Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño (I y II)

A la memoria de Quico Rivas

Una y otra vez salen a la palestra estos nombres cuando se habla o escribe sobre la represión de retaguardia en la llamada zona leal. El último, el cenetista Amor Nuño, es un recién llegado a esta triste nómina. Lo ha hecho de la mano del escritor Jorge Reverte que le atribuye, junto a Santiago Carrillo, un papel decisivo en las sacas de presos realizadas en las cárceles madrileñas en noviembre del 36. Sabido es que una gran parte de estos presos, cerca de 2.000, fueron fusilados sin formación de causa en los aledaños de Paracuellos, Torrejón y Rivas Vaciamadrid.

Respecto al tipógrafo socialista García-Atadell, su nombre no ha dejado de aparecer en libros y periódicos desde el día y hora, 26 de noviembre de 1936, en que fue detenido a bordo del barco Mexique en el puerto de Santa Cruz de la Palma.

El último en desenterrar a Agapito García Atadell ha sido Joaquín Leguina. Sin entrar todavía al fondo de su artículo, adelanto que comparto en gran medida sus tesis, resulta penoso comprobar su ignorancia en lo que atañe a la vida y obra de su correligionario.

El hecho de que esta desmemoria, más hija del desinterés o la pereza que de otra cosa, se repita con tanta insistencia, que se aventuren hipótesis tan endebles, cuando no absurdas, como el papel decisivo de Amor Nuño en Paracuellos o volviendo a Leguina, atribuir la fuga de Atadell al conocimiento que tenía de una inminente detención por orden de Prieto, no es de recibo.

Dado el cariño que en esta Biblioteca Fantasma profesamos a los renegados de todos los pelajes y ya que Agapito demostró en sus últimos momentos méritos más que de sobra para acreditar tal condición, será éste el primero en comparecer. Démosle la bienvenida a nuestros salones.

La brigada en sus días de esplendor

No, gracias, Agapito; no quiero más.
Y Rosario Yáñez, retiraba la fuente con la roja langosta.
García Atadell la contemplaba con admiración. Era un hombre joven, bajo, nervioso. Sus ojos miopes, naufragaban bajo unos gruesos cristales, cargados de dioptrías.
Obsequiaba con cenas untuosas en el palacio de su brigada a los condenados. Vivía en el hotel de los Condes del Rincón, entre la calle de la S. y la Castellana. Atadell había conservado su antiguo boato. Las criadas, con cofia y delantal blanco, servían la mesa con la misma ceremonia que antaño. Conservaba el jardinero, el antiguo coger y el cocinero, con su gorro blanco entre las sartenes.
Muchas noches, cenaba con individuos que iba a ejecutar al día siguiente. Era un hombre extremadamente inteligente, sádico y refinado. Carecía de pasión; un marxista perfecto. No asesinaba por odio, simplemente eliminaba por motivos económicos. Y en torno de él giraban las pasiones de los otros, que él dirigía y aprovechaba. Aproximaba un plato a Rosario:

– ¿No quiere usted un poco de fruta?

Obsequiaba a sus clientes con uvas de Almería. Rosario llevaba dos días en aquella casa. La habían detenido las brigadas de Atadell a las cuatro de la tarde, cuando no era posible repetir la seducción del baño. Atadell la contemplaba con admiración y colocaba sobre el mantel sus flores favoritas.

– Tú te quedas aquí hasta que te busque una Embajada.

Se levantó porque le llamaban al teléfono. Era Lino, desde la Dirección de Seguridad. En el cuarto de al lado, entre unas viejas sillas y un reloj antiguo se apretujaban los condenados. Les servían para cenar ternera, fruta y vino, de la bodega de los Condes.
En el salón principal de la casa, estaba reunido el Tribunal sentenciador. En el dintel de la puerta, ponía un letrero con letras azules: “Brigada Atadell”.
El feroz Ángel Pedrero presidía el tribunal. Era barbudo, verdoso, taciturno. Le acompañaban Ortuño y Antón Albiach.
Eran jueces y verdugos. Se daban el gusto de escoger a las víctimas que ejecutaban de madrugada.

– ¿Cómo te llamas?
– Juan López.

Juzgaban a los obreros de “ABC” que habían hecho fracasar la huelga organizada por Agapito.

– Con esos hay que ser muy duro.

Comparecían también los hermanos Miralles.

– Sois los que estuvisteis en la cárcel por tirar contra el pueblo.

Los reos se defendían.

– No tenemos que ver nada con ellos. Nosotros somos dueños de una carbonería.

A pesar de sus protestas los ejecutaron de madrugada. Les registraron. Entonces se dieron cuenta de su error. No tenían nada que ver con los de Maldonado, 4.

– ¿Sabes, Ángel, que me parece que tenían razón?
– ¡Qué más da!

Atadell telefoneaba a su mujer:

– ¿Qué tal, Piedaíña? ¿Estás contenta?

La adoraba. Había sido monja y la había raptado de un convento para casarse con ella. Confiaba a Rosario Yáñez sus proyectos:

– Hay que huir de aquí. Las milicias sólo quieren sangre. En cuanto reúna algún dinero me marcho a Cuba.

Atadell sentía una marcada inclinación por la gente elegante. Es cierto que fusilaba a Condes y a Marqueses, pero luego invitaba a tomar el té a sus viudas. El día anterior había almorzado en una casa aristocrática con dos Embajadores extranjeros. Y se envanecía de ello.
Y su gente, llena de barbarie, subía de noche, de la intemperie de la calle a la tibieza de los hogares dormidos. Despertaban a los dueños, fumaban junto al viejo balcón con la palma de Ramos.

Agustín de Foxá. Madrid de corte a cheka. 2ª ed., corr. y aum. San Sebastián: Librería Internacional, 1938, p. 342-344.

 

Ascenso y caída de Atadell
Por el Rufián Melancólico

Nada como seguir los periódicos del verano madrileño del 36 para constatar la luchas que libraron las diferentes familias: comunistas, anarquistas y socialistas, para hacerse con el control de la “nueva policía” y la “nueva justicia”.

El reparto de agosto del 36, quedó así: los socialistas actuarían desde la Dirección General de Seguridad con la creación de una nueva brigada de obediencia estricta mandada por Agapito. Ésta dependería a efectos legales del comisario general Antonio Lino. Recibió el nombre de Brigada de Investigación Criminal de Agapito García Atadell.

Lino, que iba por libre, estaba vendido. Su simpatía por el republicanismo más conservador era conocida. Tener la confianza de Mailloll, ministro de Gobernación del gobierno Giral y sobre todo, haber dirigido la Brigada Criminal y no la Social durante el bienio negro le había puesto a salvo de momento. Su situación era sin embargo insostenible. Lo peor en su contra no era su ideología conservadora, o su religiosidad a machamartillo, si no que su hijo, adolescente y falangista, se encontraba escondido en algún desván de Madrid. Todos los interesados lo sabían. Su enemigo no era Atadell, que se convirtió con el paso de los meses en su protector, sino otra brigada de policía de nueva creación, también bajo el mando simbólico de Lino, pero de obediencia comunista. Tenía sus propios locales encima del café Zahara, en la Gran Vía, y su jefe era Javier Méndez. En 1938 reaparecerá en Valencia y su secretario y hombre de confianza será Julián Grimau.

Los anarquistas iban por su cuenta, tenían más checas que nadie diseminadas por Madrid, algunas de tanto relieve como la del Cinema Europa, la checa de Ferraz, o la inolvidable checa de Cabrejas. A menudo se paseaban tranquilamente por los despachos de la Dirección General de Seguridad luciendo sus armas y sustrayendo sus fichas y atestados de los archivos. Lino recordará en su exilio que a él y a los restos de su brigada les amenazaban con cortarles la cabeza como al general López Ochoa y que si no lo hacían, cuenta Lino, era porque él y sus hombres tenían siempre las pistolas a mano. Para amparar a sus milicias legalmente los anarquistas aceptaron a primeros de agosto incorporarse a la checa de Fomento, el también oficial Comité Provincial de Investigación Pública. Otra “dependencia anómala” de la Dirección General de Seguridad. Aquí estaban todos los Partidos representados pero la batuta la llevaban con mano firme Benigno Mancebo y Manuel Rascón, representantes de CNT en el comité directivo. La mayoría de sus brigadillas las dirigían reconocidos confederales madrileños como Victoriano Buitrago, Antonio Ramis Ariño, Victoriano Negro, Felix España, Santiago Aliques o Felipe Sandoval. Sin ninguna duda, Fomento era la cuota de “orden” y “justicia” que correspondía a la CNT.

Al final del verano fue Méndez quien se llevó el gato al agua y Lino y Atadell perdieron la partida. Se defendieron juntos hasta el final, hasta el día en que el cese de Lino fue publicado en la Gaceta y se inició su cacería. Atadell entonces protegió a su familia trasladándola bajo escolta a la embajada de Mexico y ayudó a Lino a burlar la implacable vigilancia de Méndez y marchar a Francia. Luego decidió largarse él.

Atadell, Lino y Penabad
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Algunas semblanzas de García Atadell. La primera la encontramos en Baroja, en su libro Ayer y hoy. No será la única referencia que haga Baroja de Atadell, pues también aparece en la novela Laura, o La soledad sin remedio. La segunda semblanza pertenece a un viejo conocido de la Biblioteca, Francisco Camba, que lo retrata en su libro Madridgrado.

■ ■ ■

“Agapito García Atadell no era anarquista. Era socialista y de la Sociedad del Arte de Imprimir. Él fue el que organizó con más éxito la compañía para el asesinato y para el robo. En esta compañía había un ex ministro de la República. Se asegura que cayeron quinientas personas por el procedimiento del paseo.

En los periódicos franceses de agosto del año pasado se decía: los diarios madrileños hacen grandes elogios de una brigada especial llamada la Escuadrilla del Amanecer, que opera entre la una y las cinco de la mañana. Esta era la gran invención de Atadell. Después Atadell, como se sabe, escapó por Valencia con varias maletas llenas de oro y fue detenido en Canarias. De los otros asesinos de Madrid de los que trabajaban en la retaguardia yo no tengo datos fijos ni señas identificadotas”.

Pío Baroja. Ayer y hoy

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[En el refugio de una casa señorial, bajo el peligro de la aviación nacional]

Y de pie todo el tiempo que duró la espera, reclinadas en indolente y graciosa postura sobre la pared o el hombro del marido, así estuvieron inmóviles, luciendo su pijama, luciendo su ropón, sin apartar la manita de donde la tenía el dibujo de Vogue. ¡Pobres criaturas! ¡Qué pronto hasta de esta encantadora frivolidad iban a verse privadas!

– A mí, decía una de ellas-, la aviación no me da miedo ninguno. Lo que me estremece es el timbre de la calle.
– Como a mí- argüía otra. Podía caer una bomba sobre esta misma casa, que yo seguiría durmiendo. Quien me quita el sueño es Atadell.

¡Qué imprudencia hablar de ese modo entre gente no conocida! Pero las mujeres son así. Entre ellas, un individuo de algo más de treinta años, moreno y fornido, me asustó, por creerlo un miliciano. Venía vestido con una especie de mono azul mahón y le cruzaba el pecho un correaje. Afortunadamente, lo veo salir a poco hacia el portal, que, por vivir en la casa un ministro con derecho a guardia, estaba abierto. Salía sacando, como para llevárselo ya a los ojos, un aparato de una caja de las correas. ¡Curioso sujeto! Al sentir los aviones de noche, todo lo que se le ocurría era bajar con unos gemelos para verlos bien. Entonces me fijé mejor. El mono que lo vestía no era tal mono, sino un pijama de seda azul. Y fué él de quien yo menos podía sospechar, un hombre ya viejo, de barbita blanca, que al principio tomé por un diplomático, el único a alarmarse:

— ¡A ver si ese astrónomo le va a hacer leñas a aviones! ¡Para algo lleva el cigarro encendido!

¿Qué habría sido del hombre aquel, que en las siguientes noches no volví a verlo? ¿Le dieron el pasea? ¿Pudo ocultarse en alguna Embajada? ¿Realizó el sueño de el Madrid de su posición social, pasándose al otro lado?

Poco había de tardar en enterarme.

[…]Cerrado el portal, ya que, enviado el ministro muy lejos con un cargo de cónsul, n
o había guardias, bajé a consultar con la portera.

Vaya a casa de la señorita Guzmán, me dijo

— ¿A esta hora?
— Se acuesta siempre muy tarde.
— Pero no la conozco.
— No importa. Es amabilísima.

La señorita Guzmán, Lulú Guzmán, lindísima criatura, según la fama, era el escándalo de la casa desde mucho antes. Al verla salir con su rico abrigo de pieles en invierno y al aire sus prodigiosos brazos, tan hechos a sujetar hombres, en verano, las señoras de los otros pisos parece que llegaron a dirigirse al administrador.

— ¿Cómo se consiente a semejante mujer en una casa respetable?
— Ella, si algo malo hace, es fuera. Aquí se conduce como la mejor.
— Pues acabaremos por marcharnos.
— Lo sentiré mucho, pero allá ustedes.

Con los porteros, la señorita Guzmán era muy amable. Con todos los que la servían, generosísima. A la puerta, cuando salía, la esperaba siempre un coche particular, de casino por lo menos. En las protestas debía haber mucho de envidia. Y casi me sorprendió que aquella criatura tan relacionada, con tal concepto de la vida, siguiese allí. Yo casi la había supuesto en una Embajada.

— ¿Dónde vive?
— Tres pisos más alto que usted, en el interior del mismo lado.

Abrió una criada de aspecto respetable. A pesar de los dos meses largos que llevábamos de revolución, traía, sobre el correcto traje negro, blanco delantal muy corto y una cofia como una cresta blanca en la cabeza.

— ¿La señorita Guzmán? Soy un vecino que quisiera pedirle el favor de utilizar unos instantes el teléfono.

De allá adentro, por el ancho pasillo, asomó una silueta realmente gentilísima y una voz, que no era de España, del Sur de América seguramente me acogió con agrado:

— No faltaría más, señor.

El teléfono estaba en un rinconcito, más allá de un hall donde, al paso, me sorprendieron las luces por su color y casi me desvaneció el perfume de las flores. Al terminar, la señorita Guzmán, que durante la conferencia había estado mirándome fijamente, sentada ahora en un butacón del hall, me dijo con su extraordinaria dulzura:

— Estoy leyendo una obra de usted.
— Muchas gracias, señorita.
— Aún no le he dicho si me gusta o no.
— Pues por eso.

Se levantó agilísimamente, y dirigiéndose a un verdadero bar que decoraba toda la pared de enfrente, me preguntó qué me gustaría beber a aquellas horas.

— Pues una copa de lo que tenga más a mano.
— Lo que usted quiera.
— ¿Hay jerez?
— Y, por lo visto, inmejorable.

Se iluminó el bar. Se iluminó con una luz como de luna la tabla de cristal esmerilado del mostrador y con un resplandor de oro el techo laqueado de la cripta. De los estantes de cristal negro, de donde hablaban casi con la generosidad de su dueña las filas de botellas, con manos finas, casi transparentes como otro objeto iluminado que formase parte de la decoración del bar, llenó la copa, dándomela con sonrisa de más fragancia aún.

— ¿Verdad que es bueno?

Y ya mi vanidad de hombre acaso esperaba no sé qué otras cosas de esta criatura tan amable cuando su voz echó sobre el sol del vino un chorro lamentable de agua fría.

— A Pito le gusta mucho.

Yo no recordaba haberla visto entre la gente de la casa allá abajo en el sótano, las noches de las bombas. A pesar de las bellezas que había allí, ninguna la igualaba. Casi costaba trabajo imaginársela una cocotte tan distinta a todas aquellas mujeres, tan señorial. Y de pronto… ¿Quién sería este Pito cuya sombra surgía lamentablemente en este amable rincón? ¿Por qué se permitía venir a esta casa a elogiar los vinos? ¿Y sólo los vinos elogiaría? Otra vez se sonrió ella, dándose cuenta de mi trastorno.

— Es mi amigo, ¿sabe? Usted, seguramente, no se asusta por estas cosas que la revolución ya permite. Antes, me libraría bien. Sería un escándalo…

Quedó callada, y no sé ya qué advertí en ella: ¡Su amigo! ¡Decirlo con aquella tranquilidad, aun tratándose de mujer semejante! La voz había temblado un poco, con dejos casi imperceptibles de amargura, y el semblante tardó un rato en recobrar la placidez y la sonrisa.

— Voy a llamarlo, que le gustará hablar con usted. Es de su tierra. ¡Pito!
— En seguida— dijo desde una habitación próxima una voz áspera.

Y asomó un sujeto que ya conocía: el astrónomo de la primera noche de las bombas, con el mismo pijama de seda azul que tomé por un mono de miliciano. Lo que no tenía eran correas atravesándole el pecho, ya sin necesidad de otra cosa que sus ojos para ver los ojos de Lulú, estrellas más luminosas que las que en el cielo podía poner la luz de los aviones.

— De modo que somos paisanos-le dije, por no quedar callado, como sería mi gusto
— ¿De dónde es usted?
— De Lugo.
— Muy bonito Lugo y la provincia. La parte del mar…
— De allí soy yo.

Calló un instante, para preguntarme de pronto:

— ¿Conoce usted a don José Soto Reguera, el diputado?…
— Mucho.
— Fué quien me trajo a Madrid. ¿Sabe dónde está?
— No. Escondido, tal vez.
— Eso, seguro.

Y desviando la plática de aquel tema, indudablemente enojoso para un hombre agradecido, charlamos durante un rato de cosas indiferentes. Cuando quise marcharme se opuso como persona verdaderamente de mundo. Aún quedaba vino en la botella. Era una lástima irse así. Poco o me fué pareciendo menos insubstancial que la otra noche me había antojado. Al contrario, conforme se le oía hablar, se advertía en él al hombre de grandes responsabilidades y grandes deberes. Pero me chocó que, llamdos por ellos precisamente, pretendiese ir a vestirse.
Miró el reloj. Era su hora.

¡De qué modo lo dijo! ¡Mi hora! Como el búho que se apresta a recorrer las soledades del bosque, como el gallo tiene que despertar al sol de la justicia.

—No tardo nada—añadió.

Tardó muy poco, efectivamente, en presentarse por completo transformado. Toda la frivolidad de la primera noche habla desaparecido. Vestía con importancia la cazadora de los milicianos. En el sitio de los gemelos traía ahora un pistolón. Al hablar me aterró diciéndome que, en cierto modo, éramos compañeros. Aunque la vida le había llevado por otros rumbos, muy de muchacho había escrito algo para el periódico de Soto Reguera. Después, trasladándose a La Coruña, para Tierra Gallega, el de Santiago Casares.

— Pues compañeros sin rebaja ninguna— dije, por serle grato. ¿Qué hacia usted en Tierra Gallega?
— Muchas cosas, pero lo que mejor me salía eran los Ecos de Sociedad.

¿Cuál sería el nombre de este Asmodeo, de este Monte-Cristo de La Coruña? Yo debía conocerlo.

— ¿Se llama usted…?

Y casi no sé cómo no me caí al suelo al oírle:

— Agapito García Atadell.

Francisco Camba. Madridgrado.

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0 commentarios en “Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño (II)”

  1. el rufián melancólico dice:

    Ya que hablamos de un tipógrafo de prensa bueno será recordar algunos avatares de periódicos y periodistas durante la revolución. Tiene la palabra el muy derechista, vehemente y justiciero Adelardo Fernández Arias, “el duende de la Colegiata “, que ajusta sus cuentas con la profesión sin morderse un pelo la lengua.Las “incautaciones” se propagaban. Era aquella una ocasión para que “los fracasados” pudieran ocupar sitios que anhelaron siempre como “algo irrealizable”. Se dio el caso de incautarse “los rojos” del Colegio de Abogados ¡Y del Palacio de justicia! La directiva asaltante la compusieron un puñado de abogados que “no tenían asuntos” y vivían a la caza de ellos por el café de las salesas y los pasillos de los juzgados. De la Sociedad de Autores se incautaron los “aspirantes a autores”, que apenas estrenaron en su vida algunas obras malas a fuerza de recomendaciones y súplicas. Los capitaneaba el fracasado Avelino Avecilla. La Asociación de la Prensa la asaltaron pseudo-periodistas que, sin medios decorosos de vida brujulearon siempre por las redacciones de los periódicos mendigando colaboraciones que difícilmente “colocaron” en los periódicos. Los periódicos, los grandes periódicos madrileños, se vieron asaltados por una turba de fracasados y “pistoleros del periodismo” que, desde la sombra de su impotencia, habían acechado aquel momento, emboscados para apoderarse por sorpresa de los sitios que ¡nunca! consiguieron ocupar por méritos. Sobre ABC cayó una nube de periodistas vergonzantes capitaneados por Augusto Vivero con el Virgilio de la Pascua como segundón, debiendo ambos salir pronto de la Casa, echados por el Comité Revolucionario ante la comprobación del latrocinio descarado y personal que realizaron en la caja del gran periódico.Las hordas comunistas y sindicalistas se apoderaron de los edificios del Debate, Ya, Informaciones y La Época, entrando “a saco” en sus cajas y almacenes. Malgastaron las existencias de papel, la maquinaria y todos los elementos que ¡tanto dinero y tantos sacrificios habían costado, durante tantos años a sus propietarios legítimos! Aquellos elementos adquiridos, antes, legítimamente, servían ahora para una obra de propaganda y “excitación al asesinato” que la Historia del periodismo español no podrá olvidar ¡nunca! y habrá que destacar ¡siempre! como la página más negra y deshonrosa de la profesión. Entre los periodistas aventureros que asaltaron las redacciones y la Asociación de la Prensa, hubo casos inconcebibles. En ABC, junto a los “salteadores” anónimos figuraron en el “cuadro de la redacción roja” periodistas “que debían su título y su vida a aquel periódico”. Ortega Lisson y Leandro Blanco habían pertenecido al ABC y habían cobrado muchos sueldos de la empresa propietaria y debían el conocimiento de sus firmas ¡al ABC!, gracias a su enorme tirada y difusión. Ortega Lisson intentó explicar a algunos compañeros “antiguos” del ABC que “las milicias” le obligaron a trabajar con “los rojos”. Aquella patraña era infantil porque todos los periodistas “de derecha” que, perseguidos y fusilados, prefirieron la muerte y el calvario de la persecución a deshonrarse trabajando para “los rojos”, hubieran podido, con más títulos que Ortega Lisson, hacer o decir “lo mismo” y sin embargo lejos de solicitar trabajo “rojo” y pasarse cobardemente al enemigo en un momento oportunista, traicionando la Causa que defendieron antes y les dio de comer, han afrontado la situación adversa, resignados y aceptando sumisos, todas sus consecuencias. Otra sorpresa periodística, en el mismo sentido, fue la de Ramos de Castro, redactor de La Nación con Delgado Barreto y a quien “toda la profesión” creyó que era “de derechas” hasta que se sumó a la horda asaltante de la Asociación de la Prensa y fue “speaker” del gobierno “rojo” en los primeros días de la guerra civil, manchándose sus labios con los insultos que, oficialmente, el Gobierno dirigía al Ejercito español y él repetía enfáticamente desde el micrófono del Ministerio. Chaves Nogales, trepador del periodismo, intrigante de redacciones y ¡a sueldo de Rusia!, después de embaucar a Montiel durante mucho tiempo, aprovechó la oportunidad “roja” para dirigir Ahora, que en los editoriales -escritos por Chaves Nogales- ha dejado constancia de toda la baba que era capaz de destilar, el “salteador” de prensa más infame que” la profesión”, deshonrandose con él, tenía. Ha lanzado sobre el ejercito libertador las injurias más graves y ha llamado “malnacidos” desde Ahora a las “derechas”. ¿Se olvidará su obra? Si se olvidase habría que pensar en si Chaves Nogales era justo en sus apreciaciones ruines. Es tan infame, tan grosera, tan asqueante su obra periodística desde el 18 de julio que sería honrarle poniéndole ante un piquete de ejecución militar para su fusilamiento.(…) La cobardía de esos periodistas miserables ha superado todos los límites. En el momento de peligro: unos, han huido como conejos y otros han solicitado refugio en las embajadas. Otros esperan a que vuelvan sus “compañeros”, dignos, al trabajo, para humillarse ante ellos y, lamiéndoles los pies como perros hambrientos, pedirles perdón y dejando que el tiempo pase la esponja del olvido sobre ¡todo lo que sucedió! ¡Volver a trabajar, codeándose, otra vez, con quienes si “ellos” hubieran triunfado hubiesen acorralado a muerte!¡No! ¡No es posible olvidar a quienes han perseguido a “sus compañeros de derechas” y les dejaron ¡o hicieron! encarcelar y asesinar! ¡ahí están las decisiones de la Asociación de la Prensa expulsando a todos los asociados que no firmaron las adhesiones “rojas”! ¡Ahí está el procedimiento de los periodistas “rojos” dejando sin comer a sus “compañeros de derechas”! Y sobre todo, ¡ahí está la labor “roja” de esos periodistas y los insultos groseros que escribieron con sus plumas inmundas contra el Ejercito libertador y sus gloriosos generales! ¿Podra olvidarse todo esto? ¡Imposible! ¡¡Ladrones!!¡No eran necesarios los diálogos en aquella fecha! ¡Los hechos solos eran bien elocuentes!Adelardo Fernández Arias. “el duende de la Colegiata”Madrid bajo “el terror” 1936-1937(Impresiones de un evadido que estuvo a punto de ser fusilado)Librería General Zaragoza 1937

  2. el rufián melancólico dice:

    De los Gráficos.En la copiosa literatura atadelliana destacan los libros que se pueden ver ilustrando esta entrada. Son los únicos monógráficos realizados nada más acabar la guerra. El más recomendable en todos los aspectos es el “Agapito García Atadell. Hombre símbolo”.De entrada, la ilustración de cubierta merece un 10. Toda una obra de arte de la contrarevolución muy en el estilo de las publicaciones nazis de la NIbelungen-Verlag. No va firmada pero… yo juraría que es de Baldrich.El “Quienes son ellos” que figura en la parte superior de la cubierta permite sospechar que esta edición formaba parte de una idea más ambiciosa, algo así como una galería selecta de “ladrones y asesinos rojos”. El libro apareció en 1940 publicado por La Editora Nacional, calle Heros 5 y 7. Bilbao. Los materiales con los que está pergeñado provienen en parte de los interrogatorios policiales de la época, finales del 36 y principios del 37 que incluyen la foto de frente y perfil de Agapito nada más ser detenido. Estos documentos en el curso de la guerra pasaron a manos del SIMP del general Ungría, los servicios de inteligencia militar de Franco, que a su vez mandaron copia del largo interrogatorio al fiscal de Causa General. Estas copias se incorporaron a la investigación exhaustiva sobre las checas de Madrid, a la llamada pieza 4 y allí incorporados al ramo número 10. La checa de Atadell.La mezcla de toda esta información, aderezada con un relato que se deje leer muy bien y buenos “tropezones gráficos”, debió ser la orden que recibieron los servicios de propaganda de la Editora Nacional. No hicieron mal trabajo. Volveremos al libro.

  3. Bremaneur dice:

    Rufián, estoy preparando una edición digital de <>Atadell: hombre símbolo<> para que lo pueda leer toda persona interesada. Será en Pdf y espero tenerla lista a finales de esta semana. Es posible que se trate del primer número de una colección que espero nutrida.

  4. el rufián melancólico dice:

    Cometí una errata. El ramo separado que corresponde a la checa de Atadell es el 40. Mágnífica la idea del libro en PDF. Lo de una serie… que quiere que le diga, ya ve lo que les pasó a los de la Editora Nacional… Ahora bien, yo me pongo a hacer cuando usted diga ediciones apócrifas con dibujos impostados a lo Baldrich. Nos las quitarían de las manos. Creo Imaginar en “quienes” esta usted pensando.

  5. Bremaneur dice:

    La idea es hacer ediciones en pdf de libros y folletos no sujetos a derechos de autor, no vaya a ser que la antidemocrática Sgae nos pellizque las pelotas. Lo ideal sería tener tiempo suficiente para incluir links e imágenes inéditas, pero haremos lo que se pueda, y siempre en función de lo que vayamos encontrando aquí, en la BF. A mí, lo que realmente me gustaría, es anunciar a bombo y platillo una reedición de las obras de Castro Delgado. Más que nada para que los detectives de la Sgae me encuentren a los sucesores. ***Voy a cambiar ese Pino por Lino. ¿Cómo se titulan sus memorias?

  6. el rufián melancólico dice:

    Las memorias de Lino no tienen título: Supe de su existencia por un antiguo comisario de policía que escribió un libro imprescindible: “Policía y Guardia Civil republicanas” Creo recordar que se lo editó el mismo. En sus páginas aparecían reproducidas en faccimil las cuartillas originales mecanografiadas por Lino, así como una carta dirigida al director de ABC de Sevilla justificando su actuación al lado de Atadell. Creo recordar que la carta estba fechada todavía en guerra.Yo solo tengo por tanto los fragmentos publicados en este libro prácticamente inencontrable. Mi ejemplar son vulgares fotocopias obtenidas en la Biblioteca Nacional donde se puede consultar.El comisario, al que conocí y al que pretendí en vano sonsacar, si me contó que la hija del propio Lino, regresó a España y ¡ole sus huevos! se hizo policía. Ella fue quien donó hace años esas memorias al Archivo Histórico de la Policía y allí permanecen. Lino regresa a casa podría llamarse esta historia.Intentaré rescatar algunos fragmentos y los colgaré en otro comentario.

  7. el rufián melancólico dice:

    De justicia es reconocer al Astrónomo su olfato para dar siempre con los hilos mas finos de la trama. Guardo un viejo correo que me envío hace ya algunos años que no me resisto a publicar. Trataba del asesinato de Calvo Sotelo y me lo enviaba como “Una referencia de Lino pescada al azar”. En el artículo, tras dar cuenta del registro, detención y asesinato del lider derechista, el autor terminaba así:“El director General de Seguridad Alonso Mallol protegió a los asesinos boicoteando las investigaciones del comisario Antonio Lino Peréz González que las llevaba y las del juez instructor Ursicino Gómez Carbajo (por ejemplo, el juez ordenó una rueda de reconocimiento de Guardias de Asalto y Maillol llevó a 170 guardias (de los que solo uno, el conductor, tenía que ver) para retrasar las investigaciones y provocar el error de los testigos. Al final de julio una patrulla de milicianos socialistas se presentó en el juzgado, se llevó el sumario y nunca más se supo de las investigaciones.

  8. el rufián melancólico dice:

    En la caida de Atadell no podemos dejar de hacer mención al “soplón” que hizo llegar a la policía de Franco la información confidencial de quien era el “ilustre y espléndido viajero” que viajaba a bordo del Mexique rumbo a Cuba. Fue Luis Buñuel y el mismo lo cuenta con pelos y detalles en sus memorias “Mi último suspiro”. Tengo mi ejemplar perdido, gran desgracia, así que si alguno de ustedes lo tiene a mano ya sabe, haga el favor de colgarlo. Merece la pena.

  9. Bremaneur dice:

    Lo tengo, Rufián. Lo copio ahora mismo. Por cierto, de Atadell habla también Buñuel con Max Aub, en un libro que recoge sus conversaciones. Intentaré obtener una copia del fragmento.

  10. Bremaneur dice:

    Una última historia, la historia de García, mostrará la complejidad de las relaciones que teníamos con los fascistas.García no era más que un bandido, un canalla, pura y simplemente, que se proclamaba socialista. En los primeros meses de la guerra, había creado en Madrid, con un pequeño grupo de asesinos, la siniestra Brigada del Amanecer. Por la mañana temprano, penetraban por la fuerza en una casa burquesa, se llevaban a los hombres “de paseo”, violaban a las mujeres y robaban cuanto caía al alcance de su mano. Yo estaba en París cuando un sindicalista francés que trabajaba, creo, en un hotel vino a decirnos que un español se disponía a embarcar para América del Sur, llevándose consigo una maleta llena de joyas robadas. Se trataba de García, que había salido de España con una fortuna y viajaba con nombre falso.García, a quien los fascistas buscaban ávidamente, era una de las vergüenzas de la República. Transmití al embajador la información del socialista. El barco tenía que hacer escala en Santa Cruz de Tenerife, en poder de los franquistas. El embajador no vaciló en avisarlos a través de una Embajada neutral. A su llegada a Tenerife, García fue reconocido, detenido y ejecutado.Luis Buñuel. <>Mi último suspiro<>. Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001, p. 196

  11. Bremaneur dice:

    Busco un nombre adecuado para la nueva colección de la BF. ¿Alguien se anima a dar alguno?

  12. el rufián melancólico dice:

    He encontrado lo que tengo de las “memorias de Lino”. No deben faltar, son un testimonio de primer orden. Iré dando algunos fragmentos en diferentes comentarios. Ahí va el primero. “En cuanto nombraron a Méndez segundo jefe de la Brigada y Atadell jefe del otro grupo aumentaron los agentes de policía con personal de las milicias, donde había vulgares ladrones, atracadores y asesinos, siendo la proporción de cuatro agentes nuevos por uno viejo.Méndez que obraba por cuenta propia, se llevó casi todo el personal a unas oficinas que instaló primero en la calle del Clavel y después en la Gran Vía, en los altos del café Zahara y el resto Atadell que también obraba por su cuenta, montó su despacho en la Castellana, en el Palacio de los Condes de Rincón quedándome a mí únicamente los tres turnos de guardia, compuesto de un inspector y un agente y la secretaría donde también me colocaron a tres de los nuevos agentes. Esta secretaría me sirvió de pretexto para que en las diferentes ocasiones que el Director me ordenó dejara mi antiguo local y me trasladara con Mendez a la Gran vía, alegando de mi parte que los ficheros eran muy pesados y de díficil traslado, pero que desde luego lo haría cualquier día.Las razones que tenía para no poder estar en el mismo local con Méndez era la aversión que sentía hacia él por estar convencido que había preparado la muerte del agente Flores Ochoa y quizás también la de los inspectores, Atilano Antón, Arroyo y el agente Marcos y además que aunque había preparado un despacho lujosísimo para mí, sabía que esos muebles habían sido incautados por el solo capricho de Méndez.Cierto día detienen a los agentes gandara , quevedo, Rojas y Elices, todos de la brigada y los llevan a la checa de Fomento y aunque el director no me hacía caso y despachaba directamente con Méndez y Atadell subí a verlo y después de una acalorada discusión, en la que amenaze con presentarme en Fomento con varios agentes y sacar a tiros a los detenidos, conseguí que delante de mi telefoneara reclamando a los detenidos los que al rato fueron traídos a la Dirección y metidos en los calabozo, teniendo otra vez que hablar con el Director y después de responder por ellos los trasladé del calabozo a mi Brigada en unión de otros dos o tres agentes que en otras dependencias estaban detenidos.”

  13. el rufián melancólico dice:

    Los más fieles a esta Biblioteca fantasma recordaran en las entradas que se dedicaron a Castro Delgado al policía que antes de la guerra le rompió los huevos de una patada en un interrogatorio. Castro decía su nombre, Santiago Martín Báguenas. a nadie odió más Castro en su vida y tenía una lista de afrentas verdaderamente amplia. Báguenas era el jefe de la Brigada Social entonces, el terror de los revolucionarios madrileños por sus salvajes interrogatorios. Lino nos lo devuelve en sus recuerdos.Al principio fui rescatando de las checas a muchas personas que eran sacadas de sus casas y llevados a ellas para fusilarlas pero desde que a los milicianos los nombraron agentes de policía, segundo jefe de la Brigada al tristemente celebre Méndez que tiró de la mayoría de los agentes y puso su oficina en la calle de Clavel y después se trasladó a Pi y Margall número 9, independiente de mí y por otro lado el nombramiento de Atadell como jefe de otro grupo de la Brigada mi prestigio se nubló hasta el punto que ambos jefes despachaban directamente con el Director.En estas condiciones venían de cuando en cuando grupos de cinco o seis milicianos a la Brigada y cuando menos nos amenazaban con cortarnos la cabeza y si no lo hacían en la Brigada era porque no se atrevían porque sabían que teníamos las pistolas a la mano. En los primeros días fue detenido en Recoletos Don Santiago Martín Baguenas por dos individuos de la brigada del amanecer como ellos pomposamente se titulaban y que no eran otra cosa que la escolta del Director cuyos individuos eran un Guardia de asalto llamado Antonio Serrano y un vigilante conductor apellidado Cela. Cuando Gándara, Quevedo y yo nos enteramos de la detención de don Santiago fuimos a verlo a la inspección de Guardia para ofrecernos y preguntarle si quería algo, pues era lo único que en su favor podíamos hacer y esto en aquella circunstancia era peligroso,repitiendo la entrevista en la cárcel Modelo pocos días antes de que lo asesinaran.Una noche se presentó Atadell en mi despacho diciéndome que si yo conocía al señor Montes Jovellar y al contestarle afirmativamente me añadió que si quería salvarlo de la muerte que lo acompañara, lo que hice inmediatamente y en un coche me llevó al paseo de recoletos número 9 donde me fue entregado Don Joaquín Montes Jovellar que lo trasladé a la Brigada donde permaneció varios días hasta que se le encontró sitio donde esconderse.Llegué a tener escondidos en la Brigada hasta once personas, entre curas, farmaceúticos, secretarios de ayuntamientos, falangistas y militares. Tan estrechos estábamos que sólo en mi despacho dormíamos siete personas. Hacía cuatro o cinco días que habían asesinado a Don Santiago Martín Báguenas, cuando me llamó a su despacho el Subdirector de Seguridad señor De Juan y me dijo, -Hay que ser más precavido, puesto que en el registro efectuado en el domicilio del señor Báguenas se ha encontrado esta fotografía en la que están los dos retratados-. Y me mostró una en la que efectivamente estábamos los dos retratados y añadiéndome que era el deseo del agente Izquierdo de los Reyes, que por cierto me debía bastantes favores, y que era uno de los que había hecho el registro era mandar la foto al Mundo Obrero para su publicación y que él se había opuesto y la rompió en mi presencia, cosa que le agradecí porque en aquellas circunstancias suponía la sentencia de mi muerte y le explique los favores que me debía el “humanitario” agente Izquierdo de los Reyes.”

  14. sarónico dice:

    El sufrimiento humano9 de Diciembre de 2008 – 08:48:57 – Pío MoaEl sufrimiento se presenta ante todo como dolor físico, la noción más primaria del mal, común a los animales y del que huyen estos y los humanos. Misteriosamente, resulta al mismo tiempo un bien, pues sin él no subsistiríamos: la experiencia del dolor nos orienta en la vida para evitar daños (nunca del todo eludidos). En el plano humano, a ese sufrimiento se añaden (o de él derivan) otros tipos particulares: el sufrimiento anímico, el moral, incluso el espiritual. El primero podrían ser las heridas al “yo”, más o menos serias y ocasionadas de forma casi permanente por el roce con otros yoes (de modo más o menos claro constituyen gran parte del tema de conversación habitual, a menudo disfrazadas o revestidas de moral); el segundo, el sufrimiento moral, manifiesto en el sentimiento de culpa; y el tercero, proveniente de la consideración general de la condición humana y del mundo, de la muerte, del sentido de la vida, etc.También huimos de esos sufrimientos, por ejemplo de la culpa. No obstante esta, como explica Paul Diel, resulta análoga al dolor físico en cuanto advertencia sobre las “malas acciones y actitudes, o motivos”, es un dolor íntimo por nuestra conducta, que nos orienta en la vida y que puede hacerse obsesivo o ser rechazado, en ambos casos con malas consecuencias (en cierto modo, habrá que hablar más de ello, la cultura puede concebirse como la digestión de la culpa).

  15. sarónico dice:

    Del mismo blog:(De Vía de la Plata)“Otro domingo, lejano en el tiempo, había ocurrido esta conversación en una tasca del pueblo:—Nos han dicho que por aquí la gente era aún judía, y que llevaban nombres como Samuel, Sara…—Mirar, eso son tonterías. ¿No veis la pinta de la gente de aquí? Es igual que en todas partes, que en toda Extremadura. Eso de la nariz ganchuda y los nombres… pues igual que en todas partes, unos sí y otros no, la mayoría no. Aquí hubo un barrio judío muy bueno, que se conserva muy bien. Han venido de Israel, personajes, ¿eh?, a visitarlo. Pero no hay nada más. Yo no sé por qué a algunos les da por inventarse esas historias, vamos, que a mí me da igual los judíos que los no judíos, lo importante es la persona… Pero eso no es verdad, y los embustes siempre fastidian, ¿no?—Es un pueblo precioso, no me canso de mirar — había dicho la entonces compañera del ahora caminante, la cual tenía unos grandes ojazos.—Sí, pero no creáis, tiene sus inconvenientes. Como es monumento nacional no te dejan cambiar nada, ni siquiera la disposición interior de las casas, que son muy incómodas.—Habrá aquí muchas tradiciones antiguas.—Algunas sí hay. Tenemos una historia parecida a la de Romeo y Julieta, que viene de la Edad Media, sólo que era entre un moro y una cristiana (¿o era a l revés?) y que terminó en tragedia de los dos, por las enemistades aquellas entre familias y religiones. Era de cuando quedaba aquí una parte morisca y otra cristiana. ¿Vosotros estáis casados?—No, no.—No me importa, ¿eh? Eso, allá cada cual, aunque en los pueblos, ya se sabe. Opiniones para todos los gustos. Yo soy socialista, de la UGT.—¿Hay mucho paro por aquí?—Como en todas partes. Cada vez más. Es un asunto difícil, porque la verdad es que si exiges todos los requisitos de la ley, la mitad de las empresas cierran y el paro crece aúnmás. Hay muchos trabajando sin seguridad social, o sin contrato. El sindicato puede hacer que se cumpla la ley a rajatabla, pero resultaría peor el remedio que la enfermedad. Son cosas que parecen muy fáciles en principio, pero que en la realidad se vuelven complicadas… Aquí se trabaja mucho la madera, hay algunas fábricas de muebles.Por algún vericueto de la conversación había surgido la Iglesia.—En la guerra se quemaron archivos y papeles, imágenes… ¿Quiénes? Siempre se echa la culpa a los rojos, pero ¿quién podría querer una cosa así? Serían cuatro locos, o borrachos, pagados por Dios sabe quién… ¡Quién sabe quién lo hizo!En realidad se sabe perfectamente, pues se realizó con mil justificaciones y jactancias, aunque al paso de los años dé vergüenza repetirlas.Por la época de la conversación referida, el viajero era comunista convencido, y no le satisfacían las explicaciones del ugetista de Hervás. Prefería echar la culpa a los anarquistas. Culpa, entiéndase bien, puramente utilitaria: poco importaba, en el fondo, la quema de papeles, obras de arte o hasta de personas, siempre que fueran reaccionarias. Pero tales actos, realizados a lo loco, perjudicaban los objetivos de la propaganda. Otros enfoques los considerarían faltas leves, o hasta purificaciones necesarias.La pareja había estado charlando con el socialista en una terracilla bajo una parra, tomando vino o cerveza. Pero de esto habían pasado ocho años enteros. Aquellas habían sido las primeras vacaciones que el ahora andariego se había tomado en mucho tiempo, y viviendo todavía en la clandestinidad. La chica había ahorrado al efecto doce mil pesetas trabajando como asistenta. En Béjar, una amiga de ella, abogada de la UGT, les había dejado su piso, y desde él hacía la pareja excursiones a pie o a dedo. La penuria y esa extraña furia compañera del ideal bolchevique introducíana veces una dosis de mal humor. Tiempos arduos, sobre todo para ella, arrastrada a una clandestinidad inevitable y ya sin el soporte de unos ideales a los que él continuaba aferrándose. Tiempos de hosquedad casi sin refugio, en que el comunista apenas sabía transmitir a su compañera otra cosa que una desesperación agresiva, mitigada sólo por un esfuerzo de comprensión y por la acción, condenada al fracaso. Casi deliberadamente buscaba él ir al extremo y echar a rodar todo asidero que le quedara, añadiendo sufrimiento al sufrimiento. Estaba tan loco como para arruinar las reservas de dulzura, ingenuidad, belleza e inteligencia que ella brindaba gratuitamente al incapaz de valorarlas.Habían salido después de Hervás, para volver a Béjar. El viajero tiene o tenía un sentido del humor algo extravagante, sobre todo cuando las cosas iban peor. En un calor de agobio ponderaba lo agradable del fresquillo reinante, y lo hacía con expresiones de rebuscada pedantería. O soltaba: «Vamos a atravesar la carretera, y así cruzamos al otro lado». Estas bobadas a veces divertían a la chica, pero más a menudo la exasperaban, lo que él no hacía nada por evitar. Se habían parado a la sombra de unos pinos, momento agradable de no ser por las moscas, que a ella, nerviosa, la molestaban mucho. El viajero se había dedicado un rato a matarlas, cazando algunas al vuelo y calculando absurdamente que, dada una distribución regular de moscas por metro cúbico, con eliminar las correspondientes el lugar quedaría libre de ellas. Luego, muy fastidiada por el calor y la necesidad de intentar el auto-stop, ella se quejaba. Su compañero, impertinente, le había echado a la cara agua de la cantimplora, para refrescarle el temple, y ella se había revuelto como una tigresa, clavándole las uñas en un brazo. Al ver algo de sangre, se había detenido en seco, sintiéndose culpable, lo que él había aprovechado para continuar con sus estúpidas chanzas, hasta hacerla reír un poco. Pero el tiempo corre, siempre con consecuencias, y lo pasado, pasado.Ocho años después, el andariego se da cuenta de que no reconoce Hervás. Le queda sólo una impresión nebulosa de callejuelas enrevesadas, de una lápida en español yen hebreo, apenas nada más. Ahora ve cómo la gente pasea, sube a misa, contenta y bien vestida. Unas niñas muy pequeñas posan para una fotografía, en actitud graciosamenteinexperta de bailar sevillanas. Un muchacho entra a caballo por una calleja, llenándola de ruido de cascos. Cada esquina ofrece un cuadro, y el barrio judío retiene su pintoresquismo enigmático. ¡Pueblo único en la historia, el judío!El viajero opina que la herencia hebrea en España, como la árabe, ha sido muy exagerada por los comentaristas.

  16. sarónico dice:

    Mismo blog:****Artículo de Girauta:“Los mossos permanecen pasivos cuando se amenaza a los miembros del PP o se golpea a los de Ciudadanos. La Guardia Urbana de Barcelona pide los papeles a quienes regalan ejemplares de la Constitución mientras los que la entierran no son molestados”.Esbozo de régimen policíaco. Recuerda a la policía del Frente Popular, convertida en grupo terrorista.****“Ante las palabras de Tardá.Soraya exige al PSOE que rompa con el tripartito o que explique “por qué toleran esto”No me digan que no es ocurrente esta Soraya. Los del PSOE deben de partirse de risa con la chica. Como con el futurista de la nena angloparlante-la-economía-lo-es-todo.****“Soraya: “ERC tiene unos métodos absolutamente intolerables en democracia”.Qué notición. ¿Y Zapo no? ¿Y los futuristas, que han dejado la democracia sin oposición al gobierno? Si solo fuera ERC…****Como si Tardá le hubiera atacado a él y no a las instituciones, Bono pone careto de bondad y “disculpa” a Tardá: “no es un desalmado”. Tampoco, que sepamos, un asesino en serie ni un chapero ni un sombrerero loco… ¿Pero se atrevería Bono a decir que no es un mamarracho? ¿O que no es un mamarracho el mismo disculpador? ¿O tantos otros mandamases y mandamasas que desacreditan a diario nuestra democracia?****“Rajoy lleva 19 meses sin preguntar al Gobierno por ETA en el Congreso”.Porque Zapo es amigo de la ETA, y el Futurista es amigo de Zapo. Todo queda entre amigos, que para algo están.****“el PP cree que “ningún ministro da la talla”.Quienes sí la dan son el Futurista, Soraya, Cospedal, Feijoo, Arenas… Gran elenco.****“El país vuelve a culpar a Aznar de poner a España “en el punto de mira de los terroristas”, hecho que relaciona con los atentados del 11-M”Ni Zapo ni El país harían eso nunca: ellos son muy serviciales con los terroristas, los miman. Jamás tuvieron los terroristas colaboradores más devotos. ¡Y todo por el interés de España, para no ponerla “en el punto de mira”! ¿Podría ser de otro modo?

  17. sarónico dice:

    Y creo que por hoy he cumplido:Separatismos y democracia Pío MoaDice Gustavo Bueno, con razón, que los partidos separatistas plantean un conflicto parecido al de un Estado extranjero que quisiera apoderarse de regiones españolas. Podemos recordar, entre otras cosas, que durante la guerra civil los secesionistas vascos y catalanes no sólo trataron con nazis y fascistas italianos, sino también con Francia e Inglaterra, a quienes propusieron crear una especie de protectorado desde el río Ebro a los Pirineos. Por consiguiente, el conflicto no tendría más solución que la violenta, sea a través del juez o de forma directa; una violencia que han utilizado ampliamente los secesionistas mediante el terrorismo –especialmente el de la ETA– del que se han servido y con el cual han colaborado sistemáticamente.Sin embargo el problema es más amplio: también existen en la democracia partidos abiertamente antidemocráticos como son no sólo los separatistas, sino también los marxistas, nacionalsocialistas o asimilados, islamointegristas, colaboradores del terrorismo, etc. La democracia puede y debe tolerarlos mientras no se vuelvan demasiado potentes y agresivos, y por tanto peligrosos para la libertad de todos o para la integridad nacional. Llega un momento en que, por esa razón, la tolerancia se vuelve suicida.La cuestión radica en evitar llegar a esos extremos, y esto sólo puede lograrse mediante una labor activa de denuncia y crítica de tales opciones, de modo que se mantengan siempre en un nivel poco dañino. Sin embargo, en España no se produjo contra ellas una “lucha ideológica” a fondo, en la que llevamos un retraso de veinte años. Es más, la única denuncia un poco amplia y efectiva se ejerce contra el nazismo, un fenómeno de un pasado lejano, limitado a pequeños grupos y con muy pocas probabilidades de repetirse, aunque no deba bajarse la guardia. No se practica, en cambio –o no con la energía y sistemática precisas– contra estos otros totalitarismos mucho más vigentes y amenazadores. Es una situación grotesca, porque a nadie le cuesta nada hoy “condenar” el nacionalsocialismo, empezando por los héroes del tiro en la nuca y sus animadores secesionistas, paramarxistas “rojos” como el Gobierno actual y similares. Todos muy “anti nazis”.En tiempos de Aznar, que cometió graves errores pero iba mejorando cada año, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo atacaba directamente a la ETA, pero también –a un plazo más breve que largo– a los separatismos que han vivido de ella; con razón se alarmaron en extremo y se subieron por las paredes. Parecía el comienzo de una rectificación del rumbo nefasto tomado en estos asuntos ya por Suárez, pero por influencia del pro etarra Cebrián y otros semejantes (esto no tiene que ver con el hecho de que Zapo esté haciendo tragar al académico sus regañinas del principio) se ha producido el proceso inverso: el sector antidemócrata y pro etarra del PSOE se ha hecho con el poder y hemos vuelto a una situación cada vez más crítica, mientras el partido de la oposición, con Rajoy, en vez de ejercer de dique, se ha añadido a la corriente socavadora de la democracia española.Así están las cosas por el momento.

  18. Astrónomo dice:

    Apreciado anfitrión: ignoro si en esta Biblioteca Fantasma rige algún criterio en cuanto a la selección de comentarios. Y es que la reproducción de artículos de Moa se me antoja un penoso peaje para leer los comentarios sustanciosos y referidos al escrito inicial. Sea como sea, me gusta esta BF. Enhorabuena, Bremaneur.

  19. Anonymous dice:

    Comparto su opinión Astrónomo.

  20. el rufián melancólico dice:

    En fecha 5 de agosto de 1937 Antonio Lino escribe desde Francia una carta al director del ABC sevillano. Todos sus intentos en pasar al bando Nacional habían fracasado. Allí no se le quería ver ni en pintura y si se atrevía a presentarse por su cuenta y riesgo ya podía suponer la suerte que le estaba reservada. La misma que a los amigos de Atadell. Lino intentaba explicarse.Muy señor mío:Cuando en los primeros momentos en Madrid fue nombrado Agapito García Atadell, así como otros milicianos, algunos de ellos con antecedentes por delitos comunes para desempeñar funciones de policía, fue destinado a la primera Brigada de Investigación Criminal de la que yo era jefe. ¿quiere esto decir que quedó a mis ordenes? Nadie que conociera el Madrid de aquel tiempo puede pensar semejante cosa. En realidad Atadell no solo no estaba a mis ordenes, sino que actuaba con tal independencia y tal poder que el hacía y deshacía a su antojo, sin consultar sino con los amigos que en el Gobierno tenía y con los comités revolucionarios en que desde antes del 18 de julio de 1936 figuraba.Atadell tenía su “cuartel general” en un hotel de la calle Martínez de la Rosa número 1 y allí despachaba directamente, bien con el Director General de seguridad, bien con determinados ministros, concediendo incluso audiencia a los miembros del Cuerpo Diplomático que lo solicitaban, siempre a fines humanitarios por parte de los diplomáticos.La brigada de García Atadell estaba compuesta exclusivamente por agentes de Policía de nueva creación y por milicianos, sin que hubiera entre ellos ni un solo agente ni inspector de la verdadera policía, de la que llamaremos “policía antigua”. Estoy seguro de que ninguno de estos se hubiera prestado a la menor complicidad en los crimenes que tal brigada cometía.¡Dar yo ordenes a García Atadell! ¡No se hubiese reído poco si yo lo hubiese intentado alguna vez! ¡Y no habrían sido decisivas las consecuencias para mi en caso de que se me ocurriera darle alguna orden!García Atadell era jefe de la brigada, ordenador de detenciones, indultador, sentenciador, fusilador y cuanto quisiera; y su poder era practicamente absoluto.Desde que se inició el movimiento, yo hacía una vida de verdadera reclusión en unión de diversos agentes, inspectores y comisarios; Unos que prestaban servicio y otros que se refugiaban en los despachos de la Dirección o mejor dicho de la Brigada; no salíamos de allí casi nunca; en el despacho comíamos y cenábamos todos juntos y cuando nos disponíamos a ganar la calle lo hacíamos en grupo y armados, a consecuencia de las constantes amenazas que sobre nosotros pesaban; la salida uno a uno constituía un positivo peligro. Dormíamos en mi propio despacho, aparte comer y cenar juntos, de suerte que pasábamos en comunidad las 24 horas del día.”

  21. Reinhard dice:

    Este Agapito era un precursor de los Einsatzgruppen.Impagable su tarea, Rufián.

  22. el rufián melancólico dice:

    Gracias Reinhard. La deriva de Atadell vista de cerca tiene entidad suficiente para romper tópicos a izquierda y derecha. Lo mejor, el desenlace, esta por venir. En cualquier caso y ya que usted mencionó en un post anterior a Andrés Trapiello, al que leo y admiro, recordaré una frase de Galdós que nunca falta en las portadillas de sus diarios:“Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela.”Una buena divisa también para esta Biblioteca Fantasma.

  23. el rufián melancólico dice:

    En un post anterior hablábamos de una de las ilustraciones de esta entrega, el libro de “Atadell, Hombre Simbolo ” Ahora me gustaría hacerlo de otra, de la fotografía anónima de Lino, Atadell y Penabad. Claramente esta compuesta, incluida la actitud de los personajes. El mapa de Madrid a sus espaldas y la hoja de papel que Lino sostiene y estudia entre las manos, parece insinuarnos que lo que Atadell le ha presentado es algo importante. Por la fecha que fue publicada, agosto del 36, apogeo del terror, todo parece señalar que se trata de una denuncia, el deporte siniestro al que se entregaron con tanta aficción tantos y tantos madrileños. La foto fue realizada después de que Atadell salvara a Joaquín Montes Jovellar y gentilmente se lo entregara a Lino para que éste le buscara embajada.Un año después al escribir sus memorias Lino intentaba como mejor podía justificar aquella imagen. Escuchémosle.” Le agradecí (lo de Montes Jovellar) por ser pariente lejano mío, por lo cual cuando a los pocos días quiso que yo me retratara con él para una interviu, acordándome del favor que me había hecho, aunque de mala gana accedí y más si se tiene en cuenta que esta interviu iba directamente contra Méndez con el que Atadell estaba muy mal y yo por lo menos lograba una pequeña venganza ya que por el momento no podía hacer otra cosa, acordándome del pobre Flores Ochoa y demás compañeros.”

  24. el rufián melancólico dice:

    ¡Que detalle el de los cuellos de la camisa por encima de la solapa de la americana! ¡Y el pañuelo flameante!Si pienso en cine…¿ Edward G.Robinson con gafas? ¿James Cagney?Que Penabad vaya con el mono y el correaje muestra su subordinación. El es el miliciano servidor y Atadell y Lino los señores. Penabad parece que tiene el gesto de sostener un arma. Se diría que es él el que aplicará la decisión a que de lugar el papel, la denuncia o tal vez… Las fotografías son interminables.

  25. Anonymous dice:

    Rufián: El único que parece un señor es el comisario, que para eso está sentado. Atadell parece un menestral, o mejor, un hortera madrileño.

  26. el rufián melancólico dice:

    De Javier Méndez Carballo, antiguo policía de segunda clase durante la República y jefe de la brigada comunista en estos primeros meses de guerra, no he visto nunca una fotografía. Tal vez revisando a conciencia los Mundo Obrero del momento pudiera saltar la liebre pero mucho me temo, que más astuto que Lino y Atadell, no sentía tanta predilección por las cámaras. Su victoria al final del verano, deshaciéndose de Lino y Atadell, allanó el camino para que su correligionario Santiago Carrillo al hacerse cargo un mes después de la Consejería de Orden Público, solo tuviera que ocuparse de neutralizar y disolver Fomento, dando la puntilla definitiva a las milicias de la CNT. Desde entonces el P.C.E detentaría los resortes fundamentales de investigación y vigilancia en Madrid. Como bien dice Julio de Antón en su libro, era el final de “la policía revolucionaria” y el nacimiento de otra nueva, “la Policía Popular”. Méndez hizo carrera a lo largo de la guerra en los sótanos y negociados de la inteligencia comunista de contraespionaje. En Valencia, en 1938, dejará una siniestra huella y será visto con frecuencia en compañía de Apellaniz, Cobo, Grimau, que fue su secretario, y otros discípulos aventajados de Lev Feldbine, alias Nikolsky, alias Orlov. Algún día, con el estómago blindado, les contaré el interrogatorio al que Méndez y sus hombres sometieron a un comandante del Ejercito Popular llamado Molina al que acusaban de dirigir una organización quintacolumnista. Pero me estoy anticipando, estabamos en el momento en que la suerte de Lino se precipita.“Una de las hazañas de Méndez fue mandar a unos de la FAI para que fusilaran a mi hijo de dieciséis años, que se enteró es de Falange y gracias al cambio de un coche no pudo lograr sus propósitos, como igual le sucedió conmigo, que acabado de enterarse estaba cesante fui advertido por un Capitán de Guardias que desde el despacho del Director, Méndez había avisado a Fomento de que ya estaba cesante, y que me lo advertía porque ya supondría lo que esto significaba y él no quería tener ese cargo sobre su conciencia, por lo que inmediatamente me refugié en la embajada de Mexico sabiendo posteriormente que en cuanto desaparecí se presentaron en la Brigada agentes mandados por Méndez que practicaron un registro incautándose de cuanto había en ella, precintando después el local y procediendo aquel mismo día a la detención de todos los funcionarios de Policía que eran antiguos.

  27. el rufián melancólico dice:

    Pensaba contar un crimen de la brigada Atadell antes de cerrar el ordenador. Uno más de una larga lista imposible de cuantificar, pero que adquiere relieve por la personalidad de la víctima. Una mujer espía.Lo dejaré para mañana, pero les dejo antes de despedirme con algo que a buen seguro les hará sonreír.“Días pasados se procedió a la inauguración del local donde ha quedado instalada las oficinas de la Brigadilla que dirige el Sr. Atadell. Asistieron al acto que resultó en extremo simpático, el jefe de la Brigada de Investigación Criminal Don Antonio Lino; numerosos agentes de policía y varios periodistas de diarios afectos al Frente Popular. Las bodegas del palacio se encontraban muy bien abastecidas y especialmente, en vinos, existía un stock considerable. La primera medida que se adoptó, fue enviar cien botellas del año 1837 al hospital de sangre de los Guardias de Asalto, que tan heroicamente se han batido en el frente de batalla. Durante unos minutos tuvimos oportunidad de cambiar algunas palabras con Atadell quien entre otras cosas nos dijo lo siguiente. Existe una gran compenetración entre nosotros y el Director General de Seguridad, el Jefe superior de policía y el Comisario General señor Lino. Desde el primer momento nos han dado toda clase de facilidades para el cumplimiento de nuestro cometido. de la limpieza y de la cocina se han encargado dos familias que hemos recogido porque se encontraban en la mayor miseria. Naturalmente que aparte de la vivienda hemos fijado un sueldo por los servicios que realicen. Diariamente se facilita la manutención a veinticinco personas que son las que hasta ahora componen esta Brigada: doce son Agentes de Vigilancia y el resto milicianos marxistas. Atadell, reclamado por asuntos urgentes que le han sido confiados, se despide de nosotros con estas palabras: La clase trabajadora puede tener la seguridad de que los que aquí trabajamos solo tenemos una aspiración común: servir enteramente al marxismo contra un capitalismo fracasado y para ello si es preciso entregaremos hasta nuestras vidas. Entre nosotros no hay divergencia alguna ya que todos tenemos un mismo ideal y por el luchamos y siempre seguiremos la ruta que nuestros partidos determinen. Todos, absolutamente todos, estamos llenos de un gran espíritu”.HERALDO DE MADRID20 de agosto de 1936

Origen: Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño (I) | La biblioteca fantasma

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