La “probe” Nicolasa (la mujer del viril eusko  Sabino Arana)

La “probe” Nicolasa

El año 1898 debió de ser venturoso para Arana, al ver derrotada a España frente a Usa, aunque muchos vascos habían caído en Cuba defendiendo la bandera española.

A continuación cosechó su primer éxito electoral, siendo elegido diputado provincial en Bilbao. Un nuevo triunfo le supuso el sobreseimiento de otra causa por conspiración para la rebelión.

Al año siguiente, teniendo él 35, se comprometió con Nicolasa Achicallende, “una sencilla y humilde aldeana” diez años menor que él. El episodio indica mucho sobre el carácter de Polikarpo.
De la mujer, en general, él tenía un concepto no especialmente favorable: “es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana”; por eso el hombre debía amarla, pues de otro modo sería utilizada como “bestia de carga e instrumento de su bestial pasión: nada más”.

Si lo llega a coger una Bibiana lo tritura.

En cuanto a Nicolasa, poseía muchas virtudes, pues si bien “su físico no pasa de regular ni en el rostro ni en el talle”, era en cambio “humilde, obediente, sencilla y modesta, amantísima de sus padres, caritativa, despejada, sufrida, laboriosa, económica…”, a tenor de lo que el Polikarpo explicaba a sus amigos.

Pero algo torturaba a Polikarpo: ¿era ella vasca de pura raza? Tras lo mucho que había despotricado contra los matrimonios entre vascos y maketos, mucho más frecuentes de lo que él hubiera deseado, sería desastroso que ahora fueran a acusarle a él de trasgresión semejante.

Su hermano Luis había euskerizado los apellidos de su mujer, Egüés Hernández, una cocinera maketa de Huesca, transformándolos en EGUARAZ HERNANDORENA, suscitando con ello las burlas consiguientes, pero repetir la operación, y por parte no ya del vicepresidente, sino del mismo presidente del PNV, habría provocado una rechifla difícil de sufrir.

El primer apellido de su amada, Achicallende, le llenaba de zozobra, confiesa él mismo: “estaba yo muy intranquilo. Me propuse recorrer los libros de bautizados antes de que trascendieran al público nuestras relaciones, y así lo hice. (…) resulta que el apellido no es así, sino simplemente Achica; el allende lo adoptó, por vez primera, un tío de su padre (…) Pero el padre de ese primer Achica-allende se apellidó simplemente Achica (…) Con este motivo son ya 126 los apellidos de mi futura esposa que tengo hallados y puestos en cuadro sinóptico o árbol genealógico: todos ellos son euskéricos. Procuraré suprimir el allende”.

Calmados así sus escrúpulos, el noviazgo pudo hacerse público. Cumplía desbastar a la mujer aldeana, apegada a costumbres y actitudes poco aceptables en los círculos más refinados de Polikarpo ( no se olvide que era un rentista que en su vida dió un palo al agua para vivir), procedente al cabo de una familia señorial, y a ello se aplicó el novio con su empuje y tenacidad habituales.

Hubo de soportar, no sin amargura, la maledicencia y la ruindad que, junto a cualidades más excelsas, suelen florecer en las relaciones lugareñas en todas partes del mundo. Le molestaba en especial la acusación, de seguro falsa, de haber bailado agarrao al son del organillo, como cualquier maketo o bizkaíno sin conciencia.

Calumnias tales reflejaban el temor de la familia de la novia a que el presunto noviazgo no pasara de aventurilla típica entre un señorito y una chica de pueblo, con abandono final de ésta.

Por fin, en febrero de 1900 celebró su boda en la intimidad, pues “sabía yo que de Guernika, Mundaka y Bermeo pensaba venir mucha gente a presenciar mi casamiento con una aldeana, y quise no dar gusto a su curiosidad”.

De viaje de novios fueron a Lourdes, donde cayeron ambos enfermos de disentería, transformando la luna de miel en “luna de mierda”, según sus propias palabras.

Estos episodios, con la típica pesadez que suele imponer la vida incluso a temperamentos exaltados, y que no debió de soportar su víctima con sentido del humor, del cual no tenía mucho, debieron de mortificarle, y quizá contribuyan a explicar algunos de sus pasos ulteriores.

Pronto murió el prohombre y la Nicolasa, que había vivido sin catar varón porque el que le tocó era impotente, no tardó nada en casarse con un carabinero destinado en Bermeo, un maketo fuerte y joven.

NOTA: Los carabineros de aquella época eran el equivalente de la actual Guardia Civil. Cuerpo, el de los carabineros, que Franquito lo integró en el de la Benemérita.
“El Cuerpo de Carabineros del Reino dependera del Ministerio de la Guerra en su organizacion y disciplina, y del Ministerio de Hacienda en todo lo que tenga relacion al servicio”, reza la Ordenanza, anterior a su disolución.

Que disfruten vuesas mercedes en el nuevo año con una sonrisa.

Tellagorri

Origen: Tellagorri: La “probe” Nicolasa

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