¿Es posible conocer la realidad? Guernica, mitos y datos al descubierto.

De la propaganda marxista, las mentiras fascistas, el victimismo frente populista y la utilización nacionalista, al final (menos los muertos) todos mintieron. El tiempo pone toda la memoria histórica en su lugar. Así fue.. 
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El 26 de abril de 1937, nueve aviones alemanes -tres formaciones integradas por tres Junker 52- atacaron la ciudad vasca de Guernica para cortar la carretera al noroeste de la ciudad. “Necesitamos apuntarnos urgentemente un éxito contra los efectivos y el material enemigo”, Varon Von Richthofen, legión Condor.
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“Se conservan las listas de enterramientos de los días 26 al 29, antes de la toma del pueblo por las brigadas navarras, así como de los fallecidos en el hospital bilbaíno de Basurto. Entre todos suman 75. Tras la entrada del ejército nacional, se rescataron 25 cadáveres del refugio de Santa María, que sumados a otros dos identificados, sumarían 102. Hubo 18 inscripciones tardías en el registro civil, probablemente parte de unos cincuenta no identificados nominalmente en los primeros momentos, pero que, si se quieren añadir como nuevos, aumentarían el total a 120. En su libro, Salas pide a quien tenga datos de otras víctimas le informe, pero nadie lo ha hecho. Los heridos fueron sorprendentemente pocos: 30, con tres fallecimientos, reforzando la idea de que los muertos no pudieron ser muchos. También apoya los datos de Salas el cuadro de ciudad vacía y sin actividad al día siguiente: el entierro de mil cadáveres, no digamos 3000, habría obligado a un movimiento considerable”. Pio Moa
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El 23 de abril, Von Richthofen anotó en su diario: “Tiempo muy bueno. La 4ª Brigada ha desplegado, a pesar de las órdenes, dos batallones, no doce. Tienen que ser relevados. La infantería no avanza. ¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira a las 18.00. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles”. Al día siguiente volvía a quejarse, exasperado porque los italianos habían bombardeado la ciudad que no era. “Son cargas para el mando que no se pueden imaginar… ¿Conseguiremos destruir Bilbao?” A los italianos les preocupaba que un ataque a los católicos vascos provocara la reacción del Papa, y eran reacios a bombardear la principal ciudad de Euscadi. Son sólo especulaciones, pero es posible que las frustraciones de Von Richthofen tuvieran que ver en la más famosa de todas las operaciones llevadas a cabo por la Legión Cóndor. 
Durante el 25 de abril la mayor parte de las desmoralizadas tropas de Markina emprendieron la retirada hacia Gernica, que estaba a diez kilómetros del frente. Al día siguiente, lunes 26,a las 4,30 de la tarde, la campana mayor de Guernica repicó avisando de un ataque aéreo. Era día de mercado, y aunque se había hecho volver atrás a muchos campesinos a la entrada de la ciudad, otros muchos habían pasado con su ganado. Los refugiados que se hallaban en la ciudad y sus habitantes buscaron amparo en los sótanos que se habían habilitado a toda prisa como refugios después del terrible bombardeo de Durango. Un bombardero solitarios Heinkel 111 de la “escuadrilla experimental” de la Legión Cóndor apareció en el cielo, arrojó su carga en el centro y desapareció. La gente salió entonces de sus refugios con el fin de ayudar a los heridos, pero quince minutos después sobrevolaba la ciudad la escuadrilla al completo, lanzando todo tipo de bombas. La gente corrió de nuevo hacia los reparos en medio del polvo y la humareda preguntándose si los sótanos que les servían de refugio soportarían el tremendo bombardeo. Se inició así una estampida de gentes que decidieron salir de la ciudad para encontrar amparo en el campo, pero entonces aparecieron los cazas Heinkel 51, que ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún había comenzado. 
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A las 5,15 se oyó el tronar de aviones. Los soldados los identificaron inmediatamente como los “abuelos”, que es como llamaban a los bombarderos Junker 52. Tres escuadrillas procedentes de Burgos arrasaron sistemáticamente la ciudad en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. La carga de los casi cuarenta aviones que bombardearon Guernica consistía en bombas medias y pequeñas, pero también llevaban las bombas de 250 kg, bombas antipersonal y bombas incendiarias. éstas eran sembradas desde los Junker en tubos de aluminio de un kilo como si de confeti metálico se tratara. Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios, vacas y ovejas, ardiendo por la acción de la termita y el fósforo blanco, brincaban enloquecidas entre los edificios llameantes hasta caer muertas. Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes. Los que se acercaban a Gernica huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía. Con excepción de la Casa de Juntas y el roble, que no fueron alcanzados porque se encontraban fuera del corredor aéreo que los pilotos habían seguido disciplinadamente, Gernica era una ruina de fuego y muerte.
Entonces, no se supo con certeza el número de muertos y heridos que producto el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1.645 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300.
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Al día siguiente, 27 de abril, la noticia de la destrucción de Guernica apareció ya en la prensa británica de la tarde, y el día 28 tanto el Times como el New York Times publicaron el famoso artículo de George L. Speer. El lehendakari Aguirre denunció los hechos el mismo día 27 por la mañana con las siguientes palabras “Los aviadores alemanes, al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica venerada por todos los vascos”.
Como ya había pasado con el bombardeo de Durango, los nacionales le dieron en seguida la vuelta a lo ocurrido. Utilizando el precedente de Irún, dijeron que la ciudad había sido destruida por sus defensores en retirada y Queipo llegó a especificar que los responsables directos fueron “los dinamiteros asturianos que han empleado los marxistas para después achacarnos tal crimen”. El 29 de abril el cuartel general de Franco hizo público un comunicado en el que se decía:
“Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y delincuente Aguirre [que] ha lanzado la mentira infame -porque es un delincuente común- de atribuir a la heroica y noble aviación de nuestro ejército nacional ese crimen… Aguirre ha preparado la destrucción de Guernica para endosarla al adversario… Su destrucción es labor de los que quemaron Irún y Eibar, de los que dejan siempre una España espectral a sus espaldas.”
Algunos veteranos de la Legión Cóndor explicaron, tiempo después, que lo que trataban de hacer sus escuadrillas era bombardear el puente de Rentería a las afueras de Guernica, pero que los fuertes vientos habían desviado las bombas hacia la ciudad. La realidad es que el puente quedó intacto, que se sabe que aquel día no hacía viento, que los Junker volaban en formación de combate y no en línea, y, desde luego, que las bombas anti personal, incendiarias y de metralla no son precisamente eficaces contra puentes de piedra, ni se comprende cómo para destruir un pequeño puente y cortar la retirada de las tropas republicanas, los aviones tuvieron que lanzar alrededor de 33 toneladas de bombas.
La entrada correspondiente a ese día en el diario de Von Richthofen fue, probablemente, reescrita, una vez que se supieron las consecuencias del ataque y los nacionales acuñaron la versión para la propaganda. Se le añadió lo siguiente: “Lamentablemente, los rojos pegaron fuego a las casas durante la noche. Hicieron salir a todos los habitantes. Prendieron fuego a todos los edificios públicos y a los monasterios, luego a las casas particulares, que aquí son, en parte, de madera”.
Por quién sabe qué razones, el informe de combate de la Legión Cóndor correspondiente a ese día no se ha conservado. Según el diario privado de Von Richthofen, que no tiene que ver con su diario oficial de guerra, el ataque fue planeado conjuntamente con los nacionales. El coronel Vigón, jefe de Estado Mayor de Mola, dio su visto bueno al objetivo el día antes de la incursión aérea y, de nuevo, unas pocas horas antes del ataque. A ningún oficial nacional se le ocurrió mencionar la importancia de Guernica en la vida y en la historia vascas pero, aunque lo hubieran hecho, el plan se habría llevado igualmente a cabo. Uno de los posibles objetivos del ataque puede haber sido el bloqueo de las carreteras, como en Durango, pero todo apunta a que, además de los objetivos bélicos grandes o pequeños, lo que se pretendía era llevar a cabo un experimento de entidad para verificar los efectos del terror aéreo.
El relato de David Irving en su biografia de Göring
El 26 de abril de 1937, nueve aviones alemanes -tres formaciones integradas por tres Junker 52- atacaron la ciudad vasca de Guernica para cortar la carretera al noroeste de la ciudad. “Necesitamos apuntarnos urgentemente un éxito contra los efectivos y el material enemigo”, escribió en su diario el coronel Von Richthofen, que comandaba el contingente. “Vigón [el oficial al mando de las fuerzas de tierra españolas] está de acuerdo en forzar el avance de sus tropas por todas las carreteras al sur de Guernica. Si esta operación nos sale bien, tendremos al enemigo en nuestras manos.” Pese a la reducida potencia del cargamento de bombas – los aviones sólo llevaban nueve bombas de 250 kilos y 114 de 50 kilos- la pequeña ciudad quedó destruida. “Cuando llegaron los primeros Junkers -escribiría Richthofen algo desconcertado-, había humo por todas partes… era imposible distinguir las carreteras o los puentes o los blancos de las afueras, de modo que dejaron caer simplemente las bombas en el centro.” Después se aclaró en parte el misterio, cuando los habitantes de la ciudad les mostraron las pruebas de que los mineros asturianos habían dinamitado calles enteras llenas de edificios antes de huir, en un intento de frenar el avance nacionalista.
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“Los rojos -escribió Richthofen tras un recorrido por la devastada ciudad-  quemaron monasterios, edificios públicos y casas particulares por el simple procedimiento de vaciar latas de petróleo en las plantas bajas.” La mayor parte de los cinco mil habitantes de Guernica ya habían abandonado el lugar, pero según averiguó el coronel de la Luftwaffe “murieron algunas personas”. El autor de este libro realizó investigaciones en los archivos de la ciudad, de las que se desprende que murieron unas noventa personas, la mayoría como consecuencia de la caída de las bombas sobre un primitivo refugio antiaéreo y sobre un hospital psiquiátrico. El diario comunista publicó una lista de heridos, con treinta y dos nombres en total. Merece la pena recordar estos datos, puesto que “Guernica -simbolizada por la pintura de Pablo Picasso (los cuadernos de apuntes de Picasso revelan que el pintor había empezado a trabajar en los bocetos para el cuadro, que de hecho debía representar una corrida de toros, meses antes del bombardeo), pasaría a engrosar permanentemente la lista de las atrocidades atribuidas a Göring. 
Guernica tuvo efectos propagandísticos inmediatos. Intelectuales de izquierdas de todo el mundo proclamaron a los cuatro vientos sus versiones del bombardeo como una típica Schrecklinchkeit, un horror, nazi. Las voces de indignación se hicieron oír con particular fuerza en Gran Bretaña, donde el partido laborista en la oposición y el partido comunista habían empezado a agitar los ánimos en contra de Göring, el cual decían que estaba intentando obtener una invitación para asistir a la coronación del rey Jorge V en el mes de mayo. Lord Londonderry llegó a  sugerir tímidamente que Göring podría asistir a la coronación, pero el embajador británico Phipps advirtió lánguidamente al Foreign Office que existía “un importante riesgo de que alguien intentara dispararle en Inglaterra” y no llegó a cursarse la invitación.
Los definitivos estudios sobre Guernica. Los datos históricos.
La población de Guernica era de 5.000 habitantes, y no debieron aumentar con la feria, al ser ésta suspendida a mediodía por el delegado del gobierno. También se suspendió el partido de pelota de  la tarde, que en otras ocasiones entretenía a parte de los feriantes. Además, la población se había visto mermada por la recluta de 400 jóvenes en las intensivas movilizaciones desde octubre. 
En cuanto al interés militar de una población que contaba con cuarteles y fábricas de armas, es obvio, y figuraba entre los objetivos del ejército nacional. Ese interés había crecido enormemente en los días anteriores, cuando el frente, a sólo 25 km, se había roto y las tropas de Aguirre retrocedían en desorden. El día anterior al bombardeo los nacionales estaban a menos de 14 km, creando un serio peligro tanto para Durango como para Guernica, siendo esta última un centro clave de comunicaciones para la retirada. Por eso el bombardeo tenía, en principio, un valor militar elevadísimo. 
A la acción de los Junkers se debió, indudablemente, el vasto incendio. Con todo, los testimonios coinciden en que, una hora después del ataque, la mayor parte de la villa estaba en pie, encontrándose derruidas o en llamas en torno a un 18 por ciento del caserío. Avisados los bomberos de la cercana Bilbao (a unos 30 km) por el encargado del servicio contra incendios, Castor Uriarte, aquellos llegaron entre las 9.30 y las 11.00 de la noche, según versiones. Para entonces los incendios se habían extendido mucho, y Uriarte, que encontró diversos problemas, como la rotura de cañerías en una parte de la villa, aunque disponía de agua sobrada de la ría, decidió concentrar sus esfuerzos en la parte alta de la villa, abandonando la baja al fuego. 
El intento de apagar el incendio no parece haber sido excesivamente empeñado, y el resultado final, pero probablemente no deliberado, del ataque alemán, fue la destrucción del 71 por ciento de la villa. 
Tan tremenda devastación dio lugar a la versión de que los alemanes habían empleado una nueva combinación experimental de bombas para lograr tal efecto, y a la contraria, según la cual el pueblo había sido abrasado con gasolina (debe señalarse que Irún y Éibar sí habían sido quemadas en buena parte con gasolina por las fuerzas izquierdistas en retirada). Ambas versiones son falsas. La combinación de bombas explosivas e incendiarias fue la misma empleada en Madrid, el Jarama, etc. Los efectos asoladores en la villa foral deben atribuirse a la concentración del bombardeo de los Junkers, a la densidad urbana y la abundancia de madera en la construcción de las casas, a la escasez de medios locales contra incendios, que impidió apagar éstos al principio, y a la tardía llegada de bomberos de Bilbao, y su abandono quizá prematuro. Tampoco se recurrió a los explosivos para crear cortafuegos en torno a los focos.
La secuencia de los hechos vuelve muy improbable el número de víctimas ofrecido, no ya los 3.000 que han llegado citarse (60 por ciento de la población de Guernica), sino los 1.654 (33 por ciento) dados por verídicos en innumerables estudios.
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La prensa anglosajona habló de cientos de muertos, para concretarlos enseguida en 800 y luego en un millar, mientras que el diario comunista francés L’Humanité, a partir de una entrevista con un sacerdote nacionalista Alberto Onaindía, subía las víctimas mortales a 2000. Southworth afirma que Leizaola declaró por radio, el 4 de mayo, que habían muerto 592 personas en los hospitales de Bilbao, pero en realidad habló ese día de dos muertos de una lista de 30 hospitalizados  y solo bien avanzado mayo el periódico Euzko Deya, en traducción inglesa, daría la primera cifra, que el gobierno de Valencia subió a 690. Los periódicos de Bilbao, al reproducir las crónicas extranjeras, censuraron tales datos, increíbles para los testigos, pero Aguirre y La Pasionaria, el día 20, hablaron vagamente de “gran número”, lo que, dice Salas “permitía no desmentir ni confirmar las absurdas cifras manejadas en el extranjero, que no hubieran podido reproducirse en Bilbao, pues los guerniqueses allí residentes sabían que eran falsas, pero convenía que siguieran circulando en el exterior”. 
¿Es posible conocer la realidad? Salas utiliza para ello los testimonios y la lista de enterramientos en los días siguientes, y de los heridos trasladados al hospital de Basurto, en Bilbao. Ya C. Uriarte indicó que las víctimas mortales no debían de pasar de 250. Los testigos sólo mencionan cifras notables de víctimas en tres lugares, el refugio de Santa María, el Asilo Calzada y el arranque de la carretera a Luno. 
Se conservan también las listas de enterramientos de los días 26 al 29, antes de la toma del pueblo por las brigadas navarras, así como de los fallecidos en el hospital bilbaíno de Basurto. Entre todos suman 75. Tras la entrada del ejército nacional, se rescataron 25 cadáveres del refugio de Santa María, que sumados a otros dos identificados, sumarían 102. Hubo 18 inscripciones tardías en el registro civil, probablemente parte de unos cincuenta no identificados nominalmente en los primeros momentos, pero que, si se quieren añadir como nuevos, aumentarían el total a 120. En su libro, Salas pide a quien tenga datos de otras víctimas le informe, pero nadie lo ha hecho. Los heridos fueron sorprendentemente pocos: 30, con tres fallecimientos, reforzando la idea de que los muertos no pudieron ser muchos. También apoya los datos de Salas el cuadro de ciudad vacía y sin actividad al día siguiente: el entierro de mil cadáveres, no digamos 3000, habría obligado a un movimiento considerable.   (Mitos de la Guerra Civil Española. Pío Moa)
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3 comentarios en “¿Es posible conocer la realidad? Guernica, mitos y datos al descubierto.

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