“Una familia unida en Lenin” – Pablo Iglesias, hijo y nieto del comunismo (y no de la democracia) – Pascual Tamburri

UNA FAMILIA UNIDA EN LENIN

Pascual Tamburri


Pablo Iglesias tiene derecho a estar orgulloso de su familia, pero no a inventarla. Los asesinatos chequistas de la guerra civil y el terrorismo de los años 70 no son méritos democráticos.

La mejor campaña del PP la está haciendo, por supuesto, Podemos. El grupo de Pablo Iglesias, asustando al votante natural o posible del PP, invita al grito de “que vienen los malos”. Y es que con o sin Monedero Podemos puede asustar. Pablo Iglesias juega él mismo, por su parte, a tranquilizar, a parecer menos venezolano y más razonable, más moderado, más demócrata, miembro de una familia normal. Lo que pasa es que su historia familiar debe ser contada para entender el personaje, y para que no toda la culpa de su de-formación (y del hundimiento moral e higiénico de su Facultad) se la lleve Jorge Verstrynge.

Pablo Iglesias Turrión es hijo de María Luisa Turrión Santa María, letrada de CCOO, y de Francisco Javier Iglesias Peláez, Inspector de Trabajo, profesor de historia contemporánea en una Escuela de Relaciones Laborales y militante marxista en el PCE (m-l) y en el grupo terrorista FRAP. Por supuesto, ni las culpas ni los méritos han de recaer en los hijos; pero sí que, conociendo mejor a los padres, se conoce mejor a los hijos. Cosa importante si quieren cambiar España. Ahora veremos mejor en qué dirección.

Javier Iglesias, que ha sido después candidato de otros grupos de extrema izquierda y que es ahora uno de los dirigentes de Podemos Zamora, fue un terrorista del Frente Revolucionario Antifascista Patriótico, que como tal existió entre 1973 y 1978. Y como terrorista, no como demócrata, Javier Iglesias fue a la cárcel. Una experiencia que sin duda le marcó, y a su hijo. Sin embargo, no pensemos en los Iglesias como si fuesen una esforzada familia de militantes obreros. Javier Iglesias es, ahora jubilado, y lo fue desde el tardofranquismo, un funcionario de nivel A del Ministerio de Trabajo, siendo Delegado del mismo sucesivamente en varias provincias.

Yo no condeno a Pablo Iglesias porque 1973 el FRAP, en el que militaba su orgulloso padre, matase al policía Juan Antonio Fernández Gutiérrez y al policía Francisco Jesús Anguas Barragán, y en 1975 a los policías Lucio Rodríguez Martín, Juan Ruiz Muñoz y Diego del Río Martín y al teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez. No los mató Pablo Iglesias, aunque sí merece todo mi asco por no condenar esos asesinatos, y por aplaudir a su no arrepentido, ultraizquierdista y amnistiado padre Francisco Javier Iglesias, que como él y como su abuelo nunca ha dejado de vivir de la administración del Estado franquista. Qué cosas.

De todos modos, haber sido del FRAP no es delito punible tras la amnistía. Un político profesional del PP como Rafael Blasco Castany también fue un terrorista del FRAP. Y si se fue del PP no fue por asesino comunista, sino por malversación de fondos y corrupción, qué cosas. Lo que importa, o debería importar más bien, es no confundir haber sido un antifranquista violento con haber sido o ser un demócrata. Que no es ni puede ser lo mismo.

Qué mejor que tener un abuelo “luchador contra el franquismo”

Pero Pablo Iglesias no sólo es hijo de “demócratas” (que es como hablan de sí mismos los marxistas, inclusive maoístas, estalinistas, trostkistas y practicantes de todo tipo de violencia). “Demócrata” en el mismo sentido lo era su abuelo, Manuel Iglesias Ramírez, considerado por él mismo un “demócrata español, socialista y creyente” y un “socialista humanista” que fue condenado a muerte después de la guerra civil. O sea, una víctima del franquismo, pensarán muchos. Qué bueno es Pablo.

Lo que pasa es que, para empezar, al abuelo de Pablo Iglesias Franco le conmutó la pena a una de 30 años, “gracias a los testimonios de miembros de la Falange que desmontaron muchas de las acusaciones que se habían hecho contra él”. Y de esos 30 cumplió 5. Menuda represión más dura, como para compararla con el Gulag. Aun así, si fuese un pobre demócrata injustamente condenado habría sido una condena terrible. Pero no es el caso.

En 1936, Manuel Iglesias fue uno de los dirigentes principales de la represión frentepopulista en Villafranca de los Barros (Badajoz) hasta su liberación por el Ejército; participó en la formación de las partidas armadas del Frente Popular y en la detención de los miembros de la Guardia Civil. Como miliciano, participó en la represión violenta contra sus enemigos políticos desde el inicio de la guerra. El 7 de noviembre de 1936 detuvo a Joaquín Dorado y Rodríguez de Campomanes, marqués de San Fernando, y a su cuñado, Pedro Ceballos, y los de Manuel Iglesias entregaron a los dos a la checa de la calle Serrano 43. Después de presos y torturados, ambos aristócratas extremeños fueron fusilados en la Pradera de San Isidro.

Manuel Iglesias supo que el marqués había sido fusilado, como otros enemigos políticos y sociales suyos de su pueblo. Y era uno de los responsables del bando que quemó una iglesia de Villafranca de los Barros… con presos católicos y derechistas dentro. Fue delegado del Frente Popular en su pueblo, y luego, desde 1937, Manuel Iglesias fue juez de guerra en su bando. Y eso se saldó con cinco años para el “luchador contra el franquismo” .

En resumen: militancia violenta contra el franquismo, más allá de lo legal y lo legítimo en su propia zona; cargos públicos relevantes contra los nacionales; y su pena reducida de la de muerte a sólo un lustro. Y más aún: al salir de la cárcel el muy falangista y gironiano Ministerio de Trabajo lo hizo funcionario en el Seguro Obligatorio de Enfermedad (pero claro, la protección a los obreros… sólo la hacen los comunistas). En cuanto a su condena a muerte… murió de muerte natural y en 1986. Lo que en cualquier caso, sea como activista violento en la guerra o como beneficiado del franquismo después, Pablo Iglesias no puede presumir de abuelo demócrata. Ni de padre. Ni de sí mismo. Como una mayoría de España, por cierto. Pero bueno, es que ser demócrata no es obligatorio. Y un comunista no puede serlo nunca, además. Es lo que tiene la “memoria histórica” de ZP usada por Podemos.

Pascual Tamburri

Origen: Pablo Iglesias, hijo y nieto del comunismo (y no de la democracia) – ESD

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