Destrucción de una ciudad y conservación del nuevo Estado, editado por el Ayuntamiento de Irun en la colección ‘Irun tiene historia’ hace una descripción contrastada y minuciosa de la quema de la ciudad y recoge, entre otros muchos datos, el informe instruido tras la investigación realizada sobre el incendio.
Barruso describe la quema de la ciudad como «uno de los elementos que, junto a la guerra y la destrucción material, a las que se suma el miedo a unas posibles represalias, se encuentra en la base del masivo éxodo de los iruneses en septiembre de 1936» y cifra en 1.872 personas (dato orientativo) las que pudieron quedarse sin hogar aquel día, a causa de las llamas.
Demográficamente, de una población de 18.296 habitantes en 1935, Irun pasó a tener 7.934 después del éxodo y no volvió a alcanzar la primera cifra hasta 1949.
El arquitecto Enrique Noain, en su estudio ‘El incendio y proyecto de reconstrucción de la ciudad de Irun, publicado en el Boletín de Estudios del Bidasoa de LUKT, dice que el incendio de Irun en 1936, «como se sabe, es provocado deliberadamente como exponente de la política de tierra quemada, que con frecuencia se ha practicado llegado el momento de abandonar una ciudad en el curso de un conflicto armado».
El Irun que arde es, «en su inmensa mayoría, el Irun burgués o pequeño-burgués: paseo de Colón, plaza de San Juan, calles Mayor, de la Iglesia, y de las Escuelas (parcialmente), Cipriano Larrañaga Fuenterrabía, Aduana, etcétera.
No arde el casco antiguo -habitado por sectores populares de la población, a pesar de constituir, por las características constructivas y la edad de sus edificaciones, un área particularmente combustible y propicia para la propagación de las llamas».
Se quemaron, también, la mayor parte de las residencias y mansiones de la alta burguesía irunesa de la época, como eran «las residencias de los Sres. de Larrañaga ( Artaleku), Marqueses de Barzanallana, herederos de Miota, (Paseo de Colón), Casa-solar de Olazábal (en el alto del mismo nombre), Palacio Arbelaiz (en la calle de la Iglesia), palacete de Aquilino (en la calle Zubiaurre». También ardieron las casas de familias significativas de la ciudad, «como las de los Sres. Aguirreche, Fernández de Casadevante, Gaztelumendi, Camino, Doña Prudencia Arbide, Lalanne, Rodríguez Gal…»
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Pérdidas irreparables
Son quemados, de igual modo, edificios de significación religiosa «como el colegio de El Pilar, el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (instalado en el antiguo edificio del Casino de la Amistad, en la plaza de San Juan), la residencia de los Padres Pasionistas y su biblioteca (en la calle Estación) y, parcialmente, el convento de las Siervas de Jesús (en la calle Mayor). Y ardieron, igualmente, los edificios de los bancos de Irun, Guipuzcoano, Urquijo, de San Sebastián y de Vizcaya. El hotel Palace, la Sociedad Explotadora de Ferrocarriles y Tranvías, la Caja de Ahorros Provincial y un total de 47 agencias de aduanas.
El número de edificios destruidos totalmente por el incendio fue de 153 y las industrias y comercios desaparecidos, 252.
«El incendio», continúa Noain «supuso una ingente pérdida de valores patrimoniales intangibles, como los históricos y artísticos, lo que, si en el ámbito individual y personal comportó pérdidas sentimentales y afectivas irreparables para tantos iruneses, en el colectivo tuvo como consecuencia la desaparición masiva de los testimonios arquitectónicos de toda una época».

Origen: Irun. Septiembre del 36. diariovasco.com

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