¿Por qué les llamáis fascistas? ¿Es que comunista no es insulto suficiente?

Media preview

20 de octubre de 2016

“COMUNISTAS”·

Hay que reconocer que Josif Stalin sabía lo que hacía cuando apostó por el agit prop sabiendo que así aseguraba la victoria a largo plazo del comunismo en la batalla del lenguaje, una de las trincheras clave para lograr el poder.

Más de 60 años después de la desaparición física del mayor genocida que han conocido los tiempos, cualquier actuación violenta es calificada sistemáticamente de fascismo aunque provenga claramente de las filas del comunismo o sus aledaños.  A pesar de que el fascismo se ha convertido en un fantasma residual con tintes xenófobos que poco tiene que ver con las teorías de Marinetti y D’Anunzio, se crea así una íntima asociación entre violencia y fascismo y entre intolerancia y fascismo, dejando a salvo al comunismo que, pese a ser el movimiento político que más terror, muerte y opresión ha sembrado sobre la faz de la tierra, sigue apareciendo socialmente como una ideología más, equiparable a la socialdemocracia, el liberalismo o el conservadurismo y por consiguiente, merecedora de general respeto.  Nadie en su sano juicio se atreve a definirse públicamente como “fascista”, mientras proliferan en España las demostraciones públicas en las que se enarbolan alegremente banderas rojas con la hoz y el martillo y los diputados de Podemos no disimulan a la hora de levantar el puño izquierdo en el Congreso de los Diputados.

                                      

La última muestra la tenemos en los recientes sucesos de la Universidad Autónoma de Madrid, en la que unos encapuchados, de tinte claramente comunista impidieron violentamente una conferencia de Felipe González. Pues a pesar de que todos ellos no ocultaban provenir de los aledaños del mundo comunista, la prensa de forma unánime los califica de “fascistas”, insulto que ha desplazado a cualquier otro en nuestro panorama político y que sirve tanto para calificar –o descalificar- a los violentos o intolerantes como para que éstos lo utilicen como sambenito de cualquiera que no comulgue con sus ideales revolucionarios.  Así podemos ver cómo mientras los alborotadores llamaban fascista a González, los medios les llaman fascistas a ellos. A ver quién lo es más.

Pero nadie les califica como lo que son: COMUNISTAS. A estas alturas de la historia, el comunismo no ha pagado el precio político e histórico que corresponde a sus horrendos crímenes y aún hoy, a periodistas y políticos les produce pudor o temor reverencial utilizar el término como insulto o mera calificación.  Produce estupor escuchar a comunistas como Pablo Iglesias hablar en nombre de “la gente”, del “pueblo” o de los “trabajadores”, con el bagaje criminal que el comunismo lleva a sus espaldas.  No eran precisamente aristócratas ni capitalistas los 6 millones de campesinos ucranianos ni los 2 millones de las cuencas del Kubán, Don y   Volga y de Kazajstán que murieron literalmente de hambre con terribles episodios de canibalismo en el Holodomor mientras la Unión Soviética exportaba grano y cereales a manos llenas. No hacían otra cosa que seguir fielmente la enseñanza de Lenin, quien no dudó en afirmar que “para destruir la desfasada economía campesina, el hambre será el preludio del socialismo y destruirá la fe, no sólo en el zar, sino también en Dios.”. Y no en vano fue el hambre, junto con el terror y la esclavitud una de las señas de identidad del comunismo.

El comunismo se ganó a pulso, a lo largo de todo el siglo XX, el principal puesto de horror en la historia del exterminio de seres humanos. En el “Libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997)”, escrito por profesores universitarios e investigadores europeos y editado por el director de investigaciones del equivalente al CSIC en Francia, se cifra en cerca de cien millones de seres humanos las víctimas del comunismo contando las de la Unión Soviética, República Popular China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, África, etc. ,  afirmando que «puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir el terror como forma de gobierno».

Con sus 20 millones de víctimas, el padrecito Stalin, al que dedicaron laudatorios poemas Neruda y Alberti, superó ampliamente a Adolfo Hitler en el ranking del terror y la barbarie, pero a tenor de la reverencia y predicamento que sigue teniendo el genocida georgiano entre los comunistas irreductibles, podría decirse que eligió mejor a sus víctimas, entre los más miserables e indefensos de la tierra.

Ya va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y de que, al igual que sucede con el nazismo, nadie pueda enarbolar con impunidad y sin vergüenza una bandera comunista en ningún país del mundo, que representa sin lugar a dudas, el símbolo supremo de la mentira, la opresión, el terror y la barbarie

Origen: Arriba: “COMUNISTAS”·

5 comentarios en “¿Por qué les llamáis fascistas? ¿Es que comunista no es insulto suficiente?

  1. FASCISMO SE CONFUNDE CON NAZISMO:
    Desde luego, es injusto que “fascista” sea considerado el peor insulto político.
    En parte, es debido a que se confunde con nazismo. Y esta confusión se debe a que la Italia fascista se alió con Alemania nazi en la II Guerra Mundial.
    Oriana Falaci, que luchó contra los nazis en Italia, califica de “totalitarios” los regímenes de Hitler y Stalin, pero no los de Mussolini y Franco. ¿Cómo se entiende esto, si el mismo Franco declaró su régimen totalitario al terminar la Guerra Civil?
    Esto es debido a que, en origen, “totalitario” quiere decir que todo se dedica al Estado, al bien común, en oposición al individualismo y al liberalismo.
    Pero el Estado así totalitario puede degenerar en la pérdida de los derechos y libertades de las personas. A esta degeneración se la llama también “Estado totalitario”: se trata de un nuevo significado. En este último sentido, los Estados de Hitler y Stalin eran totalitarios, pero los de Franco (pasada la posguerra) y Mussolini, no.

    Los nazis no tuvieron dificultades para exterminar a los judíos de la democrática Polonia, pero no lo tuvieron tan fácil en la fascista Italia: los fascistas eran declaradamente no racistas. Hitler, en su Mein Kampf, se excusa se sus simpatías por Mussolini diciendo que se deben a que libró Italia del comunismo, pero que a quienes admira por su racismo es a los Estado Unidos.
    El peor insulto político debería ser, pues, “nazi”, y no “fascista”.

    Tampoco “comunista”, pues los peores crímenes pueden cometerse en nombre de las mejores doctrinas: muchos crímenes también se han cometido en nombre del cristianismo, por ejemplo.
    Los crímenes del comunismo no son tanto de aplicación de su doctrina como de procedimientos de sus dirigentes y militantes. Un comunista no tiene por qué estar de acuerdo con ellos.

    Me gusta

  2. En nombre del Cristianismo no se han realizado ningún crimen. En nombre del poder amparado a veces por la Iglesia Católica si se han podido realizar en solo determinadas ocasiones, pero nada comparable con los millones de asesinatos del comunismo en primer lugar y del nazismo en segundo lugar. No confundamos a la gente. Eso no quiere decir que todos los comunistas hayan sido o sean unos potenciales asesinos, simplemente que apoyan una ideología totalitaria que si lo sería si consiguiese el poder.

    Me gusta

  3. El quid de la cuestión radica en que las victimas del comunismo han sido, son y serán fundamentalmente cristianos -en sus diversas iglesias- mientras que las víctimas del nazismo fueron fundamentalmente judíos. Y es sabido quien controla a escala mundial los medios de difusión y la propaganda. Por ello nada tiene de extraña la benevolencia con el comunismo y el odio mortal al nazismo y fascismo. Todo sin olvidar además quienes fueron los financieros y principales dirigentes de la Revolución rusa.

    Me gusta

  4. NAZIS CONTRA CATÓLICOS
    Los nazis gestaron un plan para exterminar a los católicos, que no llegó a aplicarse.
    Esto fue porque el nazismo encontró que no eran asimilables las organizaciones con una jerarquía bien establecida de varones: sólo tenía éxito pleno en las masas no organizadas.

    Así, clasificó a los “enemigos interiores” en 2 categorías: la “ORQUESTA ROJA” y la “ORQUESTA NEGRA”.
    La ORQUESTA ROJA eran los comunistas. Y la ORQUESTA NEGRA eran las altas jerarquías de la Iglesia y la militar. La llamaban así porque sus uniformes eran negros.

    Ni la Iglesia ni los militares, a pesar de no poder ser asimilados, fueron eficaces para luchar contra le nazismo. Recordemos que los militares llevaron a cabo un sonado atentado, el de Staufenberg, contra Hitler que falló por muy mala suerte. Pero fue una torpeza que el jefe de la operación, el almirante Canaris, tuviera las listas de los 5.000 militares implicados, que fueron fusilados.

    Vemos en estos hechos unas similitudes entre organizaciones de ideologías muy distintas: tan poco asimilables eran los militares de la nobleza prusiana como las altas jerarquías católicas y, sobre todo los “antimilitares” Testigos de Jehová, su polo opuesto.

    También el jefe de la Falange en Alemania, el periodista Penella de Silva, escribió uno de los libros antinazis más emblemáticos: EL NÚMERO 7 (Sant Andreu de Llaveneres, julio 1945. EDIGSA, Barcelona)

    Curiosamente, también ahora la Iglesia resulta deplorablemente ineficaz para oponerse a la actual decadencia de la sociedad occidental.

    Me gusta

esta web esta abierta al debate, no al insulto, estos seran borrados y sus autores baneados.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s