Acerca de ETA (I y II) – Santiago Armesilla / Izquierda Hispánica

hijos de puta

Este artículo fue publicado en la web venezolana Aporrea.Org. Fue publicado cuando la banda terrorista secesionista anunció su nueva tregua indefinida. Debido a su importancia lo rescatamos para todos nuestros lectores.

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El jueves 20 de octubre de 2011, a un mes de las elecciones generales que pondrán a un nuevo Presidente y a un nuevo Gobierno al frente de la nación española, la banda terrorista secesionista ETA emitía un comunicado donde decían cesar definitivamente su actividad terrorista: no más asesinatos, no más coches bomba, no más tiros en la nuca, no más extorsión a pequeños empresarios (nunca extorsionaron [ETA] a grandes empresas vascas –de las cuales, se dice en diversos medios, salen fondos directos a la financiación de los diversos grupos políticos del entorno ideológico de ETA como Batasuna, Bildu, Sortu, Amaiur, ANV, PCTV, &c), no más secuestros, &c. El comunicado se hacía días después de la llamada “conferencia internacional” de políticos extranjeros a sueldo pagados por el mundo proetarra para exigir a España (y Francia) la negociación de la secesión del País Vasco español y francés y la creación de un Estado vasco independiente. En este artículo vamos a ahondar en el contenido de dicho comunicado, en su repercusión, en lo que fue aquella conferencia y en lo que realmente es ETA.

1.- El comunicado.

El comunicado se resume, emic (es decir, desde la perspectiva supuesta de ETA –o como demostraremos más adelante, de la falsa conciencia que de ETA se vende a muchos de sus simpatizantes dentro y fuera del País Vasco), en lo siguiente: gracias a la conferencia internacional celebrada anteriormente en la ciudad de San Sebastián, el autodenominado “Movimiento Socialista de Liberación Nacional Vasco Euskadi Ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad)”, ve las condiciones adecuadas para una resolución pacífica y dialogada de un supuesto “secular” conflicto político que, se supone, ha enfrentado al pueblo vasco con España y Francia desde hace milenios. Básicamente, la resolución del supuesto conflicto consiste en que Francia y España acepten las condiciones que ETA exige para que haya paz, esto es: una votación en suelo vasco para decidir si se es un Estado independiente o no, el acercamiento de presos de ETA al País Vasco y la amnistía de los terroristas (a los que llaman “presos políticos” a pesar de haber cometido varios asesinatos, secuestros y atentados con coche bomba). Ciertamente, ETA ha conseguido simpatizantes en el País Vasco y en el resto de España (pocos pero no tan pocos como pueda creerse), además del resto del Mundo, en su supuesto papel de “oprimidos” por España y Francia, con lo que se ganaron simpatizantes de parte de otros oprimidos. La solidaridad de oprimido a oprimido prende porque apela a lo emocional, pero como demostraremos en este artículo, la condición de oprimidos de los vascos en general y de ETA y sus tentáculos políticos en particular no solo es falsa, sino que incluso es una amenaza no solo a la unidad de la nación española, sino sobre todo a la unidad de su clase obrera.

El párrafo clave del comunicado de ETA es el siguiente:

ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada. ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada. ETA con esta declaración histórica muestra su compromiso claro, firme y definitivo”.

Las claras contradicciones entre este párrafo y la realidad objetiva son flagrantes, pues aunque ETA habla de cese definitivo de su actividad armada ni se disuelve, ni entrega todo su arsenal armamentístico, ni ofrece datos sobre los zulos que poseen tanto en suelo español como francés en los que además de armamento dejaban durante meses o incluso más de un año (como su secuestro más largo, el del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara), ni, más que nada, ofrece señales que indiquen un acercamiento por su parte hacia las cerca de 858 víctimas de sus ataques terroristas que durante más de cincuenta años han provocado. Los muertos etarras ascienden a 200; pero mientras esos doscientos son siempre durante tiroteos con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado español o la gendarmería francesa en persecuciones o en redadas en domicilios y escondites varios, por no hablar de las ejecuciones capitales que varios tuvieron durante la dictadura franquista, los muertos españoles no fueron nunca en enfrentamientos armados –solo la última víctima de ETA hasta el momento, el gendarme francés Jean Serge-Nerín, lo hizo en un tiroteo en el sur de la nación  francesa-, sino mediante tiros en la nuca por la espalda, coches bomba, bombas en centros comerciales (como la bomba del centro comercial Hipercor de Barcelona en 1987), en pasos circulatorios (como el atentado en Vallecas, barrio obrero de Madrid, en 1996, que acabó con la vida de varios obreros), o en terminales de aeropuertos (como la furgoneta explosiva que en 2006 acabó con la vida de los inmigrantes ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, cuyo asesinato fue justificado por un miembro de las juventudes proetarras con el siguiente argumento “no eran vascos”). Luego el conflicto político secular del que hablan, a nivel de la organización ETA, es inexistente, pues los muertos etarras siempre fueron en acciones policiales, y los asesinados por ETA en viles atentados terroristas. Luego definiremos qué entendemos por terrorismo.

La otra gran contradicción de este párrafo se resume en esta pregunta: si se cesa la actividad armada, ¿por qué se dice que la “confrontación armada” no cesará hasta que España y Francia dialoguen, de igual a igual, las condiciones que la misma ETA, a través de su comunicado y en la pantomima de conferencia internacional de San Sebastián han sentado, que son las que siempre, de cara a la galería han defendido? ¿No puede resultar un contrasentido cesar la lucha pero al mismo tiempo decir que la lucha cesará hasta que Francia y España acepten las condiciones de ETA? La respuesta a estas dos preguntas está clara, y la hemos indicado en gran medida más arriba: al no haber entregado ETA las armas, ni haberse disuelto como grupo terrorista, ETA pretende controlar el proceso de negociación de manera absoluta, controlando tanto a sus marionetas de la autodenominada “izquierda abertzale” (más tarde demostraremos por qué al entorno proetarra hay que englobarlo en la derecha política), como a la propia población española, la cual celebra, con Gobierno del PSOE, oposición del PP y diversos medios de comunicación manipuladores de masas, un falso fin de ETA. ¿Por qué ETA tiene la sartén por el mango? ETA no negocia nunca nada que no pueda ganar, y si puede ganar ahora no es solo por su propia iniciativa como grupo terrorista. La propia conferencia de San Sebastián indica el camino que guía a ETA realmente.

2.- El terrorismo de ETA

El fundamentalismo democrático reinante en España, ideología que estima que la democracia liberal burguesa es el sistema político definitivo por excelencia, el más noble y excelso, condenando como falsas democracias a los sistemas políticos que no siguen la norma burguesa de funcionamiento (como la Venezuela bolivariana o Cuba) y estimando que los sistemas políticos no democráticos son bárbaros y no civilizados (a pesar de que toda una monarquía absoluta como Arabia Saudita esté en el G-20 y sea uno de los principales exportadores de crudo del Mundo), al tiempo que asegura con la fe de un requeté recién comulgado que los llamados déficits de la democracia (en realidad, efectos políticos normales a todo sistema capitalista burgués) se resuelven con “más democracia” (en vez de decir, por ejemplo, con “socialismo”), se alegra del supuesto fin de las actividades terroristas de ETA, al tiempo que se alegra del asesinato a manos de yijadistas islamistas en Libia del ahora “dictador” Muamar Gadafi, cuyo sistema no se ajustaba a las condiciones del sistema democrático liberal burgués, aunque hace pocos años era amigo incondicional de muchas potencias occidentales, incluida España. Este fundamentalismo democrático ve el supuesto fin de ETA como una “victoria de la democracia”, sin especificar si esa democracia es española, vasca, catalana, francesa o venezolana. Y, confundiendo la gimnasia con la magnesia, está encantada de haberse conocido, aunque movidos por una configuración institucional que ha funcionada durante 500 años de historia de España como nación histórica unida y 200 como nación política desde el 19 de marzo de 1812 (año de proclamación de la Constitución de Cádiz), poco podrían ceder a las demandas etarras de autodeterminación (secesión) y amnistía de presos, salvo que ello ya esté pactado entre ETA, PSOE y PP. ¿Pero este pacto, que decimos desconocer si existe y lo tomamos como una suposición solo, se ha conseguido solo por cesión ante la actividad criminal de ETA y la “kale borroka” (violencia callejera)? ¿O hay algo más? De momento, analizaremos en qué ha consistido el terrorismo de ETA hasta ahora.

Como dijimos, ETA ha asesinado en sus más de 50 años de historia a 858 personas en España (una de ellas en suelo francés, como indicamos más arriba). Pero según las estadísticas oficiales de la democracia coronada española, las víctimas son menos: 829. ¿Por qué? Porque 29 víctimas de las 858 asesinadas lo fueron durante la dictadura de Franco. Para la monarquía democrática actual, las víctimas de ETA en la dictadura son menos víctimas porque “no son de los nuestros”. Entre esas víctimas está el que fuera penúltimo presidente de España durante la dictadura, Luis Carrero Blanco, asesinado mediante una bomba colocada en un túnel subterráneo en la calle que explotó cuando su coche oficial pasó por el punto exacto en que la bomba se colocó. Este atentado se produjo en 1973. El gran beneficiado de aquel atentado terrorista fue el último presidente del gobierno franquista, Carlos Arias Navarro, a la sazón encargado de la seguridad personal del propio Carrero Blanco. El dictador Franco, durante su alocución televisiva tras el asesinato de Carrero dijo una frase todavía hoy inquietante acerca del crimen: “No hay mal que por bien no venga”. Todavía se hacen cábalas acerca de esta enigmática frase. Pero años después se supo que antes de morir Carrero Blanco se reunió con el Secretario de Estado del Imperio Estadounidense, Henry Kissinger, uno de los sujetos más siniestros de la política internacional, encargado durante las legislaturas de Richard Nixon (republicano) y Gerald Ford (demócrata), de operaciones terroristas como la red de extrema derecha Gladio o de la ayuda a la conformación de sanguinarias dictaduras en Sudamérica como la argentina de Videla o la chilena de Pinochet. Carrero, miembro de la Falange Española desde el primer día (uno de los grupos ultraderechistas que configuraron el Movimiento Nacional, partido único del franquismo), era antinorteamericano desde siempre, y Kissinger y el Pentágono ya prepararon la Transición española de la dictadura a la democracia desde un primer momento (prácticamente desde 1959, cuando el presidente yanki Dwight M. Eisenhower visitó España y pactó con Franco el fin de la autarquía económica española, los planes de desarrollo promovidos entre otros por el Opus Dei, que metieron a España en una plena economía de mercado capitalista y la purga progresiva de elementos conservadores del régimen franquista más enemigos del liberalismo económico).

Entre esos enemigos estaba Carrero Blanco, que en su entrevista con Eisenhower el 19 de diciembre de 1973 discutió con Kissinger sin llegar a un acuerdo acerca de si España debía empezar con él al mando un proceso de transición no ya económico, sino político hacia una democracia burguesa, proceso ya preparado debido al proceso de acumulación capitalista (en términos marxistas) que se inició en 1959, que marcó el inicio del fin del proletariado clásico en España, la creación de la llamada “clase media” y la reindustrialización de la nación, estancada desde la Guerra Civil de 1936-1939. Carrero Blanco representaba un escollo para los planes geopolíticos del Imperio Estadounidense, que consistían en convertir a Portugal, Grecia y España (el llamado “cinturón blando de Europa”), en aquel tiempo dictaduras militares de derechas (con economías no capitalistas, sino en muchos casos similares a la economía del régimen peronista en la Argentina), en democracias liberales burguesas para así poder incorporarlas a la OTAN. Pura política de guerra fría frente a la Unión Soviética. Carrero Blanco, continuador acérrico del “franquismo más puro”, suponía un obstáculo a la política yanki de contacto y amistad con todos los partidos y movimientos demócrata-cristianos europeos, aliados necesarios junto con la socialdemocracia, en su cruzada contra el comunismo. Al día siguiente de la entrevista, el 20 de diciembre, Carrero Blanco era asesinado por ETA.

ETA publicó poco después en Francia un documento “Operación Ogro”, donde relataban la facilidad con la que cometieron el asesinato de Carrero Blanco, en el que detallaban cómo recibieron ayuda externa, sin precisar nombres, pero siendo algunos de sus ayudantes externos a ETA extranjeros (es decir, no españoles). Y no deja de ser casual que el atentado contra Carrero ocurriese a escasos metros de la embajada estadounidense en Madrid. La CIA conocía perfectamente las intenciones de los terroristas, los cuales no tuvieron ningún seguimiento policial de ninguna clase durante sus continuos viajes a Madrid durante aquellos años. Carrero seguía siempre el mismo camino en coche antes de ir a su oficina, pues antes pasaba por una Iglesia católica a rezar, por no hablar del olor a gas que en la calle empezaba a desprenderse mientras los etarras cavaban el túnel para colocar la bomba. En conclusión, el Imperio necesitaba llevar a cabo sus planes y programas geopolíticos y no le importó lo más mínimo acabar con políticos que hasta hace poco eran aliados suyos (como Saddam Hussein o Gadafi; así funcionan los Estados Unidos del Norte de América).

Alguno podría pensar que a ETA le traía sin cuidado quién le apoyara y para qué, pues le importaba su “causa de liberación nacional” contra el fascismo franquista, y si los que le ayudaban eran los yankis en un inicio, bienvenida ayuda pues se aprovecharían de ella para causas más nobles… como Al Qaeda. Pero el camino de asesinatos de ETA no tiene su punto de inflexión con Carrero Blanco, asesinato que muchos luchadores antifranquistas recibieron con júbilo por creer que los etarras eran luchadores por la liberación del franquismo. El régimen de la democracia coronada de 1978, en el que España vive actualmente, es heredero directo del franquismo, pues fue una transformación “de la ley a la ley”, de una dictadura militar derechista de tipo populista en un régimen liberal burgués capitalista, auspiciada por Estados Unidos. Una democracia en la que el comunismo no jugó ningún papel, viéndose relegado a un segundo plano político, siendo totalmente inexistente desde la mayoría absoluta de los socialdemócratas del PSOE en 1982 con Felipe González en el poder (que continuó en el poder hasta 1996, año en que le sustituyó José María Aznar que gobernó España hasta el 2004, año en que le sustituyó el también socialdemócrata José Luis Rodríguez Zapatero). Una democracia donde las únicas fuerzas de “izquierda”, una vez barrenada la izquierda comunista, fueron prácticamente el PSOE y ETA, cuando la primera constituye una socialdemocracia degenerada en socialfascismo que ha entregado a la clase obrera española al neoliberalismo más duro, descentralizando el poder político y económico, y la segunda una banda terrorista nacionalista étnica y secesionista que mataba españoles por el mero hecho de serlo. Tanto el franquismo reformista como el Imperio yanki prepararon una Transición de régimen dictatorial a una democracia burguesa en la que la inestabilidad política, el terrorismo etarra y la desunión de los trabajadores españoles en un régimen autonómico de facto confederal son la norma. Un régimen en que si desde la izquierda política se defiende la unidad de la clase obrera española (“haced de la causa de la nación la causa del pueblo, y la causa del pueblo será la causa de la nación”, que decía Lenin), tanto el PSOE como el proetarrismo (nacionalismos vasco, catalán, gallego, castellano, murciano, andaluz, bierciano, canario, valenciano, &c., además de ciertos grupos seudoanarquistas cercanos al nacionalismo étnico, algunos grupos autodenominados “comunistas” pero defensores de la balcanización de España como el PCPE, IA, PCE-r, entre otros,  más grupos carlistas, una de las familias políticas del régimen franquista, hoy considerados de “izquierdas” algunos de ellos), acusan a quien lo haga de “fascismo” o “franquismo”. Un régimen cuya soberanía está vendida, por parte del PSOE, del PP y del neofeudalismo proetarra, al eje franco-alemán y al Imperio Estadounidense.

Un régimen democrático burgués que ha tenido el mayor número de víctimas de ETA durante su existencia (829, más las 29 del franquismo, un total de 858 víctimas). La primera víctima de ETA (no reconocida por ellos), fue un bebé de 22 meses, Begoña Urroz Ibarrola, en 1960, asesinada mediante una bomba incendiara en una estación de tren que la quemó gravemente, lo que causó su muerte a los pocos días. La lista de muertos durante el franquismo y después puede verse en estos dos enlaces (en ellos se detalla el modus operandi de ETA, su metodología en los atentados y los medios empleados para ello):

*http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Asesinatos_cometidos_por_ETA_hasta_la_muerte_de_Francisco_Franco

*http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Asesinatos_cometidos_por_ETA_desde_la_muerte_de_Francisco_Franco

El asesinato de niños a manos de ETA es más frecuente de lo que pueda parecer (algo inaudito que sorprendería a la euforia pacifista y democratista que hoy envuelve a muchos españoles). 23 niños fueron asesinados por ETA mediante sus atentados de masas, y más de 70 resultaron heridos. El 11 de diciembre de 1987 ETA colocó una bomba en la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en la que murieron 11 personas, de las cuales 5 eran niñas de entre 4 y 13 años. Otras cinco niñas de entre 7 y 14 años fueron asesinadas por ETA el 29 de mayo de 1991 mediante otro coche-bomba en otra casa-cuartel, esta vez en Vic, provincia de Barcelona (señalar que el líder neofeudalista Josep Lluis Carod-Rovira, catalán hijo de Guardia Civil aragonés, se reunió hace pocos años con ETA de manera ilegal para lograr que ETA no volviese a atentar en Cataluña, cosa que consiguió, dándole igual si mataban a otros españoles; tampoco extraña, pues su comportamiento tras el asedio a políticos catalanistas este mismo año 2011 durante las protestas de indignados en Barcelona denotó su carácter racista, homólogo al de los etarras, pues se quejó de que los indignados hablaran en español, y les pidió que se fuesen a “España” a mostrar su indignación, como si Cataluña no fuese también parte de España). ETA además ha dejado huérfanos a centenares de niños, la misma cantidad de viudas.

A esto hay que sumar la extraña complacencia de la justicia española con ETA, una ETA que no deja de acusar, junto con sus partidarios, al Estado español de ejercer la tortura contra sus militantes. Y aunque ciertamente en España, como en todo Estado, se cometen torturas y abusos policiales en comisarías, no es menos cierto que este tipo de comportamientos en España tienen a los presos comunes como sus mayores víctimas, y que durante el franquismo el grueso de población que mayor represión sufrió no fueron ni catalanes ni vascos, sino andaluces, extremeños y castellanos, los más pobres ciudadanos de España desde hace más de un siglo. Como decimos, esa complacencia que pueda sonar extraña a los simpatizantes proetarras, se demuestra en que hasta el día de hoy unos 330 asesinatos de ETA todavía no tienen sentencia judicial, con la excusa de que “no se ha podido determinar el autor material de los hechos”. España se caracteriza por tener un sistema judicial muy laxo y permisivo con los delincuentes y muy duro e injusto con las víctimas de la delincuencia. Un caso que ejemplifica esto, a nivel de delincuencia común no terrorista, lo constituye el caso de la niña de 17 años Marta del Castillo, asesinada y violada por varios sujetos, uno de ellos menor de edad cuando se produjo su asesinato. Tras matarla, se deshicieron del cadáver de la víctima, el cual no ha sido todavía encontrado por la Policía. El menor de edad, apodado “el Cuco”, ha salido en libertad con cargos solo por encubrimiento de asesinato, y es probable que, al no “existir” cuerpo del delito, todos los acusados, incluido el asesino autoinculpado Miguel Carcaño, salgan en libertad en pocos años. Por no hablar de los casos de violencia machista, en los que la mujer no tiene ninguna protección frente a su agresor. La justicia española piensa en la imposible reinserción de criminales horrendos en la sociedad, tanto comunes como terroristas etarras o islamistas.

No es menos importante señalar que ETA ha estado presente con sus atentados en los cambios políticos más decisivos de la historia de España en los últimos cuarenta años. El asesinato de Carrero Blanco antes de la Transición solo es el primer ejemplo más significativo. Pero el intento de asesinato de José María Aznar en 1995, antes de su elección como presidente en 1996, el del miembro del PP del Ayuntamiento de Ermua, Miguel Ángel Blanco, en 1998, dos años antes de la mayoría absoluta de Aznar en 2000, o el asesinato de Isaías Carrasco, sindicalista español de la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato cercano al PSOE, que estaba amenazado por ETA e iba sin escolta por decisión propia (pues muchos amenazados por ETA llevaban escolta, desde sindicalistas hasta políticos –algunos de ellos asesinados como los socialdemócratas Fernando Buesa o Fernando Múgica-, pasando por profesores universitarios –algunos asesinados como Ernest Lluch o Francisco Tomás y Valiente-), murió por un tiro en la cabeza en 2008, días antes de las elecciones que revalidaron el mandato de Zapatero en su segunda legislatura, y ahora el “cese definitivo de la lucha armada”, no dejan de resultar cuanto menos sospechosos. Por no hablar, en una hipótesis no demostrada y que roza para muchos la conspiranoia, de que el atentado masivo del 12 de marzo de 2004, que costó la vida a 200 trabajadores españoles e inmigrantes en las diversas bombas colocadas en trenes de cercanías en barrios obreros como Santa Eugenia, El Pozo del Tío Raimundo y Atocha en Madrid, a dos días de las elecciones generales que dieron la victoria primera de Zapatero sobre Rajoy, no fue cometido realmente por islamistas (no se encontraron terroristas inmolados entre los restos del atentado), sino por ETA. Sin embargo, este último caso resulta problemático y no queremos incidir mucho en él. Pero, lo que es cierto, es que ETA ha marcado el devenir político y electoral de España y ha entrado siempre en campaña, con resultados que siempre la han beneficiado.

Que ETA no es un grupo armado de liberación, sino un grupo terrorista, lo demuestran sus procedimientos, que definen en esencia qué es el terrorismo. El terrorismo ha de entenderse siempre como un procedimiento, en sentido antropológico y funcional (el terrorismo procedimental). Y una definición de terrorismo en sentido funcional y antropológico ha de oponerse a toda otra concepción del terrorismo que tenga connotaciones ideológicas, políticas, psicológicas y éticas, pues es la única manera de dar al terrorismo una definición laxa de lo que en realidad es, pues ello permite evitar el reduccionismo sustancialista. Para ello, es necesario distinguir dos partes necesarias en el terrorista: la parte terrorista, la que administra la violencia, y la parte aterrorizada, la que la recibe, su victima. Así, podemos caracterizar el terrorismo procedimental como sigue:

a) El grupo terrorista que realiza las actividades violentas debe ser identificado como tal, esto es, el grupo terrorista debe siempre dejar su firma y hacer públicos sus fines.

b) Su violencia ha de tener un carácter recurrente, sus actividades amenazan con repetirse si no se cumplen sus objetivos.

c) Sus agresiones han de ser sorpresivas y aleatorias.

d) Ha de existir una complicidad objetiva por parte del grupo aterrorizado (llegando incluso al Síndrome de Estocolmo), en el sentido de que el grupo sobre el que se ejerce la agresión debe plegarse a los fines del grupo terrorista. Si las víctimas no se dejaran aterrorizar por el grupo que realiza las agresiones, la estrategia terrorista perdería su sentido.

 

Con ETA se cumple la característica a), pues siempre ha hecho públicos sus fines y siempre ha dejado su firma mediante llamadas y comunicados, incluso con su reciente “fin de la lucha armada”. También se cumple la característica b), pues sus actos terroristas amenazan con repetirse si no se cumplen sus objetivos, incluso con su reciente “fin de la lucha armada” como hemos demostrado con el párrafo último que hemos citado de su comunicado. También se cumple la característica c), pues sus acciones eran sorpresivas y recurrentes, cosa que todavía se mantiene en el aire tras su comunicado de fin de actividades terroristas, pues se espera que España y Francia muevan ficha para ceder a sus demandas para así, y solo así, cesar la “lucha armada”. Y también se cumple la característica d), pues la euforia y complacencia de PSOE, PP, el entorno proetarra en toda España y de buena parte de la pánfila sociedad española está encantada de que ETA deje de matar pero no de desaparecer ni de entregar sus armas ni entregarse a la justicia, convirtiéndose así buena parte de la sociedad política española en cómplices objetivos de los fines etarras y de sus medios, por no hablar de la complacencia de los medios de comunicación españoles con el lenguaje político creado por todo el entorno proetarra (paz, diálogo, “izquierda abertzale”, &c., son expresines asumidas por la parte receptora del terror etarra como verdades). No ocurre lo mismo en Francia, pues el Estado francés no toma en serio sus demandas y persigue a ETA de manera radical, a pesar de haber tenido a un gendarme francés como la última víctima de ETA, y a pesar de haber sido Francia durante décadas el santuario legal de los etarras para evitar la persecución de sus miembros por parte de la policía española y de la Guardia Civil.

Según nuestra definición de terrorismo procedimental, si un grupo terrorista cumple esas cuatro características estaremos hablando sin duda de un grupo terrorista. ETA, así como Al Qaeda, los narcos mexicanos, la red Gladio, la mafia italiana (tanto la mafia siciliana como la Camorra napolitana), &c., son claramente grupos terroristas. No así Hamas, Hezbollah, el IRA, las FARC, Sendero Luminoso, &c., que no pueden ser calificados entonces como terroristas, no porque tengamos algún tipo de simpatía por ellos, sino porque no cumplen alguna o algunas de las características que hemos enunciado para definir el terrorismo procedimental. Menos aún bandas de delincuentes comunes.

II

3.- La ideología de ETA

A partir del comunicado de ETA pude entreverse la ideología del grupo terrorista si uno es capaz de ir más allá de palabras rimbombantes y conoce un poco de historia no ya solo de ETA, sino de España en general y del País Vasco en particular.

En Euskal Herría se está abriendo un nuevo tiempo político. Estamos ante una oportunidad histórica para dar una solución justa y democrática al secular conflicto político. Frente a la violencia y la represión, el diálogo y el acuerdo deben caracterizar el nuevo ciclo. El reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular deben prevalecer sobre la imposición. Es el deseo de la mayoría de la ciudadanía vasca”.

Euskal Herría es el topónimo que ETA y el mundo proetarra en toda España utiliza para definir, según la Sociedad de Estudios Vascos (institución creada en 1918 con el apoyo del rey borbónico Alfonso XIII por las diputaciones forales de las provincias vascas españolas de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, más la diputación foral de Navarra), al territorio que dentro de España y Francia abarca lo que se entiende como “cultura vasca”, separada de las “culturas” española y francesa como algo diferente y aparte. Euskal Herria es un topónico en batúa, lengua que, a día de hoy, es el tronco léxico del idioma vasco, construido ad hoc por el Estado democrático burgués español actual, pero iniciada ya en el siglo XIX por el padre del nacionalismo vasco, Sabino Arana. Euskal Herria significa, en español, la “tierra de los vascos”. Su creador fue el noble aristócrata español y señor de la Torre de Larrea, Juan Pérez de Lazarraga, hacia el siglo XVI. Difiere del término Euskadi, creado por Sabino Arana en el siglo XIX, en un neologismo totalmente inventado sin ninguna raíz léxica real con el batúa original.

Aun difiriendo en los topónimos para referirse a un territorio determinado (Euskadi o Euskal Herria), para todo el nacionalismo vasco la “tierra de los vascos” abarca las citadas provincias españolas de Pamplona (Navarra), Vizcaya, Guipúzcoa y Álavara, además de las comarcas del llamado “País Vasco francés”, que son Baja Navarra, Sola y Labort (Lapurdi en vasco). Y tanto para ETA y sus brazos ideológicos, así como para el PNV, se trata de un territorio milenario que resistió tanto al Imperio Romano como al Califato islámico, conservado sus instituciones culturales propias (básicamente una mitología politeísta determinada, hoy más antropológica que real y determinados ritos y deportes como el partimiento de troncos, el levantamiento de piedras, el “sokatira” –dos equipos que tiran de una soga para ver quién tiene más fuerza y gana-, y el remo por equipos, además de por supuesto la lengua), que tuvieron su época de esplendor con el Reino de Pamplona en la época de reinado de Sancho III El Mayor (monarca desde el año 1004 al 1035), en plena Edad Media. Según los nacionalistas vascos más radicales, Euskal Herría debería hoy día abarcar desde Cantabria y Burgos al Oeste, hasta el Valle de Arán en Lérida y Andorra por el Este, y de La Rioja al Sur hasta Burdeos en Francia al Norte, una reclamación territorial surrealista no tomada hoy día en serio por casi nadie, pero que chocaría con otros neofeudalismos como el catalán, el aragonés, el aranés o el occitano. Uno de los motivos que exponen los neofeudalistas vascos, tanto de ETA como del PNV, para negar la existencia de España como nación es que el reino de Castilla y el de Aragón surgieron como escisión del Reino de Navarra en 1037 a Oeste y Este del mismo respectivamente, rompiendo cualquier vinculación con él. A lo largo de la Reconquista frente a los reinos de Taifas, pequeños Estados musulmanes del sur de la Península Ibérica, restos del naufragio del Califato de Córdoba, Aragón y Castilla se convirtieron en los Estados medievales hegemónicos en la Península Ibérica, junto con Portugal. Tanto Portugal como Castilla acabaron hacia 1500 por constituir imperios transoceánicos en pleno auge, mientras la Corona de Aragón consiguió una hegemonía en el Mediterráneo que, tras la unión de los Reyes Católicos y la consecución de la unidad de España como Monarquía única y como nación histórica (que no política), permitió a España convertirse en el Estado hegemónico en Europa junto con Portugal. Los nacionalistas vascos acusan a Castilla y Aragón de “apropiarse” territorios de Pamplona en 1076, negando así cualquier tipo de análisis materialista histórico en clave de dialéctica de clases y de Estados en un contexto de apropiación territorial y de gestión de los medios y modos de producción, distribución y consumo que todo análisis marxista serio debe llevar a cabo para estudiar la construcción de Estados y la lucha entre ellos. Pero el análisis marxista serio brilla por su ausencia en el nacionalismo vasco en general y en el mundo proetarra en particular.

En el año 1512 Navarra se unió al Reino de España como provincia suya, conservando sus fueros medievales (retención de impuestos que no llegan al Estado central) hasta el día de hoy, al igual que Vasconia (nombre tradicional que el País Vasco recibió en España hasta el franquismo, que lo denominó Vascongadas, para luego en la democracia liberal burguesa actual pasar a llamarse País Vasco o Euskadi). El nacionalismo vasco proetarra además de levantar la bandera actual del País Vasco, la ikurriña (creada por Sabino Arana, creador del Partido Nacionalista Vasco), hacen suya la bandera de Navarra (fondo rojo sobre el que en el centro aparecen unas cadenas de oro cruzadas que simbolizan el estandarte de los reyes de Navarra), y el “arrano beltza”, o águila negra, un águila imperial que mira a la derecha y que era el sello del rey Sancho VII de Navarra. También usan el lauburu, una esvástica mirando también a la derecha y hacia arriba cuyos cuatro brazos acaban en forma de gota de agua. El lauburu, aunque es muy anterior en uso a la esvástica del nacionalsocialismo, es reivindicada por el mundo proetarra y por la llamada “derecha abertzale”, grupos como Guipúzcoa 88 o Euskal Herría Nacional Sozialista, de ideología neonazi y europeísta.

Las reivindicaciones foralistas de navarros y vascos, además de catalanes e incluso castellanos (los comuneros durante el reinado de Carlos I), han sido una constante en España, debido principalmente a que, aún habiendo una idea de España unitaria de amplio consenso tanto en la época moderna imperial como en la transformación de España en nación política durante el proceso de guerra nacional revolucionaria que entre 1808 y 1814 permitió la elaboración de la Constitución de Cádiz y la expulsión del ejército napoleónico, a nivel popular España nunca pudo controlar a tres estamentos del Antiguo Régimen que se negaron violentamente (apedreos, asesinatos mediante la pira a funcionarios de Hacienda del Reino) a pagar impuestos al Estado central, estamentos que tanto en la Revolución Francesa como en la liberal o en la revolución bolchevique rusa se tomaron siempre como propios de la derecha reaccionaria o primaria: la nobleza, el clero y el campesinado. En el siglo XVIII, la Guerra de Sucesión dividió a España en dos, debido al vacío de poder dejado por la muerte de Carlos II, el último rey de la dinastía de los Austrias en España. La guerra se produjo por ver quién era su sucesor, si Felipe de Francia, que reinó victorioso desde 1700 a 1745 (ha sido el reinado más largo de la historia de España) como Felipe V, de la casa de Borbón, o Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría y Bohemia, de la casa de los Austrias. Entre los partidarios del heredero de los Austrias estaban los condados catalanes y las Islas Baleares, que acabaron cayendo en 1714 y 1715 respectivamente. Cataluña perdió así sus privilegios forales medievales y la administración del dinero catalán pasó a ser central, obteniendo a cambio beneficios comerciales a través de la concentración de la industria textil en Cataluña, lo que permitió sentar las bases de Cataluña en el siglo XIX como el motor industrial de España. Los partidarios que dentro de la antigua Corona de Aragón querían a Carlos VI como nuevo rey de España se llamaron maulets, en catalán. Hoy día, maulets es el nombre de otro grupo secesionista catalanista neofeudalista, también proetarra (copian incluso su estética en moda y atuendos). Navarra y Vasconia se mantuvieron fieles al rey Felipe V, por lo que no perdieron sus privilegios feudales medievales. Pero tras la Guerra de Independencia (1808-1814) y durante el Trienio Liberal (1820-1823), empezaron a surgir los primeros movimientos reaccionarios antiliberales en España que, siguiendo la estela de los serviles (nombre de los españoles resistentes a Napoleón que no eran partidarios de la revolución liberal, sino del Antiguo Régimen y la Monarquía Absoluta, cuyo lema durante la Guerra de Independencia era “¡Abajo la nación, Vivan las cadenas!”), durante la década ominosa (1823-1833, último periodo de reinado del rey traidor a España Fernando VII, repuesto gracias a la reacción francesa que se instauró en Francia tras la derrota de Napoleón y la izquierda jacobina en Waterloo en 1815) conformaron el carlismo.

El carlismo fue la ideología derechista reaccionaria por excelencia del siglo XIX español, y reivindicaban los antiguos fueros españoles (no hablaban de España, sino de “las Españas”) frente a la unificación nacional política liberal. Partidarios del infante Carlos María Isidro, que nunca reinó en detrimento de Isabel II de España, nacida en 1830, y que fue proclamada heredera legítima del Reino de España, los seguidores del infante don Carlos se hicieron llamar a sí mismos carlistas, y su lema fue siempre “Dios, Patria, Rey, Fueros”. Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, que permitió a Isabel reinar, mientras Carlos María Isidro se negó a aceptar dicha ley, reivindicado en su exilio en Portugal en 1833 la Ley Sálica, de derecho del varón sobre la mujer en la sucesión a los tronos reales. En Portugal, consiguió reunir a multitud de “voluntarios realistas”, los carlistas, que durante todo el siglo XIX lucharon en tres guerras civiles consecutivas, las llamadas Guerras Carlistas: 1833-1840, 1846-1849 y 1872-1876. Estas últimas guerras carlistas, surgidas tras la Revolución Gloriosa de 1868 y la Primera República Española, que solo duró 22 meses entre 1873 y 1874, quisieron recuperar definitivamente los Decretos de Nueva Planta, privilegios medievales abolidos durante la Guerra de Sucesión antes citada. Fue muy cruenta en toda España, pero especialmente en Cataluña y, sobre todo, Navarra y Vasconia. Acabó con la derrota carlista y la continuación de la Restauración borbónica.
Así pues, el siglo XIX español se mueve constantemente entre dos polos: la revolución liberal, cuyos grandes hitos fueron la constitución de España como nación política en 1812 y la Primera República Española, y la reacción carlista, todo ello en un contexto de desmembración progresiva de los territorios que constituyeron el antiguo Imperio Español en América, Asia y África. La Tercera Guerra Carlista acabó con la toma del Seo de Urgel, pueblo de Lérida, Cataluña, en 1875. En el contexto de la segunda mitad de siglo XIX, además, el panorama político español cambia con la llegada de ideologías de izquierdas nuevas, como la socialdemocracia (el PSOE se funda en 1879) y, sobre todo, el anarquismo. El anarquismo como filosofía se basa en la persecución de una sociedad igualitaria sin Estado ni poder público alguno en la que la libertad individual esté además asegurada. El anarquismo español consiguió entroncar curiosamente tanto con el liberalismo (a través de su desconfianza en el Estado y su exaltación de la libertad individual), como con la reacción carlista (debido también a su desconfianza ante el centralismo borbónico, lo que permitió la evolución de cierta rama del carlismo hacia el confederalismo y la autogestión económica, conformando durante la transición española el Partido Carlista, que seguiría esa línea anarco-reaccionaria, en contraposición de la Comunión Tradicionalista Carlista, que sigue la estela tradicional del carlismo español). Y pudo entroncar el anarquismo con ambas tradiciones por una cuestión antropológico-cultural propia de España: la enorme influencia de la Iglesia Católica en la vida de los españoles desde los tiempos de la Reconquista, que siempre ejerció hasta el siglo XX una oposición total a los planes de centralización política de las administraciones públicas españolas, tratando así de conservar su poder hegemónico repartiéndoselo con la nobleza, y evitar así el pago de impuestos a la capital, Madrid, al tiempo que ayudaba a mantener en la ignorancia a la gran mayoría del campesinado español. Fue sobre todo la Iglesia Católica en las principales ciudades, pero de manera muy significativa los curas de pueblo, los que más ayudaron a mantener esa idiosincrasia típicamente española de ignorancia y desapego de los asuntos centrales de la política, de apego al terruño y de idolatría hacia la nobleza y el clero locales. Esto se llamó en España caciquismo, y hoy todavía se mantiene en muchos pueblos y gobiernos regionales españoles, teniendo en el secesionismo su derivación más radical. La influencia nociva del anarquismo en España (la CNT, sindicato anarco-sindicalista español, llegó a tener 300.000 militantes hacia el final de la Guerra Civil española, siendo la institución de izquierdas de mayor militancia de la historia de España), ya fue criticada por Marx y Engels, especialmente por este último, durante los sucesos que llevaron al fin de la Primera República en su artículo “Los bakuninistas en acción” (1873). El anarquismo, además, prendió en federalistas como el presidente primerorrepublicano Francisco Pi y Margall, autor del ensayo anarco-federalista “Las nacionalidades”. Así pues, en el siglo XIX, carlismo, liberalismo, anarquismo, federalismo e Iglesia Católica constituyen un mejunje ideológico que permitiría, en el siglo XX, el surgimiento de grupos secesionistas en Cataluña y el País Vasco, además del resto de España, con importancia política más o menos grande, siendo sobre todo importante en País Vasco y Cataluña precisamente. En ese entorno nace ETA. Pero previamente a su nacimiento, es necesario nombrar al hombre clave número uno del nacionalismo vasco: Sabino Arana.

Sabino Arana militó en el carlismo hasta que fundó el Partido Nacionalista Vasco en 1895 junto con su hermano Luis. Arana funda el PNV en un contexto de final total del Imperio Español con la pérdida de Filipinas y Cuba en 1898 (quedaron Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental hasta 1968 y 1975 respectivamente). En aquel momento tanto catalanes como vascos pierden en Cuba y Filipinas negocios importantes empresariales de comercio del algodón, culpando a España de su ruina económica y su bancarrota empresarial. Es en ese contexto cuando el neofeudalismo secesionista vasquista y catalanista comienzan realmente en serio. El contexto histórico decimonónico y de comienzos del siglo XX en que ambos nacionalismos surgen es el del imperialismo colonial depredador de los grandes imperios británico, francés y belga. El imperialismo depredador no reproducía en ningún momento la forma de vida de la metrópoli en la colonia, y la total falta de mezcla entre los conquistadores y los conquistados. Es la época además del apogeo de las ideos frenológicas, de la constitución y el carácter asociado al tamaño del cráneo y del racismo, de la superioridad racial teorizada desde Europa para justificar, tanto el surgimiento de la antropología como la dominación imperialista depredadora. En ese contexto, el carlismo español, derrotado en 1876 se renueva en el contexto de la pérdida de Cuba y Filipinas, y de reclamar una vuelta al Antiguo Régimen, esto es, de ser una derecha primaria, pasa a ser una derecha extravagante que, si bien reclama algunos rasgos religiosos del Antiguo Régimen, defiende en esta ocasión la secesión y la construcción de nuevos Estados nacionales basados en la pureza racial. Así surgen los nacionalismos racistas del carlismo catalán y vasco, en el caso catalán con Enrique Prat de la Riba, y en el caso vasco con los hermanos Arana. Así pues, mientras el nacionalismo español en origen es la izquierda liberal doceañista, los nacionalismos vascos y catalán son en origen derecha extravagante no alineada con las instituciones del Antiguo Régimen (trono y altar), pero sí muy religiosos –católicos, apegados todavía a la influencia de la Iglesia Católica-, y sumamente racistas.

En la época en que los hermanos Arana crean el PNV, el racismo en España también surge por influencia de los teóricos racistas de los imperios coloniales europeos inglés y francés (los grandes ideólogos del racismo decimonónico son el inglés Houston Stewart Chamberlain y el conde de Gobineau en Francia). Antonio Cánovas del Castillo, presidente de España de la Restauración, corrupto y sofista, todavía recordaba con cariño la esclavitud para los negros en Cuba, considerándola beneficiosa para ellos, más que la libertad política. En palabras de Cánovas (1896):

Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar…y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos. Los negros de Estados Unidos son mucho más civilizados que los nuestros: son los descendientes de razas implantadas en suelo americano desde hace varias generaciones, se han relativamente transformado, mientras que entre nosotros hay cantidad de negros venidos directamente de África y completamente salvajes. ¡Pues bien! vea incluso en los Estados Unidos como se trata a los negros: tienen unas libertades aparentes que se les permite utilizar dentro de ciertos límites. A partir del momento en que desean beneficiarse de todos sus pretendidos derechos de ciudadano, los blancos salen rápidamente a recordarles su condición y a colocarlos en su lugar. Creo saber que por otra parte, en Estados Unidos no hay un solo hombre de estado serio e influyente que desee realmente la independencia de Cuba, ya que se dan perfectamente cuenta que la isla de Cuba independiente se convertiría en una nueva República Dominicana, una segunda Liberia que se retrogradaría de la civilización a la anarquía. Si el ejército español abandonase Cuba, serían las ideas sensatas, fecundas, liberales, progresistas de Europa las que abandonarían este país que ha sido el más rico, el más próspero de la América española. Lo saben tan bien en Estados Unidos que los espíritus exaltados y “chovinos”, que también los hay allí, cuando reclaman la independencia de Cuba, la reclaman con la condición de colocar inmediatamente esta gran isla bajo el protectorado de la República de Estados Unidos, que ejercería una policía rigurosa… Cuba no habría hecho más que cambiar de dueños”.

El nacionalismo vasco retoma ese racismo, pero no ya solo hacia los negros cubanos, a los que culpaban también, junto con los catalanes, de robarles sus negocios empresariales. El racismo vasco busca su víctima en el trabajador castellano que emigraba a los altos hornos de Bilbao a trabajar en la industria metalúrgica o en los astilleros, al igual que el racismo catalán lo hacía tanto con el emigrante castellano como con el andaluz. Es en esa época cuando surgen los epítetos racistas despectivos de los nacionalistas catalanes y vascos hacia los emigrantes castellanos y andaluces: los catalanes los llaman charnegos y los vascos maquetos. Charnego, del catalán xarnego, proviene del español lucharnego, que significa nocturno. Se decía que los emigrantes castellanos y andaluces en Cataluña eran dados a la vida nocturna en las ciudades y a la ebriedad. Maqueto, del vascuence maketo, significa tonto.

Sabino Arana se convirtió en nacionalista vasco cuando, siendo todavía carlista, durante un viaje a Santander, un cántabro le espetó (siempre según el propio Arana):

Pues mira, eso es lo que no entiendo bien. Si los vizcaínos sois españoles y vuestra Patria es España, no sé cómo queréis gozar de unos fueros que los demás españoles no tienen y eludir obligaciones que a todos los españoles deben comprender por igual ante la Patria común. Gozando de los fueros no servís en el ejército español, ni contribuís con dinero al Tesoro de la Patria. No sois buenos españoles…”.

Tras esto Sabino y Luis Arana llegaron a la determinación de que no eran españoles, y que su patria era Vizcaya (en aquella época no se referían a Euskadi, palabra inventada luego por ellos), heredera del medieval Señorío de Vizcaya. Poco después, ya sintiendo Vizcaya como su “patria”, editan el periódico “El Vizcaitarra”, donde Sabino Arana deja para la historia perlas nacionalistas vascas y racistas como estas:

Con esa invasión maketa… la impiedad, todo género de inmoralidad, la blasfemia, el crimen, el libre pensamiento, la incredulidad, el socialismo, el anarquismo… todo es obra suya”.

El aseo del vizcaíno es proverbial […]; el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año […]. Oíd hablar a un vizcaíno, y escucharéis la más eufórica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias”.

El vizcaíno es emprendedor […]; el español nada emprende, a nada se atreve, para nada vale (examinad el estado de sus colonias). El vizcaíno no vale para servir, ha nacido para ser señor; el español no ha nacido para más que para ser vasallo y siervo […]. El vizcaíno degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice”.

Etnográficamente hay diferencia entre ser español y ser eusqueriano, la raza eusqueriana es sustancialmente distinta a la raza española”.

Gran numero de ellos parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada sólo revela idiotismo y brutalidad”.

La mujer, pues, es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana: por eso fue ella la que primeramente cayó. Pero por eso precisamente de ser inferior en cabeza y en corazón…”.

(Pueden consultarse más perlas de Sabino Arana aquí: http://es.wikiquote.org/wiki/Sabino_Arana).

Sabino y Luis Arana crean la ikurriña (la actual bandera del País Vasco, adoptada por el Estatuto de Autonomía de 1979) inspirándose totalmente en la bandera del Reino Unido (la Unión Jack), en una total copia y plagio variando colores. El fondo rojo de la ikurriña (palabra también inventada por Sabino Arana, un neologismo derivado de ikur, en batúa, que significa símbolo), representa al señorío medieval de Vizcaya, la cruz blanca central respresenta a Dios, y la cruz verde representa las leyes viejas (la reclamación carlista de los fueros medievales, el concierto económico de privilegios fiscales que todavía hoy disfrutan los vascos), además del árbol de Guernica, árbol que simboliza la supuesta y falsa ancestralidad de los vascos. Copio Arana la bandera británica porque su deseo era instaurar una “República Vasca del Sagrado Corazón de Jesús” que estuviese bajo protectorado británico o estadounidense. Arana llegó a escribir que:

Instantáneamente se me ha presentado esta idea como seguramente salvadora de llevarse con toda perfección a la práctica: la independencia de Euskadi bajo la protección de Inglaterra, será un hecho un día no lejano”.

No en vano, entre los conferenciantes pagados en la pantomima de San Sebastián previa al fin provisional del terrorismo etarra estaba un ex ministro de Tony Blair. ¿Acaso no puede estar más claro?

Arana consiguió ser diputado foral de Vizcaya por el PNV, que tuvo la ikurriña como símbolo oficial. También pisó la cárcel y murió con 38 años en 1903. Su legado fue importante, pues es el padre del nacionalismo vasco contemporáneo, y no puede entenderse ni al PNV ni a ETA ni al entorno proetarrista español sin la figura de Sabino Arana. El PNV fue ilegalizado durante la dictadura franquista, para pasar en la democracia burguesa actual a ser el partido mayoritario por ahora del País Vasco. Durante la Guerra Civil primero se puso de parte de la República (aunque Clara Campoamor, feminista española, siempre los denunció como “la derecha más rancia”), para luego traicionarla en el Pacto de Santoña, firmado en 1937, entre el PNV y tropas fascistas italianas que llegaron por el Mar Cantábrico en apoyo al traidor Franco. El PNV acabó traicionando a la Segunda República Española. Hoy día, el PNV es además uno de los partidos políticos enlazados en la página web del Partido Verde Nacional Socialista Libertario, de ideología neonazi, de Estados Unidos. En Estados Unidos hay varios inmigrantes de origen vascoespañol, muy cercanos al PNV, que además tienen bastante poder en algunas universidades y lobbys cercanos al imperialismo yanki.

El odio al obrero español por parte del PNV se justificaba por las condiciones higiénicas y de salubridad que estos obreros vivían en las fábricas vascas. Pero un racista jamás haría un análisis a nivel de dialéctica de clases para explicar es estado de los obreros. Un informe médico de 1900 relata las condiciones de vida del obrero español en Vasconia:

En Bilbao, como en toda España, como en Europa, las epidemias de toda clase empiezan siempre por los barrios de los obreros, en los que se hallan terrenos bien abonados y materia favorable a su desarrollo y propagación, por el abandono en que viven hasta ahora en Bilbao, habitando en número considerable miserables zahúrdas, faltas de espacio, de luz, de ventilación, de servicios, aun los más indispensables, agrupados por familias, por causa de la sórdida avaricia de los propietarios, que no vacilan en sacrificar algunas existencias a trueque de hacer más efectivas sus fincas […] Si bien los obreros que tienen un oficio y que viven en los pueblos pequeños son robustos, los de las minas y de las fábricas son enfermizos y dan un gran contingente al hospital. El trabajo minero es muy duro: trabaja de día y de noche siempre que lo requiere el pronto despacho o venta de mineral, lo que ocurre con suma frecuencia; duermen aparejados y por economía en una misma cama. Algunas clases de obreros de las fábricas y de los altos hornos, que por la índole permanente de su trabajo tienen que trabajar necesariamente de día y de noche, lo mismo los días laborables que los festivos, tienen establecidos sus turnos para dormir en una misma cama, y cuando se levanta el uno se acuesta el que le sustituye, pasándose largas temporadas sin que se laven sus ropas y sin que las habitaciones tengan otra ventilación que la que se produce por las rendijas de sus puertas y ventanas. Esta clase de obreros es la que presenta mayor número de enfermedades contagiosas, principalmente de las tifoideas originadas por los venenos morbosos que saturan la confinada atmósfera de sus sucias y oscuras habitaciones”.

La situación de la clase obrera maqueta no mejoró sustancialmente, tampoco de España en general, hasta los planes de desarrollo de 1959 y el proceso de acumulación capitalista del franquismo, del que hablamos más arriba. En ese contexto se da a conocer el otro personaje importante del nacionalismo vasco: Federico Krutwig.

De padre alemán, Krutwig, junto con Jon Miranda, es el gran renovador del nacionalismo vasco. En 1963 publicó el libro “Vasconia”, donde propone un nuevo nacionalismo vasco alejado de determinadas tesis de Sabino Arana. Krutwig, por su parte, propuso derivar la preponderancia de la raza a la lengua vasca, defendiendo un proyecto político anarcoindependentista (cuyos principales seguidores escribieron en la publicación hoy desaparecida Askatasuna), cercano por una parte al anarcoliberalismo libertariano yanki y por otra al paleolibertarismo, ideología partidaria de la descentralización total del poder político, de la libertad individual extrema y de la negación del Estado defendiendo la secesión de comunidades para establecerse como elementos independientes del Estado. Krutwig tuvo una gran influencia en la llamada V Asamblea de ETA (1966), en la que se produjo la primera escisión de la banda. Abandonaría ETA en 1975. Murió en 1989.

Federico Krutwig tuvo una gran influencia en ETA y en todo el entramado de la autodenominada “izquierda abertzale” (abertzale en vasco significa “amante de la patria”). ETA nació como grupo terrorista en un contexto de dialéctica de Estados muy concreto: guerra fría, descolonización y movimientos de liberación nacional apoyados tanto por la Unión Soviética como por los Estados Unidos, dependiendo del signo político, o del interés, que cada grupo suscitase a cada uno de los dos imperios. En 1952 se forma el grupo Ekin (acometer en vasco), que junto con Euzko Gaztedi Indarra, una organización de las Juventudes del Partido Nacionalista Vasco, conforman en 1956 un grupo de estudios de la lengua vasca. Tras discutir con la dirección del PNV en el exilio en París, en 1958 fundan Euskadi Ta Askatasuna (nombre que conservan hasta la actualidad), siglas de ETA, autoafirmándose como “grupo armado” de “liberación nacional”, inspirados en la experiencia argelina. La ideología de ETA se plasmó en un documento firmado por esta escisión de las juventudes del PNV junto con varios seminaristas católicos vascos en el monasterio de Belloc, Francia, en 1962. Las bases de la ideología de ETA son:

a) El regeneracionismo histórico, esto es, la idea de construir una idea de nación vasca basada en hechos históricos basados en contextos milenarios e incluso legendarios (como la inexistente Batalla de Arrigorriaga).

b) Sustitución de la raza por la lengua como motor ideológico de la liberación nacional. Este supuso el gran éxito de ETA, que influyó sobremanera en todos los neofeudalismos secesionistas españoles, sobre todo en Cataluña. Aunque más tarde explicaremos por qué la lengua es una continuación de la idea de raza en el caso de los movimientos nacionalistas vascos.

c) Seguimiento de un programa social basado en la Doctrina Social de la Iglesia (la derecha socialista del siglo XIX), pero rechazando a la jerarquía católica y defendiendo la aconfesionalidad.

d) El anticomunismo, aunque admitiendo su uso como “método de acción”. Este fue el otro gran éxito de ETA, pues su fondo anticomunista teñido de “marxismo-leninismo” les ha dado alas para tener simpatías dentro y fuera de España. De hecho, los más interesados en identificar a ETA con la “izquierda” aparte de ellos mismos y sus simpatizantes en España, son el fascismo y las derechas españolistas analfabetas que jamás han leído a Marx y a Lenin ni tienen ningún interés.

e) La autodeterminación e independencia de Euskadi (más tarde Euskal Herría) de España y Francia, y su adhesión a un proyecto federal europeo. La “Europa de los Pueblos” defendida por la coalición neofeudalista Galeuscat (conformada por PNV, CiU catalanes y BNG gallegos), es también defendida por ETA.

Estos cinco puntos fundacionales de ETA la entroncan, todavía a día de hoy, con la derecha política, concretamente con la derecha extravagante. ¿Por qué? La derecha extravagante es, prácticamente, el secesionismo. Todo secesionismo, todo neofeudalismo, por mucho ropaje democrático, liberal o izquierdista que tenga, es derecha política (se llame ETA o se llame Liga Norte italiana). Y ETA es derecha política porque, siguiendo los cinco puntos:

a) Sigue relatos sobrenaturales y legendarios para justificar sus aspiraciones, rechazando cualquier tipo de racionalismo universalista en su ideario y justificando anacronismos históricos inexistentes en la realidad histórica de ningún pueblo. Esto emparenta a ETA con derechas como la primaria reaccionaria, la derecha socialista (incluso con la derecha franquista a nivel filosófico) y con el fascismo y el nacionalsocialismo.

b) La idea de lengua y la idea de raza tienen una misma base, la idea mítica de cultura en sentido sustancialista, como algo emanado no ya de procesos históricos institucionales de dialéctica de clases y de Estados sino, con un lenguaje sentimental cercano al romanticismo alemán (de ahí parte la idea mítica de cultura de filósofos como Hegel, Herder, Fichte o Schelling, y el kulturkampf alemán; para los ideólogos del Primer y Segundo Reich alemán, y en parte del Tercer Reich, alemán era todo aquel que hablara alemán, dando igual dónde viviese, si en suelo alemán o en Rusia; suficiente para justificar la guerra contra la URSS), justificar una opresión étnica, un “etnicidio” que debe ser salvado mediante el reconocimiento, por las buenas o por las malas, de unos rasgos culturales determinados, en especial la lengua. Para Sabino Arana, la lengua era la principal salvaguardia de la raza eusquérica. Para ETA, vasco es todo aquel que “vive y trabaja en Euskadi”, pero eso no les ha importado a la hora de asesinar a centenares de vascos puros en su propia región y haber provocado el éxodo, el exilio, de más de 200.000 vascos que tuvieron que huir de la región a causa del terrorismo de ETA y de la extorsión, acoso y amenazas de tipo mussoliniano que recibieron durante décadas. La cultura, como idea que proviene de la secularización, durante los procesos revolucionarios europeos, del mito de la gracia cristiana, expresada en la lengua, convierte a esta en “la casa del ser”, en palabras del filósofo nazi alemán Martín Heidegger, de gran influencia en Federico Krutwig, y que a través de Jean Paul Sartre y su existencialismo, se filtra a la izquierda política, lo que explica la connivencia de muchos grupos izquierdistas con expresiones propias de la derecha (racialismo, identitarismo, culto a lo irracional, &c.). Para Heidegger, solo era posible pensar en griego o en alemán, y no en ninguna otra lengua del Mundo. Para ETA, el vasco es la lengua hablada en la Atlántida (argumento que proviene del PNV y que es tratada seriamente en medios abertzales como Eusko Media), y es la lengua de un pueblo oprimido milenario que busca su liberación a través del terror, la violencia y la guerra. Esto emparenta a ETA con el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.

c) El fascismo italiano era también aconfesional (Musollini mismo era ateo). Aunque esto no sería suficiente para considerar a ETA como derecha, sí lo es la reivindicación de la Doctrina Social de la Iglesia como fundamento para un orden social justo. Tratada en la encíclica “Rerum Novarum” del papa León XIII (1891), la Doctrina Social de la Iglesia surge como intento por parte de la Iglesia Católica de ofrecer una alternativa socialista al socialismo marxista y anarco-sindicalista. La Doctrina Social de la Iglesia influyó mucho en el peronismo argentino y en el franquismo. Esto emparentaría a ETA con la derecha socialista populista.

d) El anticomunismo de ETA los emparenta con cualquier derecha realmente existente, desde la primaria reaccionaria hasta con la derecha socialista antimarxista, por no hablar de la derecha liberal. Sin embargo, el uso instrumental del marxismo-leninismo emparenta a ETA con el nacional-bolchevismo. El nacional-bolchevismo es un tipo de derecha extravagante de corte neofascista que trata de conformar un gran bloque antisistema frente al liberalismo capitalista y las democracias burguesas que una por igual a fascistas y comunistas, a nazis y etarras, a fundamentalistas islámicos y nacionalistas rusos radicales. Al mismo tiempo, y este es el punto de contacto entre ETA y el nacional-bolchevismo y otras ideologías de la llamada “Tercera Posición” (neofascismo que reivindica no ser ni de izquierdas ni de derechas, sino una tercera opción, también llamadas nacional-revolucionarias), el nacional-bolchevismo trata de combinar la lucha social anticapitalista con un nacionalismo étnico que trate de crear una entidad estatal que unifique y glorifique las supuestas tradiciones nacionales (en este caso regionales, y supuestamente milenarias, de Vasconia). Así, el proyecto de ETA de una Euskal Herría socialista es esencialmente nacional-bolchevique. En este sentido, ETA es, mucho más que el Partido Nacional Bolchevique ruso de Eduard Limonov, y junto con todas las agrupaciones que en España la apoyan y se inspiran en sus demandas y objetivos, la gran agrupación nacional-bolchevique de Europa. No en vano, el conocido nacional-bolchevique español, Fernando Márzquez, “El zurdo”, fue expulsado de Falange Española (partido fascista español) por su defensa de ETA, de un acercamiento entre el mundo abertzale y el neofascista y de “abertzalizar España” en sus propias palabras. Cosa que en parte se ha conseguido, habida cuenta de la gran cantidad de jóvenes españoles que simpatizan con Bildu.

e) Finalmente, por una parte, la integración de un Estado vasco independiente en una federación europea (la Unión Europea), la “Europa de los pueblos”, retoma la idea que ciertos altos cargos de las SS tenía sobre una división de Europa en regiones según las etnias, lenguas y razas de cada región o provincia en que deberían dividir la Europa imperial en que siempre quisieron convertir al continente los nazis. Aunque fue una delimitación que se realizó a título personal por algunos generales de ese cuerpo de elite del Tercer Reich, el proyecto caló en forma de “Europa de los pueblos” para todas las formaciones neofeudalistas de Europa. Pero no en vano sí hubo un grupo político nacionalsocialista que sí aceptó la idea de Europa de las etnias: el Círculo Español de Amigos de Europa, CEDADE, la formación neonazi más importante tras la Segunda Guerra Mundial, y la primera formación dentro del espectro ideológico del franquismo que defendió la balcanización de España y su absorción por Europa. Luego esto emparenta a ETA con el nacionalsocialismo. Por otra parte, nos encontramos con el llamado derecho de autodeterminación, un término creado por el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, que esperaba así trocear al Imperio Austrohúngaro tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. La idea de autodeterminación de Wilson cuajó para la creación de la fracasada Sociedad de Naciones, retomada por la ONU tras la Segunda Guerra Mundial. Es cierto que Lenin defendió también la autodeterminación, o derecho de secesión en palabras de Stalin, pero supeditándolo a la lucha de clases y solo defendiéndolo para las colonias (algo que el País Vasco nunca ha sido, como hemos demostrado más arriba respecto a sus privilegios económicos fiscales, al igual que Navarra y Cataluña). Rosa Luxemburgo siempre criticó el derecho de autodeterminación como una simple ficción jurídica para separar a la clase obrera de un Estado y que justificaba el reparto imperialista del Mundo. Hemos de decir que compartimos el argumento de Rosa Luxemburgo. Además, el tiempo la ha acabado dando la razón habida cuenta de que la URSS ya no existe, al igual que Yugoslavia, víctima también del principio de autodeterminación. También Hitler reivindicó el principio de autodeterminación para justificar la unificación de todos los alemanes en un único Estado, entendiendo siempre alemanes como los arios de lengua germánica dispersos por Europa. La autodeterminación resulta entonces un principio filosóficamente anarquista, pues apela más a la voluntad que a la soberanía, que encubre una falsa conciencia de reparto imperialista del Mundo. Pues la autodeterminación es en realidad heterodeterminación, porque uno no es independiente si otros con poder (otros Estados) no te reconocen como igual. El caso de Kósovo es el más característico. Kósovo además fue declarado por ETA en uno de sus comunicados como “el modelo a seguir”. Evidentemente, ya de facto ETA había renunciado al marxismo-leninismo, y Arnaldo Otegui, el portavoz del aberchalismo declaró en su libro “Mañana Euskal Herría”, que los aberchales se posicionaban “a la izquierda de la socialdemocracia”. Es sabido que la socialdemocracia alemana fue el caldo de cultivo del nazismo, por lo que los comunistas siempre se refirieron a ella como socialfascistas. Pero lo importante es entender que la autodeterminación, tal como la entiende ETA y tontos útiles suyos como el renegado Oskar Matute, consiste en negar la soberanía nacional española y la igualdad ante la Ley de la ciuadadanía española, al querer realizar un referéndum sobre la unidad territorial de España sin posibilidad de que el resto de españoles que no estén censados en municipios vascos o navarros (o vasco-franceses en el caso de Francia) puedan también votar. Es como si en Zulia, Estado venezolano con ciertas poliarquías secesionistas, quisiera hacer, en nombre de la democracia y la libertad, un referéndum de autodeterminación en el que el resto de venezolanos no censados en el Zulia no pudiesen votar, negando así la soberanía nacional venezolana. El derecho de autodeterminación así entendido encubre un privilegio de secesión, basado en el origen étnico y de nacimiento, que tiene sus antecedentes en los privilegios feudales medievales de la nobleza, el clero y ciertas poblaciones agrarias, todo basado en principios revelados y en la sangre. Esto convierte a ETA en un grupo terrorista neofeudalista, emparentado con la derecha primaria y, también, con el nacionalsocialismo. Hay que decir además que en la Unión Soviética el derecho de autodeterminación o de secesión acabó siendo rechazado por todas las repúblicas socialistas soviéticas que conformaban la Unión, si bien se reconoció la secesión de Finlandia y, a pesar de todo, en 1991 el proyecto soviético dejó de existir.

Una vez expuesto todo esto, debemos insistir ahora en la importancia de Federico Krutwig, el cual fue el primer en definir a ETA como “Movimiento de Liberación Nacional”. Krutwig tuvo su antecedente ideológico más claro en Jon Miranda (o Jean Mirande, su nombre real, pues era vascofrancés). Miranda fue uno de los impulsores del etnosocialismo europeísta, muy ligado a las corrientes neofascistas nacional-revolucionarias que tuvieron en Francia y en Bélgica (Jean Thiriart) a sus máximos primeros baluartes. Los grupos nacional-revolucionarios franceses explotaron sobre todo a raíz del mayo del 68, recibiendo influencias del mismo si bien desde un profundo sentimiento anticomunista. “Le Devenir Europeene”, revista neonazi francesa, homenajeó a Jon Miranda en su muerte, y la revista “Nouvelle Ecole”, dirigida por el importante filósofo neofascista francés Alain de Benoist, también dedicó varios números a la idea de la “Europa de las regiones”. El neofascismo de los sesenta recuperó el mapa de división étnico-regional de Europa que tuvo poca repercusión en 1945, pero marcó a todo el neofascismo europeo de finales del siglo XX y hasta la actualidad. Ese mapa fue recuperado por CEDADE, como dijimos, pues era la única fuerza política neofascista española que daba más importancia al aspecto regional y europeo de la cosmovisión fascista que a España como entidad unitaria en la línea del falangismo clásico y del franquismo.

Jon Miranda es esencial para entender la formación del proetarrismo. Negador del holocausto judío y defensor de Hitler, Miranda defendió siempre que el pueblo vasco era un pueblo europeo racialmente igual que los pueblos del Norte de Europa, y diferente por tanto de los pueblos del sur (diferentes de España). Ya el PNV durante el primer tercio del siglo XX había utilizado numerosas esvásticas en sellos oficiales y en documentos e instituciones diversas del País Vasco. Miranda recupera ese legado estético-ideológico y le da una dimensión política aún mayor. Miranda contactó con miembros del nacionalismo vasco en el exilio durante la dictadura franquista como José Miguel de Barandiarán, con el que participó en el Congreso de la Cultura Vasca en Biarritz, Francia, en 1947. Ya entonces Jon Miranda manifestó su odio al PNV, debido a su cercanía a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y “Le Devenir Europeene” y otras publicaciones de grupos neofascistas y nacional-revolucionarios destacaban en su antinorteamericanismo más incluso que muchos grupos políticos de izquierda revolucionaria. Miranda definió a Euskadi como su patria, y afirmaba que la libertad e independencia del País Vasco de Francia era imposible, salvo por la fuerza. Para Miranda, la condición de vasco era hereditaria, racial. Llegó a la conclusión de que la Revolución Francesa fue el mal que empobreció a las regiones limítrofes del hexágono francés, y que había que destruir y derribar el jacobinismo político y toda la herencia de la Gran Revolución. Así, se encontraban en Francia dentro de un mismo plano, los legitimistas borbónicos, los neofascistas, los nacional-revolucionarios y nacional-bolcheviques, los secesionistas y, hoy día también, los yijadistas islamistas en suelo frances. También afirmó en varias cartas su odio a los judíos, a los masones, a los cristianos y a los marxistas, y se declara religiosamente neopagano (como los nazis).

Miranda retoma el racismo antimaqueto de Sabino Arana, y considera a los españoles como una raza inferior a la vasca. Para él, los españoles son una especie de “africanos mecanizados”, y ve peligrosa la mezcla entre españoles y vascos (como si no fueran lo mismo, como demuestra la cantidad ingente de apellidos vascos en Nuestra América). Miranda decía textualmente, acerca de la relación entre raza y lengua:

“[…] pienso que es la raza y no la lengua lo más importante, no concibo que existan vascos sin eusquera –nombre que también se da al idioma vasco-, por supuesto, porque el abandono del eusquera pone a los vascos en vías de desracialización […] Aunque los maquetos o gascones aprendieran vasco, nos serían siempre extraños por la sangre y por el espíritu y, si alguna vez somos libres, espero que el futuro gobierno de Euzkadi expulse a esos semita-camitas españoles y demás negros que se han asentado en nuestra patria o los reduzca a un estrato de humanidad inferior”.

A Jon Miranda le gustó el nacimiento de ETA, pero le disgustó el punto d) enunciado, el uso por parte de estas de ideas comunistas a nivel instrumental, por lo que rechazó a ETA llamándolo “movimiento vasco peninsular”. Miranda se suicidó en 1972. Hoy día es uno de los autores en lengua vasca más traducidos y seguidos académicamente, también por el mundo aberchale. Y si bien no tuvo nunca relación directa con nadie de ETA, si la tuvo y mucho con el segundo hombre decisivo del nacionalismo vasco, Krutwig.

Krutwig fue educado desde su niñez en el amor a la teoría de las nacionalidades, la cual el consideraba que era de origen alemán. Así describió su primer encuentro con Miranda:

Tuve gran relación con Miranda, hombre que representaba lo contrario a la raza de superhombres que decía defender. Pequeño y cegato, perecía un pequeño judío. De trato agradable pienso que me cogió simpatía por poseer yo cultura alemana”.

Pero Krutwig, influido por Miranda, no pudo dejar de hacer apología en su obra “Vasconia” del factor étnico diferencial, a pesar de que, como lingüista, diera mucha importancia a la etnia. Escribe Krutwig en “Vasconia”:

El derecho del pueblo vasco a su independencia se basa exclusivamente en la existencia de una etnia vasca, con conciencia propia y voluntad de ser libre”.

Krutwig, al igual que Miranda, no cree que exista, como pensaba Sabino Arana, una raza vasca. Sin embargo, sí consideraba que los vascos pertenecían a la misma raza que puebla el norte de Europa (aquí dice lo mismo que Jon Miranda), el norte de África y parte de Asia. Consideraba vascos traidores a aquellos vascos que no hablaran en idioma vasco. Uno no era vasco auténtico por tener los cuatro primeros apellidos “eusquéricos”, como defendía Sabino Arana. Krutwig deja entrever su racismo en sus textos, supuestamente autonomistas y “marxistas”. Escribe Krutwig:

Sería falso, así mismo, llevar el anti-racismo al extremo límite y afirmar que ninguna importancia tiene la raza. Una mezcla de vascos con elementos negríticos desvirtuaría la raza vasca y difícilmente se podría tratar de un vasco o un negro”.

Krutwig además coincide con Miranda en otra cosa, al igual que con los nacionalistas vascos más exacerbados: su idea de la Gran Vasconia. Así la define:

Abarcará los dos grandes Estados vascos: el reino de Navarra y el mítico Ducado de Vasconia. Por el norte incorporará toda Aquitania, hasta el Garona; por el sur llegará hasta Garray, a las puertas de Soria; por el Este absorbe Aragón, y por el por el Peste se conforma con algo menos: Castro Urdiales, Reinosa y las Cuatro Villas, total, sólo hasta Santander. La Gran Vasconia”.

También Krutwig compartió elementos propios del nacionalsocialismo en su ideario nacionalista vasco: el esoterismo. Pensaba algo que hemos anotado más arriba, que los vascos descendían de los habitantes del mítico continente desaparecido de la Atlántida, y que los talantes fueron la raza superior de la Humanidad hasta su hundimiento, siendo sustituidos en su liderazgo por los arios, considerando a los vascos un remanente de los míticos atlantes. Cita textual de Krutwig al respecto:

La tendencia hacia las ciencias secretas y el ocultismo son uno de los rasgos resaltantes del carácter vasco que lo acercan en mucho a un sentimiento parecido que existe entre los pueblos germánicos. Por otra parte, no sólo en los libros ocultistas sino también en la literatura teosófica, los vascos juegan un papel importante como descendientes de la raza “atlántica” que precedió a la llamada “arya”, entendiéndose por estas palabras algo muy diferente a lo que la ciencia enseña”.

Krutwig militó en ETA solamente dos años, y nunca mató a nadie. Es difícil saber si aquellos primeros militantes etarras leían sus obras, pero de manera indirecta sí asumieron sus doctrinas, de la misma manera en que Zapatero, aún no habiendo leído jamás al filósofo alemán Krause, sin embargo su discurso ideológico es absolutamente krausista.

ETA tiene, por tanto, en su origen, claras connotaciones neonazis. Su evolución posterior, con un acercamiento al comunismo, los transformó en nacional-bolcheviques, situación en la que todavía se encuentran, si bien han abandonado la influencia comunista totalmente, aunque sigan diciéndose socialistas, y su entorno proetarra haya aceptado el modelo socialdemócrata y ecologista de moda hoy en Europa como camino político a seguir. Sin embargo, a pesar de estos cambios debido a la dialéctica de Estados histórica que se ha dado (fin de la URSS, hegemonía de la socialdemocracia en Europa, auge del terrorismo islamista a escala masiva), los cinco puntos iniciales del ideario de ETA relatados más arriba, siguen hoy, y a pesar del “fin de la violencia”, absolutamente actuales e intacto.

4.- ETA y las cloacas del Estado

ETA comenzó su comunicado de “fin del terror”, tras la presentación, con este párrafo:

ETA considera que la conferencia internacional celebrada recientemente en Euskal Herría es una iniciativa de gran trascendencia política. La resolución acordada reúne los ingredientes para una solución integral del conflicto y cuenta con el apoyo de amplios sectores de la sociedad vasca y de la comunidad internacional”.

Aparte de que en este párrafo no se menciona, porque no interesa, si hay amplios sectores de las sociedades española y francesa de acuerdo con esta pantomima, es necesario que nos detengamos ahora a analizar en qué consistió realmente esta “conferencia” y su relación con un tema espinoso: las cloacas del Estado y su relación con ETA, ya apuntadas en los puntos 1 y 2 de este escrito.

En esta conferencia actuaron de estrellas, todos pagados (salvo, supuestamente, Gerry Adams, líder del Sinn Fein y ex miembro del IRA), los siguientes nombres:

a) Jonathan Powell, diplomático británico, jefe de Staff de Downing Street, la sede del gobierno británico, durante la presidencia del laborista Tony Blair. Muy cercano a Blair (el cual también iba a ir a la conferencia hasta que le disuadió José María Aznar), le apoyó en todo momento durante la invasión de Iraq, aunque luego fue co-partícipete de una comisión de seguimiento de los errores cometidos por el gobierno británico durante la gestión de la invasión. Aquí se ve la conexión secesionista vasca con el imperialismo anglosajón antiespañol. Su padre fue asesinado por el IRA.

b) Gerry Adams, ya nombrado. El IRA y el Sinn Fein tienen una estrecha colaboración con ETA. Ayudaron a Ignacio de Juana Chaos, terrorista etarra responsable él solo de matar a más de 20 personas, a huir de la justicia española y refugiarse en Irlanda del Norte.

c) Pierre Joxe, ex ministro del Interior francés durante el mandado socialdemócrata de François Miterrand, en la época de los mayores atentados etarras, cuando Francia era un auténtico santuario etarra, protegiéndolos y evitando la excarcelación.

d) Gro Harlem Bruntland, ex primera ministra de Noruega. Cobró 35.000 dólares y gastos complementarios para dos acompañantes.

e) Bertie Arhen, ex primer ministro de Irlanda. Cobró, gasto de dos acompañantes aparte, 40.000 dólares.

f) Brian Currin, abogado surafricano, cobra 600 euros al día a los proetarras por su mediación. Ejerció de anfitrión en la “conferencia”. Especializado en mediaciones en Irlanda del Norte y otros sitios, este buen samaritano, por ser asesor jurídico de ETA y su entorno político, cobró entre 2007 y 2010 cerca de 130.000 euros pagados por la fundación británica Joseph Rowntree Charitable Trust.

g) Kofi Anann, ex secretario general de la ONU. Anann cobró 150.000 dólares solo por poner su cara en la foto en la “conferencia de paz”, gastos de desplazamiento y manutención aparte para él y varios acompañantes. Desde que dejó su cargo en la ONU, Anann cobra una pensión vitalicia de 1 millón de dólares, y mantiene otra pensión vitalicia de 12.000 dólares mensuales. Una muestra de cómo los políticos de organismos internacionales se convierten en casta repugnante. Además, Anann es famoso por dos eventos moralmente y políticamente reprobables. El primero, el escándalo del programa “Petróleo por Alimentos” de la ONU, para intercambiar “ayuda humanitaria” por petróleo con el Iraq de Saddam Hussein. El programa derivó en corruptelas de desvíos de fondos para ingresos ilegales de dinero, que permitieron el enriquecimiento de varios colaboradores personales de Anann y de su propio hijo, Kojo Anann, que participaba de los negocios. Pero el hecho más grave relacionado con Kofi Anann es este: en enero de 1994, Kofi Anann era responsable de las operaciones de “paz” de la ONU. En ese mes, Romeo Dellaire, comandante de las fuerzas de paz de la ONU en Ruanda, informó a Anann de los planes por parte de la mayoría étnica hutu de Ruanda de exterminar a la minoría tutsi y a los hutus traidores que se opusieran a esta matanza. A Dellaire le informó un alto funcionario de seguridad ruandés, y urgió a Anann a intervenir para impedir la matanza. Kofi Annan descartó la intervención y ni siquiera autorizó la protección del alto funcionario de Ruanda que informó a Dellaire. Tres meses después, 800.000 tutsis fueron asesinados a machetazos a manos de los hutus en Ruanda, produciéndose un genocicio étnico sin parangón en la historia de África, y en solo 94 días. Annan dejó este cargo en febrero. Asumiendo Anann su responsabiliad, como buen chico, fue premiado con la secretaría general de Naciones Unidas en 1997, cargo que abandonó, a la sombra del citado escándalo de corrupción de “Petróleo por Alimentos”, en 2006. Decir además que la mujer de Kofi Anann es dueña de la empresa española Electrolux.

El entorno proetarra ha negado estos pagos. Lokarri, la asociación que instigó la conferencia, ha asegurado que no cobraron y que el viaje se lo pagaron ellos mismos, que solo pagaron a Kofi Annan una noche de hotel, y que el total de gastos puede que ascienda hasta los 70.000 euros. Pero lo cierto es que el cómputo global de cobro de los invitados hasta ahora manejado ha ascendido a medio millón de euros. Y todo eso, quienes lo han pagado, han sido todos los españoles con sus impuestos.

También estuvo el PSOE presente, a través de Jesús Eguiguren, mediador socialdemócrata, del que ahora reniega su propio partido. Es impensable que el Gobierno de España de José Luis Rodríguez Zapetero, que ha negociado con ETA desde el principio, no estuviese al corriente de los movimientos de la banda terrorista, de sus aparatos políticos y sociales y de sus intenciones. Solo un alma cándida podría pensar que no hay ciertas conexiones y concesiones. Y en estos dos puntos, la finanziación de la “conferencia internacional” y la presencia del partido en el Gobierno de España en manos del ahora sobrante Eguiguren, es en donde nos colocamos ahora para explicar la relación de ETA y las cloacas del Estado.

No sabemos qué ocurrirá en el futuro con todo esto, pues el futuro no existe. Pero es muy probable que esta sea la puntilla final a una España que, soportando una crisis económica galopante, y con un Partido Popular a punto de alcanzar un poder político sin precedentes, estemos presenciando el fin de España como nación unida tras 500 años de unidad peninsular y 200 de unidad nacional política, por la parte del País Vasco y de Cataluña precisamente, si la cosa no se extiende a más. Y todo orquestado desde dentro y fuera de España. Y no es de extrañar el interés internacional por el País Vasco, aprovechando las debilidades de España en lo que a cohesión poblacional se refiere. Se han descubierto en la provincia de Álava depósitos de 184,5 millones de metros cúbicos de gas no convencional natural que equivalen al consumo de España entera multiplicado por cinco. Es bien sabido que España tiene dificultades para hacerse con recursos energéticos (de ahí que la oligarquía nacional mime a empresas como Repsol). En definitiva, el País Vasco tiene reservas para cerca de 60 años, y en el contexto actual de fin simulado de ETA, eso supone un juguete geoestratégico muy sugerente, en un contexto de dialéctica de Estados feroz que semeja a los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial (cuya consecuencia, recordemos, fue el fin del Imperio Austrohúngaro y de la estabilidad política en Europa central). En 2012 se construirán en el País Vasco los dos primeros pozos de extracción de gas, anunció hace días el presidente regional vasco Francisco “Patxi” López, en Dallas, Texas, Estados Unidos. Serán construidos y explotados por una empresa española creada por el PNV y dos empresas yankis, entre ellas la veterana Heyco. Todo esto lo contó López en el Petroleum Club de Dallas. Recordemos que hace poco España cerró con el Imperio la colocación de parte del escudo anti-misiles europeo en la base de Rota, Cádiz, de la OTAN. El País Vasco, gracias a este descubrimiento gasístico, se acerca a la autosuficiencia energética.
¿Acaso no está claro que la autodeterminación es una ficción jurídica que encubre el reparto del Mundo entre las grandes potencias? ¿Acaso no se ve claro que el reparto del Mundo no ha terminado, contrariamente a lo que pensaba Lenin en su teoría del imperialismo? ¿Acaso no se ve que la autodeterminación es una farsa política? ETA, una organización de extrema derecha que, sin embargo, se ha ganado por sí misma, sus seguidores y sus detractores, la fama de “izquierdista”, ha matado a 858 personas en base a ideas racistas y culturalistas, aliándose eventualmente con diversos partidos políticos en el poder en Madrid y, lo más inquietante, siguiendo indicaciones de servicios secretos extranjeros como la CIA. El ex presidente Adolfo Suarez, al final de su mandato, confesar no saber si detrás de ETA estaba la CIA o el KGB. Hoy tiene alzheimer, pero la respuesta a su pregunta está clara, pues ya no existe el KGB. ETA sirvió además a Estados Unidos y a la nueva oligarquía franquista que se preparaba para su conversión a la democracia para purgar al Ejército, la Policía y la Guardia Civil españolas de elementos inmovilistas del franquismo que entorpecían esa evolución política y económica y los planes geoestratégicos yankis de ampliar su base de miembros en la OTAN. Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos: solo intereses, planes y programas. En este sentido, además, ETA muere de éxito, lo deja cuando ya no es necesaria y creen que tienen todas las de ganar. ¿Cuándo se ha visto que un grupo derrotado supuestamente, imponga sus condiciones en la “rendición”? Insistimos: ETA no negocia nada que no pueda ganar.

Pero ETA es, además, un gran negocio. El terrorismo procedimental (como definimos en el punto 2) es, ante todo, un gran negocio, que permite a ciertos Estados y clases políticas conseguir sus objetivos. El juez Baltasar Garzón embargó en 2008 cuentas secretas de ETA en Lichstenstein, un paraíso fiscal, en un intento de escapar de la justicia española en cuanto al fisco se refiere, como si de deportistas de elite se tratase. Lichstenstein embargó, a petición de España, cuentas corrientes y sociedades con decenas de miles de euros a nombre de personas relacionadas con el caso de bar Faisán de Irún. Un bar en el que se desarrolló una operación policial de detención de etarras que fracasó porque desde el mismo Ministerio del Interior, en manos entonces de Alfredo Pérez Rubalcaba, hoy candidato por el PSOE a la presidencia del gobierno, se dio un chivatazo a los etarras por teléfono que les alertó y permitió su huída del lugar. El dueño de aquel bar, el proetarra Joseba Elosúa, según la policía nacional española, dirigía una red de extorsión típicamente etarra. ETA sigue el modelo de los paraísos fiscales que ya siguen los narcos mexicanos y colombianos y las mafias italianas y rusas. Hoy día, el polémico juez Garzón está encausado judicialmente y retirado por orden judicial de la judicatura.

ETA está en las instituciones políticas gracias al gobierno del PSOE y su control sobre el Tribunal Constitucional, figura jurídica de control político, supuestamente para dirimir qué actos políticos y cívicos lo son de arreglo a ese papel mojado inservible llamado Constitución Española de 1978. Pero ya el PP negoció con ETA en 1998 durante una tregua de la banda. Aznar los llamó “Movimiento Vasco de Liberación Nacional”, pero ni así consiguió el desarme de la banda. Zapatero y el PSOE han ido muchísimo más lejos incluso de eso.

Pero lo cierto también es que la mayoría de los militantes de Bildu, Amaiur, Sortu, Batasuna o cualquiera de las enormes siglas (siguen aquí el modelo anarquista típicamente católico), son auténticos analfabetos políticos sin ninguna experiencia, ni siquiera laboral. Su proyecto nacional-bolchevique irrealizable en principio (un Estado socialista vasco étnicamente y lingüísticamente puro, rodeados sus habitantes de pueblos pequeños, bicicletas y vacas), es tan absurdo y ha costado tantas vidas humanas que resulta extraño que haya durado más de 50 años. Se trata de una amenaza permanente a España que distrae de problemas que deberían ser tratados para asegurar la unidad nacional de la clase obrera española. Y siempre intervienen, ya sea mediante atentados terroristas, ya sea mediante “conferencias de paz” y fines de “lucha armada”, antes de unas elecciones generales. ¿No resulta todo ello demasiado extraño?

No decimos que todos los etarras y proetarras de España sean unos conspiradores extravagantes. Existen los etarras y abertzales sinceros (por desgracia), que solo siguen órdenes sin saber nunca quién está en la cúpula (algo muy parecido a lo que ocurre con la extraña secta maoísta Unificación Comunista de España, la cual, además supuestamente, es anti-etarra, y sin embargo defiende el derecho de autodeterminación). Pero esos son otros tontos útiles de intereses más pérfidos. Además, todo miembro de ETA o del entorno proetarra que conoce la verdad, acaba solitario en algún pueblo vasco sin hablar con nadie y sin querer saber nada de sus vecinos. Lo cierto es que nadie sabe quién realmente está en la cúpula real de ETA. Solo se sabe que han matado a casi mil personas, que han conseguido cierta comprensión en la población española y fuera de España, que han intervenido siempre en momentos decisivos políticos en la historia reciente de España y que, ¡caspita!, han permitido vivir del cuento a mucha gente, tanto en su entorno político directo, los aberchales, como en el supuesto bando enemigo (PSOE, PP, &c.). Y ETA nunca ha atentado contra los grandes poderes políticos y económicos reales de España, solo ha extorsionado a pequeños y medianos empresarios, quizás pensando que así tenían más control sobre la extorsión y evitaban toparse con instituciones más poderosas.

Quien financia a ETA tiene mucho dinero y mucho poder, y puede captar a jóvenes españoles desarraigados del País Vasco y psicópatas mercenarios con sed de sangre que acaban convertidos en héroes por un puñado de analfabetos, mientras de esos jóvenes, muchos, acaban en la ruina laboral. La detención, excarcelamiento o fuga de etarras se hace desde instancias de poder muy ajenas a esos jóvenes analfabetos funcionales. Una vez eliminado el comunismo, el franquismo, con una socialdemocracia española sin un futuro claro, una crisis económica gravísima, también moral e institucional, con multitudinarias manifestaciones en las calles españolas, lo que está claro es que ETA, una vez más, se ha convertido en el gran referente de la política española. Si no les dan lo que quieren, mejor. Pero volverán a lo que mejor saben hacer.

La única salida digna que le queda a España es la revolución patriótica socialista. Y no vendrá en el corto y medio plazo. Se requiere trabajo ideológico y político que acabe con los enemigos de los trabajadores españoles, de las organizaciones que puedan liderarlos y organizarlos y de la propia nación española. Y son enemigos de dentro y de fuera, siendo ETA, entre otros, un enemigo con conexiones internas y externas que la permiten respirar y echar fuego sobre el pueblo español. Pero el camino que España ha de recorrer, para recuperar su identidad, su unidad y permitir transformaciones históricas necesarias antes no pensadas, es durísimo y casi imposible. Pero no le queda más remedio que realizarlo si quiere salvarse y poner su nombre de nuevo con mayúsculas en la Historia universal.

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