Los sucesos de mayo de 1931

En los días 11 y 12 de mayo de 1931 la furia anticlerical provocó una serie de disturbios en diversas localidades de España: Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Jerez, Algeciras, Granada, Córdoba y Sevilla; ninguna fue tan afectada como la ciudad de Málaga, siendo destruido gran parte de nuestro patrimonio religioso, artístico, cultural e histórico.

Los antecedentes

Los meses previos a la Semana Santa de 1931 fueron cruciales debido al problema que se originó con la subvención municipal para las cofradías; ello se aderezaba con la campaña anticlerical y contraria a las procesiones que se llevaba a cabo desde el periódico republicano Rebelión (en 1931 llamado Rebeldías), encontrándose en la parte contraria La Unión Mercantil en favor de la coalición monárquica.
Tras tensos debates donde la posturas enfrentadas tensaban la situación (la Agrupación de Cofradías llegó incluso a decidir no salir) se acordó conceder la subvención pero recortando un diez por ciento respecto a la concedida para el año anterior. Pese a que parecía resuelto el problema, el debate había trascendido e impregnado a toda la sociedad malagueña. Incluso el 15 de diciembre de 1930 hubo un intento de incendio del Palacio Episcopal.
Finalizada la Semana Santa de 1931 el diario Rebeldías continuaba con su campaña calificando las procesiones de manifestaciones paganas, escandalizantes y provocadoras.
 El 12 de abril de 1931 fueron celebradas elecciones municipales convocadas, como antesala de unas nacionales, por el Rey Alfonso XIII lo que a la postre significaría su acta de defunción. Se trataba de las primeras elecciones desde que en 1923 ocupara el poder Primo de Rivera. La opción monárquica fue la gran derrotada, titulando lo sucedido de forma magistral el Almirante Aznar al decir: “España se acostó monárquica y se levantó republicana”. En la noche del 14 de abril de 1931 el Rey abandonaba el país dirigiéndose al exilio.
Proclamación de la República en Málaga
Fue elegido Alcalde Emilio Baeza Medina proclamando la República el 14 de abril de 1931 desde el balcón del Ayuntamiento. Se produjeron algunos disturbios destrozándose la lápida de la estatua del Marqués de Larios, que fue tirada al mar, y sustituida por otra que ponía calle 14 de abril.
 El 6 de mayo de 1931 se debatió una moción del concejal comunista, ideología que era la primera vez que conseguía representación en el Ayuntamiento. Se proponía la solicitud al Gobierno provisional de la República de la adopción de una serie de medidas de signo anticlerical como la disolución de todas las órdenes religiosas o la nacionalización de los bienes de la Iglesia. El mayoritario Partido Radical Socialista la apoyó con leves modificaciones como la referida al momento en que debían adoptarse esas medidas.

El detonante

El 7 de mayo de 1931 la prensa da a conocer una carta pastoral firmada por el arzobispo de Toledo, y primado de la jerarquía eclesiástica española, cardenal Segura. En ella se refería a las amenazas de anarquía, se apelaba a las mujeres para defender a la Iglesia contra los ataques en sus derechos (escuela laica, matrimonio civil, separación Iglesia y Estado) y al establecimiento de una cierta identificación entre Iglesia y monarquía.
El 10 de mayo de 1931 en Madrid, concretamente en la calle Alcalá, se celebró una reunión del Círculo Monárquico Independiente, el cual tenía la finalidad de aglutinar a los partidarios de la monarquía. Los asistentes pusieron un disco con la “Marcha Real” e incluso salieron a la calle dando vivas al Rey. Se enfrentaron con transeúntes de signo contrario (otras versiones apuntaban a que fueron los monárquicos los que recibieron los insultos de diversos individuos que se concentraron a las puertas de la sede). Hubo un intento de asalto a la sede, evitado por varios guardias cívicos; más tarde un grupo se dirigió a la sede del Diario ABC, ya que su fundador, Luca de Tena, había mantenido una entrevista con el Rey en el exilio e iba a recibir un homenaje del mencionado Círculo. La Guardia Civil evitó el asalto, produciéndose diversos disparos desde la sede del periódico resultando heridos un menor y un portero que posteriormente fallecerían; se adoptaron medidas excepcionales ocupando el ejército diversas plazas para sofocar cualquier conato de altercado.
MADRID
 A pesar de ello, en la mañana del día 11 de mayo de 1931 se realizó el primero de los incendios que afectarían a edificios religiosos: la residencia de los Jesuitas.
 La autoría de estos hechos se asignó en aquellos momentos a las derechas que buscaban el desprestigio de la República.

Los sucesos en Málaga

Las noticias de lo que había sucedido en Madrid se extendieron por toda España, llegando a Málaga. Así el Diario de Málaga del día 11 de mayo de 1931 se hacía eco de lo acontecido en la capital:
En la última página de este Diario se indicaba: “ÚLTIMA HORA. El Gobernador nos ruega la publicación del siguiente telegrama: Madrid 5 y 30 A las dos de la tarde se ha declarado el Estado de Guerra, volviendo la población a su estado normal (…) En el resto de España reina la más completa tranquilidad”. Lamentablemente, no fue así.
A pesar de que desde el día anterior ya llegaban referencias de lo que estaba sucediendo, el día 11 se produjeron en la calle reuniones de personas comentando estas noticias. Al caer la tarde, en los aledaños de la Plaza de la Constitución muchos reclamaban una acción semejante a lo que pasaba en la capital. Cuando en Málaga, los periódicos de la tarde del lunes divulgaron a los cuatro vientos detalladas noticias de los funestos sucesos de Madrid produjo la sensación consiguiente y la natural efervescencia en todas partes (Escolar García, “Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931″, año 1931.)
Los hechos en Málaga sucedieron cronológicamente por este orden (las horas se refieren al inicio de los asaltos, siendo aproximadas):
Lunes 11 de mayo de 1931
19:00- Convento del Servicio Doméstico o Asilo de María Inmaculada (C/ Victoria)
20:30- Convento de la Asunción (Barcenillas) A media tarde del día 12 fue incendiado
Martes 12 de mayo de 1931
0:00- Residencia de los Jesuitas e iglesia del Sagrado Corazón (C/Compañía).
0:30- Palacio Episcopal.
1:00- Iglesia de la Merced (primera vez)
2:00- Convento y colegio de San Agustín
2:30- Sede del diario La Unión Mercantil y el convento del Arcángel San Miguel.
3:30- Iglesia de Santo Domingo y el convento de las Mercedarias.
5:30- Convento de la Purísima Concepción de Ntra. Sra. de Religiosas Capuchinas.
6:00- Iglesia de San Pedro.
7:00- Convento de las Adoratrices y convento de San Carlos (Pozos Dulces).
7:30- Iglesia de Ntra Sra. del Carmen.
8:00- Asilo de San Manuel (C/San Andrés); iglesia de San Pablo; iglesia de la Aurora María; y ermita de la Zamarrilla.
9:00- Iglesia de San Patricio (Huelin).
10:00-Iglesia de la Merced (segunda vez)
11:00- Convento de las Carmelitas y convento de la Encarnación.
11:30- Iglesia de Santiago.
12:00- Iglesia de San Juan y el convento de San José de la Montaña (Avda Hospital Civil).
12:30- Iglesia de San José e iglesia de los Santos Mártires.
12:45- Convento de las Esclavas Concepcionistas del Sagrado Corazón y la iglesia de la Concepción.
13:00- Convento de las Catalinas.
14:00- Iglesia de la Santa Cruz y San Felipe Neri; y convento de la Esperanza.
15:30- Convento de las Reparadoras (Plaza de San Francisco)
16:00- Convento de las Bernardas (C/ Victoria) y la capilla de Calle Agua.
16:30- Iglesia de San Lázaro.
Llegaron noticias de que se estaban produciendo altercados en la calle de la Victoria donde las monjas del convento del Servicio Doméstico huían al percatarse que algunos grupos se concentraban en las puertas del mismo. Eran las siete de la tarde, comenzaba todo.

Convento del Servicio Doméstico o Asilo de María Inmaculada

Se trataba de la sede de las religiosas Hijas de María Inmaculada para el servicio doméstico. Su actividad principal era el asilo de los jóvenes pobres y dedicaban su laboral arreglo, lavado y planchado de ropa.
(…) en el interior estaban las jóvenes allí recluidas, sintiéndose desde la calle sus lamentaciones y lloros. Entonces cundió la voz de que era preciso hacer lo mismo que en Madrid: destrozar  y quemar los conventos y expulsar a las religiosas y religiosos. Y la multitud que, en pocos momentos, había engrosado extrordinariamente, empezó a golpear las puertas del Convento, para penetrar en el interior (Nota: Cursivas -Escolar García, 1931). Eran las ocho y media de la tarde.
 Las turbas se dirigían, entre gritos y exclamaciones subversivas, hacia los conventos de Barcenillas y la Sagrada Familia. Enrique Mapelli Raggio, Gobernador Civil interino (el titular Jaén Morente no se encontraba en la ciudad), al conocer lo que se estaba produciendo en calle de la Victoria, acudió allí acompañado de otros republicanos para calmar a la multitud. Llegaron al convento de la Sagrada Familia, ubicado en el Camino Nuevo, después del de Barcenillas (convento de la Asunción), donde se encontraban varios grupos. Estos habían conseguido violentar la puerta, penetrando en el interior.

Convento de la Asunción

En este convento recibían instrucción unas 50 niñas pertenecientes a familias acomodadas, entre cuyas jóvenes el asalto causó un pánico espantoso, registrándose sensibles escenas.
La Madre Superiora se colocó en la puerta diciendo que había cincuenta niñas internas y que no era humano incendiarlo.
El Gobernador llegó en ese momento logrando disuadir a la muchedumbre, que pretendía ir al Seminario, convenciéndoles para que les acompañaran al Palacio de la Aduana (sede del Gobierno Civil).
A media tarde del día 12 unos grupos llegaron de nuevo al convento, lo saquearon y prendieron fuego al edificio. Afortunadamente las monjas y las niñas habían abandonado el lugar. Entre las pérdidas artísticas destacar el retablo de la capilla.
A las once y media de la noche llegaron a la Aduana, y, desde el balcón, el Gobernador interino arengó a los asistentes y les invitó a que tuvieran fe y confianza en el Gobierno de la República, y que se disolvieran. Parecía que las palabras de Mapelli habían surtido efecto, pero no fue así. Y empezaron a marcharse, en grupos, hacia las calles del centro de la capital, que, a las doce de la noche estaba concurridísima, especialmente la del Marqués de Larios y la Plaza de la Constitución (…) pero bastó una indicación de un individuo, de indumentaria modesta, subido a los hombros de otro corpulento: Es necesario que en Málaga hagamos como en Madrid. ¡¡Vamos a los Jesuitas!! ¡¡A incendiarlos, a destruirlos!!. Seguidamente toda aquella multitud, electrizada, loca, se dirigió hacia la calle de Compañía, ansiosa de destrucción.

Residencia de los Jesuitas e Iglesia del Sagrado Corazón

Allí se toparon con el republicano Pedro Armasa Briales que les pidió cordura y tranquilidad. La residencia había sido desalojada. Parecía que deponían su actitud, sin embargo, un grupo de los más exaltados accedió a la Residencia por la parte trasera, por Pozos Dulces. Incendiaron una parte del edificio. Minutos más tarde llegó el Cuerpo de Bomberos, pero se encontraron con el entorpecimiento de los que allí se encontraban, evitando que hicieran su trabajo.
Llegó una sección de la Guardia Civil, cuyo mando ordenó el despeje de la zona. Todo podía haberse quedado ahí. Sin embargo, se produjo un hecho clave que sin duda marcó el devenir de los acontecimientos.
A la una y media de la madrugada llegó frente a la residencia de los Jesuitas el Gobernador Militar de la plaza, general don Juan Gómez -García Caminero, el cual, al darse cuenta del estado del gentío, ordenó que inmediatamente la Guardia Civil se retirara a su cuartel, porque, parece ser, el pueblo sabe vigilarse y dirigirse a si mismo.
SAGRAD CORAZ Y JESUITAS
SAGRADO CORAZON 2
SC Y JESUI3
Los grupos de amotinados se dirigieron al Palacio Episcopal, comenzando a golpear con barras, palos y hachas las puertas de entrada.

Palacio Episcopal

El asalto comenzó sobre las doce y media de la noche, prácticamente al mismo tiempo que el del asalto a la residencia de los Jesuitas en calle Compañía. La Guardia Civil, también aquí, recibió orden de retirarse.
Bien pronto lograron echar abajo la puerta de entrada (…)Minutos nada más, tardaron en aparecer, la mayoría de ellos, por puertas y balcones, comenzando a arrojar a la calle imágenes, muebles y enseres (…) mientras en el interior (…) otros comenzaron a rociar con gasolina diversos lugares-el primero de ellos fue el riquísimo archivo y bibliotecas del siglo XIV- prendiéndole fuego.
Palacio Episcopal en la mañana del 12 de mayo de 1931, ya incendiado
Imagen del patio
El Obispo consiguió huir. Serían las tres de la madrugada cuando la inmensa manzana que ocupaba el Palacio Episcopal y la Residencia de los Maristas (situado a la espalda del Palacio) ardía por los cuatro costados.

Iglesia de la Merced (primera vez)

El erudito malagueño Narciso Díaz de Escovar redactó unas notas manuscritas relatando: Un resplandor rojizo iluminaba el cielo. Se veían pasar grupos en actitud hostil y se oían rumores alarmantes. No tardó mucho en aparecer una turba en la mayoría jóvenes que llegaron con palos y martillos a la puerta de la Sacristía de la Merced. (…) Al fin se abrió la puerta y apareció el párroco Antonio Gavilán que interceptando el paso decía: matadme a mí, pero no toquéis a mi iglesia.
No fue escuchado y penetraron dando gritos en la Sacristía, en el templo. Destrozan parte de la Sacristía, saquean algunos altares, rapiñan las cajoneras y se llevaron algunas ropas y objetos de culto (…) Un individuo que vestía traje de mecánico cogió la Virgen de las Lágrimas (Consolación y Lágrimas de la Archicofradia de la Sangre) y la paseó mofándose de ella por la calle de San Juan de Letrán. Se sentó en las gradas del Teatro  Cervantes profanando con sus dichos y hechos a la Santa imagen. Luego se levantó y la tiró contra las losas, frente a la casa número dos de la calle Ramos Marín. La cabeza quedó separada del tronco. Una mujer despeinada y sucia le quitó los vestidos blancos a la Virgen y se los puso ella, arrojando después en pedazos los restos de la imagen (…)
 El saqueo y la destrucción continuaría en la iglesia de la Merced por la mañana.

Convento y Colegio de San Agustín

Desde dicho lugar (el Palacio del Obispo) la turba se dirigió al Convento de los Agustinos frente a cuya puerta ya se hallaban unos mozalbetes apedreando cristales y pretendiendo forzarla. No tardaron en abrirla (…).
 El gentío, amotinado,comenzó a recorrer rápidamente las dependencias del Convento, que eran destrozadas e incendiadas. Afortunadamente el convento estaba también desocupado.
La parte posterior del Convento llegaba hasta la calle Pedro de Toledo, lindando con el Convento de la Teresianas que fue desalojado al llegar el fuego al edificio.
 CONVENT Y COLEGIO SAN AGUSTTTTT
Las religiosas y religiosos de la mayoría de los conventos y asilos empezaron a evacuarlos, unos de forma ordenada, y otros, tan precipitadamente, que hasta los más indispensables objetos y ropas fueron abandonados, empezando para aquellos la triste e inquieta caminata de dedicarse a buscar cobijo y refugio a su desdichada situación. (…) Fueron unas horas, de diez de la noche a cinco de la mañana, que no se olvidarán fácilmente a aquellas religiosas, religiosos y asiladas e internos , así como tampoco, a los que por nuestra profesión (periodista), presenciamos escenas desgarradoras (…).
Escolar García relata el siguiente hecho que refleja lo que se tuvo que vivir en aquellas horas:
 Fue en la plaza de la Merced, donde, sentadas en un banco, llorando y gimiendo, nos encontramos a dos mujeres. Inmediatamente supusimos eran religiosas (…) – ¿Son ustedes monjas?- le preguntamos
– Sí…-nos replicaron atribuladas.-Y no sabemos donde refugiarnos..Somos de fuera de Málaga…No conocemos a nadie- Y empezaron a llorar.(…) en la calle Madre de Dios había una puerta abierta. En ella estaba una mujer de traje modesto. Era la portera. -¿Son monjas?-nos preguntó con curiosidad y cariño. – Sí-le replicamos- que no tienen familia y no saben donde meterse esta noche.
 -Hombre -dijo la pobre mujer llorando- pues no faltaba más. Un cuarto chico tengo; pero está a disposición de estas pobres hermanitas.. Las dos religiosas se lanzaron hacia ella, besándole las manos y la buena mujer del pueblo y las dos monjas desaparecieron por aquella puerta rápidamente, ya que se acercaba un grupo de gente chillando, y temían ser víctimas de cualquier agresión.

 Sede de la Unión Mercantil

Este periódico era considerado como el primero de los de información malagueña y el más relevante de cuantos se editaban en Málaga durante el primer tercio del siglo XX.
A la una de la madrugada, el redactor de sucesos del diario de siniestrado, cumplía sus deberes informativos, en el ataque al Palacio Obispal, cuando hasta él llegaron voces de -Ahora a la Unión Mercantil y a Santo Domingo. Entre los que más gritaban, destacábase un negro, que con un hacha en la mano animaba a las turbas.
 El periodista acudió a pedir auxilio al Gobierno Civil, que tras mucha insistencia enviaron a dos parejas de guardias de seguridad, los cuales vieron como por calle Nueva un grupo de revoltosos, y por la calle de San Juan otro, desembocaban en la Plaza de Félix Saenz lanzando gritos diciendo que iban a quemar la Unión Mercantil. El periodista pudo avisar a sus compañeros que abandonaron el edificio.
 Serían las tres de la madrugada cuando, por los balcones de la Unión Mercantil, se elevaban grandes columnas de fuego y humo.

Convento del Arcángel San Miguel

Situado en el barrio del Molinillo, de la orden de las Dominicas. Fue asaltado en torno a las dos y media de la madrugada por un grupo dirigido por tres individuos que había actuado por el barrio de Capuchinos. Se apoderaron del dinero que contenían los cepos y saquearon la residencia de las monjas.
COPNVENTO ANGEL
Después de actuar en la sede de la Unión Mercantil, y cuando ya era pasto de las llamas,  marcharon por la Plaza de Arriola hacia la Iglesia de Santo Domingo. Su objetivo era destruir las populares imágenes.

Iglesia de Santo Domingo

Le tocaba el turno a esta iglesia, al antiguo convento, donde se guardaban tesoros como la Virgen de Belén, el Cristo de Mena, el Cristo de Cabrillas, la Virgen del Pozo, lienzos de Alonso Cano, de Francisco Pacheco y las imágenes del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza, las glorias Nazarenas de la ciudad. El objetivo no era accidental ya que en esta iglesia, enclavada en un barrio humilde, se encontraban las imágenes más veneradas.
Esta era la iglesia de Santo Domingo antes de la madrugada del 12 de mayo de 1931:
Altar Mayor
Retablo
Virgen del Rosario
Capilla de la Virgen del Rosario
“El Moreno” y la Virgen de la Esperanza
Virgen de Belén obra de Pedro de Mena
Virgen del Pozo o de la Antigua (s. XVI)
Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Ntra. Sra. de la Soledad en su altar-capilla en 1929
La iglesia dormía y las imágenes descansaban del ejercicio de la piedad, de la oración de la cera derramada en su honor, de las flores que endulzaban con podredumbre de postrimería la hora cierta del desastre. El espíritu de fray Alonso de Santo Tomás se paseaba por su convento desamortizado y se detenía ante el Crucificado que Mena labró para la sala “de profundis”, allí donde la comunidad maceraba sus carnes con las disciplinas, aquel espacio que lavaba sus losas con la sangre de la penitencia. Era el silencio el reino de las naves, era el silencio el reino de la muerte, era la expectativa de la tragedia, del destino escrito en los libros de plomo.
En torno a las tres y media de la madrugada un grupo de personas cruzaba el puente de Santo Domingo. Antes de que llegaran penetraron en ella algunos entusiastas cofrades de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y el Paso, los cuales procedieron, con una rapidez vertiginosa, a salvar aquellos objetos y enseres de más valor, poniéndolos a buen recaudo. Entre estos, lograron que la bellísima escultura de la Buena Muerte (…) y las de la Virgen de la Soledad y la Esperanza, y el Cristo del Paso colocarlas en los sótanos respectivos debajo de los altares de los que, a simple vista no podían ser advertidos por nadie. Sin embargo, y debido al relato de lo sucedido por Francisco Palma Burgos, respecto de la actuación de su padre Francisco Palma García, el Cristo de Mena no se escondería quedando en el altar.
La Virgen del Rosario fue sacada por una ventana de una casa contigua a la iglesia, envuelta en sábanas.
El acceso al interior del templo se produjo por la sacristía. El párroco José Campaña permaneció en la casa que habitaba y que estaba junto a la iglesia, hasta que comenzaron a incendiarla.
Una vez en el interior del templo los asaltantes destrozaron en su propio altar a la Virgen de Belén. Le prendieron fuego a los altares, al coro y a la sacristía. Uno de ellos, al aporrear con una barra el altar del Cristo del Paso, dejó al descubierto la bóveda que existía bajo el mismo, asomando la cabeza.Lanzó una exclamación, que más bien fue un rugido -¡Aquí han guardado los santos..!, ¡Vamos a echarlos al fuego!. Acudieron otros y, entre todos ellos, sacaron de aquel lugar las imágenes (…) para arrojarlas a la inmensa hoguera que habían formado en el patio de la iglesia.
El escultor Francisco Palma García entró en la iglesia, cuando los asaltantes estaban dentro y habían iniciado el fuego, con la intención de salvar el Cristo de Mena; esto narraba su hijo Francisco Palma Burgos de cómo oyó a su padre relatar a un amigo lo sucedido: Yo entré detrás de aquello como absorbido por su ira (…) vi que uno entró en nuestra capilla, abrió la verja y con una pata de una mesa subió por la mesa del altar y empezó a flagelar a nuestro Cristo. Yo di un zarpazo, le cogí una pierna y lo insulté, él levantó el palo con furia para darme en la cabeza, yo lo miré como rompiéndole la cara, y descargó su furia sobre la pierna del Cristo rompiéndola, le hizo saltar el clavo (…). Esta pierna, que escondida sacó Palma de la iglesia, es la que se conserva actualmente como reliquia en la entrada del columbario de la Congregación.
A las ocho de la mañana el templo ardía completamente
El templo estaba ardiendo. Aparecieron  soldados del regimiento de Málaga al mando de un oficial, lograron desalojar el templo y lo acordonaron. Según el relato de Julio Trenas, Francisco Palma comenzó a retirar los bancos, vitrinas y reliquias que había en la Capilla, dejó limpia de leña para que el fuego no se comunicara, salió a la nave central cerrando la verja (…) Buscaba como loco alguno que le ayudara a descolgar el Cristo (…) el humo era bastante denso e irrespirable, salió a la calle, y se encontró a los bomberos, se dirigió a Ramírez y llorando como un niño le pidió dos hombres. Ramírez se fue con él y entraron nuevamente en la iglesia, se amarró un pañuelo como los bomberos; entre llamas y astillas rotas entraron de nuevo en la Capilla, Palma ayudado de este Ramírez descolgaron al Cristo, rompiéndole los brazos y pegados al cuerpo lo envolvieron en el manto de la Virgen de la Soledad. Unos soldados que estaban en la puerta les prometieron  no abandonar la iglesia. Al cabo de una hora de estar allí, los soldados recibieron la orden superior de abandonar el templo, continuando el fuego y la destrucción.
Francisco Palma volvió a casa con la pierna del Cristo que había podido sacar, y así lo relataba su hijo “papá venía mojado, roto y oliendo a humo (…) Yo, que tenía trece años, lo apoyé como pude y tocándome la cabeza con aquella mano cálida de creación subimos los cuatro escalones  rotos, y se lo entregué a mamá. Lloraron juntos, le enseñaba algo que a mi me escondía, pude ver con esa curiosidad de niño y vi un trozo de madera astillado y tronchado, lo besaba como si fuera una reliquia, lavó la ceniza de la policromía con sus lágrimas. ¡El Cristo! ¿Qué Cristo? decía mamá (…) el nuestro, “el de Mena”, mamá lo abrazó y lloraron juntos, yo no dormí”.
El lapso de tiempo que estuvieron los soldados custodiando el templo es en el que se piensa, quienes creen que se salvó el Cristo de Mena, pudo ser sacado de la iglesia de Santo Domingo. Desgraciadamente es improbable ya que en esa hora visitó el templo el Gobernador Civil Jaén Morente (acababa de regresar a Málaga) y según el diario El Cronista de 13/05/1931 “emocionándose visiblemente ante la magnitud de la catástrofe y sobre todo, al serle presentada la talla del Cristo de Mena, joya artística y de inapreciable valor que aparecía mutilada.”. Posteriormente a esta visita, y como he señalado anteriormente, los soldados se retiraron siendo asaltado e incendiado de nuevo el templo.
Afortunadamente sí pudo ser salvada en esos momentos la cabeza de la imagen de María Stma. de la Esperanza por Francisco Sánchez Segarra, que contaba con dieciséis años, y lo relataba así: Me acerqué y vi como alrededor de la iglesia había un cordón de soldados (…) como pude, me introduje en la iglesia. Una vez dentro, encontré a la Virgen de la Esperanza tirada en el suelo de su camarín (…) Sin pensarlo, la cogí, tapé su rostro con sus mismas vestimentas y salí rápidamente del templo.
La versión policial, como afirma Jiménez Guerrero y sustentado en documento firmado por el Comisario Jefe el 15 de mayo de 1931, indica que fue el Concejal comunista Andrés Rodríguez el que capitaneó los grupos que asaltaron, saquearon e incendiaron la Iglesia de Santo Domingo; y al decirle un individuo que aún no se ha podido averiguar quien sea, que respetaran y no quemaran la imagen del Santo Cristo de Mena, contestó que allí se quemaba todo.
La destrucción en la iglesia de Santo Domingo fue total.
Capilla de la Congregación de Mena
Capilla de la Esperanza
Nave central

Convento de las Mercedarias

Este convento situado en el barrio del Molinillo, en la continuación de la calle Molinillo en dirección a la plaza de Salamanca, fue asaltado sobre las tres y media de la madrugada por el mismo grupo que había actuado en el cercano convento del Ángel y capitaneado por los mismos tres individuos. Lo saquearon y amontonaron en el exterior muebles, enseres, imágenes, etc. La llegada de dos Guardias, apellidados Postigo y Espejo, evitó el incendio de la sede, ya que convencieron a los amotinados del peligro que corrían las casas cercanas.
En plena madrugada del día 12 de mayo de 1931, cuenta el periodista Escolar García, sucedió lo siguiente:
Un amigo nos ofreció su automóvil para que en el mismo subiéramos a los montes que rodean a la capital, y desde ellos presenciar el horrible espectáculo (…). Al fin escalamos la curva más alta, desde la cual dominábase la población por completo. Nos detuvimos. El panorama que desde allí presenciamos no se borrará facilmente de nuestra retina. Era verdaderamente aterrador, dantesco, producía escalofríos en el cuerpo y una intensa amargura en el espíritu (…).
La ciudad estaba silenciosa y tétrica. El cielo veíase rojo y negras columnas de humo hacia él ascendían. Era el resplandor de las tremendas hogueras que, en diversos sitios de la capital, elevaban hacia el infinito sus llamas inmensas… Allá el Palacio Episcopal…Más acá Los Agustinos…A la izquierda los Jesuítas…En el centro La Unión Mercantil, y, por último, al fondo Santo Domingo…
Nuestro acompañante y nosotros guardamos silencio. Cerca del auto que allí nos llevó se detuvo otro, que dirigíase hacia Málaga. Lo ocupaba una familia granadina que desconocía lo que desarrollábase en Málaga. Descendieron del vehículo, y se pusieron junto a nosotros. No hablaron ni una sola palabra. Solamente nuestras miradas se cruzaron. En las pupilas de todos se reflejaba una intensa emoción.
Sobre las dos y media de la madrugada, tras una tensa reunión, el Gobernador Civil interino, Enrique Mapelli Raggio, había cedido el mando al Gobernador Militar Juan Gómez García Caminero. Este hecho fue determinante; las razones se desconocen, quizás por impotencia o por no querer ser cómplice de lo que se estaba perpetrando en la ciudad.
Las turbas, desde las cinco de la mañana, se dividieron en varios grupos, cada uno de los cuales tomó un distinto sector para actuar. Y, por ello, a la vez que incendiaban y destrozaban los templos del barrio del Perchel, ocurrían idénticos sucesos en el de la Trinidad, en el de Capuchinos, en la Victoria…

Convento de la Purísima Concepción de Ntra. Sra. de Religiosas Capuchinas

Situado en la calle Huerta del Obispo, cerca del Llano de Doña Trinidad, fue asaltado en torno a las cinco y media de la madrugada. Antes, cuando el Palacio Episcopal ardía, las dieciocho religiosas fueron avisadas por algunos vecinos consiguiendo escapar y refugiarse en casas vecinas. Era el sereno del distrito y algunas buenas personas que acudían para comunicarnos que habían comenzado a incendiar los conventos en el centro de la capital, para que nos pusiésemos a salvo. Escolar García relata que entre las religiosas se encontraban algunas que estaban enfermas y gracias a la ayuda de los vecinos pudieron ponerse a salvo.
En el asalto destruyeron todo lo que encontraron a su paso, produciéndose las primeras escenas de profanación de sepulturas. Así rompieron la losa protectora de la cripta donde estaban sepultados los restos de los marqueses de las Navas, protectores del Convento. El cadáver de la marquesa que no hacía ni un año que había sido traído embalsamado de París fue exhumado. Un grupo de individuos cogió el féretro y lo sacó a la calle. Los esqueletos fueron paseados por las calles, siendo objeto de burla y algazara a una turba de mozalbetes.

Iglesia de San Pedro

La iglesia de San Pedro fue asaltada en torno a las seis de la mañana. Antes, a primeras horas de la madrugada, miembros de la cofradía de la Expiración con D. Enrique Navarro Torres al frente, enterados de lo que había sucedido en los Jesuitas, se habían dirigido al convento de las Adoratrices donde se guardaba el precioso manto de Ntra. Sra. de los Dolores, así como el palio y otros efectos de gran valor, siendo trasladados en camioneta a Almayate. Posteriormente se dirigieron a la iglesia de San Pedro con la intención de montar guardia y evitar su asalto. Pero la oportuna llegada de las fuerzas del ejército con el convencimiento de que lo custodiarían les hizo volver a sus casas, ajenos a cuanto iba a suceder horas después.
Así, avanzada la madrugada, los militares abandonaron su puesto por orden superior. En torno a las seis de la mañana se inició el asalto utilizando hachas, barras y palos. Desde aquella hora, los amotinados fueron completamente dueños del templo, continuando los destrozos y saqueos, hasta que dejaron completamente desmantelada la iglesia perchelera.
Presionados por los vecinos por miedo a que se extendiese el fuego a las casas colindantes, no incendiaron la iglesia que sin embargo fue destrozada, lanzándose las imágenes a una hoguera que se formó en la plaza. Allí se arrojaron, despedazadas, el primer Cristo de la Expiración (una pierna pudo ser salvada por el torero malagueño Andrés Mérida); la imagen del Cristo donada por la viuda de Aldama (la cabeza fue salvada también por Andrés Mérida); la imagen de María Magdalena; etc.
La cabeza de la Virgen de los Dolores (ya que la imagen había sido cortada por la mitad para poder bajarla del Camarín) se cree fue salvada por José López Chica, quien ayudaba a una costurera del barrio a vestir a la Dolorosa. Se hizo con ella y la metió en un saco de cal dándosela a su hermana. En la buhardilla del edificio de la calle San Pedro número 8 vivía su abuelo quien escondió la cabeza en una maceta, envuelta en telas y dentro del saco de cal. Fue el secreto de la familia hasta que al cabo de unos meses fue devuelta a la Cofradía escondiéndose en la casa de uno de los miembros de la Junta de Gobierno, D. Rogelio López Moreno, sita en calle Tacón. La colocó en un pequeño altar en una de las habitaciones de la planta baja que los vecinos utilizaban como trastero, con un cartel de “peligro” en la puerta indicando la existencia de trasformadores de alta tensión en la habitación y que era peligroso entrar.
Francisco Checa Portal, miembro de la Cofradía, relataba lo siguiente: Hay un Miércoles Santo que por las circunstancias que le rodearon, quizá por mis diecisiete años llenos de ilusiones, lo tengo siempre presente. Fue en 1932, en una casa de la calle de Tacón (…) la cabeza de nuestra Virgen (…) fue colocada en un modesto altar y ante ella nos congregamos un reducido grupo presididos por nuestro llorado Enrique Navarro. Recuerdo como si hubiera sido ayer el sentido Rosario que rezamos con un nudo en la garganta.
Semana Santa de 1932
Cuando el Gobernador Civil titular Antonio Jaén Morente tuvo noticias de lo que estaba pasando en Málaga decidió regresar desde Madrid. Llegó a las seis y media de la mañana al Palacio de la Aduana donde le esperaban, el Gobernador Civil interino, Enrique Mapelli; el Gobernador Militar, Gómez García Caminero, que en aquel momento ostentaba el poder; y algunos caracterizados elementos del republicanismo malagueño. Jaén Morente recuperó el mando, esperando darle solución debida a los sucesos que se desarrollaban.
Ordenó fuese colocado en las esquinas de las calles y fuese repartido al público el siguiente bando:
“Acabo de llegar de Madrid, en automóvil, y de un modo inmediato y con conocimiento de la autoridad militar, me he hecho cargo del mando de la provincia. Así lo exige mi dignidad y mi deber. De un modo rápido y a todo trance, hay que restablecer el orden jurídico de la ciudad; lo haré así asistido por vosotros, pues lo exige así la salud de la República. Vuestro Gobernador, Antonio Jaén Morente.”
Posteriormente se trasladó al convento de las Adoratrices.

Convento de las Adoratrices

Se encontraba sito en la calle Cristo de la Epidemia. En el mismo se daba albergue a jóvenes quienes, junto a las monjas, abandonaron el edificio. Varias hermandades guardaban allí sus enseres, algunos de los cuales pudieron ser puestos a salvo como es el caso de la cofradía de la Expiración referido anteriormente.
Al amanecer del día 12 de mayo un grupo de personas violentó la puerta de hierro que tenía el edificio, y accedieron al interior, asaltando la capilla, los dormitorios y los lugares de trabajo en costura y bordados. La destrucción fue total. Se amontonaron en el patio enseres, imágenes, etc. Cuando el incendio se inició fue rápidamente sofocado; estaba haciendo acto de presencia el Gobernador Civil Jaén Morente quien dirigió unas palabras a los asaltantes y logró que depusieran su actitud.
Lugar donde trabajaban las monjas

La capilla
Enseres e imágenes amontonados en el patio

Convento de San Carlos (Pozos Dulces)

Sito en calle Calvo también era llamado la Casa de la Misericordia de Santa María Magdalena o vulgarmente como de “Las Bravas”. Estaba encargada del mismo la comunidad filipense y se dedicaba a guiar por el buen camino a mujeres que después de extraviadas se arrepienten. Del mismo modo en dicho convento se encargaban de la enseñanza a niñas pobres, y también confeccionaban, lavaban y planchaban prendas.
Las noticias que les llegaron de lo que sucedía en la cercana iglesia de San Carlos y Santo Domingo les llevó a abandonar el convento, junto las internas, en plena madrugada refugiándose en casas vecinas y, las que pudieron, en casas de familiares.
Serían las siete de la mañana aproximadamente, cuando un pequeño grupo de exaltados desembocó por la calle del Calvo, con dirección al Convento de San Carlos (…) Como quiera que el grupo tenía evidentes deseos, de prenderle fuego al Convento, algunos vecinos de las casas contiguas se opusieron resueltamente. En ello incidía la cercanía del edificio con una fábrica de aceite y una de alcohol. Ayudó a estos vecinos un conocido republicano, Julio García Zaplana; los asaltantes respondieron que lo único que querían era destruir las imágenes y destrozar la iglesia.
Una vez en el interior destruyeron casi la totalidad del edificio.
Interior del Convento de San Carlos

Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen

En este templo tenían su sede varias instituciones religiosas, destacando sobre ellas la cofradía de Jesús de la Misericordia y la Virgen del Gran Poder. Sin duda destacaba la capilla del Cristo de la Misericordia, la cual había sido decorada por legos carmelitas; era una verdadera joya.
Capilla de Jesús de la Misericordia antes de los sucesos de Mayo 1931
En torno a las siete y media de la mañana el mismo grupo que había asaltado la iglesia de San Pedro se dirigió por la calle Pavía y Ancha del Carmen hacia el templo carmelitano. Los amotinados irrumpieron en el templo empezando el destrozo de los altares y enseres que en el mismo había. Casi todas las imágenes eran sacadas a la puerta, donde las destrozaban, echándolas en una hoguera.
En el interior del templo algunos de los asaltantes pretendieron alcanzar el lugar donde se ubicaba la imagen de la Virgen del Carmen. Unos usaron la escalera para acceder al camarín, otros pretendían hacerlo a través del mismo altar mayor. Finalmente la imagen de la Virgen del Carmen fue arrojada desde el interior del camarín a la nave del templo. Algunos se apoderaron de las ropas que portaba.
La imagen de la Virgen del Gran Poder pudo ser salvada por un hermano de la cofradía llamado José del Olmo. En 2005 se conoció que fue salvada otra imagen, la de un Cristo atado a la Columna presumiblemente obra de Fernando Ortiz; fue salvada por José Ruiz, trabajador de la aceitera Larios, transportándola al almacén de aceite y escondiéndola en la forja.
Edward Norton afirmaba: Poco después vimos a otro grupo saqueando la iglesia del Carmen (…) En la pequeña plaza a la entrada de la antigua y pintoresca iglesia se amontonaban las sillas, los muebles de la sacristía y los confesionarios, hechos pedazos y listos para quemar.
La iglesia del Carmen se hallaba a las nueve de la mañana destrozada por completo, custodiándola una pareja de seguridad.
No fue incendiada debido a la intervención de los vecinos.

Asilo San Manuel

Situado en la calle Fortuny, era gestionado por la Orden de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y lo mantenían gracias a donativos y la limosna que pedían por los domicilios. Impartían enseñanzas a niñas internas pobres hasta que cumplían la mayoría de edad y a niñas externas de los alrededores.
Tras el asalto a la iglesia del Carmen, el mismo grupo se desplazó hacia el Asilo. Las monjas y las internas habían desalojado el edificio; una de las monjas, de mediana edad, fue vista por unos mozalbetes que la persiguieron buen trecho, con bromas y amenazas, hasta que la monja fue protegida por un caracterizado republicano que, por el Arroyo del Cuarto, la llevó a determinada casa, donde aquella quería refugiarse.
Alrededor de las ocho de la mañana violentaron las puertas del Asilo comenzando el saqueo y la destrucción. Mezcladas con las turbas iban mujeres, que entraban y salían constantemente, llevando escondidas bajo los delantales ropas, enseres y objetos que robaban de la residencia de las monjas y las internas. Penetraron en la capilla del asilo donde se veneraba la imagen de la Purísima Concepción, empezando a destrozar los altares y enseres religiosos. Señalaba Edward Norton lo siguiente: El saqueo de San Manuel (…) estaba en su apogeo(…) Arrancaban las puertas, las ventanas y los postigos de sus marcos y las arrojaban a la calle. Después tiraron las cunas de los niños, sillas pequeñas y mantas (…) encendieron una nueva hoguera y luego otra más (…) se estaban destruyendo las provisiones de las monjas, los alimentos que habían mendigado para sus huérfanos. Botes de aceite, sacos de harina y arroz, cajas de bacalao, todo fue arrojado a las llamas.
Hizo acto de presencia el Gobernador Civil Jaén Morente quien pistola en mano, y ayudado de varias parejas de soldados, logró que cesara la destrucción del asilo. Cuando se marchó el saqueo continuó, a pesar de que algunos soldados permanecieron en las inmediaciones.

Iglesia de San Pablo

Aproximadamente a las ocho de la mañana se produjo el asalto a la iglesia de San Pablo. En este caso se unieron a los asaltantes niños y jóvenes que vivían por los alrededores. Todos ellos con una furia tremenda lograron rápidamente violentar la verja y más tarde echaron abajo la gran puerta de entrada, irrumpiendo dentro del templo, donde a poco se sentía la tremenda baraúnda, el ruido inconfundible que producía el destrozo de los altares, imágenes, enseres, confesionarios…
Fueron profanadas las criptas donde se encontraban los restos del sacerdote Francisco Vega, fundador de la iglesia; de Ventura Terrado y otros protectores del templo. La calavera del sacerdote, prendida en lo alto de un palo, fue paseada por la calle.
La imagen de la Soledad de San Pablo, atribuida a Pedro de Mena y posteriormente a Fernando Ortiz, fue  sacada y arrastrada por la calle Trinidad hasta que en el lecho del río Guadalmedina fue quemada.
En una hora la destrucción del templo fue total.

Iglesia de la Aurora María

Casi al mismo tiempo que se asaltaba la iglesia de San Pablo, se producía el de la iglesia de la Aurora María en la ribera del río Guadalmedina, en la entrada de calle Mármoles. Allí tenía su sede la Hermandad de la Sentencia; así, antes de que llegaran las turbas, algunos hermanos consiguieron esconder el trono con la imagen en una cochera en las inmediaciones del templo. Sin embargo, alguien vio la maniobra y no tardaron los exaltados en situarse en las puertas de la mencionada cochera pidiendo le fuera entregado , y caso contrario le prenderían fuego a la casa (…) se abrió la puerta de la cochera y en ella entraron unos cuantos. Echaron la imagen de Jesús de la Sentencia en la hoguera que habían formado en la calle
Rociaron con gasolina el coro y los altares prendiéndoles fuego; poco más tarde por ventanas y puertas salían densas columnas de humo.
Altar Mayor de la Iglesia de la Aurora María

Ermita de Zamarrilla

Mientras un grupo de jóvenes se unía a los asaltantes de la iglesia de San Pablo, al mismo tiempo otro grupo, de unos diez individuos, se dirigió a la ermita de Zamarrilla donde se veneraban María Stma de la Amargura y Jesús del Santo Suplicio.
En las crónicas de la época se extendió que la sacristana de la Ermita, Dolores Fernández, había conseguido salvar a tiempo a la Virgen escondiéndola en lugar seguro. Lamentablemente no fue así. las imágenes fueron sacadas de la ermita siendo incendiadas en una hoguera que se formó en el lateral del edificio.

Iglesia de San Patricio

En torno a las nueve de la mañana se produjo el asalto a la iglesia de San Patricio ubicada en el barrio de Huelin. A él se habían trasladado quienes habían previamente destruido el asilo de San Manuel.
El templo se encontraba vacío ya que la noche anterior se había marchado su párroco Horacio Campos. A este templo le quisieron prender fuego; pero, los vecinos de las casas contiguas a la iglesia, temerosos de las consecuencias que hubiera podido tener el fuego, lo evitaron.

Iglesia de la Merced

Si bien a la una de la madrugada había sufrido el primer asalto a pesar de la actitud valiente de su párroco D. Antonio Gavilán, desde las ocho de la mañana se congregaron varios grupos en la plaza. La iglesia de la Merced era uno de los principales templos de Málaga, teniendo su sede hermandades y cofradías como la Sangre, Descendimiento, Gitanos o Viñeros. Poseía una sola nave en forma de cruz y una notable portada; las vidrieras a determinadas horas del día provocaban en el interior unos magníficos juegos de luz.
Fachada de la Iglesia de la Merced antes de Mayo de 1931
Altar Mayor antes del 12 de Mayo de 1931
Serían las diez de la mañana cuando los nutridos y exaltados grupos situados en actitud amenazadora situados frente a la iglesia de la Merced lograron, después de dos intentos fracasados, burlar la vigilancia del cordón de soldados que rodeaba este templo, penetrando en el interior después de romper las puertas. En ese momento comenzaron los saqueos y destrozos. Llegaron más Guardias de Seguridad que fueron apedreados; éstos, para defenderse, lanzaron varios disparos al aire. Del enfrentamiento resultaron diversos heridos, entre ellos un niño de 12 años. Los Guardias tuvieron que replegarse hacia el cuartelillo situado en calle Álamos; los exaltados los siguieron intentando asaltar el Cuartel para conseguir las armas. Afortunadamente no lo consiguieron.
Así, la iglesia de la Merced y su valioso patrimonio quedaron totalmente desprotegidos. Narciso Díaz de Escovar relata que: Al verse sin obstáculos los grupos penetraron en el templo con teas de esparto y líquidos inflamables. Empezó el incendio por las habitaciones del párroco. Éste fue llevado por un soldado y otras personas a una casa vecina entre injurias y amenazas. El saqueo fue completo, horrible y en extremo sacrílego (…) Se forman dos hogueras inmensas. Una en la plaza de la Merced frente a la fachada de la iglesia. Allí fueron quemadas la mayoría de las imágenes que desde sus altares eran arrastradas por turbas frenéticas. La otra hoguera se encendió en la explanada del Teatro Cervantes.
Iglesia de la Merced el 12 de mayo de 1931
El edificio ardió por varios lados. El incendio no pudo ser extinguido hasta las dos y media de la madrugada del día 13, volviendo a reproducirse el día 17 en la zona de la Sacristía. Este fue el triste resultado:
Pocos días después de extinguido el incendio
Testero de la Epístola
La iglesia de la Merced no se reconstruyó permaneciendo en estado ruinoso en la emblemática plaza hasta 1963, como símbolo de lo que había sucedido en Málaga.

Convento de las Carmelitas (Conv. de San José)

Se encontraba situado en el barrio de La Goleta y se dedicaban estas religiosas, pertenecientes a la Orden de las Carmelitas Descalzas, a confeccionar relicarios. A las once y media de la noche del día 11 las religiosas habían abandonado el convento tras recibir el aviso de los hechos que se estaban produciendo, refugiándose en una casa cercana y posteriormente en casas de familiares. A las once de la mañana del día 12 se produjo el asalto. En poco tiempo destrozaron muebles, imágenes y enseres prendiéndoles fuego en el compás del convento.

Convento de la Encarnación

Perteneciente a la Orden de las Recoletas Bernardas del Císter estaban al cargo de una casa de arrepentidas. Situado entre las calles Álamos, Beatas y la plaza del Teatro (hoy se encuentran en El Atabal), en la madrugada del día 12 había sido desalojado.
Hubo un primer intento de asalto a la una de la madrugada, pero desistieron al ver que las religiosas ya se habían marchado. A las once de la mañana volvieron y rompieron puertas, cristales y mobiliario. El asalto duró hasta las once de la mañana del día 13 por estar abierta la puerta de calle Beatas. Ese día prendieron fuego a las veintiuna imágenes de la iglesia, entre ellas algunas esculturas de gran valor. Los vecinos lograron apagar el fuego.
Se había extendido el rumor, durante la fatídica mañana del martes 12 de mayo de 1931, de que las organizaciones obreras habían convocado un paro para esa jornada. Así, sobre las once de la mañana el paro, nunca convocado, se había extendido por la ciudad.

Iglesia de Santiago

Parte de los asaltantes de la iglesia de la Merced, en torno a las once y media de la mañana, se dirigieron a la cercana iglesia de Santiago, donde tenían su sede la cofradía de Jesús El Rico y la Humildad.
No les resultó complicado violentar las puertas y comenzar la destrucción de altares, imágenes, confesionarios y demás artesonados. El ruido que producían era verdaderamente atronador. Desde el coro de la iglesia, y por la ventana, lanzaron a la calle Granada el armórium que quedó totalmente deshecho.
Un grupo de ellos se apoderó de la imagen de Ntro. Padre Jesús El Rico, trasladándola a hombros hasta la Plaza de Riego, en medio de la burla general, arrojándola después a la hoguera que habiase formado ante la iglesia de la Merced.
El asalto duró hasta la una de la tarde, dejando el templo con un aspecto desolador:
Señala Escolar García: Lo más doloroso era que, ya en pleno día, seguían los acontecimientos desarrollándose rápidamente, y si cabe con mayor importancia y resultados más graves que los anteriores. La población, en general, se hallaba consternadísima. La reacción ciudadana no se veía surgir por ninguna parte.
A las doce y media de la mañana del 12 de mayo de 1931 se declara en Málaga el Estado de Guerra, después de una reunión convocada por el Gobernador Civil Jaén Morente. Ello conllevaba diferir el mando de la capital y provincia al Gobernador Militar. En el bando de proclamación de Juan Gómez García Caminero se señalaba que el espectáculo deplorable de incendios y saqueos impropios de una ciudad culta había sido provocado por elementos perturbadores de extrema izquierda y derecha, a los que seguramente es ajeno el buen pueblo de Málaga.
La reunión en la que se concluyó la declaración de estado de guerra había comenzado a las doce del mediodía; a esa misma hora se asaltaba la iglesia de San Juan.

Iglesia de San Juan

Según Edward Norton, fue el mismo grupo que había asaltado la iglesia del Carmen y el asilo de San Manuel el que actuó en la Iglesia de San Juan: Desde la calle Cuarteles se oyó un clamor de voces cada vez más alto…Movidos por el inexplicable impulso de la multitud, todos se alejaron corriendo de nuestro lado gritando, ¡A San Juan! ¡A San Juan!. Como no había ningún policía a la vista la multitud hacía su voluntad. Subiendo calle Cuarteles surgió una masa humana enloquecida, dispuesta a destruir San Juan, una de las iglesias de moda de la época. Era la sede de Fusionadas y La Puente.
En torno a las doce del mediodía llegaron a la iglesia y abrieron las tres puertas de acceso a la misma, así como las de la vivienda del párroco. Dentro, el ruido de la destrucción era atronador; las imágenes eran tiradas desde los altares, siendo rotas contra el suelo…Uno de estos, se apoderó de la Virgen de la Paloma y, con un cuchillo, le saltó ambos ojos. Las lámparas que pendían de los techos de las naves del templo, para echarlas abajo, le lanzaron una cuerda, a la cual se colgaron varios de ellos, haciendo caer la lámpara hecha pedazos.
El altar mayor, de mármol con ornamentación arquitectónica, fue derribado amarrándose unas cuerdas en la parte superior; desde el coro, en la parte opuesta a la nave principal, comenzaron a tirar hasta que cayó sobre la nave principal quedando destrozado.
Todas las imágenes sufrieron daños; el Stmo. Cristo de la Exaltación fue arrastrado y quemado en la calle Pozos Dulces, pudiendo rescatarse la cabeza.
A la una y media de la tarde, la iglesia de San Juan, quedaba interiormente hecha un horror.

Convento de San José de la Montaña

En torno a las doce del mediodía, al mismo tiempo que se asaltaba la iglesia de San Juan, fue asaltado este convento. Se encontraba situado en la avenida del Hospital Civil y se destinaba a la manutención y enseñanza de niñas, en su mayoría huérfanas y pobres. Por cierto, el Hospital Civil no fue violentado al izar en él la bandera republicana y de la Cruz Roja.
Fue asaltado por el grupo que había actuado en el convento del Ángel y de las Mercedarias, aproximándose por el Puente de Armiñán. Afortunadamente se encontraba vacío ya que había sido abandonado a primeras horas de la noche
El destrozo de todo lo que allí había, gracias en gran parte a la caridad, fue muy rápido. Antes de incendiar el Asilo de San José de la Montaña, cogieron la imagen de San José, destrozándola contra el suelo. Sus pedazos fueron después echados a la hoguera que formaron en uno de los patios. Los cepos que existían a los pies de esta efigie fueron violentados apoderándose del dinero y de las cartas, con súplicas de los fieles…las cuales fueron también arrojadas a la hoguera.

Iglesia de San José

El grupo que había actuado en el convento de las Carmelitas se dirigió a calle Granada, concretamente a la iglesia de San José.
El asalto se produjo en torno a las doce y media, en el mismo momento en que se publicaba el bando declarando el estado de guerra. Un comerciante domiciliado en una casa cercana a la iglesia, con su decisión y energía, evitó que los amotinados incendiaran el templo, logrando con sus palabras y consideraciones, que depusieran su actitud siniestra. Sin embargo, no pudo evitar que, al poco tiempo, lograran entrar en la iglesia, en la cual causaron daños y destrozos de gran importancia, hasta que llegó la fuerza pública, desalojándolos de aquel lugar enérgicamente. Entre los destrozos, los producidos en las imágenes de la hermandad de las Penas.
 La iglesia permanecería cerrada hasta el mes de noviembre de 1935.
Un grupo pequeño de revoltosos quiso aprovechar un descuido de los soldados que se hallaban en la calle de los Álamos custodiando un montón de muebles y enseres que estaban colocados frente a la puerta del convento de la Encarnación, queriendo prenderle fuego a los mismos. Las fuerzas del ejército repelieron enérgicamente a los exaltados y dieron una carga, lo que motivó la alarma natural y las consabidas carreras y cierres de establecimientos.
Custodiando los enseres del Convento Encarnación horas después de ser saqueado

Iglesia de los Santos Mártires

Al mismo tiempo que era saqueada la iglesia de San José, el mismo grupo que había asaltado la iglesia de San Juan se había dirigido a la parroquia de los Santos Mártires. En la misma tenía su sede la cofradía de Jesús Orando en el Huerto. Además se veneraban otras imágenes también con un gran valor artístico y devocional; así es el caso de la Virgen de las Lágrimas, obra de Pedro de Mena.
Cultos a la Virgen de las Lágrimas, antes de Mayo de 1931
Virgen de las Lágrimas
La iglesia de encontraba en obras, estando apuntalada con apeos de grandes armazones de madera. Fueron abiertas sus dos puertas, comenzando la destrucción. El popular Cristo de Limpias (del que era muy devota la madre del fundador de la hermandad de las Penas) fue quitado de la Cruz donde estaba clavado, cometiendo con dicha imagen inícuos atropellos, tirándola varias veces contra el suelo, hasta que lograron romperla. Igual hicieron con las imágenes del Cristo orando en el Huerto y la Concepción Dolorosa (la imagen del Señor pudo salvarse y restaurarse; no así el resto).
Penetraron en la Sacristía y dependencias del templo causando innumerables destrozos.
Cuando llegó la fuerza pública puso en precipitada fuga a los amotinados, de forma tan enérgica como contundente. Pero el daño ya estaba hecho.
Como consecuencia de la declaración del estado de guerra, se dio orden directa de impedir los asaltos. Comenzaron a salir a la calle las fuerzas del ejército de que se disponía en los cuarteles, las cuales tomaron los sitios más estratégicos de la población, mientras que diversas patrullas empezaron a recorrer las calles.
Convento de las Mercedarias custodiado (había sido asaltado a las dos y media de la madrugada)
Iglesia de San Pablo custodiada en la mañana
Sin embargo, el fatídico 12 de mayo de 1931 no había terminado aún.
Pasadas las doce y media del mediodía, declarado el estado de guerra y con el ejército en las calles, comenzaba a reconducirse la situación; a pesar de ello, quedaba daño por hacer.

Convento de las Esclavas Concepcionistas del Sagrado Corazón y la iglesia de la Concepción

Un grupo de asaltantes entró en el convento sito en calle Liborio García, colegio de las Esclavas; lo hicieron por la puerta principal y por la que se encontraba en la calle Siete Revueltas. Al mismo tiempo penetraron en la iglesia entrando por calle Nueva. El asalto fue feroz. Escolar García nos relata que: Por las ventanas que dan a la calle Siete Revueltas, los amotinados empezaron a arrojar ropas, colchones y enseres, que eran recogidos por los que hallábanse en la calle (…).
Los soldados llegaron tarde, pero llegaron. Desalojaron a los asaltantes con varias cargas, e incluso hubo varios detenidos; los primeros después de más de doce horas ininterrumpidas de destrucción.

esclavas

En estas horas se formó un movimiento para detener los asaltos, una Guardia Cívica que acompañaría a los militares formada en su mayoría por militantes del partido republicano-socialista. Como señala el periodista Escolar García:(…) comenzaron a destacarse jóvenes y obreros, aconsejando calma y pidiéndoles a todos que regresaran a sus hogares. Unos grupos atendían los requerimientos de estos jóvenes y trabajadores republicanos, marchando a sus casas; pero otros, entre los que se observaba la presencia de maleantes, no lo hacían, y , en vista de ello se procedió a efectuar una acción ciudadana y policíaca, para castigar y detener a los saqueadores de profesión.
El Gobernador Militar, Pérez Caminero, telefoneó a Sevilla, Ronda y Algeciras para que enviaran tropas de refuerzo; igualmente hizo con Melilla para que llegaran más fuerzas de la Guardia Civil. Los refuerzos llegaron a las nueve de la noche del día 12 y en la mañana del día 13.

Convento de las Dominicas de la Aurora y Divina Providencia (vulgo Catalinas)

En torno a la una del mediodía un grupo, según Temboury, de unos doscientos jóvenes llegó a la calle Arco de la Cabeza, y en solo media hora destrozó el convento de las Catalinas. Los asaltantes forzaron las puertas de la iglesia y de la portería inmediata al convento. Ya comenzaba la práctica tristemente habitual consistente en sacar los enseres y las imágenes a la puerta con la intención de quemarlos. Ello fue impedido, como en algunas otras ocasiones, por los vecinos por temor a que el fuego se propagase. A las dos de la tarde los soldados hicieron acto de presencia y evitaron igualmente el incendio, al menos en ese momento. Repuesta supuestamente la calma, los soldados se marcharon y llegó otro grupo que se llevó los enseres a las calles Moreno Mazón y Carretería (por entonces Torrijos), más amplias, cumpliendo el propósito de incendiarlos.

COMEDOR Y CORO BAJO CONVENTO CATALINAS

Convento de las Catalinas
Jaén Morente hizo acto de presencia en la zona para pedir calma y prudencia.

Convento de la Esperanza

En torno a las dos de la tarde se produjo el ataque a este convento situado en el número 27 de la calle Refino. Según Escolar:  Su puerta fue rápidamente echada abajo, y en el convento penetraron los hombres, mujeres y niños, alocados, en busca de la destrucción y el saqueo.  Sacaron ropas y enseres y les prendieron fuego. Llegaron las fuerzas del ejército y se produjeron nuevas detenciones.

convento esperanza calle frailes

Iglesia de Santa Cruz y San Felipe Neri

A la misma hora que era asaltado el convento de la Esperanza, un grupo de jóvenes que había participado en la destrucción de la iglesia de la Merced llegaron hasta el final de la calle Guerrero.
En los momentos previos a ello se produjo un hecho que, por desgracia, no fue habitual en el transcurso de los tristes sucesos. Se trata de la salvación de dos imágenes: la imagen de María Stma. de los Dolores, obra de Fernando Ortiz y titular de la Venerable Orden Tercera de Siervos de María; y la del Cristo de los Afligidos. La primera de ellas fue salvada in extremis por los siguientes hermanos: Francisco Cames, Leopoldo Werner y Ricardo Gross de Orueta. Se cree que la imagen, sacada por la puerta de la Sacristía que daba a la calle Cabello,  fue llevada en primer lugar a una casa de citas ubicada en la misma calle, para ser llevada en los días siguientes a una casa particular y a la catedral. El Cristo de los Afligidos, conocido como el “Señor de los Credos”, fue salvado por un devoto.
Los asaltantes entraron en el templo, a pesar de que un procurador de arbitrios trató de impedirlo. Sacaron las imágenes y los enseres a la calle Parras y a la plaza Montaño, donde se formaron dos grandes hogueras. El saqueo y el incendio duró hasta pasadas las tres de la tarde, momento en que llegó el ejército produciéndose dos detenciones. Una de las imágenes que fue destruida era la primera imagen titular de la Orden Tercera, obra de Pedro de Mena y que había sido donada por el fundador el Conde de Buenavista.

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ALTAR DEL CRISTO AFLIGIDOS SAN FELIPE TRAS 1931

RETABLO MAYOR SAN FELIPE NERI

Convento de las Reparadoras

A las tres y media de la tarde, en la plaza de San Francisco, se produjo el ataque al convento. Lanzaron muebles y ropas al patio, y en la plaza quemaron diversos enseres. Escolar García señalaba que, una vez que los amotinados entraban en los templos o en los conventos, el sonido que procedía de su interior era inconfundible y tétrico; era el sonido de la destrucción que se repetía ya desde hace más de quince horas.

convento de las reparadoras

Convento de las Bernardas

En calle de la Victoria un grupo de asaltantes llegó hasta el convento de las Bernardas, eran ya las cuatro de la tarde del día 12 de mayo. Procedieron como de costumbre, lanzando las imágenes y los enseres a la calle para prenderles fuego. Sin embargo, esta vez sí fue impedido por la fuerza pública. De esos momentos existe una fotografía en la que se ve la imagen del Stmo. Cristo Resucitado, atribuida durante largo tiempo a Fernando Ortiz, tirada en la calle junto con diverso mobiliario a punto de ser quemada; fotografía que ha pasado a la historia.
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Capilla de calle Agua

Una parte del grupo que caminaba por la calle de la Victoria, y no se detuvo ante el convento de las Bernardas, continuó avanzando hasta la capilla de calle Agua. Tardaron muy poco en destrozarla.
Las detenciones, que se iniciaron muy tarde, se sucedían en estas horas llegando al centenar.

Iglesia de San Lázaro

El grupo de calle de la Victoria siguió subiendo y llegó a San Lázaro. Eran las cuatro y media de la tarde. Rompieron la puerta y uno de los amotinados lanzó una cuerda con nudo corredizo al Cristo de San Lázaro, enganchándolo por la cabeza. Tiró violentamente, y el Señor y la cruz, dando grandes traspiés, cayó desde el altar a la nave del templo, donde fue destrozada. La imagen de la Virgen del Rocío fue descendida de su altar y rota a hachazos (…) Saquearon además el almacén que poseía la Hermandad de los Pasos del que sacaron, arrojándolos a la hoguera, los Pasos y efectos procesionales.” Igualmente destrozaron la cripta profanando los nichos.

san lazaro2

Todo había acabado; a las cinco de la tarde del día doce de mayo aún ardía la iglesia de la Merced. La prensa de aquel 12 de mayo se hacía eco del inicio de la barbarie, quedaba por contar lo que había pasado en las horas siguientes.

12.05.1931

A las nueve de la noche llega un destacamento formado por dos compañías del Batallón de Montaña Alba de Tormes de Ronda. Las calles céntricas se quedaron desiertas…Lo cierto fue que , desde las diez de la noche, la impresión de la capital-tomada militarmente-era desconsoladora…Deprimía el ánimo.
A pesar de ello, en aquella noche fue provocado un incendio en el asilo del Niño Jesús, siendo detenidos sus autores.

El día después

Miércoles 13 de mayo. Amanece un día claro, despejado y luminoso. La ciudad recobró su acostumbrado aspecto, aunque con ciertas cautelas; la presencia militar era una constante por las calles.
La prensa no podía hablar de otra cosa, el titular del diario El Cronista califica de memorable lo sucedido los días anteriores en la ciudad de Málaga.

13.05.1931

Se iba a producir a primeras horas de esa mañana una sorprendente noticia: dimitía el Gobernador Civil Jaén Morente. Recibió a los periodistas y les manifestó que se hallaba apesadumbrado y dolorido por los hechos que se habían producido. El telegrama en el que presentaba su dimisión al Jefe del Gobierno concluía así: “Estima, sin embargo, que habiendo tenido por contra la desgracia de presenciar parte de los sucesos, debe poner y pone a su cargo a la disposición del Gobierno.”  Horas más tarde fue aceptada la dimisión, abandonando Málaga el señor Jaén Morente.
El alcalde, que también había estado ausente durante el inicio y desarrollo de los sucesos, señor Emilio Baeza, ordenó que los edificios siniestrados fueran tapiados. Dos días tuvieron que emplear para ello los operarios municipales. Fue elogiada por el señor Alcalde la labor de los bomberos, que trabajaron sin descanso durante muchas horas.
Y ¿qué sucedió con el gobernador militar General Gómez García Caminero? En la tarde del día 13 organizó una parada militar por la calle Marqués de Larios, la cual fue presenciada por numeroso público que le vitoreó. Algún sector de la prensa lo trató como un héroe y como el artífice de la reposición de la calma gracias a la declaración del estado de guerra. Olvidaron su papel en el inicio de los sucesos y que declarado el estado de guerra continuaron produciéndose ataques; el mencionado sector justificaba lo anterior señalando que la permisividad había sido malentendida. Concedió un plazo de cuatro días para que se devolviera lo que se había saqueado; muchos, voluntariamente, devolvieron lo que habían sustraído, otros los arrojaban en lugares alejados y en la vía pública.

Consecuencias

El Gobierno de la República dictó una declaración condenando los hechos. El mismo día 13 tomaba posesión en Madrid el nuevo director general de Seguridad, que sustituía al dimitido Carlos Blanco. El presidente del Gobierno, Alcalá Zamora, insistía en que los sucesos lo que trataban era de desprestigiar a la República y que ni el ejército más fuerte del mundo hubiera podido evitar lo sucedido.
En los días siguientes, Caminero fue llamado a Madrid por el ministro de la Guerra; el propio General comentó a la prensa que el Gobierno le había encomendado el mando de una Brigada en Madrid. Posteriormente fueron llamados el que fue durante aquellos días gobernador civil interino, Enrique Mapelli; y el dimitido Jaén Morente. Mapelli cargó contra Caminero, acusándole de haberle arrebatado el mando, aquel quien tenía la obligación y la orden de ayudarle.
Se nombraron seis jueces especiales, 250 procedimientos incoados que quedaron en muy poco o en nada. Escolar García entrevistó a una destacada personalidad militar quien le comunicó: Un trabajo abrumador, enorme, ha pesado sobre los jefes y oficiales del Ejército, que ha llevado el peso de las actuaciones… Seguramente se elevarán a más de 500 (procesados) por delitos de relativa importancia, existiendo otros muchos por faltas leves.
Respecto a estos procedimientos recomiendo encarecidamente la lectura de  La quema de conventos en Málaga, de Jiménez Guerrero, quien realiza un estudio exhaustivo de aquellos procesos judiciales. Pero, a título de ejemplo, haré mención al proceso relativo al asalto de la iglesia de Santo Domingo. Según la versión policial, el concejal comunista Andrés Rodríguez capitaneó los grupos que asaltaron, saquearon e incendiaron el templo dominico; realizadas las pesquisas judiciales, se dieron por terminadas sin declaración de responsabilidad. Los demás procedimientos que se incoaron en relación al mismo asalto se archivaron tras las diligencias previas o se dictó sentencia absolutoria tras la celebración de juicio oral. Era como si nada hubiese sucedido.
La condena de la pérdida de gran parte del patrimonio histórico-artístico fue perpetua para los malagueños.
santo domingo
Fuentes: El Cronista 12/05/1931, 13/05/1931- Archivo Díaz de Escovar// ESCOLAR GARCÍA, J., Los memorables sucesos desarrollados en Málaga los días 11 y 12 de mayo de 1931.Un reportaje histórico. Tip. del Conde, 1931.[Textos en cursiva]/JIMÉNEZ GUERRERO, J., La quema de conventos en Málaga. Ed. Arguval, 2006.
 
Fotos: Legado Temboury/ ESCOLAR GARCÍA, J., op.cit.
 
Fuente: nosoloalameda

Origen: Los sucesos de 1931

4 comentarios en “Los sucesos de mayo de 1931

  1. Esa información es falsa, realmente ganaron los monárquicos y en un golpe de estado se instauro la república impidiendo las votaciones provinciales a diputados y las de senadores.

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    • Tienes razón… cuando se conocieron los resultados de las ciudades más pobladas (favorables a la república) se preescindió de los demás datos. Las poblaciones rurales (inferiores en número de habitantes) mayoritariamente eran contrarios a la república y de haber habido un recuento legal, no hubiera ganado la república. Además no se votaba república SI o NO. Eran elecciones Municipales.

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  2. …11 y 12 de mayo de 1931 la furia anticlerical provocó una serie de disturbios en diversas localidades de España: Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, Jerez, Algeciras, Granada, Córdoba y Sevilla; ninguna fue tan afectada como la ciudad de Málaga…

    Desde que lo estudió Le Bon, sabemos que no existen los motines “populares”, sino que hay alguien que lo piensa, organiza y manda la orden, que a su vez es ejecutada por gente estructurada en organizaciones.

    Así, en solo 2 días, en esas 12 ciudades y en muchas más, hay una organización que tiene como objetivo la destrucción sistemática de la Iglesia Católica. (el odio es a la Iglesia Católica y a sus ministros; no a otras religiones).

    Azaña, colaboró en todo ésto, impidiendo la actuación de la autoridad pública y justificando los destrozos.

    Con ello, no solo prepara y fomenta las tropelías del Frente Popular, que acaban en una revolución contra la República y por la que se levanta el ejército de África; es que deslegitima la República y consigue que las potencias europeas se declaren neutrales durante la Guerra Civil.

    Por cierto, que Lenin también hizo lo mismo antes
    -los revolucionarios españoles no fueron los primeros; aunque probablemente la finalidad fue la misma-.

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