LTI, La lengua del Tercer Reich – Juan Ramón Lodares

Víctor Klemperer

Traducción de Adán Kovacsic. Minúscula. Barcelona, 2001. 410 páginas, 22 euros

JUAN RAMÓN LODARES | 27/03/2002


Víctor Klemperer

 

Hijo de un rabino, a Víctor Klemplerer se le apartó de su cátedra de Literatura Francesa en la Universidad de Dresde en 1935 por simples motivos raciales (algo similar a lo que le había ocurrido en Viena a Sigmund Freud).

Comenzó entonces a tomar apuntes sobre los usos lingöísticos del nazismo, que selló bajo la clave LTI (Lingua Tertii Imperii), es decir, la lengua del Tercer Reich. Recuperada la cátedra, publicó en 1947 una parte de aquellos apuntes y en 1995 (treinta y cinco después de muerto) la colección completa que ahora se edita en español.

Frente a obras de carácter más académico sobre el tema, como las de Z. A. Zeman, C. Berning, E. Seidel & I. Zloty, K. Burke o L. Winckler, los apuntes de Klemperer tienen la viveza, la intensidad y la verdad de quien tuvo que sufrir en propias carnes los efectos de la propaganda nazi y la manipulaciones lingöísticas a las que esta se dio. El lector no encontrará en LTI un tratado filológico, lingöístico o semiótico al uso sobre las fórmulas y valores del lenguaje de los nazis, sino treinta y seis capítulos donde se van desgranando, sin arreglo a sistema definido, datos, comentarios, impresiones y anécdotas sobre la acrisolada costumbre nazi de manipular la lengua y, con ella, las emociones de las masas. Algo que, por repelentes que nos resulten Goebbels, Hess o el propio Hitler, el régimen nazi supo hacer de forma magistral, hasta el punto de llenar de contenidos altamente simbólicos y electrizantes meras consignas, tópicos antisemitas o anti-internacionalistas, incluso simples letras. El autor desvela en el tercer capítulo del libro -no por casualidad titulado: “Característica básica: la pobreza”- los registros retóricos del Reich. Efectivamente, esa y no otra es la verdad del lenguaje nazi: “Es como si hubiese prestado voto de pobreza” en palabras del autor.

Sin embargo, el hecho de que fuera material, ideológica o literariamente pobre, como en efecto era, no quiere decir que la retórica nazi -y su teatralidad- careciera de potencia en el terreno de la emoción, dadas las circunstancias de la época (algo que reitera Ian Kershaw en su monumental biografía de Hitler). Hay un dato, por lo demás, que resulta revelador: Mi Lucha ha sido, posiblemente, el ensayo de “pensamiento” (perdónese, en fin, tal nombre incluso entrecomillado) más vendido en Europa, casi doce millones de ejemplares; y sus ramificaciones resultan más sutiles de lo que a primera vista parece en la retórica general de los nacionalismos.

Por lo demás Klemperer da las claves de tan magno éxito: un lenguaje de grupo -casi una jerga- se trasforma, tras la “toma del poder”por parte del Partido en 1933, en lenguaje del pueblo, de las masas, apoderándose de todos los ámbitos públicos y privados. Las consignas populistas, destinadas a liquidar la personalidad individual, fueron uno de los éxitos retóricos: “Tú no eres nada, tu pueblo lo es todo”, “Ser nacional sólo puede ser apoyar a tu pueblo”. Se explican así algunas modas lingöísticas de aquellos años que no son de uso exclusivamente hit- leriano, sino que pertenecen al acervo del nacionalismo: ponerse nombres “genuinamente germánicos” (con una pureza más imaginada que real en ocasiones); el orgullo racial no permite utilizar topónimos que no sean germánicos, de donde se sigue una auténtica limpieza toponímica en los territorios de nombres “mezclados”. Se teutonizan todos lo nombres de calles, rótulos, etc. para evitar, simbólicamente, la “mezcla racial” y la “bastardización”de las esencias germánicas. Se elevan a símbolos letras como la K, la grafía del imperio, heredera de una vieja letra germánica, una runa que se parece a un rayo y que simboliza la victoria (por cierto, también aparece en la sigla SS) y que encabezaba el programa nazi para la mujer: Kinder, Köche, Kirche= Niños, Cocina, Iglesia. El lenguaje se vacía de contenidos intelectuales y se llena de emociones, a menudo, fanáticas. La lección final de LTI es que ninguna sociedad está libre de los peligros de la manipulación lingöística por parte del poder, ni de que lenguajes de grupo, pervertidos, pasen a serlo de masas, de modo que estas pierdan la capacidad crítica para desentrañar lo perverso del mensaje.

Origen: LTI, La lengua del Tercer Reich

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