Hoy también amaneció – Arcadi Espada – Opinion Home | EL MUNDO

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ARCADI ESPADA

15/01/2017 03:04

Mi liberada:

Como te adelanté la semana pasada, en la pregunta anual de Edge hay útiles respuestas para el periodismo. El oficio lleva años lamiéndose las heridas de la irrupción digital. Pero extrañamente, y a diferencia de lo que deben hacer los oficios sometidos por la realidad a una crisis devastadora, no lo ha aprovechado para revisar a fondo su naturaleza. El oficio trata de adaptarse a la pérdida del monopolio en la conversación social cambiando de piel y sin preguntarse hasta qué punto puede seguir siendo lo que ha sido. Una línea posible de renovación está contenida en lo que se llama Tercera Cultura, de la que Edge es su principal portavoz. Yo he aprendido mucho del movimiento, que en el fondo no propone más que la aplicación del método científico y del pensamiento crítico, pleonasmo; y creo que el oficio puede también hacerlo. Debería empezar por el principio, que es la verdad. Postruth es la palabra del año, pero el periodismo hace mucho tiempo que la pronuncia. Durante la segunda mitad del siglo XX fue sensible a las majaderías posmodernas y antirrealistas y trató la verdad como si fuera un relato más. El periodismo, sobre todo en la Europa no anglosajona, fue casi siempre un oficio de gente de izquierdas y la izquierda post 68, esa izquierda fragmentadora que prefirió las políticas de la diversidad a la fuerza aglutinadora de lo común, recelaba de la verdad por su carácter autoritario: esa cosa incomodísima de la verdad, que es una y cazurra a diferencia de su némesis, siempre tan plural, diversa, antidogmática, poseuse ¡y gochista! La verdad era de derechas. El punto de vista aún colea entre los patéticos restos del naufragio. Hace algunas semanas y durante las maniobras de botadura de lo que quiere ser un medio de comunicación vinculado al partido Podemos, uno de sus portavoces del género humano aún sentenciaba que la objetividad no existe.

El modelo débil de la verdad se ha manifestado de muchos modos en el periodismo. Uno de los más dañinos es la equidistancia entre verdad y mentiras y la consideración de que la verdad es una versión más de los hechos. Las informaciones siempre han tenido el prurito democrático de darle a la mentira la oportunidad de expresarse. Aunque el periodista tuviese pruebas de que un hecho es verdadero daba la palabra al que lo negaba. Hasta hace unas cuantas semanas el Times no percibió cómo esa práctica distorsionaba la representación de la realidad y las obligaciones del oficio. Tuvo que llegar Trump para que lo hiciera. Tal vez demasiado tarde. El público, mecido en el líquido amniótico digital y en la adulación permanente de sus creencias, ya es capaz de sostener con la impasibilidad que solo da la burricie que el sintagma Roma venció a Cartago es una simple versión de los hechos. El psicólogo David Pizarro, en sus respuestas a Edge, da cuenta del mecanismo psicológico (razonamiento motivado) que consiste en creer de modo más rápido y fácil los hechos que confirman nuestras convicciones antes que aquéllos que las perturban. Lo que lleva a pensar si no es el motivo comercial lo que prescribe la equidistancia. El cliente siempre tiene razón.

Recordarás que Steven Pinker proponía recuperar el segundo principio de la termodinámica. Parte de su respuesta detalla otra cosa importante que la Tercera Cultura puede hacer por el periodismo: “La segunda ley presupone que la desgracia puede no ser culpa de nadie. El mayor avance de la revolución científica fue arrumbar la intuición de que el Universo está saturado de designios, que todo sucede por una razón. Esto impulsa a la gente a buscar a un acusado, a un demonio, a un chivo expiatorio o a una bruja a los que castigar por ello”. Al periodismo le aguardaría una vida difícil sin culpables. Siempre hay que hacer dimitir a alguien. Pero en muchas ocasiones la exigencia solo describe una visión inmadura de lo real que se completa con esa búsqueda forzada del sentido de las cosas que confunde la vida con la novela.

Jared Diamond, el autor de Armas, gérmenes y acero, propone una recuperación conceptual subversiva: el sentido común. Cita en su respuesta edgiana la recomendación de Mr Bridgess, su viejo profesor de geometría: “Use el sentido común y no se deje seducir por los detalles. Tarde o temprano alguien descubrirá errores en esos detalles”. Una recomendación ideal contra el periodismo conspiranoico. A la luz de un foco desmesurado, cualquier asunto revela oscuridades en la cadena de sucesión de los acontecimientos. Cuando el periodista vincula alguna de esas oscuridades con una hipótesis turbadora los resultados pueden ser hirientes: se acaba sugiriendo que Lyndon B. Johnson mató a Kennedy o que el 11-M lo organizó el Psoe. No todas las oscuridades pueden iluminarse en un determinado estadio del conocimiento: pero el sentido común evita el mal mayor de la ignorancia, que es el de la fabulación histérica, oportunista y organizada.

El periodismo tiene que arrimarse también a la Tercera Cultura para investigar su responsabilidad en la fábula de los buenos viejos tiempos. Al parecer hay presiones biológicas (“Detectar una cara enojada entre la multitud es más fácil y rápido que dar con un rostro feliz”, dice Michael Shermer, alertando sobre el sesgo negativo) para que los hombres se adhieran a la melancolía, incluso como programa político, pero el periodismo ha de curarse para siempre de la enfermedad infantil del perrodismo, noticia-es-hombre-que-muerde-perro. El periodismo contemporáneo tiene un reto ante la normalidad y el progreso, ante la necesaria dialéctica entre el sobresalto y la continuidad y en el subrayado del fino subtexto que llevan los periódicos y que murmura: “Hoy también amaneció”. Y, por último: el periodismo debe compensar su sistemática afición a describir el mundo por el lado de las letras (Nurture) antes que por el de las ciencias (Nature). Se comprende que sea más fácil viajar al barrio de un psicópata y entrevistar a los vecinos que hacerlo a su cerebro y lograr que la sinapsis correspondiente declare: “Era un hombre muy normal”. Pero nadie dijo que este fuera un oficio fácil. ¡A pesar de la apariencias! Porque, desdichadamente, quizá sea este el oficio donde se da una desproporción mayor entre su importancia social y la calidad intelectual de los que lo practican. Y lo peor: la desproporción crece por los dos lados.

Pero ya advierto tu mohín escéptico. No solo la verdad. La objetividad, los hechos, la termodinámica, el sentido común, el futuro, la biología, la inteligencia… Todo de derechas.

Así que sigue ciega tu camino.

A.

Origen: Hoy también amaneció | Opinion Home | EL MUNDO

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2 comentarios en “Hoy también amaneció – Arcadi Espada – Opinion Home | EL MUNDO

  1. “…El oficio lleva años lamiéndose las heridas de la irrupción digital…”

    Hoy, el único periódico que da beneficios es el “The Daily Mail”. Hace unos años, The Times decía, justamente sobre el tema del internet, que tener un periodista en Washington le costaba 1 millón…(millón que tiene que salir de la venta de periódicos, descontado el papel, la impresión, el transporte y el minorista: hay que vender muchos periódicos)

    Efectivamente, el internet ha afectado a la prensa.
    Pero a cierto tipo de prensa: a la ideológica; porque para el que quiera leer lo mismo que piensa, ya están los blogs y los periódicos digitales gratuitos.

    (de hecho, si está muy interesado o es un narcisista del copón, siempre puede suscribir varios de estos y leerlos todos los días. Muy informado no quedará; pero sí que recibirá una buena dosis de seguridad y autocomplacencia)

    Hay sin embargo necesidad de buena información.
    Mejor dicho: precisamente por la avalancha de información partisana, necesitamos información objetiva y profesional, si queremos de verdad saber lo que pasa.

    Y este es el problema: no hay tal.

    De una manera o de otra, los periódicos, sus propietarios, sus redactores jefe, y sus periodistas, sabiendo de la potencial influencia que pueden tener sobre sus lectores, intentan abusar (manipular la información para que el lector crea lo contrario de la realidad beneficiando a alguien)

    ¿Qué sería una buena información?

    Además de ser objetiva, es necesario que se busquen los hechos relevantes para sus lectores (de acuerdo con sus intereses personales), se describan de una manera clara, y se compruebe la veracidad de la información y de los informantes en todos sus términos. Además, porque estamos hablando de profesionales en el tema, tienen que explicar por qué el asunto es relevante para el lector, y cuales son sus consecuencias a corto y largo plazo.

    Estas son las buenas noticias: hay posibilidad de salvación, pero solo si dan a los compradores lo que necesitan -como sucede con cualquier otro producto comercial-

    Por cierto, que el The Daily Mail da beneficios justamente por razones muy ajenas al buen periodismo: una mezcla de populismo de calidad y haberse convertido en un catálogo de venta de lo que anuncia.

    También aquí el mercado impone límites.

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  2. Es interesante este artículo después de haber comprobado las informaciones tendenciosas sobre asuntos muy concretos, como por ejemplo la crisis migratoria, la elección de Trump…En Cataluña, todo lo relacionado con el proces…

    Si no son objetivos y cuentan la historia a su manera, lo que nos tenemos que preguntar después de haber decidido no volver a comprar el diario es:

    Cui prodest?

    Así que El País, El Mundo, La Vanguardia Española (para los asuntos pujoleros)…tienen mucho que aprender si de verdad quieren subsistir.

    Una puerta se cierra (comprar favores del partido en el poder) y otra se abre (servir los intereses de sus lectores)

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