Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño (VII)

Conversión y muerte de Atadell
por el Rufián Melancólico


La Diligencia que hace constar la lectura de los cargos a Agapito García Atadell tiene la fecha del 29 de junio de 1937. Se efectuó en la prisión provincial de Sevilla, asistiendo el juez instructor, su secretario y el defensor de Agapito, un capitán de infantería llamado Carlos Gómez Cobían.

Cuando se le preguntó antes de efectuarle la lectura si tenía algún motivo para recusar al tribunal que le juzgaba, Atadell contestó:

“Que inhibidas las autoridades de la Comandancia Militar de Canarias a favor de las autoridades judiciales del Ejercito del Sur, deben estas a su vez inhibirse a favor de las del Ejercito del Centro en cuyo territorio tuvieron lugar los hechos que se le imputan y donde residen personas que evadidas de Madrid, pueden atestiguar y considerar todas las manifestaciones hechas por el compareciente”.

En el siguiente punto también mostró Agapito su desacuerdo:

“Si tiene que enmendar o ampliar sus declaraciones, dijo: Que solo en un momento de extravío pudo reconocer como suyo todos los …(ilegible) recogidos en la Prensa madrileña sobre su actuación y que el declarante no tenía control ni fiscalización alguna sobre la misma.

“Si se conforma con los cargos que se le hacen en el escrito de que trata el artículo cuarenta y dos y que se le ha leído dijo: que no”.

“Si interesa a su defensa que se ratifique en sus declaraciones algún testigo del sumario , o que se verifique alguna diligencia de prueba y cual sea esta, dijo: que se cite a Rafael Matilla Estrena, Secretario de Don José Antonio Primo de Rivera y miembro del Consejo Nacional de Falange Española, actualmente en Salamanca; y al Señor García Heredia, ex diputado de la Ceda, de igual residencia, ya que el primero permaneció mucho tiempo en la comisaría a cargo del declarante, hasta que se trasladó a la Embajada de Rumanía, y el segundo enviado desde la comisaría a su cargo a la Dirección General de Seguridad.”

Auditoría de Guerra. Sevilla. Testimonio de la declaraciones prestadas en la causa 717 de 1936 por Agapito García Atadell. Ramo separado nº40. AHN-FFCC-CG

A continuación de esta diligencia en la que sus reclamaciones fueron escuchadas pero no atendidas, se practicó otra. En ella se le da conocer la composición, Presidente y vocales, del Consejo de Guerra que le va a juzgar. En este asunto Atadell manifestó no tener motivo de recusación alguna.

Hasta aquí llega la información contenida en los archivos de la Causa General. No hay un solo documento o noticia del juicio y muerte de Atadell en Sevilla. Completar la historia con nuevos materiales procedentes de los archivos exigiría profundizar en dos de ellos; el primero el del SIMP, (Servicios de Información y Policía Militar) que se encuentra en los Archivos Militares de Ávila y en cuyos índices figura el expediente Atadell. Dos veces he intentado acceder a el y las dos he salido con el rabo entre las piernas. Por otro lado estarían los juzgados militares, en este caso los de Sevilla, que conservarían el sumario y los documentos relativos a la ejecución, levantamiento del cadáver, partida de defunción, entierro, etc.

No se tampoco si existen noticias del suceso publicadas por el ABC sevillano en los días posteriores de la ejecución, aunque algunas leyendas si que he llegado a escuchar, como la de los falangistas que manejaron el garrote y las dificultades que tuvieron con el tornillo. Dos perros hicieron justicia titulaba haciéndose eco de ella el sevillano Quico Rivas su ensayo sobre Atadell, escrito y publicado en los primeros años noventa por la revista El Canto de la Tripulación.

La información en cualquier caso más completa que disponemos de cómo Agapito afrontó en la cárcel sus últimos momentos nos llega por dos libros. El primero, La Brigada del Amanecer.- Crímenes , proceso y muerte de Agapito García Atadell editado por la librería Santaren de Valladolid, publicará integra la sentencia de muerte contra Atadell y Penabad y la condena a 20 años de cárcel a Ernesto de Ricord , del que se señalará para mayor confusión que ha intervenido en el sumario con dos nombres distintos.

De los prolegómenos del Consejo de Guerra y del ambiente que lo rodeaba nos cuenta:

“A las 10 de la mañana del día 1 de julio de 1937 se reunió en Sevilla conforme estaba dispuesto, en la sala segunda de la audiencia del Consejo de Guerra ordinario de plaza, para ver y fallar la causa instruida contra Agapito García Atadell, Pedro Penabad Rodríguez y Ernesto de Ricort Vivó , acusados de del delito de rebelión militar los dos primeros y de auxilio ala rebelión el segundo.

Desde mucho antes de la hora indicada acudieron a la Audiencia muchísimos jefes y oficiales de los distintos cuerpos de la guarnición, abogados del ilustre Colegio y numeroso público. En las puertas de del edificio y en sus alrededores unas parejas de Seguridad cuidaban del mantenimiento del orden. A la hora de comenzar el Consejo la sala estaba totalmente ocupada, tanto en la parte destinada al público como la reservada a militares y abogados.

Constituido el consejo en la forma dicha, el presidente pregunta al juez instructor si los procesados desean asistir a la vista, contestando estos afirmativamente. Acto seguido el presidente ordena la presencia de los procesados, que comparecen ante e
l Consejo escoltados por dos parejas de la Guardia Civil.

El presidente da la orden de que mientras dure el consejo sean quitadas las esposas a los detenidos”

El segundo libro es el tan citado ya, García Atadell; hombre símbolo, de la Editora Nacional. Aquí nos presentan el momento en que Atadell sufre su particular caída del caballo camino de Damasco.

“La actitud de Atadell con la que pareció querer desvirtuar a fuerza de seguridad en sí mismo la formidable prueba acumulada contra él, duró hasta la lectura del informe fiscal. A medida que en el se precisaban los detalles de la actuación roja y el juicio que ante la Moral y el Derecho merecía la participación en ella de los procesados, pudo observarse como a Atadell se le demudaba visiblemente el semblante. Su cabeza fue paulatinamente inclinándose contra el pecho, permaneciendo ya en esta postura hasta el término de la vista.

Cuando fue preguntado si tenía algo que alegar contestó con un apenas perceptible gesto negativo sin pronunciar palabra alguna .

Era evidente que un cambio profundo se había operado en su espíritu en el espacio de breves minutos. El hombre que salió del acto del juicio era otro distinto del que había entrado en él. Por primera vez, Agapito García Atadell daba la sensación de un hombre abrumado por el peso de la enorme criminalidad de su ejecución”.

García Atadell, hombre símbolo. Editora Nacional. Bilbao

El 4 de julio de 1937, tres días después de conocer la sentencia de muerte escribe a su mujer:

“Señora doña Piedad Domínguez Diaz.- Villa-María. Residencia de las hermanas de la Caridad.- En Hendaya (Francia).

Piedad de mi alma: supongo en tu poder dos cartas mías. Afortunadamente el giro tuyo llegó a mi poder y con el pude pagar a quien debía. Gracias. De Manolita solo recibí de lo que tú le enviaste 200 pesetas. No le gires más. Y paso a lo que más me interesa: Estoy bien y con el ánimo bien dispuesto para lo que venga: hoy domingo, hice una rectificación pública de mi pasado. Alégrate, como yo te veo alegrar, Piedad mía. Ayer sábado, me confesé y hace apenas dos horas que he recibido la Santa Comunión. En mis cartas nuca te dije nada, pero escucha, creo y tengo Fe. Algo emocionado te escribo. No es para menos. Desde hace ocho meses, rezo y pido a Dios por ti. Alégrate y anima ese buen corazón. No todas habían de ser tristezas para ti y para mí.

Ha días te di poder para contraer ahí mi matrimonio canónico. Ya supongo que estará realizado o en vías inmediatas de realización. He cumplido mi promesa para contigo y para con Dios. El poder a que aludo lo mandaron por orden del ilustrísimo señor Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla, libre de todos los obstáculos.

Ya sabes, pues, mis intenciones. Si algo ocurriese te dejo la más completa libertad para que adoptes el estado que más convenga a tus inclinaciones y sentimientos.

Quiero que se cumplan las siguientes promesas que yo hice.

Dar una misa al Santísimo Ecce Homo de Vivero-Misericordia

Otra a San tirso de Portocelo

Otra a San Andrés de Tejido

Otra, a la Santísima Virgen de Lourdes de Vivero

Otra, en la iglesia de Santiago de Bravos. Todas ellas en intención mía y de Pedro. Sobre esto nada más.” (…)

La rectificación pública de Atadell nos la ofrece el libro editado por Santaren. Leyéndola salta a la luz lo cerca que andaba su confesor mientras la escribía.

“Como públicos ha sido mis ataques a la Santa Madre Iglesia y a su ministerio, ataques lanzados por mi desde la prensa y la tribuna pública, quiero que sea mi retractación justo castigo a un pasado el cual detesto, si bien en la penitencia he encontrado saber morir en paz de religión, de salud espiritual y de bienaventuranza. Son muchas las ofensas por mi cometidas contra las autoridades legítimas de dios en la tierra. A todas ellas pido les pido perdón y con el perdón la bendición que me redima en la vida y en la muerte del pasado, harto agitado para la paz del espíritu y la salud del alma, que solo se puede encontrar abrazando como abrazo la verdadera religión, que no es otra que la de Jesucristo a quien ofrezco mis actos en el porvenir, redimido por su divina voluntad en mi pasado. Así sea.- Agapito García Atadell. Prisión Provincial de Sevilla a 4 de julio de 1937.

Los de la Editora Nacional no se hacen eco de esta retractación, la Falange nunca se caracterizó por su excesivo amor a lo divino, pero incluyen otras tres cartas de Agapito a Piedad antes de ser agarrotado. En una de ellas fechada el 7 de julio de 1937 la dice:

“En estos últimos meses he meditado y leído mucho la vida de los Santos: soy católico. Confesé y comulgué y vivo contento: Dios es infinitamente misericordioso y se apiada de los que, extraviados, vuelven a la senda de la cual jamás han debido separase.”

La última carta, la que mas fama ganará, la escribe en capilla, pocas horas antes de su ejecución. El destinatario es su antiguo amigo y ya ex correligionario Indalecio Prieto.

Hospital de la Santa Caridad

Sevilla 15 de julio de 1937

Señor don Indalecio Prieto Tuero

“Mi amigo Prieto: Ya no soy socialista. Muero siendo católico. ¿qué quiere que yo le diga? Si fuese socialista y así lo afirmase a la hora de morir, estoy seguro que usted y mis antiguos camaradas lamentarían mi muerte y hasta tomarían represalias de ella. Hoy, que nada me une a ustedes, considero inútil decirle que muero creyendo en Dios: Usted, Prieto, antiguo amigo y antes camarada piense que aún es tiempo de rectificar su conducta. Tiene corazón y ese es el primer privilegio que Dios les da a los hombres para que se consagren a Él. Rezaré por usted y pediré al Altísimo su conversión.

García Atadell, hombre símbolo. Editora Nacional. Bilbao

Cuenta el libro García Atadell, hombre símbolo que al salir de la capilla camino del garrote “execró por última vez de la hora en que emprendió el camino socialista y se dejó seducir por sus falacias. Subió al patíbulo con paso firme y lanzó desde el un viva a Cristo Rey. Fueron sus palabras finales.”

Sin embargo en el otro libro, el de la editorial Santaren, la versión que ofrecen parece ajustarse más a la verdad y lo del grito final desaparece.

“Mientras tanto, en la Capilla, García Atadell que ha fumado más de treinta cigarrillos, siente como un estremecimiento:

-Tengo frío- dice.

No hace frío alguno, pero le confortan con un gran vaso de coñac. Y así avanzó la noche hasta que las velas que alumbraban a la Virgen Morena, empiezan a perder su luz ante la luz del día que llegaba con tantas prisas.

Llegó la hora inaplazable. La hora fatal escrita en todos los sinos de los hombres.

-Es preciso… indicaron a Atadell .

Se puso blanco de repente. Sabía que esa hora tenía que venir. Conocía que los minutos eran la única medida del tiempo que él podía utilizar. Y sin embargo lo efímero de un minuto tenía el valor trascendental y suntuoso de un siglo.

La comitiva se puso en marcha. Los hermanos de la Paz y Caridad, prodigaban consuelos. El confesor, mostraba a García Atadell un crucifijo y le señalaba el cielo como lugar al que pueden llegar los arrepentidos.

Las orejas de todos los presos estaba pegadas a la mirilla de la puerta de la celda. Percibían el paso de la fúnebre comitiva y la espiaban con los pelos de punta.

Al entrar en el patio y encontrarse con el patíbulo, garcía Atadell se detuvo en seco, como si los pies se le hubieran clavado en el suelo.

Se pasó la mano por la frente y avanzó con lentitud.

Al poner el pie en el primer banco del patíbulo, se volvió al sacerdote y la beso las manos.

-Perdón, por última vez- dijo.

Y enfrentado con el verdugo le preguntó:

-¿Dónde he de sentarme?

El verdugo le señaló el banquillo.

Se sentó García Atadell. El verdugo le acomodó para que el cuello pudiera ser abarcado por la argolla.

Unos minutos nada más… apretó el torniquete, y el rostro del reo se amorató. Su cuerpo que había sido atado previamente de pies y manos, tuvo un estremecimiento brutal, que hizo mover a todo el patíbulo.

La justicia de los hombres se había cumplido en la persona de García Atadell…

Poco después en la puerta de la cárcel ondeaba la bandera de luto.

Y aquella noche Don Gonzalo de Sevilla, el gran capitán de España, en su charla de radio, comenzó diciendo:

-Hoy se ha cumplido la sentencia a que el Consejo de Guerra condenó a García Atadell y a Pedro Penabad. Cualquiera que fuesen los delitos que hubiesen cometido estos dos reos, hay que reconocer que han muerto con la tranquilidad de hombres muy hombres y muy cristianos. Seguramente que estas últimas palabras llamaran la atención de tantos seres extraviados por los errores de los dirigentes marxistas. Ambos expresaron su arrepentimiento por el error a que les condujo una infame política y marcharon hacia Dios, que les acogerá en su seno. Que dios los tenga después de haberles perdonado…

La Brigada del amanecer.- Crímenes, proceso y muerte de Agapito García Atadell. Librería Santaren. Valladolid

  1. marquesdecubaslibres dice:

    Muy apropiado para éstas fechas. El arrepentido siempre es acogido en el seno de nuestro Señor. Incluso Agapito.

  2. JUAN FRANCISCO dice:

    ¿Sabe alguno de ustedes dónde se puede encontrar el libro “La Brigada de Amanecer…” de la ed. Santarem mencionado por rufián? He tratado de localizarlo en el catálogo de la BNE y no lo hallo. Otra obra digna de tenerse en cuenta para conocer el final de Atadell es el folleto publicado por el que fue su confesor, el padre Carlos G. Villacampa, titulado “Los últimos momentos de García Atadell. El hombre que supo morir como cristiano”, Sevilla, Imprenta de San Antonio, 1937. Creo que es de esa fuente de donde proceden las palabras piadosas que, según algunos, pronunció atadell antes de morir. Transcribiré varios de los fragmentos de lo dicho por el padre Villacampa en su obra. Vaya aquí el primero:“Entre tanto la hora de la ejecución se acercaba, y para entonces, los Hermanos de la Santa Caridad habíamos rezado con los dos dos reos varios rosarios dolorosos; comenzamos otro; eran las ocho y cuarto de la mañana, y cuando no habíamos terminado el primer diez, surgió en la puerta de la Capilla el jefe de la ejecución que pronunció allí esta orden terrible. -¡Agapito García Atadell, sígame! Había llegado la hora terrible, y antes me había suplicado le hiciese un pitillo de mi petaca y que se lo colocara en la boca y se lo encendiera cuando lo llevaran al suplicio. Así lo hice y confieso que en toda mi vida de fumador, jamás ha salido de mis manos un pitillo peor hecho. ¡La verdad es que el momento se prestaba para perfilar cigarros, y al pobre reo se le cayó muy pronto de los labios el último cigarrillo que fumó en su vida! Sostenido de un brazo por Don José Bandarán y del otro por el que esto escribe, recorrimos la distancia que separaba la capilla del lugar de la ejecución, que era un patio de la cárcel. En aquel corto recorrido se desarrollaron escenas que no olvidaré en mi vida… -Agapito, hermano -le dije- ¿quiere Vd. que recorramos este camino de la amargura rezando una salve a la Madre de la Misericordia? -¡Oh, sí, Padre, -me contestó.Y aquel “Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia”, rezado con infinito fervor por el que iba a morir y por los que le acompañábamos, jamás podré olvidarlo por muchos años que Dios me conceda de vida.”(Carlos G. Villacampa, op. cit., pp.27-28)Dejaremos aquí a Agapito camino del cadalso. En otra ocasión proseguiremos con el relato conmovedor del padre Villacampa. Como marquesdecubas libres, pienso que, un día como hoy, la meditación nos conduce a sentir sólo piedad, piedad hasta por un hombre de tan infame memoria como Agapito García Atadell.Feliz Navidad a todos.

  3. el rufián melancólico dice:

    Juan Francisco. Mucho me temo que el folleto de Santaren sea prácticamente imposible de encontrar. Mi ejemplar proviene de una librería de viejo hoy desaparecida. La visita a estas librerías, especies en peligro de extinción, es la única manera que se me ocurre para pescar un ejemplar. También en Iberlibro, e Bay y similares puede saltar la liebre.Desconozco el folleto del confesor y le agradezco la pista, aunque mucho me temo que tampoco será nada fácil dar con ello. En cualquier caso escanee la portada, si no le importa, y envíesela a Bremaneur para que la podemos ver y registrar en la bibliografía Atadelliana.Yo también le deseo feliz Navidad.

  4. Bremaneur dice:

    el folleto de Valladolid esta en la biblioteca del Ibero en Berlin. Le procuraré una copia. El de Bilbao lo tendrán disponible mañana en pdf. Felices fiestas a todos.

  5. Ana Isabel dice:

    Hola a todos,En el enlace inferior se puede ver un resumen de la “charla” de Queipo que se refleja en un periodico de la época, El Porvenir de Lugo, del dia 16 de Julio del 37.http://subefotos.com/ver/?4c1b4d42b3fe3993772c8767688a2e1co.jpgUn saludo

  6. Bremaneur dice:

    Muchísimas gracias, Ana Isabel.

  7. el rufián melancólico dice:

    “Las conversiones religiosas en el lecho de muerte o en la celda de los condenados a muerte constituyen tentaciones casi irresistibles. Esa tentación tiene dos aspectos. Uno se refiere lisa y llanamente al miedo. a la esperanza de salvación individual por una entrega incondicional de las facultades críticas a alguna forma arcaica de demonología. El otro aspecto es más sutil. Frente a lo absoluto, frente a la nada última, el espíritu puede hacerse accesible a la experiencia mística. La experiencia mística puede considerarse como “real” en el sentido de que lo subjetivo señala a una identidad objetiva que ipso facto elude toda comprensión; pero, a causa de que la experiencia no es algo articulado, no posee forma sensorial, color, o expresión verbal, de suerte que se presta a sumir diversas formas, incluso visiones de la cruz o de la divinidad Kali; tales visiones son como los sueños de una persona que ha nacido ciega y pueden adquirir la intensidad de una revelación. de este modo, una experiencia genuinamente mística puede llegar a una conversión “bona fide”, de cualquier credo, cristianismo, budismo o culto del fuego.Arthur Koestler5/La Escritura InvisibleAlianza/Emece

  8. Bremaneur dice:

    Sobre Gómez Cobian: llegó a General de Brigada y creo que vivió hasta no hace muchos años.

  9. JUAN FRANCISCO dice:

    Muchas gracias, Rufián,por sus orientaciones para localizar el libro de la Ed. Santarem. Ya me temía yo que trataría de una rareza bibliográfica. Enfín, se hará lo que se pueda. Ojalá sea posible, al menos, obtener una reproducción a través de Brenmauer, al que también agradezco el interés que se ha tomado por el asunto. Con respecto al folleto del padre Carlos G. Villacampa(“Los últimos momentos de García Atadell”) he de comunicarles que lo que yo tengo es una reproducción fotocopiada en blanco y negro de uno de los 3 ejemplares que se conservan en la Biblioteca Nacional(Signaturas: 3/104900, 3/115868 y DGMICRO/37806). Si ustedes creen que aún así merece la pena, se la enviaré a Brenmauer dentro de unos días, porque ahora tengo el escáner estropeado.

Origen: Desmemoria de García Atadell, Paracuellos y Amor Nuño (VII) – Carta de batalla

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