Desvelamos el entramado asociativo y empresarial del catalanismo valenciano

Climent y Morera

ACPV, la madre del cordero

El entramado de asociaciones, fundaciones, entidades, colectivos y chiringuitos que gira en torno a Acció Cultural del País Valencià, verdadera matriz primigenia del pancatalanismo valenciano, es amplio y antiguo. ACPV fue la entidad promotora de la introducción de la señal televisiva de TV3 en territorio valenciano en los años 80, y perceptora de millonarias subvenciones por parte del gobierno catalán desde entonces en agradecimiento a su labor por la introducción y divulgación de los preceptos del pancatalanismo en el “país valencià”.


Su arquitecto, Eliseu Climent, ha sido durante décadas el embajador de Jordi Pujol en tierras valencianas, e incluso su nombre llegó a trascender en causas de corrupción asociadas al Caso Pretoria, por el cual sus entidades percibían extrañas y atípicas subvenciones por parte de ayuntamientos catalanes: el nombre de Climent apareció en los documentos intervenidos en el Ayuntamiento de Santa Coloma con motivo de la Operación Pretoria, y el juez Baltasar Garzón ordenó entonces un informe sobre las ayudas recibidas por Climent. A raíz de esta orden, la Guardia Civil se puso manos a la obra y acabó descubriendo que Climent y su esposa, Rosa Raga, están vinculados a 17 organizaciones que habían recibido más de 15 millones de euros de las arcas públicas catalanas entre el 2002 y el 2010.

El cambio de gobierno en la Generalitat Valenciana ha supuesto para el entramado de Climent una verdadera inyección de optimismo, que se ha empezado ya a traducir en euros para sus entidades: la compra de un fondo documental por parte del Ayuntamiento de Elche valorado en más de 400.000 euros, o el apoyo institucional a los Premis Octubre, acompañado de una subvención de 17.000 euros, parecen ser los primeros guiños del tripartito valenciano al conglomerado pancatalanista de Climent.

Climent (ACPV) y Morera (Bloc – Compromís)

Dentro de las actividades “culturales” que promueve el entramado de ACPV, se encuentra el “correllengua”, una emulación de la korrika nacionalista vasca que se celebra en todo el entorno de los inexistentes “països catalans”, leit motiv principal de las entidades fundadas por Climent y afines:

Bloc de Progrés Jaume I i Casals Jaume I – Plataforma Televisió Sense Fronteres – Centre Octubre de Cultura Contemporània – Associació d´Editors del País Valencià – Institució Cívica i de Pensament Joan Fuster – Centre Carles Salvador – Fundació Ausiàs March – Institut d´Economía i Empresa Ignasi Villalonga – Institució per al Foment de les Arts, Les Ciències i la Cultura – Castelló per la Llengua – Instituto Internacional de Estudios Borgianos

La mayoría de estas organizaciones son fundaciones y asociaciones en teoría sin ánimo de lucro. Sin embargo, se investiga el segundo escalón de esta intrincada red: la facturación a esas fundaciones por parte de empresas mercantiles participadas y controladas por el matrimonio Climent – Raga.

Hay que destacar que La Generalidad de Cataluña paga cada año 715.000 euros para la hipoteca de la sede de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), subvención que de forma abierta se publica cada año en el DOGC en concepto de “financiación de la cuota anual del préstamo derivado de la compra del edificio El Siglo” -sede de esta entidad pancatalanista-. El acuerdo de sufragar la hipoteca de la asociación, tomado aún con el tripartito -PSC, ERC e ICV- en el Gobierno catalán, se firmó en 2008 con Josep-Lluís Carod-Rovira de vicepresidente. El convenio estipula el pago de 3,2 millones de euros en anualidades, entonces de 800.000 euros.

En 2013 se hizo pública una copia de la nota simple informativa del Registro de la Propiedad de Valencia del edificio El Siglo Valenciano, actual sede administrativa de Acció Cultural del País Valencià y de su “alter ego” Institució Cívica i de Pensament Joan Fuster, de la que se pueden extraer las siguientes conclusiones:

1. Caixa Catalunya (hoy Catalunya Banc) concede la hipoteca para la adquisición del edificio, con las únicas garantías del bien hipotecado, y como ingresos de la entidad, las futuras subvenciones que pueda percibir del Departament de Presidència de la Generalitat de Catalunya. Vaya usted, lector, a pedir una hipoteca, demostrando que su capacidad de pago está determinada por “una bono-loto que me va a tocar en 2018”, y espere a escuchar la carcajada del director de su banco.

2. Queda patente que, mientras exista relación hipotecaria entre ACPV i Catalunya Banc, relación cuya finalización está establecida en 2024, a la entitat de Eliseu Climent no le faltará una subvención anual para cubrir el montante de la cuota anual de la hipoteca. ¿Está claro quién paga las facturas de ACPV?

3. La obligación a la que se supedita a la entidad a cambio de la percepción de las subvenciones que cubren el montante de las cuotas hipotecarias es contundente: destinar el edificio durante 40 años única y exclusivamente a actividades relacionadas con la promoción de las relaciones entre territorios de habla catalana en los ámbitos social, cultural i académico… ACPV es, por tanto, una sucursal de la Generalitat de Catalunya en territorio valenciano, un embajador del catalanismo “en el cor de la València catalana”, com suele decir Eliseu Climent, representante manifiesto de los intereses expansionistas del nacionalismo catalán en tierras valencianas.

El entorno de Escola Valenciana

Escola Valenciana es una federación de entidades locales y comarcales cuya actividad principal es la introducción del catalanismo en el sistema educativo. De ahí que su actividad principal sean las “trobades d´escoles en valencià”, encuentros escolares anuales en los que, con mayor o menor disimulo, se inocula en escolares y sus familias el falso germen de la unidad de la lengua, generándoles el complejo de que su valenciano es popular, poco formal y menos que inculto, y haciéndoles creer que el verdadero registro culto de la lengua es el dictado por el IEC y la AVL. El mismo conseller de educación, Vicent Marzà, que ha sido profesor de religión en la educación concertada, a pesar de sus dificultades a la hora de escribir en castellano, y afirma en su currículum vitae sin complejos que su lengua materna es el catalán, es miembro activo de Escola Valenciana.

Las entidades que se mueven en el entorno de Escola Valenciana o muestran afinidades y comparten actividades conjuntas:

Escola Valenciana, Federació d´Associacions per la Llengua – Reviscola – ACV Tirant Lo Blanc – Fundació Nexe – Voluntariat pel Valencià – Softvalencià – Valencianisme.com – Col·lectiu Audiovisual Melderomer – Guaix – EL Tempir d´Elx – Casal Tio Cuc d´Alacant – Fundació Sambori – Col·lectiu Ovidi Monllor

Un entramado editorial que lleva décadas haciendo caja

Las editoriales valencianas proclives al catalán nacieron al calor de la Llei d´Ús i Ensenyament del Valencià (LUEV) promulgada por el gobierno Lerma en 1983. A ellas se unen los servicios de publicaciones de las cinco universidades públicas valencianas, y un creciente grupo de medios de comunicación escrita, tanto tradicional como digital.

A nivel escolar, las editoriales de libros de texto son las principales proveedoras de las líneas de inmersión auspiciadas desde la promulgación de la LUEV por Escola Valenciana, y los mismos docentes que imparten las clases con dichos materiales educativos son en numerosas ocasiones los redactores de los mismos, con lo que “todo queda en casa”. Lo mismo pasa con las lecturas recomendadas. El catalanismo ha encontrado en la literatura infantil y juvenil un verdadero filón, dada la obligatoriedad de dichas lecturas en primaria, secundaria y bachillerato.

Revista El Temps (ACPV) – Editorial Bromera – Edicions 96 – Editorial Ecir – Tabarca Llibres – Editorial Marfil – Edicions 3 i 4 – Tàndem Edicions – Edcicions del Bullent – Revista Saó – La Veu del País Valencià – PilotaVeu – Morvedre Info.

Los diarios Levante-EMV, El País o El Diario también actúan como agentes multimedia del pancatalanismo valenciano a través de su línea editorial.

Paradigmático es el caso de la revista El Temps, cuya editora, Edicions del País Valencià, también perteneciente al entramado de Climent, ha sido mimada por sistema por la Generalitat catalana, la cual niega ayudas a prensa local en catalán crítica, pero abre el grifo cuando se trata de premiar al editor valenciano: desde el 2006 al 2010, el semanario recibió más de 2,2 millones de euros en ayudas públicas, que si se suman a los de ACPV, sobrepasan los 11 millones de euros en tan sólo un lustro. No la busque en kioscos, difícilmente la encontrará.

El Temps, sin embargo, no sólo ha recibido fondos públicos a través de su editora, ya que el Ejecutivo catalán ha llegado a insuflarle 150.000 euros para “su funcionamiento, sus coleccionables y sus suplementos” a través de la Xarxa d’Entitats Cíviques i Culturals dels Països Catalans al mismo tiempo que le daba 430.000 euros para el fomento de la lengua y la cultura catalanas a través de la editora. Incluso la consejería de Interior llegó a concederle a ACPV 100.000 euros para la ”edición de los fascículos Guerra, Franquismo y Transición”.

El mantenimiento de El Temps le ha resultado extremadamente fácil a Climent. Primero, porque desde varias consejerías se le extendieron contratos para la suscripción de ejemplares: la de Educación recibía anualmente 610 revistas por las que pagaba más de 76.000 euros. Y Gobernación cotizaba más de 143.000 euros por 987 suscripciones. Además, la consejería de Universidades le dio 90.000 euros en el año 2006 para crear uana sección de Ciencia y Tecnlogía. En el 2008, el departamento de Innovación, Universidades y Empresa le dio otros 65.000 euros para financiar esta sección, mientras que Educación aportó 75.000 euros para los “gastos de producción del suplemento Tiempo de Historia” y casi 26.000 euros por el “aumento de gastos de la sección de Historia y Sociedad”. El semanario también ha venido recibiendo periódicas subvenciones (que sobrepasan los 200.000 euros) para la digitalización de su fondo editorial y gráfico y para la realización de suplementos especiales, como una “edición de fascículos para dar a conocer los lugares históricos de Cataluña relacionados con Jaume I”, por los que recibió 40.000 euros.

Sindicatos

La actividad sindical también ha sido tradicionalmente utilizada como herramienta de catalanización social, política, cultural y educativa. CCOO, UGT, Intersindical -sindicato mayoritario actualmente en la educación pública valenciana, de matriz catalana- o la CGT son no solo los sindicatos de clase más representativos, sino los principales legitimadores del uso del catalán y la bandera cuatribarrada en aquellas parcelas del sector público en las cuales tienen representatividad. La sobredimensión de lo público asegura incrementos de la presencia sindical en instituciones y empresas públicas. Y ello significa mayor posibilidad de control, de despliegue de ingeniería social, y mayores cotas de catalanización, a fin de cuentas.

A nivel de sindicatos estudiantiles en las universidades, los partidos políticos tradicionalmente catalanistas tienen sus representaciones estudiantiles: Sindicat d´Estudiants dels Paisos Catalans (SEPC), Bloc d´Estudiants Agermanats (BEA), A Contracorrent (ACC), Campus Jove y Assemblea Interuniversitària son los principales defensores del catalanismo en los órganos de representación estudiantil y docente de las universidades valencianas.

Cambio de gobierno

La llegada del PSPV y Compromís, con el apoyo de Podemos, a las instituciones valencianas, y el apoyo externo de partidos sin representación como EUPV, ERPV, Ara PV o PSAN, sin duda representa la situación soñada para todo el conglomerado sociocultural catalanista. Ello, añadido al sectarismo, la saña y el reaccionarismo con la que la izquierda suele resarcirse a la mínima oportunidad cuando durante tiempo no les han dejado campar por sus respetos, va a suponer, como ya estamos viendo en apenas cinco meses de gobierno, el agravio constante a las entidades culturales valencianas, algunas de ellas centanarias, el ninguneo por lo propio para abrazar lo ajeno, y el consiguiente despilfarro de dinero público a costa del contribuyente.

La política entendida como negocio y vehículo de alienación: lo que viene siendo la democracia tal y como la entiende la izquierda valenciana, capaz de reducir drástica y descaradamente las ayudas a ONGs que asisten a indigentes y familias necesitadas, o de incumplir promesas electorales que versaban sobre “rescatar personas” y aligerar las cargas económicas públicas de los ciudadanos, pero incrementar vergonzosamente las subvenciones y concesiones directas -sin convocatoria de subvención ni concurso de ningún tipo, a dedo- a las entidades enumeradas en este editorial. Las únicas personas rescatadas van a ser, al final, las que los Puig, Ribó, Oltra, Morera, Marzà, Fuset, Tello y compañía dicten.

Origen: Desvelamos el entramado asociativo y empresarial del catalanismo valenciano – Valéncia Oberta

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